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"El día que la pandemia termine va a haber un banderazo de los argentinos de bien". Alberto Fernández
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Nacionales - 08-12-2019 / 10:12
IMAGINA UN TRAJE A RAYAS EN SU FUTURO

Macri convocó la Plaza del odio antiperonista al Pueblo

Macri convocó la Plaza del odio antiperonista al Pueblo
UNA GESTIÓN SE RETIRA AL BORDE DEL LLANTO. Concluye el peor gobierno democrático de la historia moderna en este país. Los intentos postreros de construir un relato que haga más ligero el juicio de la historia chocan de frente con la realidad. No importa con qué vara se lo mida, Mauricio Macri dejará el país con más pobres y más hambre, con menos empleo y de peor calidad, con la salud en crisis, la educación abandonada y el desarrollo científico y tecnológico relegado de cualquier lista de prioridades.
El discurso presidencial decepcionó a sus seguidores, que hubieran preferido escucharlo más tiempo. El tema que más le preocupó fue el de la Justicia. "Quiero una justicia que se guíe por pruebas y no por el discurso político", exclamó, viéndo un traje a rayas en su imaginación.
 
El gobierno de Mauricio Macri será recordado por muchas cosas poco republicanas, entre ellas la manipulación de la justicia para perseguir a sus opositores, hasta el ensañamiento. Es lógico que su preocupación sea ese tema. Si lo hizo él, está seguro que lo harán sus adversarios. Y Macri está flojo de papeles en muchas de las causas de corrupción que tiene en la Justicia.
 
Pero el tema que generó más empatía con sus fanáticos fue el miedo y el odio gorila al peronismo. "Yo sé que muchos de ustedes sienten angustia por lo que viene --afirmó--, pero no hay porqué tener miedo, somos muchos para defender la libertad y la democracia".
 
Y en otro de los pocos párrafos de su discurso, insistió: "Vamos a cuidar que no roben, que no estafen más a nuestra querida Argentina". Esa referencia provocó un bufido de aprobación en sus seguidores. Muchos asintieron con la cabeza, especialmente las señoras. El núcleo duro del macrismo --personas mayores de situación acomodada-- se convoca en gran parte por ese sentimiento visceral.
 
Para esa multitud la grieta es irreductible. Algunos de los que hablaron a los movileros que cubrieron el acto, se quejaron de la grieta, sin darse cuenta que la grieta es el odio antiperonista que ellos mismos destilaban, un odio que en la mayoría de los casos fue instalado por la campaña de los medios hegemónicos: Clarín, La Nación e Infobae.
 
Aquí se vio la doble vara macrista, la contradicción, la raíz ilógica de ese discurso en el tratamiento diferente que le dieron a Pichetto y a los diputados que se les fueron. Con la justicia es igual. A los otros se los puede condenar sin pruebas. A ellos ni siquiera con pruebas. Si los condena a ellos con pruebas, la justicia es corrupta. Si condena sin pruebas a los que ellos no quieren, es independiente.
 
En el imaginario autoritario de ese grupo gorila conservador que forma el núcleo duro de Cambiemos, ellos son los únicos republicanos y democráticos. Los demás son enemigos de esos valores. Es imposible la convivencia en ese clima de pensamiento. 
 
Macri tuvo su plaza de despedida cuando más del 65% de los argentinos tiene una imagen suya negativa. La Plaza macrista era representativa del sector conservador duro que no abarca el 40% de los votos que logró la fórmula de Juntos por el Cambio en las elecciones.
 
Fue su acto de despedida. Un acto masivo, pero no de los más grandes. Fue una demostración de fuerza. Quiso dejar asentado que todavía está en carrera si puede convocar a pesar de su desastroso legado de más del 50% de inflación y más del 40% de pobreza.
 
La Opinión Popular

 
UNA PLAZA DE MAYO TRANSITABLE Y POCO COMPACTA
 
La despedida de Mauricio Macri: adiós a los fantasmas
 
Una Plaza de Mayo transitable y poco compacta en su convocatoria, con Hipólito Yrigoyen y Rivadavia despojadas de público, rejas abiertas y caras largas, despidió al Presidente Mauricio Macri. De espaldas a la Casa Rosada y de frente a su gente, el autor de la célebre frase "pobreza cero" tuvo al menos un adiós edulcorado, durante el que intentó mostrarse como el garante de las libertades futuras.
 
A viva voz dijo en su breve discurso que esas libertades no eran "negociables", habló de "Justicia independiente" y de que sentía "tristeza por no seguir trabajando juntos en esas reformas que nuestro país necesita".
 
Lejos estuvo de congregar los cientos de miles que hubiera deseado, pero al menos consiguió que lo acompañaran unos cuantos miles, suficientes como para completar bastante cómodos el perímetro del paseo.
 
Como en la autodenominada marcha del millón en el Obelisco, subió al escenario junto a su esposa, Juliana Awada y su candidato a vice, el ubicuo Miguel Angel Pichetto. Macri terminó en andas, la primera dama derramando lágrimas y el senador con su habitual gesto avinagrado.
 
Si hubo un eje discursivo que eligieron los convocados para el 7D fue su odio visceral a la ex presidenta Cristina Kirchner y la antipatía al peronismo en general. Desde el centro hasta el conservadurismo ultramontano, las distintas tonalidades de derechas le dieron a la Plaza de Mayo una composición social y política bastante homogénea. Estaban los partidarios puros de Macri, los radicales algo avergonzados, los jóvenes militantes del PRO que siguen la dialéctica del "Sí se puede".
 
Pero especialmente estaban los que detestan al gobierno por venir. Las banderas y las pancartas lo decían todo, pero resultaban más elocuentes sus voces: "No queremos a Cristina, le tenemos un odio total", dijeron al unísono Josefa y Salvador, de Wilde, un matrimonio que se ubicó de pie junto a la fuente de los descamisados, en el sector enrejado de la Plaza de Mayo.
 
Al otro lado, frente a la catedral, Norma, una médica bahiense, era la imagen de la desazón. Había llegado desde su ciudad junto al marido y otra pareja para despedir al presidente. "Estamos para defender la democracia, esto es patria", señaló, mientras comenzaban a sonar los acordes del himno nacional. Antes de alejarse dejó una frase sobre la ciencia: "Yo no creo en esa cantinela del CONICET".
 
A unos pasos de la doctora de Bahía Blanca se encontraba la todavía ministra de Desarrollo Social Carolina Stanley. Se sacaba selfies con quien se lo pidiera, aunque lejos del poder de convocatoria que había demostrado un momento antes su par de gabinete Patricia Bullrich.
 
La autora de la doctrina Chocobar llegó por Rivadavia desde el Congreso acompañada por un séquito de mujeres y algún que otro hombre vestidos con una remera blanca que decía: "Patricia sí, falopa no". Dio notas al paso, sonrió para la ocasión y hasta se la notó sofocada por el afecto que la rodeaba y le hacía flamear su cabellera color caoba recién salida de la peluquería.
 
Unos pasos después su par bonaerense de Seguridad, Cristian Ritondo, fue detenido por el canal de Comunicación Popular para una entrevista, pero no tuvo ni la mitad de la convocatoria de la ministra estrella del gobierno en retirada. Mucho menos el diputado Eduardo Amadeo, un activo militante del macrismo más explícito que departía a metros del Cabildo con dos señoras.
 
Si hubo un funcionario que podría hacerle un poco de sombra a Bullrich era el senador  entrerriano Alfredo De Angeli. Lo rodeaban seguidores y cholulos, con los que se sacaba fotos a repetición sobre la Diagonal Norte cuando la plaza no estaba ni por la mitad. A diez metros, Gonzalo, un estudiante de Derecho de la UBA volanteaba para su agrupación universitaria.
 
"Soy del PRO y tenemos presencia en mi Facultad y las de Veterinaria e Ingeniería donde nos convertimos en segunda fuerza. Con Franja Morada nos aliamos en algunas Facultades y en otras no" le contó a este cronista, sorprendido por otro experimentado observador de la calle que no paraba de sacarse selfies a pedido de los movilizados: el periodista de Canal 13 y TN Julio Bazán.
 
A las 18.05 se escuchó por los potentes altavoces colocados en la esquina de Rivadavia y San Martín un "Buenas tardeeeesss" muy sonoro de Hernán Lombardi, el responsable del Sistema Federal de Medios Públicos que batió récords de despidos en sus cuatro años de gestión.
 
Avisó que Macri llegaría a las 18.30, arengó a cantar la palabra más nombrada en la cívica jornada y del himno nacional ("libertad") y enfatizó que "el presidente va a salir por la puerta grande", algo así como que si estuviera predestinado a ser el símbolo más fuerte de la mística cambiemita.
 
Dio la sensación que le auguraba un destino de enciclopedia. "Nos vamos con la frente alta y las manos limpias", se despidió con entusiasmo el funcionario radical acompañado de Marcos Peña y Fernando de Andreis.
 
El aroma de los chorizos a la pomarola que humeaban sobre una parrilla alejaba a las señoras más atildadas que mostraban orgullosas sus carteles y pancartas. Varias estaban colocados sobre el enrejado de Cabildo: "Mauricio nos devolviste la dignidad", "Mauricio van a rogar por tu vuelta", "Esto recién empieza", el ya clásico "Hay gato para rato" y los más afectivos "Mauri, gracias por tanto" y "Mauri no nos dejes solos", se habían improvisado sobre cartulinas blancas, como en un sinfín de mensajes dedicados al presidente.
 
Cuando la concurrencia ya estaba poco entusiasmada con los sones de bachata, cumbia, cuarteto cordobés y otras músicas plurinacionales que habían rodeado a toda la plaza, empezó a verse la figura de Macri, Pichetto y Awuada por una pantalla gigante que había sido colocada en el centro. Salían para despedirse del público desde la Casa Rosada, como si desfilaran por una pasarela.
 
Era el día de su última plaza. Las palabras de ocasión reverberaron con el tono festivo de las tenidas macristas: "Hasta pronto, porque esto recién comienza. Los amo con locura. Gracias, gracias, gracias, gracias", dijo el Presidente en tono de despedida y con indisimulable afán de regreso.
 
Por Gustavo Veiga
 
Fuente: pagina12.com.ar    
 

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01-10-2020 / 11:10
La Corte Suprema de Justicia volvió a mostrar que es la cabeza de un poder elitista y aristocrático que se rige por criterios que no siempre tienen a la Constitución y a la Ley como norte. La aceptación del per saltum presentado por los jueces Bruglia, Bertuzzi y Castelli, trasladados "a dedo" por Mauricio Macri sin acuerdo del Senado, interrumpe la intervención de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo como si el caso tuviera la gravedad institucional que exige ese instrumento de excepción.
 
La oposición macrista había acompañado la presión de Clarín con un escrache fascista para que Ricardo Lorenzetti votara este fallo, cosa que sucedió. Aunque es cierto que la Corte Suprema no resolvió la cuestión de fondo, es decir la aceptación o el rechazo de los peticionantes, por lo cual el festejo de la derecha política y mediática es prematuro como también lo es el enojo del Gobierno nacional.
 
Pero el solo hecho de aceptar jugar este juego, tal como se lo viene exigiendo el bombardeo de los grandes medios macristas porteños, precipita un conflicto de poderes al poner en tela de juicio la intervención del Senado en la búsqueda de superar el enchastre que dejó Mauricio Macri con estos y otros traslados de jueces al estilo de un monarca.
 
La derecha está eufórica porque -dice- la Corte emite una "señal de fortaleza" a los otros dos poderes del Estado. Lo que no dice -porque desnuda su intención y su esencia- es que, a la vez, da una señal de debilidad, de sumisión, a los poderes fácticos, económicos y mediáticos, los que no necesitan del voto popular.
 
Esta Corte que saca pecho ante el gobierno del Frente de Todos, ¿qué hizo durante el cuatrienio macrista cuando los jueces eran hostigados y volteados como muñecos por el contenido de sus sentencias, o apretados por la "mesa judicial", ese engendro que no escandalizaba ni a los cortesanos ni a la gran prensa hegemónica?
 

01-10-2020 / 09:10
La crisis económica y social causada por la pandemia volvió a visibilizarse esta vez en forma de números: 11,7 millones de personas quedaron bajo la línea de pobreza, el 40,9 por ciento de la población residente en los 31 aglomerados urbanos que releva el Indec. De ese total, el 10,5 por ciento son indigentes. Es decir, no alcanzan a cubrir una canasta básica alimentaria. Se trata de 2,9 millones de personas.
 
Los datos corresponden al primer semestre del año, que estuvo marcado por una fuerte caída de los ingresos y el aumento de la desocupación como consecuencia no deseada de las medidas de aislamiento preventivo para frenar el avance de la covid-19. En su comparación interanual, la pobreza subió 5,5 puntos porcentuales, desde el 34,5 por ciento que registraba entonces el indicador oficial. La indigencia pasó de 7,7 a 10,5, con un alza interanual de 2,8 puntos porcentuales.
 
Estas cifras profundizan una crisis que parecía haber tocado fondo hacia el fin del gobierno de Mauricio Macri: el candidato que prometía pobreza cero entregó un país con 35,5 por ciento de personas bajo la línea de pobreza y 8 por ciento de indigencia. A pesar de la profundización de la recesión que generó el coronavirus, el balance contra 2019 marca que Cambiemos provocó un mayor aumento de la pobreza en un contexto de normalidad.
 
La política económica del macrismo pegó tan duro como la pandemia: la pobreza en Argentina aumentó 5,4 por ciento durante los meses más severos de la crisis sanitaria que castiga a la humanidad, y 5,2 por ciento durante la gestión de Macri, que en el segundo semestre de 2016, el primer dato oficial que publica el Indec, afrontaba una pobreza del 30,3 por ciento. 

30-09-2020 / 10:09
30-09-2020 / 10:09
En el marco de la ofensiva de la derecha mediática, política y empresarial, los cinco jueces supremos dejaron de lado sus notorias diferencias para plantar una ficha en el tablero de la política. Con la decisión unánime de hacer lugar a un per saltum y congelar la situación de los jueces Bruglia, Bertuzzi y Castelli hasta definir el fondo de la cuestión el máximo tribunal se coloca en una posición supraconstitucional de árbitros institucionales, pasando por encima de los procedimientos previstos y la voluntad de los tres poderes del Estado sin haber acreditado una urgencia para hacerlo.
 
Incluso si la sentencia definitiva resuelve que los magistrados deben regresar a los cargos para los que tienen acuerdo, resultará que todo lo actuado por el Consejo de la Magistratura, el Senado, el Presidente de la Nación y los jueces y fiscales de instancias inferiores, siempre de acuerdo a las normas constitucionales, queda supeditado al capricho de una Corte que, cínicamente en nombre de la "República", se adjudica más poderes que los que establece la Constitución. Todo cimentado sobre una legitimidad que otorgan cero votos.
 
Si, por el contrario, falla a favor de los tres jueces que habían sido trasladados a dedo por Mauricio Macri, le darán un golpe mortal al esquema jurídico. Con ese antecedente, todos los cargos vacantes podrían cubrirse a dedo, prescindiendo de los concursos y del acuerdo del Senado, echando por tierra el procedimiento previsto por los constituyentes. En cualquiera de los casos, los cinco supremos se habrán arrogado más facultades que las que ya tienen, que no son escasas: un grosero avance sobre las instituciones.
 
En el gobierno no dudan de que el apuro que mostró el presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, y al que se plegaron los otros jueces del cuerpo es la prueba que delata el carácter político de la decisión que tomaron para defender la casta judicial. El hecho de que cuatro de los cinco asistieran al Palacio en lugar de acordar de manera telemática, tal como venían haciendo, también se leyó en el mismo sentido. Sabemos la Corte tenemos: una casta macrista, privilegiada y reaccionaria, hostil a todo interés popular.
 

29-09-2020 / 10:09
La causa de las Fotocopias de los Cuadernos Fénix va camino a la nulidad tantas veces planteada por las víctimas de esa maniobra de persecución mediático judicial. La Cámara de Casación ordenó que le entreguen los registros audiovisuales de las declaraciones de los arrepentidos, que fueron la piedra basal de las acusaciones pese a que nunca se confirmó nada de lo que supuestamente confesaron y, lo importante, nunca se mostraron esas grabaciones.
 
La ley del Arrepentido, instrumento Made in USA impulsado por el propio Mauricio Macri, exige que se registren esos acuerdos de colaboración que se daban con el fiscal Carlos Stornelli y luego convalidaba el juez Claudio Bonadio.  
 
Nunca mostraron esos registros pero los jueces trasladados a dedo por Macri, Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, convalidaron todo en base a lo que Bonadio y Stornelli plasmaban por escrito. Ahora la Cámara Federal de Casación Penal, la máxima instancia en materia penal del país, exige lo obvio, lo que dice la ley.
 
La resolución llegó tras una audiencia con planteos de varios abogados defensores de funcionarios y empresarios encuadernados, y dice: "Como medida para mejor proveer y con suspensión del plazo de deliberación, requiérase -con carácter de urgente- al Juzgado Criminal y Correccional Federal 11 remita a esta judicatura soporte fílmico, digital u otro medio técnico en el cual se hayan registrado las declaraciones efectuadas en el marco del acuerdo de colaboración por los imputados arrepentidos".
 
Distintos abogados y encuadernados reclamaron desde el inicio del expediente el acceso a esas grabaciones, si es que existen. Si no existen violaron la ley.
 

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