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Sociedad e Interés General - 13-01-2020 / 21:01
EFEMÉRIDES POPULARES

La sangrienta historia del pogrom judío que quedó oculto dentro de la Semana Trágica

La sangrienta historia del pogrom judío que quedó oculto dentro de la Semana Trágica
No eran ni "perturbadores extranjeros" ni "rusos" ni "terroristas" como los medios oficiales y del poder trataron de disfrazar el crimen. Eran obreros que querían tener los derechos de la dignidad y de la vida: las sagradas 8 horas de trabajo. A un siglo de la Semana Trágica y el pogrom contra "los rusos" no se ha podido establecer el número exacto de víctimas, aunque todas las fuentes señalan que hubo alrededor de mil muertos y un número muy superior de heridos.
Un pogrom es el linchamiento multitudinario, espontáneo o premeditado, de un grupo particular, étnico, religioso u otro, acompañado de la destrucción de sus bienes. Y un linchamiento es la ejecución sin proceso y tumultuariamente de un sospechoso. Es un acto que está fuera de la ley.
 
Esto es lo que se dio por detrás de la represión generalizada del gobierno de Yrigoyen a las protestas de los obreros, en enero de 1919, que pronto se focalizó también en la comunidad judía de Buenos Aires. Identificados como "rusos", los judíos porteños fueron atacados por la policía, el Ejército y grupos de civiles armados que los acusaban de pertenecer a un "soviet argentino".
 
A principios de 1919, la victoriosa revolución bolchevique ocurrida hacía menos de dos años en Rusia se había transformado en un fantasma que recorría y atemorizaba a los gobiernos de buena parte del mundo. Temían que se expandiera como la peste.
 
La Argentina no era la excepción. La incipiente clase obrera, compuesta en buena parte por inmigrantes europeos, se agitaba y reclamaba por sus derechos -principalmente por una jornada laboral de 8 horas- impulsada por dirigentes anarquistas y comunistas.
 
La semana del 7 al 14 de enero de 1919, la huelga de los Talleres Vasena y la sangrienta represión comandada por el general Luis Dellepiane se topó con un fenómeno particular dentro del desastre general: la salvaje persecución de judíos desatada por las fuerzas policiales y grupos de civiles armados.
 
Cuando se desató la huelga de los talleres Vasena se empezó a hablar de la existencia de un "soviet argentino" y, como el único soviet conocido y temido era el ruso, "los rusos" o judíos se transformaron de inmediato en blanco privilegiado de la represión.
 
La represión de la Semana Trágica, centrada en un principio en los obreros de Talleres Vasena y en las movilizaciones proletarias que apoyaban sus reclamos, no demoró de ampliarse hacia los barrios de Once y Villa Crespo, epicentro comercial y habitacional de "los rusos".
 
La policía y comandos integrados por civiles -mayormente por militantes radicales y católicos antisemitas- se centraron allí en atacar salvajemente a todo aquel que fuera o pareciera judío, sin importar sexo, edad u ocupación. La mayoría de ellos no eran obreros ni tenían actividad política ni sindical.
 
No eran ni "perturbadores extranjeros" ni "rusos" ni "terroristas" como los medios oficiales y del poder trataron de disfrazar el crimen. Eran obreros que querían tener los derechos de la dignidad y de la vida: las sagradas 8 horas de trabajo. 
 
A un siglo de la Semana Trágica y el pogrom contra "los rusos" no se ha podido establecer el número exacto de víctimas, aunque todas las fuentes señalan que hubo alrededor de mil muertos y un número muy superior de heridos.
 
La Opinión Popular


Martín Piaggio volvió a la carga con la iniciativa de dictar la Carta Orgánica para la ciudad de Gualeguaychú
Imagen de la Semana Trágica.

"Vi ancianos cuyas barbas fueron arrancadas; uno de ellos levantó su camiseta para mostrarnos dos sangrantes costillas que salían de la piel como dos agujas. He visto obreros judíos con ambas piernas rotas en astillas, rotas a patadas contra el cordón. Y todo esto hecho por pistoleros llevando la bandera argentina", escribía en la revista Popular el reconocido periodista Juan José de Soiza Reilly, cuando todavía seguía sin poder borrar de su retina lo que había visto en las calles de Buenos Aires.
 
Para los principales diarios argentinos, la posibilidad de una revolución bolchevique en estas tierras parecía estar a la vuelta de la esquina:
 
-En ese momento se produjo un cambio de perspectiva. En noviembre de 1918 La Nación confiaba en que el maximalismo no se expandiría más allá de las fronteras rusas y consideraba que sólo unos pocos países europeos enfrentarían en los meses sucesivos al peligro maximalista. Sin embargo, a partir de diciembre La Nación, La Razón y La Prensa alertaban en sus editoriales contra la divulgación de las ideas maximalistas y consideraba la posibilidad de que, como en Europa, también en Argentina se desencadenasen huelgas revolucionarias - dice a Infobae el historiador Daniel Lvovich, investigador del Conicet especializado en la historia política y social del Siglo XX.
 
 
Los "rusos" y el "soviet argentino"
 
En 1919, la ciudad de Buenos Aires albergaba a más de un millón y medio de habitantes, con un alto porcentaje de inmigrantes europeos, de los cuales entre 70.000 y 100.000 eran judíos. Por entonces -aún en mayor medida que hoy- las simplificaciones para identificar a los extranjeros eran moneda corriente: todo español era un "gallego", todo árabe era "turco", y los judíos eran sencillamente "rusos".
 
Esta última generalización -que no era sólo patrimonio del común de la gente sino de las fuerzas policiales y de buena parte de la clase política - produjo, en medio de la agitación obrera y el temor que despertaba la Revolución Rusa, una ecuación de sentido común que derivó en sangre durante la Semana Trágica.
 
El propio jefe de Policía, comisario Justino Toranzo, denunciaba una "intensa agitación anarquista provocada por numerosos sujetos de la colectividad ruso-israelita y la propaganda que hacen en ruso y hebreo", según consta en el Archivo General del Ministerio del Interior.
 
Eso desató lo que pronto se llamaría "el pogrom de Buenos Aires", utilizando el término con que se denominaban los ataques a las poblaciones judía en el Imperio Ruso y otros países del Este europeo.
 
 
 
Pinie Wald, el "jefe del soviet"
 
La policía no tardó en "identificar" al líder del supuesto soviet argentino: Pedro Pinie Wald, un judío polaco nacionalizado argentino que había sido obrero hojalatero en su tierra pero que en Buenos Aires se había transformado en periodista y escribía en la publicación en idish Avangard y en el diario Die Presse. Fue uno de los primeros detenidos y así lo relató:
 
"Nos dirigimos al Avangard, en la calle Ecuador. En la calle, cerca de las ventanas, todavía estaba el montón de ceniza negra, restos de los objetos y enseres quemados. No quedaba allí otra cosa que las paredes desnudas. (...) Al salir, no advertimos ninguna presencia sospechosa. Íbamos por Corrientes cuando oímos la orden: '¡Caminen derecho!'. Era un oficial del ejército, que avanzaba desde atrás y estaba a dos pasos de nosotros: 'Están arrestados',  nos informó".
 
Pinie Wald fue trasladado a la Comisaría Séptima, donde lo sometieron a tormentos para que confesara que era el líder del "soviet argentino" y revelara cuáles eran los planes de la supuesta conspiración que encabezaba.
 
Le salvó la vida el abogado y dirigente del Partido Socialista Federico Pinedo quién, avisado de la detención, se presentó rápidamente en la comisaría y evitó que lo siguieran torturando.
 
Muchos años después, Wald -que murió en Buenos Aires en la década de los '60- dejó testimonio del pogrom y de su propio calvario en una novela escrita en idish, Koschmar (Pesadilla), que hoy es inhallable.
 
 
Relatos de un pogrom
 
Un anónimo cronista del diario La Crítica describió así los hechos: "Hombres, mujeres y niños fueron maltratados brutalmente, cual si existiera el propósito de extirpar a esa raza atormentada. Los rusos eran atormentados con saña feroz por los ebrios polizontes, y no pocos fueron ultimados a palos y bayonetazos. Se puede decir que ni un solo ruso salió ileso de las garras policiales. Por los pasillos del Departamento de Policía desfilaban los flagelados y ensangrentados. En el departamento central de Policía, cincuenta hombres, ante el cansancio de azotar, se alternaban para cada judío. Con fósforos quemaban las rodillas de los judíos mientras atravesaban con alfileres sus heridas abiertas. En la comisaría 7a les orinan en la boca".
 
La participación de grupos de civiles -algunos de los cuales pocos días después constituirían la Liga Patriótica- en el pogrom quedó documentada por, entre otros, el periodista y escritor Arturo Cancela en sus Tres relatos porteños: "Jóvenes con brazaletes, armados de palos y carabinas, detienen a todos los individuos que llevaban barba; los de las carabinas les pinchan el vientre o se cuelgan de las barbas -escribió-. Otros apedrean los vidrios de las casas de comercio cuyos propietarios abundan en consonantes".
 
Otro testigo que relató en detalle los ataques a "los rusos" fue el escritor Juan Carulla. "En medio de la calle ardían pilas con libros y trastos viejos, entre los cuales podían reconocerse sillas, mesas y otros enseres domésticos, y las llamas iluminaban tétricamente la noche, destacando con rojizo resplandor los rostros de una multitud gesticulante y estremecida. Se luchaba dentro y fuera de los edificios; vi allí dentro a un comerciante judío. El cruel castigo se hacía extensivo a otros hogares hebreos. El ruido de los muebles y cajones violentamente arrojados a la calle se mezclaba con gritos de 'mueran los judíos'. Cada tanto pasaban a mi vera viejos barbudos y mujeres desgreñadas", contó.
 
Conmovido por lo que veía, también dejó testimonio de sus propias emociones. "Nunca olvidaré el rostro cárdeno y la mirada suplicante de uno de ellos, al que arrastraban un par de mozalbetes, así como el de un niño sollozante que se aferraba a la vieja levita negra, ya desgarrada", escribió.
 
 
La prédica incendiaria de monseñor Napal
 
-En los años previos a la Semana Trágica formaba parte del sentido común de una parte de la opinión católica la creencia en la existencia de una asociación natural entre judaísmo y socialismo, movidos en una conjura común destinada a combatir a la Iglesia y obtener el predominio israelita sobre la Argentina y el mundo. Sin atender a esta forma, ya tradicional y naturalizada, de atribución de sentido, resulta imposible comprender los eventos antisemitas de la Semana Trágica - dice un siglo después a Infobae el historiador Daniel Lvovich.
 
En enero de 1919 el fuego de esa creencia fue ferozmente avivado por la prédica del vicario general de la Armada, monseñor Dionisio Napal. En un discurso pronunciado ante una multitud en la esquina de Junín y Corrientes -en pleno barrio de Once- el hombre acusó a los judíos de traidores y chupasangres, y caracterizó al socialismo como "una enfermedad judía".
 
En su libro Nacionalismo y antisemitismo en Argentina, Lvovich recupera una crónica de esos días publicada en Di Idische Tzáitung. "Los curas comenzaron en Corrientes y Junín. Prosiguieron luego sus sermones contra los socialistas y los judíos, con la ayuda de la Policía, por todo Buenos Aires y los suburbios. El domingo organizaron una conferencia similar en la Avenida Sáenz y Esquiú, rodeados por policías y escoltados por bandidos locales que estaban armados con bastones de acero. Después del mitin partió una manifestación. En Caseros y Rioja pronunció el cura Napal un tenebroso y agresivo discurso", relata.
 
 Semana Trágica: Los sicarios de la Liga Patriótica no pueden impedir el triunfo de la huelga obrera
Los esbirros de la Liga Patriótica.
 
La mano de obra en el pogrom
 
Además de la participación de las "fuerzas legales" -la policía y el Ejército- en la represión de las Semana Trágica en general y en el pogrom en particular, los testimonios de la época dan cuenta del accionar de diferentes grupos integrados por civiles.
 
La UCR en el gobierno, presionada por la derecha conservadora y temerosa del fantasmagórico "soviet argentino" se vio en riesgo y, además de ordenar las acciones de la policía y el Ejército, convocó a través del Comité Capital, a cargo de Pío Zaldúa, a más de dos millares de militantes para que salieran a las calles a defender a Yrigoyen.
 
En su editorial del 10 de enero, el diario oficialista La Época decía: "Conviene establecer con toda precisión lo que ocurre para disipar malosentendidos (sic) emanados de falsas informaciones. Se trata de una tentativa absurda, provocada y dirigida por elementos anarquistas, ajenos a toda disciplina social y extraños también a verdaderas organizaciones de los trabajadores... Jamás el Presidente de los argentinos cederá a la sugestión amenazante de las turbas desorbitadas".
 
Pero las radicales no fueron las únicas patotas parapoliciales que se lanzaron a reprimir por fuera de la legalidad. A ellas se sumaron los grupos conocidos como "Orden Social" y "Guardia Blanca" -un grupo de jóvenes católicos organizado bajo un nombre evocador de la Rusia zarista-, que pocos días después de la Semana Trágica constituirían, junto a oficiales de la Armada y el Ejército, la Liga Patriótica Argentina bajo las órdenes de Manuel Carlés.
 
 
Víctimas y olvido
 
A un siglo de la Semana Trágica y el pogrom contra "los rusos" no se ha podido establecer el número exacto de víctimas, aunque todas las fuentes señalan que hubo alrededor de mil muertos y un número muy superior de heridos. Un informe de la Embajada de Estados Unidos dice -con pretensión de ser preciso- que lo muertos fueron 1356, en tanto que la Embajada francesa contabilizaba alrededor de 800 víctimas fatales y más de 4 mil heridos.
 
En cuanto al pogrom, la única denuncia que se conoce es la del Comité de la Colectividad Israelita ante el Ministerio del Interior, donde se precisan "71 casos de ciudadanos israelitas heridos, golpeados y torturados por los uniformados en la calle o en las comisarías". Se estima que hubo alrededor de 180 muertos en la comunidad.
 
Durante muchos años, como si se tratara de una pequeña mamushka dentro de otra, el pogrom judío de enero de 1919 quedó oculto en el interior de los sucesos de la Semana Trágica que, a su vez, se fue transformando en un hecho cada vez más borroso de la historia argentina del Siglo XX.
 
Para Lvovich hay razones para que haya sido así:
 
-Me parece que no hubo el desarrollo de una política sistemática de memoria sobre los sucesos de enero de 1919, creo que debido a dos razones. En el campo del movimiento obrero, la marcada discontinuidad que implicó la crisis que llevó al anarquismo a su casi extinción y la muy posterior emergencia del peronismo, que provocó que no existieran portadores de una memoria obrera específica sobre la Semana Trágica. Tampoco hubo en el seno de la comunidad judías actores mayoritarios que desarrollaran iniciativas memoriales sobre los eventos específicamente antisemitas de 1919 - dice.
 
Por Eduardo Anguita
Por Daniel Cecchini
 
Fuente: Infobae

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27-01-2020 / 20:01
La revolución, el periodismo y las mujeres. Tres pasiones conjugadas en un argentino que defendió fervorosamente el sueño independentista del siglo XIX: Bernardo de Monteagudo. Los aires de la Revolución Francesa le llegaron desde su nacimiento, el 20 de agosto de 1789, un mes después de la Toma de la Bastilla.
 
Ni la cárcel pudo frenar a este abogado graduado en 1808 en la Universidad de Chuquisaca (actual Bolivia). La corte de esta ciudad lo encerró por el "abominable delito de deslealtad a la causa del rey", ya que fue uno de los promotores de la rebelión de 1809 contra la administración del virrey.
 
Decidido a no perder tiempo de lucha engrillado, arguyó "tener una merienda con unas damas" en el jardín lindante a la prisión para obtener la llave de la libertad. Una vez afuera, se dirigió a Potosí para unirse al ejército comandado por Juan José Castelli, que lo nombró su secretario.
 
Además de haber dirigido La Gazeta de Buenos Aires, fundó en 1812 su propio periódico, el Mártir o Libre, en el que resaltaba la necesidad urgente de proclamar la independencia. Ese año, Monteagudo comandó la Sociedad Patriótica, un grupo opositor al Primer Triunvirato que unió sus fuerzas con la Logia Lautaro de José de San Martín para derrocar el régimen. Una vez instalado el Segundo Triunvirato, Monteagudo participó como diputado por Mendoza en el Congreso Constituyente, conocido como Asamblea del Año XIII.
 
En 1815, el polémico periodista tuvo que exiliarse en Europa cuando cayó el directorio de Carlos María de Alvear, a quien apoyaba en el periódico El Independiente. Después de vivir en Londres y en París, pudo volver al país en 1817. A su regreso, Monteagudo va a reunirse con San Martín. A pesar de la anterior complicidad con su rival Alvear, El Libertador depositó su confianza en las condiciones del tucumano y lo nombró auditor del Ejército de los Andes, como Teniente Coronel.
 
Monteagudo redacta el acta de la independencia de Chile que firmó Bernardo de O'Higgins en enero de 1818. Y participó muy cerca de San Martín en la preparación de la campaña libertadora al Perú. En Lima, el general lo nombró ministro de Guerra y Marina y, más adelante, de Gobierno y Relaciones Exteriores. Vivía en Quito cuando Simón Bolívar ya le había confiado la preparación del Congreso de Panamá para establecer una confederación que incorporara a todos los estados de América.
 
La noche del 28 de enero de 1825, cuando salía a ver a Juanita Salguero, su amante en Lima, fue apuñalado. Bolívar, ni bien se enteró del magnicidio, dijo: ¡Monteagudo! Serás vengado.

La Opinión Popular



27-01-2020 / 20:01
El 28 de enero de 2014, murió el compañero Jorge Alberto "el Turco" Obeid, uno de los referentes históricos del Partido Justicialista en Santa Fe. Fue ingeniero químico, docente y político peronista. De extensa trayectoria política, fue concejal e intendente de la ciudad de Santa Fe, gobernador de la provincia de Santa Fe en dos oportunidades y también dos veces diputado nacional, además de haber ejercido diversos cargos en el Partido Justicialista (PJ), en el que militaba desde el año 1972.
 
Obeid nació en Diamante, Entre Ríos, y a los 17 años de edad se mudó a la ciudad de Santa Fe con el objetivo de cursar sus estudios universitarios. En la Universidad Nacional del Litoral, empezó a militar en la Juventud Peronista, llegando a ser jefe de la Regional II de esa organización hasta que renunció a su cargo en 1974, por diferencias con la conducción militarista y foquista de Montoneros.
 
"Yo no acordaba con la idea de confrontar con Perón y aceptaba a Perón como conductor del Peronismo. Yo era de los que pensaba que con el regreso de Perón, no se justifica más la lucha armada. Lo que había que hacer era trabajar junto a él para reconstruir el país", afirmó en un reportaje, recordando esos tiempos.
 
A partir del golpe de Estado que instaló en el poder a la dictadura cívico-militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional tuvo que exiliarse en Perú durante dos años, al cabo de los que decidió visitar su pueblo natal. Durante esa visita fue detenido.
 
Vuelta la democracia, en 1987 fue electo concejal municipal de la ciudad de Santa Fe, banca que ocupó hasta el vencimiento de su mandato en el año 1991. Asumió entonces el cargo partidario de secretario general del Partido Justicialista en Santa Fe. En 1989 fue intendente interino de la capital santafecina tras la destitución de Carlos Aurelio Martínez, siendo luego confirmado por el voto popular.
 
Fue electo gobernador de la Provincia de Santa Fe con el 47,80%10 de los votos y ejerció como vicepresidente del Partido Justicialista de la provincia entre los años 1995 y 1996. Al finalizar su mandato, fue electo diputado nacional en el año 1999 y fue nuevamente electo para ocupar la Casa Gris provincial en 2003 con el 50,95% de los votos.
 
Al no estar contemplada en la Constitución Provincial la reelección consecutiva para gobernadores y vicegobernadores, no pudo presentarse a las elecciones del año 2007 y fue sucedido en el cargo por Hermes Binner, candidato del Partido Socialista. Obeid fue entonces electo como diputado nacional en esas elecciones.
 
Su relación con el kirchnerismo fue ambivalente. La crisis con el campo en el 2009 marcó un punto de inflexión y Obeid decidió alejarse del modelo K. El apartamiento le valió la crítica de los sectores cristinistas más duros. Diferencias que fueron zanjadas cuando Cristina lo eligió para pelear sus últimas elecciones. En 2013, volvió a ser elegido diputado nacional por el Frente para la Victoria.
 
Su muerte produjo un hondo pesar en el seno del Peronismo y de todos quienes fuimos compañeros de militancia y amigos.
 
Por Blas García


27-01-2020 / 07:01
Producido el golpe oligárquico que derrocó a Juan Perón en septiembre de 1955, este decide marcharse al Paraguay, pero el dictador Alfredo Stroessner le advirtió que dejara el país, debido a que no podría garantizar su seguridad en caso de posibles atentados contra su vida. Stroessner le dio un salvoconducto para dirigirse a Nicaragua, donde fue recibido por Anastasio Somoza.
 
Luego partió a Panamá, y se alojó en el Hotel Washington, de la ciudad de Colón -en el extremo caribeño del Canal- donde pensaba concluir el libro que había empezado a escribir en Asunción: "La fuerza es el derecho de las bestias". Pero debió abandonar Panamá debido a que se iba a realizar una conferencia panamericana con la asistencia del presidente yanqui Dwight Eisenhower.
 
Marchó nuevamente a Nicaragua por un periodo corto, y en agosto de 1956 decidió con su entorno ir a Venezuela, que estaba gobernada por Marcos Pérez Jiménez; durante su estadía Caracas, el dictador venezolano nunca recibió al expresidente argentino, que no era de su agrado por diferencias políticas.
 
Sin embargo, tras el derrocamiento de Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, Perón tuvo que refugiarse en la embajada de la República Dominicana y de allí salió rumbo a ese país, donde fue recibido por el Rafael Leónidas Trujillo. Dos años después, el 27 de enero de 1960, Perón abandona la República Dominicana y se traslada a España. Se radicó en Madrid, en el barrio residencial de Puerta de Hierro.
 
El 17 de noviembre de 1972, Juan Perón volvió al país tras 17 años de injusto exilio y proscripción, como consecuencia de uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, por masividad y amplitud metodológica, para romper la estrategia de continuidad de los monopolios imperialistas, del "partido militar" y de sus aliados políticos.
 
Por Blas García 



27-01-2020 / 06:01
27-01-2020 / 06:01
Nacido en 1918. Rosarino. Obrero. Peronista. Dirigente del gremio de la Sanidad de larga militancia en la recuperación de las organizaciones de los trabajadores que estaban en manos de los militares gorilas, luchó tanto contra los gobiernos antidemocráticos como contra las dirigencias sindicales claudicantes.
 
Después de 1955 fue preso político, residió en Caseros, Rawson y Bahía Blanca, a lo largo de 1956; al año siguiente estuvo en la Penitenciaría Nacional; en 1959 visitaría otra vez este edificio. Luego fue confinado a Caseros, una vez, en 1960 -debido a su oposición a Frondizi- y nuevamente fue encarcelado en Rosario, en 1960, por haber participado en la asonada del general peronista Miguel Ángel Iñiguez.
 
Secretario de la Federación Argentina de Trabajadores de la Sanidad, creador de la histórica "62 Organizaciones" gremiales peronistas, impulsor del congreso de La Falda, principal animador de la corriente combativa integrada, entre otros, por Raimundo Ongaro, Agustín Tosco, Jorge Di Pasquale, Julio Guillán, Lorenzo Pepe, Benito Romano, Atilio Santillán, su temprana desaparición privó al sindicalismo argentino de uno de sus más lúcidos dirigentes.
 
Falleció el 27 de enero de 1968 en un extraño accidente automovilístico en Villa María, Córdoba, mientras militantes universitarios integralistas, humanistas y peronistas de todo el país lo aguardábamos en Rosario, en un campamento estudiantil de formación política, para que nos hablara ese mismo día, junto a los dirigentes sindicales Julio Guillán y Lorenzo Pepe.
 
Su muerte ha de ser lamentada por mucho tiempo y por mucha gente -escribió entonces John William Cooke-, porque en un medio de venalidad y cobardía, Amado mantuvo las manos limpias y el pensamiento claro. Porque luchó en medio de la contaminación sin sucumbir a ella. Eso lo saben todos los que actuaron en la lucha de estos años, de ahí la autoridad moral que Olmos conservó frente a las bases obreras y peronistas y aún frente a los que no participaron de su misma actitud política.

 Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista 
Por Blas García



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