La Opinión Popular
                  00:44  |  Miércoles 03 de Junio de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“La pandemia nos demostró que vivimos en un país injusto y que la calidad de vida incide fuertemente en el riesgo de contagio”. Alberto Fernández
Recomendar Imprimir
Nacionales - 27-03-2020 / 10:03
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

El acreedor del día después: debates de cuarentena sobre dinero y poder

El acreedor del día después: debates de cuarentena sobre dinero y poder
¿Quién va a financiar la expansión del gasto que van a demandar el paquete anti-crisis y las partidas extraordinarias para Salud?
¿Quién va a financiar la expansión del gasto que van a demandar el paquete anti-crisis y las partidas extraordinarias para Salud? En principio, Miguel Pesce dispuso prender al máximo la maquinita del Banco Central, sin miedo a fogonear la inflación porque esos pesos irán a compensar el derrumbe de la demanda de los sectores que dejan de percibir ingresos. El ministro Martín Guzmán coincide.  ¿Cómo quedará el mundo de las finanzas después de esta cuarentena y la crisis económica que inducirá? Son preguntas que parecen secundarias mientras se montan camas de emergencia hasta en los estacionamientos de clínicas privadas como Los Arcos.

 

 
Con todos sus tanques para almacenar combustible llenos a tope, un poderoso petrolero le advirtió anteayer por teléfono a Matías Kulfas que la semana próxima puede verse obligado a cerrar su mayor refinería. Y que el riesgo no solo es el corte de la cadena de pagos que podría afectar a sus decenas de proveedores sino el altísimo costo de reencenderla cuando vuelva algo parecido a la normalidad.
 
El ministro de Producción también se sobresaltó por el dato que le llegó desde YPF el mismo día: desde el viernes pasado, cuando empezó la cuarentena obligatoria, la venta de nafta cayó al 15% de lo habitual y la de nafta premium, al 10%. La de gasoil cayó a la mitad.
 
Uno de los consultores más cotizados de la City, que aterrizó en Ezeiza en el último vuelo desde Nueva York y que aún guarda aislamiento estricto, se tomó el trabajo de preguntarles por mail a sus clientes cuánto había caído la demanda de sus productos y servicios.
 
Un 40% estimó el desplome entre el 25 y el 50% y cerca de un tercio le respondió que había caído a menos de la mitad. Desde su casa, bajo condición de no citarlo, compartió sus miedos y sus cálculos con BAE Negocios: "¿Vos te das cuenta de que al lado de esto, 2001-2002 va a ser un poroto?", preguntó.
 
La pregunta era retórica, claro. Pero la comparación con el año de la mayor crisis social, económica y política de la historia argentina resuena en todos los despachos oficiales.
 
Fundamentalmente por dos razones: la espada de Damocles de la deuda, que sigue ahí como entonces, increíblemente, y la olla a presión que representa la cuarentena en los barrios más pobres, donde el #YoMeQuedoEnCasa es solo eso, un hashtag de redes sociales. No porque los sectores desfavorecidos no quieran respetar la consigna oficial sino porque sencillamente en sus casas no entran.
 
"Tenemos que encontrar una solución argentina a este virus, porque el aislamiento puede haber funcionado en Asia o en Europa pero ellos no tienen los conurbanos de Latinoamérica. Pedirle que se aísle totalmente al 10% de la población que sufre hacinamiento y otras necesidades insatisfechas es una utopía", dijo a este diario uno de los más estrechos colaboradores de Alberto Fernández, ocupante de un despacho en el primer piso de la Rosada al que no cree que vuelva a ir al menos hasta fin de mes.
 
Si bien no los va a hacer inmunes al COVID-19 ni les va a permitir aislarse preventivamente con el confort de las familias de clase media y alta, esa especial vulnerabilidad fue lo que convenció a Fernández de implementar el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) de $10 mil.
 
La directora nacional de Economía y Género, Mercedes DAlessandro, le elevó primero el proyecto al viceministro de Economía, Haroldo Montagu, mientras el Gobierno disponía la exención de cargas patronales para las Pymes y los bonos para jubilados, pensionados y beneficiarios de planes sociales. Montagu lo conversó de inmediato con Martín Guzmán y el ministro se lo propuso al Presidente.
 
La población objetivo -empleados en negro, empleadas domésticas y monotributistas- era la que se había quedado afuera de las primeras medidas. Y la iniciativa partió de DAlessandro precisamente porque las mujeres son mayoría en ese universo.
 
Daniel Arroyo aportó un dato sociodemográfico: la multitudinaria prevalencia de parejas de empleadas domésticas y albañiles en la base de la pirámide. Ambos, en su mayoría, trabajan en la informalidad. Y se quedaban afuera del paquete inicial de asistencia.
 
 
Poniendo estaba la gansa
  
¿Quién va a financiar la expansión del gasto que van a demandar el paquete anti-crisis y las partidas extraordinarias para Salud? En principio, Miguel Pesce dispuso prender al máximo la maquinita del Banco Central, sin miedo a fogonear la inflación porque esos pesos irán a compensar el derrumbe de la demanda de los sectores que dejan de percibir ingresos. Guzmán coincide. Pero no es solo una cuestión de heterodoxos. El ultramonetarista Carlos Rodríguez, adalid de la dolarización en 2001 y exviceministro de Carlos Menem, sorprendió esta semana con su recomendación: "No queda otra que emitir, y rápido".
 
Es como decía Milton Friedman, padre fundador del neoliberalismo y profesor de Rodríguez en la Universidad de Chicago. Las grandes crisis dan lugar a grandes cambios y esos cambios toman las ideas que flotan en la época.
 
En este caso, flotaba el debate sobre el ingreso universal y apareció el IFE. Lo que cabría preguntarle a Rodríguez tras su capitulación teórica es qué podría hacer ahora el Gobierno si la sociedad le hubiera hecho caso a su consejo. ¿Cómo podría reaccionar ante la corona-crisis un Alberto Fernández dolarizado, además de pedirle a la población que rece, como hizo Jeanine Áñez?
 
Lo que todavía no hizo el Central fue exigirle una contribución decisiva a un sector de la economía que nunca dejó de ganar dinero. Y aún así, los banqueros sienten que ya colaboraron.
 
Dos lobistas de sendos grandes bancos nacionales protestaron ayer ante directores de la autoridad monetaria porque Pesce los obligó a financiar a las Pymes al 24% anual (o sea, a tasa negativa) para que puedan pagar los sueldos de este mes.
 
Pidieron que el beneficio solo rija para las Pymes sin fondos en sus cuentas o con problemas de mora, de tal modo que aquellas que no los tengan no aprovechen para financiarse barato a costa de las entidades financieras.
 
La realidad es que mientras al Tesoro, a las empresas y a los particulares les faltan pesos, a los bancos les sobran. La liquidez amplia de los bancos (un indicador que incluye el efectivo, los depósitos en cuenta corriente en el BCRA, los pases netos y las LELIQs que mantienen en sus tesoros en relación a los depósitos totales) está en un récord histórico.
 
Del 37% en octubre de 2017 saltó al 60% en enero último. ¿Y si el directorio del Central dispone colocarles a los bancos una letra a cambio de esos pesos ociosos? ¿No lo amerita la emergencia?
 
 
Mala fe
  
En medio del sálvese quien pueda de la pandemia y la implosión del multilateralismo, la ayuda difícilmente llegue del extranjero. Pero Guzmán sigue abocado a la renegociación de la deuda casi como si nada hubiera pasado.
 
Y según fuentes que participan directamente en la negociación, la oferta oficial a los acreedores privados se pospuso pero se hará igual en los próximos días.
 
"La verdad que es ridículo hablar de esto en medio de una catástrofe humanitaria mundial, pero hasta que Loretta Preska no nos habilite a no pagar, tenemos el riesgo de que se nos vengan los juicios", admitió una de esas fuentes. Preska es jueza federal del Distrito Sur de Manhattan, como lo era el difunto Thomas Griesa.
 
La nota técnica que publicó el FMI el viernes pasado, justo mientras empezaba la cuarentena, fue un espaldarazo inédito para la fuerte quita que prevé proponer Guzmán. Un mazazo inesperado para tipos como Larry Fink o Hans Humes, jefes de los grandes fondos acreedores que deben subir o bajar el pulgar a la oferta.
 
En Hacienda destacan dos consecuencias de esa publicación, más allá de que Fidelity, PIMCO, Greylock y Blackrock no tienen por qué someterse a lo que diga el Fondo:
 
-Los acreedores no van a poder argumentar que el Gobierno negocia de "mala fe".
-Tampoco van a poder pedirle al FMI que "discipline" a la Argentina.
 
Además del lobby de Jorge Argüello y Gustavo Béliz sobre el Tesoro estadounidense y las gestiones de Guzmán ante Kristalina Georgieva, lo que movió al directorio del Fondo a publicar esa nota técnica (que recomienda una quita de hasta U$S 85.000 millones en diez años) fue el apoyo explícito de Alemania.
 
En eso coinciden los negociadores en Washington y en Plaza de Mayo: "Merkel se enamoró de Alberto o sus empresas en Argentina la convencieron de que sin esto explotamos. Si no, no se explica".
 
Pero el Fondo también juega en el tablero geopolítico internacional. Y juega fuerte, y juega para Occidente. El pedido de moratoria de pagos de las deudas bilaterales para los 76 países más pobres del mundo (entre los que no figura Argentina) fue un tiro por elevación contra China, la potencia que dio vuelta el relato del coronavirus y se muestra como el líder global que Estados Unidos parece haber renunciado a ser.
 
China es el FMI de los países africanos, por ejemplo. Y a fuerza de "swaps" de monedas también amaga con convertirse en el de Latinoamérica.
 
¿Podrá Fernández hacer equilibrio entre viejos y nuevos acreedores? ¿Cómo quedará el mundo de las finanzas después de esta cuarentena y la crisis económica que inducirá? Son preguntas que parecen secundarias mientras se montan camas de emergencia hasta en los estacionamientos de clínicas como Los Arcos. Pero que también vale la pena hacerse. Y cuyas respuestas también pueden costar vidas.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

Agreganos como amigo a Facebook
02-06-2020 / 09:06
Las denuncias sobre la actividad ilegal de la Agencia Federal de Inteligencia en días de Mauricio Macri no provienen del oficialismo sino de la prensa que no es precisamente cercana al Frente de Todos. Esto le concede más credibilidad a la sospecha de que algo muy podrido estaba ocurriendo y cabe preguntarse cuál era el rol del ex Presidente en todo esto. Ya no hay posibilidades de culpar a Marcos Peña u otro funcionario por las conductas de Macri. Él queda en primer plano.
 
Obvio, porque Macri es el único con antecedentes: él fue el primer Presidente de la Nación que asumió procesado, y el delito era la interferencia de conversaciones y el seguimiento, todo ilegal, de personas -varios muy cercanos tales como su padre y su hermana, ambos hoy fallecidos-, a causa de disputas familiares.
 
Uno de los primeros Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que firmó Macri fue la transferencia de la oficina de escuchas telefónicas, de la Procuración a la Corte. Aunque no fue a la Corte, sino que se la mandó a los organismos de inteligencia manejados por su amigo personal y testaferro, Gustavo Arribas, para el espionaje ilegal.
 
En la lista de los "caminados" hay políticos del PRO, del Frente Renovador y peronistas. Un caso: un teléfono celular que funcionaba con la carga previa de la compra de una tarjeta de prepago correspondiente a Florencia Kirchner, estaba intervenido, de acuerdo con una fuente ligada a la investigación.
 
Pero hay cosas más graves. Como el seguimiento de la AFI de ciertas figuras de muy importantes del oficialismo de entonces. En primer lugar a Horacio Rodríguez Larreta, con fotografías en ámbitos de la vida pública y la vida privada. Le habían infiltrado una empleada doméstica en la casa a Larreta. También al macrista Emilio Monzó, ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. El objetivo: conocer cada detalle de sus movimientos.
 
María Eugenia Vidal también fue espiaba. En ese tiempo, el ministro de Seguridad bonaerense era el actual diputado nacional Cristian Ritondo, quien sabía lo que hacían porque conocía a muchos de los hombres de la AFI y también a Silvia Majdalani, por haber compartido el espacio de "Peronistas" PRO.
 

01-06-2020 / 10:06
Sectores macristas gurkas no pudieron resistir la tentación de aprovechar el descontento por la prolongada cuarentena para ejercitar el carancheo político, para el cual prestaron colaboración "famosos" de reconocidas simpatías con el macrismo que recorrieron todos los estudios de televisión de Buenos Aires para denunciar que no los dejaban salir de sus casas y que las medidas sanitarias adoptadas por el Gobierno estaban relacionadas de alguna manera al comunismo.
 
Maximiliano Guerra, Susana Giménez y Juan José Sebreli, entre otros, prestaron sus voces a una campaña mediática que derivó luego en una declaración firmada por unas 300 personas, la inmensa mayoría de las cuales participó o respaldó el gobierno de Mauricio Macri. El documento dejó como "aporte" a la lengua castellana el neologismo "infectadura" que fue usado para intentar describir la situación actual del país.
 
En respuesta, más de 11 mil científicos, intelectuales y académicos impugnó la carta de la "infectadura" difundida días atrás y dio a conocer su apoyo a las medidas de aislamiento. Señalan en ella que convivir con covid-19 en Argentina será un proceso largo que requerirá de esfuerzos permanentes por parte de todas y todos, y de la aplicación de estrategias inteligentes y cambiantes.
 
Esto es opuesto al mensaje equivocadamente pregonado de 'sentarse a esperar que pase el pico', como si fuese un fenómeno climático ante el cual nada puede hacerse, un discurso simplista que no se hace cargo del problema y que sólo puede tener consecuencias graves e irreparables. 
 

31-05-2020 / 11:05
La fatiga colectiva es la brecha de oportunidad que trata de exacerbar la derecha macrista anti cuarentena. La prolongación del aislamiento la favorece. Grupos de indignados macristas acuden a Plaza de Mayo, insultan al presidente Alberto Fernández. Olvidan al Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta quien decretó el cierre de numerosos comercios, retractando lo decidido dos semanas antes.
 
Los porteños macristas rabiosos complican a su principal figura política, le sacarían canas verdes si tal prodigio fuera posible. Pero, en 21 provincias se habilitan fábricas, negocios, renacen la vida social, las comidas familiares, se puede pasear y hasta correr. A los anti cuarentena les falta un panóptico federal.
 
La derecha busca debilitar al Gobierno, erosionar la alta legitimidad de ejercicio del presidente Alberto Fernández. Un mandatario que no está solo. Los estados: nacional, provinciales y municipales tratan de conciliar el cuidado de la salud con la rehabilitación de la economía.
 
Las organizaciones sociales, sectores de distintas iglesias, trabajadores de la educación y salud se arriesgan para atender a los más necesitados. Se hace de modo dispar, con gestiones a veces discutibles. El esfuerzo y la dedicación son innegables: están donde se los precisa.
 
La derecha real, el establishment, percibe una amenaza a sus privilegios, la perspectiva de que aminore la desigualdad. Embiste, de variadas maneras.
 
A los que gritan en Plaza de Mayo se les otorga excesiva centralidad. Son extras, la claque. Un epifenómeno de la ofensiva de poderes reales, serios y temibles, que defienden bienes concretos. Las grandes fortunas, la oscuridad sobre sus bienes y sus manejos, la explotación, los privilegios, la evasión. La impunidad.


Sus seguidores emiten discursos con ruido y furia. Se desgañitan, se declaran presos en sets de televisión, usan altavoces que les facilitan los grandes medios dominantes porteños. La Vulgata derechosa anuncia muertes, quizás las desea.
 

31-05-2020 / 09:05
La toma de decisiones en función del conocimiento científico -con todas las limitaciones que tiene este último- es un logro y no una concesión de la democracia. No significa transformarla en una "infectadura" sino enriquecerla con bases más sólidas y racionales.
 
En los países de Trump y Bolsonaro se humilla a los científicos. Es difícil entender para un demócrata cuando, en nombre de la democracia, se coquetea con esas alternativas. Pero las diferencias con los Estados Unidos no terminan allí. La posición de Donald Trump acentuó las ya extremas diferencias entre el Presidente y la oposición, que fue agredida sistemáticamente por él.
 
Los demócratas y los científicos pasaron a formar parte de un "complot comunista" para desplazarlo del poder. En los momentos de mayor tensión Trump amenazó incluso con cerrar el Congreso. Casi idéntica situación se vive en Brasil.
 
Nada de eso ocurrió en la Argentina. Al contrario, aquí se transformó en algo habitual que Alberto Fernández, Horacio Rodriguez Larreta y Axel Kicillof, coordinen y discutan políticas, y las presenten conjuntamente ante la sociedad, en sucesivas conferencias de prensa, donde nadie se queda sin preguntar, un método que era una de las deudas de la democracia argentina.
 
Fernández se ha sacado fotos amigables con Gerardo Morales, un enemigo del sector dominante de su Gobierno, intercambiado saludos de codo con Jorge Macri, poseedor de un apellido muy emblemático. La idea antidemocrática según la cual quien pertenece a otro espacio es un enemigo despreciable fue abandonada, al menos mientras dure la pandemia.
 
Aunque la democracia exista plenamente, la peligrosa prédica de quienes creen que se transformó en una "infectadura" puede crecer en tiempos tan duros y debilitarla en lo político, en lo económico y en lo sanitario.
 

30-05-2020 / 10:05
Llama la atención que los grandes medios macristas porteños: TN, Clarín e Infobae, se preocupen tanto por la salud mental de la población, en tanto no se opusieron, durante la gestión de Cambiemos, a la falta de inversión en el sistema de salud, que llegó hasta el desmantelamiento del Ministerio de Salud por parte del ex presidente Mauricio Macri, desprotegiendo física y psíquicamente a las grandes mayorías sociales.
 
A partir de la pandemia la vida se volvió extraña; de un día para otro nos convertimos en protagonistas de una distopía. El aislamiento, la reclusión en las casas, la suspensión casi total de las actividades, la desorganización de la vida, la pérdida económica, el miedo al contagio y a la muerte, se volvieron moneda corriente.
 
No es necesario ser psicólogo o psicoanalista para reconocer que en la cuarentena se vivencian una amplia gama de sensaciones y afectos displacenteros que implican padecimiento para el aparato psíquico; pero no se trata de una angustia generada por el aislamiento mismo, sino por aquello que lo motiva, el coronavirus.
 
En la Argentina, el aislamiento se produjo con planificación y prevención cuando la epidemia no estaba desencadenada. La estrategia del gobierno de Alberto Fernández consistió en organizar la comunidad, poniendo el Estado al servicio de la salud y la contención pueblo.
 
En la urgencia, se entendió que el otro no es ni enemigo ni el culpable, sino el prójimo. Que la suerte y el cuidado de él también es el nuestro, ya que es imposible salvarse sólo. Que el aislamiento nada tiene que ver con el individualismo neoliberal, en el que cada uno, indiferente al prójimo, se enfrasca en el "sálvese quien pueda", mientras se mira el ombligo.
 
Se configuró en el país un aislamiento que no fue exclusión, sino un acto de cuidado de cada uno y de la comunidad, porque la solidaridad no es caridad, sino la base de lo colectivo. Una acción política democrática de intentar frenar la muerte, no sólo para la élite, sino para todos.
 
Los países gobernados por la lógica del "mercado", EE.UU., Brasil, Reino Unido, Chile, Italia y España, basada en las ganancias de las empresas por la reducción de los costos, dejaron al cuerpo social amenazado por la enfermedad y la muerte. Esos países no cuidaron a su gente, la dejaron a la intemperie, en angustiosa indefensión y expuesta a la agonía.
 

NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar