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“Tenemos nuevas prioridades: combatir el hambre y la pobreza, encender la economía, reactivar el consumo y generar empleo”. Alberto Fernández
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Nacionales - 07-09-2019 / 08:09
PANORAMA POLÍTICO NACIONAL

Sacrificio macrista: Cuando los más ricos piden esfuerzos a los más pobres

Sacrificio macrista: Cuando los más ricos piden esfuerzos a los más pobres
Los Ceos del gobierno de Mauricio Macri, gerentes y millonarios o hijos de millonarios, formados todos en carísimos colegios y universidades, pontifican sobre el sacrificio que requiere el crecimiento, como si ellos hubieran tenido que sacrificarse alguna vez. Pero se lo exigen a personas, ciudadanos, pueblo, trabajadores y desocupados, para los que toda la vida ha sido sacrificio. Y si no hay crecimiento porque los de su misma clase millonaria se llevan toda la plata afuera del país, entonces admonizan sobre la “poca vocación de esfuerzo” del pueblo argentino, “seducido por los cantos de sirena del populismo”.
Los Ceos del gobierno de Mauricio Macri, gerentes y millonarios o hijos de millonarios, formados todos en carísimos colegios y universidades, pontifican sobre el sacrificio que requiere el crecimiento, como si ellos hubieran tenido que sacrificarse alguna vez.
 
Pero se lo exigen a personas, ciudadanos, pueblo, trabajadores y desocupados, para los que toda la vida ha sido sacrificio. Y si no hay crecimiento porque los de su misma clase millonaria se llevan toda la plata afuera del país, entonces admonizan sobre la "poca vocación de esfuerzo" del pueblo argentino, "seducido por los cantos de sirena del populismo".
 
En menos de diez días hubo dos marchas diferentes para exigir que se declare la emergencia alimentaria. La consigna debería sonar ridícula en el "supermercado" del mundo, en la pampa orgullosa que produce alimentos para millones y millones de personas en el planeta. Decir en la mesa de los Ceos "emergencia alimentaria" es casi un chiste, mientras digieren su exceso de calorías diarias.
 
Hablar de "emergencia alimentaria" es usar un eufemismo del hambre. Una fórmula legalista o parlamentaria para que nadie se asuste, pero habla del hambre, dice que hay millones de argentinos que tienen problemas de alimentación, que muchos no comen lo que deberían. En el granero del mundo.
 
Los funcionarios dicen entonces que se trata de propaganda electoral, que se bate el parche "como si la mitad de los argentinos pasaran hambre", dijo el secretario de Cultura, Pablo Avelluto.
 
En las dos marchas había el doble de personas de las que, pocos días antes, bien vestidos y bien alimentados, expresaron su respaldo al gobierno de Macri. Estos no estaban ni bien vestidos ni bien alimentados.
 
Pero el contraste con la manifestación oficialista no es tan revelador como el que surge de los actos que estos mismos movimientos hacían hace cuatro años y ahora. El deterioro es impresionante.
 
La clase media y las más altas pueden haber sufrido, seguramente. Pero en los sectores más humildes, más vulnerables, el efecto de la crisis provocada por el gobierno de Cambiemos es devastador. Se ve en las caras, en las dentaduras, en la actitud corporal. Escuchar que los funcionarios bien comidos les reclaman "sacrificio" a estas personas, no despierta instintos maternales.

 
Las encuestas dicen que cerca de cuatro millones de personas de clase media se sumergieron bajo la línea de pobreza. Personas que vivían más o menos bien pero con lo justo, ahora no les alcanza. A esos cuatro millones no les alcanza, pero a los millones que antes ya hacían malabares para subsistir, ahora esas estrategias mínimas ya no les sirven para completar la mesa.
 
Ya se habla de 40 por ciento de la población en la pobreza y más del 50 por ciento de los niños. Y esa cifra se puede proyectar en los próximos meses hasta el 50 por ciento de todos los argentinos.
 
Mientras el relato de la prensa oficialista insiste en ocultar la realidad, la nota de tapa del jueves, de PáginaI12, de Laura Vales https://www.pagina12.com.ar/216687-para-no-terminar-en-los-super , abrió una brecha en ese blindaje inmoral que busca preservar al gobierno. Las estrategias solidarias, que muchas veces pueden contar con el apoyo de algún intendente, surgen desde los mismos afectados para sobrellevar la desgracia.
 
La nota hacía referencia al surgimiento de nuevas formas de comercialización de alimentos producidos por cooperativas en barrios de San Martín, la reaparición de ferias de trueque, el aumento de ollas y comedores populares.
 
Las estrategias del límite, de los que no llegan a fin de mes, transcurren por esos carriles, que implican a veces también comer papas los diez últimos días del mes o que los padres decidan comer día por medio para que a sus hijos no les falte.
 
El proceso de empobrecimiento se agudizó apenas asumió el gobierno de Macri, pero tuvo un hito importante desde octubre del año pasado. En ese momento, incapaz de controlar con tasas de interés astronómicas el aumento del dólar y la inflación causadas entre otros motivos por tarifas, servicios y combustibles dolarizados, el gobierno decidió recurrir al Fondo Monetario Internacional.
 
El 25 de octubre se aprobó el Presupuesto para 2019. Fue una señal para la cúpula del Fondo que se reunió al día siguiente en Washington y aprobó el empréstito más alto en la historia del organismo, que implicaba otorgarle a la Argentina el 62 por ciento de toda su capacidad.
 
Salvavidas de plomo, resignación de soberanía política y condicionamiento de las decisiones económicas de los próximos 20 o 30 años.
 
El gobierno había hecho los deberes, ayudado por radicales y diputados provinciales y de otros bloques, que dieron su aprobación. El nuevo presupuesto estipulaba el recorte de 425 mil millones de pesos para 2019, a los que se sumaban los 62 mil millones recortados en 2018.
 
El ajuste profundizó el modelo de destrucción de las industrias nacionales, endeudamiento externo no sostenible, aniquilamiento de las economías regionales, desocupación, precarización laboral, desempleo, pobreza y hambre.
 
Gran parte de esos recortes involucraron a los programas sociales que el macrismo había incrementado durante los dos primeros años de su gestión para disimular la crisis social y estructural que se había gestado.
 
Esos fondos se cortaron y la crisis con su secuela de espanto, desocupación y hambre, saltó a las calles de Buenos Aires en las marchas de los más humildes, con cientos de familias en situación de calle.
 
Además del relato ocultador de los medios oficialistas, la única herramienta concreta del gobierno para emparchar los efectos de su política económica eran los programas sociales que se quedaron ahora sin fondos. Por eso no tiene respuesta. Se quedó sin plata. Lo único que atina a decir es que el hambre no existe y que los reclamos son politiquería pura.
 
El hambre en este país es una tragedia que victimiza a los humildes pero involucra a todos. No es económica, porque esos alimentos existen aunque con precios inaccesibles para muchos. Es una tragedia material por los que la sufren directamente, pero también política y moral.
 
Los medios oficialistas han ocultado en forma perseverante el drama, lo han maquillado y han difundido y respaldado el discurso de la meritocracia que en resumen enfatiza que son pobres porque se lo merecen, porque no hicieron el esfuerzo suficiente.
 
El macrismo dice que denunciar el hambre es agrandar los hechos, que es campaña política. Pero los que hacen campaña son ellos cuando niegan una realidad inocultable y acusan a sus opositores. Ellos son los que hacen campaña cuando acusan a sus opositores de hacerla, porque la tragedia es real.
 
Ha sido una estrategia reiterada del macrismo: acusar de corrupción a los demás, cuando son ellos los que han hecho negociados millonarios de los dos lados del mostrador y son ellos los dueños de las cuentas offshore que cada tanto son reveladas en forma escandalosa.
 
El hambre como peste es un límite que interpela a los argentinos. Es la consecuencia de un relato o sentido común diseñado para ilusionar a una parte, despojar a la mayoría y favorecer sólo a un puñado. Y para hacerlo provoca la grieta.
 
El hambre es un argumento que se impone sobre la grieta casi como una prueba bíblica: se reacciona o se mira para otro lado. Son los dos países que colisionan en esa prueba límite, dos proyectos de país, dos ideas opuestas sobre la forma de convivir en paz. El país de los que les importa el hambre de los demás y el de los que no.
 
Y los que no les importa, aunque vayan a ser los próximos en caer, se hacen corresponsables de la tragedia, no es atenuante si son engañados o no, porque cada decisión implica responsabilidad sobre las consecuencias. Pero también la posibilidad de reflexionar y reconsiderar de allí en adelante.
 
El resultado de las PASO, inesperado para muchos, puede estar reflejando esa respuesta. Y es probable que en las elecciones de octubre, el resultado sea más contundente aún y termine por hermanarse con la realidad del despojo y el saqueo, por encima del lugar común de la grieta y del relato de ocultamiento de los medios oficialistas.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página12
 

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21-01-2020 / 10:01
El asesinato de Fernando Báez Sosa que la UAR (Unión Argentina de Rugby) llamó fallecimiento es apenas una parte -la más importante-, de un combo letal.
 
La tipificación jurídica, responsabilidad penal y carradas de opiniones sobre el crimen, con mayor o menor espesura analítica, no le devolverán la vida al joven de 19 años y nos colocan en una endeble situación argumentativa.
 
Las sucesivas agresiones de rugbiers que terminan en muertes o sin ellas, con premeditación y alevosía, con el afán de destruir al otro por ser diferente, por las razones que fueren, son una noticia incómoda para un deporte que se arroga ciertos valores.
 
Los casos anteriores tuvieron una efímera visibilidad mediática. Algunos siguen impunes, como el asesinato de Ariel Malvino, a quien tres correntinos mataron en 2006 en Ferrugem, todos de familias influyentes en esa provincia.
 
Esa muerte y la de Báez Sosa tienen un componente clasista que deviene de la posición social de estas manadas de criminales musculados.
 
El rugby estigmatizado refuerza esa concepción de deporte cheto cuando ya no lo es. Hace tiempo dejó de serlo. Lo juegan los pueblos originarios en sus territorios, los pobres en las villas, los presos en las cárceles, crece entre las mujeres de cualquier condición social.
 
En la gran mayoría de estos crímenes no se percibe con claridad un ingrediente de consumo social que cruza a muchos de los victimarios. La ingesta desenfrenada de alcohol que confirman todas las estadísticas y en especial de la cerveza.
 
Cualquier campaña de concientización que busque antídotos contra la brutalidad de una manada de rugbiers, debería tomar en cuenta cuál es la única droga social legalizada y cuyo consumo está lejos de llegar a su techo.

20-01-2020 / 11:01
El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, cuestionó a distintos funcionarios, -en su mayoría gerentes y directivos- de empresas públicas que ingresaron con cargos políticos al Estado durante el Gobierno del ex presidente, Mauricio Macri, y que en este nuevo período gubernamental no quieren dejar sus cargos en las diferentes dependencias estatales.
 
Massa denunció que dichos funcionarios, en caso de irse, piden doble indemnización y los definió como "okupas". Fuentes de distintos organismos estatales explicaron cómo esta situación afecta a la implementación de proyectos y políticas públicas.
 
El Presidente de la Cámara baja aseguró que "son unos inmorales", y que "no sólo no renuncian a los cargos a los que llegaron por una decisión política, sino que además piden la doble indemnización que ellos mismos rechazaban cuando estaban en el gobierno".
 
Massa se refería a esto ya que el 20 de mayo de 2016 Macri había vetado la ley de Emergencia Ocupacional, que fue sancionada por ambas cámaras legislativas y que pretendía prohibir los despidos por 180 días e implementar la doble indemnización.
 
Es decir, los funcionarios de Cambiemos que aún quedan en el estado, piden para irse la doble indemnización mientras que su gobierno estaba en contra de aplicar ese resarcimiento a los trabajadores despedidos.
 
Massa detalló que se trata de "gerentes de Aerolíneas Argentinas, Anses, Ferrocarriles Argentinos, Pami, Aysa y de otras empresas públicas, que se hacen los distraídos esperando que los echen para pedir que les liquiden la doble indemnización".
 
"Esta gente no llegó con los clasificados bajo el brazo sino que fue designada políticamente y ahora pide una doble indemnización que el mismo Gobierno anterior vetó cuando el Congreso aprobó la Ley", agregó el funcionario. 

19-01-2020 / 18:01
Al grito de "¡no fue suicidio, fue un magnicidio!" un grupo de manifestantes antiperonistas se movilizó a la Plaza del Vaticano, para recordar al fiscal Alberto Nisman a cinco años de su muerte. Los manifestantes se ufanaron de "no llevar banderas políticas". Sin embargo, en el discurso dispararon contra el presidente, Alberto Fernández, y festejaron la presencia de dirigentes del macrismo.
 
Todo el acto fue en línea con los dichos bolzonaristas de la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich en los últimos días. La ex funcionaria acusó al jefe de Estado de haber pactado "la demolición de la causa del Memorándum con Irán" que tiene como acusada a Cristina Fernández. Aunque varios dirigentes opositores confirmaron que no judicializarán esta acusación.
 
La ceremonia tuvo de invitados estrellas a los mediáticos diputados Waldo Wolff y Fernando Iglesias, ambos del PRO. De la Coalición Cívica hicieron su aparición Elisa Carrió y su heredero político Maximilano Ferraro. No solo legisladores gurkas del macrismo asistieron, en las primeras filas estaba el ex secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj, el ex titular de Medios Públicos Hernán Lombardi y el ex ministro de Educación Alejandro Finocchiaro. Con estos dirigentes macristas bien presentes, los oradores seguían jurando la "independencia política" del acto.
 
Lo que hace varias semanas parecía que iba a ser un acto cargado de contenido opositor con concurrencia masiva, se fue desinflando en los últimos días a medida de que las distintas organizaciones de la comunidad judía en la Argentina anunciaron que no participarían. Tanto la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) decidieron no participar de esta movilización que pedía "Justicia por el asesinato del fiscal", cuando a cinco años de su muerte la Justicia aun no encontró pruebas que definan al caso. Es una muerte utilizada por el macrismo para reforzar la demonización del kirchnerismo.
 
Su ex pareja y jueza federal, Sandra Arroyo Salgado, y sus hijas tampoco asistieron. Incluso, algunos meses atrás dejaron de ser querellantes en la causa que investiga la muerte de Nisman. Sin embargo, los manifestantes colmaron la pequeña Plaza del Vaticano.
 
La previa fue caliente: intimidaciones a periodistas y reproches entre los manifestantes por la escasez de jóvenes en este acto. Lo cierto es que el calor en una plaza seca, con poca sombra, generó molestia en una buena parte de los adultos mayores que se acercaron temprano.
 
Antes que comenzara el acto, desde la organización pidieron que "respetaran a todos los periodistas". La consigna no fue tomada de la mejor manera por los "defensores de la república", muchos abuchearon, otros chistaban por lo bajo, mientras que otros gritaron: "Son cómplices y corruptos".
 
La Opinión Popular

19-01-2020 / 11:01
En el siglo XX se firmaron, como jamás antes, tratados internacionales que limitan la violencia entre Estados, regulan el trato a prisioneros de guerra, refugiados y migrantes, prohíben la tortura y cien etcéteras. Rigen hoy en día, se amplían regularmente. Centenares de naciones adhieren, se celebran reuniones para ratificar principios universales.
 
Sin embargo el presidente de la mayor potencia del planeta --promotora y signataria de muchas de esas normas, sede física de organismos internacionales-- manda asesinar a un general de otro país. Sin que medie guerra declarada, sin cumplir las (de por sí laxas) leyes de su país. Los propios funcionarios de Donald Trump no alcanzan a justificar, ni siquiera a explicar, la movida. Los opositores la critican con ineficaz dureza.
 
El magnicidio es presenciado impávidamente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU): el poder expuesto en carne viva. Suena cándido o sarcástico preguntarse qué habría pasado si el mandatario homicida fuera iraní, argentino o hasta belga.
 
El orden global siempre fue asimétrico, tendencia que se agrava en la era de la globalización financiera y la primacía de líderes de derecha, racistas, violentos, xenófobos, machistas. Hiper tácticos, predispuestos a adoptar decisiones tremendas mientras tuitean. A toda velocidad, a pura ligereza.
 
Cuando asumieron Trump y su colega brasileño Jair Bolsonaro algunos expertos predijeron que poderes establecidos de sus patrias les demarcarían límites. Las Agencias de Estados Unidos, su élite económica, el Departamento de Estado, allá en el Norte que manda.
 
Acá cerca, Itamaraty, la célebre y profesional Cancillería de Brasil que, se supone, ensilló a la dictadura militar o limó diferencias entre presidentes tan disímiles como José Sarney, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva.
 
Esos frenos y balances fracasaron, no actuaron, entraron en el pasado. Las mesas chicas de los presidentes del siglo XXI resultan ser minúsculas, a veces se superponen con la reunión familiar. Bolsonaro y sus críos, sin ir más lejos.
 
En ese contexto espantoso, volátil, filo indescifrable, el presidente Alberto Fernández intenta instalar un esquema de negociación de la deuda externa bastante novedoso (nada lo es del todo). Trata de conciliar ciertos principios básicos de soberanía y de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
Pagar pero supeditándose a la normalización de la economía, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la deuda interna. La oferta parece sensata, en particular porque la formula un país pacífico, sin violencia racial ni ansias bélicas, una suerte de remanso en el vecindario soliviantado.

18-01-2020 / 10:01
El "fifty-fifty" que proponía Juan Perón para la Argentina era un anhelo por el cual trabajadores y empresas se repartían en partes iguales, 50-50, los ingresos que genera el país. Más allá de que el fifty-fifty no sea un nivel de distribución ideal, el dato publicado por el Indec muestra que la dinámica tiende a alejarse.
 
Ya que, durante el cierre del período Cambiemos, los asalariados volvieron a perder porciones de la distribución del ingreso. Esta vez el fenómeno vino acompañado de una novedad: los empresarios no mejoraron su participación. Y es que los que capturaron la diferencia fueron los trabajadores no asalariados.
 
El cuentapropismo, surgido por la fuerte crisis económica del 2018-2019, creció con fuerza, creó 265.000 puestos de subsistencia, que no califican ni como asalariados ni como empresarios, y llevó a la participación del ingreso mixto a crecer hasta quedarse con el 12,6% de la torta.
 
En este caso, la mencionada torta es el valor agregado por la economía local. Sobre el total del producto nacional, los asalariados se quedaron con el 45,1%. Eso implicó una caída fuerte desde el 52% con el que se quedaba en el 2015, según los datos del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped).
 
El Indec comenzó a publicar sus números en el 2016 y en el tercer trimestre de ese año todavía era el 52,7%. El deterioro se aceleró durante la gestión Cambiemos.
 
Los empresarios se quedaron con el 44,4% durante el tercer trimestre del 2019. Fue la primera caída en mucho tiempo, ya que en el mismo período del 2018 habían obtenido el 44,9%. Mientras tanto, los cuentapropistas pasaron del 11,4% al 12,6%.
 
Los asalariados son tres cuartos de quienes generan el ingreso nacional y se quedan con el 45,1% del producto; los empresarios son apenas el 3,9% y se quedan con el 44,4%; los cuentapropistas son el 22,9% y se quedan sólo con el 12,6%.
 
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