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Nacionales - 07-08-2020 / 10:08
ENTUSIASMADO POR EL EFECTO CANJE

El Gobierno se ilusiona con una recuperación económica en "V"

El Gobierno se ilusiona con una recuperación económica en
En el equipo económico creen que las turbulencias financieras se aplacarán cuando quede en evidencia que el presupuesto 2021 será cauteloso en lo fiscal.
En plena recesión y en medio del proceso de flexibilización de las restricciones por la pandemia, el debate sobre cómo sería la recuperación de la economía toma vigencia. ¿Cómo será? ¿Un dibujo en V? ¿Será acaso más apaisada? ¿O la Argentina estará condenada a convivir con una L, en el mejor de los casos, castigada por la crisis permanente?
 
Ese debate se mezcla con la política. María Eugenia Vidal, por caso, levantó el perfil público el jueves por la mañana en un "zoom" en el que planteó -en base a su economista de cabecera, Hernán Lacunza, que la economía caerá este año un 12%, pero que en 2021 no podrá recuperar lo perdido.
 
Más optimista, el economista Emmanuel Álvarez Agis -cercano ideológicamente a la Casa Rosada- cree que la actividad se recuperará pero para asegurarlo reclama una mayor y decisiva participación del Estado, a través del gasto público.
 
"Ahora que arreglamos con los acreedores llegó el momento de gastar. En la pandemia, hay que gastar más. El Estado argentino gasta la mitad que su par de Chile o Perú. Y mucho menos que Brasil", argumenta Agis.
 
Desde Economía se aboga por un ordenamiento fiscal, de cara a las inminentes negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Pero no sólo por eso. Martín Guzmán demostró desde un primer momento que valora la cautela a la hora de programar el gasto público, lo que quedó a la vista cuando se suspendió la actualización automática de las jubilaciones.
 
En el Gobierno creen que esta semana fue la mejor desde que Alberto Fernández se puso la banda presidencial.
En el equipo económico sospechan que la buena onda perdurará. Y no lo avalan por una cuestión de fe religiosa. Los funcionarios comparten algunos de los datos positivos de la actividad, que los sorprendió gratamente a ellos mismos.
 
Juzgan, sin temor a hacerlo con premura, que se trata de los primeros indicios de una recuperación veloz. Incluso destacan la "V corta" de la palabra "veloz".
 

 
Disfrutando el cambio de clima
 
Entre esos datos positivos sobresalen:
 
·         El índice Construya -que da cuenta de la venta de insumos para la construcción, elaborado por las principales empresas del sector- cerró julio con una recuperación del 27% en relación a junio. Pero, sobre todo, con una mejora del 13,6% en relación con julio del año pasado. Y con una suba del 5% contra julio de 2018. En otras palabras, el optimismo radica en que, en la economía pandémica, las ventas de materiales de la construcción fue superior a la de los dos últimos años del gobierno anterior.
·          
·         También hay datos positivos en sectores industriales que venían muy castigados, como el automotor. El hecho de que las terminales hayan tenido en julio un repunte de 36% respecto del mes anterior, y que ya se ubiquen en niveles de producción apenas 1,5% por debajo de hace un año fue recibido como un indicador indudable de recuperación de la dinámica pre-cuarentena.
·          
·         Después de una primera quincena floja por el retorno a una cuarentena más dura, la última semana del mes pasado terminó con una fuerte recuperación. "En la semana del 23 al 29 de julio, la actividad industrial (medida en base al consumo de energía) prácticamente volvió a los niveles del mismo período del año pasado (-2,5% interanual)", apunta Diego Schteingart, director del CEP (Centro de Estudios para la Producción del Ministerio de la Producción).
·          
·         En diálogo con iProfesional, Schteingart destaca también la evolución del comercio, sobre todo fuera del AMBA, donde el coronavirus está pegando más fuerte. "El Ahora 12 y el Hot Sale marcan una fuerte recuperación", apunta el especialista. Un dato: el Hot Sale vendió $19.000 millones, el doble que el año pasado.
 
El funcionario también tiene datos sobre fuertes mejoras en rubros como "muebles", "colchones" y "línea blanca", en algunos de los cuales hubo quiebre de stock ante la reaparición de la demanda, en un contexto en el cual algunas industrias no habían vuelto a operar a pleno.
 
Schteingart tiene una hipótesis: que en algunos distritos del interior, adonde se flexibilizó antes que en el AMBA, el IFE de $10.000 sirvió para motorizar el consumo y para hacer refacciones en los hogares.
 
Claro, ahora -con el brote de virus en varias provincias que parecían ajenas al Covid-19- habrá que ver si aquella realidad que insinuaban buenas noticias, no habrá quedado como una foto de antaño.
 
 
Principal arma, la estabilización
 
Los últimos registros sobre la actividad, sin tratarse de un todo sino más bien de los primeros datos de la recuperación, entusiasman a los funcionarios.
 
En el gabinete económico existe el convencimiento que el acuerdo con los acreedores puso la base para la estabilización financiera. Un valor que la Argentina perdió en abril de 2018 y nunca más recuperó.
 
Los funcionarios creen que las presiones cambiarias se diluirán en las próximas semanas, cuando quede claro que el Gobierno va hacia una prudencia presupuestaria, tratando de apaciguar los gastos cíclicos, generados por la extensión de la pandemia.
 
Desde Economía no quieren dar precisiones sobre el Presupuesto 2021 que irá al Congreso en las próximas semanas. Pero, por otra vía, aseguran que Guzmán coordinará con Kristalina Georgieva un encuentro virtual, que sirva como inicio informal de la negociación con el Fondo Monetario.
 
La reunión se dará "en cualquier momento", dicen en el Palacio de Hacienda, para dar cuenta de la agenda pública que tendrá el ministro, ahora que cerró trato con los principales fondos de inversión, aun los más rebeldes durante la última negociación.
 
"La estabilización ganada con el acuerdo potencia la recuperación, y ahora tendrá un empalme con un Presupuesto moderado en lo fiscal, que dará confianza", resume uno de los funcionarios con voz en el equipo económico.
 
La apuesta del Gobierno es mixta. Por un lado, habrá respaldo hacia la obra pública como una señal del apoyo al modelo productivo, que es mano de obra intensivo y que no requiere de divisas para salir adelante.
 
Ahora bien, ese gesto deberá ser la bandera de largada para el sector privado. A los ojos del Gobierno, el Estado argentino -a diferencia de otros de la región y ni hablar de los países desarrollados- tiene límites muy precisos para actuar. Puede marcar el rumbo pero la recuperación dependerá del sector privado. Eso sostienen en la Casa Rosada.
 
A favor de una reactivación rápida y notoria, en los despachos oficiales marcan lo siguiente:
 
·         En primer lugar, obviamente, la poderosa señal de que la Argentina no quedará estancada en un default. Una señal contundente hacia todos los sectores locales pero también al mundo. No es lo mismo relacionarse con un país en cesación de pagos que con otro sin traumas financieros.
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·         La gran capacidad ociosa que tiene la industria y que podrá ser rápidamente utilizaba no bien la actividad vuelva a un ritmo más intenso, sin necesidad de grandes inversiones que plateen dudas sobre la conveniencia de avanzar.
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·         Una consistente baja de la tasa de interés, que se profundizó en el período de la pandemia.
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·         Al día de hoy, la Argentina se encuentra menos castigada por el coronavirus que otros países latinoamericanos.
·          
Aunque, como se sabe, la expansión del virus es dinámica. Tanto como la evolución economía, a la que ahora el Gobierno considera con chances de rebotar en forma de "V".
 
Por Claudio Zlotnik
 
Fuente: iProfesional
 

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El naufragio de la ley de propiedad privada dejó al descubierto la incompetencia política oficialista, las internas feroces en la Casa Rosada y un estruendoso choque contra el límite de sus propios aliados, en medio de una profunda crisis económica y un acelerado desencanto de la sociedad y de sus propios votantes. Un escenario agravado luego de que la cuestión Malvinas alrededor de la selección de fútbol generara un clima nacionalista que colisionó de frente contra el cipayismo libertario y expuso su escaso arraigo popular.
 
El bochornoso traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada en el Senado representa el síntoma terminal de un oficialismo cegado por el dogmatismo y desprovisto de oficio político. Lo que el Ejecutivo pretendía vender como un triunfo terminó convertido en un cascarón vaciado: acorralada por la falta de apoyo de los bloques dialoguistas, la Casa Rosada debió capitular y retirar apresuradamente los capítulos centrales de extranjerización de tierras y la flexibilización de la Ley de Manejo del Fuego. El dictamen final fue aprobado desflecado y reducido a menos de un tercio de sus ambiciones originales, dejando al desnudo que las mayorías parlamentarias no se edifican con bravuconadas de redes sociales ni con intervenciones torpes como las del senador Joaquín Benegas Lynch, cuyos insultos a los senadores aliados terminaron de dinamitar los puentes de negociación.
 
Fiel a su matriz refractaria a la autocrítica, la reacción de la conducción libertaria ante semejante derrumbe consistió en desatar una inmediata cacería interna de chivos expiatorios. En lugar de asumir los errores de cálculo de la gestión, la Casa Rosada liderada por Javier y Karina Milei optó por aislar y "freezar" al ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, amagando con congelar el resto de sus proyectos en carpeta tras convertirlo en un yunque político. Al mismo tiempo, el enojo oficialista apuntó directamente contra Patricia Bullrich, a quien responsabilizan por fallar en la contabilidad de los votos y perder el control de la sesión. Este pase de facturas expone un gabinete frágil y fracturado, donde los propios arquitectos del programa gubernamental son arrojados a los leones ante la primera turbulencia institucional.
 
 
En última instancia, la mutilación de este proyecto emblemático expone el techo del modelo libertario: una administración que chocó de frente contra el límite de sus aliados e incapaz de sostener consensos duraderos. La incapacidad para articular mayorías y la constante tendencia a refugiarse en la intransigencia demuestran que el dogmatismo autoritario se vuelve impotente ante la dinámica republicana. Con Sturzenegger desautorizado y Bullrich golpeada políticamente, el gobierno ingresa en una peligrosa fase de insularidad y parálisis parlamentaria, donde la falta de muñeca política condena al oficialismo a multiplicar derrotas mientras la gestión cotidiana se consume entre internas feroces e improvisación.
 
De la redacción de La Opinión Popular

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