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“La pandemia nos demostró que vivimos en un país injusto y que la calidad de vida incide fuertemente en el riesgo de contagio”. Alberto Fernández
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Nacionales - 14-08-2019 / 09:08
NACIDO EN CUNA DE ORO, NO ESTÁ ACOSTUMBRADO A PERDER

Estamos en manos de un inútil que puede estrellar el país

Estamos en manos de un inútil que puede estrellar el país
Cuando la nación requería de la respuesta de un estadista a una de las jornadas más difíciles de la historia reciente, sólo pudo ver a un candidato utilizando la escenografía oficial para repetir una cantinela proselitista, respaldado no por su gabinete sino por su compañero de fórmula, que nada tenía para hacer allí, más que decir que "el Presidente está al mando", algo que sería obvio si no hubiera que aclararlo.
A Mauricio Macri le queda grande el traje de presidente, se puso solo entre la espada y la pared. Una espada que él mismo ayudó a afilar y una pared que construyó con sus propias manos. No fue el kirchnerismo, como alucina el presidente. Ni "la incertidumbre" como dibujó ayer la tapa del ultra oficialista Clarín. Fue el programa económico que incentiva la especulación financiera y desalienta la producción nacional.
 
La derrota electoral, durísima, fue consecuencia de sus políticas económicas neoliberales, sus malas decisiones y casi cuatro años de gobernar un país virtual, diferente al que habitan los cincuenta millones de ciudadanos cuya vida cotidiana depende, en gran parte, de lo que él haga o deje de hacer. Su intento febril de revertir el resultado del domingo corre peligro de estrellar el país.
 
Por la debacle, en la Casa Rosada hay desaliento, las rencillas internas estallan, las miserabilidades arden al rojo vivo. Ahora se combina con una estanflación que lleva más de un año causando una caída vertical de indicadores económicos y sociales. Para colmo de males, Macri, el niño rico caprichoso que odia y culpa a los argentinos que no lo votaron (dos tercios de la sociedad), es el más alterado. De Donald Trump y Jair Bolsonaro, mejor ni enterarse lo que dicen.
 
 "Mauricio" no acostumbra perder. Nació en cuna de oro, se recibió de "ingeniero" sin estudiar, el padre le compró el titulo. Solo cayó en una elección a manos de Aníbal Ibarra hace más de quince años. Con Boca se cansó de salir campeón. Claro, contaba con Carlos Bianchi, Martín Palermo, Riquelme... Ahora está rodeado de una caterva de funcionarios millonarios, incapaces, frívolos, cínicos.
 
Con esta devaluación, permitida por Macri para castigar a la ciudadanía por su voto, los salarios reales vuelven a licuarse en dólares. Se trata un objetivo fundacional del macrismo que sus economistas cubren bajo el mantra "ordenar los precios relativos". Los precios enfocados son poquitos, sintomáticos: sueldos, tarifas, divisas. "Reacomodamiento" para el dialecto PRO es el apodo para bajar el ingreso de trabajadores y jubilados.
 
Muchos de los daños causados por esta crisis son irreparables. Impedir que se agraven depende de Macri, el peor presidente desde la recuperación democrática y posiblemente la peor persona entre ellos que en estas horas parece creer que la terrible acentuación de la larga catástrofe económica-financiera puede favorecerlo electoralmente.
 
Alberto Fernández goleó en las PASO, es imposible que pierda en las generales cuya realización es imprescindible. Es esperanza de los argentinos pero faltan dos meses y medio para la primera vuelta y casi cuatro para la asunción. Mete miedo imaginar cuánto crecerán las plagas del macrismo en lo que le falta para irse: despidos, cierres de establecimientos, aumentos siderales de precios... Lo que suceda es exclusiva responsabilidad de Cambiemos, hasta el 10 de diciembre o hasta que la situación ya no se sostenga más.
 
La Opinión Popular

 
LA DURA DERROTA EXPUSO EL PEOR COSTADO DEL PRESIDENTE, CUYOS ERRORES PUEDEN COSTARLE MUCHO AL PAÍS
 
Elecciones 2019: Mauricio Macri, en su hora más difícil, perdido y con riesgo de llevarse puesto al país
 
A esta altura del partido, al ex presidente en ejercicio de sus funciones le queda una sola medalla para prenderse en el pecho: aquella de ser el primer mandatario no peronista en culminar un mandato constitucional desde hace casi un siglo. Hasta eso está en riesgo bajo la administración macrista.
 
La jornada del lunes fue, si se quiere, aún más elocuente que la del domingo. La fenomenal devaluación del peso, que llegó al treinta por ciento en un par de horas, sólo tiene comparación con la salida de la convertibilidad. Las tasas de interés se elevaron diez puntos, dándole otra patada en los riñones de la maltratada actividad económica.
 
Sólo por lo que sucedió la mañana de ayer, los índices de agosto mostrarán, en pleno camino a octubre, datos análogos a los peores del 2018, esa crisis que el gobierno asegura había quedado atrás.
 
Hacia el mediodía, el silencio oficial era ensordecedor. Podemos especular si no supo dar una respuesta o si dejó que todo sucediera a propósito, para castigar a la ciudadanía por su voto o porque cree que así configura un escenario electoral más favorable para las elecciones generales. En cualquier caso, su pasividad condenó a decenas de miles a la pobreza mientras incrementaba de forma obscena su riqueza, resguardada en el exterior.
 
Cabe preguntarse, después de casi un mandato completo, si en algún momento Macri tuvo plena comprensión de lo que significaba su investidura. Durante las últimas horas dio muestras cabales de que no.
 
Es inexplicable, de otra manera, que saliera a reconocer la derrota y mandara a los argentinos a dormir cuando el centro de cómputos no había informado oficialmente los resultados de una sola urna.
 
La utilización de información privilegiada naturalizada hasta el punto de ponerla en evidencia ante los ojos de todo un país, algo esperable en un empresario, pero jamás en un político de carrera.
 
Resulta imposible no preguntarse si, en las casi dos décadas que lleva dedicándose a lo público, nunca dejó de ser un hombre de negocios. Demasiado tiempo, dolor y hambre le costó a la ciudadanía argentina darse cuenta de eso. Ya habrá un momento para repartir responsabilidades por eso, también.
 
La conferencia de prensa de ayer por la tarde fue otra demostración manifiesta de lo enorme que le queda a Macri el rol que le fue asignado democráticamente.
 
Cuando la nación requería de la respuesta de un estadista a una de las jornadas más difíciles de la historia reciente, sólo pudo ver a un candidato utilizando la escenografía oficial para repetir una cantinela proselitista, respaldado no por su gabinete sino por su compañero de fórmula, que nada tenía para hacer allí, más que decir que "el Presidente está al mando", algo que sería obvio si no hubiera que aclararlo.
 
El propio mandatario se encargó de desmentirlo: "No me puedo hacer cargo", confesó, mientras en la Argentina se suspendía la venta de bienes por la imposibilidad de asignarles un precio. "Como Presidente estoy acá para ayudar en lo que pueda", agregó, demostrando una incomprensión absoluta de sus responsabilidades. El pedido de autocrítica a la oposición fue solamente la frutilla de un postre amargo.
 
Lo que está en duda ahora es el futuro: faltan diez semanas para las elecciones de octubre y después seis más hasta el 10 de diciembre. El gobierno dejó correr versiones de un adelantamiento de los comicios y luego retrocedió en chancletas.
 
La relación con sus principales socios políticos está rota: María Eugenia Vidal lo responsabiliza no solamente por la derrota sino por arruinar una carrera política que, ella creía, estaba condenada al éxito. Horacio Rodríguez Larreta, que hasta el viernes planeaba su campaña presidencial de 2023, ahora hace cuentas y teme perder la Ciudad.
 
Varios funcionarios de primer nivel ofrecieron sus renuncias, que fueron rechazadas. Uno de ellos, el titular de la AFIP, Leandro Cuccioli, va a insistir hasta que lo dejen volver a la actividad privada, de la que, está convencido, nunca debería haberse ido. Entre tanto, Macri defiende a Marcos Peña, en una decisión que esquiva cualquier cálculo político racional: hoy, sostenerlo en su cargo es pura pérdida.
 
Las opciones para Macri se acotan a cada minuto que pasa. Varios empresarios, que hasta el domingo eran parte de la guardia pretoriana presidencial, comenzaron a explorar alquimias imposibles, como deponer su candidatura para apoyar a Lavagna.
 
Los números no dan, y el propio ex ministro de Economía desmintió rápidamente esa posibilidad. Además, un paso al costado del mandatario dejaría huérfanos a decenas de dirigentes que aspiran a ser gobernadores, intendentes, diputados, senadores, legisladores provinciales o concejales. Es impracticable.
 
De todas formas, en Consenso Federal confían que en octubre podrán sacarle unos puntos a Juntos por el Cambio, que habían votado a esa fórmula para evitar un triunfo de les Fernández y ante la contundencia del resultado se volcarían a otras opciones a la hora de empoderar a la próxima oposición. A nadie sorprenda que cuando se cuenten los votos, la fórmula oficialista siga cayendo, acaso por debajo del treinta por ciento.
 
Macri se encuentra ante la encrucijada de ser Presidente o ser candidato. Lo primero, claro, exige que admita la derrota. La segunda opción conlleva el peligro de hacer volcar al país en su intento febril de revertir el resultado del domingo: como en las mejores películas, aquello que más anhela puede terminar siendo lo que lo destruya.
 
Las circunstancias requieren, eso sí, una respuesta urgente. Entre que se comenzó a escribir esta nota y el momento de darle un punto final, el riesgo país se duplicó hasta superar los 1600 puntos.
 
Existe un punto de no retorno, a partir del cual las cosas se salen de cauce; nadie puede predecir exactamente cuál es, pero se siente peligrosamente cerca.
 
El mandatario está a tiempo de hacer lo que no hizo desde diciembre de 2015: cumplir la tarea para la que fue democráticamente electo y velar por el bien de los ciudadanos. Si lo hace, a lo mejor en diciembre pueda colgarse la medalla de Alvear. Un premio, quizás, demasiado generoso.
 
Por Nicolás Lantos 
 
Fuente: El Destape
 

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Estamos en manos de un inútil que puede estrellar el país
“Hay un problema grave entre el kirchnerismo y el mundo, y es que no le confían.” La frase es del presidente Mauricio Macri en las horas posteriores a la muy mala elección que realizó el partido de gobierno en las PASO. Ayer, una parte del “mundo” lo desautorizó. El Financial Times publicó una nota lapidaria en la que sostiene que el jefe de Estado argentino “perdió contacto con la realidad” y que esa postura pudo haber “asustado a los mercados”.
04-06-2020 / 11:06
"Expresamos nuestra condena a los graves hechos de violencia institucional que se han suscitado en los últimos días en nuestro país y que son de conocimiento público", indicó el partido de la derecha en un comunicado que firmó el ex secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj, pero no la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, quien -como ministra de Seguridad- justificó el asesinato por la espalda de personas a manos de policías y prefectos.
 
Se entiende por qué la omisión: como ministra de Seguridad, Bullrich justificó cuanto acto de violencia institucional ocurrió durante su paso por el gobierno de Mauricio Macri. El mandatario, dicho sea de paso, recibió en Casa Rosada y felicitó al policía Luis Chocobar, mientras estaba siendo investigando penalmente por matar por la espalda al sospechoso de un delito.
 
Bullrich también justificó el asesinato del joven mapuche Rafael Nahuel por la espalda por parte de integrantes de la Prefectura. Antes de que siquiera comenzara la investigación penal, la ministra emitió un comunicado en el cual aseguró que los prefectos habían sido atacados por poco menos que un comando guerrillero.
 
Nunca se encontraron evidencias de esto, pero la entonces ministra jamás se retractó. De hecho, dijo que en casos de violencia institucional como ese "no necesitamos pruebas: le otorgamos el carácter de verdad a la versión de Prefectura". Lo mismo hizo a lo largo de las semanas y semanas que estuvo desaparecido Santiago Maldonado: defendió sin pruebas a los gendarmes y se negó a hablar de desaparición forzada (un término que, por suerte, ahora el PRO aprendió a usar en su comunicado).
 
La nueva posición del PRO despertó ironías y críticas en las redes, donde no dudaron de tildarlos de farsantes. 

04-06-2020 / 10:06
Comienza un proceso alentador en nuestro país, quizás oscurecido hoy por la contundente irrupción del Covid-19. La rescisión de los polémicos contratos de obras públicas realizados durante el macrismo bajo el sistema de Participación Público Privada (PPP), un modelo de contratación muy perjudicial para el Estado pero que no prosperó por la crisis financiera.
 
El gobierno de Alberto Fernández puso en marcha el proceso para la rescisión de los seis contratos de obras de corredores viales que habían sido adjudicados por Mauricio Macri bajo la cuestionada modalidad PPP en julio de 2018. Ya en plena crisis externa y con el país con el crédito externo cortado, salvo el acuerdo con el FMI, el gobierno de Mauricio Macri firmó contratos bajo una modalidad que sólo había provocado fracasos y sospechas en el mundo.
 
El programa PPP, participación público-privada, es un modelo por el cual las mismas concesionarias debían obtener el financiamiento y realizar las obras, a cambio de la explotación comercial de las rutas y autopistas licitadas. Es decir, las concesionarias contrataban una deuda que después debía pagar el Estado, mientras que aquéllas se quedaban con el negocio del peaje y de la renta de los espacios comerciales que se desarrollaran a lo largo de las rutas (estaciones de servicio, por ejemplo).
 
La marcha atrás con el modelo PPP es una buena noticia. Ese engendro ya había fracasado en Europa dejando un tendal de deudas siderales que debieron ser afrontadas por los Estados. Se trata de un sistema que, como todo producto "made in neoliberalismo", privilegia las finanzas por sobre la producción.
 
En este caso las grandes empresas constructoras -multinacionales muchas de ellas- se hacían cargo de las obras viales licitadas, de su financiamiento y, como frutilla del postre, de la futura explotación de las autopistas. Todo cotizado en dólares, con tasas de interés altísimas y, por supuesto, con el Estado como garante del negocio de los privados. 
 

03-06-2020 / 12:06
03-06-2020 / 11:06
02-06-2020 / 09:06
Las denuncias sobre la actividad ilegal de la Agencia Federal de Inteligencia en días de Mauricio Macri no provienen del oficialismo sino de la prensa que no es precisamente cercana al Frente de Todos. Esto le concede más credibilidad a la sospecha de que algo muy podrido estaba ocurriendo y cabe preguntarse cuál era el rol del ex Presidente en todo esto. Ya no hay posibilidades de culpar a Marcos Peña u otro funcionario por las conductas de Macri. Él queda en primer plano.
 
Obvio, porque Macri es el único con antecedentes: él fue el primer Presidente de la Nación que asumió procesado, y el delito era la interferencia de conversaciones y el seguimiento, todo ilegal, de personas -varios muy cercanos tales como su padre y su hermana, ambos hoy fallecidos-, a causa de disputas familiares.
 
Uno de los primeros Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que firmó Macri fue la transferencia de la oficina de escuchas telefónicas, de la Procuración a la Corte. Aunque no fue a la Corte, sino que se la mandó a los organismos de inteligencia manejados por su amigo personal y testaferro, Gustavo Arribas, para el espionaje ilegal.
 
En la lista de los "caminados" hay políticos del PRO, del Frente Renovador y peronistas. Un caso: un teléfono celular que funcionaba con la carga previa de la compra de una tarjeta de prepago correspondiente a Florencia Kirchner, estaba intervenido, de acuerdo con una fuente ligada a la investigación.
 
Pero hay cosas más graves. Como el seguimiento de la AFI de ciertas figuras de muy importantes del oficialismo de entonces. En primer lugar a Horacio Rodríguez Larreta, con fotografías en ámbitos de la vida pública y la vida privada. Le habían infiltrado una empleada doméstica en la casa a Larreta. También al macrista Emilio Monzó, ex presidente de la Cámara de Diputados de la Nación. El objetivo: conocer cada detalle de sus movimientos.
 
María Eugenia Vidal también fue espiaba. En ese tiempo, el ministro de Seguridad bonaerense era el actual diputado nacional Cristian Ritondo, quien sabía lo que hacían porque conocía a muchos de los hombres de la AFI y también a Silvia Majdalani, por haber compartido el espacio de "Peronistas" PRO.
 

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