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"No se puede pretender que las deudas sean pagadas con sacrificios insoportables para los pueblos". Papa Francisco
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Nacionales - 19-01-2020 / 11:01
HAY QUE SALIR DEL INFIERNO QUE DEJÓ EL MACRISMO

De Trump al FMI: Un mundo hostil a la Argentina de Alberto Fernández

De Trump al FMI: Un mundo hostil a la Argentina de Alberto Fernández
La Argentina pide tiempo para cumplir con el FMI, oferta un calendario sensato para evitar una nueva catástrofe. Unos años de oxígeno pueden operar un nuevo modelo de relación entre el Fondo y los estados deudores. En un lugar del horizonte podría insinuarse una salida interesante, en la que el sacrificio de los argentinos seguirá siendo clave.
En el siglo XX se firmaron, como jamás antes, tratados internacionales que limitan la violencia entre Estados, regulan el trato a prisioneros de guerra, refugiados y migrantes, prohíben la tortura y cien etcéteras. Rigen hoy en día, se amplían regularmente. Centenares de naciones adhieren, se celebran reuniones para ratificar principios universales.
 
Sin embargo el presidente de la mayor potencia del planeta --promotora y signataria de muchas de esas normas, sede física de organismos internacionales-- manda asesinar a un general de otro país. Sin que medie guerra declarada, sin cumplir las (de por sí laxas) leyes de su país. Los propios funcionarios de Donald Trump no alcanzan a justificar, ni siquiera a explicar, la movida. Los opositores la critican con ineficaz dureza.
 
El magnicidio es presenciado impávidamente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU): el poder expuesto en carne viva. Suena cándido o sarcástico preguntarse qué habría pasado si el mandatario homicida fuera iraní, argentino o hasta belga.
 
El orden global siempre fue asimétrico, tendencia que se agrava en la era de la globalización financiera y la primacía de líderes de derecha, racistas, violentos, xenófobos, machistas. Hiper tácticos, predispuestos a adoptar decisiones tremendas mientras tuitean. A toda velocidad, a pura ligereza.
 
Cuando asumieron Trump y su colega brasileño Jair Bolsonaro algunos expertos predijeron que poderes establecidos de sus patrias les demarcarían límites. Las Agencias de Estados Unidos, su élite económica, el Departamento de Estado, allá en el Norte que manda.
 
Acá cerca, Itamaraty, la célebre y profesional Cancillería de Brasil que, se supone, ensilló a la dictadura militar o limó diferencias entre presidentes tan disímiles como José Sarney, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva.
 
Esos frenos y balances fracasaron, no actuaron, entraron en el pasado. Las mesas chicas de los presidentes del siglo XXI resultan ser minúsculas, a veces se superponen con la reunión familiar. Bolsonaro y sus críos, sin ir más lejos.
 
En ese contexto espantoso, volátil, filo indescifrable, el presidente Alberto Fernández intenta instalar un esquema de negociación de la deuda externa bastante novedoso (nada lo es del todo). Trata de conciliar ciertos principios básicos de soberanía y de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
Pagar pero supeditándose a la normalización de la economía, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la deuda interna. La oferta parece sensata, en particular porque la formula un país pacífico, sin violencia racial ni ansias bélicas, una suerte de remanso en el vecindario soliviantado.

 
El Fondo reside en Washington y tiene terminal en la Casa Blanca. Donald Trump, "el magnate" a quien nadie llama dictador o criminal, busca su reelección. El devenir económico y los antecedentes históricos lo favorecen: el hombre está en pole position.
 
La política internacional, explican analistas reconocidos, es un eje de campaña. Ejecutar a Qasem Soleimani es una jugada, entre tantas. Se orejea la opinión pública, se leen las encuestas, si no funciona se lanza otro globo de ensayo.
 
La exhibición posterior del crimen duplica la impudicia del imperio. Trump repite el show montado por su antecesor, el premio Nobel de la Paz Barack Obama, cuando mandó asesinar a Osama Bin Laden.
 
 
El florido eje del mal:
 
Gurúes criollos predican que la Argentina debe alinearse automáticamente en cada momento. Una sucesión de reflejos que los dirigentes estadounidenses complican. Obama reestableció relaciones con Cuba tras décadas de bloqueo: "el mundo" festejó dicho rapto de lucidez. Trump lo derrumba de un puñetazo, ahora dicen que hay que celebrar de nuevo. Gorilas al fin, las derechas globales promueven alineamientos simiescos.
 
Las miradas expertas coinciden; el mitológico Eje del mal Cuba-Venezuela-Bolivia constituye un guiño al lobby cubano, que talla fuerte en el estado de Florida. Hace poquito, George W, Bush debió matufiar el resultado en esa comarca para acceder su primer mandato. La Corte Suprema validó el fraude, con velocidad de rayo... en cualquier otra latitud habría sobrevenido un escándalo. Allá solo sirvió de insumo para el argumento de la serie Scandal.
 
Verticalismo Gurúes criollos predican que la Argentina debe alinearse automáticamente en cada momento. Una sucesión de reflejos que los dirigentes estadounidenses complican.
 
Rebobinemos, sinceremos: la real politik impera en las Relaciones Exteriores. Un país relativamente débil como la Argentina, inmerso en tratativas difíciles, debe conceder, tolerar-practicar un grado de cinismo como condición de supervivencia. Pero un Estado y sus autoridades obedecen también a valores innegociables.
 
Una de las mejores, pioneras, acciones del presidente Fernández fue garantizar el viaje del presidente Evo Morales hacía México. Peligraba su vida, nadie puede asegurar lo contrario. Bolivia es gobernada por una cohorte de impresentables sin frenos inhibitorios. El apenas posterior magnicidio en Irak demuestra qué poco vale la vida ajena en el mercado internacional.
 
Las autoridades argentinas saben que haber reconocido status de refugiado a Evo puede irrogar un costo en las tratativas por la deuda y asumió hacerse cargo. Decisión que la enaltece y que las contrapartes le facturan al contado.
 
Morales acordó con el presidente argentino no trasladarse hacia la zona fronteriza, lo que fue informado hace semanas en esta columna aunque otros medios aseveraron falsamente lo contrario. Un gesto de convivencia, una mano al gobierno que lo cobijó. En la semana que termina hoy, el líder indígena convocó a formar milicias populares, con la consiguiente repercusión.
 
Funcionarios locales le explicaron a Evo que se había excedido, le pidieron templanza. En prudente off the record, aseguran que "Evo entendió" y por eso se retractó. Con sobresaltos, Argentina prolonga sus mejores tradiciones y carga con las consecuencias de sus actos de dignidad.
 
 
Cuanto más rústico, mejor:
 
La retórica de los ejes del mal peca por binaria, esquemática, pueril, quizá... pero no por ingenua. El diseño panfletario hace juego con la ideología imperial.
 
La muerte violenta y dudosa del fiscal Alberto Nisman funciona parecido. El cóctel entre iraníes, populistas autóctonos, protagonistas como Luis D'Elía (peronista, negro, conurbano, estridente), una (im)pericia de Gendarmería que podría haber imaginado Roberto Fontanarrosa, surten efecto.
 
Raúl Kollmann desmenuza pruebas, estudia los expedientes. La fiscal Viviana Fein (heroína civil de la serie de Nextflix) enseña que un expediente se construye con pruebas y no con expectativas. Se trata de personas concienzudas que honran sus respectivas profesiones.
 
En la trinchera de enfrente, el periodismo, los Tribunales y las dirigencias políticas de guerra pintan en blanco y negro, fabulan. Mienten y mienten que algo queda.
 
 
La ley del más fuerte:
 
La Argentina, sospechosa de ser el Jaimito de la región, queda sometida a un chantaje permanente, insaciable. "Niño Alberto Fernández repita conmigo: Venezuela es una dictadura, Evo Morales renunció tras un trámite impoluto. Calle respecto de los crímenes cotidianos perpetrados por los Gobiernos de Colombia y Chile".
 
Nada saciará las demandas del Norte, nada garantiza que la obediencia debida servirá para una reestructuración exitosa de la deuda con el FMI.
 
Como buen peronista, Fernández adapta su programa a las circunstancias. Ahorra estrépito, "centrea", dialoga, participa en un sinfín de reportajes. El ministro de Economía Martín Guzmán funge, comentan colegas del Gabinete, como su alter ego: mezcla rara de heterodoxia y ortodoxia. A diferencia del presidente cultiva el enigma, se comunica con los acreedores por canales tan permanentes cuan sigilosos.
 
Un riesgo acecha a los negociadores oficiales: los inversores institucionales están liberados de mostrarse ante la sociedad civil. Traman, tramoyan, ocultan datos, manipulan si es menester. Los representantes del pueblo tienen obligación de comunicar en el Agora, en el Congreso, en los medios. Otra disparidad en la pulseada, otro poder invisible que pugna contra el político.
 
El tiempo fluye, la primera meta oficial era llegar a un acuerdo con los bonistas privados a fines de marzo, como prólogo del acuerdo con el FMI cuando empiece el invierno, día más, semana menos. Transcurrido algo más de un mes desde la asunción la cuenta regresiva presiona. El oficialismo no ha terminado de completar los elencos de funcionarios, hay ministerios con vacantes cruciales sin cubrir.
 
Guzmán, cuentan quienes comparten largos cónclaves con él, no se auto percibe como el ministro-negociador de deuda con plazo fijo de vencimiento sino como el propulsor de un reordenamiento virtuoso de la economía. Para eso se preparó, alega conocer la Argentina. Su capacidad política es un interrogante, que se develará haciendo camino.
 
Fernández lo rodea de un equipo profesional. El embajador argentino ante Estados Unidos, Jorge Argüello, comanda y coordina a funcionarios que actúan en organismos internacionales políticos (ONU, Organización de Estados Americanos) y financieros (FMI, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo). Un organigrama novedoso, dotado de expertise, se entusiasman en la Casa Rosada y en el Palacio San Martín. Un sostén técnico y político con millaje recorrido para el ministro inesperado del presidente inesperado.
 
 
Suma algebraica y horizontes:
 
La política exterior tramita apelando a la suma algebraica, traduciendo online los criterios de las contrapartes. Para esa contabilidad auto excluirse del nefasto Grupo de Lima resta, la crítica a un atropello del presidente venezolano Nicolás Maduro suma. También el viaje pionero de Alberto Fernández hacia Israel. Son acciones correctas, coherentes con las ideas fuerza del Gobierno.
 
La renegociación exitosa con el FMI es prerrequisito del programa de desarrollo. Voluntaristas o potenciando "lo que hay" los funcionarios sobrevaloran un encuentro entre Kristalina Georgieva (la titular del FMI) y Guzmán en la Santa Sede. Los allegados del Papa Francisco, peronista al fin, cotizan alto sus intervenciones, quizá venden fantasías.
 
Las proyecciones del FMI para la nueva década dan fatal. Sugerimos un consuelo y una crítica. El consuelo: sus predicciones, de ordinario, fallan. La crítica: en la prospectiva no ponderan la generosa contribución de los organismos financieros a la crisis generalizada.
 
La Argentina pide tiempo para cumplir, oferta un calendario sensato para evitar una nueva catástrofe. Unos años de oxígeno pueden operar un nuevo modelo de relación entre el Fondo y los estados deudores. En un lugar del horizonte podría insinuarse una salida interesante, en la que el sacrificio de los argentinos seguirá siendo clave.
 
En el borde, aunque nadie lo mencione en voz alta ni lo anhele, late la perspectiva de presiones insoportables, exigencias tradicionales de los acreedores. Atávicas, podría decirse. Un trance en que pactar equivaldría a desamparar al pueblo argentino, quebrando la línea de la propia dignidad. De eso no se habla aunque es uno de los desenlaces posibles si los dueños del planeta, fieles a su idiosincrasia, extreman las exigencias o patean la mesa.
 
 
Síntomas de verano:
 
¿Hay unos manguitos más, tal como entrevió el gobernador Axel Kicillof? La buena temporada en centros masivos de veraneo estimula un sensato optimismo en la Casa Rosada y zonas de influencia. El refuerzo en los bolsillos de los argentinos con menores recursos incita su comprobada tendencia a consumir. Plata a los que gastan pronto, en artículos de primera necesidad, dinamización de la actividad, comercio en pesos. Un incipiente keynesianismo de vecindad, improvisa el cronista.
 
El oficialismo espera, en sintonía con la gente común, que ir al super no depare sorpresas, que Precios Cuidados cumpla su cometido, que las regulaciones impacten en la vida cotidiana. Labor que movilizará a la Infantería estatal: funcionarios conscientes, capacitados, dispuestos a recorrer negocios de todo porte, a laburar duro... una cultura anti reposera, pongalé.
 
La jerga oficialista incorporó la palabra "solidaridad" que azuza la polémicas en charlas de café, asaditos incipientes y quinchos. La sociedad y las autoridades esperan que estos meses consoliden la vigencia de otro vocablo; el "alivio", la sensación colectiva causada por la candidatura de Alberto Fernández. Ansia que en otras coyunturas hubiera parecido modesta, tan cercana a la consigna del fallecido presidente Néstor Kirchner: hay que llegar al Purgatorio, salir pasito a paso del infierno que dejó el macrismo.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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24-02-2020 / 07:02
De aquel descarte que le aplicara la gestión de la alianza Cambiemos en 2018 por decreto de Mauricio Macri, la Paritaria Nacional Docente (PND) regresó con su histórico y principal desafío: achicar la diferencia salarial entre las provincias.
 
"Los salarios le van a ganar a la inflación", apostó y reitera Nicolás Trotta, ministro de Educación nacional, quien el miércoles encabezará el segundo encuentro entre las partes.
 
Casi a nivel "spoiler" para el arco gremial la mejora 2020 llegará en rango de suma fija y remunerativa, según confiaron a este medio referentes sindicales.
 
Empero, el reto fijado por la Casa Rosada no parece sencillo, ya que la desigualdad de sueldo de bolsillo entre las jurisdicciones asciende al 246% en los casos extremos.
 
En el horizonte también está la barrera de la pobreza, un límite que los gremios esperan superar para bien de los maestros y profesores de todo el país. Aseveración en sintonía con los datos del Indec respecto a que una familia necesitó $40.373 para no ser pobre.
 
Los cinco sindicatos nacionales, Ctera, UDA, Sadop, AMET y CEA, vuelven pasado mañana al Palacio Sarmiento para el segundo capítulo de la negociación salarial federal.
 
Antes se desarrolló la reunión protocolar del 30 de enero y la apertura de oficio en la primera reunión del Consejo Federal Educativo de hace semanas.
 
La energía en espalda que tiene el Gobierno cada vez se desdibuja más. No solo por los tiempos, ya el mismo 26 vuelven a las aulas en Mendoza y Chubut (esta última con conflicto) sino también por la diferencia de sueldos entre las jurisdicciones.
 
La disparidad en el salario básico (el componente más otras cifras remunerativas que van directo a la jubilación) trepa al 576% si se toman los $4.188 que cobran en Tierra del Fuego con los $24.142 de los maestros pampeanos.
 
Hoy el salario mínimo nacional de un maestro (si se contabiliza un solo cargo) está en $20.250. A la fecha son tres las provincias que se encuentran por debajo de ese piso: Chaco, San Juan y Formosa, esta última, según datos que desde Sadop revelaron, es donde el sueldo de bolsillo es el más bajo: $16.500. Contracara de la zona sur, Chubut, donde trepa a más de 40.000 pesos.

24-02-2020 / 07:02
En los últimos días trascendió la posibilidad que los servicios de luz, gas, agua y transporte podrían volver a sufrir una suba, para los sectores de mayores ingresos. Se trata de un asunto sensible para el Frente de Todos, que desde 2017 -en la campaña para las elecciones legislativas de ese año- cuestionó el desmesurando aumento de los servicios de luz y gas.
 
En búsqueda del equilibrio entre la disciplina fiscal y la necesidad de atender la emergencia social que valoró positivamente el FMI en su evaluación de la gestión de Alberto Fernández, la regulación de las tarifas de los servicios públicos -especialmente la energía eléctrica- juega un rol central.
 
En lo que pareció un globo de ensayo para "ir preparando el terreno", el Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, recordó que el congelamiento de tarifas fue definido hasta junio y afirmó que se estaba preparando un nuevo cuadro tarifario que contemplaría una tarifa social que alcanzaría a los más humildes.
 
Sin embargo, en una charla con el Presidente, Cristina le pidió que haga pública y de manera explícita la intención del Gobierno de mantener esos valores sin cambios, por lo menos, hasta diciembre próximo. No está en los planes de la ex presidenta permitirle mayores ingresos a empresas como Edesur y Edenor, a las que acusa directamente de haberse beneficiado de las políticas económicas de Mauricio Macri.
 
La reacción negativa, que generaron las declaraciones de Cafiero, determinó que el presidente saliera el día siguiente a desmentir a su propio ministro. Aseguró que un posible aumento de tarifas a aplicarse a mediados de año "no está en carpeta".
 
"Que nadie se apure. No sé si en junio vamos a estar en condiciones" de incrementar las tarifas, sostuvo Alberto Fernández, en declaraciones a la radio AM 750. Para el Presidente, el ajuste tarifario "es objeto de estudio y revisión para saber quién ganó, cuándo ganó y cuánto pagamos los argentinos. Y después veremos lo que hay que hacer".
 
El asunto es delicado y cualquier decisión que tome el Gobierno tendrá un costado negativo. Una política tarifaria, al mejor estilo del macrista Aranguren, ahogaría cualquier posibilidad de recuperación de la actividad económica, pero la extensión indefinida del congelamiento conllevaría un atraso tarifario de creciente costo fiscal, un "lujo" que se pudo dar Cristina pero que claramente Alberto no estaría en condiciones de afrontar.
 
La Opinión Popular

23-02-2020 / 10:02
El domingo próximo, el presidente Alberto Fernández hablará por segunda vez ante la Asamblea Legislativa. Ratificará rumbo y medidas, hará un repaso de la gestión que lleva menos de tres meses, remarcará la magnitud del descalabro dejado por el ex presidente Mauricio Macri. Anunciará proyectos de ley (varios anticipados en el día de la jura) y subrayará los avances referidos a la renegociación de la deuda externa.
 
El mandatario comenzará a redactar el borrador mañana, los ministerios (es habitual) le hacen llegar informes y sugerencias. Para el período ordinario de Sesiones, el Ejecutivo impulsará las siguientes leyes.
 
· Reforma judicial.
· Creación de un Consejo para la Calidad Institucional del Poder Judicial.
· Consejo Económico Social.
· Aborto libre, legal y gratuito.
 
Se anticipan conflictos referidos a la interrupción del embarazo. Otras iniciativas del Gobierno levantarán vientos de fronda: el aumento de las retenciones a la soja y la ley que reforma a la baja las jubilaciones de privilegio que ya se está tratando.
 
El paquete de normas que propondrá el mandatario no contiene leyes mordaza o restrictivas de libertad de prensa. Tampoco un proyecto para sancionar el negacionismo del terrorismo de Estado. Fernández dijo en París que estudiaría dicha idea pero la desechó para prevenir acechanzas contra la libertad de expresión.
 
Lo actual y lo posible: Los primeros resultados del Plan contra el Hambre entusiasman al Presidente que maneja al dedillo los datos de Concordia, la ciudad entrerriana en la que primero se aplicó. Miles de tarjetas usadas sabiamente por las jefas de familia se traducen en consumo local, ganancias para pequeños comercios, mejoras palpables en la alimentación de los pibes.
 
En otra provincia, Santa Fe, el gobernador Omar Perotti se entusiasma, refiere el presidente, con el dinamismo impreso por el nuevo derecho social. Los dos ejemplos, desde ya, son micro. Para que pudieran potenciarse será necesario aliviar a la Argentina de los pagos de deuda externa en los próximos años.
 
Miles de millones de dólares que reactivarían en el corto plazo, durante los seis-siete-ocho últimos meses de 2020. "Obra pública, el Plan de Viviendas que está atrasado", proyecta Fernández. Actividades clásicas, mano de obra intensivas, para masas de trabajadores desocupados o que changuean hoy en día.
 
"Keynes corazón", cantaría la hinchada aunque es consabido que dichos resurgimientos no serán suficientes. Habrá que promover subsidios o incentivos que permitan el nacimiento de industrias con potencial exportador o la resurrección de la capacidad ociosa tras el industricidio macrista.

22-02-2020 / 10:02
La centralidad de la deuda en la coyuntura actual es de tal magnitud que cualquier decisión del gobierno queda relegada a un segundo plano y condicionada por esa centralidad, que es económica y política a la vez. El ministro Martín Guzmán expuso con claridad en la Cámara de Diputados la suerte de círculo vicioso en que está la cuestión de la deuda pública nacional: "Hay voluntad firme de pagar la deuda. El problema es que no hay capacidad para hacerlo. Para poder pagar Argentina tiene que crecer y para poder crecer se tiene que sacar de encima el peso de una deuda que asfixia".
 
Este círculo, en el que intervienen jugadores con peso e intereses propios, es el centro del debate. El gobierno caracteriza a la deuda como impagable, pero al mismo tiempo la reconoce y legitima, por lo tanto necesita de una "reestructuración profunda": estiramiento de plazos, quita de capital y reducción de intereses.
 
El FMI estaría dispuesto a posponer los vencimientos a cambio de garantías de la sustentabilidad de los mismos, léase superávit fiscal primario suficiente para hacer frente a los vencimientos, al mismo tiempo que presiona para que los privados acepten quitas de capital, que no está dispuesto a hacer con sus propias acreencias. Los bonistas exigen más pagos ahora, un plan económico y el aval del Fondo de que la deuda total es sustentable para luego acordar.
 
El ministro agregó que en su esquema el equilibrio fiscal recién se obtendría para el 2023 -lo que significa que pedirá como mínimo 4 años de gracia- la economía entonces podría crecer al 2% a partir del año próximo. Los analistas consideran que ese crecimiento es bajo para generar los excedentes necesarios para afrontar los vencimientos.
 
La realidad es que las reservas no alcanzan para afrontar las deudas en dólares mientras que para los vencimientos en pesos -suman hasta junio la friolera de 850.000 millones- no es aconsejable emitir, a riesgo de que la inflación se desmadre del todo, por algo se suspenden la indexación jubilatoria y salarial. Así el margen de maniobras es reducidísimo, sino nulo.
 
Pero ¿qué garantiza que haciendo lo de siempre tengamos resultados diferentes? ¿Dónde está la virtud de seguir honrando una deuda que amenaza con continuar por varios años más el estancamiento de la economía? ¿Dónde está escrito que si hay una reestructuración "exitosa" se abrirán los mercados y habrá nuevo financiamiento? ¿Por qué vendrían inversiones productivas que hace tiempo no vienen? ¿Qué garantiza que dentro de 5 años no haya una nueva crisis de deuda?
 
La figura del default se recorta cada vez más nítidamente en el horizonte, el tema es si lo imponen los mercados y entonces la salida será caótica y muy gravosa para los sectores populares, o bien es producto de una decisión política. Entonces la salida no será un campo de rosas, pero será ordenada -deberá ir acompañada de medidas complementarias, como mayor intervención estatal en la banca y el comercio exterior entre otras- y abrirá un futuro diferente a la mediocridad actual. No hay que dejarse amedrentar por el terrorismo mediático de los medios al servicio de los fondos de inversión.

22-02-2020 / 08:02
Está la sensación de que el gobierno de Alberto Fernández llegó hace mucho a pesar de que apenas pasaron dos meses y días desde que asumió. Hay un clima de rutina sin sorpresa. Que en buen castellano también puede definirse como alivio.
 
Es un problema, porque es más fácil convertir en costumbre al alivio que a la tragedia. No es que el nuevo gobierno haya tomado muchas o pocas decisiones. En este fenómeno tiene más que ver el desastre como terminó la gestión de Mauricio Macri, la incertidumbre ante un gobierno paralizado por una crisis creada por ellos mismos y que todos los días arrojaba resultados nefastos sin que pudieran frenarla.
 
Es fácil acostumbrarse al alivio y olvidarse de la tragedia. Es fácil, pero peligroso. El macrista que odia al peronismo, que se hundía pero no quería dar el brazo a torcer ni reconocerlo, y que a pesar de su situación personal en franca picada volvió a votar a Macri, sintió alivio por la derrota. Nadie podrá decir que facilitó el triunfo del peronismo, su conciencia estará tranquila y, gracias a la derrota de su candidato, el bolsillo también.
 
El primer macrista en reconocerlo ha sido el Fondo Monetario Internacional. El organismo decidió prestarle a Macri 56 mil millones de dólares --el 62 por ciento de su capacidad de préstamo-- para que gane las elecciones. Y el tipo habilitó la fuga del 90 por ciento de esa fortuna y encima perdió las elecciones. La primera línea del Fondo, en especial la que baja de Washington y habilitó esa jugada ultramacrista, apostó a perdedor y llevó las finanzas del organismo al borde de la bancarrota.
 
Ahora resulta que el equipo técnico del organismo que, transgrediendo sus propios estatutos, respaldó a Macri contra el actual gobierno, reconoce que la deuda argentina es "insostenible".
 
O sea: reconoce que el préstamo fue un error, que prestaron una fortuna que no se podría devolver. Antes de pedir al Fondo, el gobierno de Macri se había endeudado con particulares en cien mil millones de dólares, en apenas año y medio. Rompió todos los récords, de los planetarios y de la historia. Cuando el Fondo les prestó, los prestamistas particulares ya no querían hacerlo porque veían el borde del precipicio.
 
Deuda "insostenible" en criollo quiere decir que fue una barrabasada. El Fondo está diciendo que la política neoliberal de Cambiemos fue un desatino que destruyó el aparato productivo y creó adicción y dependencia del endeudamiento.
 
Y no fue ejecutada por cuatros de copa sino por las estrellas locales del neoliberalismo, por los economistas que siempre hablaban por la tele, los preferidos por la mayoría de los empresarios, los Ceos campeones del capitalismo. Si el Fondo Monetario reconoce que la deuda es "insostenible", está diciendo que esa gente hizo un desastre.

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