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Sociedad e Interés General - 11-08-2019 / 20:08
EFEMÉRIDES POPULARES

Cuando el Sable de San Martín fue Trofeo de la Resistencia Peronista

Cuando el Sable de San Martín fue Trofeo de la Resistencia Peronista
El 12 de agosto de 1963, un grupo de la Resistencia Peronista robó el sable corvo del Libertador José de San Martín. La fecha fue en la celebración de la Reconquista de Buenos Aires, en manos de los ingleses en 1806. Fue un golpe de efecto, para revitalizar a la resistencia peronista, que estaba un poco bajoneada. Y lo hicieron sin matar ni herir a nadie. En la imagen: Sable corvo de San Martín en el Museo Histórico Nacional.
El 12 de agosto de 1963, un grupo de la Resistencia Peronista robó el sable corvo del Libertador José de San Martín. La fecha del robo, en celebración de la Reconquista de Buenos Aires, en manos de los ingleses en 1806, no había sido elegida por casualidad.  Fue un golpe de efecto, para revitalizar a la resistencia peronista, que estaba un poco bajoneada. Y lo hicieron sin matar ni herir a nadie.
 
Osvaldo Agosto, el ingeniero Alcides BonaldiLuis Sansoulet, desaparecido durante la dictadura, y un ex oficial de la BonaerenseManuel Gallardo, entraron, redujeron la guardia y fueron derechito a la vitrina que encerraba la reliquia.
 
En el museo dejaron unos folletos con los reclamos: el retorno de Perón, la devolución del cadáver de Evita, ruptura con el FMI, fin de la proscripción del peronismo, castigo a los fusiladores del 56 y libertad a los presos del Plan Conintes de Frondizi
 
Pisó fuerte en la investigación la temible Brigada de Investigaciones de San Martín, a quien ya se le adjudicaba el secuestro, asesinato y posterior desaparición de Felipe Vallese, un joven obrero, dirigente de la JP que había intentado copar un puesto de la Fuerza Aérea.  
 
El ex policía Gallardo fue el primer detenido. Fue torturado y confesó.  El segundo en ser secuestrado y torturado fue Agosto. Para poner fin a los secuestros y torturas, acordaron la devolución de la reliquia al Ejército. La recibió el 28 de agosto, dieciséis días después del robo, el coronel Tomás Sánchez de Bustamante, luego brazo derecho del dictador Alejandro Lanusse
 
La Opinión Popular



A sus 72 años Roberto Jiménez era un hombre de buena fe.  Ordenanza del Museo Histórico Nacional, aquel 12 de agosto de 1963 se apiadó de esos cuatro muchachos que dijeron ser tucumanos y querían visitar el museo fuera de horario.  Cuando Jiménez abrió la puerta, fue tarde.
 
Osvaldo Agosto, el ingeniero Alcides Bonaldi, Luis Sansoulet, desaparecido durante la dictadura, y un ex oficial de la Bonaerense, Manuel Gallardo, entraron, lo redujeron y fueron derechito a la vitrina que encerraba una reliquia: el sable corvo del Libertador José de San Martín.
 
Cuarenta y cinco años después, Agosto, por entonces de 23 años, recuerda:..
 
-Bonaldi fue hasta la vitrina dispuesto a romper el cristal de arriba.  Le dije que rompiera el del costado, para no dañar el sable.  Lo sacamos envuelto en unas telas y lo guardé en mi casa por unos días.  Después se lo pasamos a Aníbal Demarco, que tenía la misión de llevárselo a Perón.  
 
Demarco tenía por entonces una compañía de seguros en Florida 1, y estacionaba el auto cerca de la Casa de Gobierno.  Le decía cada mañana a un policía amigo:
-Cuídelo bien, que adentro está el sable de San Martín. Y era cierto. Demarco fue después ministro de Isabel Perón.' 
 
A la misma hora en que la Juventud Peronista robaba el sable, la Asamblea Legislativa proclamaba la fórmula presidencial Illia-Perette que asumiría el 12 de octubre.  
 
La fecha del robo, también celebración de la Reconquista de Buenos Aires, no había sido elegida por casualidad. 
-Lo pensamos como un golpe de efecto, para revitalizar a la resistencia peronista, que estaba un poco bajoneada. Y lo hicimos sin matar ni herir a nadie.  
 
En el museo dejamos unos folletos con nuestros reclamos: el retorno de Perón, la devolución del cadáver de Evita, ruptura con el FMI, fin de la proscripción del peronismo, castigo a los fusiladores del 56 y libertad a los presos del Plan Conintes de Frondizi.  Illia era un farsante de la democracia, que llegaba al poder porque el peronismo estaba proscripto.
 
Lo que pocos saben es que hubo dos sables.  Un coronel, ya muerto y cuyo nombre no daré porque así me lo pidió, me acercó una réplica. A ese sable lo mandamos a Rosario.  El verdadero anduvo por una estancia bonaerense a la que llegaban jóvenes peronistas, con los ojos vendados, para jurar frente a esa espada fidelidad a la Patria y a Perón. 
 
El plan de los jóvenes liderados entonces por Carlos Caride, Gustavo Rearte, Héctor Spina, Jorge Rulli y Envar El Kadri, entre otros, era más ambicioso.  Iban a robar del Hotel des Invalides, el museo militar parisino donde reposan los restos de Napoleón, las banderas que Francia había capturado en la Vuelta de Obligado.  Para eso se conectaron con Hussein Triki, el primer delegado de la Liga Árabe en América latina, de estrechos vínculos con grupos nazis argentinos y extranjeros.  La operación quedó en la nada. 
 
Pisó fuerte en la investigación la temible Brigada de Investigaciones de San Martín, a quien ya se le adjudicaba el secuestro, asesinato y posterior desaparición de Felipe Vallese, un joven obrero, dirigente de la JP que había intentado copar un puesto de la Fuerza Aérea.   El ex policía Gallardo fue el primer detenido. Fue torturado y confesó.  El segundo en ser secuestrado y torturado fue Agosto. 
 
-Nadie sale igual de una experiencia límite como esa.  Me rompieron todos los dientes, me picanearon, simularon fusilarme.  No dije nada. Sentí que no me iban a matar.  Y hoy, lo que peor recuerdo de ese horror es la humillación, el manoseo, el estar en pelotas frente a desconocidos.  Pero aprendí a comprender y a perdonar a quien se quiebra cuando es torturado. 
 
Para poner fin a secuestros y torturas, Demarco acordó con otro miembro de la resistencia peronista, el ex capitán del Ejército Adolfo Phillipeaux, la devolución de la reliquia al Ejército. La recibió el 28 de agosto, dieciséis días después del robo, el coronel Tomás Sánchez de Bustamante, luego brazo derecho del dictador Alejandro Lanusse entre 1971 y 1973. 
 
Nadie podía decirlo todavía, pero la edad de la inocencia había terminado.
 
Escrito por Alberto Amato
 
Fuente: Nac & Pop

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09-12-2019 / 21:12
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09-12-2019 / 06:12
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La batalla de Don Gonzalo, librada al noreste de Paraná, en la provincia de Entre Ríos, el 09 de diciembre de 1873, fue un combate durante la guerra civil entre porteños y federales, y significó la derrota del caudillo federal Ricardo López Jordán frente a las fuerzas nacionales, de unitarios y liberales, al mando del general Martín de Gainza.
 
El 1 de mayo de 1873, López Jordán regresó y sublevó a la provincia de Entre Ríos, reuniendo en poco tiempo más de 18.000 hombres, mal armados y sin experiencia en combate. La inmensa mayoría de la población se puso de su lado, mientras el presidente Sarmiento ponía precio a la cabeza del caudillo y ordenaba la movilización de la mayoría del ejército nacional contra Entre Ríos.
 
Las fuerzas nacionales contaban con modernos fusiles Remington, revólveres Colt, cañones Krupp y ametralladoras Gatling, que hicieron estragos entre los jordanistas. Fue una "carnicería" la primera batalla en la historia argentina en que se usaron ametralladoras contra las lanzas federales. Se dijo que también se usaron balas explosivas, algo que casi todos deploraron como violación del derecho de guerra, y más tarde fueron prohibidas en los países occidentales.
 
Las sucesivas cargas de la caballería entrerriana lograron evitar el desastre entre los federales, pero éstos dejaron cientos de muertos en el campo de batalla. La lucha se detuvo al caer la noche. En la retirada que siguió, López Jordán perdió casi todas sus armas, incluso toda la artillería. A la mañana siguiente, muchos soldados de sus escuadrones regresaron a sus pueblos, ocultando sus armas y tratando de pasar desapercibidos como pacíficos pobladores. Al día siguiente el triunfante coronel Ayala, siguiendo la costumbre liberal "civilizada" y la suya propia, pasa por las armas sin juicio previo, entre muchos, al teniente José Camejo.
 
Esta fue la última batalla del último caudillo federal en armas. Todavía habrá guerras civiles durante el resto de la década de 1870, pero éstas serán enfrentamientos internos entre facciones del partido liberal, descendiente legítimo del partido unitario. La batalla de Don Gonzalo fue la última librada en la Argentina por caudillos federales del interior del país contra fuerzas unitarias porteñas.
 
En las guerras civiles del siglo XIX se definió la identidad de nuestra Patria y su lugar en el mundo con el triunfo de quienes se identificaban con la "civilización", de acuerdo a la definición de Sarmiento, en perjuicio de quienes representarían a la "barbarie". Las masas populares que pelearan por la Independencia, en Ituzaingó contra el Imperio esclavista de Brasil, y en la Vuelta de Obligado contra ingleses y franceses, fueron declaradas raza inferior condenada a la extinción.
 
Las expediciones punitivas porteñas ahogaron a sangre y fuego las protestas de los pueblos del interior. La oligarquía forjó así un país semicolonial y dependiente, oprimido por el imperialismo británico, que perjudicaba a las producciones provinciales, que no podían competir con la industria inglesa.

 Gustavo Rearte, fundador y líder de la JP, héroe de la Resistencia Peronista
Por Blas García 


07-12-2019 / 18:12
La madrugada del 1 de diciembre de 1828, el general unitario Juan Lavalle tomó el Fuerte de Buenos Aires; derrocó al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Manuel Dorrego; y reunió a miembros del partido unitario en la iglesia de San Francisco -como representación del pueblo- siendo elegido gobernador.
 
Juan Manuel de Rosas levantó la campaña contra los sublevados y reunió un pequeño ejército de milicianos y partidas federales, mientras Dorrego se retiraba al interior de la provincia para buscar su protección. Lavalle, con sus experimentadas tropas se dirigió a la campaña para enfrentar a las fuerzas federales de Rosas y Dorrego, a quienes atacó sorpresivamente en la batalla de Navarro, derrotándolos.
 
Debido a la disparidad existente entre las aguerridas y veteranas fuerzas sublevadas, que participaron en la guerra contra Brasil, bajo el mando de Lavalle, el federal Dorrego fue hecho prisionero. Lavalle, influido por el deseo de venganza de los ideólogos unitarios, ordenó su fusilamiento. De ese modo se generalizó la guerra civil en todo el país.
 
Lavalle envió ejércitos en todas direcciones, pero varios caudillos aliados de Rosasorganizaron la resistencia. Los jefes unitarios recurrieron a toda clase de crímenes para aplastarla, un hecho poco difundido por la historiografía de las guerras civiles argentinas.
 
Al frente del grueso de su ejército, Lavalle avanzó hasta ocupar Rosario. Pero, poco después, Estanislao López dejó sin caballos a Lavalle, que se vio obligado a retroceder. López y Rosas persiguieron a Lavalle derrotándolo en la batalla de Puente de Márquez, el 26 de abril de 1829.
 
El 24 de junio, Lavalle y Rosas firmaron el Pacto de Cañuelas, que estipulaba que se llamaría a elecciones, en las que sólo se presentaría una lista de unidad de federales y unitarios, y que el candidato a gobernador sería Félix de Álzaga. Pero los unitarios presentaron la candidatura de Carlos María de Alvear, y al precio de treinta muertos ganaron las elecciones.
 
Las relaciones quedaron rotas nuevamente, obligando a Lavalle a un nuevo tratado, el pacto de Barracas, del 24 de agosto. Pero, ahora más que antes, la fuerza estaba del lado de Rosas. A través de este pacto se nombró gobernador a Juan José Viamonte. Éste llamó a la legislatura derrocada por Lavalle, allanándole a Rosas el camino al poder.
 
La Legislatura de Buenos Aires proclamó a Rosas como 13º Gobernador de Buenos Aires el 6 de diciembre de 1829, honrándolo además con el título de "Restaurador de las Leyes e Instituciones de la Provincia de Buenos Aires". El 08 de diciembre de 1829, comienza el primer gobierno de Juan Manuel de Rosas.
 
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