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Internacionales - 23-10-2019 / 10:10
COMO MACRI, PIÑERA PIDIÓ PERDÓN Y ANUNCIÓ UN PAQUETE DE MEJORAS

La resistencia al neoliberalismo copó las calles de Chile

La resistencia al neoliberalismo copó las calles de Chile
Largos años de jubilaciones miserables, educación inaccesible, trabajo precario y desigualdad manifiesta estalló en enormes movilizaciones, lucha en las calles y el desafío a las fuerzas represivas. Son la confirmación evidente que los planes de la derecha neoliberal pueden ser impugnados y derrotados.
Los economistas neoliberales (que solo hablan de intereses, inflación y gasto), exaltaron durante dos décadas las virtudes de los números que se obtuvieron en Chile en el largo plazo -después de muchos años-, haciendo abstracción del brutal "costo social".
 
Luego de lograr los equilibrios macro económicos (20 años de dictadura de Pinochet, mediante), sin embargo subyace el costo social reprimido que ya cobró 15 muertes. Nunca se han saldado las carencias que produjo como resultado la extraordinaria desigualdad. Pero la concentración del ingreso y la riqueza en pocas manos, tienen límite aún en un país "disciplinado" por tantos años de miedo.
 
Largos años de jubilaciones miserables, educación inaccesible, trabajo precario y desigualdad manifiesta estalló en enormes movilizaciones, lucha en las calles y el desafío a las fuerzas represivas. Son la confirmación evidente que los planes de la derecha neoliberal pueden ser impugnados y derrotados.
 
Las escuelas públicas cerradas, las privadas libradas a su arbitrio. Las universidades cerradas por decisión de sus autoridades, para evitar que se conviertan en ratoneras ahora que el "Estado de Emergencia" permite a las fuerzas armadas entrar a sus claustros para reprimir o apresar, docentes, no docentes y estudiantes. Las calles tomadas desde el mediodía desde hace cinco días. En todos lados sonaron cacerolas y las bicicletas jaquearon el transporte público.
 
Aunque algunos gremios ya realizaron jornadas de paro -los portuarios de Valparaiso, por ejemplo-, la Central Única de Trabajadores y Trabajadoras (CUT) junto a la articulación Unidad Social en la que participan otras organizaciones sociales declaró una huelga de 48 horas que comienza hoy y que prepara una movilización masiva. La revuelta agita a Chile que no puede terminar de contar a sus muertos.
 
La situación de Chile quedó en medio de la elección argentina. Patricia Bulliich lo definió como "una insurrección con carácter cuasiterrorista". El peronismo proclamó solidaridad con los manifestantes. El canciller Jorge Faurie denunció "gente organizada para generar situaciones de extrema violencia y desestabilizar". El tránsfuga Miguel Pichetto inventó un complot continental y encontró "injerencia venezolano-cubana".
 
La derecha argentina no tiene temor al ridículo. Enfrentada a las masivas rebeliones populares de Ecuador y Chile, repite las mismas estupideces de la CIA yanqui una y otra vez. En su limitado pensamiento policíaco, ve "conspiradores cubanos o venezolanos" donde luchan cientos de miles de campesinos, trabajadores, mujeres y jóvenes.
 
Para Mauricio Macri, el modelo de Chile fue siempre el ejemplo. ¿Por qué no es un ejemplo? Porque ese crecimiento macroeconómico no se refleja en igualdad social. Como siempre, falla la "teoría del derrame". Juan Perón afirmó: "Nadie puede realizarse en una sociedad que no se realiza".
 
La Opinión Popular

 
DESAFIANDO EL TOQUE DE QUEDA CRECE LA PROTESTA POPULAR ORGANIZADA
 
El orgullo de resistir copó las calles de Chile
 
La cordillera se tiñe de atardecer como si se sonrojara cuando los minutos empiezan a descontar hacia el toque de queda. Parece inclinada de vergüenza sobre La Alameda, parece que buscara el abrazo de los miles de manifestantes que desbordan esa avenida central de Santiago de Chile, radiantes de orgullo por resistir en la calle frente a los carros de asalto, las fuerzas policiales y militares que exhiben las armas largas, las gafas que les borran la cara y los gases lacrimógenos para amedrentar a quienes no se amedrentan porque se organizan.
 
Todo el día hubo asambleas en universidades, en la puerta de los ministerios, en la calle, en los centros de estudiantes, en los sindicatos. Se discute al mismo tiempo que se toma la calle, se organizan cuidados colectivos al mismo tiempo que se desafía al miedo. Se declara una huelga general de 48 horas al mismo tiempo que la huelga se desenvuelve de muchas maneras, al mismo tiempo, siempre en la calle.
 
La Fiscalía Nacional ha entregado la identificación de 7 de los 15 que reconoce, 8 cuerpos más fueron encontrados calcinados en una fábrica y un supermercado. En la región metropolitana, además, hay tres denuncias formales de abuso sexual por parte de uniformados a detenidas. La desnudez forzada parece ser una práctica recurrente de las fuerzas represivas.
 
No sólo Santiago está ensangrentada y sin embargo, la calle no se abandona. El miedo cambió de bando, dicen las paredes y eso es una vibración que sacude más que los terremotos y una demanda más clara que el agua de deshielo que baja de las altas cumbres: bajen las armas.
 
Camilo Piñeros, estudiante de medicina de 6to año, es parte de la auto organización de profesionales y estudiantes de la salud para atender personas heridas que saben que van a llegar porque ya se contaron por centenas desde el viernes pasado.
 
"Nos dividimos en macro regiones: oriente, poniente, norte y sur, ubicamos lugares de acopio de materiales de primeros auxilios y estamos conectades -con e, sí, que aquí es regla entre estudiantes- por whatsapp". Ahora que se acerca la hora en que las armas tienen permiso gubernamental para disparar esperan con calma porque saben cómo responder en caso de emergencia.
 
En la Plaza Italia, centro neurálgico de Santiago, hay jóvenes y viejas, trabajadoras formales y trabajadores informales, dirigentes sindicales, amas de casa, docentes de todos los niveles, estudiantes, artistas, padres, hijes. Una incontable cantidad de pañuelos verdes feministas y otro tanto de los amarillos, los que dicen "No + AFP" -denunciando el saqueo de la jubilación privada.
 
Hay, sobre todo, una rebeldía que no se calma ni con las balas, ni las muertes que se lloran colectivamente, ni con los gases que nunca dejan de picar en la garganta.
 
La decisión es certera y fue tomada en asambleas y en la propia calle sin ningún planteo orgánico: esto no se va a detener hasta que los milicos y "los pacos" (carabineros) no se vayan de la calle. Está pintado en cada pared de esta inmensa ciudad y anda de boca en boca. Con las armas en la calle no hay nada que hablar con las instituciones y mucho que movilizar para sacudirlas.
 
"Me vine con mi hija de 9 porque ella estaba asustada. Asustada de los milicos, asustada de los gases, con pesadillas. Van cinco días de movilización y la traje para que no tenga miedo. Porque pueblo que lucha no teme, y ahí está, contenta con su silbato", dice Camila que es enfermera y ayer participó de la asamblea frente al ministerio de Salud que siguió con la movilización de profesionales y estudiantes del sector hacia Plaza Italia.
 
A su lado, cuatro estudiantes del último año de obstetricia con los delantales blancos que usan en sus prácticas, ninguna tiene más de 24; todas están endeudadas, calculan, hasta el 2040. Pero ahora quieren hablar de otra cosa, quieren hablar del colapso del sistema de salud.
 
"El 80 por ciento de la población usa la salud pública pero la inversión no alcanza ni para cubrir al 30 por ciento. Los hospitales no pueden colapsar ahora con les herides porque los hospitales están colapsados hace tiempo. Tenemos que hospitalizar en pasillos, no hay especialistas; donde debería haber 20 profesionales hay 10... Eso es violencia estructural, no se trata de los famosos 30 pesos, se trata de 45 años de políticas económicas neoliberales que se llevan nuestro dinero al sector privado para después fugarlo".
 
Esa es la descripción de Iara, Camila, Paula y Evelyn del funcionamiento de las Administradoras de Fondos de Pensión, un lento saqueo a toda la población "para después cobrar una jubilación ínfima", insiste Iara.
 
 
Evasión popular
  
Faltan 17 minutos para el toque de queda y desde los barrios altos, esos que aquí se llaman "pijos" porque es donde las casas son amplias y los autos también -como las deudas-, centenares de bicicletas bajan por la avenida Providencia.
 
"Evade", dicen los carteles que llevan pegados en los manubrios. Es una palabra clave que también se pinta sobre las paredes y en lo que queda de los vidrios de las paradas de los colectivos -"las micros"- sobre La Alameda. Fue lo que empezaron a hacer hace más de una semana les estudiantes de escuelas secundarias, evadir el aumento del metro saltando por encima de los molinetes. Una acción directa que detonó este "¡Chile despertó!" que no deja de corearse.
 
Y es que evadir es la primera acción de libertad que imaginan quienes entran en la manga de vacas hacia la expropiación de su tiempo y sus saberes por más de la mitad de la vida que significa estudiar en este país. Hay que tener mucho dinero para hacer desde una tecnicatura, terciaria o carrera profesional sin contraer un Crédito con Aval del Estado que pague los estudios y que se devolverá cuando se empiecen a cobrar los primeros sueldos.
 
"Yo soy profesor de Educación Física, me recibí en 2014, tuve que pedir 6 millones para estudiar, voy a terminar pagando 20, al paso que voy, será en 2036". Porque aunque Álvaro Barrientos quisiera adelantar cuotas de su CAE, apenas si puede sostener la vida cotidiana sin contraer otras deudas.
 
Está sentado en una plaza en la comuna de Providencia, aunque se aproxima la militarización de la ciudad que viene sucediendo desde hace cinco noches, hay un micrófono abierto y una banda tocando, centenares de personas en el pasto, niñes que juegan con las cacerolas de las protestas y una sensación que no se parece en nada a la furia sino más bien a otra palabra que también anda de cartel en grafiti: dignidad.
 
Vonni Basualdo, joven estudiante de pedagogía en matemática, sentada en la misma plaza que se ocupó porque "les vecines" también se organizaron por whatsapp después de encontrarse en la calle para recuperarla, asiente. "Es contra la precariedad de la vida y a favor de la dignidad. Esto no se termina. Que saquen los milicos y después igual va a estar difícil, porque el pueblo cada vez está más informado, saben que hay problemas estructurales: la educación, la salud, las AFP y ya no queremos más parches."
 
 
Asambleas instituyentes
  
Javiera Manzi es vocera de la Coordinadora Feminista 8M, parte de la organización del paro transnacional que modificó los 8 de marzo desde 2017. Ayer, fue protagonista de dos asambleas, la primera, de la Coordinadora. La segunda, en la Federación de Estudiantes de Chile, convocó a más de 60 organizaciones sociales, sindicatos, mapuche, feministas, territoriales.
 
Ahí, como en cada asamblea de las que se vienen organizando por sectores o por territorios, se pusieron en común las evaluaciones de lo actuado y la imaginación de lo por venir.
 
"La violencia se expresa de manera diferenciada sobre nuestros cuerpos de mujeres y disidencias, nuestra lucha es anticapitalista y antipatriarcal y queremos que nuestras demandas estén en primera línea. Nosotras hicimos la primera huelga feminista este año y fue la movilización más masiva desde la dictadura. Juntarnos con otras organizaciones es una necesidad ahora porque no es momento de cerrarse sino de abrirse. Las asambleas son instituyentes de una autoridad que fundamos juntes y por ese camino es que queremos seguir transitando", dice agitada entre el final de una actividad, el sonido de las cacerolas de fondo y otra asamblea en su barrio que también la espera.
 
¿Qué sigue después de estas movilizaciones, de esta insurrección que no parece poder calmarse con medidas o con "parches", como le dicen los estudiantes al resultado de las movilizaciones de 2011 por la reforma educativa?
 
"Necesitamos una Asamblea Constituyente porque la Constitución actual es una trampa neoliberal, un entramado jurídico que obstaculiza las reformas que necesitamos en Chile", dice Benjamín Núñez, estudiante de Derecho, apenas terminada la asamblea tripartita de la Universidad de Chile donde participaron funcionarios/as, estudiantes, no docentes y trabajadores y trabajadoras a honorarios -un equivalente a monotributistas- que en la UdeCH son más de 10 mil.
 
"Pero no puede ser una asamblea con representantes de partidos políticos, tiene que ser una gran discusión política abierta, un cabildo abierto para que todos y todas podamos diseñar el territorio que queremos".
 
El movimiento en la calle es autoconvocado pero no está acéfalo, hace sonar cacerolas pero no le faltan palabras; es urgente pero tiene el tiempo que precisa para detener la vida cotidiana y poner ahí la cuña de la desobediencia. Los plazos que pone la calle están expresados en las paredes y con esa poesía propia de la revuelta dice: "Hasta que valga la pena vivir".
 
Por Marta Dillon
Desde Santiago
 
Fuente: Página12
 

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La resistencia al neoliberalismo copó las calles de Chile
Las calles tomadas desde el mediodía desde hace cinco días. En todos lados sonaron cacerolas y las bicicletas jaquearon el transporte público.
30-09-2020 / 20:09
 
Los Juicios de Núremberg fueron un conjunto de procesos celebrados en Alemania, en 1945-1946, en los que líderes nazis fueron acusados y juzgados como criminales de guerra por un Tribunal Militar Internacional. La acusación a la que debieron responder se basaba en cuatro cargos: 1) crímenes contra la paz (planear, instigar y librar guerras de agresión violando los acuerdos y tratados internacionales); 2) crímenes contra la humanidad (exterminio, deportaciones y genocidio); 3) crímenes de guerra (violación de las leyes de guerra), y 4) "haber planeado y conspirado para cometer" los actos criminales anteriormente mencionados.
 
La autoridad del Tribunal Militar Internacional emanaba del Acuerdo de Londres de agosto de 1945. Ese día, representantes de los EE.UU., Gran Bretaña, la URSS y el gobierno provisional de Francia acordaron la constitución de un tribunal que juzgara a los más importantes criminales de guerra del Eje. Posteriormente, 19 países aceptaron el acuerdo.
 
El 01 de octubre de 1946 emitió el veredicto: tres acusados fueron condenados a cadena perpetua (Rudolf Hess, Walther Funk y Erich Raeder) y 12 fueron condenados a muerte. Diez de ellos fueron ahorcados el 16 de octubre de 1946 (Hans Frank, Wilhelm Frick, Julius Streicher, Alfred Rosenberg, Ernst Kaltenbrunner , Joachim von Ribbentrop, Fritz Sauckel, Alfred Jodl , Wilhelm Keitel y  Arthur Seyss-Inquart), Martin Bormann fue condenado "en ausencia" y Herman Goering se suicidó en su celda antes de la ejecución.
 
La Opinión Popular



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