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Sociedad e Interés General - 03-08-2019 / 10:08
EFEMÉRIDES POPULARES

Lujos de princesa, romance de película y muerte precipitada: la vida de Remedios de Escalada

Lujos de princesa, romance de película y muerte precipitada: la vida de Remedios de Escalada
Entre caminos de silencio y olvido una lápida todavía recuerda su existencia. Remedios de Escalada forma parte del panteón patrio que cobija el Cementerio de la Recoleta porteño. Su memoria se resguarda junto a la de los que, como ella, dejaron su vida por este suelo.
 
El 03 de agosto de 1823, en Buenos Aires, fallece María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciana de Escalada y de la Quintana​ -más conocida como Remedios de Escalada-. Fue la esposa del Libertador general José de San Martín y madre de su hija Mercedita.
 
Fue parte de una de las familias más acaudaladas de Buenos Aires y decidió dejarlo todo para acompañar a su esposo.
 
Desde pequeña, Remedios cumplió el rol de toda niña pudiente. Cada domingo acompañaba a su madre, Tomasa de la Quintana, a misa. Allí lucían ante todos sus prendas más finas, combinadas con elegantes zapatos de raso. En ocasiones especiales desplegaban bordados de oro y plata.
 
En 1814, el matrimonio se trasladó a Mendoza. La realidad de Remedios cambió por completo y los lujos a los que estaba acostumbrada desaparecieron. La pareja vivió sencillamente en la capital provincial. Pese a que había sido criada prácticamente como una princesa, la joven se adaptó a la humildad de su nuevo hogar.
 
Remedios contrajo tuberculosis en Mendoza y agonizó en Buenos Aires con la esperanza de volver a ver a su esposo. Abatida y enferma, la muerte de su padre en 1822 fue un golpe demasiado duro. Mientras tanto, su salud empeoraba. Los médicos poco podían hacer por entonces y le aconsejaron que se trasladara al campo. Tomasa no lo dudó y llevó a todos a la quinta familiar. La mujer sostuvo a su hija con fuerza hasta el final, el 03 de agosto de 1823.
 
Entre caminos de silencio y olvido una lápida todavía recuerda su existencia. Remedios de Escalada forma parte del panteón patrio que cobija el Cementerio de la Recoleta porteño. Su memoria se resguarda junto a la de los que, como ella, dejaron su vida por este suelo.
 
La Opinión Popular
 
 
María de los Remedios Escalada nació en Buenos Aires, el 20 de noviembre de 1797, en una de las familias más acaudaladas de la ciudad. Rodeada de lujos, creció en una mansión em­plazada sobre la esquina oeste de las actuales calles Juan Domingo Perón y San Martín, en el centro porteño.
 
Según los hermanos británicos Robertson, amigos de su padre, aquella era una de las viviendas más suntuosas de Buenos Aires de principios del siglo XIX. "Famoso fue el salón de Escalada, en la mansión que alzaba sus encalados muros (...) las paredes estaban tapiza­das en damasco de seda, lujo desconocido por aquel entonces en Buenos Aires; en las amplias ventanas, colgaban pesados cortinados y el piso cubierto de gruesas alfombras importadas de Europa. Sobre las paredes, vistosos espejos venecianos y severas pinturas procedentes del Alto Perú y Quito, y el am­biente, solemne y señorial, se veía impregnado por el perfume de los pebeteros", detallaron.
 
Desde pequeña, Remedios cumplió el rol de toda niña pudiente. Cada domingo acompañaba a su madre, Tomasa de la Quintana, a misa. Allí lucían ante todos sus prendas más finas, combinadas con elegantes zapatos de raso. En ocasiones especiales desplegaban bordados de oro y plata.
 
Durante los días de frío, desde su carruaje camino a alguna actividad social, Remedios podía ver a sus vecinos sentados al sol buscando no congelarse. La mayoría sólo contaba con un brasero, como mucho. A diferencia del suyo, los hogares no tenían casi muebles y se vivía muy humildemente.
 
En aquella época las diferencias sociales se marcaban hasta con horarios: "Se desayunaba chocolate o café con leche -relató Mariquita Sánchez de Thompson-, con pan o tostadas de manteca o bizcochos. Nada de tenedor. Se comía a las doce en las casas pobres, a la una en las de media fortuna; las más ricas a las tres y cena de diez a once. (...) La mejor azúcar era de La Habana. No había mejor. La sal blanca tampoco se conocía. En las casas finas llevaban los terrones y los secaban al sol, para tener en los saleros lo que ahora se tiene sin trabajo y mejor".
 
Remedios era una verdadera privilegiada en un mundo marcadamente desigual. Su padre, don Antonio José de Escalada, fue uno de los personajes salientes de la Revolución de Mayo y estuvo presente en las míticas reuniones del Cabildo. La adoraba sin medida y consintió todos sus caprichos.
 
La muchacha conoció a José de San Martín en una de las fiestas que daba su familia: los presentó Carlos de Alvear. Con 14 años quedó prendada de aquella mirada capaz de trazar naciones y decidió aceptarlo. La negativa familiar ante la relación fue inmediata, pues se trataba de un completo desconocido sin fortuna. Pero Escalada terminó accediendo.
 
Aun así, doña Tomasa jamás aceptó a su yerno. Lo hizo víctima desde el principio de los mayores desprecios. Se refirió a él en todo momento como "soldadote" o "plebeyo" y no cruzaban palabras.
 
La boda se llevó adelante de manera privada, el 12 de noviembre de 1812, siendo testigos "entre otros - dice la partida original- el sargento mayor de granaderos a caballo, don Carlos de Alvear, y su esposa Carmen Quintanilla".
 
Al casarse y vincularse con los Escalada, San Martín llevó a cabo su primera conquista: una posición que atrajo a sus filas un cuadro de oficiales envidiable. Entre ellos, sus hermanos políticos Manuel y Mariano. Todos querían ser parte del naciente Regimiento de Granaderos a Caballos. A su vez, apellidos como Necochea, Lavalle, Olavarría y otros dieron brillo a la formación.
 
En 1814, el matrimonio se trasladó a Mendoza. La realidad de Remedios cambió por completo y los lujos a los que estaba acostumbrada desaparecieron. La pareja vivió sencillamente en una casa de la actual calle Corrientes de la capital provincial. Pese a que había sido criada prácticamente como una princesa, la joven se adaptó a la humildad de su nuevo hogar. Incluso lejos de incomodarse o reclamar, Remedios colaboró con la empresa sanmartiniana organizando eventos para recaudar fondos y generó vínculos fundamentales con las familias más importantes.
 
Fueron los años más felices en la vida de ambos. Generalmente, al caer la tarde, luego de un día laborioso, solían visitar los locales ubicados en la famosa Alameda mendocina. Allí, entre café y chocolates, trataban de manera amena con los habitantes. La vida tenía mucho más para ofrecerles. En 1816, mientras su marido gestaba la mayor hazaña americana, en el vientre de Remedios crecía Merceditas. La niña llegó al mundo el 24 de agosto de aquel año.
 
Cuando el Ejército finalmente se marchó, en enero de 1817, toda esa felicidad se desvaneció para siempre. Desde entonces, Remedios vio a su marido esporádicamente, antes o después de alguna victoria. Dos años más tarde el general la hizo regresar al lado de sus padres. Los motivos son aún un misterio.
 
Remedios para entonces estaba muy enferma de tuberculosis y agonizó en Buenos Aires con la esperanza de volver a ver a su esposo. Abatida y enferma, la muerte de su padre en 1822 fue un golpe demasiado duro. Mientras tanto, su salud empeoraba. Los médicos poco podían hacer por entonces y le aconsejaron que se trasladara al campo. Tomasa no lo dudó y llevó a todos a la quinta familiar. La mujer sostuvo a su hija con fuerza hasta el final, el 3 de agosto de 1823.
 
San Martín se encontraba entonces en Mendoza y escribió desolado a Nicolás Rodríguez Peña. Señaló que su ánimo estaba "agitado y su paz perturbada". "Uno puede conformarse con la pérdida de una mujer, pero no con la de una amiga", apuntó.
 
Pocos meses más tarde visitó la tumba de Remedios y dejó la leyenda que se puede leer hasta hoy: "Aquí descansa Remedios de Escalada, esposa y amiga del General San Martín".
 
Por Luciana Sabina
 
Fuente: Infobae
 
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21-01-2020 / 20:01
21-01-2020 / 20:01
21-01-2020 / 20:01
El 22 de enero de 2008, en el teatro Tres de Febrero de la ciudad de Paraná, se inaugura la Convención Constituyente que será presidida por Jorge Busti y que reformará la Constitución de Entre Ríos, la norma fundamental de la provincia.
 
El gobernador Lucio Norberto Mansilla hizo sancionar, el 16 de junio de 1822, la primera constitución provincial para Entre Ríos, el Estatuto Constitucional, el cual él mismo había elaborado junto con Domingo de Oro y el doctor Pedro José Agrelo. Esta constitución fue la primera sancionada por una provincia argentina.
 
Una Convención Constituyente reunida en Paraná en 1860, dicto una nueva constitución provincial. Hasta entonces, el Estado de Buenos Aires no formaba parte de la Confederación Argentina y Paraná era la capital provisional. Al ingresar Buenos Aires a la Confederación, Entre Ríos dejó de ser la capital y Justo José de Urquiza, quien fuera presidente de la misma, fue elegido por la Constituyente como gobernador.
 
La constitución fue reformada en 1903, durante la gobernación de Enrique Carbó. En 1933 se había reformado la constitución, para luego sufrir variaciones en el período '46 - 55.
 
En 1955 el gobierno nacional de Juan Perón fue depuesto por un golpe de estado militar, el cual restableció la Constitución de 1933, la cual permaneció en vigencia hasta que el 11 de octubre de 2008 quedó sancionada la nueva reforma constitucional. La misma se desarrolló en Concepción del Uruguay.

La Opinión Popular



21-01-2020 / 07:01
El 21 de enero de 1897, en Buenos Aires, nace Rodolfo José Ghioldi. Se graduó de maestro y estudió -sin completar- el profesorado en Historia. Fue un político que llegó a ser uno de los dirigentes más importante del comunismo argentino.
 
Militante del Partido Socialista, Ghioldi fue uno de los integrantes originales del Partido Socialista Internacional, que se desprendió del primero tras la Revolución de Octubre en Rusia. Ghioldi fue electo vicepresidente de la Federación de Juventudes Socialistas (ahora Federación Juvenil Comunista) en agosto de 1917.
 
Fue representante del Secretariado Sudamericano de la Internacional Comunista (Komintern). Participó de la insurrección comunista de 1935, una sublevación para derrocar al gobierno populista de Getúlio Vargas en Brasil (país donde estaba exiliado por la amenaza contra su vida en la Argentina de esa época).
 
En la Argentina, el dirigente comunista Ghioldi compartió su devoción a Moscú con un profundo antiperonismo, que no hizo más que reflejar el compromiso pestilente que la izquierda antinacional y cipaya mantuvo con la oligarquía. Nunca se apartó de mostrar la continuidad histórica de los comunistas argentinos junto a la de los "próceres liberales" del siglo XIX.
 
Fue uno de los responsables -junto a Victorio Codovilla- del sectarismo de una conducción partidaria que asfixió bajo el dogma soviético a otras expresiones creativas que intentaron, sin éxito, modernizar la cultura comunista. Esta actitud llevó a que, a partir de los años 60, el comunismo perdiera su carácter de hegemónico en el conjunto de la izquierda argentina.
 
No supo comprender los movimientos populares argentinos (radicalismo y peronismo) lo que lo encontró como aliado menor de la oligarquía y las fuerzas de la reacción conservadora. El 17 de Octubre de 1945, mientras la presencia obrera en aquella histórica plaza abría camino a un importante proceso de liberación nacional, Ghioldi estaba en las antípodas, formando parte de la Unión Democrática.
 
El periódico Orientación, bajo su influencia, hablará del proletariado nacional en el 17 de octubre, como "hordas de desclasados, pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad, no representando a ninguna clase de la sociedad argentina. Era el malevaje reclutado por la policía y los funcionarios de la Secretaría de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población".
 
Esta terrible equivocación histórica de legitimar "por izquierda" el frente antinacional liderado por los grandes poderes del país oligárquico, será la causa del repudio también histórico que recibirán de parte de la clase trabajadora argentina. El gran pensador del marxismo nacional Juan José Hernández Arregui afirmó: "son criaturas dilectas de la semicolonia engendrados por la colonización pedagógica".
 
La Opinión Popular



20-01-2020 / 21:01
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