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“El contagio va a ocurrir, pero si nos quedamos en casa va a ser más lento”. Alberto Fernández
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Nacionales - 15-03-2020 / 11:03
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Impacto del coronavirus: Toda pandemia es política

Impacto del coronavirus: Toda pandemia es política
La movilización del 24 M y el turismo receptivo pueden discontinuarse. No así el manejo de la economía, los servicios públicos esenciales, las tratativas por la deuda externa. Los bonos tendrán que pagarse o aplazarse o defaultearse cuando venzan sin que el coronavirus intervenga para dilatar vencimientos o enternecer a los acreedores.
La movilización del 24 M y el turismo receptivo pueden discontinuarse. No así el manejo de la economía, los servicios públicos esenciales, las tratativas por la deuda externa. Los bonos tendrán que pagarse o aplazarse o defaultearse cuando venzan sin que el coronavirus intervenga para dilatar vencimientos o enternecer a los acreedores.
 
Los gobernantes de todo el planeta disponen medidas que dan cuenta de la gravedad de la situación. Se cancelan la crema del transporte aéreo internacional, espectáculos artísticos o deportivos, reuniones masivas de cualquier especie. Se cercan ciudades o regiones. Las movidas alteran la cotidianeidad, los consumos culturales o el ocio de la gente común. Se atranca la economía, cae a pique el turismo, el deporte de alta competición tropieza en la volteada. El contorno agobia por recesivo y deprimente.
 
La Organización Mundial de la Salud (OMS) es, casi, el único organismo internacional aceptado como referencia y autoridad. El desprestigiado sistema político supranacional confirma su fama previa. Sus referentes callan, nadie los requiere... no existen.
 
Se cierran fronteras, a contrapelo de la tendencia epocal. Los Estados nacionales y sus gobernantes recobran protagonismo, tal vez compelidos, sorprendidos o a disgusto. Dicho con licencia poética, son las unidades de ejecución posibles. Los sistemas sanitarios todavía se vertebran en cada país.
 
Sus mandatarios integran una de las peores camadas de los últimos dos siglos: mayormente derechosos, primitivos, tacticistas, manipuladores, violentos. Muchos de legitimidad volátil en los años recientes. Pero son lo que hay. Resuelven contrarreloj quién sabe si anticipando un agravamiento exponencial o sobreactuando para complacer al pánico ciudadano.
 
En Estados Unidos se ocultó información sensible hasta que el presidente Donald Trump la escupió a su manera: brutal y agresiva. Decisionista también; los popes de la Unión Europea despotrican porque la Casa Blanca desconectó el tráfico aéreo de un saque, sin consultar. Se les podría   no hay acciones coordinadas entre los propios países integrantes de la UE.
 
Después del "lunes negro" se dio por hecho que el precio del petróleo no subiría más, que las acciones bursátiles rodarían cuesta abajo largo tiempo. La malaria se sostuvo pero los indicadores fluctuaron. Nadie suministra predicciones verosímiles ni siquiera a corto plazo.
 
Se ignora si los gobernantes de Rusia y Arabia Saudita recapacitarán, llegarán a un acuerdo o terminarán a las piñas en una esquina. La magnitud de la recesión mundial, las clausuras de fronteras, la perduración de las trabas al transporte aéreo... todas incógnitas. Se desconoce si en mayo Wall Street seguirá siendo el centro de las Bolsas mundiales o un potrero lleno de ovejas pastoreadas por homeless. Exageramos un poco, de momento.
 
Reclamarle a la Argentina un plan de crecimiento era discutible hace dos meses porque primero había que definir el volumen y los vencimientos de la deuda externa... etcétera. Ahora es un delirio, ningún país tiene una estrategia creíble. Pura táctica, con horizontes semanales en el mejor de los supuestos.

 
Lo que sigue rodando: En nuestras pampas se suspenden partidos de fútbol o se juegan sin público local. Se interrumpe la comunicación aérea con buena parte del centro del mundo. La Feria del Libro quedará para mejor oportunidad. La Marcha del 24 de marzo se suspende. Las restricciones, más allá de detalles opinables, se inscriben dentro de la lógica preventiva. Evitar aglomeraciones, focos potenciales de contagio aunque tratando de mantener un piso de normalidad en el día a día.
 
Toda aseveración es precaria. Mutaciones de escenario o del virus pueden desbaratarla en horas. Al cierre de este artículo, impresiona pensar las consecuencias de hipotéticas suspensiones de las clases. No solo por poder resultar contraproducente respecto del contagio, como explicó el ministro de Salud Ginés González García.
 
También porque el sistema educativo articula con la organización de las familias, con la dinámica de trabajo de jefas y jefes de hogar, con la alimentación de millones de criaturas. Sin escuela, cesando abruptamente esas rutinas y contenciones, los efectos se propagarían desde la vida doméstica hasta la producción, pasando por la nutrición de los pibes, solo para empezar.
 
El ejemplo ilustra: quien conduce el Estado debe hacerse cargo de la complejidad de las resoluciones todo el tiempo.
 
Diplomáticos argentinos quedan anclaos en Europa o Estados Unidos. Algún cachafaz macrista que se atornilló a su sillón en cualquier embajada seguirá medrando. Otros, como Sergio Chodos, director para el Cono Sur del Fondo Monetario Internacional (FMI), proyectaba retornar para intercambiar información con colegas de Economía y otros ministerios. Deberá activar el Skype.
 
El presidente Alberto Fernández pudo hacer la gira europea semanas atrás... ahora le sería imposible. El road show del ministro de Economía Martín Guzmán es impracticable. Conversaciones a distancia, presentación de la oferta, asambleas con los bonistas-acreedores en formatos fríos cuyo exclusivo encanto es ser factible.
 
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Mensajes y gritos: Mirando puertas adentro: es peliaguda la articulación de políticas en un sistema federal, minoritario en la experiencia comparada. Agregan complejidad la coexistencia de sistema de salud público, con las Obras Sociales, las prepagas y el PAMI que gravita lo suyo.
 
En esa maraña dificultosa, reconfortó el desempeño de funcionarios nacionales, porteños y especialistas en infectología. Trabajaron sincronizados, unificaron discurso, se prodigaron respeto mutuo, se esmeraron para lograr inteligibilidad e irradiar calma sin subestimar la inteligencia de la gente.
 
El discurso del presidente armonizó con dicha melodía coral; conciso, concreto, sin espamentos ni personalismo. Fernández acertó al escoger un formato sobrio, centrado en un tema y no el reportaje universalista, onda salpicón. Género adictivo para él y su equipo que los lleva a incurrir en variadas gaffes.
 
La furia y los gritos provinieron del periodismo in the pendiente. Comunicadores sacados, sin información en qué basarse, empecinados en meter miedo o cizaña. Maltrataron a científicos prestigiosos a quienes en otros trances ensalzan o endiosan. Como ocurrió con Juan Carr cuando se sumó a la campaña oficial contra el hambre, salvando distancias (no tremendas).
 
Sería prematuro aventurar resultados pero en gestualidad, las administraciones de distintos signos partidarios y los profesionales de mejor reputación dieron ejemplo. Uno hasta llegó a pensar en las famosas "políticas de Estado" que se alaban en teoría y se descalifican cuando se las tiene delante de las narices.
 
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Urgencia y necesidad: La vida continúa, la sociedad civil y el gobierno precisan que la inflación aminore y se revierta la caída de la economía. El índice de precios al consumidor de febrero y la persistencia del alza de los alimentos preocupan al oficialismo. La pertinente comparación con la catástrofe macrista no alcanza. Cada vez es más preciso que el Estado incida, persuada o imponga reglas a los formadores de precios.
 
En cuanto a la actividad, se insinúa una discusión en voz baja dentro de las filas oficiales. Aparecen, en buena hora, quienes creen que debe gastarse más y mejor, en particular en actividades mano de obra intensivas, dinamizadoras. Arquetípicamente la obra pública.
 
Una cultura exótica para el peronismo cunde en las filas oficiales: "no se puede gastar". En varias carteras, anche en Economía, se corrige: hay que gastar más, en pesos desde ya porque los dólares escasean y son para amarrocar. El plan Argentina Hace presentado por el ministro Gabriel Katopodis emitió una señal positiva, acaso de porte menor al necesario.
 
"Trabajamos con el Presupuesto 2019, por motivos válidos. Pero nace desvalorizado por el 54 por ciento de inflación. En verdad, ejecutarlo es, por definición, sub ejecutar respecto de las necesidades y aún de lo disponible" explica un joven Guzmán-boy, valga la redundancia.
 
La crisis empuja a mayor recesión pero también a un reverdecimiento del protagonismo estatal. Jamás llegará un revival del mercado internismo de los 60 o los 70 pero sí se vivirá más fronteras adentro, quiérase o no.
 
El equilibrio inicial imaginado por Guzmán entre medidas heterodoxas y prudencia fiscal entra en estado de asamblea. El mundo cambió, ya nada será igual.
 
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Lo urgente es importante: La distinción entre lo urgente y lo importante siempre pecó de pavota, al menos en un aspecto: lo urgente es siempre importante. Tanto que a veces se hace imposible apartarse (ni un cachito así). En estas horas, conseguir que un puñado de personas internalice que debe lavarse las manos varias veces al día urge más que especular sobre las crisis del capitalismo financiero en el siglo XXI. Tales disquisiciones quedan fuera del radar de la opinión pública aunque podrían ser el huevo de la serpiente. Hubo tres crisis financieras globales tremebundas desde el año 2000, dos desvinculadas de cualquier enfermedad o virus... queda para barajarlo en otro momento si uno no quiere quedarse hablando solo. Como mucho se le pueden dedicar cuatro líneas de esta nota y volver al núcleo. Ya se hizo.
 
De cualquier manera el Gobierno, así cometiera el error de quererlo, no puede transformar la agenda prioritaria en única. Señalemos lo obvio y luego vayamos por más. El viernes que viene, tercero del mes, deben depositarse los haberes de la tarjeta alimentaria. Una semana después, las jubilaciones y sueldos de estatales. Aunque se intime a muchas personas para que se recluyan hay otras que necesitan laburar más o volver a hacerlo. La gente común se agita o asusta por el coronavirus sin privarse de ir al supermercado y comer todos los días.
 
Para la sociedad tanto como para el Gobierno siempre es tiempo de todo, aunque la peste ocupe el centro de la escena. Con la democracia se debe curar, desde ya. El corona virus, el sarampión, el dengue, emergencias. Tanto como comer, educar, mantener viva la economía. En su medida y armoniosamente, captando las restricciones aunque sin permitirse respiro ni licencias. La deuda externa sigue su devenir, la deuda interna tiene que ser honrada a diario.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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