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Sociedad e Interés General - 25-06-2020 / 18:06
EL 26 DE JUNIO DE 1970 FALLECÍA EL INTELECTUAL JUSTICIALISTA

Leopoldo Marechal, escritor clave de la literatura argentina, poeta y metafísico del peronismo

Leopoldo Marechal, escritor clave de la literatura argentina, poeta y metafísico del peronismo
Leopoldo Marechal pertenece al nutrido grupo de escritores que preludiaron el «Boom» de la literatura hispanoamericana de los años 60 y que serían reconocidos gracias a ese fenómeno editorial; en este sentido debe situársele junto a autores de la talla de Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Alejo Carpentier, Juan Rulfo, José María Arguedas o Agustín Yáñez.
 
 
El 26 de junio de 1970, en Buenos Aires, moría Leopoldo Marechal, un enorme intelectual que se destacó en casi todos los géneros literarios: poesía, ensayo, narrativa y teatro. Identificado claramente con el peronismo, habiendo ocupado importantes cargos dentro del gobierno de Juan Perón y militando activamente en la Resistencia Peronista, Marechal conjugó la excelencia artística y la formación intelectual con el compromiso social y la político.
 
 
Toda la obra de Marechal después de 1955 fue injustamente proscrita y por lo tanto desterrada de los manuales de literatura y de las librerías. Recuperado por la crítica y las nuevas generaciones literarias, sus obras lo convierten hoy en uno de los escritores fundamentales de la literatura argentina e hispanoamericana.
 
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Leopoldo Marechal, escritor clave de la literatura argentina, poeta y metafísico del peronismo

Infancia y juventud
 
Leopoldo Marechal nació en la ciudad de Buenos Aires, el 11 de junio de 1900. Porteño, del barrio de Almagro, era el hijo mayor de Alberto Marechal y Lorenza Beloqui.
 
De niño se fue, junto a su familia, a vivir a la localidad de Maipú, en el interior de la provincia de Buenos Aires. Los otros niños del lugar lo llamaban "Buenos Aires", aquel momento y esas memorias lo llevaron a darle el apellido "Buenosayres" a su personaje literario predilecto, Adán.
 

El poeta y el intelectual
 
Egresado de la Escuela Normal "Mariano Acosta" ejerció la docencia primaria y secundaria. En la década del 20, fue una de las figuras más prominentes de la generación nucleada en torno a la revista "Martín Fierro", en la que colaboraron entre otros Ricardo Güiraldes y Jorge Luis Borges.
 
Su obra literaria abarca todos los géneros: poesía, ensayo, narrativa y teatro. Los libros publicados en su primera etapa lo consagran como una de las principales figuras nuevas de aquella época: "Los Aguiluchos", "Días como flechas" y "Odas para el hombre y la mujer", entre otros, son los títulos de su autoría en la década de los años locos. Abierto e inteligente, por aquellos momentos mantenía relaciones de amistad con Jorge Luis Borges, Macedonio Fernández y Raúl Scalabrini Ortiz.
 
En los próximos años su producción intelectual no se aplacó. "Laberinto de Amor", "Cinco poemas australes", "Sonetos a Sophia" y "El Centauro" fueron sus obras siguientes, la última de estas recogió el elogio sin pudor de Roberto Artl, quien le manifestó a Marechal: "poéticamente sos lo más grande que tenemos en habla castellana". En esos años también publicó, en prosa: "Historia de la calle Corrientes" y "Descenso y ascenso del alma por la belleza". Ya se advierte en su obra una preocupación metafísica y religiosa.
 
En su faz narrativa, "Adán Buenosayres" publicada en 1948 es su novela más conocida y considerada unos de los pilares de la nueva narrativa contemporánea argentina e hispanoamericana.
 
 
Después del 55
 
La caída del peronismo lo lleva al ostracismo intelectual, a la soledad y al olvido. Recién a mediados de la década del 60 vuelve a publicar. En 1965 edita "El banquete de Severo Arcángelo" y el ensayo "La Autopsia de Creso". En 1966 publica "Heptameron" y "Cuadernos de navegación".
 
Resalta una nota del primer tomo del libro "Los Malditos", trabajo coordinado por Norberto Galasso, que Marechal viajó a Cuba en 1966, para hacer una nota de la revista Primera Plana y, durante febrero y marzo, hacer de jurado de un concurso literario de la Casa de las Américas. A su regreso, pese a su fervoroso cristianismo, el poeta entregó un artículo titulado "La isla de Fidel, donde "defendía y exaltaba la revolución, como expresión de autentico cristianismo. El texto de Marechal irritó a los militares gobernantes y fue levantado de la revista cuando está ya se había empezado a imprimir".
 
 
El poeta y el 17 de octubre
 
Movido por un alma con inquietudes y su conciencia social, la política nunca estuvo ausente en la vida del poeta. Simpatizante del socialismo en su juventud, en la década del 40 Marechal apoya con firmeza la irrupción de peronismo en la vida política nacional.
 
El propio Marechal recuerda así el 17 de octubre de 1945:
 
"El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó desde el Oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra: 

"Yo te daré/ 
te daré, Patria hermosa,/ 
te daré una cosa,/ 
una cosa que empieza con P/ 
Perooón". 
 
Y aquel "Perón" resonaba periódicamente como un cañonazo. 
 
Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la Argentina "invisible" que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la espalda. Desde aquellas horas me hice peronista". 
 
Y fue cierto. Marechal fue el afiliado Nº 46 de la "Comisión pro candidatura del general Perón" para las elecciones de 1946.
 

Marechal, el peronista
 
Pero Marechal no sólo adhiere intelectualmente al justicialismo sino que se involucra de lleno en la gestión del primer peronismo. Primero en la Biblioteca Popular de Villa Crespo, luego presidente del Consejo General de Educación y la dirección General de Escuelas de Santa Fe, según enumera el libro "Los Malditos". Ya en el gobierno nacional, Leopoldo Marechal fue el director General de Cultura de la Nación de Juan Perón. También fue director nacional de Enseñanza Superior y Artística. 
 
Como vimos, en esos años del primer peronismo, Marechal escribe su obra más importante, "Adán Buenosayres". Es una novela-ensayo, donde con compromiso social e histórico, "parodia las hipocresías, egoísmos y esnobismos de buena parte de la sociedad" y del antiperonismo.
 
En aquellos días de cultura popular del peronismo, a Marechal le ceden el teatro Cervantes para estrenar su obra "Antígona Vélez", bajo la dirección del mismísimo Enrique Santos Discépolo. En 1951, esa obra recibe el Primer Premio Nacional de Teatro. Es una bella y acriollada versión del mito griego.
 
Ya en la resistencia, tras la caída de Perón, Marechal mantuvo una fluida correspondencia con el general en el exilio.
 
En una nota periodística, manifestó -con una picardía digna de Gatica- "yo nunca fui un político. Soy un adherente y un combatiente, fui, soy y seré peronista". Profundizando en su repudio a la dictadura, Marechal sentenciaba: "El gobierno de facto autodenominado 'Revolución Libertadora' encabezado por Isaac Rojas, Aramburu y sus secuaces, no sólo llevaron a cabo persecuciones y muerte sobre el pueblo argentino, sino que condujeron al silenciamiento y al ostracismo más atroz a gran número de militantes, políticos e intelectuales...".
 
Su férrea oposición a la Libertadora y su amistad personal con Juan José Valle alimentaron el rumor, que la historia guarda en la sombra de la incertidumbre, de que fue el propio Marechal quien escribió la proclama de los revolucionarios del 9 de junio de 1956.
 
 
Un guerrero de la conciencia nacional 
 
Como era esperar, en una tierra donde las elites intelectuales están colonizadas culturalmente, su decidido apoyo a Juan Perón le generó enfrentamientos y rencores en sus colegas, quienes jamás le perdonarían su peronismo. Después de 1955, su obra fue injustamente proscrita y por lo tanto desterrada de los manuales de literatura y de las librerías. Los dueños del aparato cultural del sistema lo condenaron por peronista.
 
Marechal es un ejemplo claro del lugar al que confinan los titiriteros de las academias y universidades a quienes se atreven a conjugar los proyectos nacionales y populares con la cultura y el arte. Marechal no era uno de "estos escribas tolerados, halagadores del sistema y críticos con sus compatriotas de talento por el solo hecho de discrepar políticamente". Como afirma Roberto Bardini en una breve nota sobre Marechal: "la añeja cultura liberal funciona muy bien en Argentina: sabe proscribir de sus páginas a los que considera "políticamente incorrectos". Como el sistema que defiende, el aparato intelectual oficial también es culpable de "desapariciones forzadas" en el campo del pensamiento nacional y popular". Y Marechal fue una de sus víctimas. 
 
Pero su talento, como todas las luchas de pueblo, se impondrá al silencio y hoy Marechal es recuperado por la crítica y las nuevas generaciones literarias, sus obras lo convierten en una de los escritores fundamentales de la literatura argentina e hispanoamericana.
 
La preocupación por la patria y el destino colectivo está en toda sus narraciones. Desde su primer texto hasta su último libro "Megafon o la guerra", redactado a principios de 1970, en donde se puede inferir un profético episodio como el secuestro, juicio y ejecución a Pedro Eugenio Aramburu, producido el 29 de mayo de 1970.
 
A los 70 años de edad, Leopoldo Marechal falleció en Buenos Aires, el 26 de junio de 1970.


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A modo de homenaje reproducimos, de su libro "Heptamerón", los siguientes fragmentos del poema "Descubrimiento de la Patria".
 

--VI--   
"Yo vi la Patria en el amanecer 
que abrían los reseros con la llave
mugiente de las tropas.
La vi en el mediodía tostado como un pan,
entre los domadores que soltaban y ataban
el nudo de la furia de sus potrillos.
La vi junto a los pozos del agua o del amor,
¡niña y trazando el orbe de sus juegos!
Y la vi en el regazo de las noches australes,
dormida y con los pechos no brotados aún.
 
 
--XV-
Yo la vi talonear los caballos australes,
 niña y pintando el orbe de sus juegos
La Patria no ha de ser para nosotros
nada más que una hija y un miedo inevitable,
 y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito.
 


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Roberto Arlt, Julio Cortázar, Ernesto Sabato: tres extraordinarios escritores y admiradores de Marechal.
09-07-2020 / 20:07
 
El 10 de julio de 1821, en Chañar Viejo, cerca de Villa de María del Río Seco, Córdoba, muere Francisco "Pancho" Ramírez, líder indiscutido en Entre Ríos, donde lo llamaban El Supremo Entrerriano. Fue un caudillo, uno de los principales líderes del federalismo durante los años de formación de la República Argentina.
 
Se incorporó tempranamente, en 1810, a las luchas por la Independencia y luego formó parte del partido federal, fundado por José Gervasio Artigas, con quien más tarde se enemistó, hasta combatirlo y derrotarlo, obligándolo a exiliarse. Venció a los porteños en Cañada de Cepeda, en 1820, y entró, junto a Estanislao López a la ciudad puerto, capital de la oligarquía, donde atan sus caballos a las rejas de la Pirámide de Mayo.
 
Enfrentado a quien anteriormente había sido su aliado, López, fue derrotado en Chañar Viejo. Logró escapar, pero al descubrir que su legendaria mujer, su amor, La Delfina, que había luchado a su lado valientemente durante toda la campaña, había sido capturada, regresó a rescatarla. En ese momento fue muerto de un balazo. Fue decapitado y su cabeza clavada en una pica y luego enviada a López, quien la hizo embalsamar y la exhibió en una jaula, en la puerta del Cabildo santafesino.
 
Su deslumbrante carrera política tuvo sólo tres años de protagonismo superlativo. Fueron solamente tres fugaces años en que se difundió el nombre de Pancho Ramírez por las Provincias Unidas, dejando su huella en la historia argentina y de nuestra provincia: su capacidad militar, su hombría de bien en la guerra y el profundo amor por la causa federal y su tierra entrerriana.
 
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08-07-2020 / 19:07
En Buenos Aires, el 09 de julio de 2019, falleció Fernando De la Rúa. Fue un abogado y político de la Unión Cívica Radical, el primer jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, además de haber sido tres veces senador nacional, una vez diputado nacional y candidato a vicepresidente de la Nación en las elecciones presidenciales de septiembre de 1973.
 
Fue presidente de Argentina, asumiendo por la Alianza el 10 de diciembre de 1999, sucediendo al segundo gobierno de Carlos Menem. La incapacidad fue su característica fundamental y la crisis de la convertibilidad corroía los cimentos de su Gobierno, De la Rúa la negaba y aseguraba "estoy en la plenitud de mi liderazgo". Solo le creían sus familiares.
 
Las elecciones de medio término, celebradas en octubre de 2001, redondearon una catástrofe para el radicalismo que perdió literalmente millones de votos en un bienio. De la Rúa negó que el resultaron lo afectara, aduciendo que él no se había comprometido en la disputa. Sin embargo, se plebiscitaba su gestión.
 
En dos meses posteriores, el Presidente confiscó los depósitos mediante el "corralito" pergeñado por el ministro de Economía Domingo Cavallo y decretó el estado de sitio como respuesta a las movilizaciones populares en todo el país.
 
Si bien su mandato se extendía hasta el año 2003, renunció al cargo el 20 de diciembre de 2001 cumpliendo 2 años y 10 días de gobierno, en medio de numerosas protestas sociales durante la crisis de diciembre de 2001 en Argentina. Dejó un país devastado. El neoliberalismo, una vez más, había mostrado su fracaso.
 
La consecuente acefalia presidencial obligó a la reunión de una Asamblea Legislativa que determinaría quién debía continuar ejerciendo el cargo, siendo reemplazado por Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño y finalmente Eduardo Duhalde en el curso de trece días.
 
La Opinión Popular

08-07-2020 / 19:07
08-07-2020 / 19:07
 
Como cada 9 de Julio reivindicamos la lucha de las masas populares contra la permanente agresión política, económica y cultural neocolonial e imperialista, que busca disolver la identidad nacional y condenar a nuestra Patria a la condición dependiente como factoría de las metrópolis imperiales, mera proveedora de materias primas y alimentos baratos.

El 09 de julio de 1816, el histórico Congreso de Tucumán proclamó la existencia de una nueva nación, libre e independiente: las Provincias Unidas de Sud América. Lo hacía cuando la Santa Alianza, de Austria, Rusia y Prusia, promovía en Europa la restauración monárquica y combatía los movimientos liberales y democráticos.

Se realizó en Tucumán por el creciente malestar de los pueblos del interior contra Buenos Aires. Desde la supresión de la Junta Grande por el Primer Triunvirato en 1811 y hasta el Directorio de Carlos María de Alvear, la elite porteña había impuesto sus criterios centralistas, desconociendo el sentimiento federal de la mayoría del interior.

Las masas populares, con sus lanzas y su fuerte sentimiento libertario, construyeron la Patria independiente con José de San Martín, las montoneras bravías del interior que nos legaron el federalismo, los ciudadanos revolucionarios de don Hipólito Irigoyen que cimentaron la democracia del Pueblo y las multitudes obreras movilizadas por Juan Perón que combatieron por la Justicia Social.

Invariablemente, la alternativa histórica fue siempre: independencia económica o subdesarrollo y miseria, e implica optar entre aceptar resignadamente la dependencia del país al FMI o luchar por la Liberación, por una Nación Justa, Libre y Soberana.

Tomamos el valiente ejemplo de San Martín que, para la Declaración de la Independencia, se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite porteña que ya estaban negociando, tanto con el Imperio español como con el Reino Unido de Gran Bretaña, una nueva dependencia.

La nuestra es una historia de caudillos y masas populares. Los líderes pesaron mucho en los procesos. En 1816, San Martín, Belgrano, Güemes, Pueyrredón, Artigas, Juana Azurduy... Y la participación de las masas populares es una herencia del período independentista revolucionario, por la importancia que tempranamente tuvo la movilización popular, política y militar, en nuestra historia, desde la formación de las milicias urbanas para derrotar a los invasores británicos, y la voluntad del Pueblo que jugó un papel sin precedentes en la destitución de un virrey y el nombramiento de su sucesor.

Como decía don Arturo Jauretche"La historia es la política del pasado y la política es la historia del presente". Hoy, como siempre, peleamos por nuestra única, verdadera e irrenunciable independencia, denunciando el aparato de colonización mental montada por los países centrales y sus operadores internos, como el macrismo, para perpetuar la dependencia.


Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista
Escribe: Blas García


07-07-2020 / 19:07
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