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"No se puede pretender que las deudas sean pagadas con sacrificios insoportables para los pueblos". Papa Francisco
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Nacionales - 29-10-2019 / 09:10

Un gobierno que no reelige es porque es muy malo

Un gobierno que no reelige es porque es muy malo
Un gobierno que no reelige después de cuatro años tiene que ser muy malo. Sobre todo si tiene el respaldo del poder económico, del FMI, de Washington y de los grandes medios de comunicación. Y perder en primera vuelta por una diferencia de ocho puntos demuestra que fue una gestión todavía peor. Humor por Daniel Paz - Rudy
Un gobierno que no reelige después de cuatro años tiene que ser muy malo. Sobre todo si tiene el respaldo del poder económico, del FMI, de Washington y de los grandes medios de comunicación. Y perder en primera vuelta por una diferencia de ocho puntos demuestra que fue una gestión todavía peor.
 
Lo normal es que hasta con una gestión mediocre, haya reelección. La derrota de Mauricio Macri, con todo el respaldo de los poderes fácticos, ha sido humillante.
 
El hombre que en 2015 perdió en primera vuelta y ganó en segunda por poco más de un punto, pero fue presentado por la corporación de medios como un triunfador olímpico, ahora que ha perdido en primera vuelta una reelección que por lo general la sociedad concede al gobierno instalado, su derrota es presentada por los grandes medios como "una gran elección". Y alguno hasta llegó a decir que fue casi "un empate técnico".
 
Antes de las PASO, las encuestas mostraban que el Frente de Todos ganaría por cuatro puntos de diferencia, y que habría segunda vuelta con muchas posibilidades que la ganara Macri. Mucha gente, esclavizada a la ola conservadora por su antiperonismo, decidió en las PASO hacer un llamado de advertencia por la desastrosa gestión de la economía. Y el resultado fue pavoroso para el gobierno.
 
Macri hizo campaña. "Mauri lo da vuelta". Pero no pudo regresar a la situación previa a las PASO, ni siquiera pudo pasar a segunda vuelta. Con todo el respaldo que tiene este gobierno, ha sido una derrota humillante no importa cómo la quieran presentar.
 
La alegría sana, desbordante, una alegría que estuvo aguantada, reprimida, y que ahora explotaba se vio en la cara de las cientos de miles de personas que se acercaron al búnker del Frente de Todos a festejar.
 
Después se hará el recuento más fino, el balance más preocupante. Pero esa explosión de alegría fue el saldo básico. Un chico de once años le agradecía al padre por estar ahí: "La historia es importante, papá -muy serio-- pero más importante es ser parte de la historia". Chupate esa mandarina filosófica.
 
Esa multitud que fue calificada durante estos cuatro años como vagos, fanáticos, choriplaneros, violentos, chorros y toda la gama de insultos denigrantes que pueden existir, que aguantó a pie firme la discriminación, la destrucción de sus trabajos y de sus bolsillos, del futuro de sus hijos, esa multitud, con todo derecho, quiso festejar. Fue una alegría liberadora, reivindicadora, enormemente reparadora. Y ojalá que dure.
 
La derrota del macrismo fue humillante porque tendría que haber sido una reelección de fácil trámite, porque perdió en primera vuelta y con una diferencia de ocho puntos. Pero lo que más le duele al macrismo es que la humillación que está sufriendo fue pergeñada por la persona que trataron de destruir durante muchos años, difamándola sistemáticamente. Cristina Kirchner.

 
Cristina Kirchner estuvo todas las semanas de estos cuatro años en las tapas de los grandes medios, en los programas periodísticos centrales de radio y televisión como protagonista de fakenews y llegó a ser citada para declarar el mismo día en ocho causas diferentes en su contra.
 
Se montó un gran circo judicial para presentarla como villana. Todas querellas armadas por los servicios de inteligencia y abiertas por funcionarios judiciales adictos al oficialismo. Para destruirla como adversaria política, atacaron también a sus hijos. Y la menor, Florencia, está convaleciente en Cuba en gran medida a causa de ese ensañamiento.
 
A pesar de esa demoledora campaña y del injusto acoso judicial, que no cedió en ningún momento de estos cuatro años, Cristina Kirchner pudo consolidar un núcleo duro del 35-38 por ciento de los votos y desde allí conformar la convocatoria de unidad del peronismo y hacia otras fuerzas no peronistas que provocó la derrota de Macri.
 
Circuló en las redes que el CEO del Grupo Clarín, Héctor Magnetto, no pudo votar porque no tenía el documento indicado. Cierto o no, lo real es que el ejecutivo del poderoso grupo, quizás ahora el más poderoso del país gracias al macrismo, es una de las pocas personas que vota todos los días.
 
Gran parte de la sociedad no tiene demasiada idea de la gravedad que en todo el mundo se les asignó a los Panamá Papers; gran parte de la sociedad ha naturalizado que un presidente trate de borrar la deuda de sus empresas con el gobierno, o que en un blanqueo incorpore por decreto a su familia, lo que está expresamente prohibido en la ley. Pero esa parte de la sociedad conoce hasta la saturación las causas abiertas contra Cristina Kirchner.
 
Cristina Kirchner percibió que todo el poder de fuego de sus adversarios estaba concentrado en ella y en algunos de sus funcionarios más cercanos y tuvo la inteligencia de designar a Alberto Fernández para encabezar la fórmula. Ella atrajo el fuego enemigo y Alberto Fernández se dedicó a construir el Frente de Todos. El macrismo fue derrotado por la pésima gestión económica y por esa estrategia.
 
El gesto de Cristina Kirchner fue de gran generosidad, porque sabe que Alberto Fernández tiene pensamiento propio. No nombró a un pelele, el Albertítere, como lo quiso presentar la campaña macrista. Alberto Fernández será el presidente y ella la vice.
 
Cada quien deberá amoldarse a esos roles y funcionar por acuerdos que ya están seguramente muy aceitados. Ese acuerdo será el corazón del próximo gobierno. El corazón sobre el que apuntará el enemigo.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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22-02-2020 / 10:02
La centralidad de la deuda en la coyuntura actual es de tal magnitud que cualquier decisión del gobierno queda relegada a un segundo plano y condicionada por esa centralidad, que es económica y política a la vez. El ministro Martín Guzmán expuso con claridad en la Cámara de Diputados la suerte de círculo vicioso en que está la cuestión de la deuda pública nacional: "Hay voluntad firme de pagar la deuda. El problema es que no hay capacidad para hacerlo. Para poder pagar Argentina tiene que crecer y para poder crecer se tiene que sacar de encima el peso de una deuda que asfixia".
 
Este círculo, en el que intervienen jugadores con peso e intereses propios, es el centro del debate. El gobierno caracteriza a la deuda como impagable, pero al mismo tiempo la reconoce y legitima, por lo tanto necesita de una "reestructuración profunda": estiramiento de plazos, quita de capital y reducción de intereses.
 
El FMI estaría dispuesto a posponer los vencimientos a cambio de garantías de la sustentabilidad de los mismos, léase superávit fiscal primario suficiente para hacer frente a los vencimientos, al mismo tiempo que presiona para que los privados acepten quitas de capital, que no está dispuesto a hacer con sus propias acreencias. Los bonistas exigen más pagos ahora, un plan económico y el aval del Fondo de que la deuda total es sustentable para luego acordar.
 
El ministro agregó que en su esquema el equilibrio fiscal recién se obtendría para el 2023 -lo que significa que pedirá como mínimo 4 años de gracia- la economía entonces podría crecer al 2% a partir del año próximo. Los analistas consideran que ese crecimiento es bajo para generar los excedentes necesarios para afrontar los vencimientos.
 
La realidad es que las reservas no alcanzan para afrontar las deudas en dólares mientras que para los vencimientos en pesos -suman hasta junio la friolera de 850.000 millones- no es aconsejable emitir, a riesgo de que la inflación se desmadre del todo, por algo se suspenden la indexación jubilatoria y salarial. Así el margen de maniobras es reducidísimo, sino nulo.
 
Pero ¿qué garantiza que haciendo lo de siempre tengamos resultados diferentes? ¿Dónde está la virtud de seguir honrando una deuda que amenaza con continuar por varios años más el estancamiento de la economía? ¿Dónde está escrito que si hay una reestructuración "exitosa" se abrirán los mercados y habrá nuevo financiamiento? ¿Por qué vendrían inversiones productivas que hace tiempo no vienen? ¿Qué garantiza que dentro de 5 años no haya una nueva crisis de deuda?
 
La figura del default se recorta cada vez más nítidamente en el horizonte, el tema es si lo imponen los mercados y entonces la salida será caótica y muy gravosa para los sectores populares, o bien es producto de una decisión política. Entonces la salida no será un campo de rosas, pero será ordenada -deberá ir acompañada de medidas complementarias, como mayor intervención estatal en la banca y el comercio exterior entre otras- y abrirá un futuro diferente a la mediocridad actual. No hay que dejarse amedrentar por el terrorismo mediático de los medios al servicio de los fondos de inversión.

22-02-2020 / 08:02
Está la sensación de que el gobierno de Alberto Fernández llegó hace mucho a pesar de que apenas pasaron dos meses y días desde que asumió. Hay un clima de rutina sin sorpresa. Que en buen castellano también puede definirse como alivio.
 
Es un problema, porque es más fácil convertir en costumbre al alivio que a la tragedia. No es que el nuevo gobierno haya tomado muchas o pocas decisiones. En este fenómeno tiene más que ver el desastre como terminó la gestión de Mauricio Macri, la incertidumbre ante un gobierno paralizado por una crisis creada por ellos mismos y que todos los días arrojaba resultados nefastos sin que pudieran frenarla.
 
Es fácil acostumbrarse al alivio y olvidarse de la tragedia. Es fácil, pero peligroso. El macrista que odia al peronismo, que se hundía pero no quería dar el brazo a torcer ni reconocerlo, y que a pesar de su situación personal en franca picada volvió a votar a Macri, sintió alivio por la derrota. Nadie podrá decir que facilitó el triunfo del peronismo, su conciencia estará tranquila y, gracias a la derrota de su candidato, el bolsillo también.
 
El primer macrista en reconocerlo ha sido el Fondo Monetario Internacional. El organismo decidió prestarle a Macri 56 mil millones de dólares --el 62 por ciento de su capacidad de préstamo-- para que gane las elecciones. Y el tipo habilitó la fuga del 90 por ciento de esa fortuna y encima perdió las elecciones. La primera línea del Fondo, en especial la que baja de Washington y habilitó esa jugada ultramacrista, apostó a perdedor y llevó las finanzas del organismo al borde de la bancarrota.
 
Ahora resulta que el equipo técnico del organismo que, transgrediendo sus propios estatutos, respaldó a Macri contra el actual gobierno, reconoce que la deuda argentina es "insostenible".
 
O sea: reconoce que el préstamo fue un error, que prestaron una fortuna que no se podría devolver. Antes de pedir al Fondo, el gobierno de Macri se había endeudado con particulares en cien mil millones de dólares, en apenas año y medio. Rompió todos los récords, de los planetarios y de la historia. Cuando el Fondo les prestó, los prestamistas particulares ya no querían hacerlo porque veían el borde del precipicio.
 
Deuda "insostenible" en criollo quiere decir que fue una barrabasada. El Fondo está diciendo que la política neoliberal de Cambiemos fue un desatino que destruyó el aparato productivo y creó adicción y dependencia del endeudamiento.
 
Y no fue ejecutada por cuatros de copa sino por las estrellas locales del neoliberalismo, por los economistas que siempre hablaban por la tele, los preferidos por la mayoría de los empresarios, los Ceos campeones del capitalismo. Si el Fondo Monetario reconoce que la deuda es "insostenible", está diciendo que esa gente hizo un desastre.

21-02-2020 / 12:02
Apenas dos meses después de haber realizado un más que entusiasta diagnóstico en la única cadena nacional de su gestión acerca del país que dejaba, el ahora ex presidente Mauricio Macri aseguró "estar preocupado por la actualidad de la Argentina".
 
En lo que constituyó su regreso a la actividad política tras dejar el gobierno el pasado 10 de diciembre y tras tomarse unas extensas vacaciones, Macri encabezó la reunión de la mesa chica del PRO.
 
En las oficinas que el PRO montó en el edificio "Holiday" (vacaciones en inglés, lo que supuso no pocas chicanas en las redes sociales) de Vicente López, el ex mandatario comenzó a desplegar su estrategia para intentar mantenerse como el mandamás de la oposición a pesar de su resonante fracaso en su intento reeleccionista.
 
Tras el encuentro el ex peronista, ex senador y ex compañero de fórmula de Macri, Miguel Ángel Pichetto, aseguró a los medios que analizaron la coyuntura nacional y comenzaron a trazar los pasos a seguir ya en tanto oposición.
 
De la cumbre del PRO participaron también el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, la ex gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, la ex ministra de Seguridad y presidenta del espacio, Patricia Bullrich y el ex ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo.
 
"Al expresidente lo vi muy bien, con mucho interés en seguir los temas del país, con muchas prudencia y responsabilidad, nosotros a su vez le transmitimos los problemas que nos preocupan", dijo Pichetto y aseguró que Macri "está preocupado por la actualidad del país".
 
Se juntan por inercia, y porque creen que el 40% que sacaron de votos les pertenece. No es poco, pero solo les queda el apoyo mediático y judicial, ya que políticamente están reventados.
 
La Opinión Popular
 

21-02-2020 / 09:02
El apoyo que logró el gobierno de Alberto Fernández del FMI lo fortalece de cara a la negociación con los acreedores privados pero no implica que la cuestión de la deuda esté a punto de resolverse. Ni mucho menos.
 
Si el resultado de la primera misión del Fondo tras la salida de Mauricio Macri fueran los octavos de final de un Mundial, bien podría decirse que la renegociación de la deuda con el organismo son los cuartos y la discusión con los bonistas, la final.
 
Aunque anteayer por la noche algunos de los negociadores descorcharon espumantes, en el quinto piso de Economía no comparten la euforia que se apoderó de otras áreas del Ejecutivo y de la militancia en las redes sociales. "Además de paciencia oriental hay que tener algo de astucia florentina", comentaron desde allí.
 
Lo que aprovechó el Gobierno al máximo fue la coincidencia coyuntural de sus intereses con el FMI, al que circunstancialmente también le conviene que los bonistas cobren lo menos posible. Para poder cobrar más él, por supuesto, pero también para no inflar el "riesgo moral" (moral hazard) del que solía hablar Anne Krueger en 2002.
 
La tesis del "riesgo moral" -un clásico de los tecnócratas del Fondo- sostiene que si los prestamistas nunca pierden, cada vez correrán riesgos mayores. Total, alguien (el Fondo) los rescatará.
 
Esa coincidencia no implica que el Fondo se haya hecho peronista ni que su directora gerente, Kristalina Georgieva, haya vuelto a sus días de estudiante en el Alto Instituto de Economía Karl Marx de la Bulgaria comunista.
 
El FMI necesita que se olvide lo más rápido posible el abochornante préstamo récord que el Tesoro estadounidense forzó a firmar a Christine Lagarde para que Macri fuera reelecto, pero su matriz de pensamiento sigue siendo la misma.
 
Aún tras la purga que se llevó puestos a David Lipton (un halcón demócrata que Donald Trump aprovechó para tirar por la ventana) y al encargado del caso argentino, Roberto Cardarelli, la ortodoxia fiscal de Lagarde sigue vivita y coleando en la calle 19. La gravitación de Wall Street sobre su staff, también.
 
En cuanto a las condiciones que vaya a poner el FMI para aplazar sus cobros, el ministro Martin Guzmán viene repitiendo que no hará "austeridad en recesión".
 

20-02-2020 / 09:02
El comunicado difundido por el Fondo Monetario Internacional tras la visita de una misión técnica, tuvo buena recepción por parte de los funcionarios del gobierno de Alberto Fernández. Es que, en dicha comunicación, el organismo internacional considera que "la deuda argentina no es sostenible" -ni política ni económicamente- y "en consecuencia se requiere de una operación de deuda definitiva, que genere una contribución apreciable de los acreedores privados".
 
Es decir, de la letra de la comunicación resulta que los acreedores privados deberían aceptar un recorte importante en sus créditos para poder encontrar una solución al endeudamiento argentino, en lo que se considera en medios oficiales como "una gran ayuda del Fondo para lograr la reestructuración de la deuda con los privados".
 
En el entorno presidencial se mostraron satisfechos con la evaluación positiva que tuvo el organismo sobre lo actuado hasta la fecha para estabilizar la economía argentina. Como lo expresa el comunicado: "Las autoridades argentinas están actuando para resolver la difícil situación económica y social que enfrenta el país. Han implementado un conjunto de medidas para atacar la problemática de la pobreza y estabilizar la economía. Se ha buscado aumentar la recaudación en parte para financiar un mayor gasto social".
 
La misión ponderó que la "inflación y las expectativas de inflación han bajado en los últimos meses". Al respecto, en fuentes del Gobierno se señala que el FMI estuvo de acuerdo con las medidas adoptadas para romper con la inercia inflacionaria. Asimismo, coincidieron en que para bajar la inflación se requiere un enfoque múltiple del problema, atacando no sólo la cuestión fiscal y monetaria, sino también la política de ingresos.
 
La estrategia del gobierno de Fernández fue, en todo momento, cuestionar el elevado endeudamiento del país y sostener que los costos de la salida a esta situación debían ser compartidos con los acreedores. En este sentido, rescataron positivamente que el comunicado sostenga "nuestra visión es que el superávit primario que se necesitaría para reducir la deuda pública y las necesidades de financiamiento bruto a niveles consistentes con un riesgo de refinanciamiento manejable y un crecimiento del producto potencial satisfactorio no es económicamente ni políticamente factible".
 
En fuentes del Palacio de Hacienda sostienen que "lograron convencer a los técnicos del Fondo acerca de la coherencia política del programa". Particularmente, en lo concerniente a que se apuntará a logar un ingreso genuino de divisas por la vía de las exportaciones, estrategia que lleva implícita la necesidad de mantener el nivel del tipo de cambio real. Ahora, en el Gobierno confían en que se logrará un acuerdo con el Fondo, un paso que contribuiría a lograr un entendimiento con los acreedores privados.
 
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