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“Tenemos nuevas prioridades: combatir el hambre y la pobreza, encender la economía, reactivar el consumo y generar empleo”. Alberto Fernández
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Nacionales - 25-07-2019 / 09:07

Precios por las nubes y familias cada vez más pobres: en el último año la canasta básica subió casi un 60%

Precios por las nubes y familias cada vez más pobres: en el último año la canasta básica subió casi un 60%
Se profundiza la pobreza y la miseria de la mano de Mauricio Macri y el FMI. Una familia compuesta por cuatro personas (matrimonio y dos hijos menores) necesitó ingresos por más de $31.148,41 en junio para no ser pobre, según informó este miércoles el Indec para Capital y Gran Buenos Aires. Si ambos integrantes cobran el salario mínimo no les alcanza para llegar a fin de mes.
Se profundiza la pobreza y la miseria de la mano de Mauricio Macri y el FMI. Una familia compuesta por cuatro personas (matrimonio y dos hijos menores) necesitó ingresos por más de $31.148,41 en junio para no ser pobre, según informó este miércoles el Indec para Capital y Gran Buenos Aires. Si ambos integrantes cobran el salario mínimo no les alcanza para llegar a fin de mes.
 
La canasta básica en lo que va del año subió un 22,2 %, mientras que el acumulado de los últimos doce meses es de 58,9 %. Por su parte, la Canasta Básica Alimentaria, que define el nivel de indigencia, tuvo un incremento en junio de 2,7 % y registró un costo de $ 12.409,72.
 
El alza del precio de los alimentos hasta mayo pasado, que llegó a casi el 65 %, disparó la suba de estas dos canastas. Si en el hogar los dos adultos perciben un salario mínimo que en la actualidad se ubica en los $ 12.500, significa que esa familia es pobre.
 
En base a estos datos, seguramente aumentaron los niveles de indigencia y pobreza porque los ingresos de los trabajadores subieron por debajo de esos porcentajes. El investigador del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), Eduardo Donza, adelantó que para el 2019 la pobreza se ubica en "valores cercanos al 35 por ciento", según cálculos de la institución.
 
No sorprende que este miércoles a pesar del frío muchas personas se acercaran a Plaza de Mayo a comprar en el "Alimentazo", una feria organizada por pequeños productores y cooperativas para vender sus productos al costo. Se vendieron más de 30.000 kilos de alimentos. En horas se terminó toda la mercadería, con excepción de la yerba.
 
Es una muestra más de la crisis. Bajo el mando de Cambiemos y el FMI la desocupación y la pobreza aumentaron: casi 2 millones de desocupados y 13 millones de pobres. Otra muestra del deterioro de las condiciones de vida del pueblo trabajador es el incremento de las personas que participan en ferias, una changa para sobrevivir.
 
No alcanzan los ingresos para llegar a fin de mes. El consumo se desplomó, las ventas en los supermercados y en autoservicios mayoristas llevan once meses en rojo, según publicó el Indec.
 
El poder adquisitivo de los salarios desde 2015 se derrumbó un 20 %. El ataque al salario es sólo una parte del combo antipopular que pretenden los empresarios. Las patronales exigen una reforma laboral, en tándem con el FMI, junto a la reforma previsional y tributaria que también tienen en su agenda para Argentina. Bajo el mando del FMI, lo peor está por venir para trabajadores y jubilados si gana Macri.
 
La Opinión Popular

 
LOS ALIMENTOS PARA NO CAER EN LA INDIGENCIA AUMENTARON 58,3 POR CIENTO EN UN AÑO
 
Canastas por el aire y pobres en el subsuelo
 
Los bienes y servicios que componen la canasta total subieron 58,9 por ciento interanual. En el mes de junio ambos indicadores treparon 2,7 por ciento.
 
Un hogar compuesto por una pareja y dos hijos requirió en junio 12.409,72 pesos para adquirir la canasta básica de alimentos y no ser considerado indigente, lo que representó un aumento de 58,3 por ciento respecto de igual mes de 2018, según informó este miércoles el Indec.
 
Si se incluyen a los servicios y bienes no alimentarios (canasta básica total) esa misma familia necesitó 31.148,41 pesos, un 58,9 por ciento por encima de doce meses atrás.
 
La canasta básica alimentaria, que sirve como línea para medir la indigencia en términos de consumo e ingreso, y la total, que demarca el límite para no ser pobre, se encarecieron ambas en 2,7 por ciento respecto de mayo previo.
 
De acuerdo a estas cifras, un hogar con dos salarios mínimos -desde 1 de junio en 12.500 pesos-no logra evitar ser considerado pobre. Las cifras se encuentran cada vez más lejos del hambre cero.
 
La inflación de junio, según los datos del mismo ente estadístico, se concentró en alimentos y servicios de transporte y comunicación. Hubo un leve respiro en el rubro vivienda y hogar, donde se encuadran los principales servicios (agua, luz y gas), derivado de la pausa a los tarifazos que definió el Gobierno hasta después de las elecciones. El Indice de Precios al Consumidor (IPC) de junio arrojó un alza interanual de 55,8 por ciento.
 
En el desagregado del índice se destacan los aumentos en comunicación (65,3 por ciento), seguido por transporte (63,6 por ciento), alimentos (60,8 por ciento) y vivienda, agua, electricidad y gas (55,6 por ciento).
 
Dentro del rubro alimentos, según el Indec, los principales aumentos se detectaron en queso cremoso (99,4 por ciento), yerba mate (96,1 por ciento), leche (82,1 por ciento), pollo (80,6 por ciento) y fideos (79,9 por ciento).
 
En el caso de los lácteos, según datos de la Secretaría de Agroindustria, la pérdida de poder adquisitivo derivó en una caída de 13 por ciento en su consumo. La demanda de leches fluidas cayó 13 por ciento; en polvo, un 11 por ciento; quesos, 6 por ciento y el resto, el 13 por ciento.
 
Para la composición de la canasta básica alimentaria, por ejemplo, por adulto se estima un consumo de 9,2 kilos de leche (en polvo), 1,7 kilos de fideos, 6,7 kilos de carne, 300 gramos de queso y medio kilo de yerba mate, entre otros.
 
Una familia "tipo" (dos mayores y dos menores) requiere el equivalente a 3,09 canastas adulto, según la capacidad de consumo estimada por integrante. Esta composición necesitó entonces 31.148,41 pesos, bastante por encima de dos Salarios Mínimos Vitales y Móviles.
 
Un salario mínimo alcanza apenas para adquirir la cesta de alimentos, que representa menos del 40 por ciento del gasto del hogar, pese al peso cada vez mayor de los servicios (especialmente energéticos y transporte) en el presupuesto de las familias.
 
Los datos coinciden con los informados este lunes por el departamento estadístico del gobierno porteño, que arrojó para junio un umbral de pobreza (canasta total) de 30.914 pesos.
 
El sostenido incremento en los precios de la canasta básica alimentaria y total junto con el deterioro laboral, tanto en pérdida de poder adquisitivo de salarios como la destrucción de fuentes de empleo, anticipan que la pobreza continúa en aumento durante 2019.
 
A nivel nacional la pobreza en el segundo semestre del año pasado se ubicó en 32 por ciento y la indigencia en el 6,7 por ciento. El deterioro de los indicadores sociales provocado por las políticas del Gobierno generaron sólo en territorio porteño 144.000 personas pobres y 80.000 indigentes respecto de 2015.
 
En el caso de la medición nacional no se puede establecer la comparación por el apagón estadístico que determinó el Indec hasta mediados de 2016.
 
Un informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), realizado en conjunto el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, con apoyo del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales, se necesitaría al menos cuatro años de crecimiento ininterrumpido en el orden del 3 por ciento para que la pobreza se ubique en el 26 por ciento.
 
De darse esta situación, el recorte sería de casi diez puntos respecto del 35 por ciento de pobreza que anticipó el investigador del Observatorio de Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, Eduardo Donza.
 
Por Cristian Carrillo
 
Fuentes: Página12 y La Izquierda Diario
 

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Precios por las nubes y familias cada vez más pobres: en el último año la canasta básica subió casi un 60%
El Observatorio de Políticas Públicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) reveló que una jubilación media deberá destinar el 94,3% de su ingreso para obtener la canasta básica, y un salario mínimo el 78,5%.
21-01-2020 / 10:01
El asesinato de Fernando Báez Sosa que la UAR (Unión Argentina de Rugby) llamó fallecimiento es apenas una parte -la más importante-, de un combo letal.
 
La tipificación jurídica, responsabilidad penal y carradas de opiniones sobre el crimen, con mayor o menor espesura analítica, no le devolverán la vida al joven de 19 años y nos colocan en una endeble situación argumentativa.
 
Las sucesivas agresiones de rugbiers que terminan en muertes o sin ellas, con premeditación y alevosía, con el afán de destruir al otro por ser diferente, por las razones que fueren, son una noticia incómoda para un deporte que se arroga ciertos valores.
 
Los casos anteriores tuvieron una efímera visibilidad mediática. Algunos siguen impunes, como el asesinato de Ariel Malvino, a quien tres correntinos mataron en 2006 en Ferrugem, todos de familias influyentes en esa provincia.
 
Esa muerte y la de Báez Sosa tienen un componente clasista que deviene de la posición social de estas manadas de criminales musculados.
 
El rugby estigmatizado refuerza esa concepción de deporte cheto cuando ya no lo es. Hace tiempo dejó de serlo. Lo juegan los pueblos originarios en sus territorios, los pobres en las villas, los presos en las cárceles, crece entre las mujeres de cualquier condición social.
 
En la gran mayoría de estos crímenes no se percibe con claridad un ingrediente de consumo social que cruza a muchos de los victimarios. La ingesta desenfrenada de alcohol que confirman todas las estadísticas y en especial de la cerveza.
 
Cualquier campaña de concientización que busque antídotos contra la brutalidad de una manada de rugbiers, debería tomar en cuenta cuál es la única droga social legalizada y cuyo consumo está lejos de llegar a su techo.

20-01-2020 / 11:01
El presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, cuestionó a distintos funcionarios, -en su mayoría gerentes y directivos- de empresas públicas que ingresaron con cargos políticos al Estado durante el Gobierno del ex presidente, Mauricio Macri, y que en este nuevo período gubernamental no quieren dejar sus cargos en las diferentes dependencias estatales.
 
Massa denunció que dichos funcionarios, en caso de irse, piden doble indemnización y los definió como "okupas". Fuentes de distintos organismos estatales explicaron cómo esta situación afecta a la implementación de proyectos y políticas públicas.
 
El Presidente de la Cámara baja aseguró que "son unos inmorales", y que "no sólo no renuncian a los cargos a los que llegaron por una decisión política, sino que además piden la doble indemnización que ellos mismos rechazaban cuando estaban en el gobierno".
 
Massa se refería a esto ya que el 20 de mayo de 2016 Macri había vetado la ley de Emergencia Ocupacional, que fue sancionada por ambas cámaras legislativas y que pretendía prohibir los despidos por 180 días e implementar la doble indemnización.
 
Es decir, los funcionarios de Cambiemos que aún quedan en el estado, piden para irse la doble indemnización mientras que su gobierno estaba en contra de aplicar ese resarcimiento a los trabajadores despedidos.
 
Massa detalló que se trata de "gerentes de Aerolíneas Argentinas, Anses, Ferrocarriles Argentinos, Pami, Aysa y de otras empresas públicas, que se hacen los distraídos esperando que los echen para pedir que les liquiden la doble indemnización".
 
"Esta gente no llegó con los clasificados bajo el brazo sino que fue designada políticamente y ahora pide una doble indemnización que el mismo Gobierno anterior vetó cuando el Congreso aprobó la Ley", agregó el funcionario. 

19-01-2020 / 18:01
Al grito de "¡no fue suicidio, fue un magnicidio!" un grupo de manifestantes antiperonistas se movilizó a la Plaza del Vaticano, para recordar al fiscal Alberto Nisman a cinco años de su muerte. Los manifestantes se ufanaron de "no llevar banderas políticas". Sin embargo, en el discurso dispararon contra el presidente, Alberto Fernández, y festejaron la presencia de dirigentes del macrismo.
 
Todo el acto fue en línea con los dichos bolzonaristas de la ex ministra de Seguridad Patricia Bullrich en los últimos días. La ex funcionaria acusó al jefe de Estado de haber pactado "la demolición de la causa del Memorándum con Irán" que tiene como acusada a Cristina Fernández. Aunque varios dirigentes opositores confirmaron que no judicializarán esta acusación.
 
La ceremonia tuvo de invitados estrellas a los mediáticos diputados Waldo Wolff y Fernando Iglesias, ambos del PRO. De la Coalición Cívica hicieron su aparición Elisa Carrió y su heredero político Maximilano Ferraro. No solo legisladores gurkas del macrismo asistieron, en las primeras filas estaba el ex secretario de Derechos Humanos Claudio Avruj, el ex titular de Medios Públicos Hernán Lombardi y el ex ministro de Educación Alejandro Finocchiaro. Con estos dirigentes macristas bien presentes, los oradores seguían jurando la "independencia política" del acto.
 
Lo que hace varias semanas parecía que iba a ser un acto cargado de contenido opositor con concurrencia masiva, se fue desinflando en los últimos días a medida de que las distintas organizaciones de la comunidad judía en la Argentina anunciaron que no participarían. Tanto la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) decidieron no participar de esta movilización que pedía "Justicia por el asesinato del fiscal", cuando a cinco años de su muerte la Justicia aun no encontró pruebas que definan al caso. Es una muerte utilizada por el macrismo para reforzar la demonización del kirchnerismo.
 
Su ex pareja y jueza federal, Sandra Arroyo Salgado, y sus hijas tampoco asistieron. Incluso, algunos meses atrás dejaron de ser querellantes en la causa que investiga la muerte de Nisman. Sin embargo, los manifestantes colmaron la pequeña Plaza del Vaticano.
 
La previa fue caliente: intimidaciones a periodistas y reproches entre los manifestantes por la escasez de jóvenes en este acto. Lo cierto es que el calor en una plaza seca, con poca sombra, generó molestia en una buena parte de los adultos mayores que se acercaron temprano.
 
Antes que comenzara el acto, desde la organización pidieron que "respetaran a todos los periodistas". La consigna no fue tomada de la mejor manera por los "defensores de la república", muchos abuchearon, otros chistaban por lo bajo, mientras que otros gritaron: "Son cómplices y corruptos".
 
La Opinión Popular

19-01-2020 / 11:01
En el siglo XX se firmaron, como jamás antes, tratados internacionales que limitan la violencia entre Estados, regulan el trato a prisioneros de guerra, refugiados y migrantes, prohíben la tortura y cien etcéteras. Rigen hoy en día, se amplían regularmente. Centenares de naciones adhieren, se celebran reuniones para ratificar principios universales.
 
Sin embargo el presidente de la mayor potencia del planeta --promotora y signataria de muchas de esas normas, sede física de organismos internacionales-- manda asesinar a un general de otro país. Sin que medie guerra declarada, sin cumplir las (de por sí laxas) leyes de su país. Los propios funcionarios de Donald Trump no alcanzan a justificar, ni siquiera a explicar, la movida. Los opositores la critican con ineficaz dureza.
 
El magnicidio es presenciado impávidamente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU): el poder expuesto en carne viva. Suena cándido o sarcástico preguntarse qué habría pasado si el mandatario homicida fuera iraní, argentino o hasta belga.
 
El orden global siempre fue asimétrico, tendencia que se agrava en la era de la globalización financiera y la primacía de líderes de derecha, racistas, violentos, xenófobos, machistas. Hiper tácticos, predispuestos a adoptar decisiones tremendas mientras tuitean. A toda velocidad, a pura ligereza.
 
Cuando asumieron Trump y su colega brasileño Jair Bolsonaro algunos expertos predijeron que poderes establecidos de sus patrias les demarcarían límites. Las Agencias de Estados Unidos, su élite económica, el Departamento de Estado, allá en el Norte que manda.
 
Acá cerca, Itamaraty, la célebre y profesional Cancillería de Brasil que, se supone, ensilló a la dictadura militar o limó diferencias entre presidentes tan disímiles como José Sarney, Fernando Henrique Cardoso y Lula da Silva.
 
Esos frenos y balances fracasaron, no actuaron, entraron en el pasado. Las mesas chicas de los presidentes del siglo XXI resultan ser minúsculas, a veces se superponen con la reunión familiar. Bolsonaro y sus críos, sin ir más lejos.
 
En ese contexto espantoso, volátil, filo indescifrable, el presidente Alberto Fernández intenta instalar un esquema de negociación de la deuda externa bastante novedoso (nada lo es del todo). Trata de conciliar ciertos principios básicos de soberanía y de llegar a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
 
Pagar pero supeditándose a la normalización de la economía, la lucha contra la pobreza y la desigualdad, la deuda interna. La oferta parece sensata, en particular porque la formula un país pacífico, sin violencia racial ni ansias bélicas, una suerte de remanso en el vecindario soliviantado.

18-01-2020 / 10:01
El "fifty-fifty" que proponía Juan Perón para la Argentina era un anhelo por el cual trabajadores y empresas se repartían en partes iguales, 50-50, los ingresos que genera el país. Más allá de que el fifty-fifty no sea un nivel de distribución ideal, el dato publicado por el Indec muestra que la dinámica tiende a alejarse.
 
Ya que, durante el cierre del período Cambiemos, los asalariados volvieron a perder porciones de la distribución del ingreso. Esta vez el fenómeno vino acompañado de una novedad: los empresarios no mejoraron su participación. Y es que los que capturaron la diferencia fueron los trabajadores no asalariados.
 
El cuentapropismo, surgido por la fuerte crisis económica del 2018-2019, creció con fuerza, creó 265.000 puestos de subsistencia, que no califican ni como asalariados ni como empresarios, y llevó a la participación del ingreso mixto a crecer hasta quedarse con el 12,6% de la torta.
 
En este caso, la mencionada torta es el valor agregado por la economía local. Sobre el total del producto nacional, los asalariados se quedaron con el 45,1%. Eso implicó una caída fuerte desde el 52% con el que se quedaba en el 2015, según los datos del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo (Ceped).
 
El Indec comenzó a publicar sus números en el 2016 y en el tercer trimestre de ese año todavía era el 52,7%. El deterioro se aceleró durante la gestión Cambiemos.
 
Los empresarios se quedaron con el 44,4% durante el tercer trimestre del 2019. Fue la primera caída en mucho tiempo, ya que en el mismo período del 2018 habían obtenido el 44,9%. Mientras tanto, los cuentapropistas pasaron del 11,4% al 12,6%.
 
Los asalariados son tres cuartos de quienes generan el ingreso nacional y se quedan con el 45,1% del producto; los empresarios son apenas el 3,9% y se quedan con el 44,4%; los cuentapropistas son el 22,9% y se quedan sólo con el 12,6%.
 
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