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Nacionales - 14-05-2019 / 09:05
CRISIS DEL MACRISMO TRAS EL RESULTADO ELECTORAL

La dura derrota sufrida en Córdoba desató una ola de discusiones en el interior de Cambiemos

La dura derrota sufrida en Córdoba desató una ola de discusiones en el interior de Cambiemos
La dura derrota sufrida en Córdoba desató una ola de discusiones en el interior de Cambiemos. Elisa Carrió le reprochó a Frigerio la falta de apoyo a su candidato. Patricia Bullrich quiso disimular el fracaso y afirmó que “Cambiemos no se presentó”, mientras los más cercanos al presidente Macri prefirieron echarles la culpa a los radicales.
Tras la aplastante derrota en Córdoba del candidato de Mauricio Macri, que acumula ocho comicios provinciales sin que el oficialismo pueda mostrar un triunfo, llovieron los pases de factura en Cambiemos.
 
La primera en la fila fue Elisa Carrió, quien le apuntó a Rogelio Frigerio: "Hubiera preferido que algún ministro del Interior acompañara más a los referentes de Cambiemos", le reprochó.
 
Desde la Rosada intentaron bajar el tono y advirtieron que un involucramiento mayor del Gobierno hubiera llevado a una derrota peor.
 
La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, le recordó a Carrió sus traspiés en la campaña cordobesa: "La lucha contra el narcotráfico no es un tema que utilicemos en la campaña", retrucó.
 
En tanto, el radicalismo que busca rediseñar Cambiemos también salió golpeado por el escrutinio. Lo reconoció Federico Storani, quien indicó que el resultado es "una tragedia política".
 
El Gobierno de Macri esperaba una derrota en Córdoba. Ya se habían desvanecido los sueños de arrebatarle la provincia al peronismo, que tuvieron hasta 2018. Desde hacía tiempo que el objetivo era salir segundos.
 
Ese objetivo (poco ambicioso) lo consiguieron: el candidato de la Rosada, el radical Mario Negri, superó a su correligionario Ramón Mestre por seis puntos. Pero la diferencia de 36 puntos con Juan Schiaretti no les dio ningún margen para festejar a los macristas.
 
La única que se animó a comentar que había derrotado al tercero fue Carrió. Sostuvo que, dentro de Cambiemos, prevaleció Negri sobre Mestre. "Yo he sacado menos votos que Mario y aprendí de eso. Dios poda el árbol para que dé más frutos", lanzó una de sus metáforas bíblicas.
 
"Córdoba jugó a la historia de Cambiemos. No jugó al resultado electoral de la gobernación. Córdoba jugó a que Cambiemos esté representada por personas decentes", aseguró Carrió, e hizo un análisis llamativo: "Estamos débiles, pero somos fuertes".
 

 
A esa altura de la noche del domingo, Negri parecía dispuesto a pedirle que dejara de ayudarlo, como hizo Lilita en la campaña cuando celebró la muerte de José Manuel de la Sota o le deseó a un periodista que no le pasara nada a su familia. Carrió reconoció que fueron "metidas de pata".
 
Pero no se amilanó. Y le apuntó a Frigerio por la falta de apoyo del Gobierno a los candidatos locales (que se tradujo, incluso, en pocos recursos): "Hubiera preferido que algún ministro del Interior acompañara más a los referentes de Cambiemos, y lo digo como fundadora de Cambiemos", dijo.
 
En verdad, quien no fue a hacer campaña a Córdoba fue Mauricio Macri. El ataque a Frigerio sonó como una advertencia al Presidente.
 
En la Rosada intentaron no confrontar con Carrió. Sí detallaron que "si el Gobierno se hubiese involucrado más en la campaña de Negri, la derrota hubiera sido el doble de negativa para nosotros", indicaron. No obstante, en una reunión de la mesa chica de Cambiemos acordaron involucrarse más en las siguientes elecciones provinciales y apuntalar a los candidatos.
 
El tema fue además retomado en la reunión de Gabinete de ayer, en la que estuvieron presentes Marcos Peña, Frigerio, el jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal.
 
El diagnóstico que primó es que la división de Cambiemos lo único que hizo fue potenciar la elección del peronismo. Para ganar en octubre, interpretaron, deben contar con los votos de Negri y de Mestre. La estrategia será intentar volver a sumar a ambos sectores. Eligieron, con una mirada benévola y optimista, tomar el resultado combinado de ambos como "el piso de Cambiemos".
 
En rigor, los números expresan una merma de votos. Mestre y Negri sumados obtuvieron un 28,72 por ciento, por debajo del 33,8 por ciento de Oscar Aguad en las anteriores elecciones a gobernador en 2015, y del 48,48 por ciento de Héctor "La Coneja" Baldassi en las legislativas de 2017. Es decir que perdieron entre 5 y 20 puntos porcentuales, según qué elección se elija para comparar.
 
 
Control de daños
 
El secretario general de la Presidenta, Fernando de Andreis, y la ministra Bullrich salieron a fijar la posición oficial tras la reunión de Gabinete.
 
La funcionaria le apuntó a Carrió por su performance en la elección, en la que intentó vincular al difundo De la Sota con el narcotráfico: "La lucha contra el narcotráfico no es un tema que utilicemos en la campaña, ni siquiera cuando hay preso un dirigente de carácter político o un funcionario, ni siquiera hablamos del partido político, porque no es un problema de partidos, sino de personas que traicionan su gestión y se dedican al narcotráfico. Esa es la política del Gobierno", le dedicó Bullrich a la líder de la Coalición Cívica.
 
"No podemos decir que el gobierno de Schiaretti forma parte del narcotráfico", la desmintió, un día después de que el gobernador revalidara su mandato con el 54 por ciento de los votos.
 
Sobre la derrota, Bullrich transmitió un mensaje del Presidente a todos los dirigentes de Cambiemos con alguna idea de plantear internas: "Tiene que ser un aprendizaje para Córdoba y para todo el país: divididos no sumamos y no le hace bien al proyecto de Cambiemos".
 
Y hubo tirón de orejas para los radicales: "Lamentablemente no se pudieron poner de acuerdo, lamentablemente fueron divididos, lamentablemente no hubo capacidad de gestar una sola fórmula, algo que es importante para una coalición como la de Cambiemos", sostuvo.
 
De Andreis pidió "recomponer la coalición en la provincia", tras los mandobles que se dedicaron Negri y Mestre. El funcionario pidió acercar posiciones. "Desde Cambiemos hacemos una autocrítica: el haber ido divididos perjudicó el resultado", insistió.
 
Ambos aseguraron que Cambiemos no tuvo candidato, que el resultado no tiene implicancia nacional y otras respuestas que son desmentidas por las acciones del Gobierno. De Andreis también ratificó que la derrota "de ningún modo altera nuestra estrategia nacional". Traducción: no hay Plan V, de Vidal presidenta.
 
 
Radicales en llamas
  
La derrota de Mestre abre un signo de interrogación sobre qué hará el sector del radicalismo que busca irse de Cambiemos en la Convención Nacional del 27 de mayo. Si Mestre hubiera prevalecido sobre Negri, esa corriente hubiera salido fortalecida. Pero su tercer lugar, sumado a la pérdida de Córdoba capital, es un duro golpe para los radicales díscolos.
 
Uno de los dirigentes de esa corriente, Federico Storani, no ahorró palabras para describir lo que ocurrió: "Es una tragedia política para el radicalismo". "El proceso previo a la elección fue desgraciado, lleno de desinteligencias que pudieron haberse evitado. Era difícil ganar la elección unidos y mucho más difícil divididos", afirmó Storani, quien sostuvo que la derrota "es un voto castigo por todo el proceso".
 
"Es un golpe muy duro para el radicalismo, en una provincia con una historia poderosa", insistió Storani, que volvió a llamar a "reformular las reglas de juego dentro de Cambiemos, porque, si no, no tiene sentido la continuidad". "Me parece que hubo mucha soberbia en el PRO. La exigencia es que haya primarias abiertas con garantías para competir", insistió.
 
En el entorno de Macri dudan de cuánto afectará este resultado al Presidente. "Es la derrota más prevista jamás sufrida... por los radicales", indicaba uno de sus adláteres. No todos en Cambiemos concuerdan con ese diagnóstico.
 
Por Werner Pertot
 
Fuente: Página12
 

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04-02-2026 / 11:02
A través de la práctica de demorar la puesta en vigencia del cambio de ponderaciones que resulta de una encuesta de gastos de hogares más actualizada que la de 2004, que todavía se aplica, se verán afectados los ingresos reales de todos aquellos sectores que ajustan sus remuneraciones siguiendo el Índice de precios al consumidor (IPC), como jubilaciones, pensiones y asignaciones de la previsión social como la AUH, y se estará alterando el cálculo de variables fundamentales para la economía, como el producto bruto (que en el futuro va a ser recalculado a la baja) o la pobreza (en sentido inverso, en el futuro se demostrará que es mayor a la que actualmente se informe).
 
Así lo han puesto de manifiesto especialistas en el tema, entre ellos Alejandro Barrios, ex director del Indec, quien explicó que las ponderaciones resultantes de la Encuesta de Gastos de Hogares de 2017/18 "ya está disponible hace años, incluso la Ciudad de Buenos Aires ya la está aplicando; la demora en aplicarla a nivel nacional es que hay un gobierno que iba a implementar un cambio en los precios relativos, con subas importantes en los servicios regulados por el Estado (por quita de subsidios). La decisión fue parar la aplicación de los nuevos índices hasta que se completen esos cambios; y se considere que ya no van a seguir aumentando, mes a mes, el teléfono, la luz, el transporte, las prepagas, etc. Rubros que en el índice actualizado tienen un peso mucho mayor que en el de la canasta de gastos de hace 20 años".
 
En consecuencia, el índice que se seguirá aplicando "hasta que se complete el proceso de desinflación", en palabras de Luis Caputo, da como resultado un aumento de precios al consumidor inferior al que surge del cálculo con el nuevo índice. "Esto va a provocar en el futuro un recálculo de variables de los años anteriores, como pasó otras veces, pero esta vez con el agravante de que las autoridades actuales son conscientes de que demoran el cambio de fórmula para subestimar la inflación", agregó Barrios.
 
Así, por ejemplo, el cálculo del PBI tendrá probablemente una revisión, porque al desindexar los precios a una tasa más alta que la que se usa actualmente, resultará un PBI real (descontada la inflación) menor al que hoy se informa. En consecuencia, se recalculará a la baja el PBI de todos estos años (aumentos inferiores a los que ahora se informan, caídas superiores, e incluso subas leves que se transformarán en bajas).
 
Lo contrario sucederá con los índices de pobreza, ya que cuando en el futuro se recalculen los ingresos deflactados por un índice no subestimado como el actual, van a ser menores en términos reales, mientras que las canastas de precios al ser reajustados van a ser más altas. En consecuencia los índices de pobreza así recalculados resultarán más altos que los que ahora se informen.
 
Este manoseo de los índices en el corto plazo también podrá ser motivo de controversias, de parte por ejemplo de tenedores de bonos con variable CER (ajuste por inflación) o títulos con cláusula de ajuste UVA (también tiene un componente que varía según el IPC). Además, el cálculo del valor de las jubilaciones y pensiones se hace, mensualmente, de acuerdo al aumento del IPC en meses anteriores, por lo cual la sub estimación del índice va en desmedro de los perceptores de esos ingresos. Lo mismo vale para los que reciben la AUH y otras asignaciones que se ajustan periódicamente por la inflación.
 
Otro ingreso que se verá afectado es el salario, en la medida en que las paritarias se negocien en función de un índice de inflación que luego se demuestre que no era el real. "La decisión de que tendremos un índice de fantasía abre las puertas del infierno", advirtió el ex diputado nacional y ex dirigente de ATE Claudio Lozano. "De manera desembozada e impune decretan que ellos decidirán lo que debe dar la estadística pública sobre inflación. Lo ocurrido no hace más que explicitar lo que se venía observando en el funcionamiento del Indec, porque hace rato que debería haberse incorporado la Encuesta de Gastos de los Hogares del 2016/17 y se lo demoró sin ninguna razón estadísticamente válida".
 
La Opinión Popular
 

03-02-2026 / 11:02
Tras la renuncia de Marco Lavagna al frente del Indec, porque Javier Milei se niega a medir bien la inflación, Luis "Toto" Caputo decidió postergar la publicación de la nueva canasta de medición de precios, que daría una inflación mucho mayor. "Con el Presidente siempre pensamos que había que cambiarlo una vez que el proceso de desinflación estuviera consolidado", afirmó. O sea, nunca. El Gobierno libertario oculta así el fracaso económico mientras los trabajadores del organismo alertan por intervención.
 
La decisión de Milei y Caputo de suspender sin límites la actualización del IPC solo una semana antes de su puesta en marcha fue demasiado hasta para Lavagna, que había aceptado retrasarla hasta ahora, además de hacer magia con los índices de la inflación y la pobreza. Presentó la renuncia al Indec y fue reemplazado por su segundo, incondicional de Caputo.
 
No hay eufemismos ni figuras simuladas que tapen lo que realmente pasó, a sólo 8 días de que se conozca un IPC que debería estar actualizado, tal como lo había prometido el Gobierno: Lavagna confió internamente que salió del ente estadístico, precisamente, porque Milei y el ministro de Economía, Caputo, se negaban a implementar la nueva medición de inflación por la que él venía peleando hacía más de dos años. Horas más tarde, Caputo se vio obligado a salir a confirmar los dichos de Lavagna.
 
Los dichos de Caputo son escandalosos y abren dudas peligrosas respecto a los números, porque los técnicos del INDEC ya tenían medidos precios con el nuevo IPC y se había anunciado la aplicación de ese índice para el próximo martes 10, cuando se sepa la inflación de enero. Esa medición daba arriba del 3 por ciento, pero a Lavagna le pedían que esté en torno al 2 por ciento. Además, es polémico porque Caputo no le pone fecha a la nueva medición. Es decir, Milei y Caputo se niegan, sin fecha cierta, a medir la inflación con la Encuesta de Hogares del 2018, para seguir haciéndolo con la del 2004.
 
Una medición que no refleja el costo de vida de las familias. Lo que el Gobierno hace evitando actualizarlos, es que no se vean reflejados en enero los aumentos de tarifas, en un escenario donde además los alimentos vienen subiendo. En pocas palabras, Milei está midiendo la inflación con los mismos parámetros de gastos familiares que había 22 años atrás.
 
Lo que eran sospechas terminaron siendo confirmadas por el propio gobierno. El viernes pasado el Banco Central difundió el Informe de Política Monetaria donde se admite abiertamente que si se hubiese utilizado el nuevo IPC la inflación hubiese sido más alta en los últimos dos años por la suba de los servicios públicos, que recién a partir de ahora tendrán más peso en la canasta del Indec. El propio Banco Central confirmó la manipulación del índice de inflación.
 
Mientras la población siente que los salarios se pulverizan y el pluriempleo crece, los datos oficiales truchos muestran un aumento inflacionario "moderado", utilizado por el Gobierno anarco capitalista también para planchar paritarias y jubilaciones. Esta brecha entre la realidad social y las estadísticas alimenta la desconfianza generalizada, incluso entre especialistas.
 
La Opinión Popular
 

02-02-2026 / 11:02
El secuestro de Nicolás Maduro se transmitió en tiempo real por televisión y redes sociales, en una estudiada coreografía que hacía parecer toda la escena como parte de la última mega producción de Hollywood. A eso se sumó luego una campaña virtual de Donald Trump en la que se presentaba al mandatario como una especie de dueño del continente entero, incluyendo -sobre todo- a Groenlandia. El spin-off local de Trump no se queda atrás. Javier Milei, otra figura nacida en un set de TV, mezcla su presidencia con recitales masivos, romances fogosos y una cultura memética permanente en redes sociales. En todo el planeta es el momento de la política comic show, un juego que, a la vez, es mucho más que eso.
 
Milei construyó su llegada al poder desde los paneles de televisión. Allí mezcló gritos violentos, peleas salvajes y un aporte original: la capacidad de discutir autores económicos en prime time desde una matriz libertaria extrema. Su figura se nutrió además de otros condimentos: obras de teatro durante los veranos, noviazgos mediáticos -en 2018 salió con Daniela Mori, exintegrante de la banda de cumbia Las Primas-, revelaciones perturbadoras sobre su sexualidad tántrica, covers de temas de rock y clásicos, apariciones disfrazado como superhéroe y, por supuesto, su marca registrada: su extraña cabellera.
 
Mientras por un lado agita la violencia con invitaciones permanentes a "odiar más" y compara a sus rivales con monos o cucarachas, por el otro ofrece circo: el recital en el Movistar Arena, su show en el festival de Jesús María, una aparición en un canal de streaming oficialista junto a su perro clonado, un beso fogoso con su entonces pareja en un teatro costero, cuadros en la Quinta de Olivos donde se compara con Wolverine y con un león, una bizarra cuenta en inglés presentada mediante un cómic donde aparece volando sobre Buenos Aires como superhéroe.
 
A esta lista se suma su escasa preocupación por la higiene y el recambio de vestuario -con el mameluco de YPF como emblema, incluso en Davos- y su llanto desconsolado en el Muro de los Lamentos, una postal inédita para un presidente argentino. Con matices, todos estos episodios -los extravagantes y los violentos- comparten algo en común: arrastran la atención popular, dominan redes sociales y colonizan la agenda mediática y política, mientras corren los límites de lo decible en la sociedad argentina. "La primera estrategia de esta derecha es polarizar a la sociedad", explica el historiador Steven Forti en Extrema derecha 2.0. "No se trata de excentricidades, sino de una estrategia bien pensada."
 
Ese manual fue adoptado por la administración libertaria desde su llegada al poder. Cuando no fue el cierre del INADI o de Télam, fue un ataque a la comunidad homosexual, al periodismo o a alguna artista musical. Y cuando no había escándalo político, lo había estético: cuatro camperas en pleno verano, intentos de ocultar la papada o defensas públicas de películas de Guillermo Francella. De una u otra forma, siempre provocaba bronca, perplejidad o fascinación, emociones ideales que premian lo ruidoso.
 
Lo explica Giuliano da Empoli en Los ingenieros del caos, libro de cabecera del asesor presidencial Santiago Caputo: "El megáfono de Trump era la indignación de los medios." Con Trump y Milei ocurre lo mismo: se los puede amar o detestar, pero no ignorar.  Richard Nixon lo llamaba "la teoría del loco". Fingir irracionalidad para volverse imprevisible y, por eso mismo, temible. Trump lo dijo sin rodeos: "Xi Jinping sabe que estoy totalmente loco."
 
La pregunta es inevitable: ¿estamos ante líderes desbordados o ante personajes cuidadosamente construidos? "La banalidad de la locura", la llama el politólogo Brian Klaas: una saturación de exabruptos que termina anestesiando a la sociedad.
 
La Opinión Popular
 

01-02-2026 / 10:02
Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier "Pinocho" Milei construyó un relato épico de gestión que, al ser contrastado con datos verificables, empieza a mostrar fisuras cada vez más profundas. Promesas infladas, cifras manipuladas, logros magnificados y afirmaciones directamente falsas forman parte de un patrón comunicacional que ya no puede explicarse como simples errores.
 
Se trata, cada vez más claramente, de una estrategia política basada en la distorsión sistemática de la realidad. Organizaciones especializadas en verificación de datos, como Chequeado, desmintieron en reiteradas oportunidades afirmaciones centrales del discurso presidencial. Uno de los ejemplos más notorios fue la declaración en la que Milei aseguró haber sacado a diez millones de argentinos de la pobreza.
 
El número, ampliamente difundido por el oficialismo, resultó ser metodológicamente incorrecto, engañoso y sin respaldo estadístico sólido. Si bien algunos indicadores mostraron leves mejoras, la magnitud del cambio real está muy lejos del relato triunfalista que el prescindente intenta instalar. Algo similar ocurrió con su afirmación de haber eliminado los piquetes en todo el país. Lejos de desaparecer, los cortes de calles continuaron registrándose, aunque con menor visibilidad y mayor intervención de las fuerzas de seguridad.
 
La reducción de protestas no equivale a su erradicación, pero Milei optó por presentar una victoria absoluta que los datos desmienten. La manipulación también alcanza el terreno histórico. En reiteradas ocasiones, el mandatario afirmó que la Argentina fue uno de los 3 países más ricos del mundo, una afirmación que no resiste el menor análisis serio de los registros económicos internacionales.
 
Esta construcción mítica, repetida hasta el cansancio, busca reforzar la narrativa del "paraíso perdido" arruinado por la política tradicional, aun cuando carece de sustento empírico. El uso irresponsable de información falsa no se limita a discursos oficiales. En redes sociales, Milei llegó a difundir encuestas inexistentes, atribuidas falsamente a la Fundación FOPEA, con el objetivo de desacreditar al periodismo.
 
La propia organización salió a desmentir públicamente la información, dejando al descubierto una práctica preocupante: la utilización deliberada de datos falsos para atacar a la prensa crítica. Este comportamiento no es aislado. Forma parte de una lógica de comunicación basada en la confrontación permanente, la exageración de logros, la victimización y la construcción de enemigos internos.
 
La distorsión de cifras y hechos se convierte así en una herramienta política para sostener un relato épico que muchas veces choca contra la realidad cotidiana de millones de argentinos. Mientras la inflación continúa afectando el poder adquisitivo, la recesión golpea al consumo y el ajuste impacta con fuerza en jubilados, trabajadores y sectores medios, el discurso presidencial insiste en mostrar una Argentina idealizada que pocos logran reconocer en su vida diaria.
 
En este contexto, la manipulación informativa no solo erosiona la credibilidad del Gobierno, sino que también debilita el debate democrático y el derecho ciudadano a estar informado con veracidad. Gobernar a base de datos falsos puede rendir frutos comunicacionales de corto plazo, pero tiene costos profundos. Cuando la mentira se convierte en política de Estado, la confianza pública se deteriora, la institucionalidad se debilita y el vínculo entre gobernantes y sociedad se vuelve cada vez más frágil. En definitiva, más que errores ocasionales, las distorsiones discursivas de Milei parecen responder a una estrategia clara: imponer un relato antes que explicar la realidad. Una apuesta peligrosa que, tarde o temprano, termina chocando contra los hechos.
 
La Opinión Popular
 

31-01-2026 / 09:01
Décadas de globalización con la lógica del mercado se desplomaron sobre los argentinos con Javier Milei gritando el Rock del Gato mientras cinco provincias se incendiaban fuera de control y la mayoría de los gobernadores se sometían a ser extorsionados para aprobar la reforma laboral.
 
Décadas de erosión de la democracia y el medio ambiente cayeron sobre los argentinos con el florecimiento del libertarismo autoritario, que es como decir silencio atronador o fuego helado. Las dos cosas no van juntas. El resultado es libertad para pocos y autoritarismo para los demás.
 
Rocca, Magnetto y Galperín fueron algunos de los creadores del Golem esquizofrénico. Lo construyeron para que los proteja, financiaron sus campañas, le dieron letra con leyes para proteger sus intereses y publicaron loas en los medios que controlan. Pero en este momento parte de sus intereses entraron en colisión con el rumbo aperturista total del gobierno y sus alianzas.
 
Las elecciones de medio término en una sociedad que perdió el sentido, fragmentada, extenuada por la inflación y la pandemia, le dieron un impulso que se multiplicó con el respaldo de la Casa Blanca.
 
Ese paralelismo crispado de un imperio en decadencia encontró un aliado incondicional en la subordinación total de Milei. No hay término medio en las Casas Blanca y Rosada. Una decisión absoluta de dominio se complementó con una decisión absoluta de sumisión.
 
Con la apertura que impulsaron los grandes empresarios, y que implementó este Gobierno, entró una avalancha de productos chinos. El capital concentrado creyó que tenía espalda para sobrevivir al exterminio de sus competidores de la pequeña y mediana industria y comercio y que podría deglutir esos espacios que quedaban libres.
 
Pero el ímpetu del comercio chino, ultra tecnológico, con cadenas de suministro ultra coordinadas y eficientes, se llevó puestos hasta los tubos de Techint y metió en problemas a la gran aplicación comercial de Marcos Galperín, el hombre más rico del país.
 
Galperín reside en Uruguay para no pagar impuestos en Argentina, donde creció su empresa, Mercado Libre. Impulsó con entusiasmo el discurso libertario contra los subsidios estatales y contra la regulación de los mercados.
 
Desde la pandemia, el campeón antisubsidios recibió subsidios por 370 millones de dólares. Y ahora, el también campeón de la apertura de las importaciones, le exigió al gobierno que regule a Temu, la aplicación de comercio china que le arrebató una porción de la torta.
 
Paolo Rocca, que colocó a su ex empleado Horacio Marín como CEO de YPF, recurrió a la Justicia por la licitación de tubos para un gasoducto que perdió ante una firma india que fabrica tubos con acero chino. Galperín hizo lo mismo con Temu. Y Magnetto afronta problemas parecidos con la compra de Telefónica por el Grupo Clarín.
 
Son contradicciones fuertes en el capital hegemónico, que el gobierno sobrelleva con enormes ofrendas, como la reforma laboral. El triunfalismo que invadió a la Casa Rosada por el resultado electoral se enfocó en su primera cosecha. La ley de trabajo propuesta incluyó un artículo sobre el impuesto a las ganancias que saca coparticipación a las provincias.
 
El Gobierno mandó a Diego Santilli a discutir con los gobernadores, pero le advirtió que no hará ninguna concesión. Y Santilli les prometió que los premios llegarían después de la aprobación en el Congreso. 
 

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