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El clima en Paraná

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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Nacionales - 01-09-2019 / 09:09
INAUGURÓ EL DEFAULT EN PESOS Y EL “CORRALITO” DE LAS LETES, QUE GOLPEÓ DE LLENO EN LAS EMPRESAS Y LAS PROVINCIAS

Macri recibió una economía desendeudada y defaulteó, en menos de cuatro años, el inmenso préstamo que tomó

Macri recibió una economía desendeudada y defaulteó, en menos de cuatro años, el inmenso préstamo que tomó
EL DEFAULT DE MACRI. Hay riesgo que la corrida cambiaria se convierta en una bancaria. Los denuestos más severos contra Macri y el equipo económico emanan de su entorno, de sus ex aliados, de sponsors de las campañas, de portavoces. Calificadoras de riesgo ensalzadas por el Gobierno apenas ayer anuncian distintas variantes de default.
El programa económico del Gobierno de Mauricio Macri fomentó la inversión especulativa, abolió mecanismos de control, desreguló a niveles únicos en el mundo. Generó variados instrumentos para que los inversores cosecharan ganancias exorbitantes en tiempos minúsculos: Argentina, el país más bici- friendly del planeta. La burbuja tenía que estallar algún día, posiblemente el menos pensado. Así ocurrió aunque no faltaron alertas desoídas.
 
A principios de agosto la fuga de capitales era record, la recesión y la inflación una vieja costumbre. Ante la amenaza, "la sensación de democracia" explotó la burbuja. Decenas de economistas estudiosos y con pensamiento propio venían anticipándolo desde hace años. Los capitales golondrina levantan vuelo cuando les pinta, está inscripto en su naturaleza.
 
Desde la Casa Rosada, con el presidente Macri como adalid, tratan de imponerle un libreto y un acting a Alberto Fernández. Que calle lo que siempre pensó, lo que argumentó durante años y en la campaña para las Primarias Abiertas (PASO). Solo puede-debe romper el silencio para avalar las acciones macristas.
 
Se prepara un proyecto de ley, hay quien explica que se desconoce aún la letra chica. Se trata de un eufemismo: se desconoce el texto que iba a llegar al Congreso el viernes y, en una de esas, arriba mañana. Se presiona a Fernández para que lo avale, garantice el apoyo del Frente de Todos (FT) en el Congreso. Menos que a libro cerrado porque las páginas siguen en blanco.
 
Una palabra del presidenciable opositor -denuncian o gritan funcionarios y opineitors afines- puede hacer caer el modelo económico. Peor todavía: el verbo de "Alberto" genera las realidades que enuncia. Si dijera "default" habría default, si mencionara vacío de poder Macri perdería la enorme legitimidad de ejercicio que le queda... ¿o no le quedaba?
 
El problema es que resuenan otras voces. Los denuestos más severos contra Macri y el equipo económico emanan de su entorno, de sus ex aliados, de sponsors de las campañas, de portavoces. Calificadoras de riesgo ensalzadas por el Gobierno apenas ayer anuncian distintas variantes de default.
 
El empresario Claudio Belocopitt, dueño de Swiss Medical, despotrica contra la postergación del pago de varios títulos públicos. Esos dineros se utilizan, explica, para evitar licuación del capital de trabajo. Si el Estado pedalea la liquidación de modo unilateral (incumplimiento de contrato en criollo, póngale el apodo que quiera en inglés o en jerga) su empresa, entre tantas, quedará sin medios para pagar los sueldos.
 
Belocopitt increpa al macrismo, lo responsabiliza por la "guita que se chorearon". Habla en representación de sí mismo, no desde la sede del Partido Justicialista.

 
LA BURBUJA DEL PAÍS MÁS BICI-FRIENDLY DEL PLANETA
 
Entre devaluaciones y fugas 
 
El Plan A, en borrador: Lacunza anuncia las medidas. Las va retocando a medida que saltan críticas porque se detectan incongruencias. En la realidad argentina a menudo no existe el plan B mientras se lanza el Plan A. Peor aún, suele anunciarse el Plan A sin haberlo redactado del todo.
 
Con un borrador vulnerable en un contexto de pánico, la experticia aconseja declarar feriado cambiario. Macri rehúsa, desoyendo consejos de propios y de la oposición. A esta altura del repaso este cronista renuncia a tratar de explicar conductas irresponsables tan dañinas para los argentinos como para la credibilidad del gobierno.
 
Las instancias de renegociación con acreedores privados respecto de bonos depreciados hasta la insignificancia permiten a cualquier argentino pasablemente informado imaginar maniobras especulativas. Los buitres vuelven a revolotear sobre la deuda argentina.
 
Hacen falta dólares, los grandes exportadores agropecuarios retienen los que recibieron por la cosecha record. Especulaban con una maxi devaluación, la consiguieron... siguen amarrocando.
 
El presidente se reúne con la Mesa de Enlace, adula, hace chistes malos y cómplices sobre el SENASA. Desde el arribo a la Casa Rosada derogó las normas que imponían plazos para liquidar divisas. No se le ocurre lo obvio: reimplantarlas. Ni siquiera se atreve a reclamarlo como "gauchada" en público.
 
Las patronales agropecuarias acuden a las oficinas de Alberto Fernández. Mantienen un diálogo descripto como constructivo y amable desde ambos lados de la mesa. El candidato, de modo tan cortés como firme, les explica que en la actual situación es imposible reducir las retenciones.
 
Y que, si llega a la Rosada, las divisas que ingresen por exportaciones deberán cambiarse por pesos en tiempo y forma. Los invitados acceden, no controvierten. El titular de Coninagro, Carlos Iannizzotti, había ido más allá, asumiendo un deber fiscal de solidaridad con los argentinos más castigados.
 
El cotejo entre los dos cónclaves fuerza una conclusión: Macri le otorga al "campo" más de lo que le pide. Respecto de la mayoría del pueblo argentino procede a la inversa.
 
 
Otras aves
 
Volvamos a la ornitología política, prometemos que por última vez en esta columna. El oficialismo suelta halcones y palomas para competir-cooperar con el FT. Macri tiene un polo halcón y otro colombófilo, depende del momento o de cuán bien dormido esté.
 
Elisa Carrió encabeza el ala dura. Injurian al kirchnerismo o al candidato, denuncia sin pruebas que hubo fraude hace tres semanas y ¡en 2007! Acusa al narco de favorecer a Fernández, ex funcionarios que asolaron al país se suman al disparate calumnioso.
 
En paralelo, Macri habla con Fernández en numerosas ocasiones, más de las que se divulgan. Lacunza comisiona a Luis Caputo quien porta una rama de olivo y va en pos de "Alberto": se conocen desde hace rato.
 
"Toto" --el supuesto Messi del mundo financiero que resultó ser un patadura de la "B" -- se convierte en una especie de cardenal Samoré laico. Fernández lo recibe, le transmite que no le cabe cogobernar, sumarse a las virtuales tratativas de reperfilamiento de la deuda con el FMI, adherir sin chistar a las políticas de un gobierno de signo opuesto.
 
 
Memoria humana
 
Lacunza les promete a las personas humanas que podrán retirar la plata invertida en tiempo y forma acordados. La implementación es menos convincente que el discurso. Los decretos omiten referirse a las colocaciones de personas humanas en Fondos de Inversión. Bancos y empresas financieras suspenden operaciones. La falla se subsana mientras los recelos se potencian.
 
Anteayer sucursales de varios bancos rehusaron la devolución de dólares depositados en cajas de ahorro o la patearon para martes o miércoles. Lacunza diría que es "casuística": ejemplos no cuantificados ni informados oficialmente. Pero la gente de a pie tiene memoria, vivencias personales, reflejos ante situaciones semejantes. El que se quemó con Cavallo ve un Lacunza y llora.
 
Vale la pena leer un libro flamante, notablemente informado y bien escrito por Mariana Luzzi y Ariel Wilkis: "Dólar, una moneda argentina".
 
 
Macrismo intermitente
 
Macri da la impresión de no reparar en que está desnudo, casi nadie le cree. Correligionarios radicales y cohortes de PRO lo radian de sus campañas, las riñas intestinas crecen como plaga.
 
La sociedad argentina padece meses de fronda comandada por un pésimo gobierno que atraviesa su peor momento. El FT camina por un desfiladero: no desestabilizar, no dejarse arriar por el oficialismo, seguir pensando en construir futuro.
 
El FMI, a su vez, queda frente a un desafío mayúsculo. La renuncia de Nicolás Dujovne, otrora el olfa máximo de Christine Lagarde, deja al FMI sin el interlocutor habitual. El Gobierno emite la enésima señal de debilidad y entropía.
 
Las metas para el desembolso de los célebres 5.400 millones de dólares están en veremos. Si la decisión dependiera de un software la plata jamás llegaría, explican especialistas de surtidas ideologías. Pero hay política de por medio, no todo son algoritmos en la vida.
 
La burocracia del organismo internacional ralentiza decisiones y ejecución. Asiduamente paga con retraso; en circunstancias normales el mero anuncio de la aprobación calmaba las aguas. En un sistema que se degrada día a día, duele cada minuto de delay.
 
 
Confianza ¿Le compraría el FMI un auto usado a Macri?
 
¿Observarán los enviados o sus superiores la iracundia de Macri, su propensión a llorar en cualquier circunstancia, el codazo que le propina a la primera dama Juliana Awada ante una muchedumbre que los vitorea? No pueden no pensar en eso ni interrogarse acerca del barroco sistema electoral argentino.
 
El Fondo arriesga una fortuna, su reputación, necesita una contraparte a la altura. Macri y su entorno recriminan al "resto del mundo" mientras tal vez (o seguro) se serruchan el piso. ¿Le compraría el Fondo un auto usado a Macri, en septiembre de 2019? Los propios actos dejan expuesto al oficialismo, no las declaraciones de Alberto Fernández.
 
La crisis contagia al FMI, todos miran al presidente estadounidense Donald Trump, que fracasó como comprador de Groenlandia pero conserva el pulgar para levantarlo u orientar hacia abajo.
 
 
Enfrascados en Palacio
 
Lacunza explica didácticamente, hasta lo inexplicable. Se lo ve cansado, ojeroso; en un reportaje comenta que trabaja 20 por horas por día. Se distingue de los arquetípicos funcionarios PRO que se ufanaban por vestir "casual" los viernes, terminar las jornadas de labor a primera hora de la tarde.
 
Comparado con Dujovne su sucesor parece ser una mezcla de Demóstenes y Adam Smith. Y, nobleza obliga, se quedó para aguantar el tsunami mientras "Nico" huía. De cualquier modo, es un funcionario de PRO: miente, amaña datos, esconde. Se vanagloria del superávit comercial.
 
Alcadio Oña, columnista económico de Clarín, había escrito un día antes: "ese superávit es en principio recesión pura, caída de 26,8 por ciento de las importaciones... un resultado agarrado con alfileres que puede desaparecer apenas repunte la economía". Agregamos que el equipazo quiso usar a la recesión como herramienta para bajar la inflación... la táctica perversa fracasó y agravó ambos males.
 
Los expertos macristas fantaseaban una campaña sin hablar de economía. Sacaron durante semanas temas absurdos de la galera para ocultar la contradicción principal. Fernández encontró el momento justo para contraponer a los jubilados versus las LELIQ. Después la realidad cotidiana impuso el temario.
 
Para el FT sería ideal una coyuntura serena, que nada hiciera olas, llegar tranqui al 27 de octubre, asentado en el veredicto contundente de las PASO. Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner defienden la gobernabilidad. Por convicciones, porque siempre actuaron así. Y porque si la pusieran en jaque atentarían contra sus propios intereses.
 
Fernández se irá a España y Portugal durante una semana. Dará clases, se encontrará con el presidente español Pedro Sánchez y con el primer ministro portugués Antonio Cósta. Dos socialdemócratas que sobreviven casi como islas en un Norte poblado por mandatarios de derecha, intolerantes, esquemáticos, violentos, racistas casi todos, impresentables en su mayoría.
 
El principal candidato opositor trabaja con equipos técnicos. Trata de alumbrar un nuevo esquema de gobierno, no solo una ley de ministerios. Predica poner fin a la aciaga doctrina Irurzun: que cesen las persecuciones judiciales y prisiones sin condena al adversario político. La Corte Suprema --opina este cronista-- tendría que mover una ficha, una sentencia cuestionando o lapidando ese engendro jurídico. Haría un aporte a la convivencia y reparación del sistema político.
 
Macri y sus adláteres se conmueven por las movilizaciones a su favor. No son las primeras movidas masivas a favor de la derecha en la Ciudad Autónoma. Multitudes vivaron al falso ingeniero Blumberg en el 2004, cacerolearon de lo lindo en años siguientes por "el campo", contra el kirchnerismo, a favor de Macri.
 
Ocupar el espacio público es lícito y dinamiza a la democracia. Deducir que uno o diez actos "empatan" al plebiscito de las urnas, corre por cuenta de la imaginería macrista proclive a enfrascarse en el microclima del Palacio, en las charlas endogámicas.
 
Una multitud encarnando a otro a sector social reclamó la implantación de la emergencia alimentaria. Una demanda más acuciante que las negociaciones con acreedores financieros que "naturalmente" insumen meses. La Pastoral Social de la Iglesia Católica y Roberto Lavagna formulan peticiones similares.
 
Reformulemos para bien un refrán egoísta y pre lacaniano: uno es dueño de lo que dice y esclavo de lo que calla. Lo que callan Macri y Lacunza los retrata tanto o más que lo que enuncian. El presidente, narra el ministro, le pidió que cuidara a los argentinos enfrascándose en los dólares, la plaza financiera, sin atender a las necesidades básicas urgentes, al hambre, a los comedores escolares o solidarios desprovistos.
 
El subsistema financiero es para Macri y su equipazo "el mundo". Millones de personas de a pie piensan distinto, se creen con derechos, la polémica se trasladó al cuarto oscuro.
 
El tránsito hasta octubre da la impresión de ser eterno. La templanza de la gente común y de la oposición se contradice con el descontrol oficial. Impresionan, angustian, la falta de muñeca y la paranoia de un presidente que nunca se mira al espejo, condición imprescindible para detectar al principal responsable de la catástrofe económica, social y laboral.
 
Por Mario Wainfeld
 
Fuente: pagina12.com.ar
 

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05-02-2026 / 11:02
Sacar un adelanto de sueldo con el banco, tarjetear, tomar un préstamo se volvieron cosas habituales bajo el desastroso gobierno de Javier Milei. No poder pagar toda la tarjeta, refinanciar con intereses elevados o no pagar la cuota del préstamo genera mora y eso está aumentando mes a mes. El endeudamiento de los hogares argentinos entró en una zona crítica. Los últimos datos del Banco Central, analizados por el Instituto Argentina Grande, muestran un salto alarmante en la morosidad: el 11 por ciento de los créditos personales y el 9,2 por ciento de las tarjetas de crédito registran irregularidades en los pagos. Hace apenas 2 años, a fines de 2023, esos números eran muy distintos: 4,2 por ciento en préstamos personales y 1,7 por ciento en tarjetas.
 
Se trata de los niveles más altos desde que el organismo tiene registros, es decir, desde 2010. El fenómeno refleja una realidad concreta: los ingresos ya no alcanzan para cubrir gastos cotidianos como alimentos, tarifas o medicina privada. Frente a ese escenario, el desahorro y el endeudamiento dejaron de ser excepciones y pasaron a formar parte de la rutina de millones de familias. Cada vez más hogares recurren al pago mínimo de la tarjeta de crédito como estrategia para estirar el ingreso mensual. Esa práctica, que puede dar aire en el corto plazo, termina convirtiéndose en una trampa por las altas tasas de interés, que aceleran el deterioro de la capacidad de pago.
 
El problema no se limita al consumo diario. También crece la morosidad en los préstamos prendarios, generalmente destinados a la compra de autos, motos o maquinaria. En noviembre de 2025 alcanzó el 5,2 por ciento, cuando 2 años antes era del 2,7. Esto evidencia que el estrés financiero ya impacta en decisiones de mayor plazo y compromete el patrimonio familiar. El deterioro de estos indicadores expone un cuadro social cada vez más frágil. El crédito dejó de ser una herramienta para mejorar la calidad de vida y pasó a convertirse en un recurso de supervivencia que oculta la pérdida del poder adquisitivo.
 
Para muchas familias, especialmente jóvenes sin ingresos formales, el financiamiento no proviene de los bancos sino de cadenas comerciales, prestadores directos y, cada vez más, billeteras virtuales y fintech, que ofrecen créditos rápidos y de acceso inmediato. En ese terreno, la situación también es preocupante. La morosidad en compras de electrodomésticos alcanzó el 27 por ciento en julio de 2025, el valor más alto en más de 4 años. En el caso de los préstamos otorgados por fintech, el 18 por ciento presentaba incumplimientos en julio, pero estimaciones privadas indican que esa cifra ya ronda el 21 por ciento.
 
Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares confirman el deterioro de las economías domésticas. En el segundo trimestre de 2025, el 48 por ciento de los hogares no logró cubrir sus gastos y debió recurrir a ahorros, venta de bienes o endeudamiento, tanto formal como informal. La clase media aparece como uno de los sectores más afectados: el 53 por ciento de sus hogares no logra llegar a fin de mes. Según datos del Indec publicados este viernes, el 60% de los asalariados gana menos de $950.000 en el tercer trimestre del año. Es decir, que la mayoría de los trabajadores viven con ingresos por debajo de la canasta de consumos mínimos que realiza la Junta Interna de ATE Indec (el promedio del tercer trimestre del año fue $1.941.853). Esta canasta no es un ideal ni un óptimo, pero se acerca a lo que se necesita para llegar a fin de mes.
 
Mientras el Gobierno libertario insiste en mentir con indicadores de estabilidad y crecimiento, la realidad que se vive puertas adentro de los hogares argentinos es otra: deuda creciente, ingresos que no alcanzan y una morosidad que ya funciona como termómetro del deterioro económico y social. Los hogares están endeudados porque los ingresos no alcanzan. Es urgente un aumento de emergencia de salarios, jubilaciones y programas sociales.
 
La Opinión Popular
 

04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
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