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Sociedad e Interés General - 01-12-2019 / 07:12
EFEMÉRIDES POPULARES. EL ÚLTIMO INTENTO DE DOMINGO CAVALLO PARA SOSTENER LA CONVERTIBILIDAD

El Corralito: La medida urgente y transitoria por 90 días que demolió el gobierno de la Alianza

El Corralito: La medida urgente y transitoria por 90 días que demolió el gobierno de la Alianza
El 01 de diciembre de 2001, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo anunciaba una medida que imponía una restricción para el retiro de efectivo de los bancos. Se trataba de lo que pasaría a la posteridad con el tristemente célebre nombre de "Corralito". Así respondió a la crisis desatada por la fuga de depósitos. Dijo que esta medida duraría 90 días. Hoy se cumplen 16 años de esa decisión que marcó el principio del fin del gobierno del presidente radical Fernando de la Rúa.
Como suele suceder en la Argentina, el anuncio vino disfrazado. Se trató de un congelamiento total de los depósitos, pero Cavallo señaló que se iba a la "bancarización".
 
El 01 de diciembre de 2001, el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo anunciaba una medida que imponía una restricción para el retiro de efectivo de los bancos. Se trataba de lo que pasaría a la posteridad con el tristemente célebre nombre de "Corralito".
 
El Gobierno recortó el uso libre de los depósitos bancarios, incluso en el caso de los sueldos. En medio de una corrida bancaria, Cavallo dispuso limitar el retiro de dinero de los bancos. Tenía otras alternativas de menor daño. Eligió la peor.
 
Así respondió a la crisis desatada por la fuga de depósitos. Dijo que esta medida duraría 90 días. Hoy se cumplen 16 años de esa decisión que marcó el principio del fin del gobierno del presidente radical Fernando de la Rúa.

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«Se trata de una medida de urgencia y transitoria, que consiste en la limitación de retiro de dinero en efectivo. En 90 días terminará». Domingo Cavallo, encendido y con tono firme, se dirigía una vez más al país desde el microcine del Ministerio de Economía para anunciar un paquete de medidas.
 
El creador de la convertibilidad lanzaba su plan final para sostener el uno a uno, un programa en el que él mismo ya no creía. No estuvo sólo en la defensa. El 1 de diciembre de 2001, desde un programa periodístico, Fernando de la Rúa con su ya clásico tono lento y cansino (parodiado hasta el hartazgo esos días) confiaba en que «la medida fue comprendida y bien recibida, ya que la gente entendió que era necesaria». Veinte días después, con el «corralito» en plena vigencia, el radical abandonaba la casa de Gobierno en helicóptero.
 
La medida fue implementada a través del Decreto 1.570/01, y la validez se extendía hasta la finalización de la fase internacional del canje de deuda pública, estimada en tres meses. Esta operación nunca se completó, pero el denominado «corralito» provocó la ira de los argentinos, que con manifestaciones populares provocaron la renuncia del presidente.
 
El «corralito» se basaba en nuevas reglas de funcionamiento del sistema financiero:
 
No se podían retirar más de 250 pesos o dólares en efectivo por semana de cuentas bancarias por parte del titular.
La restricción sería levantada en 90 días.
Las extracciones podían hacerse en pesos o dólares.
Se mantenía el tipo de cambio 1 a 1.
No había restricciones a los movimientos entre cuentas.
Se podían comprar bienes (automóviles, inmuebles, computadoras, etc.) a través de transferencias bancarias.
Se prohíben las transferencias al exterior.
 
En algunas oficinas se diseñaron varios mecanismos para saltar el «corralito», en el caso de cuentas importantes. Así, se organizaron compras masivas de acciones de empresas argentinas cotizantes en Wall Street, títulos públicos con demanda de los propios tenedores fuera del país, transferencias de acciones de empresas que no coticen de manera abierta con compradores fraguados, etcétera.
 
Para el resto del público, empezó a surgir una red de «amparos» judiciales, con singular amplitud de acción en provincias (Chaco, La Rioja y Formosa). El mecanismo era simple. Se abría una cuenta en esas provincias, se transferían los dólares o los pesos, se recurría a un estudio de abogados «especializados» y ciertos jueces de esas provincias agilizaban el retiro obligatorio. Esta acción vía amparos continuó firme aún cuando
 
De la Rúa ya no habitaba Olivos y había sido reemplazado por Eduardo Duhalde. La solución oficial no fue encontrada desde la Justicia, sino con otras maniobras. El entonces titular de la AFIP, Alberto Abad, comenzó a citar a los beneficiarios de los fallos judiciales de los amparos para verificar si el dinero que se retiraba estaba declarado en Bienes Personales y Ganancias. Santo remedio.
 
La aplicación de la medida tuvo momentos mediáticamente casi bizarros. Cavallo fue a defender su creación al programa de Susana Giménez. Convencido de las bondades del «corralito», contestaba preguntas de los televidentes de la diva.
 
En un momento, surgió el cuestionamiento de una seguidora que no había podido utilizar la tarjeta de débito para una compra menor que 10 pesos (piso para operaciones que no sean al contado). La conductora preguntó por qué no era obligatorio para compras menores. Cavallo ensayó una serie de explicaciones sin mayor rigor hasta que reconoció que «no sé por qué no es obligatorio».
 
Hace sólo 10 días, Cavallo fue nuevamente consultado por una cadena de TV brasileña sobre si estaba arrepentido por haber decidido el «corralito». «Faltó inteligencia y sagacidad política», reconoció, pero aseguró que no estaba arrepentido.
 
 
La historia continuó. 
 
El 9 de enero de 2002, el entonces ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov, anunció la ampliación para la autorización de los retiros de efectivo a 1.500 pesos en el caso de las cuentas sueldo y a 1.200 para el resto de las cajas de ahorro. En un escueto discurso, el exfuncionario dijo que el nuevo límite involucraba al 96% de los trabajadores». Antes, Duhalde había decidido la salida de la convertibilidad y ubicado en 1,4 peso el valor del dólar.
 
Oficialmente, el «corralito» terminó con Roberto Lavagna, el segundo ministro de Duhalde, que anunció el 2 de diciembre de 2002 la finalización de las restricciones y la liberalización de los depósitos retenidos por alrededor de 21.000 millones de pesos, exdólares. La medida fue acompañada por controles cambiarios, por los cuales no se permitió a ninguna persona o empresa adquirir más de 100.000 dólares.
 
El 28 de diciembre de 2006, la Corte Suprema avaló la pesificación y reprogramación de los depósitos, ordenando para un caso la devolución de los fondos a razón de 1,4 peso por dólar depositado más la inflación minorista que hubo en el período y una tasa de interés anual del 4%. La cuenta dio 3,08 pesos por dólar, más o menos la cotización oficial en ese momento. 
 
Por: Carlos Burgueño
 
Fuente: ambito.com

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02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
03-03-2026 / 18:03
02-03-2026 / 20:03
02-03-2026 / 19:03
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