La Opinión Popular
                  20:59  |  Lunes 27 de Enero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Tenemos nuevas prioridades: combatir el hambre y la pobreza, encender la economía, reactivar el consumo y generar empleo”. Alberto Fernández
Recomendar Imprimir
Sociedad e Interés General - 08-01-2020 / 18:01
EFEMÉRIDES POPULARES. SEMANA DEL 07 AL 14 DE ENERO DE 1919 (Nota 2 de 3)

La Semana Trágica y la masacre en el cementerio de la Chacarita

La Semana Trágica y la masacre en el cementerio de la Chacarita
El 09 de enero, la interminable y conmovedora columna obrera llegó a la Chacarita. En primera fila estaban los familiares de los muertos. De pronto, surgieron abruptamente detrás de los muros del cementerio miembros de la policía y del ejército que comenzaron a disparar sobre la multitud. Era una emboscada. La gente buscó refugio donde pudo, pero fueron muchos los muertos y los heridos. Los sobrevivientes fueron empujados a sablazos por los “cosacos” de la policía montada hacia la salida del cementerio.
En diciembre de 1918 comenzó una huelga en los talleres metalúrgicos Pedro Vasena e Hijos. La industria metalúrgica se había visto profundamente  afectada por la Primera Guerra Mundial e intentaba bajar costos. Los obreros, a su vez, pretendían obtener mejoras en sus condiciones de trabajo y en sus salarios.
 
Los graves hechos se desencadenaron a partir del 07 de enero, cuando un grupo de huelguistas, que había formado un piquete tratando de impedir la llegada de materia prima para la fábrica, se enfrentó con un grupo de rompehuelgas que comenzaron a disparar sus armas de fuego contra los trabajadores. El saldo fue elocuente: cuatro muertos.
 
El 09 de enero, a eso de las tres de la tarde partió el cortejo fúnebre encabezado por la "autodefensa obrera", unos cien trabajadores armados con revólveres y carabinas. Detrás, una compacta columna de miles de personas, "el pobrerío" como les gustaba llamarlos a los pitucos.
 
Frente a un templo católico, algunos manifestantes anarquistas comenzaron a gritar consignas anticlericales. La respuesta no se hizo esperar: dentro del templo estaban apostados policías y bomberos que comenzaron a disparar sobre la multitud cobrándose las primeras víctimas de la jornada. Al paso de la columna por las armerías, éstas eran asaltadas por algunos de los manifestantes que "expropiaban" armas cortas, carabinas y fusiles para "la revolución social".
 
Aproximadamente a las 17 horas de aquel 09 de enero la interminable y conmovedora columna obrera llegó a la Chacarita, la gente se fue acomodando como pudo entre las tumbas y comenzaron los discursos de los delegados de la FORA IX. En primera fila estaban los familiares de los muertos. Madres, padres, hijos, hermanos desconsolados y acompañados en el dolor y la necesidad de justicia por miles de personas.
 
De pronto, surgieron abruptamente detrás de los muros del cementerio miembros de la policía y del ejército que comenzaron a disparar sobre la multitud. Era una emboscada. La gente buscó refugio donde pudo, pero fueron muchos los muertos y los heridos. Los sobrevivientes fueron empujados a sablazos y culatazos hacia la salida del cementerio.
 
Según los diarios, hubo 12 muertos y casi doscientos heridos. La prensa obrera habló de 100 muertos y más de cuatrocientos heridos. Ambas versiones coinciden en que entre las fuerzas militares y policiales no hubo bajas. La impunidad era total. No había antecedentes de semejante matanza de obreros.
 
Pese a todo, el pueblo movilizado no se amilanó y siguió en la calle exigiendo justicia y pidiéndoles a sus dirigentes que continuara la huelga general, cosa que efectivamente ocurrió.

 

La Semana Trágica y la masacre en el cementerio de la Chacarita

El 08 de enero de 1918, frente a la gravedad de los hechos, uno de los causantes de toda esta tragedia, Alfredo Vasena, se dignó a reunirse con los delegados gremiales en el Departamento de Policía y les ofreció la reducción de la jornada laboral a 9 horas, un 12 % de aumento de jornales y admisión de cuantos quisieran trabajar. Como la reunión se hizo larga, se decidió continuarla al día siguiente en la propia fábrica. Los obreros llegaron puntualmente a las diez, pero don Vasena se negó a reunirse argumentando que entre los delegados había activistas que no pertenecían a su plantel.
 
Los obreros armados de cierta paciencia conformaron otra delegación que presentó el pliego de condiciones de los huelguistas: jornada de 8 horas, aumentos de jornales comprendidos entre el 20 y el 40 %, pago de trabajos y horas extraordinarias, readmisión de los obreros despedidos por causas sindicales y abolición del trabajo a destajo. Vasena prometió contestar al día siguiente y, a pedido de los obreros, ordenó que dejaran de circular las chatas de transportes. Pero los hechos se iban a precipitar.
 
Aquel jueves 09 de enero de 1919 Buenos Aires era una ciudad paralizada. Los negocios habían cerrado, no había espectáculos, ni transporte público, la basura se acumulaba en las esquinas por la huelga de los recolectores, los canillitas habían resuelto vender solamente La Vanguardia y La Protesta, que aquel día titulaba: "El crimen de las fuerzas policiales, embriagadas por el gobierno y Vasena, clama una explosión revolucionaria". 
 
Más allá de las divisiones metodológicas de las centrales obreras, la clase trabajadora de Buenos Aires fue concretando una enorme huelga general de hecho. Los únicos movimientos lo constituían las compactas columnas de trabajadores que se preparaban para enterrar a sus muertos.
 
Eran hombres, mujeres y niños del pueblo, con sus crespones negros y sus banderas rojas y negras, eran socialistas, anarquistas y sindicalistas revolucionarios que salían a la calle para demostrar que no le tenían miedo a la barbarie "patriótica" de los dueños del país, para dar claro testimonio de que no los asustaban las policías bravas y ahí andaban con su única propiedad, sus hijos, por las calles de aquella Buenos Aires que hacía historia.
 
Lo único que pretendían era homenajear a sus mártires y repudiar la represión estatal y paraestatal. Previsor, el jefe de policía Elpidio González había solicitado y obtenido aquel mismo día del presidente Yrigoyen un decreto que aumentaba en un 20 % el sueldo de los policías a los que les esperaba una dura faena.
 
 La Semana Trágica y la masacre en el cementerio de la Chacarita 

Masacre en el cementerio
 
A eso de las tres de la tarde partió el cortejo fúnebre encabezado por la "autodefensa obrera", unos cien trabajadores armados con revólveres y carabinas. Detrás, una compacta columna de miles de personas, "el pobrerío" como les gustaba llamarlos a los pitucos. El cortejo enfiló por la calle Corrientes hacia el Cementerio del Oeste (La Chacarita). Al llegar a la altura de Yatay, frente a un templo católico, algunos manifestantes anarquistas comenzaron a gritar consignas anticlericales.
 
La respuesta no se hizo esperar: dentro del templo estaban apostados policías y bomberos que comenzaron a disparar sobre la multitud cobrándose las primeras víctimas de la jornada. Al paso de la columna por las armerías, éstas eran asaltadas por algunos de los manifestantes que "expropiaban" armas cortas, carabinas y fusiles para "la revolución social".
 
Aproximadamente a las 17 horas de aquel 9 de enero la interminable y conmovedora columna obrera llegó a la Chacarita, la gente se fue acomodando como pudo entre las tumbas y comenzaron los discursos de los delegados de la FORA IX.
 
En primera fila estaban los familiares de los muertos. Madres, padres, hijos, hermanos desconsolados y acompañados en el dolor y la necesidad de justicia por miles de personas.
 
Mientras hablaba el dirigente Luis Bernard, surgieron abruptamente detrás de los muros del cementerio miembros de la policía y del ejército que comenzaron a disparar sobre la multitud. Era una emboscada. La gente buscó refugio donde pudo, pero fueron muchos los muertos y los heridos. Los sobrevivientes fueron empujados a sablazos y culatazos hacia la salida del cementerio.
 
Según los diarios, hubo 12 muertos y casi doscientos heridos. La prensa obrera habló de 100 muertos y más de cuatrocientos heridos. Ambas versiones coinciden en que entre las fuerzas militares y policiales no hubo bajas. La impunidad iba en aumento. No había antecedentes de semejante matanza de obreros.
 
Pese a todo, el pueblo movilizado no se amilanó y siguió en la calle exigiendo justicia y pidiéndoles a sus dirigentes que continuara la huelga general, cosa que efectivamente ocurrió.
 
La agitación seguía, y mientras se producía la masacre de la Chacarita un nutrido grupo de trabajadores rodeó la fábrica Vasena y estuvo a punto de incendiarla. En el interior del edificio se encontraban reunidos Alfredo Vasena, Joaquín Anchorena de la Asociación Nacional del Trabajo y el empresario británico comprador, que ante el devenir de los hechos pidió protección a su embajada, que rápidamente se comunicó con la Casa Rosada desde donde partió el flamante jefe de policía y futuro vicepresidente de Alvear, don Elpidio González, a parlamentar con los obreros y pedirles calma.
 
No era el mejor momento y no fue bien recibido. La comitiva encabezada por el funcionario fue atacada, y el propio auto del jefe de policía fue incendiado por la multitud. González debió volverse en taxi a su despacho, pero envió a un grupo de 100 bomberos y policías armados hasta los dientes que dispararon sin contemplaciones sobre la multitud, provocando -según el propio parte policial- 24 muertos y 60 heridos.
 
En toda la ciudad se produjeron actos de protesta expresando la indignación de los trabajadores por la acción represiva del Estado. (...)
 
Fuente: El Historiador

Agreganos como amigo a Facebook
La Semana Trágica y la masacre en el cementerio de la Chacarita
Arden los talleres Vasena. Epicentro de la huelga por mejores condiciones laborales. Estaban en el lugar que hoy ocupa la plaza Martín Fierro. (Caras y Caretas/Archivo General de la Nación).
La Semana Trágica y la masacre en el cementerio de la Chacarita
El general Luis J. Dellepiane ocupó con sus tropas los lugares estratégicos de la ciudad para combatir a los trabajadores en huelga general.
27-01-2020 / 20:01
La revolución, el periodismo y las mujeres. Tres pasiones conjugadas en un argentino que defendió fervorosamente el sueño independentista del siglo XIX: Bernardo de Monteagudo. Los aires de la Revolución Francesa le llegaron desde su nacimiento, el 20 de agosto de 1789, un mes después de la Toma de la Bastilla.
 
Ni la cárcel pudo frenar a este abogado graduado en 1808 en la Universidad de Chuquisaca (actual Bolivia). La corte de esta ciudad lo encerró por el "abominable delito de deslealtad a la causa del rey", ya que fue uno de los promotores de la rebelión de 1809 contra la administración del virrey.
 
Decidido a no perder tiempo de lucha engrillado, arguyó "tener una merienda con unas damas" en el jardín lindante a la prisión para obtener la llave de la libertad. Una vez afuera, se dirigió a Potosí para unirse al ejército comandado por Juan José Castelli, que lo nombró su secretario.
 
Además de haber dirigido La Gazeta de Buenos Aires, fundó en 1812 su propio periódico, el Mártir o Libre, en el que resaltaba la necesidad urgente de proclamar la independencia. Ese año, Monteagudo comandó la Sociedad Patriótica, un grupo opositor al Primer Triunvirato que unió sus fuerzas con la Logia Lautaro de José de San Martín para derrocar el régimen. Una vez instalado el Segundo Triunvirato, Monteagudo participó como diputado por Mendoza en el Congreso Constituyente, conocido como Asamblea del Año XIII.
 
En 1815, el polémico periodista tuvo que exiliarse en Europa cuando cayó el directorio de Carlos María de Alvear, a quien apoyaba en el periódico El Independiente. Después de vivir en Londres y en París, pudo volver al país en 1817. A su regreso, Monteagudo va a reunirse con San Martín. A pesar de la anterior complicidad con su rival Alvear, El Libertador depositó su confianza en las condiciones del tucumano y lo nombró auditor del Ejército de los Andes, como Teniente Coronel.
 
Monteagudo redacta el acta de la independencia de Chile que firmó Bernardo de O'Higgins en enero de 1818. Y participó muy cerca de San Martín en la preparación de la campaña libertadora al Perú. En Lima, el general lo nombró ministro de Guerra y Marina y, más adelante, de Gobierno y Relaciones Exteriores. Vivía en Quito cuando Simón Bolívar ya le había confiado la preparación del Congreso de Panamá para establecer una confederación que incorporara a todos los estados de América.
 
La noche del 28 de enero de 1825, cuando salía a ver a Juanita Salguero, su amante en Lima, fue apuñalado. Bolívar, ni bien se enteró del magnicidio, dijo: ¡Monteagudo! Serás vengado.

La Opinión Popular



27-01-2020 / 20:01
El 28 de enero de 2014, murió el compañero Jorge Alberto "el Turco" Obeid, uno de los referentes históricos del Partido Justicialista en Santa Fe. Fue ingeniero químico, docente y político peronista. De extensa trayectoria política, fue concejal e intendente de la ciudad de Santa Fe, gobernador de la provincia de Santa Fe en dos oportunidades y también dos veces diputado nacional, además de haber ejercido diversos cargos en el Partido Justicialista (PJ), en el que militaba desde el año 1972.
 
Obeid nació en Diamante, Entre Ríos, y a los 17 años de edad se mudó a la ciudad de Santa Fe con el objetivo de cursar sus estudios universitarios. En la Universidad Nacional del Litoral, empezó a militar en la Juventud Peronista, llegando a ser jefe de la Regional II de esa organización hasta que renunció a su cargo en 1974, por diferencias con la conducción militarista y foquista de Montoneros.
 
"Yo no acordaba con la idea de confrontar con Perón y aceptaba a Perón como conductor del Peronismo. Yo era de los que pensaba que con el regreso de Perón, no se justifica más la lucha armada. Lo que había que hacer era trabajar junto a él para reconstruir el país", afirmó en un reportaje, recordando esos tiempos.
 
A partir del golpe de Estado que instaló en el poder a la dictadura cívico-militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional tuvo que exiliarse en Perú durante dos años, al cabo de los que decidió visitar su pueblo natal. Durante esa visita fue detenido.
 
Vuelta la democracia, en 1987 fue electo concejal municipal de la ciudad de Santa Fe, banca que ocupó hasta el vencimiento de su mandato en el año 1991. Asumió entonces el cargo partidario de secretario general del Partido Justicialista en Santa Fe. En 1989 fue intendente interino de la capital santafecina tras la destitución de Carlos Aurelio Martínez, siendo luego confirmado por el voto popular.
 
Fue electo gobernador de la Provincia de Santa Fe con el 47,80%10 de los votos y ejerció como vicepresidente del Partido Justicialista de la provincia entre los años 1995 y 1996. Al finalizar su mandato, fue electo diputado nacional en el año 1999 y fue nuevamente electo para ocupar la Casa Gris provincial en 2003 con el 50,95% de los votos.
 
Al no estar contemplada en la Constitución Provincial la reelección consecutiva para gobernadores y vicegobernadores, no pudo presentarse a las elecciones del año 2007 y fue sucedido en el cargo por Hermes Binner, candidato del Partido Socialista. Obeid fue entonces electo como diputado nacional en esas elecciones.
 
Su relación con el kirchnerismo fue ambivalente. La crisis con el campo en el 2009 marcó un punto de inflexión y Obeid decidió alejarse del modelo K. El apartamiento le valió la crítica de los sectores cristinistas más duros. Diferencias que fueron zanjadas cuando Cristina lo eligió para pelear sus últimas elecciones. En 2013, volvió a ser elegido diputado nacional por el Frente para la Victoria.
 
Su muerte produjo un hondo pesar en el seno del Peronismo y de todos quienes fuimos compañeros de militancia y amigos.
 
Por Blas García


27-01-2020 / 07:01
Producido el golpe oligárquico que derrocó a Juan Perón en septiembre de 1955, este decide marcharse al Paraguay, pero el dictador Alfredo Stroessner le advirtió que dejara el país, debido a que no podría garantizar su seguridad en caso de posibles atentados contra su vida. Stroessner le dio un salvoconducto para dirigirse a Nicaragua, donde fue recibido por Anastasio Somoza.
 
Luego partió a Panamá, y se alojó en el Hotel Washington, de la ciudad de Colón -en el extremo caribeño del Canal- donde pensaba concluir el libro que había empezado a escribir en Asunción: "La fuerza es el derecho de las bestias". Pero debió abandonar Panamá debido a que se iba a realizar una conferencia panamericana con la asistencia del presidente yanqui Dwight Eisenhower.
 
Marchó nuevamente a Nicaragua por un periodo corto, y en agosto de 1956 decidió con su entorno ir a Venezuela, que estaba gobernada por Marcos Pérez Jiménez; durante su estadía Caracas, el dictador venezolano nunca recibió al expresidente argentino, que no era de su agrado por diferencias políticas.
 
Sin embargo, tras el derrocamiento de Pérez Jiménez el 23 de enero de 1958, Perón tuvo que refugiarse en la embajada de la República Dominicana y de allí salió rumbo a ese país, donde fue recibido por el Rafael Leónidas Trujillo. Dos años después, el 27 de enero de 1960, Perón abandona la República Dominicana y se traslada a España. Se radicó en Madrid, en el barrio residencial de Puerta de Hierro.
 
El 17 de noviembre de 1972, Juan Perón volvió al país tras 17 años de injusto exilio y proscripción, como consecuencia de uno de los procesos de mayor movilización popular de la historia argentina, por masividad y amplitud metodológica, para romper la estrategia de continuidad de los monopolios imperialistas, del "partido militar" y de sus aliados políticos.
 
Por Blas García 



27-01-2020 / 06:01
27-01-2020 / 06:01
Nacido en 1918. Rosarino. Obrero. Peronista. Dirigente del gremio de la Sanidad de larga militancia en la recuperación de las organizaciones de los trabajadores que estaban en manos de los militares gorilas, luchó tanto contra los gobiernos antidemocráticos como contra las dirigencias sindicales claudicantes.
 
Después de 1955 fue preso político, residió en Caseros, Rawson y Bahía Blanca, a lo largo de 1956; al año siguiente estuvo en la Penitenciaría Nacional; en 1959 visitaría otra vez este edificio. Luego fue confinado a Caseros, una vez, en 1960 -debido a su oposición a Frondizi- y nuevamente fue encarcelado en Rosario, en 1960, por haber participado en la asonada del general peronista Miguel Ángel Iñiguez.
 
Secretario de la Federación Argentina de Trabajadores de la Sanidad, creador de la histórica "62 Organizaciones" gremiales peronistas, impulsor del congreso de La Falda, principal animador de la corriente combativa integrada, entre otros, por Raimundo Ongaro, Agustín Tosco, Jorge Di Pasquale, Julio Guillán, Lorenzo Pepe, Benito Romano, Atilio Santillán, su temprana desaparición privó al sindicalismo argentino de uno de sus más lúcidos dirigentes.
 
Falleció el 27 de enero de 1968 en un extraño accidente automovilístico en Villa María, Córdoba, mientras militantes universitarios integralistas, humanistas y peronistas de todo el país lo aguardábamos en Rosario, en un campamento estudiantil de formación política, para que nos hablara ese mismo día, junto a los dirigentes sindicales Julio Guillán y Lorenzo Pepe.
 
Su muerte ha de ser lamentada por mucho tiempo y por mucha gente -escribió entonces John William Cooke-, porque en un medio de venalidad y cobardía, Amado mantuvo las manos limpias y el pensamiento claro. Porque luchó en medio de la contaminación sin sucumbir a ella. Eso lo saben todos los que actuaron en la lucha de estos años, de ahí la autoridad moral que Olmos conservó frente a las bases obreras y peronistas y aún frente a los que no participaron de su misma actitud política.

 Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista 
Por Blas García



NicoSal soluciones web

© Copyright 2009 LA OPINIÓN POPULAR – www.laopinionpopular.com.ar - Todos los derechos reservados.

E-mail: contacto@laopinionpopular.com.ar