con el fin de callar su ministerio. La Iglesia católica lo venera como santo y algunos de sus fieles se refieren a él como san Romero de América.
 
Como arzobispo, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó en público su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país.​ Su asesinato provocó la protesta internacional en demanda del respeto a los derechos humanos en El Salvador.
 
Dentro de la Iglesia católica se consideró un obispo que defendía la «opción preferencial por los pobres». En una de sus homilías, afirmó: «La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres, así la Iglesia encuentra su salvación» (11 de noviembre de 1977). Sus acciones son admiradas por los seguidores de la teología de la liberación.
 
Fue asesinado mientras celebraba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador desde un auto con capota de color rojo impactó en su corazón momentos antes de la consagración. Tenía 62 años.
 
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Internacionales - 23-03-2020 / 18:03
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Monseñor Óscar Romero, mártir de El Salvador y voz de los sin voz

Monseñor Óscar Romero, mártir de El Salvador y voz de los sin voz
El 24 de marzo de 1980, en San Salvador, es asesinado Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, conocido como monseñor Romero. Fue un sacerdote católico salvadoreño y el cuarto arzobispo metropolitano de San Salvador, célebre por su prédica en defensa de los derechos humanos y por haber sido asesinado durante la celebración de la misa en la capilla del hospital Divina Providencia.
El 24 de marzo de 1980, en San Salvador, es asesinado Óscar Arnulfo Romero y Galdámez, conocido como monseñor Romero. Fue un sacerdote católico salvadoreño y el cuarto arzobispo metropolitano de San Salvador, célebre por su prédica en defensa de los derechos humanos y por haber sido asesinado durante la celebración de la misa en la capilla del hospital Divina Providencia.
 
La orden de su asesinato la dictó Roberto D'Aubuisson con el fin de callar su ministerio. La Iglesia católica lo venera como santo y algunos de sus fieles se refieren a él como san Romero de América.
 
Como arzobispo, denunció en sus homilías dominicales numerosas violaciones de los derechos humanos y manifestó en público su solidaridad hacia las víctimas de la violencia política de su país.​ Su asesinato provocó la protesta internacional en demanda del respeto a los derechos humanos en El Salvador.
 
Dentro de la Iglesia católica se consideró un obispo que defendía la «opción preferencial por los pobres». En una de sus homilías, afirmó: «La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres, así la Iglesia encuentra su salvación» (11 de noviembre de 1977). Sus acciones son admiradas por los seguidores de la teología de la liberación.
 
Fue asesinado mientras celebraba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador desde un auto con capota de color rojo impactó en su corazón momentos antes de la consagración. Tenía 62 años.
 
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Romero fue elegido Secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador y luego en el Secretariado Episcopal de América Central. El 25 de abril de 1970 fue nombrado Obispo Auxiliar de San Salvador.
 
En esta sede empezó a acercarse a la difícil situación política del país, donde gobernaba el Ejército.
 
Mons. Óscar Arnulfo Romero fue nombrado Arzobispo de San Salvador por el Papa Pablo VI el 8 de febrero de 1977. Desde ese momento inició su defensa de los derechos humanos en medio de una naciente guerra civil entre la guerrilla de izquierda y el gobierno de extrema derecha.
 
La persecución, que incluían expulsiones y asesinatos contra sacerdotes y laicos, le llevó a enfrentarse abiertamente con la dictadura, a la que responsabilizó de las muertes. Con sus acciones obtuvo un importante prestigio a nivel internacional.
 
En sus homilías en la catedral y en sus frecuentes visitas a las poblaciones, Mons. Romero no se cansó de denunciar y condenar repetidamente los violentos ataques contra la Iglesia y los salvadoreños.
 
Esto hizo que fuera blanco de una agobiante campaña en su contra por parte de los sectores poderosos del país, del gobierno y de las organizaciones político-militares de izquierda. En los diarios recibió calumnias, insultos y amenazas de todo tipo. Varios de sus amigos sacerdotes fueron asesinados durante ese tiempo.
 
Incluso obispos y sacerdotes buscaron manchar su nombre, calumniándolo ante las autoridades de Roma. A pesar de ello, Mons. Romero recibió el apoyo del Papa Pablo VI.
 
Posteriormente también el Papa Juan Pablo II respaldó su posición y le animó a continuar por la senda de la justicia y la pacificación de El Salvador.
 
El lunes 24 de marzo de 1980, por la mañana, Romero estuvo en un retiro organizado por el Opus Dei, un encuentro mensual de amigos sacerdotes dirigidos por monseñor Fernando Sáenz Lacalle. En ese día reflexionaron sobre el sacerdocio.
 
Por la tarde del mismo día, aproximadamente a las 6:30pm, fue asesinado mientras celebraba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador desde un auto con capota de color rojo impactó en su corazón momentos antes de la consagración. Tenía 62 años.
 
El 24 de marzo de 1990 se dio inicio a la causa de canonización de monseñor Romero. En 1994 se presentó de modo formal la solicitud para su canonización a su sucesor Arturo Rivera y Damas. A partir de ese proceso, monseñor Romero recibió el título de Siervo de Dios.
 
El 3 de febrero de 2015 fue reconocido como mártir «por odio a la fe» por parte de la Iglesia católica, al ser aprobado por el papa Francisco el decreto de martirio correspondiente y promulgado por la Congregación para las Causas de los Santos.
 
Por eso mismo, en consonancia con los procesos debidos según los estipula la misma Iglesia católica, el 23 de mayo de 2015 fue beatificado en la plaza Salvador del Mundo. Poco más de tres años más tarde, el 14 de octubre de 2018 fue canonizado por el papa Francisco en la plaza de San Pedro en Roma.
 
Óscar Romero goza de las siguientes particularidades: Se trata del primer salvadoreño en ser elevado a los altares; el primer arzobispo mártir de América;​ el primero en ser declarado mártir ulterior al Concilio Vaticano II;​ el primer santo nativo de Centroamérica,​ ya que, si bien es cierto el santo hermano Pedro de San José de Betancur realizó toda su obra por la que fue canonizado en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala y, por tanto, también un santo centroamericano, sus orígenes se encuentran en Tenerife, España.
 
​Además, la santificación por parte de la Iglesia católica no es la primera que ha recibido, puesto que la Iglesia anglicana ya lo había incluido en su santoral oficial, ​ así como la Iglesia luterana también ya lo había incluido en su calendario litúrgico.
 
Fuera de la Iglesia católica, Romero es honrado por otras denominaciones religiosas de la cristiandad,​ incluyendo a la Comunión anglicana y el luteranismo, como ya se había mencionado antes.
 
En la comunión anglicana, es uno de los diez mártires del siglo XX representados en las estatuas de la abadía de Westminster, en Londres. ​ Óscar Romero es admirado aún fuera del mundo cristiano, llegando, incluso, a ser valorado en los círculos irreligiosos.
 
En 1979 fue nominado al Premio Nobel de la Paz,​ a propuesta del Parlamento del Reino Unido.​ Sin embargo, la laureada con este galardón ese año fue Teresa de Calcuta.
 
Fuente: Wikipedia

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