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Internacionales - 09-05-2020 / 19:05
EFEMÉRIDES POPULARES. SE PROMULGA LA DECLARACIÓN DE FILADELFIA DE LA ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DEL TRABAJO

El trabajo no es una mercancía

El trabajo no es una mercancía
Las personas no deben ser tratadas como mercancías, capitales o un factor de producción o recurso.
 
"Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo". Del artículo 23 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, 1948
 
El trabajo no es una mercancía es un principio expresado en la Declaración relativa a los fines y objetivos de la Organización Internacional del Trabajo (Declaración de Filadelfia), integrada como anexo a la Constitución de la Organización Internacional del Trabajo, el 10 de mayo de 1944, fijando los principios, fines y objetivos de la organización.

 

Este principio expresa que las personas no deben ser tratadas como mercancías, capitales o un factor de producción o recurso; las personas que trabajan deben ser tratados como seres humanos, con dignidad y respeto.
 
La Declaración de Filadelfia (10/05/1944) expresa este principio así: La Conferencia reafirma los principios fundamentales sobre los cuales está basada la Organización y, en especial, los siguientes:
 
1.   El trabajo no es mercancía.
2.   La libertad de expresión y de asociación es esencial.
3.   La pobreza en cualquier lugar constituye un peligro para la prosperidad en todas partes.
4.   La guerra contra las carencias se debe desatar con vigor implacable.
 
La lucha contra la necesidad debe proseguirse con incesante energía dentro de cada nación y mediante un esfuerzo internacional continuo y concertado, en el cual los representantes de los trabajadores y de los empleadores, colaborando en un pie de igualdad con los representantes de los gobiernos, participen en discusiones libres y en decisiones de carácter democrático, a fin de promover el bienestar común.
 
La Opinión Popular


La Declaración de Filadelfia destaca la necesidad de una acción internacional y nacional para alcanzar el progreso social y establece estos principios fundamentales para conseguirlo; son principios fundamentales de la OIT.
 
El trabajo no es como un producto, un objeto inanimado con el que se pueda negociar para obtener el mayor beneficio y conseguir el precio más bajo. El trabajo es parte de la vida diaria de todos y el factor determinante para alcanzar la dignidad humana, el bienestar y el desarrollo como seres humanos.
 
El desarrollo económico debe incluir la creación de empleo y unas condiciones de trabajo adecuadas para que las personas puedan trabajar con libertad y en condiciones de seguridad y dignidad.
 
El trabajo es un medio para sustentar la vida y satisfacer las necesidades básicas; también es la actividad por la que las personas afirman su propia identidad, tanto ante sí mismas como ante quienes les rodean.
 
El trabajo es crucial para el ejercicio de opciones personales, para el bienestar de la familia y para la estabilidad de la sociedad.
 
En palabras de Juan Somavía, Director General de la OIT (1999 - 2012):
...el trabajo no es una mercancía ni el ciudadano es sólo un consumidor; dimensiones a las cuales a veces se les reduce. Desde el punto de vista económico, existe efectivamente un mercado laboral pero para el ser humano, el trabajo es fuente de dignidad personal, es fuente de estabilidad, es factor de cohesión social. No podemos reducir el trabajo a su dimensión puramente mercantil, es la razón por la cual la OIT dice que el trabajo no es una mercancía sino un bien social. 
 
El desarrollo económico no debe ser un fin en sí mismo; debe ser una herramienta para mejorar la vida de las personas y garantizar su dignidad intrínseca.
 
Fuente: DHpedia

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El trabajo no es una mercancía
01-12-2020 / 20:12
 
En 1863, Bartolomé Mitre mandó a Venancio Flores, famoso degollador de montoneros federales prisioneros en Cuyo, a invadir el Uruguay. Lo apoyarían soldados y flota brasileños. Tras el inicio de la revuelta, el caudillo colorado la bautizó «cruzada libertadora».
 
El 02 de diciembre de 1864, las fuerzas sublevadas -que cometieron traición a la Patria al contar con el respaldo de una escuadra fluvial del Imperio de Brasil, al mando del Marqués de Tamandaré (corbetas a vapor Recife, Belmonte y Paranahíba y las cañoneras Ivahý y Araguaia), y de tropas porteñas enviadas por el unitario Bartolomé Mitre (acérrimo enemigo de Uruguay)- pusieron cerco a Paysandú (Uruguay).
 
Los patriotas orientales, al mando de Leandro Gómez, sumaban poco más de 1.000 hombres (incluidos algunos federales argentinos, paraguayos y unos cuantos europeos), mientras que los partidarios de Flores, los unitarios porteños argentinos y los brasileños eran más de 20.000.
 
La escuadra brasileña bombardeó la ciudad con sus cañones, debiendo evacuarse de ella mujeres, niños y ancianos. La dotación militar de Paysandú sufrió enormes bajas pero resistió el asedio, negándose terminantemente a la rendición. Los orientales se defienden con la esperanza de que llegasen refuerzos, que nunca llegan. Uno de los que promete varias veces ir, es el jefe "federal" Urquiza. Pero el traidor nunca fue.
 
El 02 de enero de 1865, finalmente, los atacantes entraron al asalto de la ciudad, todavía defendida por unos 600 soldados y oficiales. El combate fue encarnizado, siendo finalmente derrotados los defensores. El general Leandro Gómez fue tomado prisionero y fusilado en plena calle, junto a varios de sus oficiales. El sitio y batalla final de Paysandú constituye el primer acto de una tragedia mayor: la Guerra del Paraguay o guerra de la "triple infamia".
 
La Defensa de Paysandú, contra los liberales uruguayos, argentinos y brasileros, tiene ribetes de leyenda y se ha mantenido en la memoria histórica de Latinoamérica este hecho de características épicas, al que un final trágico y heroico redondea como uno de los hitos del pasado común, no solo de todos los uruguayos, sino de la Patria Grande.
 
Por Carlos Morales



30-11-2020 / 19:11
27-11-2020 / 18:11
27-11-2020 / 18:11
26-11-2020 / 18:11
 
Uno de los eventos más trágicos de la Guerra de los Diez Años, la primera guerra de independencia cubana contra las fuerzas realistas españolas, fue el fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina, lo que ocurrió durante el gobierno del General Blas Villate y de la Hera, Conde de Valmaseda.
 
Los ocho estudiantes fueron arrestados en su aula universitaria el 25 de Noviembre de 1871, por el propio Gobernador español de La Habana, acusados falsamente de haber arañado la tumba de un periodista español. Al día siguiente, bajo las órdenes del Segundo Cabo, General Crespo, por encontrarse ausente Valmaseda, los estudiantes fueron procesados en juicio sumarísimo.
 
El fallo de este juicio no fue aceptado por los voluntarios españoles amotinados frente al edificio de la cárcel donde se celebrara el juicio. Los estudiantes fueron procesados seguidamente una segunda vez, donde fueron condenados a muerte.
 
Valmaseda, que había regresado a La Habana, no revocó el fallo ni lo conmutó por pena inferior. Los 8 estudiantes fusilados fueron sorteados, mientras que el resto recibió distintas condenas: 11 fueron condenados a seis años de prisión, 20 a cuatro, y 4 de ellos a seis meses de reclusión. Los 8 estudiantes fueron ejecutados el 27 de Noviembre de 1871, dos días después de su arresto.
 
Aunque España trató de apartar este suceso de la Guerra de los Diez Años que en ese momento estaba desarrollándose con toda fuerza en Cuba, estaba claro que este fusilamiento pretendía aterrorizar a la población cubana dando un escarmiento ejemplar, para frenar el sentimiento independentista de los cubanos, aunque el resultado fue lo contrario.
 
Tanto el abominable crimen, como el inconcebible proceso judicial que lo precedió, contribuyeron a reforzar estos sentimientos independentistas. La fecha de Noviembre 27 se celebra en Cuba como día de Duelo Nacional.
 
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