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“Que ningún ciudadano sea lo suficientemente opulento como para poder comprar a otro, ni ninguno lo bastante pobre como para verse obligado a venderse”. Jean-Jacques Rousseau
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Sociedad e Interés General - 04-06-2019 / 20:06
EFEMÉRIDES POPULARES

Día Mundial del Medio Ambiente 2019: el derecho a un aire limpio

Día Mundial del Medio Ambiente 2019: el derecho a un aire limpio
El derecho al aire limpio es un derecho humano. Si no podemos respirar aire limpio, no podemos gozar de salud, no podemos vivir a plenitud. Así de simple. La contaminación atmosférica es el desafío ambiental más acuciante de nuestros tiempos. Por eso este año el tema del Día Mundial del Medio Ambiente es lograr un planeta #SinContaminaciónDelAire.
 
La celebración del Día Mundial del Medio Ambiente sirve este 05 de junio para sumar esfuerzos en la lucha contra la contaminación del aire. El derecho al aire limpio es un derecho humano. Si no podemos respirar aire limpio, no podemos gozar de salud, no podemos vivir a plenitud. Así de simple. La contaminación atmosférica es el desafío ambiental más acuciante de nuestros tiempos. Por eso este año el tema del Día Mundial del Medio Ambiente es lograr un planeta #SinContaminaciónDelAire.
 
El aire contaminado mata prematuramente a 800 personas cada hora en el planeta. En las Américas, más de 300.000 personas mueren cada año a causa de la mala calidad del aire. Todo nuestro cuerpo, de la cabeza a los pies, resulta afectado cuando inhalamos gases venenosos que circulan en el aire de nuestras ciudades y campos. No hay región en la Tierra que se libre de este mal, que causa un cuarto de los casos de embolia, cáncer de pulmón y enfermedades del corazón.
 
 
Los costos de la contaminación atmosférica exceden $US 5 trillones al año, según el Banco Mundial. Las regiones del Mediterráneo Oriental y de Asia Sudoriental son las más afectadas en el mundo. En América Latina y el Caribe varias capitales o megalópolis no han cumplido los estándares de calidad del aire de OMS, entre ellas: Santiago de Chile, Lima, Ciudad de México, La Paz, Buenos Aires o Sao Paulo.
 
Pero no siempre las capitales son las más afectadas. A menudo son ciudades más pequeñas las que llevan la peor parte. Santa Gertrudis en Brasil, Coyhaique en Chile o Santo Domingo en Ecuador estuvieron en 2018 entre las 10 ciudades de las Américas que no cumplieron los estándares en material particulado. Porque la contaminación atmosférica es también un indicador de la tremenda desigualdad imperante: 97 % de las ciudades en países de ingresos bajos y medios con más de 100,000 habitantes no cumplen con las pautas de calidad del aire. Ese porcentaje cae a 49 en los países de altos ingresos.
 
Los más vulnerables son siempre los que pagan el precio más alto en términos de degradación ambiental. Y es deber de los Estados protegerlos, tal como lo consignó en su reporte de marzo de 2019 el Relator Especial de la ONU sobre los derechos humanos y el medio ambiente, David Boyd.
 
El derecho a un medio ambiente saludable está consagrado en las constituciones de al menos 100 países en el mundo. Ha habido avances sustantivos en políticas públicas por un aire limpio en la última década, pero hay que apretar el acelerador.
 
Ya tenemos las soluciones y ya sabemos qué es lo que hay que hacer: mejorar el monitoreo de la calidad del aire, instaurar controles más estrictos para las emisiones de automotores, promover el transporte público sostenible y limitar los gases de efecto invernadero de la industria y la agricultura.
 
Asimismo, debemos ampliar los espacios verdes en las urbes, reducir el uso de leña en los hogares y la quema de basura, controlar incendios e impulsar la eficiencia energética y las energías renovables.
 
La sociedad civil tiene mucho que aportar, informándose y ejerciendo presión. Pero es deber de los Estados y de las industrias promover las políticas públicas que son necesarias y urgentes. Y son tan urgentes porque la contaminación del aire está inextricablemente ligada al cambio climático. Muchos de los gases que contaminan el aire, son también de efecto invernadero. Controlarlos es clave para evitar una crisis climática de consecuencias catastróficas.
 
Nadie en el planeta debería tener que escoger entre salir a la calle con una mascarilla o quedarse encerrado en casa. No, nuestro derecho es vivir a plenitud al aire libre en ciudades y áreas rurales sostenibles y resilientes. Nuestro derecho es a vivir en un planeta #SinContaminaciónDelAire.
 
Por Leo Heileman
 
Leo Heileman es Director Regional para América Latina y El Caribe de ONU Medio Ambiente.
 
Fuente: Clarín 
 
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02-04-2026 / 12:04
El 02 de abril de 1982, cumpliendo con una reivindicación nacional, de tenaces y profundas raíces, la Argentina recupera las Malvinas por la fuerza, usurpadas por Gran Bretaña desde 1833. Así, los argentinos emprendimos una guerra justa por nuestra soberanía en las islas, más allá del pésimo manejo y de la oscura motivación de los jerarcas militares que proyectaron el conflicto.

Los soldados, marinos y aviadores que participaron de la guerra libraron distintas batallas al mismo tiempo: contra los británicos, asistidos por los yanquis y el dictador chileno Pinochet, pero también contra la incapacidad y la inoperancia del propio gobierno del dictador militar Leopoldo Galtieri, que "acompañó" la lucha aportando desinformación, manipulación y triunfalismo.

Nuestros soldados pelearon con coraje y valentía, en actos de verdadero heroísmo, a pesar de haber protagonizado un conflicto perdido de antemano, declarado por un gobierno militar tambaleante, que inició una guerra en condiciones militarmente absurdas, buscando una legitimación popular que no tenían para mantenerse en el poder, y que no entendió nunca la dimensión de las potencias enemigas contra las que se plantaba.
 
La suerte de los combates impusieron la fuerza de la OTAN y nuestras islas volvieron al dominio británico. Como resultado, el gobierno militar cayó en desgracia con los EE.UU., que cambió su estrategia de apoyo para con las dictaduras de América Latina, que eran mayoría y se derrumbaron una a una. Así, una de las consecuencias de la guerra fue la retirada del gobierno militar y la vuelta a la democracia en la Argentina, en 1983.

 
Hoy, lamentablemente, el Presidente Javier Milei, fanático admirador de Margaret Thatcher, no defiende la Causa Malvinas y abrió la puerta a que los habitantes de las islas decidan sobre la soberanía, algo que contradice el histórico reclamo argentino. Y además es un cipayo incondicional de EE.UU., el gran aliado de Inglaterra en la OTAN.
 
Cuarenta y tres años después, la guerra de Malvinas es, todavía, un episodio no saldado que sigue vigente. Hoy, la lucha por la soberanía argentina sobre las Malvinas pasa por mantener firme el reclamo y por un debate permanente para fortalecer el consenso internacional, entre nuestros aliados latinoamericanos y de otros continentes, sobre la legitimidad del reclamo argentino respecto a las islas del Atlántico sur. 
 
Hay deudas que siguen vigentes y un reclamo soberano que no cesa. La recuperación y valoración de la gesta es una obligación con nuestra conciencia histórica como Nación, con nuestros compatriotas muertos en estas islas argentinas, con los veteranos combatientes que sobrevivieron y con nuestros derechos a la imprescriptible soberanía en Malvinas, Sándwich y Georgias del Sur.

 
Escribe: Blas García

03-03-2026 / 20:03
03-03-2026 / 18:03
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