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"Vine a terminar con los odiadores seriales y a abrir los brazos para que todos nos unamos". Alberto Fernández
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Nacionales - 11-07-2020 / 08:07

Actos violentos de los odiadores seriales

Actos violentos de los odiadores seriales
Cada golpeador y agresor tiene una responsabilidad, pero la alianza Juntos por el Cambio y el grupo de periodistas afines al macrismo deberían asumir la responsabilidad principal de este fenómeno que atenta contra la posibilidad de vivir en paz y en democracia.
Los actos anticuarentena como el del 9 de Julio pasado convocan pelajes de todos los colores, algunos con protestas más legítimas que otros, pero todos con el mismo común denominador de odio y violencia.
 
No se trata de un pequeño sector que no representa a la mayoría de los que asisten porque la violencia es generalizada, está en el tono de las consignas que gritan, en los carteles que llevan y en la actitud de los manifestantes.
 
No puede ser de otra forma porque la convocatoria es en términos violentos y porque sus referentes se expresan en forma violenta. Los manifestantes acatan los términos como fueron convocados y reproducen las actuaciones de sus referentes.
 
Hay una responsabilidad política por este tipo de manifestaciones que llevan a su punto más crítico la posibilidad de convivencia con la mayoría de las personas que piensa de otra forma.
 
Cada golpeador y agresor tiene una responsabilidad, pero la alianza Juntos por el Cambio y el grupo de periodistas afines al macrismo deberían asumir la responsabilidad principal de este fenómeno que atenta contra la posibilidad de vivir en paz y en democracia.
 
No hay un reclamo puntual, como puede ser una marcha por aumento salarial o en defensa de las jubilaciones. Los planteos que se escuchan ni siquiera están en relación con la consigna de la convocatoria, que se convierte en una excusa.
 
El odio está puesto en el otro. Odian al gobierno que no es el que ellos quieren. No conciben que tendrán oportunidad de volver a votar. Si no es el gobierno que ellos quieren, hasta ahí llega el concepto que tienen de democracia.
 
Convertir a la cuarentena por la peste en una dictadura stalinista es de un silogismo tan simplón que no resiste la inteligencia de un mono. 
 

 
Reclamar por la libertad en relación con la cuarentena, un 9 de Julio, el día que los argentinos declararon su libertad frente a la corona española, es como si la corona española hiciera una marcha porque una manga de autoritarios coartó su libertad de tener a la Argentina de colonia.
 
Sí señor, la corona no tiene libertad para tener colonias subyugadas. Sí señor, nadie tiene libertad para infectar a otro con una peste que le puede costar la vida.
 
Si esta gente que usurpa el nombre libertario --como se conocía a los viejos y verdaderos ácratas-- reclama libertad para contagiar al prójimo, es porque entiende la libertad como su libertad y como una forma de supremacía para subordinar a los demás.
 
 
 
No es contradictoria esa equiparación con la corona española y los próceres de la independencia. La corona española tenía un derecho que era su fuerza militar y usaba su libertad para subordinar la libertad de los otros.
 
Estos libertarios negativos --opuestos a la libertad-- que marchan contra la cuarentena, piensan que frente a dos personas con derechos cuyos intereses colisionan, prevalece el derecho del más fuerte.
 
No hay nada menos libertario que reivindicar la libertad del que tiene más fuerza para subordinar al otro. Esa es la esencia del autoritarismo.
 
Esa fue la consigna más racional de los que marcharon. En la semana se conoció la muerte de uno de estos manifestantes, el jubilado Ángel Spotorno, de 64 años, militante del PRO. Spotorno tenía todo el derecho de elegir la forma de morir, incluso solo y asfixiado por el virus, como sucedió.
 
Pero no tenía ningún derecho a poner en riesgo de sufrir esa misma muerte a decenas de ciudadanos que tuvieron contacto con él en esos actos, incluyendo a periodistas y transeúntes. No existe libertad para contagiar la muerte.
 
Si lo que se reclama es una cuarentena administrada, flexibilizada o lo que sea, pongan el debate en la sociedad, exhiban sus ejemplos y los argumentos científicos que sostienen esa postura. No tienen necesidad de acusar de stalinistas e insultar a los que opinan diferente. Es otro rasgo autoritario de estos falsos libertarios.
 
La locutora de un noticiero de televisión quiso mostrarse ofendida por la frase de Alberto Fernández en su discurso del 9 de Julio cuando dijo que venía a terminar con los odiadores seriales. La mujer se enredó en sus disquisiciones y lo que se escuchó fue que el odiador tiene derecho a odiar: "No tiene derecho, ¿quién se cree? por más que sea presidente, no es quien para sacarle ese derecho a la gente". Fue lo que se entendió.
 
La intención de esa frase del Presidente no fue quitarle un derecho al odiador serial, sino reivindicar el derecho de la inmensa mayoría de los argentinos que quieren vivir en paz y en democracia, algo que el odiador serial, como actor político, rechaza. Son dos derechos en pugna: el del que odia lo que la mayoría quiere y el de la mayoría.
 
Promover el odio es la mejor forma de ocultar una propuesta que favorece los intereses de las minorías privilegiadas. Porque esas propuestas solamente pueden ser apoyadas por quienes se verán favorecidos que, por definición son muy pocos.
 
El odiador no debate, no confronta ideas, no ofrece con claridad una propuesta alternativa a lo que motiva su odio. Entonces es imposible establecer reglas de juego porque el odiador inhabilita el diálogo. El odiador serial promueve la violencia de los que lo acompañan y provoca la violencia de los que agrede. La consecuencia directa del odio es la violencia.
 
Uno de los autos de la caravana llevaba la consigna: "Fase 1: fusilar a los políticos", "Fase 2: Fusilar a los sindicalistas", "Fase 3: Argentina empieza a despegar". Uno de los tipos que amenazaron a los periodistas del móvil de C5N gritaba: "¡Ya van a tener miedo, ya van a tener miedo!".
 
El mensaje que publicó en las redes el diputado de Juntos por el Cambio, Fernando Iglesias, decía: "Cristina chorra, vamos por vos". Es imposible establecer un diálogo mínimo en ese tono.
 
Pero la frase de Alberto Fernández apuntó al documento promovido por Patricia Bullrich que firmaron los jefes de los tres partidos que conforman la alianza donde, sin fundamentos ni el más mínimo conocimiento del hecho, hicieron acusaciones de mucha gravedad a la vicepresidenta Cristina Kirchner con relación al asesinato de Fabián Gutiérrez en Santa Cruz.
 
Cuando llegó al gobierno, el macrismo declaró una "guerra de policía" o "lawfare" que buscó despolitizar al disidente para combatirlo como delincuente común. Ese camino cierra cualquier posibilidad de diálogo.
 
El macrismo creyó que ante esa ofensiva el kirchnerismo se dispersaría. Pero no sólo no fue así, sino que el kirchnerismo se cohesionó como mayoría relativa e integró una fórmula presidencial que desplazó al macrismo del gobierno.
 
En vez de recurrir a la misma estrategia de persecución, el nuevo gobierno planteó el diálogo con la oposición que ahora es el macrismo. Si el macrismo insiste desde la oposición con la misma estrategia de despolitizar a su adversario y tratarlo como delincuente, la política queda desplazada por una lógica de guerra de exterminio de alguno de los dos por el otro.
 
Tampoco se trata de salvar diferencias por puro voluntarismo cuando hay políticas que responden a intereses diferentes. En democracia hay disputa y confrontación, hay adversarios e incluso enemigos. Justamente por eso son necesarias las reglas de juego.
 
Sin reglas de juego, esa disputa se convierte en violencia, guerra y represión. La estrategia del macrismo cuando lanzó el lawfare, pateó el tablero. Si insiste será responsable de llevar al país a un nuevo escenario de violencia.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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Actos violentos de los odiadores seriales
El discurso de odio que se debe repudiar y desarmar es el que se vio en carteles como este de un auto que participó de las protestas del jueves y en cuyo parabrisas se podía ver un cartel que decía: «Fase 1: fusilar políticos. Fase 2: fusilar sindicalistas. Fase 3: Argentina despega».
08-08-2020 / 10:08
"La negociación se parece a la cuarentena: es mucho más larga de lo que requería el problema", fue el comentario despectivo de Alfonso Prat Gay sobre el ministro Martín Guzmán que negociaba una deuda imposible de pagar cuya mayor parte fue tomada durante su gestión.
 
El ex ministro de Mauricio Macri rompió todas las marcas al demostrar que su impericia en el manejo de la economía hubiera sido peor como infectólogo. Cosas veredes amigo Sancho, que nunca crederes: un ex ministro que critica al que resolvió el desastre que él creó, más un sector de la oposición que apostó al fracaso de la negociación y al desborde de la pandemia.
 
La chorrada de críticas que recibió Guzmán mientras negociaba la deuda provenía de estos personajes. "Se podría haber logrado un acuerdo mejor", dijo el caradura de Prat Gay en otras declaraciones. Cuando le tocó negociar con los fondos buitres, Prat Gay les pagó más de lo que habían reclamado. Eso sí: en tiempo récord.
 
Si lo que quería Prat Gay era sobreendeudar al país, fue el mejor ministro de Economía de la historia. ¿Y los argentinos? bien gracias. Pero después de esa performance más que desastrosa, la corporación de medios y sectores empresarios y de las finanzas lo siguen tomando como referente de consulta.
 
Se confirma esa visión que apuntó Jorge Alemán sobre un discurso de la política como especie de locura sin anclaje en la realidad. Se contrapone a la realidad. En esa nueva racionalidad de la derecha, el que se guía por la realidad resulta un fanático que se niega al discurso mágico.
 
Los medios y periodistas de derecha le van a preguntar a Prat Gay porque lo escucha un empresario aunque perdió plata, así como lo escuchan comerciantes que se fundieron con sus medidas. Desconfían del muchacho de 38 años que les salvó la vida porque es académico y votarían de nuevo al que los llevó a la ruina.
 

07-08-2020 / 10:08
Aunque hace tiempo que nadie en el poder se lo toma demasiado en serio ni le pide opinión, Guillermo Moreno pudo haber sido la excepción que confirmara la regla. El acuerdo que enhebró Martín Guzmán con los acreedores privados para aplazar y aliviar los pagos de la deuda jamás haría desdecirse al pintoresco exsecretario de Comercio, quien semanas atrás vaticinó que fracasaría porque le faltaba "haber pateado más la calle".
 
En el mundo empresario, entre los apostadores bursátiles y entre los consultores más cotizados de la City, en cambio, no hubo ningún reparo para la pirueta: hasta quienes le pedían el mes pasado a Alberto Fernández que lo eche -en público y en privado- se vistieron de guzmanistas de la primera hora. Todos salieron a gritar el gol que añoraban tanto la hinchada como el técnico, aun cuando está lejos de haber definido el partido.
 
Puertas adentro de la coalición, el primero en cantarlo fue Sergio Massa, quien no solo había convocado varias veces durante abril y mayo a su propio gabinete económico para interconsultas sino quien además entabló diálogos paralelos con Wall Street que obligaron al Presidente a avisar en tres ocasiones que el único interlocutor oficial era Guzmán.
 
Pasado pisado: tanto se apuró el jefe de Diputados en sacar pecho por el entendimiento que incluso primereó a Fernández. Pidió disculpas.
 
El recorrido de Guzmán antes del cierre de las negociaciones reflejó fielmente el equilibrio de fuerzas en el Frente de Todos
 

07-08-2020 / 10:08
En plena recesión y en medio del proceso de flexibilización de las restricciones por la pandemia, el debate sobre cómo sería la recuperación de la economía toma vigencia. ¿Cómo será? ¿Un dibujo en V? ¿Será acaso más apaisada? ¿O la Argentina estará condenada a convivir con una L, en el mejor de los casos, castigada por la crisis permanente?
 
Ese debate se mezcla con la política. María Eugenia Vidal, por caso, levantó el perfil público el jueves por la mañana en un "zoom" en el que planteó -en base a su economista de cabecera, Hernán Lacunza, que la economía caerá este año un 12%, pero que en 2021 no podrá recuperar lo perdido.
 
Más optimista, el economista Emmanuel Álvarez Agis -cercano ideológicamente a la Casa Rosada- cree que la actividad se recuperará pero para asegurarlo reclama una mayor y decisiva participación del Estado, a través del gasto público.
 
"Ahora que arreglamos con los acreedores llegó el momento de gastar. En la pandemia, hay que gastar más. El Estado argentino gasta la mitad que su par de Chile o Perú. Y mucho menos que Brasil", argumenta Agis.
 
Desde Economía se aboga por un ordenamiento fiscal, de cara a las inminentes negociaciones con el Fondo Monetario Internacional. Pero no sólo por eso. Martín Guzmán demostró desde un primer momento que valora la cautela a la hora de programar el gasto público, lo que quedó a la vista cuando se suspendió la actualización automática de las jubilaciones.
 
En el Gobierno creen que esta semana fue la mejor desde que Alberto Fernández se puso la banda presidencial.
En el equipo económico sospechan que la buena onda perdurará. Y no lo avalan por una cuestión de fe religiosa. Los funcionarios comparten algunos de los datos positivos de la actividad, que los sorprendió gratamente a ellos mismos.
 
Juzgan, sin temor a hacerlo con premura, que se trata de los primeros indicios de una recuperación veloz. Incluso destacan la "V corta" de la palabra "veloz".
 

06-08-2020 / 11:08
La valiente fiscal Gabriela Boquin, quien llevó adelante la acusación contra la familia Macri en la causa Correo Argentino, denunció este miércoles ante una comisión bicameral que una empleada de su fiscalía "le entregaba documentación en pleno trámite de la investigación de la causa al diputado (del Pro) Pablo Tonelli" y que al denunciar esa situación ante su superior, el Procurador interino, Eduardo Casal, "no tomó ninguna medida al respecto".
 
Boquin expuso este miércoles ante la comisión bicameral de Seguimiento y Control del Ministerio Público. La semana pasada, Casal, quien asumió como jefe de los fiscales durante la gestión de Cambiemos, le inició un sumario administrativo por supuesto maltrato y mobbing laboral a ex empleados de la fiscalía.
 
La comisión bicameral tiene previsto volver a reunirse en diez días para tratar una serie de denuncias y pedidos de juicio político contra Casal por supuestas arbitrariedades en traslados y medidas disciplinarias contra fiscales que investigaban al macrismo.
 
En su presentación, la fiscal Boquin, que interviene en una de las causas más complicadas para el ex presidente y su familia, dijo: "Es falaz decir que se retiraron de mis dependencias por maltratos o pidieron traslados. Esto no existió. Es más, a una de las testigos el traslado lo pedí yo".
 
Y amplió Boquin que realizó ese pedido "por falta de confianza" de la empleada de su fiscalía tras "descubrir que le entregaba documentación en pleno trámite de la investigación de la causa Correo Argentino al diputado Pablo Tonelli".
 
"Esa documentación que le pasaba y que le iba comunicando los pasos del expediente a Tonelli estaban relacionados con su propia vinculación en la causa porque cuando yo denuncié el vaciamiento, estaban las facturas de Tonelli por millones de pesos retirando dinero de Correo Argentino", agregó la fiscal. 
 

06-08-2020 / 10:08
"La cúpula de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) impartió órdenes a un grupo de agentes orgánicos e inorgánicos quienes se dedicaron a realizar tareas de inteligencia y espionaje ilegal consistentes en llevar a cabo vigilancias, observaciones, obtener información, producir inteligencia, almacenar datos y generar informes sobre distintas personas por el solo hecho de su pertenencia político-partidaria, social, sindical y/o cultural".
 
Con estas frases contundentes, el juez federal de Lomas de Zamora, Juan Pablo Augé, procesó a los directores de la AFI macrista, Gustavo Arribas y Silvia Majdalani, por espionaje ilegal, abuso de autoridad y falsificación de documentos. La suma de los delitos establece penas de hasta 12 años de prisión. Al mismo tiempo, el juez les prohibió la salida del país, retuvo sus pasaportes y los embargó por dos millones de pesos. Y Mauricio Macri, ¿para cuándo?
 
Eso sí, no ocurrió como en los cuatro años anteriores: no los fueron a buscar a sus casas a la medianoche o a la madrugada, no les pusieron chaleco antibalas ni casco ni convocaron a las cámaras de televisión, pese a que los delitos prevén penas como las señaladas, superiores a las previstas en las causas contra los ex funcionarios y empresarios detenidos en tiempos de Macri.
 
Como ocurre en casi todas las causas que tienen imputados macristas, la defensa principal consiste en tratar de llevar el expediente a los tribunales de Comodoro Py, donde juegan de locales. Es a lo que apuestan las ex autoridades de la AFI. Se sabe que en el edificio de Retiro encuentran cobijo judicial-mediático-político aunque sea para empantanar las cosas por unos años.
 

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