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Sociedad e Interés General - 22-04-2019 / 08:04
EFEMÉRIDES POPULARES

Hernán Benítez, una existencia auténtica

Hernán Benítez, una existencia auténtica
El 22 de abril de 1996, en Vicente López, muere Hernán Benítez. Fue un sacerdote católico argentino, que ejerció gran influencia en el peronismo inicial —en particular en Eva Perón, de quien fue asesor y confesor— y en la Juventud Peronista de comienzos de los años setenta.
El 22 de abril de 1996, en Vicente López, muere Hernán Benítez. Fue un sacerdote católico argentino, que ejerció gran influencia en el peronismo inicial -en particular en Eva Perón, de quien fue asesor y confesor- y en la Juventud Peronista de comienzos de los años setenta.
 
Acompañó a Eva Perón en su gira europea de 1947, en la que tuvo varias participaciones protocolares y políticas de importancia; también informaba al ya presidente Juan Perón de todo lo ocurrido en la gira. También fue Benítez quien gestionó ante el futuro Pablo VI un encuentro con el papa Pío XII.
 
Fue designado Consejero Espiritual de la Fundación Eva Perón. En este cargo pudo observar de cerca la actuación de Evita, su «indisimulada enemistad con las castas privilegiadas» y su entrega personal a favor de los más pobres.
 
Su trayectoria posterior al golpe de Estado de 1955 estuvo centrada en la publicación de libros y artículos. Durante la dictadura fue expulsado de su cátedra en el seminario y perseguido, su casa allanada en tres oportunidades y en el mes de febrero de 1956 intentaron asesinarlo, aunque salvó su vida huyendo por los techos.
 
Publicó el periódico Rebeldía, con el que tuvo una importante participación en la resistencia peronista de esos años. Apoyó públicamente la Revolución Cubana y mostró su admiración por la acción del sacerdote colombiano Camilo Torres, muerto como miembro de una organización guerrillera.
 
En 1970 dio, junto con el padre Carlos Mujica, el responso ante los cuerpos de Gustavo Ramus y Fernando Abal Medina, miembros de la organización Montoneros, que poco antes había ejecutado al ex dictador Pedro Eugenio Aramburu. Ambos fueron arrestados, acusados de apología del crimen e incitación a la violencia.
 
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Nacido en Villa Tulumba, pequeño pueblo del norte de la provincia de Córdoba, vivió su infancia en la capital provincial. Desde niño quiso ser jesuita, y se escapó de su casa a los 12 años de edad, siendo admitido en la Compañía de Jesús; pese a que su madre intentó obligarlo a abandonar la Compañía por vía judicial, Benítez logró que el juez le permitiera permanecer en el noviciado.
 
Su negativa a ser enviado a continuar sus estudios en Europa le valió ser enviado al Colegio Máximo de la ciudad de Santa Fe. Desde 1939 fue profesor en el seminario de Villa Devoto (un barrio de la ciudad de Buenos Aires), el más grande del país, e instaló por un tiempo su residencia en el Colegio del Salvador de Buenos Aires.
 
También escribió numerosos artículos para la revista Criterio, invitado por su director, Gustavo Franceschi, que dictaba clases en el seminario. El Viernes Santo de 1942 pronunció un sermón de tres horas que fue transmitido por Radio Municipal; desde entonces fue considerado un gran orador.
 
De acuerdo al historiador Robert Potash, se vinculó con el GOU y fue el redactor de varios documentos de esa agrupación militar, que tuvo participación central en la Revolución del 43 y en el gobierno subsiguiente.
 
Continuó escribiendo artículos y predicando el catolicismo por medio de la radio; en 1944 protagonizó un curioso incidente, cuando se comprometió a encontrarse con una actriz para él desconocida a pedido de ella y faltó a su promesa.
 
Al año siguiente, cuando el coronel Juan Perón era el miembro más activo y conocido del Gobierno militar, conoció a su mujer, Eva Perón, quien le recordó que era a ella a quien había plantado. No obstante, poco después Evita comenzó a concurrir a confesarse con el padre Benítez, que se convirtió en uno de sus principales asesores.
 
Acompañó a Eva Perón en su gira europea de 1947, en la que tuvo varias participaciones protocolares y políticas de importancia; también informaba confidencialmente al ya presidente Perón de todo lo ocurrido en la gira. También fue Benítez quien gestionó ante el futuro Pablo VI un encuentro con el papa Pío XII.
 
La gira terminó abruptamente para Benítez cuando el general de la Compañía de Jesús, Jean-Baptiste Janssens lo obligó a viajar a un monastesrio en Salamanca (España) y recluirse allí. En febrero de 1948, dado que la Compañía no le asignaba destino alguno, pidió y obtuvo del propio Janssens la secularización, es decir su alejamiento de la Compañía para continuar como simple sacerdote.
 
De regreso en la Argentina, fue designado director del Instituto de Publicaciones de la Universidad de Buenos Aires, y poco después Consejero Espiritual de la Fundación Eva Perón.
 
Ese último cargo le permitió observar de cerca la actuación de Evita, su «indisimulada enemistad con las castas privilegiadas» y su entrega personal a favor de los más pobres.
 
Fue testigo y consejero a lo largo de la enfermedad terminal que padeció Evita, y estuvo junto a ella hasta pocas horas antes de su muerte, ocurrida en julio de 1952.​ Perón intentó repetidamente que Benítez fuera nombrado obispo, pero la Curia romana temió por su autonomía si nombraba obispos tan identificados con el partido gobernante.
 
Su trayectoria posterior al golpe de Estado de 1955 estuvo centrada en la publicación de libros y artículos. Durante la dictadura fue expulsado de su cátedra en el seminario y perseguido, su casa allanada en tres oportunidades y -según su propio relato al general Perón- en el mes de febrero de 1956 intentaron asesinarlo, aunque salvó su vida huyendo por los techos. Publicó el periódico Rebeldía, con el que tuvo una importante participación en la resistencia peronista de esos años.
 
Durante años fue cura de una pequeña iglesia del partido de Vicente López. Apoyó públicamente la Revolución Cubana y mostró su admiración por la acción del sacerdote colombiano Camilo Torres, muerto como miembro de una organización guerrillera.
 
Mutando su punto de vista sobre la violencia política, llegó a defenderla en carta al obispo Helder Cámara, máxima figura de la teología de la liberación. En 1970 dio, junto con el padre Carlos Mujica, el responso ante los cuerpos de Gustavo Ramus y Fernando Abal Medina, miembros de la organización Montoneros, que poco antes había asesinado al ex dictador Pedro Eugenio Aramburu. Ambos fueron arrestados, acusados de apología del crimen e incitación a la violencia, pero a la semana fueron liberados.
 
Durante los años siguientes siguió siendo un referente de la Juventud Peronista, pero se mantuvo alejado de la exposición pública. Tuvo un breve paso por la Universidad de Buenos Aires durante la gestión de Rodolfo Puiggrós como rector, en el cargo de director del Instituto del Tercer Mundo.
 
Consagrado a escribir libros -la gran mayoría de los cuales no fueron nunca publicados- y alejado ya de su parroquia, se instaló en una casa de la calle Blas Parera de la localidad bonaerense de Florida. Vivió de una jubilación como profesor y de una subvención que se le había acordado por haber ganado un Premio Nacional de Filosofía.
 
Ya desde la década de 1980, estaba aquejado de una polineuritis muscular, que le inutilizó un brazo y una pierna y lo condenó a una silla de ruedas. Falleció en Florida el 22 de abril de 1996.
 
Fuente: Wikipedia

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18-08-2019 / 11:08
16-08-2019 / 18:08
Oscar Alfredo Gálvez nació en Caballito el 17 de agosto de 1913. Fue Campeón en Turismo de Carretera y en Pista (en 1947 y 1948); y en TC en 1953, 1954 y 1961. Adhirió fervorosamente al peronismo.
 
Escribió parte de la historia del automovilismo argentino, junto con su hermano Juan, y el menor Roberto, aunque éste último sólo asomó a este deporte. Hijos de una familia porteña, en que el padre era mecánico, desde chicos sintieron su pasión por los fierros, lo que hizo que Oscar se sintiera "mecánico", y dejara la escuela primaria, después de intentar tres veces cursar el 4º grado.
 
Los hermanos Gálvez fabricaban sus propios autos, rígidos, duros, cuadrados, pesados, prepararon el auto para que Oscar corriera en 1937 las Mil Millas Argentinas, y Juan logró acompañarlo, modificando su documento, pues era todavía menor de edad, y el anecdotario señala que perdieron el segundo puesto por perder tiempo en cambiar la correa que ataba el capot (que se cortaba por ser un cinturón común de pantalones).
 
En 1939 participaron en el Gran Premio Getulio Vargas, en que los Gálvez rompieron el diferencial, lo ataron con alambre y continuaron, pero sobre el final volcaron, se reacomodaron y llegaron segundos, atrás de Juan Manuel Fangio.
 
En 1940 tuvieron un tremendo vuelco al caer a un precipicio, y decidieron comenzar a usar casco. Oscar -lo que son las épocas- consiguió uno de paracaidista y Juan otro de los que usan en los tanques de guerra.  Esos eran los tiempos con anécdotas pintorescas de los pioneros de esta actividad.
 
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16-08-2019 / 18:08
16-08-2019 / 18:08
16-08-2019 / 18:08
El 17 de agosto de 1850, en Boulogne-sur-Mer (Francia), moría José Francisco de San Martín, un revolucionario americano, que fue un convencido impulsor de la liberación de la Patria Grande. Sus campañas militares fueron un aporte importante a la insurrección contra la colonización hispánica y decisivas para conseguir la Independencia Americana.

En 1816, año en que se concretó nuestra Independencia Nacional, San Martín era el patriota más esclarecido, desde el punto de vista político tanto como del militar, en el Río de la Plata, y conducía los sucesos en función de su estrategia para vencer al colonialismo español en toda América. 
 
En su proyecto para declarar la Independencia, San Martín se impuso militarmente a los españoles y políticamente a aquellos sectores vinculados a la elite de Buenos Aires que ya estaban negociando, tanto con España como con Inglaterra, una nueva dependencia para la Argentina. Esto no se lo perdonaron nunca los unitarios porteños y el Libertador se tiene que ir de nuestra Patria en 1824, perseguido por Rivadavia, y amenazado de muerte.

Desde su Cuartel General de Mendoza, el 4 de septiembre de 1816, nos dejaba una enseñanza siempre vigente: "La Patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los criminales. La Patria no es abrigadora de crímenes". 

Hoy como ayer, la alternativa histórica es entre independencia económica o subdesarrollo y miseria, lo que implica optar entre un país dependiente o luchar por una nación justa, libre y soberana. Por eso, nuestra historia es la conjunción de triunfos y derrotas, de avances y de retrocesos en el camino hacia la liberación nacional. Y por eso, nuestra tradición política es hija de la lucha por la emancipación nacional, que se origina en las más antiguas raíces de la Patria.
 
José de San Martín, el ejemplo más claro a seguir, nos señaló: "Seamos Libres, lo demás no importa nada. Juremos no dejar las armas de la mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas, como hombres de coraje". Patria sí, colonia no.
Eva Perón: ejemplo de militancia contra la injusticia, la explotación y la dependencia
Escribe: Blas García

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