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“Tenemos nuevas prioridades: combatir el hambre y la pobreza, encender la economía, reactivar el consumo y generar empleo”. Alberto Fernández
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Nacionales - 08-11-2019 / 10:11
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

El CEO Julian Cook calificó al peronismo como "un cáncer" para la Argentina

El CEO Julian Cook calificó al peronismo como
Uno de los hombres fuertes de la primera low cost que aterrizó en el país, el británico Julian Cook, anunció que se iría del país con destino a Londres a partir del triunfo de la fórmula liderada por Alberto Fernández en las últimas elecciones. Según se filtró a los medios de comunicación Cook señaló a sus colegas que “les deseo lo mejor, amo la Argentina y espero que un día va a salir del peronismo, un cáncer que destruye el país poco a poco desde décadas”. Flybondi se despegó de las críticas de su ex CEO y le pidieron la renuncia.
Duras como el pavimento que no es relato, dos estadísticas oficiales de esta semana ilustran lo maltrecha que deja la economía Mauricio Macri: la recesión ya es la más larga en veinte años y la inflación, la más alta en casi treinta.
 
Los datos arrollan cualquier rapto de revisionismo histórico como el que ensayó de urgencia Marcos Peña antes de volar en Hércules para darse un último gusto personal: conocer la Antártida.
 
Sus "ocho puntos sobre la economía", condensados en el informe de siete páginas que distribuyó su oficina en la Casa Rosada, se convirtieron de inmediato en pasto para las fieras del establishment. Los CEOs se ríen sonoramente de quien fuera hasta hace poco su mayor esperanza para desterrar del país al populismo.
 
Entre la desazón de los decepcionados y garrochazos como los de Marcos Galperín (Mercado Libre) o Martín Migoya (Globant), quien anteayer ofició de sonriente anfitrión a la distancia de Alberto Fernández en México, los últimos mohicanos del macrismo corporate se afirman en sus convicciones.
 
El sincericidio antiperonista del inglés Julian Cook, quien comparó al partido que acaba de ganar las elecciones con un "cáncer que destruye el país poco a poco", le valió discretísimas felicitaciones de dueños de grandes compañías del sector energético y de accionistas de dos bancos nacionales. Ninguno de ellos se atrevería a reproducirlas en público, pero muchos todavía piensan así. Como en los años 50.
 
"Fue un placer vivir en la Argentina, conocí y trabajé con muchas personas brillantes y tengo acá amigos de la vida; el país es lindísimo. Es una pena irme, pero no me quedó otra", escribió Cook en los mensajes al grupo "Empresarios por el Cambio" que reveló Francisco Olivera en La Nación.
 
Es un spin-off del grupo "Nuestra Voz", donde impera un macrismo más ambiguo y menos emocional, y donde empezaron a ensayar el salto con garrocha apenas se conocieron los resultados de las PASO. Al fin y al cabo, negocios son negocios.
 

 
El cáncer, la quita y los submarinos nucleares de Bolsonaro
 
Los aviones siempre fueron una debilidad personal del todavía Presidente. Y no solo por el negocio familiar de MacAir, la base sobre la que se montó la filial local de Avianca.
 
Apenas comenzó su gestión en la Rosada, Pablo Biró recibió una advertencia de Luis Barrionuevo a la que en ese momento no prestó demasiada atención por creer que se trataba de una canchereada más de las que abundan en el mundo sindical.
 
El jefe de los gastronómicos llamó al de los pilotos con la excusa de una sobrina que iba a hacer un viaje importante, para ver si ese vuelo se reprogramaría por una huelga, y le anticipó al pasar que Macri intentaría privatizar Aerolíneas. "Lo conozco bien a este pibe y hablé de tu tema. Quiere privatizar Aerolíneas para que entren las low-cost. Yo le dije que espere dos años pero no sé si me hará caso", soltó.
 
¿Sería realmente ése el plan original, abortado luego por las protestas sindicales que levantó el desembarco de las low-cost? Otra línea del whatsapp de Cook sugiere que sí. "Lamentablemente se quedó a mitad de camino en muchos aspectos", sostuvo el británico. Y puntualizó: "No hizo una reestructuración de Aerolíneas Argentinas, que tuvo US$680 millones de pérdida en 2018".
 
 
Esta grasa que no se quita
  
En su viaje a México, Alberto Fernández terminó de aceptar que no logrará una quita de la deuda con el Fondo Monetario ni siquiera agitando el fantasma de Chile, como empezó a hacerlo inmediatamente después de haber sido electo.
 
 Ya se lo habían dicho Guillermo Nielsen, Matías Kulfas y Cecilia Todesca: eso jamás pasó. Pero se convenció después de reunirse en el DF con Mauricio Claver-Carone, miembro clave del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense y principal asesor de Donald Trump para la región.
 
"Es difícil hablar de quita porque el Fondo lo prohíbe. Lo que sí creo es que el Fondo debe asumir la responsabilidad que tuvo. Yo no quiero que los argentinos le deban más plata al Fondo. Lo que quiero es que revise lo que hizo. Y que en esa revisión nos ayude a pagar. Nosotros no queremos incumplir", dijo el presidente electo ante una de las cámaras que cubría su primer viaje después del 27 de octubre.
 
Y detalló: "No se trata de conseguir una quita. Se trata de lograr que nos den la posibilidad de ponernos de pie, volver a producir, volver a exportar y juntar los dólares necesarios para poder pagar".
 
Los economistas del Frente de Todos no terminan de ponerse de acuerdo en cómo debe ser la dinámica de la renegociación. Cuando termine de definir quiénes lo acompañarán en la gestión y en qué cargos, Fernández también decidirá por dónde empezar y en qué tono.
 
Si termina eligiendo a Nielsen o a Emmanuel Álvarez Agis, por ejemplo, se impondrán sus propuestas de renegociar sin quita con los acreedores privados un reperfilamiento rápido e indoloro para la banca. Al FMI, en cambio, se le propondrá simplemente que espere. Nielsen incluso llegó a advertir en su última gira por Wall Street que "el FMI no es acreedor privilegiado", como suelen aclarar financistas y funcionarios.
 
Kulfas, Miguel Pesce y Mercedes Marcó del Pont, en cambio, creen que el FMI puede convertirse en un aliado que apoye una fuerte quita para los acreedores privados.
 
Y que la renegociación de los US$ 44.000 millones que tomó prestados Macri de Christine Lagarde puede encararse sin un Acuerdo de Facilidades Extendidas (EFF) sino con la simple firma de un nuevo StandBy que estire todos los plazos por cuatro años.
 
"La renegociación tiene que ser simultánea y hay que apurarla si no queremos caer en default total en abril-mayo. Pero no tenemos por qué aceptar ninguna condición, salvo los típicos compromisos de ir reduciendo el déficit fiscal", dijo a este diario uno de esos economistas de consulta permanente del jefe de Estado electo. Sobre el control de cambios, por ejemplo, no aceptarán discutir. Sobre las jubilaciones, dicen, tampoco.
 
El ministro saliente, Hernán Lacunza, intentó sosegar la transición y hasta se ofreció para ir junto con un emisario del FdT a retomar las tratativas en Washington. Fue una gentileza, pero no hará falta que lo haga.
 
Sin más confirmación en el cargo que haber designado preventivamente una vocera de prensa, Nielsen se cruzará hoy mismo con Alejandro Werner, el jefe para América del FMI. Será en un seminario de la Universidad de Miami, donde -según el programa- ambos disertarán sobre "cómo aprovechar las oportunidades en Latinoamérica".
 
"No tengo conocimiento de ninguna reunión planificada en este momento, pero no hay que excluir que se crucen en los pasillos como suele ocurrir en este tipo de eventos", precisó ayer el vocero del FMI, Gerry Rice.
 
Marcó del Pont es la más optimista del grupo. Asegura que tanto empresas como personas con alto poder adquisitivo se dolarizaron tanto que la brecha entre el dólar oficial y el paralelo no tiene razones para aumentar ahora ni después del 10 de diciembre, dada la oferta que habrá.
 
Martín Redrado, por su parte, prepara informes para Alberto sobre temas específicos como el uso de bonos para pago de impuestos o la compra de autos o casas. Hay mecenas empresarios que cubren los honorarios de la Fundación Capital.
 
 
Santos reactores, Batman
 
Lo que más atormenta al equipo de Fernández es la relación con Brasil. La decisión de Jair Bolsonaro de comprar trigo sin arancel fuera del Mercosur encendió todas las alarmas. Los ruralistas argentinos ya avisaron que no les dolería tanto una vuelta de las retenciones porcentuales -incluso móviles- como un cierre del mercado brasileño.
 
¿Quedará todo en patoteadas aisladas y tuits ofensivos como los de esta semana, o pasará a mayores como sugiere lo del trigo? Difícil preverlo con Bolsonaro. Menos con Lula libre, amenazando su continuidad en el poder.
 
Para peor, en breve la Armada brasileña botará sus nuevos submarinos nucleares. Quizás sea especialmente oportuna la visita de Rafael Grossi, el nuevo jefe de la OIEA (el órgano antinuclear de la ONU), quien se verá con Alberto -ah, y con Macri- la semana próxima.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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19-01-2020 / 11:01
En el siglo XX se firmaron, como jamás antes, tratados internacionales que limitan la violencia entre Estados, regulan el trato a prisioneros de guerra, refugiados y migrantes, prohíben la tortura y cien etcéteras. Rigen hoy en día, se amplían regularmente. Centenares de naciones adhieren, se celebran reuniones para ratificar principios universales.
 
Sin embargo el presidente de la mayor potencia del planeta --promotora y signataria de muchas de esas normas, sede física de organismos internacionales-- manda asesinar a un general de otro país. Sin que medie guerra declarada, sin cumplir las (de por sí laxas) leyes de su país. Los propios funcionarios de Donald Trump no alcanzan a justificar, ni siquiera a explicar, la movida. Los opositores la critican con ineficaz dureza.
 
El magnicidio es presenciado impávidamente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU): el poder expuesto en carne viva. Suena cándido o sarcástico preguntarse qué habría pasado si el mandatario homicida fuera iraní, argentino o hasta belga.
 
El orden global siempre fue asimétrico, tendencia que se agrava en la era de la globalización financiera y la primacía de líderes de derecha, racistas, violentos, xenófobos, machistas. Hiper tácticos, predispuestos a adoptar decisiones tremendas mientras tuitean. A toda velocidad, a pura ligereza.
 
Cuando asumieron Trump y su colega brasileño Jair Bolsonaro algunos expertos predijeron que poderes establecidos de sus patrias les demarcarían límites. Las Agencias de Estados Unidos, su élite económica, el Departamento de Estado, allá en el Norte que manda.
 
Acá cerca, Itamaraty, la célebre y profesional Cancillería de Brasil que, se supone, ensilló a la dictadura militar o limó diferencias entre presidentes tan disímiles como José Sarney, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva.
 
Esos frenos y balances fracasaron, no actuaron, entraron en el pasado. Las mesas chicas de los presidentes del siglo XXI resultan ser minúsculas, a veces se superponen con la reunión familiar. Bolsonaro y sus críos, sin ir más lejos.
 
En ese contexto espantoso, volátil, filo indescifrable, el presidente Alberto Fernández intenta instalar un esquema de negociación de la deuda externa bastante novedoso (nada lo es del todo). Trata de conciliar ciertos principios básicos de soberanía y de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
Pagar pero supeditándose a la normalización de la economía, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la deuda interna. La oferta parece sensata, en particular porque la formula un país pacífico, sin violencia racial ni ansias bélicas, una suerte de remanso en el vecindario soliviantado.

18-01-2020 / 10:01
El "fifty-fifty" que proponía Juan Perón para la Argentina era un anhelo por el cual trabajadores y empresas se repartían en partes iguales, 50-50, los ingresos que genera el país. Más allá de que el fifty-fifty no sea un nivel de distribución ideal, el dato publicado por el Indec muestra que la dinámica tiende a alejarse.
 
Ya que, durante el cierre del período Cambiemos, los asalariados volvieron a perder porciones de la distribución del ingreso. Esta vez el fenómeno vino acompañado de una novedad: los empresarios no mejoraron su participación. Y es que los que capturaron la diferencia fueron los trabajadores no asalariados.
 
El cuentapropismo, surgido por la fuerte crisis económica del 2018-2019, creció con fuerza, creó 265.000 puestos de subsistencia, que no califican ni como asalariados ni como empresarios, y llevó a la participación del ingreso mixto a crecer hasta quedarse con el 12,6% de la torta.
 
En este caso, la mencionada torta es el valor agregado por la economía local. Sobre el total del producto nacional, los asalariados se quedaron con el 45,1%. Eso implicó una caída fuerte desde el 52% con el que se quedaba en el 2015, según los datos del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped).
 
El Indec comenzó a publicar sus números en el 2016 y en el tercer trimestre de ese año todavía era el 52,7%. El deterioro se aceleró durante la gestión Cambiemos.
 
Los empresarios se quedaron con el 44,4% durante el tercer trimestre del 2019. Fue la primera caída en mucho tiempo, ya que en el mismo período del 2018 habían obtenido el 44,9%. Mientras tanto, los cuentapropistas pasaron del 11,4% al 12,6%.
 
Los asalariados son tres cuartos de quienes generan el ingreso nacional y se quedan con el 45,1% del producto; los empresarios son apenas el 3,9% y se quedan con el 44,4%; los cuentapropistas son el 22,9% y se quedan sólo con el 12,6%.
 
La Opinión Popular

18-01-2020 / 09:01
"Iba a presentar una denuncia contra el gobierno y apareció muerto, ya está, no hay nada que agregar". Está el prejuicio, la prepotencia, la intención. Y una pauta de la monstruosidad que puede cometer la manipulación de la información y el "periodismo de guerra", un concepto que inventaron los que lo ejercían.
 
La afirmación del encabezado es un resumen de golpes bajos, inexactitudes y simplificaciones groseras. Es el único sostén de la hipótesis que a Alberto Nisman lo mataron: un crimen virtual, sin rastros de asesinos, con presencias imposibles, sin datos ni motivo, crimen virtual, asesino virtual, pruebas virtuales.
 
Solamente es una frase que busca la complicidad en el prejuicio: "iba a presentar una denuncia contra el gobierno y lo mataron". No puede tener ninguna prosecución legal, solamente impacto político.
 
Las pruebas que determinan el suicidio y rechazan la posibilidad de homicidio han sido muy desarrolladas por Raúl Kollmann en varias notas de este diario; en el libro de Pablo Duggan están analizadas hasta el mínimo detalle, y en el reciente documental de Netflix queda expuesta la solvencia profesional de la fiscal Viviana Fein, que fue despedazada por los medios y finalmente apartada de la causa simplemente porque no se doblegaba al discurso que quería instalar la campaña mediática.
 
Lo más importante fue el resultado del peritaje realizado por los trece médicos forenses dependientes de la Corte. Se trata de un equipo acostumbrado a realizar este tipo de estudios, a diferencia de Gendarmería, que investiga otros delitos y no tiene esa experiencia, y que realizó el peritaje dos años después y en un escenario falso porque el original ya no existía.
 
La jefa de Gendarmería era en ese momento Patricia Bullrich, la misma que en 2015 perseguía por teléfono a Nisman para que se presente a la audiencia en el Congreso. Primero presionó a Nisman hasta lo imposible y después ordenó a Gendarmería que realizara un peritaje cuyas conclusiones fueron las que ella quería, contradiciendo a los peritos de la Corte.
 
El gobierno de Cristina era al que menos le convenía la muerte del fiscal. El macrismo había convocado a Nisman a informar en una sesión parlamentaria secreta. En vez de obstaculizar la reunión, el kirchnerismo logró que el informe fuera público. El kirchnerismo quería que se hiciera esa reunión porque sabía que el fiscal no tenía pruebas y había quedado en una situación desesperada después que el ex titular de Interpol, Richard Noble, lo desmintiera y acusara de mentiroso.
 
La frase que da a entender que el gobierno K lo mató, miente por varios motivos. En primer lugar porque nadie lo mató. Y en segundo lugar porque el gobierno K quería que fuera a hacer la denuncia al Congreso. En realidad este escenario con Nisman muerto le convenía más a los que impulsaban la denuncia de Nisman porque su comparecencia pública podía desnudar la operación sin pruebas que habían montado los servicios de inteligencia en la causa por el memorándum con Irán por el atentado a la AMIA.

17-01-2020 / 08:01
El acto por el quinto aniversario de la muerte de Alberto Nisman quedó al borde de una especie de escándalo político después que lo monopolizó el sector más gurka de Cambiemos, en especial la Coalición Cívica. Trascendió que los dos oradores serían el diputado Waldo Wolff y la ex ministra Patricia Bullrich, aunque aún antes de conocerse esa información, las organizaciones de la comunidad judía, la DAIA y la AMIA decidieron no participar.
 
Tampoco será de la partida la Asociación de Fiscales, que encabeza Carlos Rivolo, y sobre todo estará ausente la familia del fiscal fallecido. Las hijas, Iara y Kala, y su ex pareja, Sandra Arroyo Salgado, estarían de viaje, mientras que la madre, Sara Garfunkel, se hará presente en el homenaje que se hará el domingo en el cementerio de La Tablada, donde está la tumba de Nisman. La decisión de la DAIA, AMIA, Fiscales y la familia tiene que ver con el carácter político-opositor macrista de la convocatoria del sábado.
 
El acto está convocado para el sábado a las 18, frente al Teatro Colón, y fue respaldado este miércoles por Elisa Carrió en durísimos tuits. La legisladora renunciante no sólo insistió en que a Nisman lo mataron sino que le adjudicó la responsabilidad a Cristina Fernández, algo que ni remotamente figura en la causa judicial.
 
Lo asombroso fue que Carrió se lanzó contra la DAIA y la AMIA sosteniendo que "no me extraña que no asistan ya que los que planteamos la nulidad por inconstitucionalidad del Memorándum con Irán fuimos nosotros".
 
La realidad fue la contraria, la DAIA fue un durísimo opositor al Memorándum y no sólo actuó en el terreno legislativo sino que jugó un papel decisivo como querellante en la causa judicial al punto que participó en la acusación contra el fallecido Héctor Timerman y la ex presidenta por traición a la patria. Hoy en día, semejante postura es motivo de discusión dentro de la comunidad judía.
 
Más temprano, este mismo miércoles, Carrió se despachó contra Luis Moreno Ocampo, representante del ex titular de Interpol, el norteamericano Ronald Noble. De forma asombrosa, la diputada sostuvo que "Noble trabaja para los iraníes", una afirmación disparatada que se contradice con la realidad: durante su mandato en Interpol siempre se mantuvieron las órdenes de captura contra los sospechosos del régimen iraní. Noble fue, antes de ser secretario general de Interpol, el responsable del servicio secreto de Estados Unidos durante cuatro años.
 
Hasta anoche, tampoco el gobierno porteño de Horacio Rodríguez Larreta había manifestado su adhesión al acto del sábado. No hubo pronunciamiento alguno y oficialmente no figura en la agenda del titular de la administración de la ciudad. Fuentes cercanas señalaron que está previsto que participe de reuniones con vecinos a esa hora.
 
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17-01-2020 / 07:01
Si es cierto que "la inflación es la demostración de tu incapacidad para gobernar", como sostuvo Mauricio Macri, él es un incapaz y su gobierno quedó aplazado. El Índice de Precios al Consumidor alcanzó nada menos que el 53,8% en 2019, el nivel más alto desde 1991, totalizando en los últimos cuatro años un 300%. El fracaso total de la economía neoliberal no tuvo lugar en los diarios ultra macristas Clarín y La Nación, que escogieron pequeños recuadros de sus tapas para informarlo. Una práctica que hasta 2015 no tenían.
 
El título de Clarín para comunicarlo fue: "El año pasado la inflación llegó a 53,8% y fue el índice más alto desde 1991", pero lo llamativo fue la ubicación en la tapa. Un recuadro pequeño, de costado, dándole el lugar principal a otras noticias relacionadas a la inseguridad, o a Venezuela. El caso de La Nación es similar. Eligió un sitio todavía más chico para titular: "La inflación en 2019 fue la más alta en 28 años".
 
Con semejante fracaso debería esperarse ahora que los medios macristas, hoy enrolados en una furiosa oposición al gobierno del Frente de Todos, como los economistas neoliberales que aplaudieron y le dieron sustento "científico" a Cambiemos, se llamen a silencio.
 
Es que el desmesurado aumento de los precios que nunca pudieron -ni quisieron- controlar fue la mayor trituradora de salarios que pergeñaron para lograr el principal objetivo nunca declarado del gobierno de Macri: bajar el "costo" laboral.
 
El resultado fue dramático. Cuando Macri llegó a la Casa Rosada el salario promedio argentino medido en dólares era el más alto de Sudamérica. Cuando la abandonó, el salario argentino se había hundido hasta los últimos puestos de la tabla. Neoliberalismo puro y duro.
 
Con este dato estadístico se demuele otra de las grandes mentiras con las que se pavimentó la llegada del macrismo al poder. No fue la única, pero sí una de las más resonantes y de las que contó con mayor apoyo de la prensa macrista porteña.

En la campaña electoral de 2015 el marketing macrista saturaba los medios y las redes asegurando que combatir la inflación "no sería un problema". También decía que bajar la inflación ayudaría a lograr "pobreza cero", otra de las grandes promesas electorales. 
Cuatro años después la mentira quedó al descubierto.


El macrismo se fue del gobierno sin cumplir una sola promesa y sin lograr un indicador económico positivo. Eso sí: los bancos, las empresas energéticas, las mineras y los agroexportadores acumularon ganancias como nunca. La generosidad de Macri se agotó con los más ricos; para el resto de la sociedad no hubo ni limosnas.

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