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"Hay que recuperar los 20 puntos que perdieron los jubilados durante el gobierno de Macri". Fernanda Raverta
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Nacionales - 11-05-2020 / 11:05
PELEA POR EL LIDERAZGO DE LA OPOSICIÓN

Rodríguez Larreta gana protagonismo mientras se apaga la estrella de Macri

Rodríguez Larreta gana protagonismo mientras se apaga la estrella de Macri
Por su cercanía con Alberto Fernández en el anuncio de las medidas, desde el ala dura del PRO a Horacio Rodríguez Larreta lo llegaron a acusar de "colaboracionista". "Horacio, cuando hubo que diferenciarse por la salida de los presos salió a hablar. No va a diferenciarse por diferenciarse, cuando estamos coordinando todos los operativos", lo defienden en su entorno.
Mauricio Macri se va a tener que buscar un hobbie. Hace un mes que no hay reuniones de la mesa chica del PRO, luego de que la última  terminara sin ningún acuerdo. Se cansaron de esos encuentros Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal. En definitiva, solo le servían al ex presidente.
 
Tampoco pudo cerrar (como estaba previsto) el ciclo de conversaciones virtuales con el bloque de Diputados del PRO del que participaron Larreta, Vidal y hasta Emilio Monzó. La participación de Macri se suspendió sin nueva fecha. Sin mucho que hacer, la presencia del ex presidente se apaga, mientras el jefe de Gobierno porteño gana protagonismo en reuniones con Alberto Fernandez y anunciando las nuevas medidas de la cuarentena.
 
La última reunión de la mesa chica del PRO fue el 12 de abril y, si bien habían logrado bajar el tono áspero de los encuentros anteriores, se reiteró el desacuerdo instalado en el espacio, que se divide entre quienes tienen responsabilidades de gestión y quienes están planeando un esquema de oposición gurka dura en plena pandemia. Después de eso, resolvieron suspender las reuniones, dado que solo servían para que se hablara en los medios de las internas del espacio.
 

 
La decisión de "espaciar los encuentros" llevó en realidad a su suspensión por tiempo indeterminado (ya va un mes). Macri pretendía mantener la dinámica que tuvo siempre que lideró el espacio de reunir a su mesa chica una vez por semana. El agotamiento de ese esquema muestra que su liderazgo está siendo cuestionado. Y, de hecho, lo deja con poco más que hacer que seguir con el aislamiento en la reposera de la quinta familiar de Los Abrojos.
 
Cristian Ritondo, que está en la misma línea que Larreta y Vidal lo expresó públicamente: "También en lo político, el PRO tiene que hacer una autocrítica y luego abrir el partido.  Estamos en deuda con una autocrítica sana de lo que nos pasó para saber cómo seguir para el futuro. No hay una voz única. Y pretender que alguien de Juntos por el Cambio monopolice la voz opositora es desconocer cómo funciona el espacio", dijo Ritondo en un tiro por elevación a Macri, pero también a la polémica Patricia Bullrich, que intentó sin éxito alinear a la bancada.
 
En tanto, Macri sigue teniendo conversaciones uno a uno con los dirigentes de su espacio y mantendrá un bajo perfil. Tuvo, eso sí, un traspié cuando volvió a la escena pública con la firma de un documento de Mario Vargas Llosa. Según comentan en su entorno, firmó ese documento porque "pensó que pasaría desapercibido". Ahora volvió al silencio.
 
Según Bullrich, es "para no darle al Gobierno la posibilidad de encontrar al enemigo perfecto". Aunque se comenta en el Gobierno porteño, es porque no le queda otra. "No tiene nada para figurar. La pandemia dejó en claro que es un ex presidente y nada más".
 
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Larreta quiere superar la grieta para ser candidato en 2023
 
La anécdota ayuda a delinear la figura. Promediaba la primera década del siglo cuando un joven Horacio Rodríguez Larreta, que por entonces había dejado la militancia en el menemismo tardío para sumarse al armado de Mauricio Macri, entrevistó a un puñado de postulantes para contratar un jefe de prensa.
 
El economista fue desde el primer momento una pieza clave del espacio comandado por Macri, a quien ya en 2003 acompañó en la fórmula, la primera vez que intentaron la jefatura de gobierno porteña, pero Propuesta Republicana, como se llamaba el PRO en esos años, no dejaba de ser uno de los muchos pequeños y medianos partidos políticos que proliferaron en la Argentina postcrisis. Gobernar la ciudad parecía lejos; gobernar el país, una utopía. La historia tiene curvas caprichosas.
 
A cada uno de los jóvenes que entraban en su despacho para tratar de conseguir el trabajo, Rodríguez Larreta los recibía con la misma pregunta: "Yo quiero ser presidente, contame qué podés hacer vos para ayudarme".
 
Pasaron más de quince años. Macri fue dos veces gobernador de la ciudad de Buenos Aires y después ganó un ballotage para llegar a la Casa Rosada, pero tras una mala gestión las urnas le negaron un segundo mandato.
 
Rodríguez Larreta fue su jefe de gabinete ocho años y luego lo sucedió, tras una rebelión que terminó en una interna victoriosa contra Gabriela Michetti, la favorita del jefe.
 
El año pasado, quedó indemne de la debacle de su partido: los recursos volcados a la capital durante la administración macrista permitieron disimular, en el distrito más rico del país, las penurias económicas que se hacían carne debajo de una capa de pintura amarilla, y con eso (y una oposición anémica) le alcanzó para lograr la reelección.
 
El triunfo le permitió, además, recuperar la pole position en la carrera presidencial dentro de ese espacio. María Eugenia Vidal, favorita del establishment durante el período 2015/2019, cedió ese lugar después de una dolorosa derrota contra Axel Kicillof. El hombre que quería ser presidente cree que llegó el momento.
 
Aunque durante muchos años fue artífice y beneficiario de la llamada grieta, Rodríguez Larreta entiende que es una etapa superada, por ahora. Los coletazos de la crisis económica que estalló durante el gobierno de Cambiemos, sumado a la pandemia, lo puso ante un escenario en el que la colaboración con Alberto Fernández y con Kicillof ofrece muchas más ventajas que problemas. Con el gobernador bonaerense, aseguran en ambos equipos, existe un entendimiento rápido en asuntos de gestión.
 
El vínculo con el Presidente es más natural. No existía una relación estrecha, pero ambos vienen del mismo caldo de cultivo político: el peronismo porteño de los 90s, un ecosistema en común que compartieron con figuras que hoy ocupan buena parte de la primera plana.
 
Nombres como Víctor Santa María, Diego Santilli, Cristian Ritondo o Juan Manuel Olmos son recurrentes en ambas biografías. La apuesta por la cooperación puede estar forzada por las circunstancias pero encuentra en sus protagonistas la predisposición necesaria para el éxito. No es poco.
 
El principal obstáculo en el camino de Rodríguez Larreta es el propio Macri. Desde su aislamiento, el expresidente conduce el ala dura de Juntos por el Cambio, que desde hace varios meses tiene su propia deriva, lejos de la de los opositores con responsabilidad de gobierno.
 
La relación tuvo un punto de no retorno antes de la pandemia: corría el mes de febrero cuando los chispazos comenzaron, a través de los mensajes que llevaba y traía, entre Parque Patricios y Vicente López, el exsecretario de la presidencia, Fernando De Andreis. Hubo, luego, un almuerzo a solas, para recortar las asperezas. Fue en el Hotel Faena y terminó mal.
 
El expresidente ratificó su voluntad de mantener la conducción opositora e incluso dio a entender que no descartaba ser candidato en 2023. El alcalde le informó que ya estaba trabajando para ser él la alternativa al peronismo en las próximas elecciones, con o sin su apoyo. A juzgar por lo que pasó entre ambos a partir de ese encuentro, deberá hacerlo sin.
 
La pelea entre dos ex socios y amigos tiene un fuerte componente simbólico, porque ambos disputan la conducción del espacio que construyeron a la par durante una década y media. Y también una prenda más tangible, sacando la todavía difusa sucesión presidencial: la continuidad del gobierno en la propia ciudad de Buenos Aires, el núcleo del poder PRO y el último refugio de esa generación de dirigentes para reconstruir un proyecto político nacional.
 
Sin un número puesto, porque ni Rodríguez Larreta ni Santilli, su vice, pueden estar nuevamente en la boleta en 2023, Macri apuesta por recuperar ese espacio para un dirigente de su riñón y piensa en Patricia Bullrich (otra anotada para ir por la presidencia) o Guillermo Dietrich.
 
En el gobierno porteño se había anotado el jefe de Gabinete, Felipe Miguel, pero no tiene éxito en instalarse como "el Larreta de Larreta". Por estos días, el alcalde sigue atento el desempeño público de su ministro de Salud, Fernán Quirós. Las consultoras que trabajan con el GCBA ya comenzaron a medirlo.
 
El conflicto entre halcones y palomas amenaza con escalar en el escenario de las renovadas sesiones del Congreso, que se reanudarán esta semana, de manera virtual. La convivencia al interior del bloque del PRO en la cámara de diputados es tan tensa que la semana pasada se suspendió una videoconferencia que iba a tener Macri con todos los legisladores de esa bancada. Aunque el diálogo entre Macri y Rodríguez Larreta está interrumpido desde aquel almuerzo, el alcalde recibió hace unos días en su despacho a Bullrich, que funge como delegada del expresidente.
 
En lo único que acordaron fue en bajarle el tono a la confrontación pública; sobre las cuestiones de fondo aún no hay concordia. Las dificultades de Sergio Massa para poner en marcha el sistema de votación remota y la demora en la presentación del proyecto de impuesto extraordinario a las principales fortunas que impulsa bloque oficialista les brinda un tiempo de descuento para saldar diferencias antes de que las asperezas internas deban quedar expuestas en público en una votación del parlamento.
 
El jefe de gobierno porteño tiene problemas más concretos. La ciudad de Buenos Aires es el distrito donde el coronavirus más se ensañó. Con una salvedad: el epicentro se desplazó de los barrios ricos del norte, que recibían casos importados al comienzo de la pandemia, a las villas miseria, donde prolifera el contagio por conglomerado de familias sin condiciones para contener el avance de la enfermedad. El caso del barrio Padre Mugica es paradigmático: muchos habitantes estuvieron sin agua durante casi dos semanas y sin luz en los últimos días.
 
Esta semana, el ministerio de Salud de la Nación tuvo que desembarcar con un operativo para realizar rastreo y aislamiento. De 119 sospechosos que detectaron, 64 dieron positivos. La situación, al parecer, no es mejor en la 1-11-14, donde comenzará a desplegarse el mismo programa a partir de mañana.
 
Según un informe del investigador del Conicet Rodrigo Quiroga, a pesar de contar con los recursos, CABA es uno de los distritos del país que menos rastrea contactos de los enfermos. Sin dar ese paso, es imposible ganarle la batalla al coronavirus.
 
Por Nicolás Lantos
 
Fuente: El Destape
 

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28-11-2020 / 07:11
El presidente Alberto Fernández consideró "desmedido" el accionar de la Policía de la Ciudad durante el funeral de Diego Armando Maradona. La ministra de Seguridad nacional, Sabina Frederic, contó que le pidió a su par porteño, Diego Santilli, que cesara la represión.
 
Desde el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires salieron al contragolpe: primero culparon al gobierno nacional y a "los violentos" por todo lo ocurrido, pero luego optaron por defender el accionar de la policía y sostuvieron que no se podía dejar avanzar a los violentos.
 
Eso argumentaron tanto el jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, como su vicejefe, Santilli, que oficia también como ministro de Seguridad local. En ese contexto, la Secretaría de Derechos Humanos nacional presentó una denuncia contra las autoridades de CABA por la brutalidad policial.
 
Durante toda la tarde del funeral, fueron y vinieron las acusaciones entre los dos gobiernos. Primero, el ministro del Interior, Eduardo "Wado" De Pedro, lanzó un pedido urgente: pidió dejar de reprimir. "Les exigimos a Larreta y Santilli que frenen ya esta locura que lleva adelante la Policía de la Ciudad. Este homenaje popular no puede terminar en represión y corridas a quienes vienen a despedir a Maradona".
 
El Ministerio de Seguridad nacional también sacó un comunicado en el que destacó: "Queremos que quede claro: este Ministerio ni ninguna de las fuerzas a su cargo ha dado ni recibido orden alguna de ejercer la violencia sobre las personas que se encuentran en las inmediaciones ni adentro de la Casa Rosada". 
 

27-11-2020 / 11:11
27-11-2020 / 10:11
El fallecimiento de Diego Maradona conmovió a la Argentina y al mundo. Ayer la noticia estuvo presente en los diarios y en las cadenas televisivas de los cinco continentes. Quizás ese hecho nos ayude a comprender la verdadera dimensión que alcanzó este compatriota nacido en una villa del conurbano bonaerense.
 
No fueron solo los extraordinarios logros deportivos los que convirtieron al hombre en mito. Se equivoca y mucho quien piense que Maradona se ganó el corazón de tanta gente por la habilidad fuera de serie de su zurda, por los goles inolvidables a los ingleses, por la copa del mundo, por sus derroches de magia en los estadios.
 
Las lágrimas de millones de personas, las velas encendidas en miles de improvisados altares, la multitud y la cola interminable en la Casa Rosada para despedirlo tienen origen en otro tipo de agradecimiento. Uno que nace, es cierto, en el fervor futbolístico, pero que lo trasciende infinitamente para convertirse en una suerte devoción pagana por su figura de semidiós caído.
 
Fue, a diferencia de tantos otros tocados por el dedo de la fama, uno que nunca se olvidó ni renegó de su origen en la pobreza de Fiorito; uno que siempre se paró del lado de los humildes y nunca de los poderosos; uno que siempre abrazó como propias las mejores causas; uno que nunca se calló a pesar de que su silencio le hubiera reportado enormes beneficios personales y económicos. Siempre tuvo muy claro de qué lado de la raya ubicarse, y para qué lado había que poner el pecho.
 
Su amistad con Fidel Castro, su admiración por el Che Guevara, su cercanía con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, su presencia altiva en el "No al ALCA" junto a Chávez, Lula y Kirchner en Mar del Plata, su defensa de los futbolistas ante la prepotencia de la FIFA en el Mundial de México, sus solitarias denuncias contra la corrupción de la elite corporativa del fútbol global, su acompañamiento de los movimientos populares de todo el mundo y tantas otras cosas imposibles de mencionar aquí lo convirtieron en el mito que es hoy, cuando acaba de partir.

26-11-2020 / 10:11
Los funcionarios que rodean a Martín Guzmán no lo dirán en público, al menos por ahora. Pero el último dato del Indec, dando cuenta de la lenta aunque persistente recuperación de la actividad económica, llevó entusiasmo al equipo. Creen que, de cara al verano, la recuperación podría ser más visible. La clave para entender la posible dinámica positiva radica en lo que ya han tomado nota los principales mercados internacionales: la seguridad de contar con una vacuna para los próximos meses.
 
"El mundo financiero ya opera bajo el supuesto del final de la pandemia para el corto plazo. Que podamos evitar la segunda ola del Covid será lo más relevante que nos vaya a pasar frente a lo que viene", argumenta, auspiciosa, una fuente inobjetable del equipo económico. La confirmación de la llegada de la vacuna puede convertirse en la noticia que quiebre la tendencia negativa de la actividad económica, creen en Economía.
 
El hecho de que la actividad económica se encuentre "apenas" 7% por debajo de la prepandemia potenció las expectativas. Según el Indec, todavía hay varios sectores que se encuentran prácticamente frenados: "Hoteles y Restaurantes" está nada menos que 59,5% atrás del año pasado. Otro ejemplo: La "Construcción" se ubica 28% debajo de septiembre de 2019; y "Transporte" se encuentra 19% por debajo.
 
En la mirada de los funcionarios, esto significa que con la reapertura (aunque sea parcial) de esas actividades, la economía debería acelerar su recuperación. En el equipo económico esperan que tanto octubre, pero sobre todo noviembre, ya muestre números más cercanos a la recuperación total. Básicamente porque esos rubros que estaban totalmente clausurados hasta hace poco, ya se fueron reabriendo. Y lo harán seguramente con más decisión ya para el año que viene si -como se aguarda- llega la vacuna y se relajan las restricciones impuestas por la pandemia.
 

26-11-2020 / 09:11
Es probable que la muerte de Diego Armando Maradona sea uno de los pocos fenómenos capaces de barrer con la grieta en este país. Por unos días, la enorme mayoría de los cincuenta millones de argentinos estaremos aunados en la pena. Eso no significa que Maradona no haya tomado partido.
 
Por eso lo querían y lo odiaban. Lo odiaban porque tenía el valor que muchos no tienen de ser libre, de no ajustarse a lo que todos le reclamaban, de ser siempre él a un costo bestial. Porque estar arriba te convierte en un engranaje importante de la máquina, no podés no ser un ejemplo, no podés cagarte en ser el espejo en el que todos aspiremos a reflejarnos. Los millonarios y los famosos cumplen esas reglas de casta. Están para eso. Y Diego los mandó a pasear a todos.
 
Diego fue el chico más grande, tan grande que convirtió el futbol en un enorme campo de rebelión. Como cuando les ganó a los ingleses después de Malvinas con dos jugadas hermosas y cuando hizo que los napolitanos (los "cabecita negra" de Italia) ganaran el campeonato que era monopolio de los rubios del norte. Sacó al Napoli del fondo de la tabla y lo llevó hasta la punta. Y cuando hacía el gol se abrazaba a la tribuna haciéndoles sentir que lo habían hecho todos.
 
Nos metemos en política, que es un tema difícil de tocar con relación a esta cuestión. Diego vivió 5 años en Cuba, que sirvió de plataforma para su compromiso con los movimientos populares en América Latina durante las últimas dos décadas de su vida. Hugo Chávez, Lula Da Silva, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Evo Morales, Pepe Mujica, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Alberto Fernández: todos tuvieron su abrazo y su foto con el 10.
 
Maradona hizo propia la causa popular con la misma intensidad que todo en su vida: sin marco teórico ni especulaciones, sin medir riesgos ni consecuencias. Desde redes sociales dejó claro su apoyo al Frente de Todos, primero, y al gobierno de Alberto Fernández después. Con el que nunca hubo acercamiento posible fue con Mauricio Macri.
 
Lo quisimos aún cuando anduvo perdido por la droga y rodeado de seres destestables que se aprovechaban de él. Por eso, la mayoría de los argentinos lo estamos llorando y más que nadie esa tribuna colmada que llamamos Pueblo. Es que el sistema quería que el astro Diego fuera un ex pobre domesticado, para que los pobres quisieran imitarlo. Y el espejo que hizo Diego reflejaba su esencia que es la del pibe de Villa Fiorito luchando con sus ángeles y sus demonios.
 
En ese espejo, el Pueblo se veía Pueblo. Es como el Peronismo: es como es. No como quisieran verlo o verse. Por eso en este país van de la mano. "Mi viejo fue peronista, mi vieja adoraba a Evita, y yo fui, soy, y seré siempre peronista. Y esto no debería ser un problema. El problema es la intolerancia que nos plantaron", sentenció el Diego en el último Día de la Lealtad.
 
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