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Sociedad e Interés General - 30-04-2020 / 18:04
EFEMÉRIDES POPULARES. EPOPEYA DE COMBATE CONTRA LA EXPLOTACIÓN DE LOS OBREROS, LOS MÁRGENES DE GANANCIA INMORALES Y PARA QUE EL ESTADO NO HAGA LA VISTA GORDA

Día de los Trabajadores, una tradición de conquistas sociales logradas por la lucha popular

Día de los Trabajadores, una tradición de conquistas sociales logradas por la lucha popular
Imágenes de la lucha del movimiento obrero y popular en la Argentina: el anarcosindicalismo, la CGT y el peronismo, el Cordobazo. En Argentina, durante muchos años, cada 1º de Mayo los trabajadores ocupan las calles y se manifiestan desafiando al poder, recordándole que no es un día de fiesta, que existen y que no se resignan a ser solo una parte del engranaje productivo. Simplemente así la conmemoración del 1º de Mayo recupera su sentido.
El 1° de Mayo es un día marcado por una larga historia de luchas y sufrimientos, que arrancó en Chicago (EE.UU.), cuando un grupo de trabajadores organizó una movilización popular en reclamo de la jornada laboral de 8 horas en una época en que lo "natural" era trabajar entre 12 y 16 horas por día.
 
Esa huelga obrera iniciada el 01 de mayo de 1886 tuvo su punto álgido tres días más tarde, el 04 de mayo, con la Revuelta de Haymarket. La mayor democracia del mundo respondió brutalmente y, fraguando un atentado, encarceló a un grupo de militantes populares en los que intentó escarmentar a toda la clase trabajadora. En un proceso plagado de irregularidades, los dirigentes anarquistas detenidos fueron acusados, juzgados sumariamente y ahorcados el 11 de noviembre de 1887. Son los Mártires de Chicago.
 
Con el tiempo, el sentido de la fecha perdió mucho de su contenido de lucha. El Estado de Bienestar en el occidente capitalista desarrollado y la consolidación de las repúblicas soviéticas donde ese sistema opresor habría sido suplantado por el socialismo, otorgaron al 1º de Mayo un carácter festivo alejado de los contornos rebeldes iniciales. Argentina conoció esa etapa en el primer peronismo y el 1º de Mayo puso de relieve cada vez más su carácter de fiesta de los trabajadores.
 
El retorno del capitalismo en su forma neoliberal salvaje, el abandono del Estado de su función de mediador entre las clases sociales y su vuelta al rol de ejecutor de los intereses del establishment financiero e industrial, determinaron el regreso de males que se pensaban extinguidos, como el desempleo, la marginación de grandes masas hacia la periferia social y el hambre en amplias zonas del planeta, incluso en los países más avanzados.
 
El 1º de Mayo no es una fecha muy adecuada para festejos. La lucha obrera y popular fue la que logró la reducción de la jornada laboral, las leyes sociales y la dignificación del trabajador. Las conquistas sociales están asociadas a esos combates contra dos sistemas que se entrelazan: el imperialismo externo y las formas de opresión interior que sólo subsisten porque están asociadas al primero.
 
La lucha por la educación, la salud y un modo de vida digno se da en esa marcha señalada por la revolución y la contrarrevolución, entre el progreso de los valores humanos y el recorte de estos por obra de un utilitarismo implacable.

En nuestro país, durante muchos años, cada 01 de Mayo los trabajadores ocupan las calles y se manifiestan desafiando al poder, recordándole que no es un día de fiesta, que existen y que no se resignan a ser solo una parte del engranaje productivo. Hoy no se podrá realizar por la pandemia. Pero sólo con la movilización popular la conmemoración del 1º de Mayo recupera su sentido.

De la redacción de La Opinión Popular

El Día Internacional de los Trabajadores o Primero de Mayo, es el día por antonomasia del movimiento obrero mundial. Desde su establecimiento en la mayoría de países por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, es una jornada de lucha y de homenaje a los Mártires de Chicago.
 
 
Exigencia de la jornada laboral de 8 horas 
 
Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de 8 horas. El hacer valer la máxima: «ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa».
 
La revolución industrial trajo un desarrollo inusitado de la economía y de la tecnología pero paralelamente a ese desarrollo, se trasladó el esquema de trabajo de la sociedad agrícola en donde todo el núcleo familiar participaba del proceso productivo al nuevo modo de manufactura en las fábricas, en donde el obrero estaba sujeto a una jornada de trabajo de más de doce horas continuas, sin descanso y trabajando en serie. 

En las fábricas trabajaban por igual hombres, mujeres, niños y ancianos, pero a diferencia del trabajo rural en donde cada cual adaptaba su productividad a sus fuerzas y posibilidades, en el nuevo modo de producción, los procesos de manufactura en serie exigían un horario común a toda la cadena.
 
Así se mantuvo por años un esquema de explotación de los obreros y un horario de trabajo extenuante de doce horas; que impedían por un lado la integración del trabajador a su núcleo familiar, la recuperación física del obrero y disfrutar del tiempo libre.
 
En este contexto se produjeron varios movimientos, en 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, salvo caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de 18 horas diarias debía pagar una multa de 25 dólares.
 
La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor (Federación Estadounidense del Trabajo) inicialmente socialista.
 
En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, ésta había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas, yéndose a la huelga si no se obtenía esta reivindicación y recomendándose a todas las uniones sindicales que tratasen de hacer promulgar leyes en ese sentido en sus jurisdicciones.
 
Esta resolución despertó el interés de las organizaciones, que veían que la posibilidad de obtener mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada de ocho horas, reduciendo el paro.
 
En 1886, el presidente Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo la jornada de ocho horas. Al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes con jornadas máximas de ocho y diez horas (aunque siempre con cláusulas que permitían aumentarlas a entre 14 y 18 horas).
 
Aun así, debido a la falta de cumplimiento de la Ley Ingersoll, las organizaciones laborales y sindicales de EE.UU. se movilizaron. La prensa calificaba el movimiento como «indignante e irrespetuoso», «delirio de lunáticos poco patriotas», y manifestando que era «lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo».
 
 
Convocatoria de huelga
 
La "Noble Orden de los Caballeros del Trabajo" remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba: «Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto». Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EE.UU. y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero.
 
En la prensa del día anterior a la huelga, el 29 de abril de 1886, se podía leer:«Además de las ocho horas, los trabajadores van a exigir todo lo que puedan sugerir los más locos anarco-socialistas».
 
El New York Times decía: «Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo». 
 
El Filadelfia Telegram decía: «El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas».
 
El Indianápolis Journal decía: «Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento».
 
 
El día 1 de mayo, la huelga
 
El 1° de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.
 
En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormik que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de "carneros".
 
El día 2 la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs (amarillos) comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo 6 muertos y varias decenas de heridos.
 
Se convocó a un acto de protesta para el día siguiente, el cuatro, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket y se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30 en el parque Haymarket. Los hechos que allí sucedieron son conocidos como Revuelta de Haymarket.
 
 
La revuelta de Haymarket
 
Se concentraron en la plaza de Haymarket más de 20.000 personas que fueron reprimidas por 180 policías uniformados. Un artefacto explosivo estalló entre los policías produciendo un muerto y varios heridos. La policía abrió fuego contra la multitud matando e hiriendo a un número desconocido de obreros.
 
Se declaró el estado de sitio y el toque de queda deteniendo a centenares de trabajadores que fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. La Prensa reclamó un juicio sumario por parte de la Corte Suprema, y responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero.
 
El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, que luego quedaron en 8. Las irregularidades en juicio fueron muchas violándose todas las normas procesales de forma y de fondo, tanto que ha llegado a ser calificado de juicio farsa. Los juzgados fueron declarados culpables. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.
 
El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de Albert Parsons (estadounidense, 39 años, periodista), August Spies (alemán, 31 años, periodista), Adolph Fischer (alemán, 30 años, periodista) y Georg Engel (alemán, 50 años, tipógrafo). Louis Linng (alemán, 22 años, carpintero) se había suicidado antes en su propia celda.
 
A Michael Swabb (alemán, 33 años, tipógrafo) y Samuel Fielden (inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil) les fue conmutada la pena por cadena perpetua y Oscar Neebe (estadounidense, 36 años, vendedor) fue condenado a 15 años de trabajos forzados.
 
El Crimen de Chicago costó la vida de muchos trabajadores y dirigentes sindicales; no existe un número exacto, pero fueron miles los despedidos, detenidos, procesados, heridos de bala o torturados. La mayoría eran inmigrantes: italianos, españoles, alemanes, irlandeses, rusos, polacos y de otros países eslavos.
 
 
Obtención de la jornada laboral de ocho horas
 
A finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de 8 horas a varios centenares de miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo con estas palabras: «Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical».
 
 Violencia terrorista gorila contra los trabajadores peronistas 

El Día del Trabajador en nuestro país
 
El primer acto del Día del Trabajador se concretó el 1° de mayo de 1890 en el Prado Español de Buenos Aires -curiosamente situado en lo que hoy es el oligárquico barrio de Recoleta- y contó con la participación de dos mil obreros, numerosos para la época.
 
En 1909 la policía asaltó un mitin anarquista donde se conmemoraba el Día del Trabajador en plaza Lorea, causando catorce muertos y ochenta heridos. "Ancianos, hombres inermes, madres con sus hijos en brazos han sido fusilados por la espalda cuando para salvarse se alejaban", decía un manifiesto. "¡Viva la huelga general! ¡Fuera el jefe de la policía, el verdugo de Falcón!"
 
El dolor obrero unió a socialistas y anarquistas y el 3 de mayo la actividad laboral se paralizó completamente. Durante el entierro de las víctimas se produjeron nuevos enfrentamientos con la policía, se levantaron barricadas y los tiroteos duraron toda la noche.
 
Por ocho días se detuvo en absoluto la vida industrial y comercial de Buenos Aires, siendo uno de los conflictos más duraderos y una muestra de conciencia de clase del movimiento obrero argentino, que se conoció como la huelga general de la semana de mayo.
 
A partir de la primera presidencia de Juan Perón, el Día del Trabajador alcanzaría una notoria relevancia, organizándose celebraciones multitudinarias en todo el país. Con los logros laborales y sociales conquistados por el peronismo, el 1º de mayo se convirtió en un día emblemático; entre las diversas manifestaciones se destaca la masiva convocatoria obrera a Plaza de Mayo.

 
Situación actual 
 
Durante el siglo XX, los progresos laborales se fueron acrecentando con leyes para los trabajadores, para otorgarles derechos de respeto, retribución y amparo social.
 
En nuestro país, durante muchos años, cada 1º de mayo los trabajadores ocuparon las calles desafiando al poder, recordándole que existían y que no se resignarían a ser solo una parte del engranaje productivo. La lucha logró la reducción de la jornada laboral, las leyes sociales y la dignificación del trabajador.

En Argentina, entre las leyes sociales, se pueden citar: la ley 4661 de descanso dominical; la ley 9688, que establece la obligación de indemnizar los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales aunque no medie culpa patronal; la ley 11.544, que limita la jornada laboral a 8 horas y la "Ley de despido", que trata del preaviso y de las indemnizaciones correspondientes.

De la redacción de La Opinión Popular

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La movilización obrera del 27 de abril de 1979. La protesta sirvió para marcar los límites del terrorismo de Estado y unificar un frente sindical variopinto que, conducido por Saúl Ubaldini, sostuvo la resistencia hasta el fin de la dictadura, y devolvió al peronismo protagonismo en la política argentina.
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El Rosariazo fue una serie de movimientos de protesta obrera y popular, incluyendo manifestaciones y huelgas realizadas en la ciudad de Rosario, entre los meses de mayo y septiembre de 1969 contra la dictadura militar de Juan Carlos Onganía.
30-09-2020 / 20:09
29-09-2020 / 19:09
29-09-2020 / 19:09
 
Juan Manuel de Rosas fue un gobernante que enfrentó situaciones muy difíciles y tuvo que gobernar en circunstancias excepcionales. Su asunción al poder fue recibida con gran aprobación por la gente humilde, los peones, mulatos y orilleros, que lo querían porque lo consideraban su defensor contra los abusos de los comerciantes y hacendados.

Durante su gobierno tuvo que enfrentar siete conflictos bélicos: dos con Francia, uno con Inglaterra, otro con la Confederación Peruano-Boliviana, otro permanente con la Banda Oriental (ya independizada), dos con Brasil (Caseros fue parte de la guerra con el Imperio brasileño).

Sus enemigos lo acusaron de "tirano", pero los historiados revisionistas niegan esa calificación porque la suma del poder no corresponde a ninguna de las dos condiciones fundamentales que desde la antigüedad clásica define a la tiranía: la usurpación o la ilegitimidad del origen y el egoísmo en el ejercicio del poder. El primer supuesto estaría salvado pues su primer período fue legitimado por la Asamblea y el segundo por un plebiscito popular. Lo del egoísmo también pues nadie, ni aún sus enemigos, pueden negar que Rosas entró rico al gobierno y salió pobre.

Porque defendió el territorio nacional y la Soberanía Nacional enfrentando a las máximas potencias del mundo, José de San Martín le legó su legendario sable corvo "Como prueba de su satisfacción por la firmeza con que sostuvo el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla".

El 14 de marzo de 1877, muere don Juan Manuel y en su testamento manifiesta la voluntad de ser inhumado en el cementerio católico de Souhtampton, "hasta que en mi Patria se reconozca y acuerde, por el Gobierno, la justicia debida a mis servicios".

Recién el 30 de septiembre de 1989, luego de 137 años de exilio, llegaron al país los despojos mortales de Juan Manuel de Rosas, defensor de la Soberanía Nacional contra el colonialismo inglés. Sus restos retornaron al país en medio de expresiones populares, en justo desagravio y como reparación histórica.
 
Escribe: Blas García



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