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Sociedad e Interés General - 07-10-2020 / 20:10

Día del Trabajador Rural

Día del Trabajador Rural
Trabajador Rural.
 
El Día del Trabajador Rural se instituyó recordando la sanción del 08 de octubre de 1944 de primer Estatuto del Peón de Campo, mediante decreto 28.169 del gobierno presidido por el general Edelmiro Farrell, cuyo Secretario de Trabajo fue Juan Perón, su impulsor.
 
Dicho Estatuto representó un gran avance para la época. Entre otros aspectos establecía medidas en defensa del salario del peón y la estabilidad del trabajador, el pago en moneda nacional, la ilegalidad de deducciones o retenciones, salarios mínimos, descansos obligatorios, alojamiento en mínimas condiciones de higiene, buena alimentación, provisión de ropa de trabajo, asistencia médico-farmacéutica y vacaciones pagas.
 
El estatuto fue luego derogado por un gobierno militar, restituido en 1974 y vuelto a derogar por la dictadura del "proceso de reorganización nacional" (1976-1983), para ser reinstaurado y actualizado en el año 2004. En 2011 se sancionó el nuevo estatuto mediante la Ley 26727.
 
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Día del Trabajador Rural
Facsímile de una gráfica de la época, donde se detallan los puntos principales que deben ser respetados en la vida del peón rural.
26-10-2020 / 20:10
El 27 de octubre de 2010, en El Calafate, muere Néstor Carlos Kirchner. Fue una figura política decisiva en la Argentina de los últimos tiempos. Su muerte llegó en forma sorpresiva y además de generar intensos efectos emotivos, también provocó un fuerte impacto político.
 
Su Gobierno, el mejor desde el retorno de la democracia, generó un estilo que rescató la política del descrédito en que había caído, privilegió una decidida militancia social y juvenil, jerarquizó la figura presidencial y su autoridad, amplió el poder del Estado, reconstruyó la autonomía nacional. Significó un cambio total respecto al nefasto modelo neoliberal que se implantó con el golpe militar de 1976, se profundizó en la década de los '90 con el menemismo, explotó con la crisis de 2001 y terminó con el nefasto gobierno radical de la Alianza. 
 
Néstor Kirchner estableció un tipo de cambio alto para favorecer las exportaciones, dispuso tasas de interés bajas para promover la industria y aumentos reales de salarios para impulsar el mercado interno. Todas esa medidas, que conformaron el "modelo K" y dieron buenos resultados, no existen más.  
 
Hoy todos debemos reconocer de Néstor los logros concretos de su gestión, como: el crecimiento económico; el desarrollo de la industria nacional y la importante contracción de la tasa del desempleo; las mejoras salariales en la mayoría de las actividades, que superaron las proyecciones inflacionarias; el auge del consumo y el crédito; la ampliación de los beneficios jubilatorios para personas que no habían hecho aportes; la función activa del Estado desplazando al "mercado".
 
Además, el discurso reivindicativo, nacional y popular, frente a las grandes corporaciones empresariales y a organismos internacionales como el FMI; la renovación de la Corte Suprema; el desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional; la política de Derechos Humanos y la nulidad de las leyes de obediencia debida: la integración regional... Por todo esto, ya tiene un lugar en la historia, con toda justicia.
 
El día que murió Kirchner nació el cristinismo, que no sumó más sectores en la construcción política heredada. En el marco del cambio de aliados, Cristina Fernández desplazó a peronistas y sindicalistas, dándole protagonismo a sectores de izquierda, encerrándose en su círculo íntimo, en el cual Máximo y La Cámpora pasaron a tener una influencia decisiva en asuntos de gobierno.

Cristina no pudo continuar el modelo kirchnerista. Prueba de ello son la pérdida de los superávit gemelos, el aumento de la pobreza, la persistente inflación, la recesión económica, la baja en el consumo y la pérdida de puestos de trabajo, durante los últimos años de su administración. El resultado fue la derrota de 2015.

A pesar que en este proceso se colaron nichos de corrupción política, como consecuencia de una dilatada permanencia en el poder, el descuido en el reclutamiento de colaboradores y el escaso control de su irregular cuadro de funcionarios, que contravino objetivos y rumbo, la derecha gorila argentina utiliza esto para evitar la discusión política de fondo y negar la historia.
 
Jamás, hechos de corrupción de funcionarios puede ser la referencia esencial para juzgar gobiernos o etapas políticas. Siempre es más importante lo que hicieron y porque hicieron. La Privatización de YPF por Menem, la Reforma Laboral de De la rua o el endeudamiento de Macri son más dañinos que las coimas a algunos funcionarios. Los escándalos personales impactan en la gente común pero las grandes decisiones económicas y políticas gravitan mucho más.
 
El móvil actual de la operación cultural, política y mediática anti-kirchnerista es tapiar la discusión sobre las políticas públicas de Kirchner. Los medios lo ponen en manifiesto en todo momento para cubrir o conceder espacios secundarios a los terribles daños que causaron las medidas neoliberales del gobierno de Macri. Se concentran en aspecto del pasado para no hablar del presente. Pretenden ocultar los derechos populares alcanzados y la presente anulación de esos derechos.
 
Que siempre haya existido corrupción no exculpa a nadie, pero es gorila, despectivo y discriminador reducir un ciclo riquísimo como el kirchnerismo  a un conjunto de episodios de corrupción. Lo que se denuncia no invalida las realizaciones populares ni la clara orientación justicialista de su gobierno. El peronismo provoca adhesiones racionales y genera pasiones. Quienes no las comparten tienen dificultades serias para entenderlas, ni qué decir admitirlas.

Hoy, cuando se pretende minimizar o anular las realizaciones de Néstor Kirchner, lo cierto es que ha marcado un antes y un después. Es parte fundamental en la realidad argentina, vive en el corazón de su pueblo, porque puso nuevamente en marcha un proyecto político peronista transformador que forjó nuevos derechos, en la pelea por la igualdad y la equidad social, en la lucha permanente de la causa nacional y popular por: la Soberanía Política, la Independencia Económica y la Justicia Social, contra el neoliberalismo antipopular.
 
Por Blas García



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