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Sociedad e Interés General - 13-02-2020 / 19:02
EFEMÉRIDES POPULARES

Juancito Gálvez: Un grande del automovilismo

Juancito Gálvez: Un grande del automovilismo
El 14 de febrero de 1916, en Buenos Aires, nace Juan Gálvez. Fue un piloto de carreras de Argentina, que en 13 años de automovilismo participó de 153 carreras, venciendo en 56 oportunidades. En 1980 la Fundación Konex le otorgó un Diploma al Mérito como uno de los 5 mejores automovilistas de la historia de Argentina.
El 14 de febrero de 1916, en Buenos Aires, nace Juan Gálvez. Fue un piloto de carreras de Argentina, hermano del también piloto Oscar Alfredo Gálvez. Empezaron a correr juntos en Turismo Carretera pero después compitieron en diferentes vehículos.
 
Gálvez hizo su debut en las 1000 Millas del Automóvil Club de Avellaneda el 14 de diciembre de 1941, finalizando como escolta del vencedor, Juan Manuel Fangio.
 
La primera victoria llegó el 22 de febrero de 1949, en la I Vuelta de Santa Fe. Ganó nueve campeonatos de Turismo Carretera: 1949, 1950, 1951, 1952, 1955, 1956, 1957, 1958 y 1960. Su última victoria fue en la IV Vuelta de Laboulaye (1962), a bordo de un Ford.
 
Falleció en la prueba de Olavarría de 1963 a los 47 años, en el que fue el único accidente de su carrera. En 13 años de automovilismo participó de 153 carreras, venciendo en 56 oportunidades. En 1980 la Fundación Konex le otorgó un Diploma al Mérito como uno de los 5 mejores automovilistas de la historia de Argentina.
 
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Cincuenta años sin un grande: Juan Gálvez
 
Es probable que la vorágine de las agendas colmadas y los abrumados calendarios saturados por compromisos que por estos tiempos marcan el ritmo de las confrontaciones hayan pasado por alto un detalle singular. La memoria es imprescindible para conocer aspectos de nuestra cultura. Porque el deporte también es cultura. Hay personalidades que trascienden la frontera de lo deportivo para instalarse definitivamente en ese sagrado sitio que los ubica el recuerdo popular, la emoción a flor de piel, la sensación que genera transportarse en el tiempo para volver a sentir aquel cosquilleo de otrora y ratificar que aquella sangre alborotada por el fervor vuelve a circular con la misma fuerza.
 
Hay fechas que signan épocas. Que marcan. Que capitulan. Y es deber recordarlas. Para conocer, para saber y para tomar conciencia de la enormidad de aquellos que forjaron disciplinas y que, a través de sus épicas conquistas, formaron parte de la vida cotidiana de la Argentina. Hoy se cumplen 50 años de la muerte del piloto más exitoso del Turismo Carretera: Juan Gálvez.
 
Los números lo ubican bien arriba. Con 9, nadie logró tantos títulos como él en la categoría que hoy ocupa un lugar en el Libro Guinness de los Récords por ser la más antigua del mundo entre las que están en actividad, con la imbatible marca de 56 victorias. No hubo ninguno como él. Ninguno.
 
La multitud acompañaba las atrapantes caravanas de raudos que aceleraban por una tierra polvorienta de una Nación que crecía. Aquel TC que competía en lugares donde la nada misma era protagonista y se adelantaba a Vialidad Nacional, que por entonces se proponía comunicar a un país aún desierto con caminos que, en algunos casos, las carreras habían delineado.
 
Ante la apasionada muchedumbre que lo seguía en cualquier punto del país con la actividad más federal, Juancito apenas levantaba la mano para agradecer ante las ovaciones. E inmediatamente su cabeza gacha, marcada por la timidez, y el gesto adusto buscaba un anonimato que era imposible de conseguir y la tranquilidad que tanto valoraba. La que creaba en su taller, el lugar donde, al igual que en las carreteras, era donde mejor se desempeñaba. "Yo no entiendo cómo puede Juan trabajar solo en el taller. Sin ruido, en silencio. Yo no puedo. Pero ojito, yo también sé todo lo que le hago al auto. Yo también hablo con el auto y lo entiendo a la perfección". Todo lo contrario a su hermano menor, Oscar, el otro grande, el de las grandes anécdotas, el de los gestos ampulosos, el de la sonrisa eterna, se refería a la personalidad que lo contrastaba.
 
Pero todos sabían que no había un preparador como Juan. Un grupo de periodistas le hizo la pregunta que todos se hacían cuando el TC era propiedad de Juan. ¿Cuál es el secreto para ganar? Con la serenidad acostumbrado, dijo: "Corriendo a la menor velocidad posible". Ante la sorpresa, explicó: "Esa velocidad la fijan mis rivales. Nunca trato de ganar por mucha diferencia. ¿Para qué voy a malgastar mi auto si no es necesario? Soy enemigo de derrochar lo que tanto me cuesta juntar. Armar un motor significa muchas horas de trabajo para mí en el taller. Mucho sacrificio."
 
Eran épocas en que las rivalidades deportivas se canalizaban por el River vs. Boca, Ford vs. Chevrolet, los Gálvez vs. Fangio. Nació el 14 de febrero de 1916 en Buenos Aires. Debutó en las Mil Millas del 13 de diciembre de 1941. En realidad, a los 22 años acompañó a Oscar en la misma competencia de 1937, con el seudónimo de "Cito". No era conveniente que los padres se enteraran del apego por la velocidad. "No pensaba en conducir. Como acompañante de Oscar estaba cómodo, pero teníamos el taller cerrado por mucho tiempo y los clientes se quejaban", comentó Juan. Los hermanos Gálvez fueron tapa de la revista El Gráfico en 30 ocasiones, de los más cotizados en la bolsa de la popularidad y de la jerarquización deportiva.
 
Uno de los libros que mejor relata la historia de la marca Ford, The Dust and the Glory. A Racing History (El polvo y la gloria. Una historia de competición), escrito por Leo Levine, le dedicó un capítulo a los hermanos Gálvez.
 
Tras recorrer el país y el continente con el épico derrotero a Caracas, Juan tenía una materia pendiente: ganar en Olavarría. Tierra de los legendarios hermanos Emiliozzi, a los 47 años buscó aquello que tanto se le negaba. Ajeno a los consejos que le indicaban que se retirara, Juan estaba obsesionado: "Posiblemente reforme un auto para hacerlo más aerodinámico". Intocable, indestructible, imbatible, Juan todo lo podía. Y allí fue.
 
Tras un sábado por la noche lluvioso, Olavarría amaneció aquel 3 de marzo de 1963 soleado y ventoso. Algunos creían que se suspendía, pero se largó sobre caminos mixtos, con asfalto y tierra, que se había transformado en barro. En la "S" del Camino de los Chilenos, el Ford dio 6 vuelcos. No llevaba puesto el cinturón de seguridad. Temía quedar atrapado si el fuego, común en aquellos tiempos, invadía el coche. Nadie manejaba como él en esas condiciones. "Cuidado con el barro, que es traicionero", recuerda Carlos Pairetti, que ese día largó en el sexto lugar, justo detrás de Juan. El país, incrédulo, no asimiló la noticia. Era imposible. "No lo puedo creer. De él no lo puedo creer", esbozó Alberto J. Armando, quien fue presidente de Boca, al enterarse de la tragedia.
 
Una multitud lo despidió en la Chacarita, donde sus restos descansan cerca de su hermano Juan, de Aníbal Troilo, Luis Sandrini, Alfonsina Storni, Agustín Magaldi, José Amalfitani. El mismo lugar donde hoy, como cada primer domingo de marzo, se junta la Agrupación Amigos de los Gálvez, para evocarlos. Como el Turismo Carretera, hoy en la Patagonia, también lo recordará.
 
Basta con recorrer la Argentina para apreciar cómo las ciudades, pequeñas o ya bien pobladas, recuerdan a quienes fueron sus grandes representantes, los que hicieron popular aquellos pueblos que apenas eran conocidos por sus habitantes. Buenos Aires es demasiado grande. Y quizá por ello se pierdan ciertos detalles. Como éste. Hoy se cumple medio siglo. Juancito se merece mucho más que el recuerdo de sus amigos y del Turismo Carretera. La gran ciudad aún está en deuda.
 
Por Roberto Berasategui 
 
Fuente: LA NACIÓN

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El 05 de agosto de 1964, en pleno gobierno del radical Arturo U. Illia y mientras se desarrollaban sucesivos "planes de lucha" por parte de la CGT, se reunió en Buenos Aires el plenario del Movimiento Revolucionario Peronista, en la sede sindical de Yatay 129. En primer lugar habló Eduardo J. Salvide, por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien dio lectura al Manifiesto Revolucionario.
 
Dicho Manifiesto señala, entre otros conceptos: "ante el brutal sojuzgamiento que sufre el país, ahogado por la presión de los intereses extranjerizantes y por el apoyo que le prestan los grupos oligárquicos nativos y frente a la defección de la burocracia conciliadora, que ha traicionado al Movimiento y a Perón, constituimos el MRP...adoptando para su quehacer una sola postura: la revolucionaria"...
 
"El Movimiento surge como una necesidad para suprimir definitivamente la explotación y la injusticia social; para reconquistar la soberanía nacional; para impulsar la unidad de los pueblos de América Latina, reivindicando las nacionalidades indoamericanas; para realizar en el plano universal la internacional de los pueblos inspirada por el General Perón, frente a la opresión imperialista y colonialista".
 
Se encuentran entre sus objetivos: "arrancar el poder a las clases privilegiadas que lo usurpan e implantar el estado revolucionario", así como "forjar la dirección del movimiento sobre la base del centralismo revolucionario"; "formar las fuerzas armadas populares" y trabajar para crear las condiciones para el regreso incondicional de Perón"...
 
Roberto Salar, Secretario General del Sindicato de Obreros Ceramistas, leyó luego el Decálogo Revolucionario, en el que se establecen, entre otros, como puntos programáticos del MRP:
 
-nacionalización de todos los sectores claves de la economía
-reforma agraria
-confiscación de los grupos monopólicos
-planificación integral de la economía
-reforma urbana
-realización de una política educacional que lleve los beneficios de la alfabetización a todo el pueblo
-política internacional soberana y relación con todos los pueblos del mundo y solidaridad y apoyo activos a todos los pueblos que luchan por su liberación contra el imperialismo y el colonialismo.
 
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