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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 21-03-2020 / 08:03
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El coronavirus desnuda las diferencias entre Alberto y Macri

El coronavirus desnuda las diferencias entre Alberto y Macri
Con las arcas vacías y el sistema de salud desfinanciado que dejó Macri, Alberto Fernández tiene que arreglárselas para impedir que la epidemia se descontrole como en Italia. Trump, Johnson y Bolsonaro subestimaron el brote de coronavirus y lo desatienden. Macri hubiera hecho lo mismo, como hizo con el dengue.
El gobierno de Alberto Fernández debe afrontar la epidemia después de cuatro años en los que un gobierno neoliberal desfinanció y empobreció el sistema de salud pública. Y además debe hacerlo con una economía que el gobierno anterior sumió en una crisis aguda.
 
El neoliberalismo no dice que el Estado reniega de todo. Es más, asegura que el Estado debe hacerse cargo de la salud y la educación pública, la seguridad y la defensa. Pero ese pensamiento se asienta en el individualismo más egoísta y mete esas funciones en esa matriz.
 
El neoliberalismo concibe a la salud y la educación como instrumentos para fragmentar la sociedad. Para el neoliberalismo, la calidad de la educación y de la salud que recibe cada quien tiene que estar en consonancia con su capacidad económica.
 
La salud y educación pública son para los "intocables" en esa sociedad de castas, los "cabecitas negras", el pueblo. Aparte habrá educación y salud privada mediocre para la clase media, mejores para la clase media alta y la clase alta se va a estudiar al exterior.
 
El Estado macrista redujo el 23 por ciento el presupuesto de salud, casi el 40 por ciento menos para educación y el de ciencia y técnica bajó un 43 por ciento.
 
Pero no puede haber salud pública sin encuadres en políticas más generales. La excelencia en la salud pública forma parte de una idea de país, no es solamente una cuestión técnica. Tiene una cara técnica y otra cara política que son inseparables. Una concepción elitista, como la de muchos profesionales de la medicina, es la negación de lo público.
 
Y esos médicos se podrán quejar del populismo, pero sin la inmensa obra de Ramón Carrillo, este país sería diferente. En su momento también lo quisieron desmerecer, dijeron que era un despilfarro, que era corrupto, el "relato" del populismo.
 
No hay salud pública sin un pensamiento político que la integre como un todo. Por lo menos esa fue la experiencia argentina con el peronismo. En Gran Bretaña fue el laborismo, en Uruguay el batllismo y en Cuba, el castrismo.
 
Con las arcas vacías y el sistema de salud desfinanciado que dejó el gobierno neoliberal de Mauricio Macri, Alberto tiene que arreglárselas para impedir que el brote de la epidemia se descontrole como en Italia, que está pagando las consecuencias de décadas de gobiernos neoliberales y abandono de la salud pública.
 
Donald Trump en Estados Unidos, Boris Johnson en Inglaterra y Jair Bolsonaro en Brasil, subestimaron el brote epidémico. Macri hubiera hecho lo mismo, como hicieron con el dengue. Alberto Fernández fue lo opuesto y tomó medidas rápidas, a un costo que implica un sacrificio grande para una economía en crisis. Es la diferencia con el neoliberalismo.

 
Panorama Político
 
El coronavirus desnuda las diferencias entre Alberto Fernández y Mauricio Macri
 
La dispersión del coronavirus en el mundo casi en simultáneo, sin diferencia de color de piel ni riqueza, sin respetar las fronteras de países ni continentes, hizo que por primera vez la humanidad tome conciencia palpable, indiscutible, de que forma parte de un solo destino.
 
El virus se convirtió en el síntoma de la globalización como fenómeno que cambió el significado de la vida de un planeta donde las distancias o los accidentes geográficos ya no separan a las personas.
 
Los argentinos en cuarentena, encerrados en sus casas, intercambian en tiempo real con personas del otro lado del Atlántico, también aislados en sus casas por el mismo motivo. Y asisten al desarrollo de la pandemia en China o en Rusia y comentan lo que pasa en sus barrios como si todos fueran barrios del mismo país o de la misma ciudad.
 
La globalización llegó para quedarse desde los años '90. Pero para la mayoría de los seres humanos no dejó de ser una abstracción sobre circulación de mercaderías y capitales o de la información. La maldición del virus es el síntoma de algo más grande.
 
En Estados Unidos temen el contagio que vendrá de Europa, aunque Trump reniegue de los chinos. Las fronteras se cierran como los compartimentos de un submarino y hacen más conscientes a los pasajeros de que todos viajan en el mismo submarino.
 
Eso más grande que se revela es que la globalización no solamente afecta la economía sino también la vida cotidiana de personas que nunca saldrán quizás de la ciudad que habitan.
 
Pero esta globalización, que trajo la peste que concientiza sobre la interdependencia entre personas y naciones, se instaló con los paradigmas del libre mercado que acentúan los términos desiguales del intercambio y profundizan la desigualdad entre las naciones y dentro de ellas. Va en contra de lo que se necesita para combatir las pestes y no solamente la del coronavirus.
 
El mundo se convirtió en un tremendo escenario de esa contradicción. Estados Unidos, la principal economía del planeta y sustento de la globalización, bloquea a la pequeña isla de Cuba que aparece como su opuesto.
 
Sin embargo, la gran potencia puede tener problemas con el virus porque tiene un sistema de salud carísimo que deja fuera a la mayoría. En cambio, la pequeña economía bloqueada desarrolló medicinas para atenuar el efecto de la pandemia y las ofrece de manera gratuita, al tiempo que envía brigadas voluntarias de médicos a países como Italia donde la epidemia se descontroló.
 
El escenario se repite en Argentina en otros términos. El gobierno de Alberto Fernández debe afrontar la epidemia después de cuatro años en los que un gobierno neoliberal desfinanció y empobreció el sistema de salud pública. Y además debe hacerlo con una economía que el gobierno anterior sumió en una crisis aguda.
 
El neoliberalismo no dice que el Estado reniega de todo. Es más, asegura que el Estado debe hacerse cargo de la salud y la educación pública, la seguridad y la defensa. Pero ese pensamiento se asienta en el individualismo más egoísta y mete esas funciones en esa matriz.
 
Por lo tanto, la defensa le interesa siempre que los ejércitos le sirvan para expandirse --en el caso de economías centrales--, o para la represión interna como fue durante la aplicación de la Doctrina de la Seguridad Nacional en la dictadura.
 
Si no puede reprimir no le interesa y desfinancia la Defensa, como hizo el macrismo. La expresión más clara de esa política fue el hundimiento del ARA San Juan cuando navegaba en condiciones precarias.
 
La seguridad le interesa porque usa a las fuerzas policiales, de gendarmería y prefectura, para la represión de la protesta social a la que visualiza como un atentado al derecho a la propiedad, que es la base angular de esa estructura ideológica. La única inversión fuerte del macrismo en alguno de esos cuatro rubros, fue para modernizar equipos para la represión.
 
Y concibe a la salud y la educación como instrumentos para fragmentar la sociedad. Para el neoliberalismo, la calidad de la educación y de la salud que recibe cada quien tiene que estar en consonancia con su capacidad económica.
 
La salud y educación pública son para los "intocables" en esa sociedad de castas, los "cabecitas", el pueblo. Aparte habrá educación y salud privada mediocre para la clase media, mejores para la clase media alta y la clase alta se va a estudiar al exterior.
 
El Estado macrista redujo el 23 por ciento el presupuesto de salud, casi el 40 por ciento menos para educación y el de ciencia y técnica bajó un 43,46 por ciento.
 
La ex gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal y el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, no quisieron construir más hospitales. Y algunos políticos porteños se han quejado porque los hospitales de la ciudad son desbordados por pacientes que vienen del conurbano.
 
Durante los gobiernos de Cristina Kirchner se construyeron trece hospitales, ocho de ellos en el Conurbano, que hubieran aliviado la asistencia en la Capital. Solamente faltaba el equipamiento. La gobernadora Vidal se negó a ponerlos en funcionamiento.
 
En la provincia de Buenos Aires hubo un brote de sarampión, con 80 casos declarados y faltantes de vacunas y al mismo tiempo se encontraron 162 mil dosis de vacunas que se habían vencido durante el macrismo porque las habían guardado sin respetar la cadena de frío.
 
El último hallazgo fueron equipos de cibersalud abandonados en un depósito del Correo, que habían sido adquiridos como parte de un programa para interconectar cerca de 400 centros de salud. Faltaba hacerlo con cien pero el macrismo abandonó los equipos que son del año 2014.
 
Con muy poco o casi ningún esfuerzo, la provincia tendría ocho nuevos hospitales, se podría haber completado la vacunación contra el sarampión para frenar el brote, y ahora estarían interconectados todos los centros de salud para colaborar contra el coronavirus.
 
El jueves hubo un aplauso generalizado a los trabajadores de la salud en todas las ciudades del país. Resultó impresionante en algunos barrios. El aplauso representó la prioridad que le asigna ahora la sociedad a la salud pública, a la que no se vincula con otras prioridades. Algunos, entre ellos muchos médicos que tienen una concepción elitista de su profesión, incluso la separan.
 
Pero no puede haber salud pública sin encuadres en políticas más generales. Muchos de esos médicos que trabajan en la salud pública votan políticas que son enemigas de la salud pública. La excelencia en la salud pública forma parte de una idea de país, no es solamente una cuestión técnica. Tiene una cara técnica y otra cara política que son inseparables. Una concepción elitista, como la de muchos profesionales de la medicina, es la negación de lo público.
 
Y esos médicos se podrán quejar del populismo, pero sin la inmensa obra de Ramón Carrillo, este país sería diferente. En su momento también lo quisieron desmerecer, dijeron que era un despilfarro, que era corrupto, el "relato" del populismo. No hay salud pública sin un pensamiento político que la integre como un todo. Por lo menos esa fue la experiencia argentina con el peronismo. En Gran Bretaña fue el laborismo, en Uruguay el batllismo y en Cuba, el comunismo.
 
Con las arcas vacías y el sistema de salud desfinanciado que dejó el gobierno neoliberal de Mauricio Macri, Alberto Fernández tiene que arreglárselas para impedir que el brote de la epidemia se descontrole como en Italia, que está pagando las consecuencias de décadas de gobiernos neoliberales y abandono de la salud pública.
 
Donald Trump en Estados Unidos, Boris Johnson en Inglaterra y Jair Bolsonaro en Brasil, subestimaron el brote epidémico. Macri hubiera hecho lo mismo, como hicieron con el dengue. Alberto Fernández fue lo opuesto y tomó medidas rápidas, a un costo que implica un sacrificio grande para una economía en crisis. Es la diferencia con el neoliberalismo.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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22-02-2026 / 09:02
Todavía falta para que el desastroso gobierno de Javier "el Loco" Milei haga todo el daño que su restauración conservadora pretende. Ni siquiera se ha llegado a la mitad del camino. La reforma laboral que sancionó la Cámara de Diputados esta semana y que volverá a debatirse en el Senado es un punto central, pero todavía falta.
 
Hay un encadenamiento en la demolición. Se van derribando uno por uno los pilares civilizatorios de la sociedad argentina y la justificación para hacerlo se repite en todos los casos. Las universidades públicas, se argumentó en su momento, se financian con el IVA que pagan los sectores populares al comprar un kilo de pan. Y a estudiar asisten sectores de clase media. El razonamiento es que los pobres financian a sectores más pudientes. Entonces hay desfinanciar las universidades. Para el INCA, motor de la industria del cine nacional, se utilizó un argumento similar.
 
Luego llegó el turno de los industriales. El sector textil está siendo arrasado por el combo de la política económica de Milei, dólar barato en base al endeudamiento, aumento de los servicios públicos, apertura de las importaciones. Es la tormenta perfecta. Ya se sabe. Ya se hizo. Ya fracasó. El argumento para justificar la situación crítica del sector es que no se puede sacrificar a 50 millones de argentinos a comprar ropa más cara para sostener una industria en la que trabajan 500 mil personas. Lo dijo, entre otros fundamentalistas del neoliberalismo, el economista Miguel Boggiano.
 
En los próximos días se aplicará la misma excusa para el sector del neumático, la industria automotriz, la del calzado, y la lista sigue. La pregunta es: ¿dónde van a trabajar los argentinos? Si el razonamiento es que se está defendiendo a los consumidores, ¿cómo van a consumir los que pierden el empleo? Es tan obvio que parece absurdo decirlo. Pero la argentina mileísta tiene una buena dosis de delirio así que hay que explicar lo obvio. Quieren destruir la clase media y latinoamericanizar la Argentina. 
 
Un breve desvío del tema: es habitual que entre los fundamentalistas del supuesto libre mercado haya muchos nenes de papás que fueron funcionarios de los lugares más privilegiados del sector público. En el caso de Boggiano su padre fue ministro de la Corte Suprema, el lugar más selecto de la casta estatal. Puede agregarse el ejemplo del exmarido de la modelo Pampita, Roberto García Moritán. Su padre tiene el mismo nombre y tuvo una larga carrera como diplomático. Fue embajador en Suiza hasta 1987. Se ve que es fácil jugar al neoliberalismo habiendo crecido en una casa donde papá recibía en su cuenta un sueldo de miles de dólares todos los meses pagado por los contribuyentes.
 
Volviendo al tema, todavía falta para que Milei alcance sus objetivos de destrucción, si se toma en cuenta los modelos de país que sus funcionarios tienen como ejemplo. El actual presidente del Banco Central, Santiago Bausili, dijo en el streaming Carajo que su modelo era Perú. El ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, estaba sentado al lado de Bausili y asentía con risa cómplice.
 
Perú tiene 70,1% de trabajadores informales según las últimas estadísticas del INEI (el INDEC peruano). La Argentina tiene 43%. Creció desde que asumió Milei. Todavía faltan 27 puntos para llegar a la meta, unos 4 millones de trabajadores más deben pasar a la informalidad. Desde el punto de vista político la situación de Perú es caótica. Del 2016 a febrero de 2026 hubo 9 presidentes. Al último, José Jerí, lo removieron del cargo el martes de la semana pasada.
 
¿Qué es lo bueno? Desde la óptica clásica de la derecha argentina lo positivo es que la economía está centrada en los productos de exportación, principalmente la minería, que no hay desarrollo industrial y por lo tanto no hay sindicalismo que pueda generar una puja distributiva potente. Además, se cumplen las instrucciones del sistema financiero internacional. ¿Podría Perú disminuir ese 70% de informalidad? Con ese modelo parece imposible. Lo están aplicando los últimos 30 años y los resultados están a la vista.
 
Por Demián Verduga
 

21-02-2026 / 10:02
Mundo desequilibrado. Discuten el futuro de Palestina para convertirla en una Miami del Medio Oriente, pero no consultan a los palestinos. En Argentina, el gobierno de Javier "el Loco" Milei organiza el trabajo como una Disneylandia para empresarios, y no consulta a los trabajadores. A diferente escala, porque en el primer caso se oculta un genocidio. Pero los argentinos trajinan sus propias tragedias con el cierre brutal de empresas y miles de trabajadores lanzados a la calle.
 
El jueves, cuando en Buenos Aires Diputados aprobaba la reforma laboral, en el marco de un paro nacional muy masivo, en Washington el cipayo Milei, se deshacía en elogios al mandatario estadounidense Donald Trump, que se autoproclamó presidente vitalicio del Consejo de la Paz. Trump habló de sus proyectos inmobiliarios de pacificación en Gaza, sin hablar de desmilitarizarla primero, al mismo tiempo que amenazaba, pacíficamente, con bombardear a Irán.
 
En este Occidente en decadencia y tan desigual y desequilibrado suceden cosas insólitas. En medio de su relajado discurso, en el que insistió que "no me interesa el premio Nobel de la Paz, me importa salvar vidas, que quede claro", Trump detuvo su alocución para piropear al presidente paraguayo, Santiago Peña: "un joven hermoso y apuesto, pero a mí no me gustan los hombres jóvenes y apuestos, a mí me gustan las mujeres".
 
Al Consejo de la Paz se unieron 27 países, aunque a la reunión del jueves asistieron también representantes de la mayoría de los latinoamericanos y europeos, que prefirieron mantenerse en calidad de observadores.
 
El martes, cuando Milei abandonó el país, la empresa FATE anunció que cerraba las puertas de su fábrica de neumáticos y dejaba en la calle a 920 obreros. La mayoría de ellos tenía varias décadas de antigüedad en una empresa que se fundó hace 80 años y ha exportado neumáticos a Estados Unidos y Europa, pero no pudo resistir la apertura de las importaciones.
 
La destrucción de la Argentina productiva avanzó a velocidad de la luz con Milei. Primero fue la industria textil, después la de electrodomésticos, y ahora tocó el turno a industrias más consolidadas, como Techint de Paolo Rocca, o Fate de los Madanes.
 
Techint se trasnacionalizó, pero el sesgo progresista distinguió el crecimiento de Fate, con Aluar. El ministro de Economía de Perón, José Ber Gelbard fue socio de los Madanes en Aluar, cuando la empresa acogió a científicos que habían sido expulsados de Ciencias Exactas e Ingeniería por la dictadura de Onganía, como Manuel Sadovsky, Carlos Varsavsky y el ingeniero Humberto Ciancaglini.
 
En ese momento los titulares de la empresa eran Adolfo y Manuel Madanes, quien impulsó la participación de Gelbard y después las de Sadovsky y Varsavsky. Adolfo se resistía a las implicancias políticas que tenía el proyecto de su hermano. El actual dueño, Javier Madanes, es hijo de Adolfo y sobrino de Manuel.
 
Desde la gerencia de Investigación y Desarrollo impulsada por Sadovsky y Varsavsky se crearon mecanismos propios para la producción de aluminio, y se convocó a un grupo de ingenieros que décadas más tarde formaría parte del que fue el emprendimiento privado más estratégico de innovación tecnológica.
 

20-02-2026 / 10:02
La bronca desde abajo le impuso a la CGT el paro nacional. Fue contundente a pesar de los límites de la conducción y mostró que la reforma laboral esclavista de Javier "el Loco" Milei es socialmente ilegítima. Casi ningún colectivo, nada de trenes, nada de industria, el centro de la ciudad vacía, muchos comercios cerrados y en el conurbano la misma inactividad. La convocatoria al paro lanzada por la CGT y las dos CTA y militada por el Frente de Sindicatos Unidos tuvo un enorme respaldo. Pasada la medianoche se aprobó en Diputados con modificaciones. Ahora vuele al Senado.
 
El movimiento obrero no tiene la fuerza de los años del capitalismo industrial o de la sustitución de importaciones. Sin embargo, el acatamiento al paro fue de una masividad que debería llamar a la reflexión al Gobierno y a los miserables diputados que votaron la reforma laboral. Más que el movimiento obrero, el paro fue representativo de la mayoría de la sociedad. Hay rechazo al despojo de reivindicaciones históricas. Pero muchos de los que acataron el paro conocen poco la letra completa del proyecto de ley, pero interpretaron y rechazaron el sustrato de desprecio y discriminación a los trabajadores que conlleva la propuesta.
 
La carga de desprecio, el volumen de humillación y maltrato que sobrevuelan a toda la norma consolida la idea que quieren instalar de un país con ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda. El personaje profundamente mediocre y ofensivo de Federico Sturzenegger expresa un fanatismo tan vulgar, tan gris, que no alcanza a percibir el rechazo profundo que produjo en la mayoría de la sociedad. El economista que fracasó en los gobiernos de Fernando de la Rúa y de Mauricio Macri ha sido la cara visible de esta propuesta y al que todos acusan de haber intercalado la miserable iniciativa de pagarles la mitad del salario a los trabajadores enfermos.
 
Hay una narrativa antiderechos, antipolítica y antisindical que se construyó sobre defectos que existen pero que son excepcionales si se los compara con los beneficios, a los que esa narrativa desprecia o, al menos no valora. Todo lo que sea derechos constituye un robo. Los discapacitados mienten su discapacidad, los trabajadores mienten cuando dicen que están enfermos, los trabajadores nunca van a la universidad, los científicos son diletantes, la política y el sindicalismo solo sirven para robar.
 
Pero se les fue la mano y tuvieron que retirar la monstruosidad de pagarle la mitad a un trabajador enfermo. Eso no ocurría ni con los esclavos. Esa burrada es Sturzenegger puro. Esa narrativa tomó cuerpo en un sector de la sociedad y mucha gente votó esta gestión. Pero cuando empiezan a sacar derechos y obligaciones que buscaban asegurar a todos los ciudadanos como sujetos de derecho, la mayoría se siente afectada, incluso muchos de los que votaron al Loco Milei. Puede ser que haya otra explicación para este paro contundente, pero sería importante que el masivo acatamiento a esta convocatoria sirva para la reflexión de muchos de los diputados y senadores que aprueban esta norma que los marcará a fuego.
 
Pero toda la norma está concebida desde ese lugar donde se considera al trabajador poco menos que como un estafador con el que los autores de la norma están obligados a convivir. Por eso, los radicales, los gobernadores traidores de Catamarca, Tucumán y Salta, que se dicen peronistas, y los diputados misioneros, todos ellos que colaboraron en habilitar esta ley, quedaron muy lejos de la expectativa de sus votantes. El punto crítico para este gobierno será cuando ese enorme porcentaje que rechaza estas políticas se convierta también en rechazo a los que las impulsan.
 
Para impedir que se apruebe hay que multiplicar fuerzas, peleando por imponer un verdadero paro activo de 36 horas, que garantice una movilización masiva para impedir el retroceso en protección laboral.
 
La Opinión Popular
 

18-02-2026 / 10:02
Comenzó la reforma laboral y la empresa de neumáticos Fate resolvió el cierre definitivo de su planta en San Fernando tras 80 años. No hubo ninguna notificación ni aviso por parte de la empresa. La Policía ocupó la planta, demoró a Alejandro Crespo, secretario general del Sutna, e hirió con balas de goma a trabajadores, quienes ingresaron pacíficamente a la planta y desde ahí llaman a solidarizarse con su pelea contra el cierre. Los dueños culparon a la política de apertura de importaciones indiscriminadas del gobierno libertario de Javier "el Loco" Milei, que destruye cada vez más la industria nacional.
 
Con una cruda declaración pública que demuestra los daños del modelo económico del gobierno anarco capitalista en la producción nacional, la compañía propiedad de la familia Madanes Quintanilla aclaró que el anuncio no se trata de un concurso preventivo de acreedores y descartó una reestructuración o un plan de salvataje. Se trata del cierre total con liquidación de activos y pago de indemnizaciones conforme a la ley vigente. "Se liquida todo y se baja la persiana", sentenciaron.
  
En un comunicado, la firma dejó claro que la principal consecuencia de la decisión que deja en la calle a casi mil familias se debe a la política de apertura de importaciones impulsada por la administración de La Libertad Avanza (LLA). Fate estaba produciendo 150 mil neumáticos mensuales, el 25 por ciento de su capacidad. Hoy, el 75 por ciento de las ruedas del mercado son chinas. Los otros grandes jugadores del sector, Pirelli y Bridgestone, enfrentan situaciones similares.
 
"Los cambios en las condiciones de mercado nos obligan a encarar los desafíos futuros desde un enfoque diferente, sin dejar de valorar la vocación industrial que nos ha definido siempre", dice el comunicado emitido a primeras horas de hoy por FATE. "Las indemnizaciones de ley y haberes pendientes se depositarán dentro del plazo legal", aseguró el texto.
  
La planta de San Fernando es una de las más grandes del país y tenía una capacidad productiva que superó los 5 millones de neumáticos por año. Sin embargo, esa eficiencia se vio sacudida por el ingreso de 860.000 cubiertas de origen chino importadas en un solo mes. La imposibilidad de competir con los precios obligó a Fate a rebajar sus productos y, consecuentemente, a dejar por el piso sus márgenes de ganancia.
 
Su cierre se trata de un evento anunciado. Desde 2024, la empresa había advertido sobre los golpes en su competitividad producto de la apertura económica indiscriminada que afecta la producción nacional. Durante los últimos dos años, la crisis comercial y productiva que hundió a la empresa fue erosionando la relación con los empleados, que a través de la representación gremial reclamó permanentemente sobre los daños al costo laboral, sueldos atrasados y reducción de jornadas de trabajo.
 
En su declaración, la compañía recordó que "a lo largo de más de ocho décadas Fate construyó un liderazgo industrial sustentado en la inversión permanente, el desarrollo tecnológico de avanzada y un compromiso inquebrantable con la calidad".
 
"Fuimos la primera empresa en abastecer neumáticos radiales a la plataforma automotriz local y el único productor nacional de neumáticos radiales para transporte, consolidando además una fuerte presencia exportadora en mercados como Europa, Estados Unidos y América Latina", destacó. Milei los liquidó.
 
La Opinión Popular
 

17-02-2026 / 10:02
El ministro de Economía, el endeudador serial Luis "Toto" Caputo, salió este domingo a interpelar públicamente al empresariado por la falta de respaldo explícito a la reforma laboral retrograda y esclavista impulsada por el Gobierno anarco capitalista. A través de un mensaje directo en redes sociales, el funcionario expresó su "asombro" ante lo que consideró una reacción tibia -o directamente nula- de las cámaras empresarias frente a los beneficios fiscales incluidos en el proyecto.
 
El reclamo de Caputo se produjo en un momento de alta tensión política y sindical, con la Confederación General del Trabajo convocando a un paro en rechazo al proyecto, que ya cuenta con media sanción del Senado y aguarda su tratamiento en la Cámara de Diputados. En ese contexto, el ministro buscó correr el foco del conflicto y presionar al sector privado para que se pronuncie en favor de una reforma que el Ejecutivo presenta como anti trabajadores.
 
El eje del planteo oficial es el Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral (RIFL) y el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), dos herramientas que apuntan a reducir significativamente el costo laboral. La reforma permitiría bajar las contribuciones patronales por cada nuevo trabajador desde el 27 actual al 15 por ciento durante un período de 48 meses. En términos más amplios, la cuña laboral promedio se reduciría del 44 al 32 por ciento del salario bruto.
 
Pese a estos números, Caputo se mostró molesto por la falta de entusiasmo empresario. "Les bajamos un 85 por ciento las cargas patronales para los nuevos empleos y no se habla del tema. Ninguna cámara festeja, nada. ¡No salgo de mi asombro!", escribió en la red social X.
 
Sin embargo, el silencio por parte del empresariado expone una incomodidad que el Gobierno subestima. Voces del sector privado reconocen que la baja de cargas es un incentivo relevante, pero advierten que persisten dudas sobre la implementación del nuevo esquema, la estabilidad macroeconómica y la falta de políticas complementarias para reactivar la producción y el crédito. En sectores industriales, incluso, señalan que la reducción de costos laborales no alcanza si no hay demanda ni financiamiento.
 
Mientras el Gobierno ultra derechista exhibe el recorte de cargas patronales como una concesión histórica al empresariado, las principales cámaras evitan celebrarlo abiertamente, atrapadas entre el conflicto sindical, la incertidumbre económica y un modelo laboral que todavía genera más interrogantes que certezas.
 
Muchos empresarios están sensibilizados por los juicios laborales, pero hay que tener cuidado con la degradación de los derechos de los trabajadores, afecta la masa salarial, reduce el poder adquisitivo y por lo tanto achica aún más el mercado interno, con lo que a las Pymes les pega de lleno.
 
Los empresarios ni fu ni fa con la medida. En tanto, la CGT resolvió realizar un paro nacional para este jueves o el día en que se trate el proyecto oficial que destruye los derechos laborales de los trabajadores. El Gobierno libertario quiere que la Cámara de Diputados lo transforme urgente en ley, aunque si le hacen cambios volvería al Senado. La masividad de la medida está asegurada porque ya se sumaron los decisivos gremios del transporte.
 
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