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Nacionales - 24-03-2019 / 10:03

La histeria que despierta Lavagna en el macrismo

La histeria que despierta Lavagna en el macrismo
Cuando en enero se difundió su foto con Miguel Lifschitz, un tuitero macrista se burló, con cierto talento: "Buena pareja para jugar a las bochas". Una semana más tarde, cuando apareció en sandalias y medias, la reacción fue hilarante y masiva. Pocas semanas después, el principal logro de Roberto Lavagna fue que dejaran de tomarlo en chiste.
Cuando en enero se difundió su foto con Miguel Lifschitz, un tuitero macrista se burló, con cierto talento: "Buena pareja para jugar a las bochas". Una semana más tarde, cuando apareció en sandalias y medias, la reacción fue hilarante y masiva. Pocas semanas después, el principal logro de Roberto Lavagna fue que dejaran de tomarlo en chiste.
 
"Estoy caliente. Muy caliente -casi gritó el presidente Macri esta semana- Otra vez volver a escuchar los que proponen ese atajo, esa solución mágica, que nos desliga, nos relega, de seguir este camino de trepar la montaña con orgullo, con esfuerzo, pero convencidos. Es in-so-por-ta-ble".
 
Unos días antes, en un reportaje con Luis Majul, Macri había acusado erróneamente a Lavagna de haber impuesto retenciones, había criticado su negociación de la deuda externa privada del 2005 -un hecho ciertamente virtuoso- y le había adjudicado, también erróneamente, haber participado de los gobiernos que hundieron el país en los "últimos cuarenta años".
 
Pero no fue solo Macri. El jefe de Gabinete Marcos Peña sostuvo que Lavagna era igual que Cristina Kirchner, y que ambos eran "retrógrados, conservadores y reaccionarios".
 
El ministro de Economía, Nicolás Dujovne, sostuvo que se puede crecer al 9 por ciento "haciendo todo mal" y le recriminó a Lavagna que pisara las tarifas y defaulteara la deuda externa. Dujovne no explicó si se puede producir inflación, endeudamiento y recesión, todo al mismo tiempo, "haciendo todo bien".
 
La crítica de Elisa Carrió fue más personal. Aburrido, soberbio, viejo y usa sandalias con medias: cuestión de gustos.
 
El ex viceministro de Dujovne, que volvió a Estados Unidos luego de un breve período de heroico patriotismo, se llama Sebastián Galiani: "Viene con Duhalde y Barrionuevo", acusó, sin recordar que Duhalde y Barrionuevo hasta hace dos días eran aliados de su Presidente.
 
¿Por qué se ponen tan nerviosos en el Gobierno de Cambiemos? Por débil que sea la candidatura de Lavagna, ofrece un refugio a votantes de Macri que están desencantados con él y resisten la candidatura de Cristina.
 
Esos votantes estaban a la intemperie: ahora tienen dónde ir. Potencialmente, Lavagna ofrece la posibilidad de un voto opositor sin que eso signifique avalar la corrupción que mancha a Cristina y su entorno.
 
Pero puede haber una razón más trascendente para el enojo macrista de estos días. Lavagna le plantea a Macri la discusión sobre sus desaciertos económicos sin ofrecerle los flancos que, alegremente, a cada paso, regalan las huestes de Cristina.

 
Casi no pasó un día sin que alguna figura del oficialismo se refiriera a Lavagna con cierta saña. El coro de tuiteros destacados de Corea del Sur respondió al sonido de las trompetas, con insultos, frases hechas, manipulación de archivos, tal como en otros tiempos lo hacían los de Corea del Norte.
 
Lo más curioso de esa seguidilla es que, al menos hasta ahora, Roberto Lavagna no representa una amenaza real para Macri. Es cierto que su figura logró instalarse en el debate político en tiempo record.
 
Tiene cierta ironía que lo apoyen dos referentes de fenómenos culturales que, a primera vista, parecen antagónicos como Beatriz Sarlo y Marcelo Tinelli. Pero, además, Miguel Lifschitz, Luis Barrionuevo, Alejandro Katz, Guillermo Moreno, Margarita Stolbizer, los gobernadores peronistas moderados de Córdoba y San Juan, gran parte de la conducción de los sindicatos, Ricardo Alfonsín, tal vez Martín Lousteau: todo eso junto, más la reacción en cadena del macrismo son logros importantes para dos meses de campaña.
 
Sin embargo, eso no alcanza. Los estudios más serios y tradicionales de opinión pública respaldan la estrategia que, hasta ahora, seguía la Casa Rosada. Un tercio de la sociedad parece acompañar a Macri y a sus ideas, no importa lo que este haga, no importa lo que pase en el país.
 
Ese tercio no ha cedido ni siquiera en los peores momentos y no hay razón para que eso cambie de aquí a octubre. Otro tercio se comporta de la misma manera hacia Cristina Fernández de Kirchner. No hay espacio para que se rompa esa dicotomía.
 
Al final del camino hay dos y solo dos candidatos. Por malos o buenos, cuerdos o desequilibrados, honestos o corruptos que sean, esa dinámica está cristalizada y la aparición de Lavagna en estos dos meses no parece haberla quebrado. Le acercó, es cierto, algunos votos más al espacio peronista no K. Pero ni siquiera así es una amenaza.
 
Entonces, ¿por qué se ponen tan nerviosos en el Gobierno? Solo se puede, en este sentido, especular acerca de dos razones. La primera es menor y obedece a una estrategia electoral. Por débil que sea la candidatura de Lavagna, ofrece un refugio a votantes de Macri que están desencantados con él y resisten la candidatura de Cristina Kirchner.
 
Esos votantes estaban a la intemperie: ahora tienen dónde ir. Potencialmente, Lavagna ofrece la posibilidad de un voto opositor sin que eso signifique avalar la monstruosa corrupción que mancha a Cristina Kirchner y su entorno.
 
En ese sentido, debilitar a Lavagna es importante para que, en la primera vuelta, ya quede claro que hay solo dos opciones y no tres, y entonces esos votantes vuelvan al redil. No es lo mismo, en función del ballotage, empatar en primera vuelta que quedar muy rezagado.
 
Pero puede haber una razón más trascendente para el enojo de estos días, que quizá sea el aporte más interesante de la candidatura de Lavagna.
 
Desde la asunción de Macri, la oposición más estridente fue el kirchnerismo. Frente a cada crítica por la situación económica, el Gobierno tenía un recurso sencillo: recordar "los bolsos de Lopez" o la increíble adhesión K al régimen vergonzoso de Nicolás Maduro.
 
Ese es el gran favor que el kirchnerismo le hizo a Macri desde que empezó su carrera hacia la presidencia: facilitarle un contrincante muy vulnerable. Lavagna, en cambio, le plantea a Macri la discusión sobre sus desaciertos económicos sin ofrecerle los flancos que, alegremente, a cada paso, regalan las huestes de Cristina.
 
Es una obviedad que la Argentina atraviesa serios problemas económicos en los últimos meses. Solo Dujovne y unos pocos pueden creer que están "haciendo todo bien".
 
Las tasas de interés vuelan y, sin embargo, el Banco Central controla el dólar a duras penas. Se aplica un plan monetario muy restrictivo y sin embargo la inflación no se desacelera.
 
El Gobierno tolera sin intervenir que la empresa dominante del mercado lácteo retire de las góndolas la leche destinada al consumo popular o que la harina suba 20 por ciento en un mes.
 
Los precios cuidados -es decir, los que el Gobierno debe cuidar- subieron 200 por ciento en el año. No está claro que la economía argentina tenga arreglo con un plan alternativo. Pero los resultados de las ideas aplicadas por la Casa Rosada son muy angustiantes, por decir lo menos.
 
Lavagna, en todo caso, es la punta de lanza de muchas personas que dudan, con serios fundamentos, de la capacidad técnica del equipo económico oficial.
 
Mario Blejer, el ex presidente del Banco Central que fue funcionario del FMI, dijo esta semana a Perfil: "Hay que revisar eso de que la inflación sea monetaria". Blejer está sorprendido porque en los Estados Unidos de Donald Trump se aplica una política monetaria laxa y la economía crece sin inflación.
 
El ex ministro de economía de Mauricio Macri, Alfonso Prat Gay, contó que propuso un acuerdo social y económico al comienzo de este gobierno y no le aprobaron la idea. "Hay veces que emitir no genera inflación", abundó en sus críticas.
 
Daniel Funes de Rioja, en nombre de los empresarios de la alimentación, sugirió que para frenar la inflación es necesario un acuerdo de precios. Eduardo Levy Yeyati reclamó una política de ingresos que es, en otras palabras, lo mismo que propone Lavagna. Y siguen las firmas.
 
Lo que está sucediendo es exactamente lo mismo que ocurrió en noviembre del 2015, cuando Macri anunció que liberaría el cepo cambiario de una y que eso no produciría efectos inflacionarios: gran parte del sufrimiento actual se explica en la frivolidad de aquellos primeros días.
 
Medio país le advirtió que así no funcionaban las cosas. Pero el insistió en su curiosa idea con los resultados que se vieron. Ahora le advierten: la política monetaria no alcanza para frenar la inflación, es necesario un acuerdo de precios y salarios, el Gobierno no puede estar ausentes cuando grandes empresas abusan de su posición dominante, el ajuste fiscal no reduce el déficit porque produce menor recaudación.
 
Pero Macri insiste en que hay un único camino, una única opción, una única verdad: la suya. "Trepar la montaña con convicción".
 
La democracia liberal, por suerte, ofrece siempre espacios para que las personas elijan entre varias opciones. Si en octubre los dos tercios inamovibles votan con la idea de derrotar al otro tercio, Lavagna no tendrá ninguna chance.
 
Si, en cambio, un cuarenta por ciento se convence de que lo importante es romper con la opción excluyente de Mauricio Macri o Cristina Kirchner, tal vez pueda ganar. No parece ser lo que va a suceder.
 
Es cierto que el Indice de Confianza en el Gobierno revela que Macri está en su peor momento y que ni siquiera Cristina, cuando era Presidenta, estuvo tan mal como él. Son números, realmente, catastróficos.
 
Es cierto que Cristina Kirchner revela a cada paso sus serios problemas de personalidad: cuando graba ese video absurdo sobre su viaje a Cuba, cuando revolea a los cuatro vientos un papel que hace pública la amenorrea de su hija o cuando compara su supuesto martirio con el de los detenidos de la ESMA.
 
Pero no alcanza con esos desvaríos.
 
Todo se encamina hacia una segunda vuelta entre los dos presidentes que dejaron a la Argentina en la actual situación.
 
Por Ernesto Tenembaum
 
Fuente: Infobae
 

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15-06-2019 / 09:06
Este domingo 16 se jugará una nueva ronda de elecciones en el país. Formosa, San Luis, Tierra del Fuego y Santa Fe eligen gobernador y diputados y senadores provinciales. En ninguna de ellas Cambiemos tiene chances de figurar.
 
En Formosa, Gildo Insfrán buscará otra reelección como parte del Frente para la Victoria. Ocupa el cargo desde el año 1995 y va por su séptimo mandato. El control del gobernador K sobre la provincia ha sido total y desde hace más de 20 años es reelecto por más del 70% de los votos. Allí se enfrentara a Adrián Bogado del peronismo federal que va en una alianza del PRO, la UCR y sectores justicialistas.
 
En el octavo domingo electoral del año, la disputa en San Luis tendrá carácter histórico. El clan Rodríguez Saá que gobiernan alternando desde el fin de la dictadura se encuentra peleado e irán a las urnas por separados Adolfo y Alberto, este último en busca de la reelección.
 
El senador Adolfo Rodríguez Saá competirá con el Frente Juntos por la Gente y el senador Claudio Poggi, cercano a Cambiemos, lo hará con el frente San Luis Unido.
 
En Tierra del Fuego, la provincia con menor cantidad de habitantes del país, Rosana Bertone, afín al kirchnerismo, buscará la reelección. Le disputan la elección Gustavo Melella, el intendente de Río Grande que se presenta por Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (Forja) y Juan Rodríguez, por Cambiemos con el frente Ser Fueguino.
 
En Santa Fe estarán puestos todos los ojos ya que es la tercera provincia en padrón electoral de todo el país y la disputa aparece reñida entre Antonio Bonfatti del Partido Socialista y Omar Perotti del PJ.
 
El Frente Progresista Cívico y Social gobierna la provincia desde el año 2007 y aspira a otro mandato. Sin embargo el peronismo logró en las PASO provinciales más votos totales, por lo cual el resultado dependerá de qué hagan los votantes de María Eugenia Bielsa quién quedó afuera de la competición del PJ.
 
En tercer lugar y lejos quedó Cambiemos, con el radical José Corral, por la alianza Vamos Juntos. Otro domingo negro para Mauricio Macri, p
orque el peronismo espera festejar en Tierra del Fuego, San Luis y Formosa. Además, tienen serias expectativas por recuperar Santa Fe.


El laboratorio electoral del PRO observa que está perdiendo en todas la provincias donde hubo elecciones, descuenta que perderá en las PASO y en la primera vuelta, pero que finalmente ganará en el balotaje. Nadie sabe a qué Santo le piden este milagro.


La Opinión Popular

15-06-2019 / 09:06
El nuevo candidato del macrismo, el senador todo terreno Miguel Ángel Pichetto ha estrenado en campaña un discurso que fue utilizado en los 70 para masacrar a la juventud. Las bandas de la Triple A, la Alianza Anticomunista Argentina, se basaron en ese discurso para comenzar una masacre que se continuaría en un baño de sangre durante la dictadura.
 
La Triple A, Alianza Anticomunista Argentina, consideraba que la sola acusación de comunista contra un militante peronista, bastaba para que fuera secuestrado y acribillado a tiros. A veces los cuerpos eran destrozados con explosivos en barrios populares, como sucedió en Lomas de Zamora con varios vecinos.
 
Pichetto, que se acaba de alejar del peronismo, se da el lujo desde el macrismo de denunciar que fue todo el peronismo, y no él, quien ha descarriado. Y su primer aporte para la campaña de la gobernadora María Eugenia Vidal ha sido acusar, como antes lo hacía la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), de comunista al candidato del peronismo, Axel Kicillof.
 
Por la experiencia histórica de los argentinos, las acusaciones de Pichetto lo asimilan junto a la banda de criminales que se anticipó a la dictadura de Jorge Rafael Videla. Muchos de los integrantes de la Triple A, después pasaron a formar parte de los grupos de tareas que desataron el terrorismo de Estado en la Argentina en consonancia con los dictados de Washington en aquella época.
 
Acusar de comunista a un adversario político es una figura que recuerda también a los viejos macartistas de los Estados Unidos, a los fascistas italianos y españoles y a los nazis. Está incrustado en la historia reciente de la humanidad como uno de los rincones más oscuros y siniestros de la política.
 
Si fue un mal paso o algo pensado porque se supone que eso tendría efecto en algún sector del peronismo, es secundario. Pichetto irrumpe en la campaña bonaerense con el uniforme de los intolerantes y los extremistas, el discurso de barricada de las bandas violentas, algo que los argentinos han tratado de superar.
 
Son declaraciones que lo aproximan al estereotipo del peronista fascista con que algunos radicales y algunos socialistas caricaturizan al peronismo. El exabrupto contra Axel Kicillof reafirma esa imagen que deberán votar esos mismos radicales y socialistas.
 
El anticomunismo es un discurso del pasado, ha sido excusa para ensangrentar el país. Esas palabras traen el fantasma terrible de la Triple A.
 
La Opinión Popular

14-06-2019 / 09:06
La inflación de mayo volvió a quedar arriba del 3%, lo mismo que los últimos cuatro meses. Esta vez el alza de precios fue del 3,1% frente a abril, según informó ayer el Indec. En la comparación anual, la suba de precios al consumidor escaló a un record del 57,3%, el nivel más alto desde 1991.
 
Hace 16 meses que la inflación está por arriba del 2% mensual, de los cuales en 10 oportunidades quedó arriba de 3%. En alimentos y bebidas, cuyo impacto es más severo en los sectores más vulnerables, la escalada inflacionaria llegó al 65% anual.
 
El Gobierno de Mauricio Macri y el FMI, pese a ello, celebraron el dato como positivo. Señalaron que el 3,1% de mayo marcó la segunda baja consecutiva, aunque evitaron precisar que lo hizo desde registros más que elevados como el 4,7% de marzo y el 3,4% de abril. 
 
La inflación sigue siendo un grave problema pese a las reiteradas promesas del inepto Macri y su "equipazo" económico sobre un alivio que nunca llega. En cinco meses de 2019, la suba de precios a nivel minorista alcanzó el 19,2%, lo cual ubica a la inflación esperada para el primer semestre en un nivel bastante similar al que el Gobierno proyectó para todo el 2019. Para fines de año, habrá vuelto a errarle al cálculo en unos 20 puntos porcentuales. En los cuatro años de la desastrosa gestión de Cambiemos, los precios estuvieron siempre por arriba del nivel que encontró en 2015.
 
Después de una desaceleración a fines del año pasado frente a los valores record de septiembre y octubre (6,5 y 5,4%, respectivamente), en 2019 la inflación tiene una forma de campana. En enero, los precios se movieron un 2,9%, luego pasaron al 3,8 en febrero y 4,7 en marzo. En abril, la inflación bajó un poco a 3,4% y en mayo, 3,1%.
 
Si bien los datos de los últimos dos meses implican una desaceleración inflacionaria, el nivel de variación de los precios es todavía muy alto en relación al rango del 1,5/2% que tenía antes de la devaluación del año pasado y también sobre el final del gobierno de Cristina, previo a la asunción de Macri.
 
En la recta final antes de las elecciones presidenciales, el Gobierno apuesta a que al menos no se vuelva a acelerar la inflación. Para lograr ese objetivo, Macri cuenta, por un lado, con la posibilidad de dilapidar los dólares que el FMI le prestó para pagar la deuda 2020, mientras que por el lado de las tarifas de servicios públicos pospuso varios aumentos para después de octubre. Luego, habrá que apretarse los cinturones.
 
Que los precios continúen aumentando arriba de 3 % mensual, es más destacable aun considerando la fuerte caída de la economía. También llama la atención la persistencia a pesar que mayo fue un mes de calma en la cotización del dólar, a diferencia de los meses anteriores. El alza de la inflación se debe a decisiones tomadas por el gobierno de Macri que golpean duramente contra el bolsillo del pueblo trabajador.
 
La Opinión Popular

13-06-2019 / 09:06
Alberto Fernández y Sergio Massa confirmaron la coalición electoral con el nombre Frente de Todos, integrada por el PJ, Unidad Ciudadana, el Frente Renovador y otros 16 partidos. En el encuentro, se distribuyó también un comunicado con una declaración de principios del nuevo espacio. "Las opciones son claras. Nuestras prioridades son el trabajo y la producción, los humildes y la clase media, los comerciantes y los emprendedores, los que enseñan y los que aprenden", dicen allí.
 
Quedó pendiente de resolución la cuestión de las candidaturas, para lo que todavía quedan diez días de plazo. Massa pide una PASO para competir por la presidencia, pero desde la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández prefieren que se presente como primer candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires. Resolverlo será motivo de otra larga y extenuante negociación, como la de ayer.
 
Una de las preocupaciones de Massa fue darle un marco programático a la coalición para justificar su pase desde Alternativa Federal, espacio del que fue fundador y participó hasta unas semanas atrás. Ayer, al salir a hablar luego del encuentro, puso como primer ítem del acuerdo los 12 puntos temáticos discutidos el martes con una delegación de dirigentes del PJ encabezados por José Luis Gioja.
 
Lo otro que planteó Massa fue que se trataba de una coalición de partidos en la que cada fuerza mantendrá su individualidad. De hecho, el Frente Renovador sostendrá su bloque de diputados y hará un interbloque con el FpV-PJ. Por último, mencionó que la resolución de las candidaturas se hará por consenso o por primarias abiertas, en caso de ser necesario.
 
"El país necesita volver a ofrecer soluciones concretas a los problemas de la mayoría. Los desafíos que tenemos por delante exigen una mirada amplia, diversa y plural, en la que ningún argentino se quede afuera. La construcción de una coalición electoral y de gobierno y un programa con bases y puntos acordados lo hará posible", plantearon en el comunicado. Evitaron detallar lo acordado y hablar de candidaturas.
 
Por cierto, el PJ de Gioja fue de quienes más bregaron para ir hacia lo que denominó la "unidad posible", en la que sólo quedaran afuera quienes consideraban a los K como adversarios: los gobernadores Juan Manuel Urtubey y Juan Schiaretti, y el senador Miguel Ángel Pichetto, que directamente se pasó al macrismo.


El resto de los gobernadores del peronismo se alineó en el armado, algo que hasta hace pocos meses atrás parecía muy difícil. Queda el último paso, la resolución de las candidaturas. Luego, al fin, la campaña y la presentación de propuestas, que de eso se trata.
 
La Opinión Popular

12-06-2019 / 10:06
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