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Sociedad e Interés General - 13-01-2020 / 21:01
EFEMÉRIDES POPULARES. SEMANA DEL 07 AL 14 DE ENERO DE 1919 (Nota 3 de 3)

Semana Trágica: Los sicarios de la Liga Patriótica no pueden impedir el triunfo de la huelga obrera

Semana Trágica: Los sicarios de la Liga Patriótica no pueden impedir el triunfo de la huelga obrera
La Semana Trágica de 1919: huelga, lucha y represión. La rebelión social duró exactamente una semana, del 07 al 14 de enero de 1919. La huelga había triunfado a un costo enorme. El precio no lo pusieron los trabajadores sino los dueños del poder, que hicieron del conflicto un caso testigo en su pulseada con el gobierno radical al que consiguieron presionar en los momentos más graves e imponerle su voluntad represiva. En las imágenes, Arriba: Los féretros de los trabajadores asesinados, ante el paro de transporte, son llevados a mano por las fuerzas obreras. Abajo: Los sicarios de la Liga Patriótica, organización de la extrema derecha oligárquica, recorren las calles protegidos por policías armados.
Producida la Semana Trágica, por aquellos primeros días de 1919 a los miembros "más destacados de la sociedad" les dio un fuerte ataque de paranoia. En su fértil imaginación florecían selváticamente las teorías conspirativas. La Revolución Bolchevique se había producido hacía menos de dos años y el simple recuerdo de los soviets de obreros y campesinos decidiendo el destino de la nación más grande del mundo hacía temblar a los dueños de todo en la Argentina.
 
Había que frenar el torrente revolucionario. Comenzaron a reunirse para presionar al gobierno radical, al que veían como incapaz de llevar adelante una represión como la que ellos deseaban y necesitaban. Según los jefes de las familias más "bien" de la Argentina, se hacía necesario el empleo de una "mano dura" que les recordara a los trabajadores que su lugar en la sociedad viene por el lado de la obediencia y la resignación.
 
Así fue como un grupo de jóvenes de aquellas "mejores familias" se reunieron y decidieron "patrióticamente" armarse en "defensa propia". ¿A qué se dedicaban estos ciudadanos preocupados por el orden? Las bandas terroristas armadas que operaban bajo el rótulo de Liga Patriótica Argentina lo hacían con total impunidad y la más absoluta colaboración y complicidad oficiales. Se reunían en las comisarías y allí se les distribuían armas y brazaletes.
 
Desde las sedes policiales partían en coches último modelo manejados por los jovencitos oligarcas, y al grito de "Viva la Patria" se dirigían a las barriadas obreras, a las sedes sindicales, a las bibliotecas obreras, a la sede de los periódicos socialistas y anarquistas para incendiarlos y destruirlos, todo bajo la mirada cómplice de la policía y los bomberos. El barrio judío de Once fue atacado con saña por las bandas patrióticas que se dedicaban a la "caza del ruso".
 
Finalmente el 11 de enero el gobierno radical llegó a un acuerdo con la central obrera FORA IX basado en la libertad de los presos que sumaban más de 2.000, un aumento salarial de entre un 20 y un 40 %, el establecimiento de una jornada laboral de nueve horas y la reincorporación de todos los huelguistas despedidos. La Razón titulaba: "Se terminó la huelga, ahora los poderes públicos deben buscar los promotores de la rebelión, de esa rebelión cuya responsabilidad rechazan la FORA y el PS...". 
 
Para el jueves 16, Buenos Aires era casi una ciudad normal: circulaban los tranvías, había alimentos en los mercados, y los cines y teatros volvieron a abrir sus puertas. Las tropas fueron retornando a los cuarteles y los trabajadores fueron retomando lentamente los servicios. Recién el lunes 20 los obreros de Vasena, tras comprobar que todas sus reivindicaciones habían sido cumplidas y que no quedaba ningún compañero despedido ni sancionado, decidieron volver a sus puestos de trabajo.
 
La rebelión social duró exactamente una semana, del 07 al 14 de enero de 1919. La huelga había triunfado a un costo enorme. El precio no lo pusieron los trabajadores sino los dueños del poder, que hicieron del conflicto un caso testigo en su pulseada con el gobierno radical al que consiguieron presionar en los momentos más graves e imponerle su voluntad represiva.

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Semana Trágica: Los sicarios de la Liga Patriótica no pueden impedir el triunfo de la huelga obrera

Liga Patriótica asesina
 
Las reuniones continuaron en los más cómodos salones del "Centro Naval" de Florida y Córdoba, donde fueron cálidamente recibidos por el contralmirante y recontra reaccionario Manuel Domecq García y su colega el contralmirante Eduardo O'Connor, quienes se comprometieron a darle a los ansiosos muchachos instrucción militar.
 
O'Connor dijo aquel 10 de enero de 1919 que Buenos Aires no sería otro Petrogrado e invitaba a la "valiente muchachada" a atacar a los "rusos y catalanes en sus propios barrios si no se atreven a venir al centro". Los jovencitos "patrióticos" partieron del centro naval con brazaletes con los colores argentinos y armas automáticas generosamente repartidas por Domecq, O'Connor y sus cómplices.
 
Este grupo inicialmente inorgánico se va a constituir oficialmente como Liga Patriótica Argentina el 16 de enero de 1919. Domecq García ocupó la presidencia en forma provisional hasta abril de 1919, cuando las brigadas eligieron como presidente a Manuel Carlés y vice a Pedro Cristophersen. (...)
 
El barrio judío de Once fue atacado con saña por las bandas patrióticas que se dedicaban a la "caza del ruso". Allí fueron incendiadas sinagogas y las bibliotecas Avangard y Paole Sión. Los terroristas de la Liga atacaban a los transeúntes, particularmente a los que vestían con algún elemento que determinara su pertenencia a la colectividad.
 
La cobarde agresión no respetó ni edades ni sexos. Los "defensores de la familia y las buenas costumbres" golpeaban con cachiporras y las culatas de sus revólveres a ancianos y arrastraban de los pelos a mujeres y niños.
 
 Semana Trágica: Los sicarios de la Liga Patriótica no pueden impedir el triunfo de la huelga obrera 

El triunfo de la huelga
 
Finalmente el 11 de enero el gobierno radical llegó a un acuerdo con la FORA IX basado en la libertad de los presos que sumaban más de 2.000, un aumento salarial de entre un 20 y un 40 %, según las categorías, el establecimiento de una jornada laboral de nueve horas y la reincorporación de todos los huelguistas despedidos. Poco después las autoridades de la FORA y del Partido Socialista resolvieron la vuelta al trabajo.
 
El vespertino La Razón titulaba: "Se terminó la huelga, ahora los poderes públicos deben buscar los promotores de la rebelión, de esa rebelión cuya responsabilidad rechazan la FORA y el PS...".
 
Pero el dolor y la conmoción popular continúan. Los trabajadores se muestran renuentes a volver a sus trabajos. En las asambleas sindicales las mociones por continuar la huelga general se suceden. Por su parte, la FORA V se opone terminantemente a levantar la medida de fuerza y decide "continuar el movimiento como forma de protesta contra los crímenes de Estado".
 
Finalmente, el recientemente designado jefe de la Policía Federal, general Luis Dellepiane, recibió el martes 14 de enero por separado a las conducciones de las dos FORA y aceptó sus coincidentes condiciones para volver al trabajo que incluían "la supresión de la ostentación de fuerza por las autoridades" y el "respeto del derecho de reunión".
 
Pero pasando por encima del general, la policía y miembros de la Liga Patriótica se dieron un gusto que venían postergando: saquearon y destruyeron la sede de La Protesta. Esto motivó la amenaza de renuncia de Dellepiane, que fue rechazada al día siguiente por el propio presidente Yrigoyen, quien además ordenó efectivizar la puesta en libertad de todos los detenidos.
 
Para el jueves 16, Buenos Aires era casi una ciudad normal: circulaban los tranvías, había alimentos en los mercados, y los cines y teatros volvieron a abrir sus puertas. Las tropas fueron retornando a los cuarteles y los trabajadores ferroviarios fueron retomando lentamente los servicios. Recién el lunes 20 los obreros de Vasena, tras comprobar que todas sus reivindicaciones habían sido cumplidas y que no quedaba ningún compañero despedido ni sancionado, decidieron volver a sus puestos de trabajo.
 
La rebelión social duró exactamente una semana, del 7 al 14 de enero de 1919. La huelga había triunfado a un costo enorme. El precio no lo pusieron los trabajadores sino los dueños del poder, que hicieron del conflicto un caso testigo en su pulseada con el gobierno al que consiguieron presionar en los momentos más graves e imponerle su voluntad represiva.
 
 
Muy bien 10 felicitado
 
No hubo sanciones para las fuerzas represivas, ni siquiera se habló de "errores o excesos"; por el contrario, el gobierno felicitó a los oficiales y a las tropas encargadas de la represión y volvió a hablar de subversión.
 
Por su parte, Dellepiane, el jefe de la represión, dictó la siguiente orden del día: "Quiero llevar al digno y valiente personal que ha cooperado con las fuerzas del ejército y armada en la sofocación del brutal e inicuo estallido, mi palabra más sentida de agradecimiento, al mismo tiempo que el deseo de que los componentes de toda jerarquía de tan nobles instituciones, encargadas de salvaguardar los más sagrados intereses de esta gran metrópoli, sientan palpitar sus pechos únicamente por el impulso de nobles ideales, presentándolos como coraza invulnerable a la incitación malsana con que se quiere disfrazar propósitos inconfesables y cobardes apetitos".
 
El embajador de Yrigoyen en Gran Bretaña, Álvarez de Toledo, tranquiliza a los inversores extranjeros en un reportaje concedido al Times de Londres y reproducido por La Nación: "Los recientes conflictos obreros en la República Argentina no fueron más que simple reflejo de una situación común a todos los países y que la aplicación enérgica de la ley de residencia y la deportación de más de doscientos cabecillas bastaron para detener el avance del movimiento, que actualmente está dominado. [Agregó que] la República Argentina reconoce plenamente la deuda de gratitud hacia los capitales extranjeros, y muy especialmente hacia los británicos por la participación que han tenido en el desarrollo del país, y que está dispuesto a ofrecer toda clase de facilidades para otro desarrollo de su actividad".
 
 
Donaciones de almas caritativas
 
Los sectores más pudientes de la sociedad se mostraron muy agradecidos con los miembros de las fuerzas represivas y quisieron premiarlas con lo único que a ambas partes les interesa a la hora de los homenajes: dinero. Las empresas beneficiadas con la "disciplina social", las damas de beneficencia y otras entidades "de bien público" iniciaron colectas "pro defensores del orden".
 
Así lo detalla La Nación: "En el local de la Asociación del Trabajo se reunió ayer la Junta Directiva de la Comisión pro defensores del orden, que preside el contralmirante Domecq García, adoptándose diversas resoluciones de importancia. Se resolvió designar comisiones especiales que tendrán a su cargo la recolección de fondos en la banca, el comercio, la industria, el foro, etc., y se adoptaron diversas disposiciones tendientes a hacer que el óbolo llegue en forma equitativa a todos los hogares de los defensores del orden. [...] La empresa del ferrocarril del Oeste ha resuelto contribuir con la suma de 5.000 pesos al fondo de la suscripción nacional promovida a favor de los argentinos que han tenido a su cargo la tarea de restablecer el orden durante los recientes sucesos.
 
Un grupo de jóvenes radicados en la sección 15 de la policía ha iniciado una colecta entre los vecinos con objeto de entregar una suma de dinero a los agentes pertenecientes a la citada comisaría, con motivo de su actuación en los últimos sucesos".
 
"La comisión central pro defensores del orden recibió ayer las siguientes cantidades:
 
Frigorífico Swift $ 1.000
Club Francais 500
Eugenio Mattaldi 500
Escalada y Cía. 100
Leng Roberts y Cía. 500
Juan Ángel López 200
Matías Errázuriz 500
Horacio Sánchez y Elía 7.000
Jockey Club 5.000
Cía. Alemana de electricidad 1.000
Arable King y Cía 100
Elena S. de Gómez. 200
Las Palmas Produce Cía. 1.000
Mac Donald 300
Frigorífico Armour 1.000
 
 
Fieras hambrientas
 
Nadie se acordó de los familiares de los 700 muertos y de los más de 4.000 heridos. Eran gente del pueblo, eran trabajadores, eran, en términos de Carlés, "insolentes" que habían osado defender sus derechos. Para ellos no hubo "suscripciones" ni donaciones para aquellas viudas con sus hijos sumidos en la más absoluta tristeza y pobreza, para los hijos del pueblo no hubo ningún consuelo. La caridad tenía una sola cara.
 
Sólo varios meses después de terminada la represión de aquella Semana Trágica, las damas de caridad y la jerarquía de la Iglesia Católica lanzaron una colecta para reunir fondos para darle limosnas a las familias más necesitadas. Lo hacían evidentemente en defensa propia.
 
Si a alguien le queda alguna duda, he aquí parte del texto de lanzamiento de la Gran Colecta Nacional: "Dime: ¿qué menos podrías hacer si te vieras acosado o acosada por una manada de fieras hambrientas, que echarles pedazos de carne para aplacar el furor y taparles la boca? Los bárbaros ya están a las puertas de Roma".
 
Fuente: El Historiador

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Semana Trágica: Los sicarios de la Liga Patriótica no pueden impedir el triunfo de la huelga obrera
Acto de trabajadores durante la Semana Trágica. La huelga de los metalúrgicos de los Talleres Vasena que comenzó en diciembre, la posterior represión y resistencia, que pasó a la historia como la “Semana Trágica”, fue uno de esos heroicos hitos de la clase obrera argentina.
Semana Trágica: Los sicarios de la Liga Patriótica no pueden impedir el triunfo de la huelga obrera
Ataúdes con víctimas de la represión.
27-01-2020 / 20:01
La revolución, el periodismo y las mujeres. Tres pasiones conjugadas en un argentino que defendió fervorosamente el sueño independentista del siglo XIX: Bernardo de Monteagudo. Los aires de la Revolución Francesa le llegaron desde su nacimiento, el 20 de agosto de 1789, un mes después de la Toma de la Bastilla.
 
Ni la cárcel pudo frenar a este abogado graduado en 1808 en la Universidad de Chuquisaca (actual Bolivia). La corte de esta ciudad lo encerró por el "abominable delito de deslealtad a la causa del rey", ya que fue uno de los promotores de la rebelión de 1809 contra la administración del virrey.
 
Decidido a no perder tiempo de lucha engrillado, arguyó "tener una merienda con unas damas" en el jardín lindante a la prisión para obtener la llave de la libertad. Una vez afuera, se dirigió a Potosí para unirse al ejército comandado por Juan José Castelli, que lo nombró su secretario.
 
Además de haber dirigido La Gazeta de Buenos Aires, fundó en 1812 su propio periódico, el Mártir o Libre, en el que resaltaba la necesidad urgente de proclamar la independencia. Ese año, Monteagudo comandó la Sociedad Patriótica, un grupo opositor al Primer Triunvirato que unió sus fuerzas con la Logia Lautaro de José de San Martín para derrocar el régimen. Una vez instalado el Segundo Triunvirato, Monteagudo participó como diputado por Mendoza en el Congreso Constituyente, conocido como Asamblea del Año XIII.
 
En 1815, el polémico periodista tuvo que exiliarse en Europa cuando cayó el directorio de Carlos María de Alvear, a quien apoyaba en el periódico El Independiente. Después de vivir en Londres y en París, pudo volver al país en 1817. A su regreso, Monteagudo va a reunirse con San Martín. A pesar de la anterior complicidad con su rival Alvear, El Libertador depositó su confianza en las condiciones del tucumano y lo nombró auditor del Ejército de los Andes, como Teniente Coronel.
 
Monteagudo redacta el acta de la independencia de Chile que firmó Bernardo de O'Higgins en enero de 1818. Y participó muy cerca de San Martín en la preparación de la campaña libertadora al Perú. En Lima, el general lo nombró ministro de Guerra y Marina y, más adelante, de Gobierno y Relaciones Exteriores. Vivía en Quito cuando Simón Bolívar ya le había confiado la preparación del Congreso de Panamá para establecer una confederación que incorporara a todos los estados de América.
 
La noche del 28 de enero de 1825, cuando salía a ver a Juanita Salguero, su amante en Lima, fue apuñalado. Bolívar, ni bien se enteró del magnicidio, dijo: ¡Monteagudo! Serás vengado.

La Opinión Popular



27-01-2020 / 20:01
El 28 de enero de 2014, murió el compañero Jorge Alberto "el Turco" Obeid, uno de los referentes históricos del Partido Justicialista en Santa Fe. Fue ingeniero químico, docente y político peronista. De extensa trayectoria política, fue concejal e intendente de la ciudad de Santa Fe, gobernador de la provincia de Santa Fe en dos oportunidades y también dos veces diputado nacional, además de haber ejercido diversos cargos en el Partido Justicialista (PJ), en el que militaba desde el año 1972.
 
Obeid nació en Diamante, Entre Ríos, y a los 17 años de edad se mudó a la ciudad de Santa Fe con el objetivo de cursar sus estudios universitarios. En la Universidad Nacional del Litoral, empezó a militar en la Juventud Peronista, llegando a ser jefe de la Regional II de esa organización hasta que renunció a su cargo en 1974, por diferencias con la conducción militarista y foquista de Montoneros.
 
"Yo no acordaba con la idea de confrontar con Perón y aceptaba a Perón como conductor del Peronismo. Yo era de los que pensaba que con el regreso de Perón, no se justifica más la lucha armada. Lo que había que hacer era trabajar junto a él para reconstruir el país", afirmó en un reportaje, recordando esos tiempos.
 
A partir del golpe de Estado que instaló en el poder a la dictadura cívico-militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional tuvo que exiliarse en Perú durante dos años, al cabo de los que decidió visitar su pueblo natal. Durante esa visita fue detenido.
 
Vuelta la democracia, en 1987 fue electo concejal municipal de la ciudad de Santa Fe, banca que ocupó hasta el vencimiento de su mandato en el año 1991. Asumió entonces el cargo partidario de secretario general del Partido Justicialista en Santa Fe. En 1989 fue intendente interino de la capital santafecina tras la destitución de Carlos Aurelio Martínez, siendo luego confirmado por el voto popular.
 
Fue electo gobernador de la Provincia de Santa Fe con el 47,80%10 de los votos y ejerció como vicepresidente del Partido Justicialista de la provincia entre los años 1995 y 1996. Al finalizar su mandato, fue electo diputado nacional en el año 1999 y fue nuevamente electo para ocupar la Casa Gris provincial en 2003 con el 50,95% de los votos.
 
Al no estar contemplada en la Constitución Provincial la reelección consecutiva para gobernadores y vicegobernadores, no pudo presentarse a las elecciones del año 2007 y fue sucedido en el cargo por Hermes Binner, candidato del Partido Socialista. Obeid fue entonces electo como diputado nacional en esas elecciones.
 
Su relación con el kirchnerismo fue ambivalente. La crisis con el campo en el 2009 marcó un punto de inflexión y Obeid decidió alejarse del modelo K. El apartamiento le valió la crítica de los sectores cristinistas más duros. Diferencias que fueron zanjadas cuando Cristina lo eligió para pelear sus últimas elecciones. En 2013, volvió a ser elegido diputado nacional por el Frente para la Victoria.
 
Su muerte produjo un hondo pesar en el seno del Peronismo y de todos quienes fuimos compañeros de militancia y amigos.
 
Por Blas García


27-01-2020 / 07:01
Producido el golpe oligárquico que derrocó a Juan Perón en septiembre de 1955, este decide marcharse al Paraguay, pero el dictador Alfredo Stroessner le advirtió que dejara el país, debido a que no podría garantizar su seguridad en caso de posibles atentados contra su vida. Stroessner le dio un salvoconducto para dirigirse a Nicaragua, donde fue recibido por Anastasio Somoza.
 
Luego partió a Panamá, y se alojó en el Hotel Washington, de la ciudad de Colón -en el extremo caribeño del Canal- donde pensaba concluir el libro que había empezado a escribir en Asunción: "La fuerza es el derecho de las bestias". Pero debió abandonar Panamá debido a que se iba a realizar una conferencia panamericana con la asistencia del presidente yanqui Dwight Eisenhower.
 
Marchó nuevamente a Nicaragua por un periodo corto, y en agosto de 1956 decidió con su entorno ir a Venezuela, que estaba gobernada por Marcos Pérez Jiménez; durante su estadía Caracas, el dictador venezolano nunca recibió al expresidente argentino, que no era de su agrado por diferencias políticas.
 
Sin embargo, tras el derrocamiento de Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, Perón tuvo que refugiarse en la embajada de la República Dominicana y de allí salió rumbo a ese país, donde fue recibido por el Rafael Leónidas Trujillo. Dos años después, el 27 de enero de 1960, Perón abandona la República Dominicana y se traslada a España. Se radicó en Madrid, en el barrio residencial de Puerta de Hierro.
 
El 17 de noviembre de 1972, Juan Perón volvió al país tras 17 años de injusto exilio y proscripción, como consecuencia de uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, por masividad y amplitud metodológica, para romper la estrategia de continuidad de los monopolios imperialistas, del "partido militar" y de sus aliados políticos.
 
Por Blas García 



27-01-2020 / 06:01
27-01-2020 / 06:01
Nacido en 1918. Rosarino. Obrero. Peronista. Dirigente del gremio de la Sanidad de larga militancia en la recuperación de las organizaciones de los trabajadores que estaban en manos de los militares gorilas, luchó tanto contra los gobiernos antidemocráticos como contra las dirigencias sindicales claudicantes.
 
Después de 1955 fue preso político, residió en Caseros, Rawson y Bahía Blanca, a lo largo de 1956; al año siguiente estuvo en la Penitenciaría Nacional; en 1959 visitaría otra vez este edificio. Luego fue confinado a Caseros, una vez, en 1960 -debido a su oposición a Frondizi- y nuevamente fue encarcelado en Rosario, en 1960, por haber participado en la asonada del general peronista Miguel Ángel Iñiguez.
 
Secretario de la Federación Argentina de Trabajadores de la Sanidad, creador de la histórica "62 Organizaciones" gremiales peronistas, impulsor del congreso de La Falda, principal animador de la corriente combativa integrada, entre otros, por Raimundo Ongaro, Agustín Tosco, Jorge Di Pasquale, Julio Guillán, Lorenzo Pepe, Benito Romano, Atilio Santillán, su temprana desaparición privó al sindicalismo argentino de uno de sus más lúcidos dirigentes.
 
Falleció el 27 de enero de 1968 en un extraño accidente automovilístico en Villa María, Córdoba, mientras militantes universitarios integralistas, humanistas y peronistas de todo el país lo aguardábamos en Rosario, en un campamento estudiantil de formación política, para que nos hablara ese mismo día, junto a los dirigentes sindicales Julio Guillán y Lorenzo Pepe.
 
Su muerte ha de ser lamentada por mucho tiempo y por mucha gente -escribió entonces John William Cooke-, porque en un medio de venalidad y cobardía, Amado mantuvo las manos limpias y el pensamiento claro. Porque luchó en medio de la contaminación sin sucumbir a ella. Eso lo saben todos los que actuaron en la lucha de estos años, de ahí la autoridad moral que Olmos conservó frente a las bases obreras y peronistas y aún frente a los que no participaron de su misma actitud política.

 Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista 
Por Blas García



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