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"El Gobierno de Macri solo quiere que nos hagamos cargo de su fracaso". Sergio Massa
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Nacionales - 01-03-2019 / 09:03

El Gobierno de Macri está asustado pero empecinado en una receta neoliberal que fracasó

El Gobierno de Macri está asustado pero empecinado en una receta neoliberal que fracasó
¿POR QUÉ DE LA PERSISTENCIA DE LAS POLÍTICAS DE AUSTERIDAD? La respuesta requiere tener en cuenta los intereses y las ideas de los poderosos. Esos intereses no se benefician de una expansión del rol de los gobiernos que afecte la propiedad. Esos intereses se benefician de un Estado más chico. Los ricos no dependen del Estado como el resto, ya que cuentan con seguridad privada, salud privada y educación privada. Y cualquier aumento en la participación del Estado muy probablemente recortaría considerablemente sus riquezas mediante una mayor presión impositiva y más regulaciones a sus negocios.
A Mauricio Macri pareciera que le inquieta el impacto negativo que los muy malos datos económicos que se conocen a diario pueden tener sobre las elecciones. Se refleja en todas las encuestas de intención de voto. Eso lo ha llevado a apurar algunas medidas que estaban previstas para más adelante.
 
El lanzamiento de créditos subsidiados para las pymes por un total de 100.000 millones de pesos anunciado anteayer y el adelantamiento de junio a marzo para la entrada en vigencia de un salario mínimo vital y móvil de $12.500 son dos ejemplos que probablemente sean seguidos por otros.
 
Puede discutirse cuán eficaz en términos de reactivación productiva o de inversión pueden ser créditos para las pymes que en su inmensa mayoría enfrentan una demanda flojísima. Y si bien es indudable que la anticipación del aumento del salario mínimo implica una mejora, los $12.500 de marzo tendrán un poder adquisitivo inferior a cuando en junio del año pasado se acordó el cronograma original de suba.
 
Pero más allá de eso, las iniciativas revelan que la preocupación los ha hecho reaccionar. De manera insuficiente, pero peor es nada.
 
La alteraciones anímicas que se perciben en el Gobierno por cuestiones económicas no están acotadas a los horribles datos oficiales sobre el nivel de actividad, la caída en el empleo y la pérdida de poder adquisitivo, a lo que se suman noticias diarias de suspensiones, achicamientos o cierres de fábricas.
 
El susto también fue provocado por el 2,9% de inflación que se registró en enero y que ayer fue reconocida como muy alta por el presidente del Banco Central Guido Sandleris en una presentación ante la Fundación Libertad.
 
No sólo admitió el mal dato de enero sino que además señaló que la inflación de febrero también va a ser demasiado elevada, confirmando los pronósticos de la mayoría de las consultoras que la ubican por encima del 3 por ciento, y la del año arriba del 30 por ciento.
 
Sandleris fue sincero en la descripción de lo inmediato, pero no pudo resistir -como tampoco lo están haciendo Mauricio Macri y Nicolás Dujovne- caer en la tentación de los pronósticos, un ejercicio en el que el Gobierno ha venido fallando garrafalmente.
 
Sandleris no toma en cuenta que, como parte de la inercia inflacionaria y debido a que el país cuenta con un movimiento obrero que todavía conserva una considerable cuota de poder y capacidad de movilización, y con una sociedad bastante resistente a ceder terreno, los precios y salarios están en constante competencia y retroalimentando la inercia.

 
Desequilibrios heredados y presentes
 
El presidente del Banco Central afirmó convencido que la economía "está ante la posibilidad de bajar la inflación de manera sostenida" y lo fundamentó en que, según él, han corregido casi en su totalidad los tres desequilibrios macroeconómicos que arrastraba la economía: el atraso cambiario, el tarifario y el déficit fiscal".
 
En la Argentina es harto sabido que el atraso cambiario es pan para hoy y hambre para mañana, además de que emite incentivos contraproducentes.
 
En la Argentina también estaba aceptado que el esquema tarifario del gobierno anterior era insostenible, despilfarraba recursos y generaba un enorme déficit energético.
 
Y no hay economista que niegue que hay más riesgo de inflación con déficit fiscal que con superávit.
 
Pero lo anterior no significa que una devaluación que elimine o reduzca el atraso cambiario, combinada con un sinceramiento tarifarios mal ejecutado y un ajuste fiscal draconiano, sean garantías de que estén dadas las condiciones para bajar la inflación, como afirmó Sandleris.
 
Muy por el contrario, la experiencia del año pasado muestra que con esos ingredientes la inflación lejos de bajar subió bruscamente.
 
A lo que el Gobierno responde que como el atraso cambiario ya quedó atrás y que una parte considerable de los tarifazos ya fueron hechos, lo único que resta es perseverar con la reducción del déficit tal como fue comprometido ante el FMI.
 
Lo inquietante es que al listado de las condiciones de Sandleris le faltan algunos ingredientes fundamentales. En primer lugar, omite un tema clave que es la inercia inflacionaria, un problema que por los antecedentes de la Argentina no se puede soslayar, y es muy difícil interrumpir.
 
En la historia reciente, la inercia inflacionaria sólo se pudo cortar por muy corto tiempo con el desagio del Plan Austral, por un período más largo durante el atraso cambiario de la Convertibilidad, y por la feroz recesión de principios de este siglo.
 
Sandleris tampoco toma en cuenta que, como parte de la inercia inflacionaria y debido a que el país cuenta con un movimiento obrero que todavía conserva una considerable cuota de poder y capacidad de movilización, y con una sociedad bastante resistente a ceder terreno, los precios y salarios están en constante competencia y retroalimentando la inercia.
 
Y en tercer lugar, olvida que a pesar de que a pesar de que hubo un notable aumento en el tipo de cambio real, no faltan factores como para descartar nuevas turbulencias que agiten el dólar. Entre ellas la constante amenaza de una corrida dolarizadora alimentada por temores electorales del establishment y aceitada por una masa de pesos retenida en los bancos con tasas de interés insostenibles.
 
Pero aún si se le concede la razón a Guido Sandleris respecto a que la materia pendiente es el déficit fiscal y su correspondiente contrapartida monetarista, la eventual desaceleración inflacionaria bien puede convivir con un estancamiento productivo e incluso con una prolongación de la recesión.
 
 
Contrapunto a las ideas del neoliberalismo
 
Al respecto, es interesante atender a un trabajo que acaba de publicar la Fundación Friedrich Ebert, la institución de apoyo intelectual de la socialdemocracia alemana que lleva el nombre del primer presidente de la República de Weimar - la etapa política entre la derrota de la Primera Guerra Mundial y el ascenso del nazismo -, de cuyo fallecimiento se cumplieron ayer 94 años.
 
El trabajo recopila ensayos críticos de las políticas de Austeridad (tal el título) y desmitifica varias de las verdades defendidas a capa y espada por el neoliberalismo. Uno de los artículos se titula "¿Sirve el recorte de gastos para resolver los problemas fiscales y estimular la inversión? y tiene como autora a Sheila Block, una economista del Canadian Center for Policy Alternatives.
 
Uno de los mitos que combate es que la mejor manera de equilibrar las cuentas es a través de un recorte de gastos en lugar de aumenta los impuestos progresivos de forma de recaudar más y achicar la desigualdad.
 
También cuestiona la idea de que las políticas de austeridad no agravan la recesión, y pone como uno de los tantos ejemplos recientes lo ocurrido en Grecia. Por el contrario, sostiene que con buenos estímulos fiscales que frenen la caída, "la recuperación bien puede darse mediante una acción coordinada de inversiones públicas y privadas".
 
Sheila Block describe cómo la austeridad europea "ha estado asociada con aumento en el desempleo y desaceleración productiva, al revés de la mayor confianza y más alto crecimiento que se prometía".
 
La canadiense cita investigaciones de Paul Krugman "que demostró que la austeridad gubernamental suele ser recesiva, y que la recesión empeora cuánto más intensa sea la política de austeridad".
 
La autora se pregunta el por qué de la persistencia de las políticas de austeridad. "La respuesta requiere tener en cuenta los intereses y las ideas de los poderosos. Esos intereses no se benefician de una expansión del rol de los gobiernos que afecte la propiedad. Esos intereses se benefician de un Estado más chico. Los ricos no dependen del Estado como el resto, ya que cuentan con seguridad privada, salud privada y educación privada. Y cualquier aumento en la participación del Estado muy probablemente recortaría considerablemente sus riquezas mediante una mayor presión impositiva y más regulaciones a sus negocios".
 
Todas cuestiones que son motivo de encendidas polémicas entre los ciudadanos y los políticos. Al respecto, el mencionado premio Nobel Paul Krugman escribió: "la política determina quien tiene el poder, pero no quien tiene la razón". Casualmente, Krugman cumplió ayer 66 años.
 
Por Marcelo Zlotogwiazda
 
Fuente: Infobae
 

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20-05-2019 / 09:05
Sergio Ziliotto ratificó el invicto del peronismo pampeano en elecciones para gobernador desde 1983 con cómoda diferencia sobre el radical Daniel Kroneberger. Ziliotto expresa al sector del gobernador Carlos Verna, uno de los "hombres fuertes" de la provincia, como antes fueron Rubén Marín u Oscar Jorge. Verna se había excluido de la competencia por razones de salud.
 
La capital, Santa Rosa, sabe ser fiel al peronismo pero en 2015 venció el radical Leandro Altolaguirre con Cambiemos. Ayer, la intendencia fue recobrada por el peronismo, representado por el joven K Luciano Di Nápoli, quien será el primer dirigente de La Cámpora que gobierne una capital de provincia. No se concretó el temor a una eventual fuga de votos de quienes perdieron la interna.
 
Los radicales se habían dado el gusto de superar con amplitud al macrista Carlos Mac Allister en la interna. En campaña, habrán agradecido la ausencia de dirigentes nacionales de Cambiemos. Llevaron el nombre en las boletas pero usaron el slogan "Venceremos".
 
Prescindieron, asimismo, del color amarillo para disimular. No les bastó, por lo visto. Ayer se le fue de las manos a los correligionarios la intendencia de una capital de provincia, la segunda en dos semanas. La primera, de mucho mayor población y peso económico, fue Córdoba.
 
Si vencen oficialismos territoriales de distintos colores, en comarcas bien diferentes las claves son locales pero los resultados impactan en el escenario nacional. Más allá de las peculiaridades se reitera la tendencia: van cuatro gobernadores que revalidan, con score holgado. Van cuatro territorios con desastroso desempeño de Cambiemos.
 
Hace dos años, pareció que el oficialismo nacional coparía muchos distritos, como un Pacman jugando al TEG. Los radicales se restregaban las manos. Pasaron cosas, las provincias conservan sus ejecutivos y la espuma de Cambiemos bajó, mucho.
 
Tras los comicios, Verna vinculó el resultado con el escenario nacional. Aludió al enfrentamiento entre dos modelos: el peronista y el neoliberal del Gobierno nacional. Lo "bajó a tierra" con datos duros: en tiempos K se construían en La Pampa mil viviendas por año, cifra que bajó a cero durante el mandato del presidente Mauricio Macri.
 
Ensalzó cómo se conformaron las listas en su distrito. Un Frente provincial (FREJUPA) liderado por el peronismo y sumando al Frente Renovador, Nuevo Encuentro y el Partido Comunista entre otros. "La sabiduría" de todos los sectores al confluir en lista única.
 
Todas las votaciones que vienen serán con resultados desoladores para las huestes de Macri y sus aliados radicales. Habrá que esperar, de todas maneras: los partidos solo terminan con la pitada final.
 
La Opinión Popular

19-05-2019 / 13:05
El Peronismo aguarda por un nuevo festejo. Esta vez en La Pampa, la provincia donde comenzó el año electoral. El gobernador Carlos Verna se bajó de la reelección tras ser diagnosticado de cáncer, y eligió para la sucesión al diputado nacional Sergio Ziliotto.
 
El panorama viene más complicado para el radical Daniel Kroneberger, también diputado nacional, que derrotó por amplio margen en la interna de Cambiemos al ex futbolista de Boca y ex secretario de Deportes de Macri, el macrista Carlos Mac Alllister.
 
Aquella victoria en febrero infló el pecho de los correligionarios que se animaron a plantarse en otras provincias y sacudir la disputa nacional de la alianza gobernante.
 
En La Pampa ya no existe la alianza antiperonista Cambiemos, ahora se presenta como Avancemos y con el amarillo desterrado de la campaña. Macri tiene una imagen negativa que ninguna encuesta ubica por debajo del 60 por ciento.
 
La incógnita está en cuántos puntos habrá de diferencia y si el peronismo logra recuperar la ciudad de Santa Rosa con un cristinista puro, Luciano Di Nápoli, que venció en la disputa interna a un peronista tradicional, y que dedicó el triunfo especialmente a Cristina. Tendría que producirse un corte de boleta descomunal e histórico para que la UCR no pierda otra capital provincial en su aventura macrista.
 
Otro dato que el peronismo podrá celebrar es la afinada unidad interna, y que seguramente será elevada como un ejemplo de construcción para el ansiado Frente Patriótico que se persigue a nivel nacional.
 
En La Pampa aprendieron de los errores y el tiempo sanó algunas heridas. El PJ pampeano olfateó el riesgo de la división en 2017, cuando ganó la legislativa nacional por 76 votos y zafó de ser arrasado por la ola amarilla que inundaba el centro del país.
 
Verna fue uno de los primeros gobernadores que se le plantó al Presidente y comenzó a impulsar la idea de unir al peronismo para derrotar al macrismo. Asegura que Macri fracasó y que "delega todo en el mercado y el FMI".
 
Para esta elección se conformó el Frente Justicialista Pampeano (FREJUPA), que reúne a todas las líneas internas y que sumó al Frente Renovador, Patria Grande, Nuevo Encuentro, Humanismo y Comunismo. Todos adentro.
 
La Opinión Popular

19-05-2019 / 09:05
Hasta hace unas horas, la Argentina se encaminaba, casi inevitablemente, hacia una nueva versión del enfrentamiento, la polarización, el fanatismo y la grieta. Ahora, esa situación cambió. Al menos una de las dos opciones no se va a producir. Cristina no va a ser presidenta en el próximo período porque decidió no postularse a ese cargo. ¿Cambió de verdad? ¿No será una trampa? ¿Cambió solo un poco?
 
La mera existencia de esas preguntas representa una gran novedad. Si Cristina era candidata, y era una candidata tan fuerte como lo reflejaban las últimas encuestas, esas preguntas no hubieran existido. Macri o Cristina iban a ser las dos opciones más fuertes: nada habría cambiado.
 
La primera noticia, entonces, es que uno de los símbolos de la polarización, de la grieta, no ocupará la presidencia de la Nación. O, más fuerte aún: que Cristina no será la próxima presidenta. La segunda es que la persona elegida (por ella) para reemplazarla tiene rasgos propios, que varían según quién los describa, pero que son diferentes.
 
Alberto Fernández, por ejemplo, almuerza frecuentemente con periodistas, un detalle que ha generado duras críticas y descalificaciones desde la militancia más sectaria del kirchnerismo. Que él haya sido elegido por Cristina, con ese antecedente, es un dato simbólico muy fuerte: ¿Una picardía? ¿La admisión de un serio error? ¿Una capitulación?
 
Es, además, un hombre que mantiene una relación muy razonable con la embajada norteamericana y con múltiples personalidades, empresarios, intelectuales con los que Cristina y el kirchnerismo duro cortaron lazos desde hace años. "Eso lo hace más peligroso porque es un cínico", dirán quienes lo odian. "Eso permite pensar un gobierno más sereno y racional de lo que hubiera sido uno presidido por Cristina", dirán los que se esperancen.
 
Los dos Fernández son parecidos y diferentes. Es cierto, por ejemplo, que Alberto se alejó cuando el gobierno de Cristina se radicalizó después del conflicto con el sector agropecuario.
 
En los últimos tiempos, su llamativo acercamiento a Cristina permitía preguntarse quién influiría más sobre quién. La manera en que ella volvió a acercarse al peronismo parecía una estrategia influenciada por él. La forma que en que él, por ejemplo, difundió la lista de los jueces que "algún día deberán dar explicaciones por las barbaridades que escribieron", permitía entender hasta dónde ella lo estaba radicalizando.

18-05-2019 / 19:05
En el Gobierno de Mauricio Macri se enteraron que Cristina no sería candidata a presidente como lo hizo el resto de los mortales: a través del canal de Youtube. Más allá del esfuerzo por filtrar que se esperaban una movida semejante, en la Rosada entraron en shock al conocer la noticia que impactó de lleno en la estrategia de polarización que diseñaron Marcos Peña y Jaime Durán Barba para convertir a Macri en presidente y buscar su reelección.
 
La reacción inmediata del Ejecutivo fue definir a Alberto Fernández como un candidato "pésimo" a priori, más que nada por la diferencia abismal del ex jefe de gabinete en términos de conocimiento en la sociedad tanto con Macri como con Cristina.
 
El análisis más frío no tardó en llegar: en la Rosada admiten que el temor no está en la persona de Alberto Fernández sino en el armado de fondo que pueda desembocar su candidatura, en especial por el renunciamiento a medias de Cristina.
 
En el Ejecutivo creen que esta movida inesperada abre una puerta muy grande para la unidad del peronismo contra la candidatura de Macri, que ya de por sí viene golpeado dentro y fuera de su propio espacio.
 
"Si van a unas Paso con todo el peronismo nos liquidan", aseguraron en el Gobierno. Y advierten que esas primarias, que la propia Cristina resalta en su video, son factibles.
 
"Esta es la fórmula para el 40-30", dijeron otras fuentes del Ejecutivo. Creen, en ese sentido, que Cristina declinó su candidatura para favorecer un triunfo del peronismo en primera vuelta, tras meses y meses de especulaciones en torno a lo que sucedería en un ballotage entre ella y Macri.
 
En la Rosada suponen que Sergio Massa y Daniel Scioli terminarán de cerrar con Cristina en agosto. La esperanza del macrismo está puesta en que los gobernadores más poderosos, como Juan Schiaretti, y figuras como las de Roberto Lavagna, Miguel Pichetto y Juan Manuel Urtubey, jueguen por afuera de la fórmula Fernández.
 
Sin embargo, incluso creen que no está todo dicho y que Cristina tiene tiempo de hacer otro renunciamiento: bajarse de la vice para dejársela a Alternativa Federal y pulverizar las chances de Macri.
 
Por el momento, en la Rosada siguen sosteniendo que el candidato es Macri. Otras fuentes del Gobierno no son tan determinantes y sugieren un cambio de estrategia: "Si se bajó Cristina, ¿por qué no lo puede hacer Mauricio?".
 
La Opinión Popular

18-05-2019 / 09:05
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