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Sociedad e Interés General - 28-07-2020 / 19:07
EL 29 DE JULIO DE 1966, FEROZ REPRESIÓN EN LA FACULTAD DE CIENCIAS EXACTAS DE LA UBA

La Noche de los Bastones Largos

La Noche de los Bastones Largos
El 29 de julio de 1966, la Policía Federal entró, de noche y por la fuerza, a distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires, apaleando a los científicos, profesores y estudiantes, con el fin de implementar la intervención decretada por la dictadura militar del general Juan Carlos Onganía a las ocho universidades nacionales.
 
El 29 de julio de 1966, la Policía Federal entró, de noche y por la fuerza, a distintas facultades de la Universidad de Buenos Aires, apaleando a los científicos, profesores y estudiantes, con el fin de implementar la intervención decretada por la dictadura militar del general Juan Carlos Onganía a las ocho universidades, lo que  provocó una fuga de cerebros e inició la decadencia académica de la Argentina.
 
Un mes antes, las fuerzas armadas habían derrocado al gobierno del radical Arturo Illia. El autócrata Onganía puso por encima de la Constitución al Estatuto de la Revolución Argentina, luego disolvió el Congreso Nacional, destituyó a la Corte Suprema de Justicia, intervino las provincias y prohibió toda forma de actividad política. La Universidad quedó como una "isla democrática" en medio de un mar de fascismo.
 
El 29 de julio la dictadura militar dictó un decreto que ponía fin a la autonomía universitaria y se proponía "eliminar las causas de acción subversiva" en los claustros. En algunas facultades se realizaron asambleas como manifestaciones de oposición. Profesores y estudiantes fueron forzados a abandonar los edificios a golpes. Muchos fueron detenidos.
 
En la "noche de los bastones largos", así llamada por los largos bastones que utilizó la Policía Federal, la irrupción en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos de Aires fue particularmente violenta: la policía golpeó a cuanto profesor, graduado o estudiante estaba en la Facultad y, después de insultos y agresiones que incluyeron un simulacro de fusilamiento, detuvo a los profesores por varias horas, y a los estudiantes y graduados por casi dos días.
 
Fue una jornada trágica por la violencia ejercida sobre profesores, alumnos, no docentes y autoridades universitarias que ocupaban los edificios de cinco facultades en defensa de los postulados de la Reforma Universitaria. La represión dejó 400 estudiantes y profesores heridos y detenidos. Inmediatamente, todos los decanos de UBA renunciaron a sus cargos.
 
La "noche de los bastones largos" significó la expulsión de las casas de altos estudios de cientos de profesores y científicos del máximo nivel por cuestiones ideológicas. Y 1.378 profesores, que no fueron expulsados, decidieron renunciar en solidaridad y como forma de repudio al gobierno militar y a la intervención universitaria, continuando sus carreras en el ámbito privado local o en el exterior.
  
Escribe: Blas García, ex dirigente universitario en la década del 60



Dictadura militar
 
El golpe militar del General Juan Carlos Onganía, el 28 de junio de 1966, se produjo para evitar el triunfo del peronismo en las elecciones a gobernador en la Provincia de Buenos Aires, que tenían que celebrarse en marzo de 1967.
 
Se instaló una dictadura represiva sin capacidad para el diálogo y que despreciaba la política, mientras apostaba a la economía ultraliberal y postergaba indefinidamente la acción social.
 
La Cámara Argentina de Comercio, la Bolsa de Comercio, la Unión Industrial, la Sociedad Rural, CARBAP, la Asociación de Bancos y ACIEL (Instituciones Empresarias Libres) apoyaban la dictadura: ese régimen "apolítico" les garantizaba que sólo los militares y las grandes empresas operarían el poder.
 
Los estudiantes universitarios fueron uno de los sectores que más se opuso a la nueva dictadura militar.
 
 La noche de los bastones largos 

Intervención represiva
 
El 29 de julio de 1966 la dictadura dictó un decreto que ponía fin a la autonomía universitaria y se proponía "eliminar las causas de acción subversiva" en los claustros. En algunas facultades se realizaron asambleas como manifestaciones de oposición. Profesores y estudiantes fueron forzados a abandonar los edificios a golpes. Muchos fueron detenidos.
 
En la "noche de los bastones largos", así llamada por los largos bastones que utilizó la Policía Federal, la irrupción en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos de Aires fue particularmente violenta: la policía apaleó a cuanto profesor, graduado o estudiante estaba en la Facultad y, después de insultos y agresiones que incluyeron un simulacro de fusilamiento, detuvo a los profesores por varias horas, y a los estudiantes y graduados por casi dos días.
 
La represión dejó 400 estudiantes y profesores heridos y detenidos; todos los decanos de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y 1400 docentes renunciaron a sus cargos.
 
En los meses siguientes a la noche de los bastonazos, renunciaron 1.378 docentes de la UBA, cientos fueron despedidos y otros tantos abandonaron el país. En total emigraron 301 profesores universitarios, de los que 215 eran científicos.
 
 
Contra la Reforma Universitaria
 
La dictadura militar implementó cambios en sentido retrógrado para terminar con los pilares básicos de la Reforma Universitaria de 1918, entre ellos.
 
a) la autonomía de las universidades del poder político;
b) El gobierno de las mismas por órganos integrados por representantes de docentes, graduados y estudiantes;
c) La provisión periódica de los cargos docentes mediante concursos públicos;
d) La libertad de cátedra, con distintas orientaciones ideológicas o académicas;
e) La asignación por parte del Estado de presupuestos que permitieran el adecuado funcionamiento universitario.
 
 La noche de los bastones largos 

Resistencia estudiantil 
 
Las movilizaciones de protestas de los estudiantes comienzan a desarrollarse en todos el país. En todas las universidades del país la intervención -y el vaciamiento académico que la acompañó- posteriormente generó un inmediato repudio.
 
El movimiento estudiantil universitario reagrupa sus fuerzas y pelea contra la intervención, haciéndose fuerte en Córdoba a través de la huelga general por tiempo indeterminado y las movilizaciones con actos relámpagos encabezados por el Integralismo, movimiento que integraba a cristianos y peronistas.
 
La policía recibe órdenes de impedir los actos y reprimir a los estudiantes y se producen batallas campales que abarcan el centro de la ciudad.
 
 
Asesinato de Santiago Pampillón
 
En uno de estos actos, el 07 de septiembre de 1966, Santiago Pampillón, estudiante de ingenieria de 24 años, simpatizante del movimiento integralista, recibe tres tiros en la cabeza disparados a quemarropa por un policía uniformado, en la avenida Colón y Tucumán, frente a la galería Cinerama. Llevado al Hospital de Urgencias muere el 12 de septiembre de 1966.
 
Santiago Pampillón fue el primer muerto de la larga serie de asesinatos que se producirán durante el curso del régimen militar (1966-1973), y que también incluirá los nombres de otros militantes como Juan José Cabral, Adolfo Bello y Luis Norberto Blanco. Su muerte anticipa la escalada de violencia que desembocará en la llamada "guerra sucia en Argentina".
 
El movimiento estudiantil cordobés resistió prolongada y tenazmente la política universitaria del onganiato, aprendiendo las nuevas formas de acción directa y vinculándose con los obreros fabriles en un proceso que desembocará en el Cordobazo (1969)
 
Los efectos de la intervención fueron contraproducentes para los intereses del gobierno militar, porque la juventud inserta en este clima represivo contribuyó a la rebeldía general y encontró su lugar en la fuerza política del peronismo y la izquierda. En 1955 había muy pocos peronistas en la Universidad. Hacia 1970, en cambio, miles de estudiantes militaban en las filas peronistas.
 
Escribe: Blas García, ex dirigente universitario de la década del 60

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La Noche de los Bastones Largos
Los militares reducen al silencio a la universidad con garrotazos y provocan la mayor fuga de cerebros de la historia argentina.
02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
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