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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 11-05-2020 / 10:05
CÓMO PAGAR LA ECONOMÍA DE GUERRA CONTRA EL CORONAVIRUS

No es cierto que el Impuesto a las grandes fortunas afecte a la inversión, como dice la ortodoxia neoliberal

No es cierto que el Impuesto a las grandes fortunas afecte a la inversión, como dice la ortodoxia neoliberal
El impuesto a las grandes fortunas es crucial porque en Argentina, un grupo muy reducido de personas posee casi la totalidad del patrimonio. Según la revista Forbes, el medio centenar de dueños de compañías más rico del país acumula, entre todos, la abultada suma de USD70 mil millones. De ese dinero, el 85% pertenece a 37 familias o CEOs cercanos a Mauricio Macri. Las medidas económicas de Cambiemos los beneficiaron.
El impuesto a las grandes fortunas es crucial porque en el mundo, también en Argentina, un grupo muy reducido de personas posee casi la totalidad del patrimonio. Argentina es un caso elocuente de lo señalado.
 
Los trabajos de Facundo Alvaredo, integrados en el libro de Thomas Piketty "El capitalismo en el siglo XXI" muestran que el 1 por mil de las personas que ganaban más en 1943, alrededor de 4000 familias, recibían el 26 por ciento del PIB y que el porcentaje bajó lentamente hasta su mínimo, en 1974, al 7,4 por ciento. Para volver a remontar durante el invierno neoliberal y establecerse al 16,8 por ciento en 2002.
 
Esto significa que entre 1976 y 2002 el enriquecimiento de los ultra ricos argentinos se tradujo únicamente en un incremento patrimonial ya que la inversión disminuyó en catorce mediciones anuales durante esos 25 años, aunque debería haber aumentado ya que "ese es el destino normal de las ganancias", como lo afirma la economía ortodoxa.
 
Las cifras muestran que la concentración del ingreso sigue siendo anormalmente elevada. El 10 por ciento de la población de mayores ingresos obtenía el 39,3 del ingreso global en 2003 y bajó al 28,2 por ciento en 2014. Esta proporción volvió a subir durante el período de Macri al 32,5 por ciento. Estas evoluciones son consecuencia de las políticas fiscales.
 
En la mayor parte de los países las elevadas ganancias de unos pocos viene aparejado al estancamiento económico. Cuanto mayor es la parte del ingreso global que recibe el 10 por ciento que gana más, menor es la tasa de crecimiento y la tasa de empleo, lo que significa que la injusticia en la distribución del ingreso, como lo señala Piketty, no es un peldaño hacia el crecimiento económico.
 

 
En su libro Teoría General, John Maynard Keynes escribió que "Los dos vicios principales del mundo económico en el que vivimos son que primero el pleno empleo no está asegurado y segundo que la distribución de la fortuna y del ingreso es arbitrario y carece de equidad". Esta breve frase, lapidaria, parece escrita para describir la economía argentina antes de la pandemia del Codiv-19.
 
Estos dos vicios derivan de una tasa de ganancia del capital excesiva y Keynes observaba que "existen actividades humanas útiles que para que sean realizadas y provean los frutos necesarios necesitan la incitación que provee el lucro y el marco de la propiedad privada. Pero para estimular dichas actividades no es indispensable que la actividad reditúe tasas tan elevadas como las actuales, tasas de beneficio mucho más bajas serían tan o más eficaces por poco que los apostadores estuvieran acostumbrados."
 
 
Gastos e ingresos
 
El estancamiento actual heredado del gobierno de Macri y agravado por el Codiv-19 indica que el Estado deberá afrontar inmensos gastos y necesitará ingresos fiscales adicionales. Pero conviene señalar que las ayudas que se otorgan y continuarán otorgándose a los ciudadanos desempleados o empobrecidos o a las empresas serán gastadas en su inmensa mayoría y por lo tanto serán un ingreso para otras empresas y sus trabajadores.
 
En un país los ingresos de unos son los gastos de otros. Es por lo tanto necesario, como fue el caso en los países europeos después de la Segunda Guerra Mundial, incrementar la progresividad del Impuesto a las Ganancias, restablecer el Impuesto a la Herencia y en particular, porque es la fuente disponible inmediata, implementar un impuesto a las grandes fortunas.
 
Los economistas ortodoxos se oponen a este impuesto con el argumento que se trata de un stock y que, por lo tanto, si el impuesto el patrimonio existe, sea cual sea la tasa de imposición, entonces el Estado practicará de facto una política de nacionalización escalonada en el tiempo del patrimonio de los particulares, lo cual es erróneo.
 
 
Riqueza
  
Es necesario ante todo hacer una distinción entre el impuesto a los Bienes Personales y el impuesto a las grandes fortunas. La tasa del impuesto a los Bienes Personales debe ser poco elevada ya que en muchos casos se trata de bienes como las viviendas o de herramientas y vehículos de los artesanos o profesionales, sin rendimiento de capital específico.
 
El impuesto a las grandes fortunas es muy importante porque en el mundo un grupo muy reducido de personas posee casi la totalidad del patrimonio, lo cual es válido también en Argentina. El impuesto aparece así como determinante porque permite gravar lo que se escapa vía las astucias de la contabilidad al Impuesto a las Ganancias.
 
La fortuna personal está compuesta por el valor de los bienes inmuebles y las participaciones financieras en las empresas. Para fijar la tasa del impuesto que debe aplicarse conviene referirse al rendimiento financiero de dicha fortuna.
 
Los bienes que la componen proveen a sus propietarios un rendimiento: sus aposentos, residencias secundarias están concebidos como instrumentos de gestión del capital para señalar su estatus social o agasajar los futuros socios o clientes importantes y no solo para su esparcimiento personal. Por lo tanto el impuesto a las grandes fortunas debe calcularse sobre el valor actualizado de esos activos
 
 
Progresividad
 
En la actualidad, el rendimiento bruto del patrimonio antes de la aplicación de los diversos impuestos es del orden del 15 por ciento. Es una cifra realista. Si el impuesto aplicado al monto global del patrimonio es del 3 por ciento entonces ese rendimiento bruto queda en el 12 por ciento, lo cual significa que el impuesto real es del 20 por ciento sobre el beneficio global.
 
Este cálculo muestra que puede establecerse una progresividad según los montos de la fortuna. Esto muestra también que, contrariamente a lo indicado por los economistas ortodoxos, el impuesto no altera para nada el monto de la fortuna personal y que el concepto de confiscación es erróneo.
 
Las tasas pueden ser definidas en cada presupuesto según se prevea una tasa de crecimiento positiva de la economía en cuyo caso se puede disminuir para facilitar la inversión y acompañar la tendencia de la economía o incrementarse si la economía está en recesión ya que el incremento de la recaudación permite disminuir la necesidad de contraer deuda publica para sostener la economía. Este mismo razonamiento puede aplicarse al Impuesto a la Herencia.
 
Por Bruno Susani. Doctor en Ciencias Económicas Université de Paris. Autor de "La economía oligárquica de Macri", Ed. Ciccus, mayo 2019.
 
Extractado de Página 12
 

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31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
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