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Nacionales - 07-06-2019 / 10:06
PANORAMA EMPRESARIO SEMANAL

Festival de reconciliaciones a ambos lados de la grieta

Festival de reconciliaciones a ambos lados de la grieta
En los últimos días, Mauricio Macri dio muestras de querer controlar el impulso calabrés de la venganza para no seguir coleccionando enemigos poderosos. Del otro lado de la grieta, Alberto Fernández encabeza un "operativo reconciliación" paralelo al que desplegaron Macri y Peña en secreto desde el oficialismo.
 En los últimos días, Mauricio Macri dio muestras de querer controlar el impulso calabrés de la venganza para no seguir coleccionando enemigos poderosos.
 
Compartió una reunión, reservada, con Marcelo Tinelli. El mismo conductor estrella que tres meses atrás coqueteaba con una candidatura del hoy devaluado Roberto Lavagna y decía que él y Cristina son "las dos caras de una misma moneda".
 
Pero es el jefe de Gabinete, Marcos Peña, quien encabeza el operativo pacificación con el empresariado. Dispuesto a restañar las heridas incluso con quienes pidieron su cabeza abiertamente, mantiene su agenda abierta para los almuerzos en la Casa Rosada que le organiza el "latin lover" Francisco Cabrera, por lo general los viernes.
 
Del otro lado de la grieta, Alberto Fernández encabeza un "operativo reconciliación" paralelo al que desplegaron Macri y Peña en secreto desde el oficialismo. Tanto en el grupo Clarín como en el comando de campaña K niegan que haya existido la reunión a solas con Héctor Magnetto, pero lo que sí admite Fernández es que nunca dejó de reunirse con el director de Relaciones Externas del holding, Jorge Rendo.
 
¿Hasta dónde están dispuestos a llegar los pacifistas de cada comando de campaña? En el macrismo dicen que mantendrán algunos límites. Como Daniel Vila, por ejemplo. Aseguran que el socio de Claudio Belocopitt y José Luis Manzano en América TV es de los que empuja a Sergio Massa a acordar con el kirchnerismo.
 
Fernández, en cambio, no reconoce fronteras en su hoja de ruta de reconciliaciones con viejos enemigos del kirchnerismo.
 

 
La cumbre habría resultado impensable apenas dos meses y medio atrás, cuando los Brito estrenaban la torre de vidrio curvo en Catalinas Norte que dibujó César Pelli para el Banco Macro. Era el momento de máxima tensión con el Presidente.
 
El hijo, Jorge Pablo, recibió por esos días en su nueva oficina del piso 26 un mensaje desde la cima del poder político: "No te preocupes que el problema es con tu viejo, no con vos".
 
El emisario volvió con una respuesta, rápida, que sorprendió a un Mauricio Macri acostumbrado a una vida de recelos mutuos con su propio padre y de alianzas con terceros contra portadores de su propia sangre. "Si vos tenés un problema con mi viejo, entonces el problema lo tengo yo con vos".
 
Parecía algo irreversible. Tanto Nicky Caputo como Alejandro Macfarlane, amigos en común, habían intentado, sin éxito, acercarlos. Pero Jorge Horacio Brito, fundador del Macro y padre de Jorge Pablo, parecía haber descartado cualquier posibilidad de reconciliación con Macri.
 
Hasta le había hecho saber a esos amigos comunes que consagraría todos sus esfuerzos a que el Presidente fuera preso en caso de que este año abandonara el poder.
 
Era una guerra sin cuartel, que incluyó insultos cruzados por teléfono satelital en diciembre, en el momento más álgido de la causa Ciccone II, que tiene procesado al patriarca del clan. Los presenció perplejo el operador todoterreno y consultor Guillermo Seita en el avión privado de los Brito.
 
Pese a toda esa tensión y hasta los insultos, que Macri solo suele proferir en contadas ocasiones, finalmente hubo fumata blanca. Fue un encuentro días atrás fuera de la quinta de Olivos, en la casa que prestó un tercero y que confirmaron a BAE Negocios fuentes del Ejecutivo y del Macro.
 
El dueño del banco privado más grande del país se volvió a ver en persona con el mandatario cuya gestión defenestró ante todo aquel que haya tenido la chance de preguntarle. Y el Presidente aceptó volver a conversar con el principal mecenas de Sergio Massa, a quien acusó de haber conspirado en su contra desde el día que asumió.
 
Habrá que esperar para ver si lo que se selló es una paz duradera o apenas una tregua mientras dure la campaña.
 
Lo seguro es que no fue el único episodio de los últimos días donde Macri dio muestras de querer controlar el impulso calabrés de la venganza para no seguir coleccionando enemigos poderosos.
 
Lo fue también la reunión, igual de reservada, que compartió con Marcelo Tinelli. El mismo conductor estrella que tres meses atrás coqueteaba con una candidatura del hoy devaluado Roberto Lavagna y decía que él y Cristina Kirchner son "las dos caras de una misma moneda".
 
 
Subcomandante
 
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, es quien encabeza el operativo pacificación con el empresariado. Dispuesto a restañar las heridas incluso con quienes pidieron su cabeza abiertamente, mantiene su agenda abierta para los almuerzos en la Casa Rosada que le organiza el "latin lover" Francisco Cabrera, por lo general los viernes.
 
Menos expuesto desde que abandonó el Ministerio de la Producción y se refugió en el Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE), Cabrera está abocado a tres misiones que le encomendó personalmente Macri: esos almuerzos para volver a acercar empresarios, no siempre de primer nivel, la coordinación entre los tres think tanks de Cambiemos (las fundaciones Pensar, Alem y Hannah Arendt) y una vaporosa "estrategia para el segundo mandato".
 
Cabrera volvió a mostrarse en público este martes, en el mismo almuerzo del Consejo Interamericano del Comercio y la Producción (CICyP) donde reapareció Luis "Toto" Caputo.
 
El antecesor de Guido Sandleris en el Banco Central nunca dejó de jugar al paddle con Macri en la quinta de Olivos y saboreó como una victoria personal que el Fondo Monetario haya aceptado finalmente que la autoridad monetaria intervenga en el mercado cambiario para frenar eventuales subas del dólar.
 
Está corrido de la gestión pero no se privó de mandarle un mensaje por whatsapp al encargado del Fondo para Argentina, Roberto Cardarelli, apenas supo de ese "permiso" del FMI. "Me imagino lo que les habrá costado tomar esta decisión y lo celebro", le escribió. El romano le respondió cortés y lo invitó un café mientras encabezaba la última revisión de la economía argentina el mes pasado.
 
En uno de esos almuerzos con empresarios en la Rosada fue donde nació la frase que el subcomandante Peña dijo después en público: "A un Presidente no se lo somete a una interna". Fue cuando arreciaban las versiones de que podría disputar una PASO con Martín Lousteau o algún otro radical.
 
En otra de esas comidas -donde participaron el dueño de un poderoso estudio de abogados, un banquero, el dueño de Colonia Express y los CEOs locales de IBM y Google- le insistieron con que Macri se baje de la reelección.
 
"Es cierto que no puede ir a una interna, pero un presidente sí puede hacer un renunciamiento y dar un paso al costado para preservar su proyecto", le propuso uno de ellos. Peña recordó lo inútiles que siempre le parecieron esas reuniones pero aguantó estoico. No son días para perder ni un solo voto.
 
 
Causas y efectos
 
A dos semanas del cierre de listas presidenciales, el establishment aparece más resignado que expectante frente a una polarización que por algunas semanas creyó que podría superarse.
 
Y que no hizo más que profundizarse desde que Cristina Kirchner ungió a Alberto Fernández como cabeza de su propia fórmula presidencial, hoy favorita (aunque por poco) en los sondeos para las PASO de agosto. Ese renunciamiento, el que le reclamaba a Peña el comensal de aquel viernes, fue el que finalmente convirtió en acto Cristina.
 
De ese lado de la grieta, Alberto encabeza un "operativo reconciliación" paralelo al que desplegaron Macri y Peña en secreto desde el oficialismo. Tanto en el grupo Clarín como en el comando de campaña kirchnerista niegan que haya existido la reunión a solas con Héctor Magnetto que publicó el diario Perfil, pero lo que sí admite Fernández es que nunca dejó de reunirse con el director de Relaciones Externas del holding, Jorge Rendo.
 
Al malestar que causó entre los defensores de la Ley de Medios su aviso de que respetaría los "derechos adquiridos" de Clarín, Alberto respondió en privado pero con dureza: "Algunos se enamoran de sus creaciones más de lo aconsejable".
 
¿Hasta dónde están dispuestos a llegar los pacifistas de cada comando de campaña? En el macrismo dicen que mantendrán algunos límites. Como Daniel Vila, por ejemplo. Aseguran que el socio de Claudio Belocopitt y José Luis Manzano en América TV es de los que empuja a Sergio Massa a acordar con el kirchnerismo.
 
Algo que a Brito padre, en cambio, no le parece bien. Y que tampoco aceptan Luis Barrionuevo ni Graciela Camaño. La diputada y madrina política del tigrense, de hecho, planea abandonarlo y encabezar la lista de candidatos a diputados de Roberto Lavagna si finalmente da ese paso.
 
Fernández, en cambio, no reconoce fronteras en su hoja de ruta de reconciliaciones con viejos enemigos del kirchnerismo. Antes de que lo internaran en el Otamendi se reunió con el CEO local del HSBC, Gabriel Martino, a quien el Banco Central llegó a exigir que removieran de su cargo en septiembre de 2015, por orden de Alejandro Vanoli.
 
Aquella exigencia se justificó en ese momento en la falta de colaboración de la filial local del HSBC con la investigación sobre más de 4 mil cuentas no declaradas por sus clientes en Suiza. Parte de la documentación que reclamaba el Central, según el banco, se había incendiado en 2014 Iron Mountain, el depósito donde perdieron la vida diez bomberos y que una pericia asegura que empezó a arder de forma intencional.
 
Cultor de una amistad estrecha con varios miembros del gabinete nacional y con el Presidente, Martino llegó a advertir en la intimidad que abandonaría el país si alguna vez volviera a gobernar el kirchnerismo.
 
Lo preocupa esa causa por evasión agravada, que permanece abierta y donde la Cámara en lo Penal Económico validó las pruebas obtenidas por la jueza de primera instancia, Verónica Straccia. Los abogados de Martino no consiguieron que se archivara, como sí lograron en cambio que la Unidad de Información Financiera (UIF) lo exculpara por no haber reportado como sospechosas de lavado varias operaciones del narco colombiano Mi Sangre.
 
Fernández no le prometió nada, pero ambos convinieron que el enfrentamiento era "cosa del pasado". ¡A desengrietar!
 
Por Alejandro Bercovich
 
Fuente: BAE Negocios
 

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02-04-2026 / 18:04
02-04-2026 / 18:04
01-04-2026 / 14:04
La Argentina de Javier Milei ha ingresado en una fase peligrosa: la de la construcción de una realidad paralela. Mientras las persianas de las pymes se bajan definitivamente, los comedores populares se desbordan y el consumo de leche cae a niveles históricos, el Gobierno nacional ha decidido que la mejor manera de combatir la pobreza no es con políticas públicas, sino con un lápiz y una goma de borrar en las oficinas del INDEC.


El reciente anuncio que sitúa la pobreza en un 28,2% para el segundo semestre de 2025 no es solo una provocación; es un insulto a la inteligencia de un pueblo que sobrevive en el ajuste más brutal de la historia argentina moderna. Estamos ante el "milagro estadístico" de un gobierno que pretende hacernos creer que, en medio de una recesión galopante y salarios de miseria, la pobreza ha retrocedido por arte de magia.



Javier Milei ha decidido abrazar el dogma por encima de la vida. Su gestión se ha convertido en una maquinaria de propaganda que utiliza la macroeconomía financiera para ocultar la microeconomía de la heladera vacía. Festejar un 28,2% de pobreza en un contexto de desguace del Estado, entrega de la soberanía y destrucción del mercado interno no es solo cinismo; es una declaración de guerra contra la realidad.



El Gobierno podrá seguir "dibujando" números y publicando gráficos en redes sociales, pero la calle tiene su propia estadística. Y en esa estadística, la que se mide en el boleto de colectivo, en el alquiler impagable y en el plato de comida que falta, el modelo de Milei solo ha demostrado ser un éxito en una sola cosa: en producir una miseria estructural que ningún comunicado oficial podrá ocultar por mucho tiempo. El despertar de este sueño estadístico será, lamentablemente, una pesadilla social de la que nos costará años recuperarnos.


De la redacción de La Opinión Popular

31-03-2026 / 16:03
29-03-2026 / 15:03
La gestión de Javier Milei atraviesa un momento muy complejo, atrapada en una tenaza que combina corrupción sistémica y degradación económica. La narrativa de austeridad se ha quebrado frente a pruebas judiciales contundentes: por un lado, el Caso $LIBRA, donde el peritaje técnico confirma un esquema de promoción de estafas piramidales que involucra directamente al Presidente y a Karina Milei por presuntos cobros millonarios; por otro, el escándalo de Manuel Adorni, cuya utilización de vuelos privados y un crecimiento patrimonial injustificado -que incluye mansiones y gastos de lujo- lo colocan como el nuevo emblema de los privilegios que el Gobierno prometió desterrar.

Sin embargo, el factor que transforma estos escándalos en un veneno letal para el oficialismo es el contexto de asfixia social. La paciencia popular, que hasta hace poco funcionaba como un cheque en blanco, se está agotando ante una realidad incontrastable marcada por la pobreza récord Con indicadores que ya superan el 55%, el ajuste ha dejado de caer sobre la política para ensañarse con la clase media y los sectores vulnerables; la inflación persistente, la cual, a pesar del discurso oficial, el costo de vida -especialmente en alimentos y servicios públicos- sigue demoliendo el poder adquisitivo de los salarios. A esto se le suma la crisis de expectativas: El contraste entre el "no hay plata" para comedores escolares y el despliegue de recursos en el entorno de Adorni ha roto el vínculo de confianza con su base electoral.


En definitiva, la caída en las encuestas no es solo producto de los tribunales; es el resultado de un modelo que pide sacrificios extremos a la población mientras sus máximos referentes se ven cercados por causas de corrupción que huelen a vieja política. La "libertad" parece haberse convertido, para el círculo íntimo del poder, en la libertad de gozar de privilegios mientras el resto del país cae en la indigencia.


De la redacción de La Opinión Popular

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