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"Vamos a levantarnos una vez más". Alberto Fernández y Eduardo Duhalde
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Sociedad e Interés General - 30-09-2019 / 10:09
EFEMERIDES POPULARES. EL 30 DE SEPTIEMBRE DE 1989 SE CONCRETA LA REPATRIACIÓN DE LOS RESTOS DEL BRIGADIER GENERAL JUAN MANUEL DE ROSAS

Juan Manuel de Rosas: el Perón del siglo XIX

Juan Manuel de Rosas: el Perón del siglo XIX
Recién el 30 de septiembre de 1989, luego de 137 años de exilio, llegaron al país los despojos mortales de Juan Manuel de Rosas, defensor de la Soberanía Nacional contra el colonialismo inglés. Sus restos retornaron al país en medio de expresiones populares, en justo desagravio y como reparación histórica.
Juan Manuel de Rosas fue un gobernante que enfrentó situaciones muy difíciles y tuvo que gobernar en circunstancias excepcionales. Su asunción al poder fue recibida con gran aprobación por la gente humilde, los peones, mulatos y orilleros, que lo querían porque lo consideraban su defensor contra los abusos de los comerciantes y hacendados.

Durante su gobierno tuvo que enfrentar siete conflictos bélicos: dos con Francia, uno con Inglaterra, otro con la Confederación Peruano-Boliviana, otro permanente con la Banda Oriental (ya independizada), dos con Brasil (Caseros fue parte de la guerra con el Imperio brasileño).

Sus enemigos lo acusaron de "tirano", pero los historiados revisionistas niegan esa calificación porque la suma del poder no corresponde a ninguna de las dos condiciones fundamentales que desde la antigüedad clásica define a la tiranía: la usurpación o la ilegitimidad del origen y el egoísmo en el ejercicio del poder. El primer supuesto estaría salvado pues su primer período fue legitimado por la Asamblea y el segundo por un plebiscito popular. Lo del egoísmo también pues nadie, ni aún sus enemigos, pueden negar que Rosas entró rico al gobierno y salió pobre.

Porque defendió el territorio nacional y la Soberanía Nacional enfrentando a las máximas potencias del mundo, José de San Martín le legó su legendario sable corvo "Como prueba de su satisfacción por la firmeza con que sostuvo el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla".

El 14 de marzo de 1877, muere don Juan Manuel y en su testamento manifiesta la voluntad de ser inhumado en el cementerio católico de Souhtampton, "hasta que en mi Patria se reconozca y acuerde, por el Gobierno, la justicia debida a mis servicios".

Recién el 30 de septiembre de 1989, luego de 137 años de exilio, llegaron al país los despojos mortales de Juan Manuel de Rosas, defensor de la Soberanía Nacional contra el colonialismo inglés. Sus restos retornaron al país en medio de expresiones populares, en justo desagravio y como reparación histórica.
 
Escribe: Blas García



La brutal masacre de Trelew anticipó el genocidio de 1976
Blas García 

Las dos argentinas


La historia oficial, la que nos enseñaron por décadas en la escuela es, como la definió y calificó Ernesto Palacio: "La Historia Falsificada". Escrita por los vencedores de Caseros, es una permanente descalificación, un ocultamiento y un sistema de valores liberales usado como un trípode, para  edificar, sobre la impostura histórica, el orden colonial de la oligarquía.  
 
Desde 1810, luchan dos Argentinas que no pueden entenderse, que necesariamente son antagónicas, que chocaron desde los comienzos de nuestra historia. Dos concepciones  que tendían a excluirse.
 
Unos y otros dieron origen a las dos corrientes políticas que, prolongadas a través de distintos nombres: provincianos y porteños, federales y unitarios, yrigoyenistas y conservadores, peronistas y antiperonistas, han llegado hasta nuestros días.
 
 
San Martín- Rosas - Perón 
 
Producido el golpe gorila fusilador del 16 de septiembre de 1955, los liberales instalaron la línea "Mayo - Caseros - Septiembre". Nosotros encontramos nuestra continuidad histórica y nuestra naturaleza política, en la consigna de los años 60, cuando en las concentraciones populares, los muchachos peronistas de la resistencia coreaban: San Martín-Rosas-Perón. Esta corriente nacional era un hilo conductor que unía los momentos de mayor combatividad popular de nuestra historia.
 
 
Las líneas políticas de la Revolución de Mayo
 
Para un sector que participó en la Revolución de Mayo de 1810, esta significaba la salida de la órbita española para entrar en la órbita inglesa, la separación económica que comienza en la "Representación de los Hacendados", patrocinada por Moreno. Ello implicaba reconocer la apertura de la economía y  el libre-comercio inaugurado por los ingleses en 1806-7, durante las invasiones, contra el monopolio español.
           
Esto beneficiaba a la clase de los comerciantes porteños, que lucraban con las exportaciones agro-ganaderas y con las importaciones de manufactura inglesa, lo que hacía que los grupos con intención independentista del interior del país no se vinculasen a ellos, por cuanto su política perjudicaba a los productos provinciales que no podían competir con la industria inglesa.
 
 
La burguesía comercial de Buenos Aires 
 
Desde 1810, los intereses foráneos tenían su aliado natural en la burguesía comercial de Buenos Aires, dispuesta a enriquecerse como intermediaria de un comercio sin restricciones con Europa, y con el beneficio de las rentas de la Aduana de Buenos Aires.
 
Contra el centralismo unitario que subordinaba el país a la política porteña, se levantaron los gauchos federales de Pancho Ramírez y Estanislao López que defendieron los principios republicanos en el año 1820.
 
Los porteños buscaron siempre imponer un gobierno al resto del país para convalidar una política que arruinaba a las provincias mediterráneas con la apertura de la economía nacional a las importaciones, con el libre cambio, y perjudicaba a las provincias litorales con el embotellamiento del comercio por el puerto de Buenos Aires.
 
 
Buenos Aires crece a costa del país
 
La Revolución de Mayo trasladó el centro económico del interior a Buenos Aires, que ya se venía perfilando con la creación del Virreinato del Río de la Plata en 1776 y con el Reglamento de Comercio Libre de 1778. Situación que se ve confirmada en 1809 con la apertura del puerto de Buenos Aires a los ingleses, a instancias de éstos y de los grupos comerciales, y que no será alterada fundamentalmente por la Primera Junta.
 
Buenos Aires, con escasa población y una economía más atrasada que el interior, tenía exigua capacidad importadora, pues a su vez tenía reducida capacidad de exportación. Pero la demanda por parte de Gran Bretaña de productos agropecuarios correspondientes a zonas de clima templado, que aumenta con la pérdida de su colonia norteamericana, hace que coincida su interés económico con el de los comerciantes y ganaderos bonaerenses.
 
Buenos Aires debía aumentar su capacidad de exportación, apropiándose de tierras que se encontraban en manos de los indios, incrementando la disponibilidad de las mismas para la formación de unidades económicas de producción. Eso contribuyó a formar un poderoso sector comercial instalado en el puerto de Buenos Aires, encargado del intercambio de la producción bonaerense con la extranjera.
 
Pero paradójicamente se importaba del extranjero lo que nuestro interior producía, compitiendo las mercaderías industrializadas inglesas con la producción regional, que en ese momento era autosuficiente.
 
El control de la aduana de Buenos Aires por la burguesía mercantil porteña, hizo que las provincias fueran obligadamente tributarias de la aduana, y que ésta beneficiase solamente a los sectores mercantil y ganadero bonaerense y producían la ruina de la industria artesanal del interior del país, que no se veía beneficiada, sino combatida.
 
Eso explica el levantamiento de los caudillos contra Buenos Aires, que había monopolizado la Revolución de Mayo. Estos relacionaron la lucha contra el poder porteño, con la lucha por organizar el país respetando las realidades regionales, económicas e institucionales, que ellos representaban, por la participación del interior en los beneficios de la aduana y con la necesaria protección de las industrias internas, de las cuales vivían las poblaciones provincianas.
 
 
Federales y unitarios
 
En el Río de la Plata se enfrentaron por el poder dos partidos: el de la minoría vernácula aliada al capitalismo europeo y el de la gran mayoría de criollos y gauchos apegados a la tierra. El partido unitario era liberal y se organizó en base a la hegemonía de Inglaterra y Francia como metrópolis extranjeras; el Partido federal era nacionalista y se organizó en base al liderazgo de caudillos provinciales que, por orgullo nacional y por conciencia patriótica, resistieron la penetración foránea.
 
Existía entre ambos partidos una diferencia de clase y de ideología que era lo esencial. En el Partido Unitario se agrupaban las minorías anti-nacionales vinculadas al capitalismo extranjero; en el Partido Federal se encuadraban las mayorías nacionales que impulsaban un proyecto de país independiente, soberano y desarrollado.
 
Continuador de la política de Artigas, fundador del federalismo en el Río de la Plata, el Partido Federal se estructuró a través de cuatro caudillos que constituyeron sus más sólidas columnas: Juan Manuel de Rosas, Facundo Quiroga, Pancho Ramírez y Estanislao López.
 
 
Comerciantes y ganaderos
 
Buenos Aires, ciudad y campaña, estaba conducida por dos clases principales: la burguesía comercial porteña y los ganaderos bonaerenses.
 
Los estancieros intervenían en la economía local como productores directos en la ganadería. Los comerciantes de la ciudad-puerto, en cambio, cumplían una función de intermediarios y estaban ligados esencialmente al comercio de importación con los países europeos, lo que, en definitiva, los ataba a la política de éstos.
 
La clase ganadera no tenía una relación de vasallaje con respecto a Europa, porque colocaba sus productos en mercados no europeos, sobre todo la carne salada que se enviaba a Centroamérica y del Caribe para alimentar los esclavos.
 
La política abiertamente anti-nacional ejecutada por la burguesía comercial porteña obligó a los estancieros a desplazarla del poder y a tomar en sus manos las riendas de la situación. Lo hecho por el partido rivadaviano había provocado el alzamiento de todas las provincias, llevando a la guerra civil y la actividad económica se vio directamente perjudicada en todos los terrenos.
 
 Los porteños pretendían someter las provincias a sangre y fuego; los estancieros, en cambio, se encontraban en condiciones de llegar a un acuerdo con ellas, encontrando un equilibrio que les permitiera seguir adelante con sus negocios.
 
Tras la caída de Rivadavia, fue designado gobernador el federal Manuel Dorrego. Sin embargo, el Partido Unitario conspiró para tomar el gobierno por la fuerza y utilizó al general Juan Lavalle para dar un golpe de Estado (1-12-1828). Éste hizo prisionero y ordenó el fusilamiento de Dorrego, "el mártir del federalismo".
 
 
El "Perón del siglo XIX"
 
La contraofensiva nacional frente al Partido Unitario la encarnaron las masas populares, los "orilleros" del puerto, los gauchos y peones de las estancias y los ganaderos bonaerenses. Ellos promovieron la figura de Don Juan Manuel como nuevo Gobernador.
 
Rosas impulsó un acercamiento entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos con la firma del Pacto Federal, el 4 de enero de 1831. En febrero de ese año, los federales declararon la guerra a los unitarios y los vencieron rápidamente. Derrotado el Partido Unitario, todas las provincias se sumaron al Pacto Federal y así nació la "Confederación Argentina". Se respetaba la autonomía de cada provincia (conforme el ideario artiguista) y se delegaba el manejo de las relaciones exteriores en el gobernador de Buenos Aires.
 
El gobierno de Rosas y la creación de la Confederación Argentina pusieron fin al proceso de disgregación que Inglaterra y sus cómplices locales estaban impulsando. Ya no habría más desmembramientos, como el plan de la "República de Entre Ríos" y el objetivo sería conseguir que se sumaran a la Confederación la Banda Oriental, el Paraguay y Bolivia.
 
 
Ley proteccionista de Aduana
  
Rosas dictó la "Ley de Aduana" que se convirtió en el eje de su política revolucionaria. Esta ley impuso un sistema económico proteccionista que hizo prevalecer las conveniencias nacionales sobre los intereses porteños y rodeó a Rosas de prestigio verdaderamente nacional.  Protegió a las manufacturas criollas frente a la competencia ruinosa que provenía desde el exterior y posibilitó el nacimiento de la riqueza agrícola local, que había sido imposibilitada hasta entonces por los bajos aranceles de los granos y harinas extranjeros.
 
La ley prohibía la introducción de los productos extranjeros cuyos similares criollos estaban en condiciones de satisfacer el mercado interno. Todas las provincias vieron reactivadas las artesanías y el tráfico comercial. Conforme la política americanista de Rosas, los productos de la Banda Oriental, Paraguay y Chile no eran considerados extranjeros.
 
Al mismo tiempo, la ley gravaba la importación de productos extranjeros que no competían con la producción local. Estos ingresos los retenía la Aduana de Buenos Aires, y Rosas los utilizaba para consolidar el Poder popular que él encabezaba, financiando los ejércitos federales que, en todo el país, mantenían a raya a la subversión reaccionaria de los unitarios que recibían dinero y armas de Francia e Inglaterra.
 
 
Rosas y el desarrollo autónomo
 
Por entonces, comenzaron a mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo, y se fue desarrollando un mercado interno en franca expansión que beneficiaba a la gran mayoría de la sociedad local.
 
Al terminar Rosas su gobierno, el país había conseguido por primera vez obtener una balanza comercial favorable en el comercio internacional, cuadruplicando la cantidad de sus exportaciones. El Estado pudo imponer una política financiera eficiente y austera, capaz de hacer frente a los sucesivos bloqueos militares sin recurrir a empréstitos o ayudas extranjeras.
 
 
Un gobernante nacional y popular
 
El mandatario bonaerense surgido de la clase ganadera, se convirtió en un argentino cabal, jefe del Estado nacional y celoso guardián de la independencia económica.
Para la oligarquía liberal, Rosas cometió un pecado imperdonable, ya que soliviantó a las clases bajas, a los gauchos, los negros y las peonadas. Lo real es que respetó, dio derechos y trabajo a la mayoría de la población. En un profundo y concreto sentido, fue un demócrata.
 
Rosas significa la unión nacional. Antes de su llegada al poder existían dos países: Buenos Aires y el interior. Durante su gobierno existirá una sola confederación.
 
 
La lucha contra Francia e Inglaterra.
 
Los unitarios se establecieron en la Banda Oriental, Bolivia y Chile y desde allí organizaron mercenarios que, con dinero y con armas de Francia e Inglaterra, penetraban en el territorio de la Confederación Argentina.  Rosas derrotó esta infiltración y el capitalismo europeo apostó entonces al bloqueo como forma de intentar asfixiar a la Confederación Argentina y de abrir fisuras en elfrente interno.
 
 
Vuelta de Obligado
 
El bloqueo fue ruinoso porque el país vivía de la venta al exterior de sus productos y necesitaba importar muchas cosas. Los estancieros no podían embarcar sus cueros, crines, astas y carne salada.
 
 El intento de penetrar y navegar nuestros ríos, fue enfrentado por las armas nacionales en  un paraje del Río Paraná que lleva por nombre Vuelta de Obligado, en una gran batalla contra el colonialismo. El 20 de noviembre es una fecha épica y memorable en la historia de nuestra dignidad nacional. Inglaterra levantó el bloqueo en julio de 1847. Francia, en junio de 1848.
 
 
El orden de la oligarquía liberal
 
Rosas, derrotado en Caseros, desaparece de la escena. Urquiza, traidor al partido federal, abrió las puertas para que los liberales porteños ejecuten la penetración del colonialismo, que consistía en la coincidencia de los sectores ganaderos y comerciales rioplatenses con los importadores de productos industriales ingleses, que trabajaban mancomunados con los inversores británicos. Esta región debía ser la granja y Gran Bretaña, la industria.
 
En las guerras civiles argentinas del siglo XIX se definió la identidad de nuestra patria y su lugar en el mundo. Caseros, Pavón, Cepeda y la guerra de genocidio que el mitrismo llevó al Paraguay, consolidaron el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie".
 
Las masas populares que pelearan en la Independencia, en Ituzaingó, en la Vuelta de Obligado, fueron declaradas raza inferior condenada a la extinción. Las expediciones punitivas de Mitre y Sarmiento ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior, del Chacho Peñaloza, de Felipe Varela, de López Jordán.
 
Había terminado la Argentina de las lanzas y faltaba mucho para la Argentina de las alpargatas. Juan Perón sintetizó perfectamente el drama nacional con una frase: "Más de un siglo de explotación y dominación colonial ha dejado un dolor oculto en el alma de la comunidad argentina y un sentido de rebelión libertaria". 
 
Escribe Blas García

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Juan Manuel de Rosas: el Perón del siglo XIX
Recién el 30 de septiembre de 1989, luego de 137 años de exilio, llegaron al país los despojos mortales de Juan Manuel de Rosas, defensor de la Soberanía Nacional contra el colonialismo inglés. Sus restos retornaron al país en medio de expresiones populares, en justo desagravio y como reparación histórica.
09-12-2019 / 06:12
09-12-2019 / 06:12
La batalla de Don Gonzalo, librada al noreste de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, el 09 de diciembre de 1873, fue un combate durante la guerra civil entre porteños y federales, y significó la derrota del caudillo federal Ricardo López Jordán frente a las fuerzas nacionales, de unitarios y liberales, al mando del general Martín de Gainza.
 
El 1 de mayo de 1873, López Jordán regresó y sublevó a la provincia de Entre Ríos, reuniendo en poco tiempo más de 18.000 hombres, mal armados y sin experiencia en combate. La inmensa mayoría de la población se puso de su lado, mientras el presidente Sarmiento ponía precio a la cabeza del caudillo y ordenaba la movilización de la mayoría del ejército nacional contra Entre Ríos.
 
Las fuerzas nacionales contaban con modernos fusiles Remington, revólveres Colt, cañones Krupp y ametralladoras Gatling, que hicieron estragos entre los jordanistas. Fue una "carnicería" la primera batalla en la historia argentina en que se usaron ametralladoras contra las lanzas federales. Se dijo que también se usaron balas explosivas, algo que casi todos deploraron como violación del derecho de guerra, y más tarde fueron prohibidas en los países occidentales.
 
Las sucesivas cargas de la caballería entrerriana lograron evitar el desastre entre los federales, pero éstos dejaron cientos de muertos en el campo de batalla. La lucha se detuvo al caer la noche. En la retirada que siguió, López Jordán perdió casi todas sus armas, incluso toda la artillería. A la mañana siguiente, muchos soldados de sus escuadrones regresaron a sus pueblos, ocultando sus armas y tratando de pasar desapercibidos como pacíficos pobladores. Al día siguiente el triunfante coronel Ayala, siguiendo la costumbre liberal "civilizada" y la suya propia, pasa por las armas sin juicio previo, entre muchos, al teniente José Camejo.
 
Esta fue la última batalla del último caudillo federal en armas. Todavía habrá guerras civiles durante el resto de la década de 1870, pero éstas serán enfrentamientos internos entre facciones del partido liberal, descendiente legítimo del partido unitario. La batalla de Don Gonzalo fue la última librada en la Argentina por caudillos federales del interior del país contra fuerzas unitarias porteñas.
 
En las guerras civiles del siglo XIX se definió la identidad de nuestra Patria y su lugar en el mundo con el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie". Las masas populares que pelearan por la Independencia, en Ituzaingó contra el Imperio esclavista de Brasil, y en la Vuelta de Obligado contra ingleses y franceses, fueron declaradas raza inferior condenada a la extinción.
 
Las expediciones punitivas porteñas ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior. La oligarquía forjó así un país semicolonial y dependiente, oprimido por el imperialismo británico, que perjudicaba a las producciones provinciales, que no podían competir con la industria inglesa.

 Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista
Por Blas García 


07-12-2019 / 18:12
La madrugada del 1 de diciembre de 1828, el general unitario Juan Lavalle tomó el Fuerte de Buenos Aires; derrocó al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego; y reunió a miembros del partido unitario en la iglesia de San Francisco -como representación del pueblo- siendo elegido gobernador.
 
Juan Manuel de Rosas levantó la campaña contra los sublevados y reunió un pequeño ejército de milicianos y partidas federales, mientras Dorrego se retiraba al interior de la provincia para buscar su protección. Lavalle, con sus experimentadas tropas se dirigió a la campaña para enfrentar a las fuerzas federales de Rosas y Dorrego, a quienes atacó sorpresivamente en la batalla de Navarro, derrotándolos.
 
Debido a la disparidad existente entre las aguerridas y veteranas fuerzas sublevadas, que participaron en la guerra contra Brasil, bajo el mando de Lavalle, el federal Dorrego fue hecho prisionero. Lavalle, influido por el deseo de venganza de los ideólogos unitarios, ordenó su fusilamiento. De ese modo se generalizó la guerra civil en todo el país.
 
Lavalle envió ejércitos en todas direcciones, pero varios caudillos aliados de Rosasorganizaron la resistencia. Los jefes unitarios recurrieron a toda clase de crímenes para aplastarla, un hecho poco difundido por la historiografía de las guerras civiles argentinas.
 
Al frente del grueso de su ejército, Lavalle avanzó hasta ocupar Rosario. Pero, poco después, Estanislao López dejó sin caballos a Lavalle, que se vio obligado a retroceder. López y Rosas persiguieron a Lavalle derrotándolo en la batalla de Puente de Márquez, el 26 de abril de 1829.
 
El 24 de junio, Lavalle y Rosas firmaron el Pacto de Cañuelas, que estipulaba que se llamaría a elecciones, en las que sólo se presentaría una lista de unidad de federales y unitarios, y que el candidato a gobernador sería Félix de Álzaga. Pero los unitarios presentaron la candidatura de Carlos María de Alvear, y al precio de treinta muertos ganaron las elecciones.
 
Las relaciones quedaron rotas nuevamente, obligando a Lavalle a un nuevo tratado, el pacto de Barracas, del 24 de agosto. Pero, ahora más que antes, la fuerza estaba del lado de Rosas. A través de este pacto se nombró gobernador a Juan José Viamonte. Éste llamó a la legislatura derrocada por Lavalle, allanándole a Rosas el camino al poder.
 
La Legislatura de Buenos Aires proclamó a Rosas como 13º Gobernador de Buenos Aires el 6 de diciembre de 1829, honrándolo además con el título de "Restaurador de las Leyes e Instituciones de la Provincia de Buenos Aires". El 08 de diciembre de 1829, comienza el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas.
 
La Opinión Popular



06-12-2019 / 17:12
Un 07 de diciembre como hoy pero de 1970, el Madison Square Garden se preparaba para corear el nombre del que fuera el boxeador más grande de toda su historia: Muhammad Alí. Del otro lado un pibe de Boedo que recién se estaba codeando con la fama americana:Ringo Bonavena.
 
Y se atrevió, por el honor, como lo hubieran hecho en su Buenos Aires natal. Y hasta calentó el ambiente. En el pesaje lo llamo "chicken" (gallina) y a pesar de la adversidad de las 20 mil personas que colmaron la arena, Ringo se paró.
 
Alí había prometido un nocaut en el noveno round, cosa que finalmente sucedió pero quien cayo a la lona fue él y no Bonavena, producto de un resbalón por la intensidad de los golpes de Ringo, que a esas alturas se la jugaba toda con una entrega y entereza que asombraron al mundo. Finalmente Alí salió a jugar todas sus cartas y Bonavena, después de caer fatigado tres veces, vio como el juez le daba la pelea al mejor boxeador del mundo.
 
Muhammad venía en pleno ascenso luego de vencer a Jerry Quarry luego del ostracismo por no haber ido a la guerra de Vietnam. En su franco ascenso por recuperar el titulo de los pesados, la historia marca que un luchador se le apareció en su camino. Ese era Ringo.
 
Los números también hablaron por si solos: mas de 80 puntos de rating (sí, 80) de la transmisión de Canal 13 paralizaron a todo un país. El acontecimiento esta guardado en la retina de cada uno de los que lo vieron. Abuelos, padres le contarán a sus hijos 'Yo vi pelear a Ali con Bonavena'.
 
"Guapié, no es cierto?" le pregunto Ringo a uno de sus colaboradores al finalizar la pelea. Y yo te digo "Si Ringo, siempre guapeaste, hasta el último día".


05-12-2019 / 18:12
Felipe Varela fue un militar argentino, líder del último pronunciamiento de los caudillos federales del interior contra la hegemonía política conquistada por la provincia de Buenos Aires en la batalla de Pavón. Contrario a la Guerra del Paraguay o Guerra de la Triple Alianza, fue apodado el Quijote de los Andes por el desafío que plantó al gobierno central con un reducido ejército de menos de 5.000 hombres, desde la región andina y cuyana durante varios años.
 
Acérrimo opositor al gobierno mitrista unitario de Buenos Aires, Varela señaló la impopularidad de la guerra del Paraguay y decidió tomar partido. Liquidó sus posesiones para equipar un par de batallones de exiliados, convocando a las montoneras residuales de otros caudillos federales muertos de todo el país, más combatientes latinoamericanos, Varela marchó portando bandera con la consigna de ¡Federación o Muerte!. En San José de Jáchal, provincia de San Juan, lanzó el 06 de diciembre de 1866 su proclama revolucionaria, su célebre Manifiesto a la Unión Americana, una de las expresiones más acabadas del ideario federal.
 
Varela se diferencia de los otros caudillos federales porque tuvo una lucidez política mayor para interpretar, evaluar y comunicar los alcances del movimiento, comprendiendo cabalmente del sentido de Patria Grande y la esencia de una política popular. También supo hacer, a la vez, una correcta lectura del carácter oligárquico y pro imperialista del gobierno de Mitre.
 
El intento revolucionario de Varela es uno de los estertores finales del país federal, con un programa de lucha americano, digno y nacional que ponen al caudillo en el panteón de los próceres del campo nacional y popular. Con Varela terminó "la Argentina de las lanzas", de las montoneras federales del interior del país, y faltaba mucho para que arribara "la Argentina de las alpargatas" con el peronismo.
 
Por Blas García



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