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“El contagio va a ocurrir, pero si nos quedamos en casa va a ser más lento”. Alberto Fernández
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Entre Ríos - 23-03-2020 / 19:03
PANORAMA POLÍTICO PROVINCIAL

Gobierno provincial en modo gestión de crisis

Gobierno provincial en modo gestión de crisis
En las horas más difíciles, en días llenos de tensión en Entre Ríos, preocupa, de manera especial al gobernador Gustavo Bordet, el escenario local que ve para los próximos meses, cuando la pandemia de coronavirus llegue con fuerza y ponga a prueba, como ningún otro evento antes, la capacidad de respuesta de la Provincia ante una crisis.
En las horas más difíciles, en días llenos de tensión en Entre Ríos, preocupa, de manera especial al gobernador Gustavo Bordet, el escenario local que ve para los próximos meses, cuando la pandemia de coronavirus llegue con fuerza y ponga a prueba, como ningún otro evento antes, la capacidad de respuesta de la Provincia ante una crisis.
 
Para el final de la semana, las estadísticas que se llevan sobre la evolución del COVID-19 todavía no se dispararon: de uno, dos o cuatros casos diarios no se pasó a quince o veinte. Pero, el crecimiento exponencial de los contagios seguirá su curva ascendente hasta fines de abril, principios de mayo, reflexionan en Casa Gris.
 
Es para entonces que esperan un pico de casos que inevitablemente generarán un aumento de la demanda sobre la salud pública, sobre todo en Paraná, Concordia y hasta ahora con lo que se insinúa en Gualeguaychú. Justo, además, cuando se produce la enorme afluencia a las guardias médicas por patologías respiratorias típicas del frío. Una combinación crítica.
 
Quienes comparten con Bordet muchas horas de trabajo, señalan que el gobernador se encuentra tranquilo a pesar del bravo momento, pero activo y seguro de las decisiones que debe impulsar. De ninguna manera decide en soledad. No se aparta de su concepto del consenso y eso lo lleva a cabo con sus ministros y secretarios cercanos, requiriendo siempre asesoramiento técnico sanitario.
 
Por eso, en modo gabinete de crisis, el Gobierno provincial se concentró en las últimas horas en el operativo para sumar camas y recursos técnicos y humanos al sistema de salud. Se necesitan, para las próximas semanas, disponer de más camas de terapia intensiva, con respirador y monitores. Por lo menos, mil de internación común y dos mil para centros de aislamiento, para lo que se acondicionarían hoteles, predios públicos y grandes superficies de clubes en toda la Provincia. Otra cuestión en la que se pone énfasis es en el cumplimiento irrestricto de la cuarentena, ajustando el aparato legal para que la medida se cumpla o se cumpla.
 
Son erogaciones extraordinarias en un panorama de crisis económica. Por esto, siguiendo la línea nacional la apuesta es la prevención y evitar el contagio. Con las actividades paralizadas, los ingresos provinciales y municipales se verán seriamente afectados. Por este motivo se espera ayuda directa de Nación y un paquete de medidas que involucre alimentos, controles de precios, diferimiento de pagos, desdoblamiento de cumplimientos financieros y hasta la cancelación de pasivos. También un aporte para monotributistas y trabajadores en negro.
 
Ocurre en la mayoría de los hogares entrerrianos y en cada empresa o comercio, y se replica en los principales despachos oficiales: el mandato es priorizar la salud e intentar que el aislamiento domiciliario se respete y logre detener el avance de la peste. Por cierto, sin certezas sobre lo que vendrá después del 31 de marzo y sin conjeturar siquiera de dónde saldrán los recursos para enfrentar lo que venga a partir de abril.
 
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Gobierno provincial en modo gestión de crisis  

Contra el neoliberalismo no hay vacuna
 
El coronavirus vino a demostrar el valor del Estado nacional contra la globalización, los CEOs meritocráticos supuestamente eficaces y la contracción neoliberal del gasto público, que es menos salud, seguridad y educación, para poder pagar deudas externas.
 
El neoliberalismo, en Italia dejó 35.000 enfermeros, médicos y especialistas en la calle, sin respiradores ni camas. En Estados Unidos, 40 millones sin seguro médico, y solo 900.000 camas. En España, médicos optando entre la vida  de un adulto joven y quitarle el respirador artificial escaso a un pobre viejo.
 
¿Es viable un país que enajena su salud, su educación, sus servicios públicos, su infraestructura y las deja en manos del mercado? En Argentina -gracias a los Menem, Cavallo, Macri y compañía- la infraestructura hospitalaria heredada del binomio Perón- Ramón Carrillo entró en decadencia: carencia de insumos, sarampión redivivo, dengue imparable, chagas abundante y el Instituto Malbrán -único- abandonado, sin reactivos y sin presupuesto.
 
Hoy, los argentinos vivimos esta dura experiencia poco tiempo después de haber decidido salir de la catastrófica experiencia neoliberal. Y es muy saludable que la política se haya encolumnado en la lucha por defender la vida y la salud del pueblo antes que las ganancias económicas de las grandes empresas.
 
Eso le da fortaleza al dispositivo adoptado para enfrentar la emergencia con dos propósitos muy bien articulados entre sí: el de atravesar con el menor costo humano posible la pandemia y el de emprender un destino orientado por los valores de la igualdad, el desarrollo económico y la autodeterminación nacional.
 

Gobierno provincial en modo gestión de crisis
 
Cuarentena como "bala de plata"
 
En el marco de la crisis, los estudios que encargó el Ministerio de Salud sobre la propagación del coronavirus alarmaron al Presidente y a sus colaboradores. Los cálculos de los especialistas advirtieron que, incluso en un escenario en el que los contagios no fueran masivos, el sistema sanitario colapsaría ante una disparada de la curva de casos, sobre todo en el Área Metropolitana de Buenos Aires. La cantidad de camas de terapia intensiva no sería suficiente.
 
Si en unas pocas semanas los infectados fueran 250.000, según el escenario más leve -una hipótesis que se barajó en los informes oficiales-, entonces al menos 50.000 infectados requerirían internación en todo el país, porque se considera que el 80% de los casos se cursa como un resfrío en aislamiento controlado. Pero el otro 20% requeriría de internación y el 5% del total de contagiados -en peligro de vida- requeriría con urgencia de terapia intensiva.
 
La brecha entre lo que se necesitaría y lo disponible es notoria. Con los números sobre la mesa, Alberto F. se convenció de que había que ganar tiempo. Y la cuarentena era la medida que tenía a mano para conseguirlo, sobre todo ante la inminencia del fin de semana largo en el que habría desplazamiento de la población hacia puntos turísticos de todo el país.
 
Si los porteños y bonaerenses que residen donde se localiza el foco del Covid-19 en la Argentina, lo desparramaban por todo el país, los cálculos se quedarían cortos con certeza. Por eso se decretó el aislamiento masivo y se analizó el estado de sitio.
 
El tiempo apremia. Ese es el principal argumento para pedir que la Argentina se paralice durante 10 días. Aprovechar el fin de semana largo es la mejor excusa, pero también es una recomendación que los infectólogos realizaron, en varios encuentros con funcionarios, con el fin de que intentar frenar el ingreso del coronavirus al interior más profundo de la Argentina; allí donde la pobreza duele y golpea a un 40% de la población urbana. Esos pobres son la primera línea de fuego en esta batalla infectológica.
 
Los otros son los cuentapropistas que en el país totalizan 1,7 millón de personas. Los autónomos son unos 400.000 casos y casi la misma cifra corresponde a los monotributistas sociales, que pueden llegar a tener un ingreso. Ese ejército de trabajadores, que dependen de lo que ganan durante el día, está demasiado expuesto a una pandemia sin precedentes. Pero para ellos diez días son una eternidad y sin ingresos, la gran depresión.
 
El espejo es Europa. Hacia allí miró desde el primer día en la Argentina el presidente Fernández. Siguió con detenimiento el caso italiano, convertido en un drama. Y la única diferencia entre Italia y el resto, es que el virus llegó diez días antes a la península.
 
Es alentadora la reacción de la sociedad. Un alto porcentaje ha tomado conciencia y se ha solidarizado con el otro. Están los irresponsables de siempre. Están los rebeldes de toda la vida. Están los mal educados y los ignorantes. Sin embargo, aunque tarde, se está acatando la cuarentena. Hemos mostrado más cuidado que europeos y debemos estar orgullosos de esta reacción.
 

Política provincial en los tiempos del coronavirus
 
Crece el virus, se destruye la economía y se renegocia la deuda
 
El presidente Fernández terminó una semana crucial en su mandato. Lanzó un paquete económico keynesiano, dinamizador al mango. También decretó el aislamiento social hasta el 31 de marzo. Dos medidas contradictorias impuestas por la crisis económica y por el virus. "Entre la economía y la vida elijo la vida", expresa, pero se ocupa de ambas porque el agravamiento de la recesión no es inocuo.
 
Las medidas económicas de neto corte keynesiano anunciadas por el Gobierno nacional fueron consideradas por los analistas, aún los más neoliberales, como necesarias e imprescindibles ante una situación de parálisis social y económica producto de un inédito e inesperado escenario de cuarentena obligatoria que vino a transformar en realidad lo que algunas novelas y series de ciencia ficción denominaron futuro distópico. Las imágenes fantasmales de ciudades semi vacías con patrulleros recorriendo las calles aportaban un escenario de película.
 
La desgarradora situación de Italia muestra qué ocurre cuando se fracasa en el objetivo. Este futuro planteaba situaciones ficcionales que podrían haber ocurrido en un tiempo indefinido que, de buenas a primeras, nos dice que estamos inmersos en este encierro angustiante e insoportable al que pocos quieren reconocer como una realidad palpable y la consideran agobiante.
 
Los próximos meses están supeditados a la temible evolución del coronavirus. Se sabe que lo peor no sucedió y su dimensión es impredecible. Y es difícil diseñar políticas efectivas para los que pagarán primero y peor la crisis: los trabajadores en negro, informales, ambulantes, por horas, precarios, cuentapropistas; los pobres, los vulnerables, los presos, los indigentes...
 
En un país en el que la mitad de la población vive al día, las soluciones del primer mundo resultan insuficientes. Es necesario volcar dinero en la calle y hacerlo pronto. Y no se trata solamente de los sectores más postergados; el mismo problema corre hoy para millones de cuentapropistas.
 
Para el que no tiene cómo alimentar a sus hijos, o a sí mismo, existe un problema más urgente que el virus. En otras palabras: no hay políticas de aislamiento posibles donde hay hambre. Y un mes es una eternidad para transitar sin ingresos.
 

Gobierno provincial en modo gestión de crisis
 
¿New Deal renacido?
 
Curiosamente, el avance del virus hace revalorizar el rol del Estado de Bienestar como organizador frente a la catástrofe, hasta los exacerbados neoliberales (de ayer) reclaman por un Estado fuerte y que actúe en forma veloz.
 
Es claro que el virus se hace más fuerte en los lugares donde la privatización del sistema de salud fue de la mano del desarme y la desactualización de los antiguos hospitales públicos, muchos construidos en los países centrales y algunos en la periferia sobre el fin de la Segunda Guerra.
 
La nueva situación hace que ni Estados Unidos ni Europa duden de lanzar miles de millones de dólares (o euros) a sus mercados dejando de lado décadas de discurso neoliberal de austeridad.
 
En Argentina, por antiguas conciencias, por miedo, por oportunismo, por lo que sea, esa idea -real o no-, de la intervención del Estado, el respeto por lo público, la idea de que la salvación no puede ser individual, la sensación de formar parte de una comunidad política es hoy un sentido común predominante.
 

Gobierno provincial en modo gestión de crisis
 
Impacto económico en el interior
 
La crisis del coronavirus tiene un costado que preocupa a todos los sectores, públicos y privados del interior federal: el impacto económico. Alberto F. escuchó el último viernes los argumentos de gobernadores que pidieron asistencia nacional para hacerle frente a la demanda presupuestaria que tendrán para afrontar la pandemia.
 
Cuando se vieron a la cara los gobernadores de todo el país, parecía que había un solo rostro y no 24. Era la cara del pánico. Pero no era el pánico por el coronavirus que indefectiblemente demostrará que ninguna administración de salud estaba preparada. Tampoco el pánico por las muertes que vendrán.
 
Pánico porque no hay plata, porque se acerca fin de mes y está todo cerrado. Y mientras todo esté cerrado las provincias recibirán cada minuto menos dinero. "Todos tenemos problemas para pagar los sueldos; imagínense si tenemos que armar un sistema sanitario paralelo", deslizó uno de los que habló en la quinta de Olivos.
 
Las medidas tempranas adoptadas por el presidente Alberto Fernández, en coincidencia con los gobernadores, le otorgaron al pueblo argentino una leve ventaja en la contención de la pandemia del Covid-19, el nuevo coronavirus, pero sostenerla dependerá de la responsabilidad y solidaridad de todos: ciudadanos, gobernantes y empresas.
 

Gobierno provincial en modo gestión de crisis
 
¡Qué tiempos difíciles y cambiantes!
 
En Entre Ríos, el gobernador mira las planillas de ingresos: las transferencias federales por coparticipación son $ 50 millones menos de lo presupuestado para lo que va del mes. Además, los ingresos de ATER no contribuyen a compensar la pérdida. Ingresos Brutos ha dejado de ser la gallina de los huevos de oro por efecto mismo de la recesión económica.
 
En los comercios, cada vez se vende menos. Una posible moratoria con la intención de recuperar, en el mediano plazo, unos $ 400 millones, por las restricciones financieras de los contribuyentes conspiran contra cualquier plan de facilidades de pago que se pueda poner en vigencia.
 
Al igual que en el resto del país, en la provincia se trabaja paso a paso. En el ámbito público no hay grietas. Todos los sectores políticos están alineados para afrontar esta encrucijada. Esta semana viene lo peor, se conocerán más contagios. Habrá apuro por conseguir los reactivos para que los tests dejen de hacer cola en el Instituto Malbrán. Las tensiones serán mayores y las preocupaciones no se irán.
 
Todo parece indicar que la cuarentena se extenderá. La primera fecha que hay en mente es el 31 de marzo. Si las medidas de aislamiento y distanciamiento se cumplen con severidad, fin de mes podría ser el punto de partida. Sin embargo, son más los que creen que, en virtud de lo que ocurre en otros países afectados y para sostener la ventaja inicial, como mínimo el congelamiento de actividades podría extenderse una quincena más.
 
Un mes completo sin actividades productivas es un golpe durísimo para la economía, pero fundamentalmente para miles de familias, cuentapropistas y empresas que dependen del día a día. Lo que tampoco se esconde es que más allá de lo que dure el aislamiento, necesario al ser el único método comprobado para frenar la propagación del virus, retomar el funcionamiento de la economía llevará tiempo y dejará grandes problemas.
 
Las provincias están necesitando un auxilio financiero extraordinario, de muchos millones de pesos, de esos que obligan a imprimirle mayor velocidad a la máquina de hacer dinero. El cuadro de situación no escapa al análisis que hace el gobernador Bordet y sus colaboradores directos.
 
Sin embargo, aseguran que hay que avanzar por etapas. El objetivo es reducir al máximo los contagios por tratarse de la única manera de que la enfermedad golpee limitadamente en los grupos de riesgo y para que el sistema de Salud pueda soportar la emergencia.
 
El gobierno provincial trabaja en nuevas medidas. Todas ellas escalan en el endurecimiento de las penalidades a quienes no cumplan con lo mínimo solicitado: quedarse en sus casas. Pero también se reforzó el sistema sanitario y se empiezan a revisar los números de la economía.
 
La tarjeta alimentaria del plan Argentina Contra el Hambre tiene miles de beneficiarios en la provincia. La mayoría de ellos nucleados en Paraná y Concordia. Sin embargo, el parate de la actividad será expandida a miles de familias más, un número no determinado aún, que dependen de ingresos diarios, su producción o de sectores no exceptuados.
 
Es el Gobierno nacional, el que asumió el mando en la estrategia general frente a la amenaza sanitaria, mientras que la Provincia y los municipios parecen estar haciendo la parte que les corresponde: colaborar en el control de los movimientos de los entrerrianos y preparar la infraestructura hospitalaria para el peor escenario, que es el de la libre circulación del nuevo coronavirus, con la consecuente necesidad de asistir con cuidados intensivos a un número de pacientes muy superior al habitual.
 
En el país, el alineamiento institucional y la rápida coordinación de acciones entre todas las jurisdicciones del Estado son dos novedades que parecen volver más irreal todavía el estado de excepción que se vive desde hace una semana. La inmensa mayoría de la dirigencia política hasta se abstiene de hablar de lo que no sabe, en una atípica señal de responsabilidad y pudor.
 
Entre Ríos está diseñando el esquema sanitario de emergencia y avanza en los refuerzos, que incluyen posible el montaje de un hospital de campaña, la generación de nuevas camas de terapia intensiva y la ampliación de los equipos de salud.
 
El escenario más complejo es el de una superposición de tres situaciones que por separado ya son conflictivas: el coronavirus, el dengue -en uno de cada tres domicilios donde la población hace la cuarentena hay mosquitos- y las enfermedades respiratorias, que por sí mismas llevan al sistema de salud cada invierno al límite de su capacidad.
 
Los municipios tienen a su cargo acciones contra el dengue; serán los encargados de los operativos domiciliarios de vacunación antigripal -que se vuelven fundamentales en estas circunstancias- y además son la primera barrera de contención del coronavirus. Tendrán la fundamental tarea de detectar a los vecinos con fiebre y derivarlos.
 
El problema es que también deben prestar los servicios básicos y pagar los sueldos: la fragilidad económica de buena parte de las administraciones municipales es la primera señal de advertencia para el esquema sanitario.
 
A la situación que desnuda el endeudamiento se suman las dificultades extremas para recaudar que implica el cese de la actividad productiva y la millonaria asignación de recursos que suponen las medidas preventivas contra el coronavirus que están en ejecución: desde alojar en hoteles y alimentar a personas en situación de calle, a la dotación de nuevos espacios de atención para que el Covid-19 no obstruya la atención de todas las demás patologías, el refuerzo de tareas contra el dengue o el sostenimiento de colectivos casi vacíos en las calles de la provincia.
 
Son muchos los municipios del interior que carecen de prestadores privados suficientes de atención médica. La Provincia coordina todo el esquema, pero afronta sus propias y naturales restricciones presupuestarias. Unos y otros miran a la Nación a la espera de recursos extra, mientras analizan otras medidas de emergencia, que ya no incluyen subas de impuestos que posiblemente no se pagarán.
 
Los dineros nacionales han mermado, aunque estarían girando los que les corresponden a la provincia, y la recaudación está disminuyendo porque se sigue paralizando la actividad económica. La situación es bastante complicada para el Gobierno que soporta un déficit financiero, más que económico.
 
Tienen que conseguir recursos a como dé lugar, ya que deben atender el monto salarial de marzo y que le exige contar con $ 900 millones extras, además de los fondos que están necesitando para atender todas sus cuentas. Este aspecto tiene más preocupado al gobernador que el coronavirus, en esto días.
 
En suma, los gobiernos provinciales estiman que la Nación tendrá que salir indefectiblemente en auxilio a través de la emisión de dinero porque las recaudaciones se les están cayendo, porque la alternativa -que rechazan algunas gestiones- es la emisión de las polémicas cuasimonedas o bonos. Quién no recuerda los bonos federales, en la gestión de Sergio Montiel. Y es retroceder en el tiempo. El futuro no es nada halagüeño entre la pandemia y una posible asfixia económica.
 

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El frente social, tan complicado como el sanitario
 
Muchas cosas se desarrollan detrás de la cuarentena por el coronavirus, como el conflicto que mantiene el Gobierno provincial con la combativa AGMER, la única organización estatal que persiste y que expone en la calle sus diferencias con el Gobierno; el resto se llamó a silencio tras algún primer pataleo por la no convocatoria a las paritarias para el personal de la administración pública.
 
El sector privado, mientras tanto, asiste al remate de dos años de recesión con una paralización casi total. Son alarmantes las perspectivas de cierres de comercios y de nuevos desempleados, mientras que casi el 40 por ciento de la población, que vive en la informalidad, no tiene protección alguna contra la abrupta caída de ingresos.
 
Ese cóctel es el que enciende alertas sociales tan preocupantes como las sanitarias. Las posibilidades de intervención de la Provincia y de los municipios ante esa realidad son muy limitadas, y la Nación anunció un impreciso plan de auxilio por millones de pesos, que se solventará con emisión extra y promete créditos hipotecarios y obras públicas a futuro, pero deja en el bolsillo de la población más pobre apenas tres mil pesos adicionales. Apenas un refuerzo alimentario. Abril es un enorme interrogante en este frente (se habla del anuncio de 10.000 pesos para montributistas y trabajadores informales)
 

Gobierno provincial en modo gestión de crisis
 
En modo gestión de crisis
 
Al gabinete de crisis de la Provincia le preocupaba que algunos jefes comunales parecerían no haber tomado conciencia hasta ese día la gravedad de la situación, de impulsar medidas aferradas a las instrucciones nacionales, y ocuparse también en los aislamientos.
 
En tiempo del coronavirus, el 911 quedó atestado por consultas médicas pero, poco a poco, se generalizaron las acusaciones vecinales. La central recibió varios cientos de llamadas, casi la mitad fueron para informar a quienes regresaron del exterior y, presuntamente, no estaban aislados. Desbordada y única, esa fuente siempre fue y es riesgosa.
 
En otro marco, desde el viernes se concretaron decenas de detenciones, originada en vecinos reacios a cumplir con la obligación social dispuesta por Nación. Vemos que, para gran parte de nuestra sociedad, violar las reglas es la normalidad. Pero ¿podría ser de otra forma en una sociedad como la argentina, arrasada por un individualismo creciente y por tres experiencias neoliberales, la última de ellas concluida hace pocos meses?
 
¿Qué había detrás de los aplausos de Cambiemos hacia el híper individualismo y la meritocracia, sino la construcción de una épica del sálvese quien pueda? El inconveniente es que no hay espacio para el individualismo, la irresponsabilidad ni la negligencia.
 
En medio de toda esa incertidumbre, la única certeza que compartían todos en la Provincia es que el coronavirus reseteó la Provincia, y que todo cambiará. Desde el abordaje de las cuestiones de gobierno, como el presupuesto, la negociación por la deuda y el reparto de fondos hasta el vínculo político con la oposición.
 
Son días de una calma política impensada en la Provincia. La realidad hace que resulte muy difícil ensayar alguna crítica a la gestión para enfrentar al coronavirus y cuidar a la sociedad. Prácticamente nadie se anima a cuestionar: ni los que ahora son oposición ni los que gobiernan y a veces se ven tentados a marcar alguna cuestión de la herencia macrista, en esta coyuntura en cuestiones de salud pública. El avance devastador de la peste tiende a que se fortalezcan los gobernantes y que se los cuestione poco.
 
Los opositores, al decir de un habitante del palacio gubernamental, se comportan como verdaderos caballeros. La desconfianza quedará cuando se reanude la actividad una vez superada la actual crisis. Salvo que ésta se prolongue mucho y el tiempo termine limando las actuales asperezas. La gran apuesta del gobierno provincial es conseguir que Entre Ríos no resulte fácilmente vulnerable ante los embates del virus.
 
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El gobernador Gustavo Bordet concurrió este lunes junto a la vicegobernadora, Laura Stratta, a la Sala de Situación Virtual del Ministerio de Salud donde se concentra la información sanitaria, en este caso con prioridad en el Covid 19. Dijo que se trabaja para la siguiente fase del coronavirus.
Gobierno provincial en modo gestión de crisis
La primera jornada del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en Entre Ríos tuvo dos caras: por un lado el respeto hacia la medida, de un sector de la población que se quedó en sus casas y no salió; y por otro de quienes irresponsablemente circularon sin sentido por las calles, algunos de los cuales fueron detenidos.
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