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Nacionales - 17-07-2020 / 11:07
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

El “extremo centro” de Alberto Fernández, ante desafíos internos y externos

El “extremo centro” de Alberto Fernández, ante desafíos internos y externos
El festival de fuego amigo que se desató al interior del Frente de Todos no podría haber llegado en un momento menos oportuno. Los dardos empezaron a penetrar en Olivos por tropezones de Alberto Fernández y ademanes de impotencia inexplicables en su momento de mayor aprobación, pero impactaron en el blanco justo.
El festival de fuego amigo que se desató al interior del Frente de Todos no podría haber llegado en un momento menos oportuno. Los dardos empezaron a penetrar en Olivos por tropezones de Alberto Fernández y ademanes de impotencia inexplicables en su momento de mayor aprobación, pero impactaron en el blanco justo cuando la pandemia empieza a colmar las salas de terapia intensiva y mientras el Gobierno se ve forzado a aflojar la cuarentena sin más fondos para compensar su daño sobre la economía.
 
Julio De Vido, Hebe de Bonafini, Alicia Castro, Juan Grabois, Agustín Rossi, la cúpula de la CGT, el "Cuervo" Larroque y la propia Cristina Fernández no hicieron más que expresar públicamente lo que se discute en voz baja desde hace meses y que no tiene por qué romper nada.
 
Los interrogantes ahora son dos: primero, si el Presidente se correrá esta vez del lugar de componedor que le valió su centralidad en la coalición gobernante y si le conviene al Frente que lo haga. Segundo, y quizá más importante, si quienes pretenden condicionar sus próximos pasos están solamente entre quienes lo acompañan en la gestión o si el principal desafío a su rumbo proviene de aliados mucho más volátiles y silenciosos, como el establishment y el Fondo Monetario.
 
Lo primero se emparenta con la crisis del "extremo centro" que advirtió hace algunos años el paquistaní Tariq Ali para Europa, aunque con el sabor que aporta el peronismo como condimento telúrico.
 
Ali sostuvo que el corrimiento hacia el centro de los partidos socialdemócratas europeos de los 90 borró sus diferencias con la derecha y horadó la legitimidad de esas democracias, donde la alternancia bipartidista funcionaba como válvula de escape de cada desilusión previa. 
 

 
El caso paradigmático fue el nuevo laborismo de Tony Blair, al que definió como "la continuación del thatcherismo por los mismos medios". A partir de esas claudicaciones, según Ali, florecieron los partidos xenófobos que recogieron primero el descontento popular con los ajustes y la guerra, pero también se abrió la puerta al surgimiento de alternativas más radicalizadas como las que encarnaron Podemos, Bernie Sanders y Jeremy Corbyn.
 
En la versión criolla, el corrimiento hacia el centro de la mano de Alberto y de Sergio Massa le permitió a la vicepresidenta perforar el techo electoral que apenas un año atrás todavía parecía impenetrable y aprovechar la crisis en la que se hundió solo Mauricio Macri.
 
Pero ese centrismo exitoso en lo electoral trajo aparejada una moderación en la gestión que incomoda a quienes compraron aquella propuesta de campaña de frenar el colectivo que iba a 200 kilómetros por hora al precipicio y pegar un volantazo de 180 grados.
 
La comezón fue creciendo con las concesiones a los acreedores, la marcha atrás con la expropiación de Vicentin y el cajoneo del impuesto a las grandes fortunas. Y se hizo llaga el 9 de Julio, después de la entronización del G-6 que puso en escena en Olivos el extremocentrista Gustavo Béliz.
 
 
Compañera Kristalina
  
En el regateo por la deuda, los negociadores de Martín Guzmán se autocongratulan por haber dado vuelta la "paritaria Mafalda". Aluden así a la negociación de aquel entrañable personaje de Quino con su mamá por la comida.
 
"Nosotros acá conseguimos comer el postre primero y después ver si nos tomamos la sopa", aseguran, en alusión a las negociaciones por la deuda con los acreedores privados (USD 66.000 millones) y con el Fondo Monetario (USD 44.000 millones).
 
Al haber apurado una y postergado la otra, dicen, lo que consiguió la Argentina fue hablar primero del bolsillo de los bonistas y más adelante del ajuste necesario para garantizar esos pagos. "Si la discusión hubiera sido simultánea, el Fondo y los bonistas se habrían abroquelado en nuestra contra", concluyen.
 
¿Por qué aceptó eso el Fondo? ¿Por qué lo toleró el Tesoro estadounidense, su principal accionista?
 
Según la tropa de Guzmán, porque entendió que chocó el auto con Macri y eligió "dejarlo tirado en la banquina y deshacerse de las llaves": aprovechó la salida de Christine Lagarde para oxigenar la imagen del organismo, eyectó al halcón David Lipton y le dio aire a Kristalina Georgieva para correr a Alejandro Werner del Hemisferio Occidental y reemplazarlo por Julie Kozak, a quien cerca del ministro llaman "compañera Julie".
 
Esa interpretación tampoco es unánime en el Frente de Todos. Axel Kicillof, que aguarda el resultado del regateo para ver qué quita podrá aplicar a la deuda de la provincia, de unos U$S 7.000 millones, lo discutió con su equipo en diciembre, antes de asumir.
 
En aquel momento evaluó que era Estados Unidos el más interesado en que Argentina reestructurara primero la deuda con los privados y recién después con el Fondo. En caso de haber aceptado una reprogramación de entrada, el FMI habría aparecido otra vez subsidiando a un país incumplidor con dinero de los "plomeros y carpinteros estadounidenses" cuyos bolsillos defendía el secretario del Tesoro de George W. Bush en agosto de 2001.
 
Es algo que también piensan economistas de consulta de Massa que ocuparon cargos muy relevantes en el primer kirchnerismo y que jamás comulgaron con los kicillofistas.
 
¿No empoderó demasiado Guzmán a Georgieva aceptando su rol de árbitro inapelable de la sustentabilidad de la deuda? ¿No se expone a que ahora le imponga un ajuste inaceptable para una época de reconstrucción? ¿No aceptó ya ese ajuste al admitir como inmutables las restricciones presupuestarias que aduce el ministro cuando le piden medidas más enérgicas para contener el derrumbe de la economía real?
 
Ahora es casi contrafáctico y ciertamente lejano, pero la inquietud del gobernador no es solo financiera. También es electoral. De lo que se negocie ahora con Kristalina Georgieva y la compañera Julie saldrán las coordenadas del ajuste que acompañará a Fernández hasta el final de su mandato.
 
Y no solo eso: también las chances de continuidad del Frente y el marco de gobernabilidad para quien gobierne entre 2024 y 2028, que no necesariamente será Fernández aun cuando pueda aspirar a la reelección.
 
El acuerdo con el FMI se va a empezar a negociar entre fines de septiembre y fines de diciembre porque tiene que estar cerrado antes de abril, cuando opera un nuevo vencimiento con el Club de París.
 
Esa hoja de ruta, insisten cerca de Guzmán, también los empujó a su actual estrategia. Es porque Larry Fink, el CEO de BlackRock, sigue aspirando a ser secretario del Tesoro si gana Joe Biden, demócrata como él y favorito en las encuestas por 10 puntos sobre Donald Trump.
 
¿Le aprobarán su pliego en el Senado demócratas como Bernie Sanders o Liz Warren, si viene de desplumar a la Argentina? El ministro asegura que sería un problema. Otros dudan de que resulte tan decisivo para Washington lo que ocurra en un país al sur de Bolivia.
 
 
Eléctrico
  
En ese contexto, la reaparición de Macri podría haberle servido al Gobierno para aquietar internas y abroquelarse. Pero tampoco. Lo que sí hizo el inexplicable viaje a Asunción del expresidente en plena cuarentena fue agitar la propia interna de Juntos por el Cambio, que ya debería abandonar la primera parte de ese nombre.
 
¿Qué fue a hacer Macri a Paraguay? ¿Política, negocios o las dos cosas? La tesis del rearmado de un polo continental de derecha no resiste el análisis más elemental, aunque sus últimos incondicionales digan que con el gesto apuntó a "mojarle la oreja a Alberto" y mostrarse "pensando en el largo plazo mientras al Gobierno se le prenden fuego la economía y el sistema sanitario".
 
La sola comparación que eligió muestra la endeblez de la idea. ¿O acaso representa algo para alguien fuera del círculo hiperpolitizado la intención de poner de pie un "Grupo de Puebla conservador"?
 
Dos importantes dirigentes de su fuerza confirmaron a BAE Negocios que la visita de Macri a su antiguo colega Horacio Cartes fue por negocios particulares. Aunque resta conocer el detalle, la gestión tuvo que ver con un sector que el exCEO de Socma siempre priorizó, tanto en la gestión empresarial como en la presidencial: el energético.
 
¿Habrá sido una intercesión ante Nicanor Duarte Frutos, otro expresidente paraguayo, por los contratos de ampliación de Yacyretá que se firmaron días antes de las elecciones de octubre? ¿Habrá tenido que ver con los trabajos de relevamiento topográfico que empezaron apenas quince días atrás a la vera del brazo Aña Cuá las contratistas Rovella Carranza, Tecnoedil y Astaldi? ¿Seguirá Macri tan involucrado con esa represa como en los años 90, cuando la empezaron a llamar "monumento a la corrupción"?
 
Y una más: ¿hacía falta que viajara personalmente? En la era de las mamushkas societarias y las acciones al portador, ese maletín puede haber contenido mucho más que el "breso" con el que especuló, mundano, el matarife Alberto Samid.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

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