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“La pandemia nos demostró que vivimos en un país injusto y que la calidad de vida incide fuertemente en el riesgo de contagio”. Alberto Fernández
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Nacionales - 28-03-2020 / 09:03
EL ESTADO ANTIVIRUS

Argentina y Estados Unidos se diferencian ante la pandemia

Argentina y Estados Unidos se diferencian ante la pandemia
Donald Trump - Alberto Fernández. Los gobiernos abandonan el neoliberalismo ante la crisis por la pandemia.
Es clara la línea divisoria entre los que decidieron proteger la economía por encima de las personas, como Donald Trump en Estados Unidos y Boris Johnson en Gran Bretaña, y los que decidieron priorizar la salud, como Alberto Fernández. Según las corporaciones mediáticas locales (Clarín, La Nación e Infobae) la intervención del Estado es populista, y "distorsiona los mercados". Se cansaron de decirlo. Pero ahora las corporaciones yanquis reclaman estatismo, aunque "distorsione" los mercados, porque es lo único que podría reactivar. Y los empresarios argentinos tendrían que agradecer que esté Alberto al frente y no el gobierno de Ceos ineptos que respaldaron hasta el final.
 

 
Cual maldición bíblica o castigo divino la peste azota el planeta y se ensaña allí donde hicieron primar medicina privada sobre salud pública, donde las políticas neoliberales destruyeron hospitales, encarecieron remedios y precarizaron a trabajadores de la salud, y donde los gobiernos decidieron priorizar los mercados antes que la salud de la población. Es una metáfora, los dioses no están enojados, simplemente la peste aprovecha las consecuencias de decisiones que favorecen su difusión.
 
La decisión de ordenar una cuarentena apenas se conocieron los primeros casos tiene un costo económico alto. El gobierno de Mauricio Macri dejó al país en una crisis compleja y estas medidas pusieron freno a la recuperación y agregaron caída del consumo y de la producción, hicieron perder miles de puestos de trabajo y dejaron en el aire al mundo de la economía informal y al comercio.
 
Será difícil recomponer el daño producido por la epidemia y el que dejó el macrismo. La otra salida, la que supuestamente salvaba la economía, fue una ilusión costosa para las corporaciones norteamericanas.
 
La primera muerte por coronavirus se registró en Estados Unidos el último día de febrero y en Argentina una semana después. Pero allí ya hubo 1300 muertes y se ha convertido en el país con más infectados en el planeta con 83 mil enfermos.
 
En la Argentina de la cuarentena, casi en el mismo lapso hubo 13 muertos y 600 infectados. Incluso en relación con la cantidad de habitantes, la diferencia es abrumadora a favor de Argentina y seguirá acrecentándose.
 
La peste se convirtió en un impiadoso juego de la verdad: los que ponen a la economía y los mercados por encima de las personas y están dispuestos a sacrificar a los que sea necesario. O el opuesto, el que pone a las personas por encima de los mercados y prefiere salvar vidas para después recuperar lo que se pierda.
 
Como siempre, el que apuesta a la economía termina destruyendo a las personas...y también a la economía. Los procesos de Estados Unidos y Gran Bretaña lo mostraron brutalmente.
 
Johnson dijo que el coronavirus era una gripe suave y ahora él fue infectado y está en la cuarentena que se negó a ordenar al comienzo de la epidemia. Y con tantos infectados, se extendió el temor y la gente se encerró antes de que las autoridades reaccionen.
 
La actividad económica en Estados Unidos cayó de la misma forma que en Argentina, con la diferencia que, en relación, aquí la epidemia pudo ser bastante contenida, mientras que en el Norte se expandió en forma masiva y letal.
 
El alcalde de Nueva York, Bill de Blasio declaró, desesperado que la gran ciudad, la capital del mundo occidental, el centro financiero mundial, dispone de la mitad de camas de internación de las que necesita.
 
Cayó drásticamente el consumo que sostenía la formidable economía norteamericana, cayó el turismo mundial y ahora Trump enfrenta una crisis de salud y además una profunda crisis económica. Las corporaciones que siempre han sido enemigas del Estado, le exigen al Estado que sostenga la economía.
 
Trump aplicó una especie de Asignación Universal por Hijo que en Argentina fue descalificada por "populista" y porque "desinfla" el mercado de trabajo, pero que por suerte existe desde hace tiempo, porque de lo contrario habría que inventarla como tuvo que hacer Trump.
 
El Estado norteamericano está inyectando dos billones de dólares a su economía. Todo lo que decían que no había que hacer. Populismo estatal puro, según las mismas corporaciones que ahora le piden a Trump que lo haga.
 
En la sección economía del diario Clarin aseguran que en reuniones "secretas" de grandes empresarios se criticó la urgencia y la severidad de la cuarentena que decretó Alberto Fernández sin que se anuncie un plan económico con la misma urgencia. Dice que varios de los asistentes expresaron su preocupación por las consecuencias económicas que tendrá.
 
O es el anuncio de una operación de los grupos de poder económico ante lo que se viene después de la cuarentena o son ciegos a la realidad y no pueden ver que donde no se aplicó la cuarentena no se contuvo tampoco a la crisis económica. Porque se trata de un problema mundial. La expansión del virus en el mundo produjo recesión o parálisis concatenadas de país en país. Es una crisis global, igual que la pandemia.
 
No establecer las cuarentenas tiene un alto costo en vidas humanas y es muy poco lo que preserva a la economía de la crisis mundial y del instinto de preservación de las personas. Los gobernadores de los principales Estados de la potencia norteamericana declararon las cuarentenas por su cuenta, contradiciendo los consejos de Trump, porque la gente dejó de salir a las calles.
 
Los empresarios que habrían estado en esas supuestas reuniones secretas hacen bien en preocuparse porque ellos tendrán que asumir el esfuerzo principal en el proceso de recuperación. Jair Bolsonaro tampoco quiso medidas preventivas ante la epidemia para preservar la economía. Gracias a esa decisión perdió el respaldo de la poderosa central industrial de San Pablo y de los militares.
 
Su ex aliado, el gobernador del Estado de San Pablo, el conservador Joao Doria, una especie de Macri brasileño, anunció que desde el lunes el estado más rico de Brasil dejará de enviar aportes al Tesoro Nacional. Doria reclamó a Bolsonaro para que declare la cuarentena y el presidente lo maltrató con su estilo matonesco.
 
Doria tiene el respaldo de CIESP, la poderosa central empresaria. La crisis dejó a Brasil con un gran vacío de poder por no tomar las decisiones que correspondían en el momento que lo exigía.
 
Acá los grandes empresarios critican por lo bajo porque no están satisfechos con las medidas económicas que se anunciaron. Pero los grandes empresarios brasileños, lo primero que reclamaron fue la cuarentena.
 
Según las corporaciones mediáticas locales, la intervención del Estado es populista, y "distorsiona los mercados". Se cansaron de decirlo. Pero ahora las corporaciones norteamericanas reclaman estatismo, aunque "distorsione" los mercados, porque es lo único que podría reactivar.
 
La ecuación económica de fondo no está tanto en las medidas de emergencia, sino en el factor tiempo. El costo de la cuarentena es más alto cuanto más severa se aplique. Pero cuanto más severa, más efectiva y más corta, con lo cual se achica mucho lo que costaría mantener una cuarentena como la de Italia o la que tendrá que aplicar Trump con miles de muertos y decenas de miles de infectados.
 
Esa ecuación es la que aplicaron los dos países que hasta ahora tuvieron mejores resultados, como Alemania y China. Sin ser un técnico de la salud, es evidente que China se apoyó en una sociedad con una cultura de disciplina social y aisló rápidamente el virus con medidas mucho más drásticas que las que se aplican en Argentina. El costo fue muy alto, pero de corto tiempo. Y ahora está recuperándose.
 
Alemania apeló a su capacidad tecnológica, reaccionó con rapidez en forma preventiva y aplicó a nivel masivo cientos de miles de tests de diagnóstico con lo que se adelantó a los síntomas del virus y lo está conteniendo sin desbordar sus hospitales.
 
Según el Miami Herald, cada uno de esos tests de diagnóstico cuesta más de tres mil dólares en Estados Unidos. Según el Christian Drosten director de un hospital de Berlin, Alemania hizo 500 mil tests gratis por semana desde que empezó la epidemia. Miles de millones de dólares invertidos solamente en esa operación.
 
Estados Unidos ya viene perdiendo muchísimo más que eso. Los dos billones de dólares que inyectó apenas movieron el amperímetro porque no puede parar la peste que, además, ha frenado a muchas de las economías socias y subsidiarias de la suya.
 
China empieza a recomponerse y Trump todavía está en la estacada. Y los empresarios argentinos tendrían que agradecer que esté Alberto Fernández al frente y no el gobierno de Ceos ineptos que respaldaron hasta el final.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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02-06-2020 / 09:06
Las denuncias sobre la actividad ilegal de la Agencia Federal de Inteligencia en días de Mauricio Macri no provienen del oficialismo sino de la prensa que no es precisamente cercana al Frente de Todos. Esto le concede más credibilidad a la sospecha de que algo muy podrido estaba ocurriendo y cabe preguntarse cuál era el rol del ex Presidente en todo esto. Ya no hay posibilidades de culpar a Marcos Peña u otro funcionario por las conductas de Macri. Él queda en primer plano.
 
Obvio, porque Macri es el único con antecedentes: él fue el primer Presidente de la Nación que asumió procesado, y el delito era la interferencia de conversaciones y el seguimiento, todo ilegal, de personas -varios muy cercanos tales como su padre y su hermana, ambos hoy fallecidos-, a causa de disputas familiares.
 
Uno de los primeros Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que firmó Macri fue la transferencia de la oficina de escuchas telefónicas, de la Procuración a la Corte. Aunque no fue a la Corte, sino que se la mandó a los organismos de inteligencia manejados por su amigo personal y testaferro, Gustavo Arribas, para el espionaje ilegal.
 
En la lista de los "caminados" hay políticos del PRO, del Frente Renovador y peronistas. Un caso: un teléfono celular que funcionaba con la carga previa de la compra de una tarjeta de prepago correspondiente a Florencia Kirchner, estaba intervenido, de acuerdo con una fuente ligada a la investigación.
 
Pero hay cosas más graves. Como el seguimiento de la AFI de ciertas figuras de muy importantes del oficialismo de entonces. En primer lugar a Horacio Rodríguez Larreta, con fotografías en ámbitos de la vida pública y la vida privada. Le habían infiltrado una empleada doméstica en la casa a Larreta. También al macrista Emilio Monzó, ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. El objetivo: conocer cada detalle de sus movimientos.
 
María Eugenia Vidal también fue espiaba. En ese tiempo, el ministro de Seguridad bonaerense era el actual diputado nacional Cristian Ritondo, quien sabía lo que hacían porque conocía a muchos de los hombres de la AFI y también a Silvia Majdalani, por haber compartido el espacio de "Peronistas" PRO.
 

01-06-2020 / 10:06
Sectores macristas gurkas no pudieron resistir la tentación de aprovechar el descontento por la prolongada cuarentena para ejercitar el carancheo político, para el cual prestaron colaboración "famosos" de reconocidas simpatías con el macrismo que recorrieron todos los estudios de televisión de Buenos Aires para denunciar que no los dejaban salir de sus casas y que las medidas sanitarias adoptadas por el Gobierno estaban relacionadas de alguna manera al comunismo.
 
Maximiliano Guerra, Susana Giménez y Juan José Sebreli, entre otros, prestaron sus voces a una campaña mediática que derivó luego en una declaración firmada por unas 300 personas, la inmensa mayoría de las cuales participó o respaldó el gobierno de Mauricio Macri. El documento dejó como "aporte" a la lengua castellana el neologismo "infectadura" que fue usado para intentar describir la situación actual del país.
 
En respuesta, más de 11 mil científicos, intelectuales y académicos impugnó la carta de la "infectadura" difundida días atrás y dio a conocer su apoyo a las medidas de aislamiento. Señalan en ella que convivir con covid-19 en Argentina será un proceso largo que requerirá de esfuerzos permanentes por parte de todas y todos, y de la aplicación de estrategias inteligentes y cambiantes.
 
Esto es opuesto al mensaje equivocadamente pregonado de 'sentarse a esperar que pase el pico', como si fuese un fenómeno climático ante el cual nada puede hacerse, un discurso simplista que no se hace cargo del problema y que sólo puede tener consecuencias graves e irreparables. 
 

31-05-2020 / 11:05
La fatiga colectiva es la brecha de oportunidad que trata de exacerbar la derecha macrista anti cuarentena. La prolongación del aislamiento la favorece. Grupos de indignados macristas acuden a Plaza de Mayo, insultan al presidente Alberto Fernández. Olvidan al Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta quien decretó el cierre de numerosos comercios, retractando lo decidido dos semanas antes.
 
Los porteños macristas rabiosos complican a su principal figura política, le sacarían canas verdes si tal prodigio fuera posible. Pero, en 21 provincias se habilitan fábricas, negocios, renacen la vida social, las comidas familiares, se puede pasear y hasta correr. A los anti cuarentena les falta un panóptico federal.
 
La derecha busca debilitar al Gobierno, erosionar la alta legitimidad de ejercicio del presidente Alberto Fernández. Un mandatario que no está solo. Los estados: nacional, provinciales y municipales tratan de conciliar el cuidado de la salud con la rehabilitación de la economía.
 
Las organizaciones sociales, sectores de distintas iglesias, trabajadores de la educación y salud se arriesgan para atender a los más necesitados. Se hace de modo dispar, con gestiones a veces discutibles. El esfuerzo y la dedicación son innegables: están donde se los precisa.
 
La derecha real, el establishment, percibe una amenaza a sus privilegios, la perspectiva de que aminore la desigualdad. Embiste, de variadas maneras.
 
A los que gritan en Plaza de Mayo se les otorga excesiva centralidad. Son extras, la claque. Un epifenómeno de la ofensiva de poderes reales, serios y temibles, que defienden bienes concretos. Las grandes fortunas, la oscuridad sobre sus bienes y sus manejos, la explotación, los privilegios, la evasión. La impunidad.


Sus seguidores emiten discursos con ruido y furia. Se desgañitan, se declaran presos en sets de televisión, usan altavoces que les facilitan los grandes medios dominantes porteños. La Vulgata derechosa anuncia muertes, quizás las desea.
 

31-05-2020 / 09:05
La toma de decisiones en función del conocimiento científico -con todas las limitaciones que tiene este último- es un logro y no una concesión de la democracia. No significa transformarla en una "infectadura" sino enriquecerla con bases más sólidas y racionales.
 
En los países de Trump y Bolsonaro se humilla a los científicos. Es difícil entender para un demócrata cuando, en nombre de la democracia, se coquetea con esas alternativas. Pero las diferencias con los Estados Unidos no terminan allí. La posición de Donald Trump acentuó las ya extremas diferencias entre el Presidente y la oposición, que fue agredida sistemáticamente por él.
 
Los demócratas y los científicos pasaron a formar parte de un "complot comunista" para desplazarlo del poder. En los momentos de mayor tensión Trump amenazó incluso con cerrar el Congreso. Casi idéntica situación se vive en Brasil.
 
Nada de eso ocurrió en la Argentina. Al contrario, aquí se transformó en algo habitual que Alberto Fernández, Horacio Rodriguez Larreta y Axel Kicillof, coordinen y discutan políticas, y las presenten conjuntamente ante la sociedad, en sucesivas conferencias de prensa, donde nadie se queda sin preguntar, un método que era una de las deudas de la democracia argentina.
 
Fernández se ha sacado fotos amigables con Gerardo Morales, un enemigo del sector dominante de su Gobierno, intercambiado saludos de codo con Jorge Macri, poseedor de un apellido muy emblemático. La idea antidemocrática según la cual quien pertenece a otro espacio es un enemigo despreciable fue abandonada, al menos mientras dure la pandemia.
 
Aunque la democracia exista plenamente, la peligrosa prédica de quienes creen que se transformó en una "infectadura" puede crecer en tiempos tan duros y debilitarla en lo político, en lo económico y en lo sanitario.
 

30-05-2020 / 10:05
Llama la atención que los grandes medios macristas porteños: TN, Clarín e Infobae, se preocupen tanto por la salud mental de la población, en tanto no se opusieron, durante la gestión de Cambiemos, a la falta de inversión en el sistema de salud, que llegó hasta el desmantelamiento del Ministerio de Salud por parte del ex presidente Mauricio Macri, desprotegiendo física y psíquicamente a las grandes mayorías sociales.
 
A partir de la pandemia la vida se volvió extraña; de un día para otro nos convertimos en protagonistas de una distopía. El aislamiento, la reclusión en las casas, la suspensión casi total de las actividades, la desorganización de la vida, la pérdida económica, el miedo al contagio y a la muerte, se volvieron moneda corriente.
 
No es necesario ser psicólogo o psicoanalista para reconocer que en la cuarentena se vivencian una amplia gama de sensaciones y afectos displacenteros que implican padecimiento para el aparato psíquico; pero no se trata de una angustia generada por el aislamiento mismo, sino por aquello que lo motiva, el coronavirus.
 
En la Argentina, el aislamiento se produjo con planificación y prevención cuando la epidemia no estaba desencadenada. La estrategia del gobierno de Alberto Fernández consistió en organizar la comunidad, poniendo el Estado al servicio de la salud y la contención pueblo.
 
En la urgencia, se entendió que el otro no es ni enemigo ni el culpable, sino el prójimo. Que la suerte y el cuidado de él también es el nuestro, ya que es imposible salvarse sólo. Que el aislamiento nada tiene que ver con el individualismo neoliberal, en el que cada uno, indiferente al prójimo, se enfrasca en el "sálvese quien pueda", mientras se mira el ombligo.
 
Se configuró en el país un aislamiento que no fue exclusión, sino un acto de cuidado de cada uno y de la comunidad, porque la solidaridad no es caridad, sino la base de lo colectivo. Una acción política democrática de intentar frenar la muerte, no sólo para la élite, sino para todos.
 
Los países gobernados por la lógica del "mercado", EE.UU., Brasil, Reino Unido, Chile, Italia y España, basada en las ganancias de las empresas por la reducción de los costos, dejaron al cuerpo social amenazado por la enfermedad y la muerte. Esos países no cuidaron a su gente, la dejaron a la intemperie, en angustiosa indefensión y expuesta a la agonía.
 

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