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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 12-09-2020 / 09:09
PANORAMA SEMANAL

Grietas profundas y alertas selectivas en la mesa del poder

Grietas profundas y alertas selectivas en la mesa del poder
Kicillof y Larreta y un encono que crece desde hace 15 días. Tras la revuelta policial, las sanciones no se van a anunciar formalmente como el aumento. Van a llegar con el correr de las semanas a quienes ya están identificados como instigadores de la insubordinación.
Aquellos llamados cordiales del inicio de la cuarentena y el whatsappeo casi diario entre Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta ya se habían interrumpido el viernes 28 de agosto, cuando se vieron por última vez.
 
Tras esas dos horas en Olivos a solas con Alberto Fernández, mientras el auto oficial porteño volvía por Libertador y a la mesa larga se habían sentado a picar algo Sergio Massa y otros funcionarios, el gobernador no pudo contener la indignación.
 
-¡Este tipo está loco! ¡Es un pelado asesino!
 
El intendente había llegado a la quinta presidencial con Diego Santilli y una lista de una docena de actividades que proponía exceptuar del aislamiento social preventivo y obligatorio. Se había ido con la venia presidencial para solo dos: los restaurantes en la calle y las reuniones al aire libre de hasta diez personas.
 
Fernández pidió esperar para todo lo demás, especialmente el regreso a los hogares de las empleadas domésticas. Habría implicado habilitar un flujo humano entre Capital y Provincia de consecuencias sanitarias imprevisibles.
 
Una ira simétrica se olfateaba anteanoche en el despacho de Rodríguez Larreta. Cinco minutos antes del anuncio del cambio en la coparticipación que redirigió de Parque Patricios hacia La Plata unos 45.000 millones de pesos anuales y después de cortar con Wado De Pedro, el portavoz de las malas noticias, el jefe de gobierno también se dejó llevar.
 
-¡El enano nos manoteó el bolso!
 
Como si la administración de la pandemia y de la peor crisis económica en 20 años se hubiera convertido en una rencilla entre bullies de colegio secundario, el "enano" y el "pelado" ya no se quieren cruzar ni en el patio del recreo. 
 

 
En la sede comunal de la calle Uspallata sospecharon inmediatamente que la movida que le dio aire a Kicillof para equiparar los sueldos de la Bonaerense con la Federal llevaba su firma. Y no se equivocan.
 
Si bien Fernández advirtió apenas asumió que revertiría el cambio que había dispuesto Mauricio Macri en sentido contrario, también por decreto, por más del doble de los fondos que ahora vuelven a las arcas bonaerenses, el martes fue el gobernador quien lo propuso como solución para "salir por arriba" del laberinto en que a esa altura ya se habían metido ambos.
 
Minutos antes, Kicillof lo habló con Cristina Kirchner. Ya tenía los cálculos hechos desde poco después del mediodía, cuando vio que el anuncio sin detalles de un "aumento importante" por parte de su jefe de Gabinete, Carlos Bianco, solo había multiplicado las protestas de los uniformados.
 
Sin ayuda de la Nación quizás alcanzaba para una recomposición mayor a la prevista, pero de ninguna manera para la equiparación con la Federal. Mucho menos para la paritaria que, admiten en La Plata, ahora deberán reabrir para el resto de los estatales con sueldos pulverizados.
 
"Lo que no pueden es hacerse los sorprendidos, porque Máximo (Kirchner) y Massa se lo venían avisando a todos, incluso a (Cristian) Ritondo", dicen cerca del gobernador. Si el mensaje no llegó a Uspallata, agregan con picardía en la bancada oficialista de Diputados, "habrá algún ruido en la línea".
 
 
Crimen y castigo
  
El triunfo de los herederos de Pedro Klodczyk en su paritaria exprés se debió en gran medida a la impericia del teniente coronel Sergio Berni, quien el lunes al mediodía le volvió a jurar a Kicillof que los que protestaban eran "marginales" y que no pasaría nada. Ya le había bajado el precio el domingo, cuando Sabina Frederic avisó que empezarían las movilizaciones.
 
A las 2 de la madrugada del martes, las sirenas en la puerta de la residencia del gobernador en La Plata sugerían lo contrario. La noche siguiente ya era un motín en 10 localidades y 24 horas después estaba sitiada la Quinta de Olivos.
 
"Quedó claro que el personaje es solo un personaje y no una realidad. Tanto él como García (Daniel, el todavía jefe de la Bonaerense) nos expusieron a un daño político innecesario. Va a haber una autocrítica y va a empezar por ahí. Y después va a seguir", aseguró a BAE Negocios uno de los incondicionales de Kicillof.
 
Será un castigo "quirúrgico" para evitar nuevos alzamientos, pero que saben indispensable para no contagiar a otras provincias ni envalentonar al cuerpo civil armado más numeroso del país.
 
Las sanciones no se van a anunciar formalmente como el aumento. Van a llegar con el correr de las semanas a quienes ya están identificados como instigadores de la insubordinación. Se tomarán, según las fuentes, de algunos de los casi 30 mil sumarios que ya tiene abiertos Asuntos Internos.
 
Casi todos los portavoces de la protesta, de todos modos, son exonerados, familiares o efectivos que igual iban a retirarse.
 
La estrella del piquete en Puente 12, el oficial mayor Mariano Alderete, quien adujo como uno de los motivos del motín la "injusticia" de que le hubieran concedido prisión domiciliaria a Lázaro Báez, reveló ayer por ejemplo que ya había pedido la baja del servicio antes de las protestas.
 
¿Hubo guiños de la oposición a los uniformados para que llegaran hasta el extremo inédito en democracia de sitiar Olivos? ¿Pudo haberse coordinado tamaña protesta sin un aval al menos implícito de los caciques territoriales bonaerenses? ¿Cómo dispusieron de patrulleros y hasta de un helicóptero sin la venia al menos de un puñado de comisarios?
 
¿Es casual que se haya producido mientras se cierra el cerco sobre los efectivos que detuvieron a Facundo Castro antes que desapareciera? Son todos interrogantes que Kicillof espera que alguien le responda pronto. Tanto él como la vicepresidenta ya concluyeron que no será Berni quien lo haga.
 
 
Palomalcones
  
El senador Martín Lousteau, acaso quien más seriamente logró jaquear en las urnas a Rodríguez Larreta en la Ciudad, fue también quien más airadamente atacó la decisión presidencial sobre la coparticipación. "Es el mejor momento de la relación", aseguran desde Parque Patricios.
 
El miércoles a la noche, inmediatamente después del anuncio, Larreta habló con él. También con Elisa Carrió, con Alfredo Cornejo y con Mario Negri. A María Eugenia Vidal le prodigó un trato más preferencial: la invitó a celebrar su cumpleaños a su casa de Barrio Parque. Cuando la exgobernadora se fue, la decisión de acudir a la Corte Suprema ya estaba tomada.
 
La semana pasada, Lousteau fue hasta la sede comunal de la calle Uspallata con Emiliano Yacobitti, su mecenas y principal promotor, para un almuerzo donde relató con pelos y señales el encuentro que había mantenido en Olivos con Fernández, adonde lo había acompañado el jefe político de ambos, el empresario y exministro del Interior alfonsinista Enrique "Coti" Nosiglia.
 
"Me sorprendió lo mal que lo vi a Alberto. Mal emocionalmente, muy cansado, muy dubitativo, muy deteriorado", le confió Lousteau a Larreta en ese almuerzo secreto. Los puentes ya estaban rotos, si bien Fernández lo había convocado justamente para reabrir un canal de diálogo con los moderados de Juntos por el Cambio. Para entonces todavía no había vuelto de Europa Macri, hoy alineado con Patricia Bullrich en la estrategia del "cuanto peor, mejor".
 
Un viejo amigo del "Coti", el diputado Eduardo Valdés, le preguntó desde Olivos en plena asonada bonaerense a José de Mendiguren si los empresarios dirían algo sobre el asunto. Siempre preocupados por la institucionalidad, resultaba llamativo su silencio.
 
A esa hora, en el chat corporativo "Nuestra Voz" no había mucha inquietud por la división de poderes ni por la presencia de un centenar de hombres armados frente a la residencia presidencial. Solo circulaba un petitorio para que se reglamente pronto la ley de economía del conocimiento.
 
El presidente de la Unión Industrial, Miguel Acevedo, opinó ayer ante BAE Negocios que "fue grave porque son fuerzas de seguridad" y agregó que "el problema de los bajos ingresos está en todos los sectores, pero estas actitudes amenazantes son peligrosas". También admitió que podría haber habido un pronunciamiento de alguna de las cámaras del G-6 en defensa de la democracia. "No llegamos ni a hablar entre nosotros. La política fue más rápida", explicó.
 
Son alertas selectivas que pueden volverse en contra, como le advirtió el mismo Mendiguren a un colega empresario que festejaba que los vecinos del country Ayres del Pilar no dejaran entrar a Lázaro Báez a su mansión. "Mirá que las negras también juegan, eh. ¿Y si mañana va Juan Grabois a la puerta de tu country y te dice 'no entran hasta que nosotros no morfemos', vos qué vas a decir? ¿Y si mañana hay una manifestación a lo de Macri?".
 
Son terrores atávicos de los que se saben superados en número por otros con necesidades más acuciantes. No siempre los inquietos llevan uniforme.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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05-02-2026 / 11:02
Sacar un adelanto de sueldo con el banco, tarjetear, tomar un préstamo se volvieron cosas habituales bajo el desastroso gobierno de Javier Milei. No poder pagar toda la tarjeta, refinanciar con intereses elevados o no pagar la cuota del préstamo genera mora y eso está aumentando mes a mes. El endeudamiento de los hogares argentinos entró en una zona crítica. Los últimos datos del Banco Central, analizados por el Instituto Argentina Grande, muestran un salto alarmante en la morosidad: el 11 por ciento de los créditos personales y el 9,2 por ciento de las tarjetas de crédito registran irregularidades en los pagos. Hace apenas 2 años, a fines de 2023, esos números eran muy distintos: 4,2 por ciento en préstamos personales y 1,7 por ciento en tarjetas.
 
Se trata de los niveles más altos desde que el organismo tiene registros, es decir, desde 2010. El fenómeno refleja una realidad concreta: los ingresos ya no alcanzan para cubrir gastos cotidianos como alimentos, tarifas o medicina privada. Frente a ese escenario, el desahorro y el endeudamiento dejaron de ser excepciones y pasaron a formar parte de la rutina de millones de familias. Cada vez más hogares recurren al pago mínimo de la tarjeta de crédito como estrategia para estirar el ingreso mensual. Esa práctica, que puede dar aire en el corto plazo, termina convirtiéndose en una trampa por las altas tasas de interés, que aceleran el deterioro de la capacidad de pago.
 
El problema no se limita al consumo diario. También crece la morosidad en los préstamos prendarios, generalmente destinados a la compra de autos, motos o maquinaria. En noviembre de 2025 alcanzó el 5,2 por ciento, cuando 2 años antes era del 2,7. Esto evidencia que el estrés financiero ya impacta en decisiones de mayor plazo y compromete el patrimonio familiar. El deterioro de estos indicadores expone un cuadro social cada vez más frágil. El crédito dejó de ser una herramienta para mejorar la calidad de vida y pasó a convertirse en un recurso de supervivencia que oculta la pérdida del poder adquisitivo.
 
Para muchas familias, especialmente jóvenes sin ingresos formales, el financiamiento no proviene de los bancos sino de cadenas comerciales, prestadores directos y, cada vez más, billeteras virtuales y fintech, que ofrecen créditos rápidos y de acceso inmediato. En ese terreno, la situación también es preocupante. La morosidad en compras de electrodomésticos alcanzó el 27 por ciento en julio de 2025, el valor más alto en más de 4 años. En el caso de los préstamos otorgados por fintech, el 18 por ciento presentaba incumplimientos en julio, pero estimaciones privadas indican que esa cifra ya ronda el 21 por ciento.
 
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares confirman el deterioro de las economías domésticas. En el segundo trimestre de 2025, el 48 por ciento de los hogares no logró cubrir sus gastos y debió recurrir a ahorros, venta de bienes o endeudamiento, tanto formal como informal. La clase media aparece como uno de los sectores más afectados: el 53 por ciento de sus hogares no logra llegar a fin de mes. Según datos del Indec publicados este viernes, el 60% de los asalariados gana menos de $950.000 en el tercer trimestre del año. Es decir, que la mayoría de los trabajadores viven con ingresos por debajo de la canasta de consumos mínimos que realiza la Junta Interna de ATE Indec (el promedio del tercer trimestre del año fue $1.941.853). Esta canasta no es un ideal ni un óptimo, pero se acerca a lo que se necesita para llegar a fin de mes.
 
Mientras el Gobierno libertario insiste en mentir con indicadores de estabilidad y crecimiento, la realidad que se vive puertas adentro de los hogares argentinos es otra: deuda creciente, ingresos que no alcanzan y una morosidad que ya funciona como termómetro del deterioro económico y social. Los hogares están endeudados porque los ingresos no alcanzan. Es urgente un aumento de emergencia de salarios, jubilaciones y programas sociales.
 
La Opinión Popular
 

04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
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