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Nacionales - 11-05-2020 / 11:05
PELEA POR EL LIDERAZGO DE LA OPOSICIÓN

Rodríguez Larreta gana protagonismo mientras se apaga la estrella de Macri

Rodríguez Larreta gana protagonismo mientras se apaga la estrella de Macri
Por su cercanía con Alberto Fernández en el anuncio de las medidas, desde el ala dura del PRO a Horacio Rodríguez Larreta lo llegaron a acusar de "colaboracionista". "Horacio, cuando hubo que diferenciarse por la salida de los presos salió a hablar. No va a diferenciarse por diferenciarse, cuando estamos coordinando todos los operativos", lo defienden en su entorno.
Mauricio Macri se va a tener que buscar un hobbie. Hace un mes que no hay reuniones de la mesa chica del PRO, luego de que la última  terminara sin ningún acuerdo. Se cansaron de esos encuentros Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. En definitiva, solo le servían al ex presidente.
 
Tampoco pudo cerrar (como estaba previsto) el ciclo de conversaciones virtuales con el bloque de Diputados del PRO del que participaron Larreta, Vidal y hasta Emilio Monzó. La participación de Macri se suspendió sin nueva fecha. Sin mucho que hacer, la presencia del ex presidente se apaga, mientras el jefe de Gobierno porteño gana protagonismo en reuniones con Alberto Fernandez y anunciando las nuevas medidas de la cuarentena.
 
La última reunión de la mesa chica del PRO fue el 12 de abril y, si bien habían logrado bajar el tono áspero de los encuentros anteriores, se reiteró el desacuerdo instalado en el espacio, que se divide entre quienes tienen responsabilidades de gestión y quienes están planeando un esquema de oposición gurka dura en plena pandemia. Después de eso, resolvieron suspender las reuniones, dado que solo servían para que se hablara en los medios de las internas del espacio.
 

 
La decisión de "espaciar los encuentros" llevó en realidad a su suspensión por tiempo indeterminado (ya va un mes). Macri pretendía mantener la dinámica que tuvo siempre que lideró el espacio de reunir a su mesa chica una vez por semana. El agotamiento de ese esquema muestra que su liderazgo está siendo cuestionado. Y, de hecho, lo deja con poco más que hacer que seguir con el aislamiento en la reposera de la quinta familiar de Los Abrojos.
 
Cristian Ritondo, que está en la misma línea que Larreta y Vidal lo expresó públicamente: "También en lo político, el PRO tiene que hacer una autocrítica y luego abrir el partido.  Estamos en deuda con una autocrítica sana de lo que nos pasó para saber cómo seguir para el futuro. No hay una voz única. Y pretender que alguien de Juntos por el Cambio monopolice la voz opositora es desconocer cómo funciona el espacio", dijo Ritondo en un tiro por elevación a Macri, pero también a la polémica Patricia Bullrich, que intentó sin éxito alinear a la bancada.
 
En tanto, Macri sigue teniendo conversaciones uno a uno con los dirigentes de su espacio y mantendrá un bajo perfil. Tuvo, eso sí, un traspié cuando volvió a la escena pública con la firma de un documento de Mario Vargas Llosa. Según comentan en su entorno, firmó ese documento porque "pensó que pasaría desapercibido". Ahora volvió al silencio.
 
Según Bullrich, es "para no darle al Gobierno la posibilidad de encontrar al enemigo perfecto". Aunque se comenta en el Gobierno porteño, es porque no le queda otra. "No tiene nada para figurar. La pandemia dejó en claro que es un ex presidente y nada más".
 
La Opinión Popular
 
 
Larreta quiere superar la grieta para ser candidato en 2023
 
La anécdota ayuda a delinear la figura. Promediaba la primera década del siglo cuando un joven Horacio Rodríguez Larreta, que por entonces había dejado la militancia en el menemismo tardío para sumarse al armado de Mauricio Macri, entrevistó a un puñado de postulantes para contratar un jefe de prensa.
 
El economista fue desde el primer momento una pieza clave del espacio comandado por Macri, a quien ya en 2003 acompañó en la fórmula, la primera vez que intentaron la jefatura de gobierno porteña, pero Propuesta Republicana, como se llamaba el PRO en esos años, no dejaba de ser uno de los muchos pequeños y medianos partidos políticos que proliferaron en la Argentina postcrisis. Gobernar la ciudad parecía lejos; gobernar el país, una utopía. La historia tiene curvas caprichosas.
 
A cada uno de los jóvenes que entraban en su despacho para tratar de conseguir el trabajo, Rodríguez Larreta los recibía con la misma pregunta: "Yo quiero ser presidente, contame qué podés hacer vos para ayudarme".
 
Pasaron más de quince años. Macri fue dos veces gobernador de la ciudad de Buenos Aires y después ganó un ballotage para llegar a la Casa Rosada, pero tras una mala gestión las urnas le negaron un segundo mandato.
 
Rodríguez Larreta fue su jefe de gabinete ocho años y luego lo sucedió, tras una rebelión que terminó en una interna victoriosa contra Gabriela Michetti, la favorita del jefe.
 
El año pasado, quedó indemne de la debacle de su partido: los recursos volcados a la capital durante la administración macrista permitieron disimular, en el distrito más rico del país, las penurias económicas que se hacían carne debajo de una capa de pintura amarilla, y con eso (y una oposición anémica) le alcanzó para lograr la reelección.
 
El triunfo le permitió, además, recuperar la pole position en la carrera presidencial dentro de ese espacio. María Eugenia Vidal, favorita del establishment durante el período 2015/2019, cedió ese lugar después de una dolorosa derrota contra Axel Kicillof. El hombre que quería ser presidente cree que llegó el momento.
 
Aunque durante muchos años fue artífice y beneficiario de la llamada grieta, Rodríguez Larreta entiende que es una etapa superada, por ahora. Los coletazos de la crisis económica que estalló durante el gobierno de Cambiemos, sumado a la pandemia, lo puso ante un escenario en el que la colaboración con Alberto Fernández y con Kicillof ofrece muchas más ventajas que problemas. Con el gobernador bonaerense, aseguran en ambos equipos, existe un entendimiento rápido en asuntos de gestión.
 
El vínculo con el Presidente es más natural. No existía una relación estrecha, pero ambos vienen del mismo caldo de cultivo político: el peronismo porteño de los 90s, un ecosistema en común que compartieron con figuras que hoy ocupan buena parte de la primera plana.
 
Nombres como Víctor Santa María, Diego Santilli, Cristian Ritondo o Juan Manuel Olmos son recurrentes en ambas biografías. La apuesta por la cooperación puede estar forzada por las circunstancias pero encuentra en sus protagonistas la predisposición necesaria para el éxito. No es poco.
 
El principal obstáculo en el camino de Rodríguez Larreta es el propio Macri. Desde su aislamiento, el expresidente conduce el ala dura de Juntos por el Cambio, que desde hace varios meses tiene su propia deriva, lejos de la de los opositores con responsabilidad de gobierno.
 
La relación tuvo un punto de no retorno antes de la pandemia: corría el mes de febrero cuando los chispazos comenzaron, a través de los mensajes que llevaba y traía, entre Parque Patricios y Vicente López, el exsecretario de la presidencia, Fernando De Andreis. Hubo, luego, un almuerzo a solas, para recortar las asperezas. Fue en el Hotel Faena y terminó mal.
 
El expresidente ratificó su voluntad de mantener la conducción opositora e incluso dio a entender que no descartaba ser candidato en 2023. El alcalde le informó que ya estaba trabajando para ser él la alternativa al peronismo en las próximas elecciones, con o sin su apoyo. A juzgar por lo que pasó entre ambos a partir de ese encuentro, deberá hacerlo sin.
 
La pelea entre dos ex socios y amigos tiene un fuerte componente simbólico, porque ambos disputan la conducción del espacio que construyeron a la par durante una década y media. Y también una prenda más tangible, sacando la todavía difusa sucesión presidencial: la continuidad del gobierno en la propia ciudad de Buenos Aires, el núcleo del poder PRO y el último refugio de esa generación de dirigentes para reconstruir un proyecto político nacional.
 
Sin un número puesto, porque ni Rodríguez Larreta ni Santilli, su vice, pueden estar nuevamente en la boleta en 2023, Macri apuesta por recuperar ese espacio para un dirigente de su riñón y piensa en Patricia Bullrich (otra anotada para ir por la presidencia) o Guillermo Dietrich.
 
En el gobierno porteño se había anotado el jefe de Gabinete, Felipe Miguel, pero no tiene éxito en instalarse como "el Larreta de Larreta". Por estos días, el alcalde sigue atento el desempeño público de su ministro de Salud, Fernán Quirós. Las consultoras que trabajan con el GCBA ya comenzaron a medirlo.
 
El conflicto entre halcones y palomas amenaza con escalar en el escenario de las renovadas sesiones del Congreso, que se reanudarán esta semana, de manera virtual. La convivencia al interior del bloque del PRO en la cámara de diputados es tan tensa que la semana pasada se suspendió una videoconferencia que iba a tener Macri con todos los legisladores de esa bancada. Aunque el diálogo entre Macri y Rodríguez Larreta está interrumpido desde aquel almuerzo, el alcalde recibió hace unos días en su despacho a Bullrich, que funge como delegada del expresidente.
 
En lo único que acordaron fue en bajarle el tono a la confrontación pública; sobre las cuestiones de fondo aún no hay concordia. Las dificultades de Sergio Massa para poner en marcha el sistema de votación remota y la demora en la presentación del proyecto de impuesto extraordinario a las principales fortunas que impulsa bloque oficialista les brinda un tiempo de descuento para saldar diferencias antes de que las asperezas internas deban quedar expuestas en público en una votación del parlamento.
 
El jefe de gobierno porteño tiene problemas más concretos. La ciudad de Buenos Aires es el distrito donde el coronavirus más se ensañó. Con una salvedad: el epicentro se desplazó de los barrios ricos del norte, que recibían casos importados al comienzo de la pandemia, a las villas miseria, donde prolifera el contagio por conglomerado de familias sin condiciones para contener el avance de la enfermedad. El caso del barrio Padre Mugica es paradigmático: muchos habitantes estuvieron sin agua durante casi dos semanas y sin luz en los últimos días.
 
Esta semana, el ministerio de Salud de la Nación tuvo que desembarcar con un operativo para realizar rastreo y aislamiento. De 119 sospechosos que detectaron, 64 dieron positivos. La situación, al parecer, no es mejor en la 1-11-14, donde comenzará a desplegarse el mismo programa a partir de mañana.
 
Según un informe del investigador del Conicet Rodrigo Quiroga, a pesar de contar con los recursos, CABA es uno de los distritos del país que menos rastrea contactos de los enfermos. Sin dar ese paso, es imposible ganarle la batalla al coronavirus.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

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04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
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01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
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31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

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