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Sociedad e Interés General - 26-06-2020 / 19:06
EL 27 DE JUNIO DE 1975 EL SINDICALISMO PERONISTA LLENABA PLAZA DE MAYO CONTRA UN GOBIERNO DEL PJ

El Paro Sindical que hizo temblar a un Gobierno del PJ

El Paro Sindical que hizo temblar a un Gobierno del PJ
El entonces ministro José López Rega, junto a la ex presidenta María Estela Martínez de Perón, durante un discurso, en 1975.
Es un hecho: el paro nacional con movilización a la Plaza de Mayo organizado para el 27 de junio por la CGT marca un hito, porque se trata de la primera vez en la historia que el sindicalismo peronista realiza una protesta masiva contra un gobierno también peronista. 
 
Resulta inevitable que la Presidenta tenga que ceder. El triunfo de los manifestantes y su determinación para enfrentar al Gobierno por defender el salario frente a la inflación desbordada traerá importantísimos cambios, no sólo económicos sino también políticos.
 
Alguien creerá que lo dicho hasta aquí es una lectura parcial de la realidad contemporánea o un aventurado ejercicio de futurología. Nada de eso. Sólo se trata de una evocación histórica. Sucedió hace 40 años.
 
El ante año pasado, Hugo Moyano eligió para hacer su paro y movilización el mismo día que hace 40 años los gremios peronistas llenaron la Plaza de Mayo para ejecutar un vuelco del poder sindical respecto del gobierno de la presidenta, también viuda, Isabel Perón.
 
En 1975 el peso fue devaluado algo así como 150% respecto del dólar, los servicios públicos subieron alrededor de 100 por ciento y la nafta súper aumentó ¡181 por ciento!
 
Tal fue la gravitación de esa Plaza de Mayo colmada de obreros enojados con el gobierno que unos días después tuvo que renunciar el ministro de Economía Celestino Rodrigo y cayó, nada menos, el ministro de Bienestar Social, el siniestro José López Rega.

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El 27 de junio de 1975 los gremios peronistas llenaron la Plaza de Mayo para ejecutar, entonces, un vuelco del poder sindical respecto del gobierno que hasta ese momento apoyaban. La presidenta era Isabel Perón. Y tal fue la gravitación de esa Plaza de Mayo colmada de obreros enojados con el gobierno que unos días después tuvo que renunciar el ministro de Economía Celestino Rodrigo y cayó, nada menos, el ministro de Bienestar Social José López Rega.
 
Sí, así fue: la movilización obrera fue la que se cargó, para decirlo sin rodeos, a López Rega. Aquel 27 de junio cayó viernes. La inflación no corroía unos puntos a un salario mutilado por el impuesto a las ganancias sino que se había ido al mismísimo demonio: llegaba al 80 por ciento. Precipitó la crisis -¿suena conocido?- la disparada del dólar paralelo.
 
El 4 de junio, dos días después de hacerse cargo del Ministerio de Economía patrocinado por López Rega, el ignoto ingeniero Celestino Rodrigo, a quien también deleitaba el esoterismo, anunció un plan de ajuste bestial: el peso fue devaluado algo así como 150% respecto del dólar (dólar desdoblado: el comercial pasó de 10 a 26 pesos ley, el dólar financiero se fue a 30 y el turístico a 45), los servicios públicos subieron alrededor de 100 por ciento y la nafta súper aumentó ¡181 por ciento!.
 
La economía venía de once años de crecimiento consecutivo. Pero, junto con la desmadrada interna peronista y la violencia política, la crisis mundial ayudó a desajustar las principales variables y empujarla al túnel de la recesión. Por cierto, la viudez de Isabel Perón tuvo un papel central en el descarrilamiento del gobierno en el que ella había arrancado como número dos. La muerte de Perón produjo un vacío de liderazgo letal.
 
En rigor, el "rodrigazo" fue la forma en la que estalló la política de precios controlados y las distorsiones acumuladas tras la estabilidad artificial de la gestión de José Gelbard.
 
En 1975 el Gobierno quería limitar las subas de salarios por paritarias al 38 o 40 por ciento, algo que en el contexto de la pateadura de tablero ejecutada por Rodrigo (quien tenía como materia gris al viceministro Ricardo Zinn) se volvió absurdo. Todos los gremios rechazaron esos porcentajes.
 
Pero, mientras los menos poderosos obtenían mejoras del 60%, los más grandes llegaban al 200%. Quedaba pendiente el trámite de la homologación, que en sentido estricto fue lo que llevó a la CGT a organizar la protesta del 27 de junio. Tiempos de verticalismo, los sindicatos decían defender a la presidenta, pero reclamaban la cabeza de "El Brujo".
 
En su libro "Perón", el historiador norteamericano Joseph Page cuenta: "El 27 de junio, por primera vez en la historia, los obreros organizaron una marcha monumental de protesta hacia una Casa Rosada controlada por los peronistas. Las declaraciones de los dirigentes que 'apoyaban' a Isabel no engañaban a nadie. A pesar de las súplicas del gobierno a los gremios para que aconsejaran a los trabajadores a permanecer en sus casas y de una fuerte lluvia, la histórica plaza quedó colmada al máximo. La muchedumbre gritaba obscenidades contra López Rega (...) Los generales se unieron a la CGT y a los políticos y juntos llegaron al consenso de que el primer paso para resolver la crisis era desplazar a José López Rega. La concentración del 27 de junio resultó ser el comienzo del fin para el Rasputín de la corte de Isabel".
 
Tres semanas después la presidenta mandaba al superministro repudiado al exterior como "embajador extraordinario". López Rega "huía" a bordo del avión presidencial, rumbo a Río de Janeiro. Luego se pertrechó en la residencia madrileña de Puerta de Hierro para iniciar una larga década como prófugo de la justicia, hasta 1986, cuando el FBI lo detuvo en el aeropuerto de Miami.
 
Los convocantes de la protesta del 27 de junio habían sido la CGT y la Unión Obrera Metalúrgica, si bien sus respectivos líderes, Casildo Herreras y Lorenzo Miguel, no participaron, porque estaban en la OIT, en Ginebra.
 
Dirigente de la Asociación Obrera Textil encumbrado en la CGT de la mano de Miguel, a Herreras la historia lo castigó con severidad su tibieza al dejarlo asociado para siempre con su frase "yo me borro", expresada en Uruguay el día del golpe de estado.
 
Fuente: LA NACIÓN

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El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

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