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"No se puede pretender que las deudas sean pagadas con sacrificios insoportables para los pueblos". Papa Francisco
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Nacionales - 23-08-2019 / 09:08
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

Señas de truco en la transición y peligros del cogobierno de facto

Señas de truco en la transición y peligros del cogobierno de facto
¿No es acaso un riesgo para Alberto consumir los cien días de gracia de todo presidente incluso antes de sentarse en el sillón de Rivadavia? ¿No es peligroso el desgaste del cogobierno de facto al que lo forzó una victoria tan apabullante como la del 11? ¿Alcanza con decir, como ayer, “yo soy solo un candidato”? ¿Acaso le queda otra que ejercer durante la transición ese cogobierno lo más secretamente posible?
El seminario "Democracia y Desarrollo" del grupo Clarín, donde ayer se cruzaron Mauricio Macri y Alberto Fernández con apenas minutos de diferencia, probó con la misma nitidez que el charter de los banqueros brasileños que visitó al candidato del peronismo, que el poder se escurre como el agua. Y que a veces lo salpica a uno antes de tiempo.
 
¿No es acaso un riesgo para Alberto consumir los cien días de gracia de todo presidente incluso antes de sentarse en el sillón de Rivadavia? ¿No es peligroso el desgaste del cogobierno de facto al que lo forzó una victoria tan apabullante como la del 11?
 
¿Alcanza con decir, como ayer, "yo soy solo un candidato"? ¿Acaso le queda otra que ejercer durante la transición ese cogobierno lo más secretamente posible?
 
La designación de Hernán Lacunza es en sí misma un hito de ese cogobierno tácito. A Macri le permitió avanzar con el populismo de emergencia que decidió desplegar apenas perdió las PASO y que Nicolás Dujovne resistió atrincherado en el déficit cero comprometido ante el FMI.
 
A Fernández le abrió un canal de interlocución privilegiada: Lacunza fue durante muchos años (en la Fundación Capital y en el Banco Central) la mano derecha de Martín Redrado, el mismo que ayer Fernández reconoció ante la plana mayor de Clarín como uno de sus más asiduos consultores.
 
A Fernández también le aparecen insólitos aliados circunstanciales, como las petroleras. Los barones del crudo pusieron el grito en el cielo por el congelamiento preelectoral de combustibles, una puñalada que jamás esperaron del Macri que les dejó elegir al ministro del área apenas asumió.
 
Sus pataleos judiciales contra el congelamiento irán al fondo del cajón y ellos lo saben. Apenas procuran cubrirse con las demandas de eventuales juicios de accionistas o reguladores.
 
Pero sí pueden prosperar las objeciones de las provincias, que entran directamente a la Corte Suprema por la Secretaría de Originarios, llamada así precisamente porque los pleitos originarios que debía resolver el máximo tribunal eran los inter jurisdiccionales. Todo un reordenamiento del mapa de alianzas del poder en la Argentina.

 
El candidato apenas pasó a saludar y conversar un rato, pero una reunión de las tantas que se suceden en las oficinas de la calle México exhibió con nitidez hasta qué punto la agenda de Alberto Fernández ya se convirtió en la de un presidente en ejercicio. Mal que le pese.
 
Fue el jueves pasado cerca del mediodía. Al comando de campaña llegaron directamente desde Aeroparque en varias camionetas blindadas unos 20 banqueros paulistas que habían fletado especialmente un avión charter desde Guarulhos, que los esperó y los devolvió a casa al término de la cita.
 
No perdieron tiempo en pasar a ver a Nicolás Dujovne, para ese entonces ya eyectado del cargo aunque aún no se lo hubiera anunciado. Tampoco pidieron audiencia con Mauricio Macri.
 
Había ejecutivos top del Safra Bank, del Bradesco y del Itaú, pero también de bancos de inversión globales como el JP Morgan y el Citi que tienen en San Pablo sus cuarteles generales para todo el Cono Sur.
 
Los recibieron los economistas Cecilia Todesca y Ariel Schale y el politólogo Santiago Cafiero, quien desde el día anterior hacía malabares para atender de a uno a la multitud de empresarios del grupo de whatsapp "Nuestra Voz" que le escribían al exjefe de Gabinete para "tomarse un cafecito". Sin avisar al grupo, claro.
 
Los banqueros fueron al grano. "¿Van a pagar los vencimientos de deuda con privados?", preguntó uno en portuñol. "Sí. Nunca dijimos lo contrario", respondió Todesca. "¿No los preocupan los 18.000 millones de dólares en vencimientos que hay hasta fin de año?", inquirió otro.
 
"Sí, Nicolás (por Dujovne) tiene un problema", replicó Cafiero. "No, el problema lo tienen ustedes", lo cortó en seco uno de los visitantes. El trío de albertistas asintió de nuevo. El problema, admitieron, es tanto de entrantes como de salientes.
 
Ahí vino el pedido explícito. "¿Y por qué no dejan a (Guido) Sandleris en el Banco Central y dan una señal de continuidad que ahuyente los fantasmas de un default?", preguntó sin sonrojarse otro de los recién aterrizados.
 
Schale tomó nota. El economista de la Fundación ProTejer, ex subsecretario de Comercio Internacional entre 2010 y 2011 y archienemigo de Guillermo Moreno, es a quien Fernández encargó coordinar la estrategia productiva del próximo gobierno junto a Fernando Peirano y José Ignacio de Mendiguren.
 
Esa estrategia tendrá como eje desarmar "la bola de Leliqs" y bajar el costo del financiamiento para las Pymes. Según las fuentes que pudo consultar BAE Negocios en la calle México, en ningún momento se barajó que Sandleris pilotee ese viraje de 180 grados.
 
 
Remes se busca
 
El dilema para el equipo económico albertista que empieza a despuntar en el búnker es que si Sandleris sigue sacrificando reservas al ritmo de agosto (hasta anteayer acumulaba US$ 9.000 millones de sangría), para el 10 de diciembre puede no quedar nada.
 
El desembolso de 5.500 millones del FMI no está asegurado y las reservas netas (las que pueden usarse para intervenir en el mercado) no superan los 15.000 millones. Pero si no interviene para cuidarlas, la cotización del dólar puede espiralizarse con la inflación y dispararse a $80 o $100 en un abrir y cerrar de ojos.
 
Es una cuestión de especulación, no de valores de equilibrio ni de competitividad comercial. Por eso sigue latente el riesgo de otro salto, incluso aunque en términos reales el "dólar Dylan" -el que le hizo caso a Alberto y se clavó justito abajo de $60- sea el dólar más caro desde 2007.
 
¿Le conviene al Frente de Todos iniciar su mandato con el dólar más alto posible? Las opiniones en la calle México están divididas. Hay quienes creen que sí y que la severa recesión que se desató en el último año atenuará mucho el traslado a precios de la devaluación, como pasó en 2002.
 
Con matices, coinciden en eso Matías Kulfas y Todesca. Los otros, entre ellos Axel Kicillof y el metafórico Emmanuel Alvarez Agis, advierten que la economía actual está mucho más dolarizada e indexada que aquella.
 
Y que otro aumento llevaría a un escenario parecido al que Hernán Lacunza definió como "por la ventana" (sic) en el machete que llevaba en su regazo cuando lo fotografiaron al entrar a la quinta de fin de semana del Presidente.
 
Un escenario caótico, con inflación del 100% y 50% de pobreza. Un país más parecido al que gobernó Eduardo Duhalde que al que recibió después Néstor Kirchner.
 
El propio Fernández lo habló por teléfono con Lacunza anteayer, un rato antes de que lo fueran a visitar Todesca y Guillermo Nielsen a su flamante despacho en el quinto piso del Palacio de Hacienda. Es un equilibrio muy delicado donde, aunque sean adversarios en las elecciones de octubre, unos se necesitan a otros.
 
En esa charla pactaron que durante los próximos días, Lacunza insistirá en que el Central está listo para intervenir y el jefe del Frente de Todos reclamará que no le dejen vacías las arcas de Reconquista 266. Entre ambos procuran presionar al tercer actor en pugna: el Fondo Monetario. El único que puede poner los dólares que faltan para cerrar la ecuación.
 
 
Vasos comunicantes
 
Solo ese barajar y dar de nuevo puede albergar un festival de reconciliaciones como el que se puso ayer en escena en el MALBA, donde el casi seguro próximo presidente admitió públicamente el dato exclusivo publicado en esta columna el viernes pasado: que antes de las PASO se había reunido en secreto con el CEO del grupo Clarín, Héctor Magnetto. O como lo llamó él, con confianza, "Héctor".
 
En la era de Alberto, Axel y Cristina, al parecer, Mauricio vuelve a ser Macri pero Magnetto vuelve a tutearse con el inquilino de la Rosada y a sonreír de oreja a oreja al verlo.
 
 
Deshielos
  
El burdo panquecazo de los jueces de Comodoro Py en las causas sobre Odebrecht y Correo Argentino son harina de otro costal. La revocación de los procesamientos de kirchneristas y de las faltas de mérito para macristas no deben entenderse como un rebalanceo del poder tribunalicio hacia el albertismo sino como el desmoronamiento del dispositivo jurídico que consiguió armar el macrismo contra la oposición apenas asumió.
 
"Lo que estás viendo es el deshielo. De vez en cuando se va a romper un bloque grande, pero el goteo es continuo", graficó poético un operador que gasta sus suelas en la calle Talcahuano.
 
Lo sabe también Marcelo Mindlin, prócer del lobbying criollo desde los años 90, quien anteayer pasó la mañana como un ajedrecista en dos mesas simultáneas del Dashi de Figueroa Alcorta. En una de ellas desayunaba el gerente institucional del Grupo América, Gabriel Hochbaum. En otra, contigua, el bodeguero Nicolás Catena. Toda gente que recalibró sus afinidades políticas antes del 11 de agosto. Igual que Magnetto.
 
Son reflejos veloces del capital, un talento que no reconoce fronteras. El mismo del que hizo gala en su edición de esta semana la revista inglesa The Economist, que publicó un réquiem despiadado para Mauricio Macri titulado "Los límites de la tecnocracia". A rey muerto, rey puesto.
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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23-02-2020 / 10:02
El domingo próximo, el presidente Alberto Fernández hablará por segunda vez ante la Asamblea Legislativa. Ratificará rumbo y medidas, hará un repaso de la gestión que lleva menos de tres meses, remarcará la magnitud del descalabro dejado por el ex presidente Mauricio Macri. Anunciará proyectos de ley (varios anticipados en el día de la jura) y subrayará los avances referidos a la renegociación de la deuda externa.
 
El mandatario comenzará a redactar el borrador mañana, los ministerios (es habitual) le hacen llegar informes y sugerencias. Para el período ordinario de Sesiones, el Ejecutivo impulsará las siguientes leyes.
 
· Reforma judicial.
· Creación de un Consejo para la Calidad Institucional del Poder Judicial.
· Consejo Económico Social.
· Aborto libre, legal y gratuito.
 
Se anticipan conflictos referidos a la interrupción del embarazo. Otras iniciativas del Gobierno levantarán vientos de fronda: el aumento de las retenciones a la soja y la ley que reforma a la baja las jubilaciones de privilegio que ya se está tratando.
 
El paquete de normas que propondrá el mandatario no contiene leyes mordaza o restrictivas de libertad de prensa. Tampoco un proyecto para sancionar el negacionismo del terrorismo de Estado. Fernández dijo en París que estudiaría dicha idea pero la desechó para prevenir acechanzas contra la libertad de expresión.
 
Lo actual y lo posible: Los primeros resultados del Plan contra el Hambre entusiasman al Presidente que maneja al dedillo los datos de Concordia, la ciudad entrerriana en la que primero se aplicó. Miles de tarjetas usadas sabiamente por las jefas de familia se traducen en consumo local, ganancias para pequeños comercios, mejoras palpables en la alimentación de los pibes.
 
En otra provincia, Santa Fe, el gobernador Omar Perotti se entusiasma, refiere el presidente, con el dinamismo impreso por el nuevo derecho social. Los dos ejemplos, desde ya, son micro. Para que pudieran potenciarse será necesario aliviar a la Argentina de los pagos de deuda externa en los próximos años.
 
Miles de millones de dólares que reactivarían en el corto plazo, durante los seis-siete-ocho últimos meses de 2020. "Obra pública, el Plan de Viviendas que está atrasado", proyecta Fernández. Actividades clásicas, mano de obra intensivas, para masas de trabajadores desocupados o que changuean hoy en día.
 
"Keynes corazón", cantaría la hinchada aunque es consabido que dichos resurgimientos no serán suficientes. Habrá que promover subsidios o incentivos que permitan el nacimiento de industrias con potencial exportador o la resurrección de la capacidad ociosa tras el industricidio macrista.

22-02-2020 / 10:02
La centralidad de la deuda en la coyuntura actual es de tal magnitud que cualquier decisión del gobierno queda relegada a un segundo plano y condicionada por esa centralidad, que es económica y política a la vez. El ministro Martín Guzmán expuso con claridad en la Cámara de Diputados la suerte de círculo vicioso en que está la cuestión de la deuda pública nacional: "Hay voluntad firme de pagar la deuda. El problema es que no hay capacidad para hacerlo. Para poder pagar Argentina tiene que crecer y para poder crecer se tiene que sacar de encima el peso de una deuda que asfixia".
 
Este círculo, en el que intervienen jugadores con peso e intereses propios, es el centro del debate. El gobierno caracteriza a la deuda como impagable, pero al mismo tiempo la reconoce y legitima, por lo tanto necesita de una "reestructuración profunda": estiramiento de plazos, quita de capital y reducción de intereses.
 
El FMI estaría dispuesto a posponer los vencimientos a cambio de garantías de la sustentabilidad de los mismos, léase superávit fiscal primario suficiente para hacer frente a los vencimientos, al mismo tiempo que presiona para que los privados acepten quitas de capital, que no está dispuesto a hacer con sus propias acreencias. Los bonistas exigen más pagos ahora, un plan económico y el aval del Fondo de que la deuda total es sustentable para luego acordar.
 
El ministro agregó que en su esquema el equilibrio fiscal recién se obtendría para el 2023 -lo que significa que pedirá como mínimo 4 años de gracia- la economía entonces podría crecer al 2% a partir del año próximo. Los analistas consideran que ese crecimiento es bajo para generar los excedentes necesarios para afrontar los vencimientos.
 
La realidad es que las reservas no alcanzan para afrontar las deudas en dólares mientras que para los vencimientos en pesos -suman hasta junio la friolera de 850.000 millones- no es aconsejable emitir, a riesgo de que la inflación se desmadre del todo, por algo se suspenden la indexación jubilatoria y salarial. Así el margen de maniobras es reducidísimo, sino nulo.
 
Pero ¿qué garantiza que haciendo lo de siempre tengamos resultados diferentes? ¿Dónde está la virtud de seguir honrando una deuda que amenaza con continuar por varios años más el estancamiento de la economía? ¿Dónde está escrito que si hay una reestructuración "exitosa" se abrirán los mercados y habrá nuevo financiamiento? ¿Por qué vendrían inversiones productivas que hace tiempo no vienen? ¿Qué garantiza que dentro de 5 años no haya una nueva crisis de deuda?
 
La figura del default se recorta cada vez más nítidamente en el horizonte, el tema es si lo imponen los mercados y entonces la salida será caótica y muy gravosa para los sectores populares, o bien es producto de una decisión política. Entonces la salida no será un campo de rosas, pero será ordenada -deberá ir acompañada de medidas complementarias, como mayor intervención estatal en la banca y el comercio exterior entre otras- y abrirá un futuro diferente a la mediocridad actual. No hay que dejarse amedrentar por el terrorismo mediático de los medios al servicio de los fondos de inversión.

22-02-2020 / 08:02
Está la sensación de que el gobierno de Alberto Fernández llegó hace mucho a pesar de que apenas pasaron dos meses y días desde que asumió. Hay un clima de rutina sin sorpresa. Que en buen castellano también puede definirse como alivio.
 
Es un problema, porque es más fácil convertir en costumbre al alivio que a la tragedia. No es que el nuevo gobierno haya tomado muchas o pocas decisiones. En este fenómeno tiene más que ver el desastre como terminó la gestión de Mauricio Macri, la incertidumbre ante un gobierno paralizado por una crisis creada por ellos mismos y que todos los días arrojaba resultados nefastos sin que pudieran frenarla.
 
Es fácil acostumbrarse al alivio y olvidarse de la tragedia. Es fácil, pero peligroso. El macrista que odia al peronismo, que se hundía pero no quería dar el brazo a torcer ni reconocerlo, y que a pesar de su situación personal en franca picada volvió a votar a Macri, sintió alivio por la derrota. Nadie podrá decir que facilitó el triunfo del peronismo, su conciencia estará tranquila y, gracias a la derrota de su candidato, el bolsillo también.
 
El primer macrista en reconocerlo ha sido el Fondo Monetario Internacional. El organismo decidió prestarle a Macri 56 mil millones de dólares --el 62 por ciento de su capacidad de préstamo-- para que gane las elecciones. Y el tipo habilitó la fuga del 90 por ciento de esa fortuna y encima perdió las elecciones. La primera línea del Fondo, en especial la que baja de Washington y habilitó esa jugada ultramacrista, apostó a perdedor y llevó las finanzas del organismo al borde de la bancarrota.
 
Ahora resulta que el equipo técnico del organismo que, transgrediendo sus propios estatutos, respaldó a Macri contra el actual gobierno, reconoce que la deuda argentina es "insostenible".
 
O sea: reconoce que el préstamo fue un error, que prestaron una fortuna que no se podría devolver. Antes de pedir al Fondo, el gobierno de Macri se había endeudado con particulares en cien mil millones de dólares, en apenas año y medio. Rompió todos los récords, de los planetarios y de la historia. Cuando el Fondo les prestó, los prestamistas particulares ya no querían hacerlo porque veían el borde del precipicio.
 
Deuda "insostenible" en criollo quiere decir que fue una barrabasada. El Fondo está diciendo que la política neoliberal de Cambiemos fue un desatino que destruyó el aparato productivo y creó adicción y dependencia del endeudamiento.
 
Y no fue ejecutada por cuatros de copa sino por las estrellas locales del neoliberalismo, por los economistas que siempre hablaban por la tele, los preferidos por la mayoría de los empresarios, los Ceos campeones del capitalismo. Si el Fondo Monetario reconoce que la deuda es "insostenible", está diciendo que esa gente hizo un desastre.

21-02-2020 / 12:02
Apenas dos meses después de haber realizado un más que entusiasta diagnóstico en la única cadena nacional de su gestión acerca del país que dejaba, el ahora ex presidente Mauricio Macri aseguró "estar preocupado por la actualidad de la Argentina".
 
En lo que constituyó su regreso a la actividad política tras dejar el gobierno el pasado 10 de diciembre y tras tomarse unas extensas vacaciones, Macri encabezó la reunión de la mesa chica del PRO.
 
En las oficinas que el PRO montó en el edificio "Holiday" (vacaciones en inglés, lo que supuso no pocas chicanas en las redes sociales) de Vicente López, el ex mandatario comenzó a desplegar su estrategia para intentar mantenerse como el mandamás de la oposición a pesar de su resonante fracaso en su intento reeleccionista.
 
Tras el encuentro el ex peronista, ex senador y ex compañero de fórmula de Macri, Miguel Ángel Pichetto, aseguró a los medios que analizaron la coyuntura nacional y comenzaron a trazar los pasos a seguir ya en tanto oposición.
 
De la cumbre del PRO participaron también el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, la ex gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, la ex ministra de Seguridad y presidenta del espacio, Patricia Bullrich y el ex ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo.
 
"Al expresidente lo vi muy bien, con mucho interés en seguir los temas del país, con muchas prudencia y responsabilidad, nosotros a su vez le transmitimos los problemas que nos preocupan", dijo Pichetto y aseguró que Macri "está preocupado por la actualidad del país".
 
Se juntan por inercia, y porque creen que el 40% que sacaron de votos les pertenece. No es poco, pero solo les queda el apoyo mediático y judicial, ya que políticamente están reventados.
 
La Opinión Popular
 

21-02-2020 / 09:02
El apoyo que logró el gobierno de Alberto Fernández del FMI lo fortalece de cara a la negociación con los acreedores privados pero no implica que la cuestión de la deuda esté a punto de resolverse. Ni mucho menos.
 
Si el resultado de la primera misión del Fondo tras la salida de Mauricio Macri fueran los octavos de final de un Mundial, bien podría decirse que la renegociación de la deuda con el organismo son los cuartos y la discusión con los bonistas, la final.
 
Aunque anteayer por la noche algunos de los negociadores descorcharon espumantes, en el quinto piso de Economía no comparten la euforia que se apoderó de otras áreas del Ejecutivo y de la militancia en las redes sociales. "Además de paciencia oriental hay que tener algo de astucia florentina", comentaron desde allí.
 
Lo que aprovechó el Gobierno al máximo fue la coincidencia coyuntural de sus intereses con el FMI, al que circunstancialmente también le conviene que los bonistas cobren lo menos posible. Para poder cobrar más él, por supuesto, pero también para no inflar el "riesgo moral" (moral hazard) del que solía hablar Anne Krueger en 2002.
 
La tesis del "riesgo moral" -un clásico de los tecnócratas del Fondo- sostiene que si los prestamistas nunca pierden, cada vez correrán riesgos mayores. Total, alguien (el Fondo) los rescatará.
 
Esa coincidencia no implica que el Fondo se haya hecho peronista ni que su directora gerente, Kristalina Georgieva, haya vuelto a sus días de estudiante en el Alto Instituto de Economía Karl Marx de la Bulgaria comunista.
 
El FMI necesita que se olvide lo más rápido posible el abochornante préstamo récord que el Tesoro estadounidense forzó a firmar a Christine Lagarde para que Macri fuera reelecto, pero su matriz de pensamiento sigue siendo la misma.
 
Aún tras la purga que se llevó puestos a David Lipton (un halcón demócrata que Donald Trump aprovechó para tirar por la ventana) y al encargado del caso argentino, Roberto Cardarelli, la ortodoxia fiscal de Lagarde sigue vivita y coleando en la calle 19. La gravitación de Wall Street sobre su staff, también.
 
En cuanto a las condiciones que vaya a poner el FMI para aplazar sus cobros, el ministro Martin Guzmán viene repitiendo que no hará "austeridad en recesión".
 

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