La Opinión Popular
                  18:10  |  Lunes 19 de Octubre de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná

Por
“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
Recomendar Imprimir
Nacionales - 19-06-2020 / 11:06
TODOS REPITEN LO MISMO, EL QUE PIENSA... PIERDE

Los mantras de la derecha macrista boba

Los mantras de la derecha macrista boba
En un reducido repertorio de palabras están todas las respuestas y los análisis de lo que ocurre en el país. Ofrecen objeciones rápidas a cualquier cuestión. Estos análisis de bricolaje explican la presencia de alguien tan torpe (discursiva y políticamente, incluso bastante más que Macri) como Patricia Bullrich al frente del PRO y para quien la realidad no es un obstáculo para decir lo que sea. Ella representa como nadie ese ideal de no pensar.
En la derecha macrista boba se manejan con un arsenal de pocas palabras (Venezuela, Cristina, instituciones...) y con eso van por la vida escribiendo, editorializando y declarando. Así se ahorran pensar y hacen todo lo posible para que tampoco lo haga la gente.
 
Y el relato sería más o menos así: Alberto tiene buenas intenciones (esto, post Vicentín, empieza a ponerse en entredicho) pero está irremediablemente sometido a la influencia nefasta de Cristina, quien es presentada como una bruja maléfica a la que ayudan los integrantes de esa versión local de Kaos que es La Cámpora. Lo cual, más temprano que tarde, llevará al país a convertirse en Venezuela.
 
Los primeros síntomas se ven cuando se denuncia la transformación de Alberto en un ser cada vez más autoritario. Es más, parte del relato es marcar jalones de ese camino que lo llevará a convertirse en Maduro. La megalomanía se verifica en la permanente alusión a planes conspirativos uno de cuyos principales objetivos sería la aniquilación del periodismo independiente.
  
Este cuentito se repite todos los días, sin respetar feriados ni fiestas de guardar. Con más o menos palabras, con tonos épicos (como los de Leuco y su amigo Fernández Díaz), más machacones como Ricardo Roa y Laura Di Marco, más sobreactuados como los de Majul (quien cansa hasta a los propios foristas de La Nación), más pretendidamente desapasionados como los de Van Der Kooy y Morales Solá.
 
Se trata de simplificar, de quitar todo matiz, por eso ese relato es productivo, se escribe y se editorializa. Es su fábrica y su producto. Un producto compuesto de un repertorio estable de diez palabras: instituciones, justicia, Cristina, impunidad, Cámpora, república, dura (aplicable a toda forma de manifestación opositora), kirchnerismo, democracia y, otra vez Cristina. Basta con hacer girar la tómbola y ver qué combinatoria surge. Así queda a disposición un artículo o un editorial listo para ser emitido.
 

 
A esta lista se ha agregado el fantasma del comunismo, que fue lanzado por Miguel Pichetto cuando le enrostró marxismo a Kiciloff y luego declaró que, de ganar el Frente de Todos, quien tuviera más de una propiedad la perdería a manos del Estado. El anticomunismo elemental es una especialidad de la derecha peronista maccarta, que es de donde proviene el ex senador.
 
Como sea, la cosa prendió en una parte de la población, que sale a  cacerolear contra la cuarentena como un episodio más de la lucha patria contra el comunismo. Esta nueva incorporación es la frutilla del postre: el plan inteligente de medios y oposición (que a esta altura ya son lo mismo) es generar un sentido común bobo y resignado y hasta feliz de no preguntarse nada.
 
En ese repertorio de palabras están todas las respuestas y los análisis de lo que ocurre en el país. Ofrecen objeciones rápidas a cualquier cuestión. Estos análisis de bricolaje explican la presencia de alguien tan torpe (discursiva y políticamente, incluso bastante más que Macri) como Patricia Bullrich al frente del PRO y para quien la realidad no es un obstáculo para decir lo que sea.
 
Ella representa como nadie ese ideal de no pensar. Detrás de todo esto hay una república con instituciones pero sin ciudadanos. Una democracia estúpida que ya no quiere avanzar, detenida en ese diagnóstico de las diez palabras explicativas que parecen haberse quedado para siempre.
 
 
 
 
El que piensa... pierde
 
La realidad no es un obstáculo para decir lo que sea. Diez palabras alcanzan para tener todas las respuestas y los análisis; ofrecen una zona de confort analítico y soluciones rápidas a cualquier cuestión.
 
Se manejan con un arsenal de pocas palabras (Venezuela, Cristina, instituciones...) y con eso van por la vida escribiendo, editorializando y declarando. Así se ahorran pensar y hacen todo lo posible para que tampoco lo haga la gente. Por ahora no les va tan mal.
 
En una entrevista para el canal de La Nación, José Del Río le preguntó a Santiago Cafiero si no le preocupaba el avance de La Cámpora. El jefe de Gabinete respondió lo que hubiera dicho cualquier persona con un conocimiento mínimo de cómo funciona la política: que se trata de una agrupación que forma parte del Frente de Todos y que aporta ideas y dirigentes a la coalición. Fue una contestación previsible.
 
Es más, Del Río asentía con la cabeza cuando lo enfocaba la cámara. Las razones de esa pregunta innecesaria pueden ser en principios dos, un poco de jueguito para la tribuna (mirá lo que se atreve a preguntar, es un periodista incisivo, sin dudas, se enfrenta al poder sin temor a las represalias) pero por otro lado habla de una especie de microclima periodístico, que alimenta prácticamente todo lo que se dice y escribe en ciertos medios.
 
 
El relato
  
Una versión entre megalómana e infantil del escenario político nacional. El relato sería más o menos así: Alberto tiene buenas intenciones (esto es variable y, post Vicentín, empieza a ponerse en entredicho) pero está irremediablemente sometido a la influencia nefasta de Cristina, quien es presentada como una bruja maléfica a la que ayudan los entusiastas integrantes de esa versión local de Kaos que es La Cámpora. Lo cual, más temprano que tarde, llevará al país a convertirse en Venezuela.
 
Los primeros síntomas se ven cuando se denuncia la transformación de Alberto en un ser cada vez más autoritario. Es más, parte del relato es marcar jalones de ese camino que lo llevará a convertirse en Maduro. La megalomanía se verifica en la permanente alusión a planes conspirativos uno de cuyos principales objetivos sería la aniquilación del periodismo independiente.
 
El caso extremo fue Luis Majul, quien sostuvo que la denuncia por espionaje ilegal era una maniobra de Cristina para tener acceso a sus mails y así vengarse de la difusión de las escuchas de la vicepresidenta.
 
 
Las diez palabras
  
Este cuentito se repite todos los días, sin respetar feriados ni fiestas de guardar. Con más o menos palabras, con tonos épicos (como los de Leuco y su amigo Fernández Díaz), más machacones como Ricardo Roa y Laura Di Marco, más sobreactuados como los de Majul (quien ha empezado a fastidiar hasta a los propios foristas de La Nación), más pretendidamente desapasionados como los de Van Der Kooy y Morales Solá.
 
Se trata de simplificar, de quitar todo matiz, por eso Del Río puede preguntar lo que le preguntó a Cafiero. Por otro lado, ese relato es productivo, se escribe y se editorializa con estas peripecias. Es su fábrica y su producto.
 
Un producto compuesto de un repertorio estable de diez palabras: instituciones, justicia, Cristina, impunidad, Cámpora, república, dura (aplicable a toda forma de manifestación opositora), kirchnerismo, democracia y, otra vez Cristina. Basta con hacer girar la tómbola y ver qué combinatoria surge. Así queda a disposición un artículo o un editorial listo para ser emitido.
 
 
El comunismo
  
A esta lista se ha agregado el fantasma del comunismo. Fantasma que fue lanzado por Miguel Pichetto cuando le enrostró marxismo a Kiciloff y luego declaró que, de ganar el Frente de Todos, quien tuviera más de una propiedad la perdería a manos del Estado.
 
El anticomunismo básico es una especialidad de la derecha peronista maccarta, que es de donde proviene el exsenador y que se encuentra también en Guillermo Moreno, quien critica la expropiación porque «el peronismo no es marxista».
 
Interesante revisionismo histórico, la expropiación de La Prensa o la creación del IAPI fueron decisiones del costado zurdo de Perón. Como sea, la cosa prendió en una parte de la población, que vive salir y cacerolear contra la cuarentena como un episodio más de la lucha patria contra el comunismo. Y que logró una amplificación importante a través de los medios, sobre todo y sorprendentemente de los más oficialistas, como C5N.
 
Esta nueva incorporación termina de ser la frutilla del postre: el plan inteligente de medios y oposición (que a esta altura ya son lo mismo) es generar un sentido común bobo y resignado y hasta feliz de no preguntarse nada.
 
En ese repertorio de palabras están todas las respuestas y los análisis de lo que ocurre en el país. Ofrecen una zona de confort analítico. Respuestas rápidas a cualquier cuestión. Un ejemplo evidente es el del tema de la inseguridad. La solución de la integración social y de la instauración de una sociedad más justa suena improbable y de muy largo plazo.
 
El balazo por la espalda es una solución inmediata y visible. Por eso un derechista contumaz como Eduardo Feinmann podía usar el latiguillo de «uno menos» ante cada delincuente abatido por la policía. No es una solución pero tiene todo el aspecto de serlo.
 
  
El ideal de no pensar
 
Estos análisis de bricolaje explican la presencia de alguien tan torpe (discursiva y políticamente, incluso bastante más que Macri) como Patricia Bullrich al frente del PRO y para quien la realidad no es un obstáculo para decir lo que sea, como cuando un periodista le recordó que Pedro Cahn sabía mucho más que ella de cuarentenas respondió: «qué importa que sepa más».
 
Ella representa como nadie ese ideal de no pensar. Ni siquiera llega al cinismo de Alfredo Cornejo, para quien los que no existen no son los límites de la realidad, sino los ideales democráticos más elementales.
 
Detrás de todo esto hay un ideal deseado de ciudadanía en el cual la participación sea inexistente. Una república con instituciones pero sin ciudadanos. Una democracia estúpida que ya no quiere avanzar, detenida en ese diagnóstico de las diez palabras explicativas que parecen haberse quedado para siempre.
 
Por Marcos Mayer
 
Fuente: Socompa
 

Agreganos como amigo a Facebook
20-09-2026 / 21:09
Detrás de la épica del equilibrio fiscal y la planilla de Excel que el gobierno libertario presenta ante el Congreso, el proyecto de Presupuesto 2027 esconde una matriz conocida por la historia argentina: la vieja receta unitaria de fundir al interior profundo para concentrar la caja en el puerto y gobernar por extorsión.
 
Como lo demostró con precisión el diputado nacional entrerriano del PJ, Guillermo Michel, el plan se ejecuta mediante una doble pinza. Por un lado, la Nación se desprende brutalmente de sus obligaciones constitucionales: liquida el Fondo de Incentivo Docente (dejando el salario de los maestros librado a su suerte), desmantela el subsidio al transporte federal —mientras sostiene los privilegios en el AMBA— y abandona las rutas y la obra pública. El mensaje a los gobernadores es cínico: háganse cargo del costo social del ajuste sin un solo peso de financiamiento.
 
Por el otro lado, opera el dispositivo electoral. El Ejecutivo triplica los recursos de la opaca “Jurisdicción 91”, inflando a casi 8 billones de pesos el programa de “Otras Asistencias Financieras”. Una partida fantasma: sin metas físicas, sin control parlamentario y sin criterio objetivo de reparto. Es, lisa y llanamente, la caja negra con la que pretenden obligar a los mandatarios provinciales a desfilar por los despachos de la Rosada para mendigar los sueldos de sus empleados a cambio de sumisión política en las elecciones de 2027.
 
Para perfeccionar el despojo, la recaudación se concentra en tributos que no se coparticipan (retenciones al agro y a la industria), mientras se retienen fondos específicos de combustibles en fideicomisos paralizados. El saldo es un ataque directo a la Constitución Nacional y a la médula misma del federalismo. Frente a este intento de subordinación colonial de las provincias, el peronismo tiene la obligación doctrinaria de alzar la voz, articular con los sectores del trabajo y la producción, y poner un freno institucional: la Argentina es federal o no será.

20-09-2026 / 21:09
30-08-2026 / 09:08
20-08-2026 / 10:08
17-08-2026 / 10:08
NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar