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Nacionales - 25-01-2020 / 08:01
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El amor de Macri por el FMI ahora lo pagamos todos

El amor de Macri por el FMI ahora lo pagamos todos
Macri empezó a tomar deuda para pagar la deuda ilegítima de los buitres y así poder tomar más deuda después. Y lo festejaron como si fuera un logro de la civilización frente a la barbarie de los salvajes que habían sido aislados por el mundo civilizado. Festejaron el comienzo del endeudamiento. Prat Gay hizo una conferencia de prensa para celebrar que habían tomado deuda para pagar deuda. Es el sentido común que impulsan.
Metida en la sobremesa de familias y amigos y en las pesadillas de los ciudadanos, la deuda externa ya forma parte de las tradiciones argentinas como el Pombero o el Lobizón. Tiene creyentes y sacerdotes. Para los primeros es como una religión. En cambio para los sacerdotes siempre ha sido un buen negocio.
 
El gobierno de Mauricio Macri reunió a los obispos del endeudamiento y rompió todas las marcas mundiales en cantidad y velocidad para endeudarse. Y también rompió el récord del Fondo Monetario Internacional que cedió el préstamo más grande de su historia.
 
Cosas de la política: ahora es otra administración la que tratará de pagar sin ajuste. Y los que endeudaron al país van a juzgar si es correcto lo que hará el nuevo gobierno.
 
La deuda creció con dictaduras militares y gobiernos neoliberales siempre de la mano del ajuste y la crisis. Y fueron gobiernos populares los que tuvieron que lidiar con esa herencia, desde Dorrego, hasta Perón, Kirchner y Cristina y ahora Alberto Fernández.
 
El martes el gobierno envió al Congreso el proyecto de ley de Restauración de la Sostenibilidad de la Deuda y entró en la recta decisiva y más política para zambullirse de cabeza en el desastre que dejó el macrismo.
 
Deuda y contradeuda es un contrapunto que se prolonga en el tiempo y que en forma cíclica ocupa el centro pese a que siempre fue nada más que un negocio para los prestamistas. Nunca los promotores del endeudamiento han podido exhibir un saldo de provecho que haya dejado alguna de las deudas históricas.
 
Desde Rivadavia hasta el presente nadie puede decir: "esto fue gracias a la deuda". No hay hospitales ni escuelas, ni rutas ni puertos ni fábricas. Miles de millones de dólares a lo largo de la historia que no dejaron nada más que una fabulosa ganancia para los prestamistas, dependencia económica y pobreza.
 
Después del fracaso de la deuda en el 2001, tan cercano, todavía hay economistas, periodistas y medios que defienden ese entramado de ideas del endeudamiento. Después de esa experiencia histórica tan fuerte, es difícil explicar esa insistencia. Pero es cierto que el país se arruinó aunque hubo una elite que se favoreció materialmente con la desgracia general.
 
El gobierno envió al Congreso su proyecto de ley sobre la deuda. Al igual que en los gobiernos K, el criterio es respaldar las negociaciones con el Congreso. El macrismo, en cambio se negó hace apenas dos años a que el préstamo gigante del FMI tuviera tratamiento parlamentario. Son concepciones diferentes con relación a la deuda externa y la democracia.

 
Y sin embargo es una discusión que se repite. La deuda, como herramienta, no es buena ni mala. La discusión de fondo siempre debería ser cómo, cuánto y para qué. Pero las economías hegemónicas, los organismos financieros internacionales y los grandes fondos de inversión convirtieron a la deuda externa en una herramienta a su favor.
 
El ciclo de endeudamiento que abrió la dictadura militar en el '76 fue por presión de la gran liquidez mundial y no por necesidades argentinas y en gran medida estuvo entre las causas principales del golpe. No había necesidad de pedir prestado.
 
Se creó esa necesidad a partir de la cooptación primero de los banqueros locales y grandes empresarios. Se crea la necesidad de la deuda, como se crea la necesidad de cambiar un auto del año pasado. Es una necesidad virtual, una ilusión que se instala en la cultura. Son economistas y campañas mediáticas.
 
Durante el kirchnerismo, el macrismo y sus aliados radicales más la gente de Elisa Carrió hicieron aparecer como si no tomar deuda fuera lo mismo que "estar fuera del mundo". Fue una campaña muy pensada.
 
La soledad es no tomar deuda. Endeudarse es estar en el mundo, estar acompañado. Acompañado y reconocido por el mundo es igual a endeudado. Aislado y solitario es igual a no tomar prestado.
 
Alfonso Prat Gay, Federico Sturzenegger, Nicolás Dujovne, Javier González Fraga, Carlos Melconian, eran los niños mimados de las grandes corporaciones mediáticas, igual que una lista de banqueros y empresarios que se encargaban de machacar con esta frase en la tele, en las radios, y en declaraciones y artículos en diarios y revistas.
 
A veces sin siquiera mencionar que aludían a que el gobierno kirchnerista no tomaba deuda. Para muchos, ese mantra que se repetía sobre estar aislados se refería a exactamente eso: un país sin relacionamientos internacionales, lo cual era una mentira: la Cancillería de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner fue mucho más activa que la del macrismo.
 
Esos economistas tan mediáticos fueron después funcionarios del gobierno macrista. Y el lustre de chapas académicas y títulos de universidades carísimas de Estados Unidos o de Europa con que los adornó ese sentido común de los medios corporativos se fue al tacho de la basura. Protagonizaron uno de los mayores fracasos de la economía en la historia del país.
 
Clásico: empezaron a tomar deuda para pagar la deuda ilegítima de los buitres y así poder tomar más deuda después. Y lo festejaron como si fuera un logro de la civilización frente a la barbarie de los salvajes que habían sido aislados por el mundo civilizado. Festejaron el comienzo del endeudamiento. Prat Gay hizo una conferencia de prensa para celebrar que habían tomado deuda para pagar deuda. Es el sentido común que impulsan.
 
Recordar ese momento y el festejo que hicieron con tanto desparpajo por la tragedia que estaban convocando genera interrogantes sobre la conciencia de una sociedad que aceptó esa celebración cuando apenas había pasado poco más de una década de la trágica crisis de deuda del 2001-2002. Se festejaba como un logro lo que esa misma generación había vivido como tremendo fracaso, y por el cual se había pagado un costo muy alto.
 
Después de estos dos fracasos históricos tan cercanos entre sí, todavía hay economistas, periodistas y medios que defienden ese entramado de ideas. Después de esa experiencia histórica tan fuerte, es difícil explicar esa insistencia. Pero es cierto que el país se arruinó aunque hubo una elite que se favoreció materialmente con la desgracia general.
 
Despojada de esa experiencia y del contexto mundial, la idea de tomar deuda no constituye pecado mortal. El problema es que si se toma esa experiencia y se estudia el contexto mundial, se percibe que los grandes prestamistas le dieron a la deuda un contenido ideológico: "yo te presto pero controlo lo que hagas con mi plata".
 
El negocio es para ellos. No para el que recibe el préstamo, al que van a ahogar para que vuelva a pedir prestado. Si el que toma deuda levanta cabeza, se independiza y no pedirá más. Se acaba el negocio.
 
Para evitar esa emboscada Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva promovieron la fundación del Banco del Sur aunque no llegaron a concretarlo. El proyecto se basaba en la creación de una fuente regional de financiamiento para el desarrollo y no para la dependencia.
 
Con esa misma meta, los países que integran el grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) también se plantearon la creación de un banco para el desarrollo, alternativo al FMI. Como en ambos proyectos estaba Brasil, eso generó reticencias y frenó el impulso inicial en Latinoamérica.
 
El martes pasado, el gobierno envió al congreso su proyecto de ley sobre la deuda. Al igual que en los gobiernos kirchneristas, el criterio es respaldar las negociaciones con el Congreso. El macrismo, en cambio se negó hace apenas dos años a que el préstamo gigante del FMI tuviera tratamiento parlamentario. Son concepciones diferentes con relación a la deuda externa y la democracia.
 
El martes próximo, el proyecto de ley enviado por el Poder Ejecutivo será discutido en comisión. Los que generaron esta deuda monstruosa ahora reclaman que esté el ministro de Economía Martín Guzmán. Pero Guzmán ya comenzó la ronda de negociaciones con los acreedores y seguramente no estará en la comisión.
 
El PRO, los radicales y el grupo de Carrió exigen también que se vuelva a crear la comisión bicameral de seguimiento de la deuda externa. Ninguno de ellos abrió la boca mientras su gobierno endeudaba a los argentinos hasta las cejas y ahora ponen condiciones.
 
En la provincia de Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof planteó la postergación de los vencimientos de la deuda provincial hasta principios de mayo, cuando Nación haya terminado de negociar la deuda nacional.
 
Un sector de los tenedores de bonos no se resignaría a postergar los vencimientos porque supone que quedarían en peores condiciones. Históricamente, todas las negociaciones sobre la deuda giran sobre los mismos condicionamientos: los acreedores quieren cobrar y evitar que usen lo que consideran su plata en mejorar la vida de los asalariados y los jubilados.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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28-03-2026 / 07:03
La historia, caprichosa pero justa, suele poner las cosas en su lugar. El reciente fallo de la Corte de Apelaciones del Segundo Circuito de Nueva York, que rechaza de plano la demanda de los fondos buitres contra la República Argentina por la recuperación de YPF, no es solo un alivio para las cuentas públicas; es la partida de nacimiento de una verdad que el relato libertario intentó asfixiar: la soberanía nacional no fue un error, sino el acierto estratégico más importante del siglo XXI.


Este veredicto no constituye únicamente una victoria jurídica, sino que representa una reivindicación política total para Axel Kicillof. En 2012, el entonces ministro de Economía comprendió que un país sin el control de su propia energía es un país sin destino. El tiempo, ese juez implacable, terminó por darle la razón: hoy, Vaca Muerta no es una entelequia, sino una realidad que bate récords de producción y sostiene el andamiaje de una Argentina que, de otro modo, estaría de rodillas.

 
En este escenario, es imperativo apelar a la memoria y desenmascarar el cinismo. El hoy presidente no fue un observador neutral en esta disputa; fue un militante activo y un lobbista desfachatado del bando buitre. Javier Milei, el mismo hombre que ahora intenta "caranchear" miserablemente un triunfo judicial ajeno, construyó su carrera mediática descalificando sistemáticamente la recuperación de YPF como un "robo" y un "atropello a la propiedad privada". Su alineamiento con el capital especulativo fue tan obsceno que llegó a proponer la creación de un humillante "Impuesto Kicillof": una tasa destinada a esquilmar al pueblo argentino para pagarle a los fondos buitres una deuda que, hoy lo sabemos, era ilegítima. Como bien señaló el gobernador bonaerense ante la contundencia del fallo: "Es lamentable que el presidente de la Nación haya defendido a los fondos buitres en lugar de defender los intereses del país".

 
La contundencia de la sentencia dictada en Nueva York se traduce en una victoria multidimensional. En el plano fiscal, la Argentina logra un alivio monumental al evitar el desembolso de una cifra astronómica fabricada por la voracidad especuladora. En lo estratégico, el fallo ratifica la legalidad internacional de la expropiación, blindando la soberanía sobre nuestros recursos naturales. Finalmente, en el terreno político, el veredicto desmantela el relato de la "mala praxis" esgrimido por Milei, validando la solvencia técnica y el coraje de una defensa que priorizó el patrimonio nacional por sobre los dictados de los mercados financieros internacionales.


De la redacción de La Opinión Popular
27-03-2026 / 19:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 13:03
24-03-2026 / 12:03
Mientras la mayor parte de los argentinos dormían, en la madrugada del miércoles 24 de marzo de 1976, me desperté sobresaltado por los golpes en la puerta de mi casa. El "Chueco", un viejo compañero de militancia, me vino a comunicar que las Fuerzas Armadas habían derrocado al gobierno constitucional del peronismo.
 
Me vestí apresuradamente, me cambié el peinado, me afeite los bigotes y salí inmediatamente a alertar a otros compañeros. La primera casa a la que llegué, la de Rodolfo "Rody" Vittar, no existía más. Horas antes un comando paramilitar había llegado para detenerlo, y como no lo encontró, instaló explosivos y voló la vivienda hasta los cimientos.
 
La represión en Córdoba fue muy dura, igual que en muchos otros lugares del país. Este proceso desembocó en una sangrienta y larga noche de males, que dejó como saldo miles desaparecidos, una guerra perdida a manos de Gran Bretaña y un país económicamente quebrado, entre otras cosas.
 
Por eso, en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia, en este nuevo aniversario del golpe militar genocida, quiero recordar y rendir un recóndito homenaje a tres queridos compañeros y amigos, asesinados ese siniestro 24 de marzo.

Ellos son: Víctor Lorenzo, Concejal en Córdoba Capital por la Juventud Revolucionaria Peronista, quien fuera ejecutado, el día del golpe, de un tiro en la cabeza en la cárcel local; don Luis Carnevale, Senador Nacional por la misma provincia, secuestrado y desaparecido ese mismo día; y el mayor Bernardo Alberte, ex Delegado Personal de Juan Perón, quien fuera arrojado a través de la ventana de su departamento, en un sexto piso, por una patrulla militar, la madrugada del siniestro Golpe de Estado.

Hay muertes, que por ser las primeras, son todo un símbolo. Los militares asesinos los eligieron primero porque eran peronistas. Y no se lo perdonaron. Pero, a pesar de las cárceles y los fusilamientos, de los compañeros muertos y los desaparecidos, nunca fuimos vencidos. Continuamos invariablemente las luchas que emprendieron Eva y Juan Perón.

Compañeros Víctor Lorenzo, Luis Carnevale y Bernardo Alberte, Presentes. Hasta la victoria, siempre.

Por Blas García para La Opinión Popular 

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