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Sociedad e Interés General - 03-10-2020 / 19:10

Marcelo Torcuato de Alvear y el radicalismo galerita

Marcelo Torcuato de Alvear y el radicalismo galerita
 
El 04 de octubre de 1868, en Buenos Aires, nacía Máximo Marcelo Torcuato de Alvear. Fue un abogado y político argentino, presidente de la Nación desde el 12 de octubre de 1922 y el mismo día de 1928. Participó activamente de las revoluciones radicales de 1890 y 1893, integrándose en la Unión Cívica que luego dio origen a la Unión Cívica Radical, en el sector denominado "galeritas" (más cercanos al conservadurismo).
 
Como presidente, Alvear interviene la Universidad Nacional del Litoral y la Universidad Nacional de Córdoba, modificándose los estatutos aprobados en el año de 1922 y que reflejaban las conquistas de la Reforma Universitaria del 18. Es el comienzo de lo que Gabriel Del Mazo llama la contrarreforma. Al mismo tiempo que en el orden de la legislación obrera, la política económica y la política universitaria de Alvear inicia un retroceso con respecto al gobierno de Hipólito Yrigoyen, la conspiración oligárquica se pone en marcha para impedir la segunda presidencia del caudillo.
 

Todas las fuerzas antiyrigoyenistas y antipopulares levantaron la cabeza a partir del momento en que Alvear se hizo cargo del gobierno. Desde el inicio de su gestión nombró a ministros que no tenían relación alguna con los sectores yrigoyenistas, por lo que la unión entre ambos comenzó a quebrarse. Su gabinete era una clara demostración de que don Marcelo afirmaba su "independencia" con respecto al caudillo.
 
Alvear, como hijo predilecto de la fortuna, gozó de las ventajas envidiables que le ofrecía el período de "estabilización relativa del capitalismo" que transcurre entre la posguerra y la crisis mundial del 30. Los altos índices de exportación de nuestros productos agropecuarios llenaron de oro a la Tesorería.
 
Su gobierno coincidió con el fin de la crisis mundial de la posguerra, lo que le permitió mejorar la economía y las finanzas del país, además de destacarse el desarrollo de la industria automotriz y la explotación petrolera, que alcanzó una prosperidad económica desconocida hasta entonces para la Argentina.
 
Con todo ello, llegó a números insospechados en lo que respecta al PIB por habitante, que en 1928 había alcanzado el sexto puesto entre los más altos del mundo. Incluso, se registró un aumento de la clase media, una subida del salario real y una disminución de las huelgas y conflictos.
 
Pero la interna radical estaba a la orden del día y las intrigas en todos los órdenes. Si el ministro de Hacienda Víctor Molina proclamaba orgullosamente su doctrina librecambista, la actitud de Alvear hacia la reforma universitaria, el gran movimiento cultural que había apoyado Yrigoyen en 1918, se volvía abiertamente hostil y la conspiración oligárquica se pone en marcha para impedir la segunda presidencia del Caudillo.
 
La interna radical se dirimió en 1928 con la elección nacional. La fórmula Hipólito Yrigoyen-Francisco Beiró se impuso por el 57,4% de los votos. Al dejar la presidencia, Alvear se radicó en Francia. 
 
Por Carlos Morales para La Opinión Popular

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Marcelo Torcuato de Alvear y el radicalismo galerita
El presidente Alvear (de perfil), junto a su par chileno.
Marcelo Torcuato de Alvear y el radicalismo galerita
Masacre de Napalpi (Chaco) durante el gobierno de Alvear. El día 19 de julio de 1924, unos 130 hombres, entre policías, estancieros y civiles de la zona, fuertemente armados con fusiles Winchester y Mauser, rodearon el campamento donde se habían reunido los qom. Convencidos de que los dioses los protegerían de las armas de fuego no ofrecieron resistencia a los disparos. Luego los blancos entraron para rematar a machetazos a los indígenas que quedaban, muchos moribundos, incluidos mujeres y niños.
30-10-2020 / 20:10
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29-10-2020 / 20:10
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La derrota de Malvinas, en junio de 1982, marcó el comienzo del fin de la dictadura militar, iniciada el 24 de marzo de 1976. Las fuerzas políticas y sindicales que habían comenzado a salir del letargo antes de Malvinas se lanzaron decididamente a la calle, con un reclamo de libertad y justicia.
 
Una vez abierto el proceso de transición a la democracia bajo la presidencia de facto del general Reynaldo Bignone, el radical Raúl Alfonsín era uno de los dos principales candidatos presidenciales, mientras que el otro era el peronista Ítalo Lúder por el Partido Justicialista (PJ). Existía entonces una generalizada impresión de que el peronismo sería un claro ganador, incluso entre los propios dirigentes radicales.
 
Pero, la campaña electoral de Alfonsín se caracterizó por renovar los canales de la comunicación política en Argentina. Ocho meses antes de la elección, Alfonsín contrató al publicista David Ratto para dirigir su campaña. La campaña de Alfonsín buscó sobre todo transmitir una imagen de paz, evitando cuidadosamente todo conflicto, gestos de violencia en los actos o discursos agresivos.
 
En cambio, el cierre de campaña del PJ se destacó por la quema de un ataúd con las siglas de la UCR, que vino a ahondar aun más la repercusión negativa que tuvo la denuncia de un pacto entre la cúpula de las fuerzas armadas y la dirigencia sindical para no juzgar los crímenes cometidos por estos.
 
Las elecciones se realizaron el 30 de octubre de 1983 y, para sorpresa general, Alfonsín triunfó obteniendo el 51,7% de los votos frente al 40,1% del peronismo. Asumió en el cargo el 10 de diciembre. Después de más de siete años de dictadura, la más dura y violenta que vivió el país, todos los argentinos habían ganado, y se inició el ciclo democrático más largo de nuestra historia.
 
Por Blas García



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