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"Vamos a levantarnos una vez más". Alberto Fernández y Eduardo Duhalde
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Nacionales - 28-09-2019 / 09:09
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

El fracaso de la negociación de alto nivel con el FMI fue una forma de despedir a Macri

El fracaso de la negociación de alto nivel con el FMI fue una forma de despedir a Macri
Mauricio Macri ya no puede hacer promesas que nunca cumplió, como cuando era oposición, y tampoco puede mostrar aspectos positivos de su gestión. Solamente pueden convocar con el odio, inducir el miedo a fantasmas imaginarios. Un discurso por la negativa. Aún así, el 30 por ciento sirve para movilizar, pero está muy lejos de lo que necesita para ganar. Y si pierde, gran parte de ese 30 por ciento se diluye.
"Tendrá que esperar más tiempo", fue la frase del Dos del FMI, David Lipton. Hablaba de la relación financiera con la Argentina de Mauricio Macri. Le aportaron para que llegue hasta las elecciones y ya lo dan por perdido. Ahora les parece plata echada a la basura.
 
Fracasó el plan A. El plan B sería condicionar al ganador de las presidenciales. La misión del Ministro de Hacienda Hernán Lacunza, del titular del Banco Central, Guido Sandleris y hasta del presidente en persona fue un fracaso.
 
Las declaraciones públicas de Lipton rompieron la estricta confidencialidad de estas negociaciones. Si el señor Dos se expresó de esa forma en público es que dan por descontado el fracaso del plan A y asumen que Macri ya no está en condiciones de garantizar nada y no le tienen consideración.
 
 "Vamos a trabajar para una eventual reanudación de la relación financiera con Argentina", insistió Lipton en declaraciones a Blumberg Radio. Un portazo patético para los representantes del gobierno macrista. Así como la expresión que el macrismo se visualiza a nivel internacional como el fracaso más estrepitoso en la gestión de fondos públicos.
 
Se trata de un gobierno que llegó a tener en su seno a más de 27 ex gerentes de bancos internacionales y agentes de Wall Street. Esa participación de representantes del mundo financiero permitió que la deuda argentina creciera a una velocidad insólita y que el mismo FMI decidiera concederle el préstamo más grande de su historia.
 
Y esa misma composición más la aplicación consecuente de todos los lugares comunes del neoliberalismo fueron la causa del tremendo fracaso. Hicieron fracasar a la economía del país pero los bancos y los fondos que ellos representaron hicieron negocios jugosos con la deuda y la timba del dólar y las altas tasas.
 
En menos de tres años y pico, el macrismo (radicales, pro y Coalición Cívica) tomó deuda por 180 mil millones de dólares, al tiempo que se producía una fuga de capitales por 130 mil millones y fundían al país. Alguno tendrá que pagar.
 
La lista de perdedores en estos cuatro años de macrismo es larguísima y conocida: los más humildes, castigados por el hambre y la indigencia, trabajadores que han perdido sus trabajos o aquellos que lo mantienen pero cuyos salarios perdieron el 30 por ciento, igual que los jubilados; la clase media cuya calidad de vida cayó en picada, la pequeña y mediana empresa acosada por las importaciones, la falta de crédito accesible, los costos altísimos y la caída de la demanda.
 
Los sectores que más se beneficiaron son los grandes productores y exportadores sojeros y las mineras, las empresas de los amigos del gobierno más los bancos y las empresas del sector energético. La rentabilidad de los dos últimos sectores se multiplicó por cien o más en algunos casos, mientras el país se fundía.

 
El candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, dio varias pistas del curso que tomará la negociación si gana las elecciones. El concepto se reduce a una frase: "no se pagará a costa del sufrimiento de los argentinos".
 
La candidata a vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, completó esa idea: "Yo quiero que los sectores que más se beneficiaron le presten un poco de atención a los que apenas pueden sobrevivir. Esto es la etapa que viene", indicó durante la presentación de su libro "Sinceramente" en La Matanza.
 
A la hora de pagar habrá que repartir el sacrificio de acuerdo con ese parámetro. El que más perdió tendrá que recibir un salvataje de los que más ganaron. Y el Estado será la herramienta para esa transferencia de recursos en sentido inverso al que tuvo en estos últimos cuatro años.
 
Pero las condiciones que ha planteado el Fondo en cualquier negociación siempre han sido en sentido contrario: achicar el Estado, disminuir jubilaciones, reforma previsional, y reforma laboral desregulando el mercado de trabajo. Son todas condiciones para empobrecer a los más pobres y favorecer a los más ricos.
 
Aunque no se plantee default ni quitas, las exigencias del FMI apuntarán en ese sentido a cambio de bajar cuotas y ampliar plazos. El gobierno inminente tendrá poco margen para actuar si no reasigna prioridades.
 
La experiencia demostró la forma cómo actúa el FMI y cómo actúan los sectores privilegiados cuando se afectan sus privilegios aunque sea en lo más mínimo.
 
Al principio son condescendientes y después comienza un bombardeo despiadado con discursos violentos y difamatorios a través de los medios en los que representan la mayor parte de la torta publicitaria.
 
Los últimos años de democracia han confirmado la extrema volubilidad de algunos periodistas que en la fácil se declamaban progresistas o peronistas. No es una novedad. Son escenas que se repiten.
 
Aún cuando haga concesiones, trate de evitar formas confrontativas y de no romper instancias de mediación, si el futuro gobierno se mantiene firme en esa decisión de no pagar a costa del sufrimiento de los argentinos, más pronto que tarde soportará una fuerte campaña en su contra.
 
Y a mediano plazo, el sistema de medios hegemónico tratará de incitar una fuerte tendencia a regresar a las políticas económicas que históricamente han arruinado al país, como han sido la de las dictaduras, la del menemismo y las de la Alianza y Cambiemos.
 
En la campaña electoral todavía resuenan esos discursos violentos. Las convocatorias a la marcha del sábado se centran en que "se van a perder libertades" (si gana el Frente de Todos), marchan "contra la corrupción" y en defensa de la "dignidad". Es el discurso del odio, donde los que no coinciden son corruptos o no tienen dignidad.
 
Como ha sido siempre, Macri se cuida de usar ese tono que queda reservado para las figuras más provocativas entre dirigentes como Elisa Carrió o Miguel Ángel Pichetto, y algunos artistas y periodistas del oficialismo. Advierten contra "el fascismo" y contra el uso de la fuerza para coartar libertades.
 
Estas consignas buscan movilizar a las personas haciéndoles creer que están a punto de perder libertades, que corren algún peligro o que los van a despojar, como dijo el candidato a vice Miguel Angel Pichetto: "el que tenga un departamento de más, lo tendrá que dar a la revolución". No es casual que el discurso recrudezca, --supuestas amenazas incluidas-- cuando necesitan movilizar.
 
El discurso odiador busca movilizar, pero provoca enojo en las personas que se sienten insultadas. Ese tono genera mucho malestar en la mayoría de la sociedad que ya quiere terminar con este gobierno y es consciente de la manipulación que intentan con inventos y exageraciones.
 
Es un discurso que ya no se recuesta en el clima político que preponderaba en la sociedad hasta hace uno o dos años, creado por los medios y comunicadores del macrismo.
 
Si Macri todavía representa al 30 por ciento del electorado, es probable que las marchas del "sísepuede", como han bautizado estos actos de su campaña por la reelección, tengan bastante participación. Muchas de esas personas se movilizarán por el odio que genera el miedo fantasma con que se las convoca, aunque Alberto ni Cristina Fernández hayan hablado nunca de "revolución" ni de los departamentos de nadie.
 
Resulta que a la inversa, ha sido este gobierno el que ha perseguido a periodistas críticos con listas negras, ha cerrado medios opositores, encarcelado a los propietarios de otros de esos medios y amenazado a los demás. Este gobierno tendrá que responder por los presos políticos, las muertes de decenas de víctimas de la represión y el gatillo fácil y por la manipulación desembozada de la Justicia.
 
Sin embargo, ninguna de las fuerzas de oposición que compiten en la campaña apeló a este discurso. Más bien lo ha evitado. Y no es porque ignoren esas circunstancias sino porque pueden ofrecer propuestas, eligen un discurso por la positiva, propositivo.
 
El oficialismo ya no puede hacer promesas que nunca cumplió, como cuando era oposición, y tampoco puede mostrar aspectos positivos de su gestión. Solamente pueden convocar con el odio, inducir el miedo a fantasmas imaginarios. Un discurso por la negativa. Aún así, el 30 por ciento sirve para movilizar, pero está muy lejos de lo que necesita para ganar. Y si pierde, gran parte de ese 30 por ciento se diluye.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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09-12-2019 / 07:12
Lo que parecía imposible, sucedió: después de las derrotas electorales de Mauricio Macri en la Nación y en Buenos Aires, el macrismo sufrió una nueva caída al perder en Boca, el bastión en el que nació y creció su poder. Lo hizo posible la lista opositora que encabezan Jorge Amor Ameal y Mario Pergolini, pero que tuvo en Juan Román Riquelme, el máximo ídolo del club, como principal emblema del triunfo.
 
Pasada largamente la medianoche y escrutadas más del 80% de las mesas, en un conteo lentísimo y que pasó por diferentes etapas, la dupla opositora se imponía con un 53,5% de los votos por delante del oficialismo que proponía a Christian Gribaudo y Juan Carlos Crespi como postulantes, que sumaban un 30,6%. En tercer lugar, con un 15,9% se ubicaba la lista de José Beraldi y Rodolfo Ferrari.
 
"Ganamos porque la gente no aguantó más. Lo primero que vamos a hacer es abrirle la puerta al socio", dijo un exultante Ameal, cerca de la una de la mañana. A su lado, Pergolini destacaba la grandeza del club, por haber logrado que casi 40 mil personas se acercaran a votar.
 
Atrás había quedado una elección récord para un club argentino, con 38.363 votantes, en la que la dupla Ameal-Pergolini logró un triunfo claro que supone el fin del macrismo en Boca después de 24 años de hegemonía, desde que Macri se impusiera en los comicios de diciembre de 1995 al binomio que componían Antonio Alegre y Carlos Heller.
 
Como había pedido Riquelme, desde muy temprano los socios de Boca se acercaron en masa a la Bombonera para votar, en unas elecciones que mostraron irregularidades y que tuvieron varias denuncias por parte de los opositores. "Son tramposos, son tram-po-sos", bramaba Riquelme cuando se iba enterando de los problemas.
 
Ameal comenzó dando la sorpresa al imponerse por 2 puntos en las mesas de las peñas, que se estimaba que iban a ser favorables al oficialismo. Gribaudo solo se impuso entre los vitalicios, en tanto que la sorpresa la dieron las mesas de Damas, que le daban más de 100 votos de diferencia para la vuelta del ídolo en cada una de ellas, con excepción de una.
 
Así, con casi el 100% escrutado, Ameal llegaba al 52,84% de los votos, mientras Gribaudo tenía 30,6% y José Beraldi, el tercero en discordia, solo 16,41%. Pero luego de unas mínimas dudas, cuando las primeras mesas de activos marcaban paridad, la tendencia se consolidó con diferencias amplias en las mesas que concentraban a la mayoría de los votantes.
 
Y allí la tendencia se hizo irreversible, por más que el escrutinio avanzaba a paso de tortuga. Pero si esperaron 24 años para sacar al macrismo de Boca, los ganadores no se preocuparon demasiado y celebraron una victoria que hace un tiempo parecía imposible.
 
La Opinión Popular

08-12-2019 / 10:12
El discurso presidencial decepcionó a sus seguidores, que hubieran preferido escucharlo más tiempo. El tema que más le preocupó fue el de la Justicia. "Quiero una justicia que se guíe por pruebas y no por el discurso político", exclamó, viéndo un traje a rayas en su imaginación.
 
El gobierno de Mauricio Macri será recordado por muchas cosas poco republicanas, entre ellas la manipulación de la justicia para perseguir a sus opositores, hasta el ensañamiento. Es lógico que su preocupación sea ese tema. Si lo hizo él, está seguro que lo harán sus adversarios. Y Macri está flojo de papeles en muchas de las causas de corrupción que tiene en la Justicia.
 
Pero el tema que generó más empatía con sus fanáticos fue el miedo y el odio gorila al peronismo. "Yo sé que muchos de ustedes sienten angustia por lo que viene --afirmó--, pero no hay porqué tener miedo, somos muchos para defender la libertad y la democracia".
 
Y en otro de los pocos párrafos de su discurso, insistió: "Vamos a cuidar que no roben, que no estafen más a nuestra querida Argentina". Esa referencia provocó un bufido de aprobación en sus seguidores. Muchos asintieron con la cabeza, especialmente las señoras. El núcleo duro del macrismo --personas mayores de situación acomodada-- se convoca en gran parte por ese sentimiento visceral.
 
Para esa multitud la grieta es irreductible. Algunos de los que hablaron a los movileros que cubrieron el acto, se quejaron de la grieta, sin darse cuenta que la grieta es el odio antiperonista que ellos mismos destilaban, un odio que en la mayoría de los casos fue instalado por la campaña de los medios hegemónicos: Clarín, La Nación e Infobae.
 
Aquí se vio la doble vara macrista, la contradicción, la raíz ilógica de ese discurso en el tratamiento diferente que le dieron a Pichetto y a los diputados que se les fueron. Con la justicia es igual. A los otros se los puede condenar sin pruebas. A ellos ni siquiera con pruebas. Si los condena a ellos con pruebas, la justicia es corrupta. Si condena sin pruebas a los que ellos no quieren, es independiente.
 
En el imaginario autoritario de ese grupo gorila conservador que forma el núcleo duro de Cambiemos, ellos son los únicos republicanos y democráticos. Los demás son enemigos de esos valores. Es imposible la convivencia en ese clima de pensamiento. 
 
Macri tuvo su plaza de despedida cuando más del 65% de los argentinos tiene una imagen suya negativa. La Plaza macrista era representativa del sector conservador duro que no abarca el 40% de los votos que logró la fórmula de Juntos por el Cambio en las elecciones.
 
Fue su acto de despedida. Un acto masivo, pero no de los más grandes. Fue una demostración de fuerza. Quiso dejar asentado que todavía está en carrera si puede convocar a pesar de su desastroso legado de más del 50% de inflación y más del 40% de pobreza.
 
La Opinión Popular

07-12-2019 / 09:12
En una conferencia de prensa, el presidente electo Alberto Fernández presentó a su Gabinete de Ministros que lo acompañará en la administración del país a partir del 10 de diciembre. Con pocas sorpresas, el ex Jefe de Gabinete aseguró que su equipo de trabajo "refleja la unidad sobre la que se construyó el Frente de Todos".
 
"Es la tercera vez que participo de la confección de un gabinete nacional y estoy muy contento con el resultado que hemos logrado. A todos los conozco, sé de la calidad moral y la calidad técnica de los que me acompañan", agregó Fernández.
 
En esa línea, dijo que el Frente de Todos "se constituyó sobre la base de la unidad, y como tuve una preocupación porque se unifiquen los bloques en el Congreso, para que expresemos esa vocación de unidad, quise que esa unidad esté reflejada en el Gabinete".
 
En un contexto de fuerte expectativa, Alberto armó un gabinete típico de una coalición como es el Frente de Todos. Un gabinete numeroso, con espacio para todos los sectores, todas las generaciones y todas las urgencias. Así sucede por ejemplo con la configuración del área económica, con Martín Guzmán como futuro negociador de la deuda, Matías Kulfas en Producción y Luis Basterra en Agricultura a cargo, dijo AF, de obtener divisas y convivir en paz con los hombres de campo.
 
Pasa lo mismo con las cuestiones sociales, con Daniel Arroyo en el ministerio específico y una fuerte presencia de Victoria Tolosa Paz en la cabeza del Plan Argentina contra el Hambre. El decano del área social será Ginés González García, el único mayor de 70 y compañero de gabinete de Fernández en tiempos de Néstor Kirchner. Elizabeth Gómez Alcorta, a cargo del nuevo ministerio de la Igualdad, es un símbolo. El presidente electo no lo dijo pero ni falta que hace: es la abogada de Milagro Sala.
 
A Wado de Pedro, futuro ministro del Interior, lo llamó Wadito. Otro símbolo, y no solo por su pertenencia a La Cámpora sino porque, dijo, "siente la política como yo, basada en el diálogo". Entre tantos anuncios quedó un misterio. Fernández dijo que ya tiene la persona para la Agencia Federal de Inteligencia pero que antes debe terminar de ver el cómo. O sea que habrá reestructuración.
 
Con sus amigos Marcela Losardo en Justicia, Santiago Cafiero en Jefatura de Gabinete y Claudio Moroni en Trabajo, Alberto se aseguró que los tres sean prolongaciones de sí mismo. A Cafiero lo presentó directamente como "mi alter ego".
 
Después de presentar su Gabinete completo, Alberto concluyó que "todos aceptaron el desafío" de sacar el país adelante y convocó a impulsar "la epopeya de hacer otro país" porque el futuro Gobierno tendrá "la oportunidad de ingresar a la función pública para protagonizar un momento único de cambio".
 
La Opinión Popular

07-12-2019 / 07:12
Fue patético el jueves el esfuerzo de Mauricio Macri para disipar en una nube de falsedades el 41 por ciento de pobreza que deja, el ahínco para hacer que la clase media olvide la calidad de vida que perdió, para que nadie repare en la manipulación de jueces y fiscales para perseguir a opositores, o la persecución y encarcelamiento de dueños de medios críticos.
 
El país que deja este personaje es lamentable y representa el fracaso de una elite empresaria que se autoproclamó "el mejor equipo de los últimos 50 años".
 
Habló de transparencia y corrupción el presidente al que investigadores alemanes le descubrieron más de 40 cuentas offshore de las que se utilizan para lavar o evadir, el mismo que trató de hacer desaparecer las deudas multimillonarias de sus empresas con el Estado y que está acusado de haber realizado negociados con sus aerolíneas, autopistas y empresas de energía.
 
El estilo de Macri ha sido acusar a sus adversarios de cometer las cosas que en realidad hace él. Por ejemplo, un gran lavador al que se le descubren cuentas offshore pondría en el organismo encargado de perseguir el lavado y la evasión, a abogados que hayan defendido a evasores.
 
Oh, casualidad, Macri puso al frente de la UIF a dos abogados del banco HSBC, al que la justicia francesa le descubrió, entre otras, cuatro mil cuentas no declaradas de argentinos en su filial de Suiza. Es la República Macrista S.A.
 
Hizo siempre lo contrario de lo que dijo. Habló de independencia de la Justicia y tuvo una mesa judicial para apretar y manipular jueces y fiscales. Habló de inserción en el mundo y lo que hizo fue que el mundo se insertara en el país y destruyera la economía al levantar las barreras a la importación.
 
El caradura dijo que mejoró la educación, cuando bajó más del 30 por ciento el presupuesto, no construyó escuelas y dejó a las que había con goteras, grietas en las paredes, sin calefacción ni electricidad, techos que se derrumban, garrafas que explotan, además de suspender la distribución de computadoras entre los chicos. Y mostró unos numeritos en que los pibes aumentaron 10 puntos la comprensión de textos.
 
Mostrar esos numeritos fue un acto de crueldad cuando la mayoría de los chicos que van a la escuela están bajo la línea de pobreza o sufren hambre. 68%, 74, menos 82 o lo que sea, la matemática de Macri es puro invento si los chicos tienen hambre. Fue una bajeza.
 
Macri reivindicó que ahora exportan energía. Porque esa energía ya no se utiliza en el país que deja Macri con una industria raquítica que funciona en muchos casos con menos del 50 por ciento de su capacidad instalada. Sobra energía porque la industria consume menos. Una familia de 4 que vive con lo justo tendrá de sobra si se mueren 2.

06-12-2019 / 09:12
La pobreza trepó al 40,8% de la población y afecta a 16 millones de personas. También aumentó la indigencia, que saltó al 8,9% de la población, es decir, 3,6 millones de personas. En ambos casos se trata de los registros más altos de la década, según se desprende del último informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), correspondiente al tercer trimestre de 2019.
 
Hace 4 años, la tasa de pobreza era del 28,5%, con 11 millones de afectados, por lo que en la gestión Cambiemos la pobreza se incrementó en 12 puntos porcentuales y 5 millones de personas. La disparada es mayor en el caso de la indigencia, que casi se duplicó, dado que en 2015 era del 4,5%.
 
"Las reiteradas devaluaciones, el aumento de la inflación, el estancamiento, el aumento del desempleo y las medidas de ajuste acordadas con el FMI explican el deterioro", según detalla la UCA. Las cifras trascienden a 5 días del final del gobierno de Macri, que había pedido que se evaluara su gestión por su capacidad o no de reducir la pobreza.
 
La pobreza afecta con más intensidad en los niños y adolescentes de 0 a 17 años, ya que asciende al 59,5% de la población. Esto es, aproximadamente 7 millones de niños en hogares pobres. Hace dos años, antes de la crisis financiera, esa cifra era del 44%. "Una vez más, las estimaciones reflejan la persistente infantilización de la pobreza en la Argentina urbana", detalla el informe.
 
En cuanto a la indigencia, la insuficiencia de ingresos para cubrir la canasta básica alimentaria (tasa de indigencia) se encuentra fuertemente asociada al estrato económico-ocupacional del principal sostén del hogar. La indigencia por ingresos fue más elevada en las unidades domésticas cuyo principal sostén pertenece a la clase trabajadora informal. En estos casos, alcanza el 22,1% de la población.
 
Además, la indigencia afecta con más intensidad a niños y adolescentes: mientras a nivel general alcanza al 8,9% para el tercer trimestre 2019, en el grupo de 0 a 17 años asciende a 14,8%. Esto es, hay más de 1,5 millones de niños en hogares indigentes. Hace dos años esa cifra no alcanzaba el 10%.
 
La evolución de los datos muestra que los últimos índices de pobreza e indigencia son los más altos de toda la década. Este deterioro tiene diversas causas: la retracción del mercado interno y de las capacidades productivas del sector informal tuvo un efecto regresivo en el ingreso de los hogares, por un deterioro en el poder adquisitivo de los salarios, las jubilaciones y las prestaciones sociales.
 
De cara al traspaso de gobierno, un cambio de rumbo estructural no solo necesita inversiones e impulso a las exportaciones, sino políticas públicas que sean redistributivas y busquen el desarrollo hacia el mercado interno y el sector informal. "La economía vinculada al sector externo no derrama hacia los sectores menos dinámicos", enfatiza.
 
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