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Nacionales - 01-03-2019 / 09:03

El Gobierno de Macri está asustado pero empecinado en una receta neoliberal que fracasó

El Gobierno de Macri está asustado pero empecinado en una receta neoliberal que fracasó
¿POR QUÉ DE LA PERSISTENCIA DE LAS POLÍTICAS DE AUSTERIDAD? La respuesta requiere tener en cuenta los intereses y las ideas de los poderosos. Esos intereses no se benefician de una expansión del rol de los gobiernos que afecte la propiedad. Esos intereses se benefician de un Estado más chico. Los ricos no dependen del Estado como el resto, ya que cuentan con seguridad privada, salud privada y educación privada. Y cualquier aumento en la participación del Estado muy probablemente recortaría considerablemente sus riquezas mediante una mayor presión impositiva y más regulaciones a sus negocios.
A Mauricio Macri pareciera que le inquieta el impacto negativo que los muy malos datos económicos que se conocen a diario pueden tener sobre las elecciones. Se refleja en todas las encuestas de intención de voto. Eso lo ha llevado a apurar algunas medidas que estaban previstas para más adelante.
 
El lanzamiento de créditos subsidiados para las pymes por un total de 100.000 millones de pesos anunciado anteayer y el adelantamiento de junio a marzo para la entrada en vigencia de un salario mínimo vital y móvil de $12.500 son dos ejemplos que probablemente sean seguidos por otros.
 
Puede discutirse cuán eficaz en términos de reactivación productiva o de inversión pueden ser créditos para las pymes que en su inmensa mayoría enfrentan una demanda flojísima. Y si bien es indudable que la anticipación del aumento del salario mínimo implica una mejora, los $12.500 de marzo tendrán un poder adquisitivo inferior a cuando en junio del año pasado se acordó el cronograma original de suba.
 
Pero más allá de eso, las iniciativas revelan que la preocupación los ha hecho reaccionar. De manera insuficiente, pero peor es nada.
 
La alteraciones anímicas que se perciben en el Gobierno por cuestiones económicas no están acotadas a los horribles datos oficiales sobre el nivel de actividad, la caída en el empleo y la pérdida de poder adquisitivo, a lo que se suman noticias diarias de suspensiones, achicamientos o cierres de fábricas.
 
El susto también fue provocado por el 2,9% de inflación que se registró en enero y que ayer fue reconocida como muy alta por el presidente del Banco Central Guido Sandleris en una presentación ante la Fundación Libertad.
 
No sólo admitió el mal dato de enero sino que además señaló que la inflación de febrero también va a ser demasiado elevada, confirmando los pronósticos de la mayoría de las consultoras que la ubican por encima del 3 por ciento, y la del año arriba del 30 por ciento.
 
Sandleris fue sincero en la descripción de lo inmediato, pero no pudo resistir -como tampoco lo están haciendo Mauricio Macri y Nicolás Dujovne- caer en la tentación de los pronósticos, un ejercicio en el que el Gobierno ha venido fallando garrafalmente.
 
Sandleris no toma en cuenta que, como parte de la inercia inflacionaria y debido a que el país cuenta con un movimiento obrero que todavía conserva una considerable cuota de poder y capacidad de movilización, y con una sociedad bastante resistente a ceder terreno, los precios y salarios están en constante competencia y retroalimentando la inercia.

 
Desequilibrios heredados y presentes
 
El presidente del Banco Central afirmó convencido que la economía "está ante la posibilidad de bajar la inflación de manera sostenida" y lo fundamentó en que, según él, han corregido casi en su totalidad los tres desequilibrios macroeconómicos que arrastraba la economía: el atraso cambiario, el tarifario y el déficit fiscal".
 
En la Argentina es harto sabido que el atraso cambiario es pan para hoy y hambre para mañana, además de que emite incentivos contraproducentes.
 
En la Argentina también estaba aceptado que el esquema tarifario del gobierno anterior era insostenible, despilfarraba recursos y generaba un enorme déficit energético.
 
Y no hay economista que niegue que hay más riesgo de inflación con déficit fiscal que con superávit.
 
Pero lo anterior no significa que una devaluación que elimine o reduzca el atraso cambiario, combinada con un sinceramiento tarifarios mal ejecutado y un ajuste fiscal draconiano, sean garantías de que estén dadas las condiciones para bajar la inflación, como afirmó Sandleris.
 
Muy por el contrario, la experiencia del año pasado muestra que con esos ingredientes la inflación lejos de bajar subió bruscamente.
 
A lo que el Gobierno responde que como el atraso cambiario ya quedó atrás y que una parte considerable de los tarifazos ya fueron hechos, lo único que resta es perseverar con la reducción del déficit tal como fue comprometido ante el FMI.
 
Lo inquietante es que al listado de las condiciones de Sandleris le faltan algunos ingredientes fundamentales. En primer lugar, omite un tema clave que es la inercia inflacionaria, un problema que por los antecedentes de la Argentina no se puede soslayar, y es muy difícil interrumpir.
 
En la historia reciente, la inercia inflacionaria sólo se pudo cortar por muy corto tiempo con el desagio del Plan Austral, por un período más largo durante el atraso cambiario de la Convertibilidad, y por la feroz recesión de principios de este siglo.
 
Sandleris tampoco toma en cuenta que, como parte de la inercia inflacionaria y debido a que el país cuenta con un movimiento obrero que todavía conserva una considerable cuota de poder y capacidad de movilización, y con una sociedad bastante resistente a ceder terreno, los precios y salarios están en constante competencia y retroalimentando la inercia.
 
Y en tercer lugar, olvida que a pesar de que a pesar de que hubo un notable aumento en el tipo de cambio real, no faltan factores como para descartar nuevas turbulencias que agiten el dólar. Entre ellas la constante amenaza de una corrida dolarizadora alimentada por temores electorales del establishment y aceitada por una masa de pesos retenida en los bancos con tasas de interés insostenibles.
 
Pero aún si se le concede la razón a Guido Sandleris respecto a que la materia pendiente es el déficit fiscal y su correspondiente contrapartida monetarista, la eventual desaceleración inflacionaria bien puede convivir con un estancamiento productivo e incluso con una prolongación de la recesión.
 
 
Contrapunto a las ideas del neoliberalismo
 
Al respecto, es interesante atender a un trabajo que acaba de publicar la Fundación Friedrich Ebert, la institución de apoyo intelectual de la socialdemocracia alemana que lleva el nombre del primer presidente de la República de Weimar - la etapa política entre la derrota de la Primera Guerra Mundial y el ascenso del nazismo -, de cuyo fallecimiento se cumplieron ayer 94 años.
 
El trabajo recopila ensayos críticos de las políticas de Austeridad (tal el título) y desmitifica varias de las verdades defendidas a capa y espada por el neoliberalismo. Uno de los artículos se titula "¿Sirve el recorte de gastos para resolver los problemas fiscales y estimular la inversión? y tiene como autora a Sheila Block, una economista del Canadian Center for Policy Alternatives.
 
Uno de los mitos que combate es que la mejor manera de equilibrar las cuentas es a través de un recorte de gastos en lugar de aumenta los impuestos progresivos de forma de recaudar más y achicar la desigualdad.
 
También cuestiona la idea de que las políticas de austeridad no agravan la recesión, y pone como uno de los tantos ejemplos recientes lo ocurrido en Grecia. Por el contrario, sostiene que con buenos estímulos fiscales que frenen la caída, "la recuperación bien puede darse mediante una acción coordinada de inversiones públicas y privadas".
 
Sheila Block describe cómo la austeridad europea "ha estado asociada con aumento en el desempleo y desaceleración productiva, al revés de la mayor confianza y más alto crecimiento que se prometía".
 
La canadiense cita investigaciones de Paul Krugman "que demostró que la austeridad gubernamental suele ser recesiva, y que la recesión empeora cuánto más intensa sea la política de austeridad".
 
La autora se pregunta el por qué de la persistencia de las políticas de austeridad. "La respuesta requiere tener en cuenta los intereses y las ideas de los poderosos. Esos intereses no se benefician de una expansión del rol de los gobiernos que afecte la propiedad. Esos intereses se benefician de un Estado más chico. Los ricos no dependen del Estado como el resto, ya que cuentan con seguridad privada, salud privada y educación privada. Y cualquier aumento en la participación del Estado muy probablemente recortaría considerablemente sus riquezas mediante una mayor presión impositiva y más regulaciones a sus negocios".
 
Todas cuestiones que son motivo de encendidas polémicas entre los ciudadanos y los políticos. Al respecto, el mencionado premio Nobel Paul Krugman escribió: "la política determina quien tiene el poder, pero no quien tiene la razón". Casualmente, Krugman cumplió ayer 66 años.
 
Por Marcelo Zlotogwiazda
 
Fuente: Infobae
 

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24-03-2019 / 10:03
Cuando en enero se difundió su foto con Miguel Lifschitz, un tuitero macrista se burló, con cierto talento: "Buena pareja para jugar a las bochas". Una semana más tarde, cuando apareció en sandalias y medias, la reacción fue hilarante y masiva. Pocas semanas después, el principal logro de Roberto Lavagna fue que dejaran de tomarlo en chiste.
 
"Estoy caliente. Muy caliente -casi gritó el presidente Macri esta semana- Otra vez volver a escuchar los que proponen ese atajo, esa solución mágica, que nos desliga, nos relega, de seguir este camino de trepar la montaña con orgullo, con esfuerzo, pero convencidos. Es in-so-por-ta-ble".
 
Unos días antes, en un reportaje con Luis Majul, Macri había acusado erróneamente a Lavagna de haber impuesto retenciones, había criticado su negociación de la deuda externa privada del 2005 -un hecho ciertamente virtuoso- y le había adjudicado, también erróneamente, haber participado de los gobiernos que hundieron el país en los "últimos cuarenta años".
 
Pero no fue solo Macri. El jefe de Gabinete Marcos Peña sostuvo que Lavagna era igual que Cristina Kirchner, y que ambos eran "retrógrados, conservadores y reaccionarios".
 
El ministro de Economía, Nicolás Dujovne, sostuvo que se puede crecer al 9 por ciento "haciendo todo mal" y le recriminó a Lavagna que pisara las tarifas y defaulteara la deuda externa. Dujovne no explicó si se puede producir inflación, endeudamiento y recesión, todo al mismo tiempo, "haciendo todo bien".
 
La crítica de Elisa Carrió fue más personal. Aburrido, soberbio, viejo y usa sandalias con medias: cuestión de gustos.
 
El ex viceministro de Dujovne, que volvió a Estados Unidos luego de un breve período de heroico patriotismo, se llama Sebastián Galiani: "Viene con Duhalde y Barrionuevo", acusó, sin recordar que Duhalde y Barrionuevo hasta hace dos días eran aliados de su Presidente.
 
¿Por qué se ponen tan nerviosos en el Gobierno de Cambiemos? Por débil que sea la candidatura de Lavagna, ofrece un refugio a votantes de Macri que están desencantados con él y resisten la candidatura de Cristina.
 
Esos votantes estaban a la intemperie: ahora tienen dónde ir. Potencialmente, Lavagna ofrece la posibilidad de un voto opositor sin que eso signifique avalar la corrupción que mancha a Cristina y su entorno.
 
Pero puede haber una razón más trascendente para el enojo macrista de estos días. Lavagna le plantea a Macri la discusión sobre sus desaciertos económicos sin ofrecerle los flancos que, alegremente, a cada paso, regalan las huestes de Cristina.

23-03-2019 / 09:03
Una actividad cerrada y de gestión volvió a traerle complicaciones a Mauricio Macri. El Presidente terminó ofuscado con un obrero que hizo el gesto de la "V" peronista mientras se fotografiaba en el Paseo del Bajo.
 
El enojo y posterior reto ocurrieron ayer, pero la escena se viralizó hoy y muestra una faceta de Macri desconocida para el público.
 
Al percatarse del gesto del obrero, un Macri visiblemente enojado le ordena que se aparte y salga de la foto. Mientras, Horacio Rodríguez Larreta observa la escena junto a María Eugenia Vidal.
 
Si bien la imagen circula sin audio, parece una verdadera pesadilla para los asesores del PRO que durante años se esforzaron por cambiar la imagen del Macri frío y distante. "Faltó una sonrisa", se resignó uno de sus más fieles laderos que vivió la transformación que le permitió llegar a la Presidencia.
 
"Lo que pasa que antes no te podías acercar a un Presidente y ahora cualquiera le falta el respeto", analizó un dirigente macrista que pidió mantener su nombre en reserva.
 
Un mes atrás el mandatario fue escrachado por otro obrero que lo abordó en medio de un acto oficial del plan Procrear en el sur de la Ciudad y le reclamó que hiciera "algo".
 
"Soy un laburante, vivo día a día, todos los días a las 5 de la mañana me levanto", sorprendió el obrero a Macri, que intentaba meter un bocado. "Perdón que se lo tengo que decir, con respeto, no me importa el Gobierno pasado, ahora es el problema", advirtió el trabajador.
 
"Tratemos de hacer rápido las cosas, se lo pido por favor presidente, estamos peor", aseveró el obrero. Macri intentó darle un final al episodio al buscar un abrazo de compromiso con el trabajador de la Uocra. "Hagan algo, la concha de mi hermana", fue el último comentario que deslizó el trabajador.
 
La Opinión Popular

23-03-2019 / 09:03
El espía Marcelo D'Alessio puso por primera vez al macrismo a la defensiva desde que asumió el gobierno. Hostigado por la crisis, la alianza Cambiemos contraatacó siempre con alguna denuncia amplificada por la corporación mediática.
 
Esta vez, al tiempo que la crisis es devastadora, la denuncia surgió con una potencia inusitada desde la oposición y logró romper el blindaje mediático para impactar de lleno en el ámbito judicial. El gobierno aparece inerme ante la espiral ascendente de una crisis que no puede controlar y el frente judicial se le desmorona.
 
En medios políticos ya se habla de que Mauricio Macri no está para ninguna reelección en este contexto. Y se espera que la movilización del 24 sea de una gran masividad por el clima de fuerte malestar. "Por la Patria que soñamos, contra la miseria planificada", es la consigna.
 
Con el dólar que sube, las tasas de interés más altas del planeta y una inflación que está entre las primeras de todo el mundo, el gobierno ya no puede recurrir a su bazooka judicial para distraer la atención porque tiene en aprietos a uno de sus principales alfiles, el fiscal macrista Carlos Stornelli.
 
La reacción frente a la investigación del juez Alejo Ramos Padilla y la detención de D'Alessio fue casi instintiva o impulsada por el pánico. Cambiemos no la derivó hacia ninguno de sus operadores subterráneos.
 
El disparo salió directamente de la Casa Rosada. Y hubo otras defensas también a la desesperada, mientras el jueves se producían grandes movilizaciones espontáneas en Buenos Aires, Dolores y Mar del Plata, pero en defensa del juez.
 
Si la Magistratura o la Corte aceptaban ese acto intervencionista casi brutal de Macri hubieran quedado en evidencia. No solamente como agentes de un poder que tendría que ser independiente, sino que también hubiera dado todo el aspecto de reacción corporativa en defensa del fiscal. El Ejecutivo trató de atacar desde la Magistratura y la Corte a un juez que está investigando al poder político. Ese desmanejo tuvo fuerte repercusión en el exterior.
 
No fue solamente el gobierno el que se salió de caja. La reacción de Elisa Carrió está entre las más desquiciadas de su curriculum. Y hasta la misma diputada Graciela Camaño -del ala del massismo que resiste cualquier contacto con el PJ y los K- atinó a salir en defensa del fiscal Carlos Stornelli, cuyo proceso puede embarrar a gran parte del mundo político que se benefició de las andanzas de D'Alessio con el fiscal.
 
El rechazo de la Cámara de Mar del Plata a la recusación del juez, planteada por Stornelli y la respuesta afirmativa de la Corte al pedido del juez de respaldo material, más el probable fracaso del pedido de juicio político en la Magistratura, dan cuenta de que el ámbito judicial optó por un camino más complejo que el propuesto por el macrismo.
 
Entre la crisis económica y este escándalo de espionaje ilegal para alimentar causas judiciales, el lawfare o guerra jurídica, una práctica muy usada por el macrismo para reemplazar a la política, perdió credibilidad.

22-03-2019 / 12:03
El rebrote inflacionario, la ola de despidos y la nueva corrida al dólar le llegaron al Gobierno de Mauricio Macri en el peor momento político posible, con su imagen pública en picada y la pólvora de la corrupción K mojada por el creciente escándalo del espía Marcelo Dalessio.
 
Desesperado por huir hacia adelante, el Presidente apeló esta semana al viejo truco de mostrar autoridad con un puñetazo a la mesa. Pero el efecto fue, como suele pasar cuando se sobreactúa, el contrario: el establishment lo mira perplejo, Wall Street espera sin jugar una sola ficha, la Corte Suprema lo ignora, sus aliados toman distancia, la CGT se despereza y el peronismo sonríe, al fin, ante la perspectiva ahora menos remota de que el ballotage termine enfrentando a dos opositores.
 
La metáfora desafortunada de la semana corrió por cuenta del presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, a quien secundará por lo que le quede de mandato el fallido exvice de Federico Sturzenegger en el Central, Lucas Llach. "¿Qué prefieren, estar en un auto a más de 100 kilómetros por hora que va hacia la pared o haber chocado ya con la pared y no tener más que un par de huesos rotos?", preguntó González Fraga a un auditorio de financistas, quienes por las dudas no arriesgaron respuesta.
 
Muerte o dunga-dunga. Casi tan alentador como el "estamos bailando en la cubierta del Titanic" que soltó Dante Sica ante bodegueros.
 
En el campo rumian su malestar por el regreso de las retenciones y la suba de costos, dos coletazos de la devaluación de fines de septiembre. Hasta reaparecieron juntos los referentes de la vieja Mesa de Enlace de 2008, aunque esta vez para castigar a Macri. Fue un lamento muy sintomático del momento que se vive en el empresariado.
 
Conmovidos o irónicos, los integrantes del Comité Ejecutivo de la UIA se cansaron de reenviar por whatsapp el video del reencuentro ruralista. "Parecen industriales", comentó con sorna uno de los tres que envió el recorte a BAE Negocios. ¿Y el Grupo de los Siete, donde hasta hace un año compartían amables almuerzos? Bien, gracias.
 
A los industriales, anteayer, Sica los reprendió por primera vez en un tono similar al que usaba su antecesor que los trató de "llorones", Francisco Cabrera. Sica se enojó porque un rotario cuchicheó que su discurso era "puro piripipí" y acusó entonces al empresariado de asociarse con los sindicatos para después pedirle prebendas al Estado. "Ya nos ponen en la misma bolsa a todos. Están en la fase yo contra el mundo", comentó un dueño de fábrica presente en el salón.
 
Más allá de las intenciones, gobernar bajo emoción violenta empieza a granjearle enemigos al macrismo.

22-03-2019 / 08:03
La funesta política económica neoliberal de Mauricio Macri, dirigida por el FMI, aumentó la desocupación urbana que alcanzó en el último trimestre de 2018 al 9,1 por ciento de la población económicamente activa, lo cual representa un aumento de casi dos puntos con respecto al 7,2 por ciento registrado por el Indec en el mismo período del año anterior.
 
Esto significa que 1.752.000 personas se encuentran desempleadas y en busca de trabajo, de un total de casi 13 millones que representan la población activa en núcleos urbanos de todo el país. El aumento de la tasa de desempleo representaría que, a lo largo de 2018, se sumaron unos 260 mil personas al ejército de desocupados.  Si se proyecta al total de la población laboral, la cantidad de desempleados nuevos sería del orden de los 400 mil sobre un total de 1 millón 750 mil.
 
La proporción de ocupados demandantes de empleo llegó en el cuarto trimestre de 2018 al 17,3 por ciento, lo cual representa un salto importante con respecto a un año atrás, cuando medía 14,7 por ciento. Esta cifra refleja los subocupados que buscan otro empleo sin conseguirlo, o bien ocupados plenos en busca de sumar otro trabajo o reemplazar el que tienen, presumiblemente por insuficiencia de ingresos.  
 
En el período informado por el Indec, también aumentó la tasa de subocupados con respecto a la de un año atrás. La proporción de trabajadores que, si bien tienen empleo, no llegan a cubrir una jornada completa, representa el 12 por ciento de la población activa, cuando a fines de 2017 representaba el 10,2 por ciento.
 
De acuerdo a las cifras del Indec, los subocupados sumaban un millón 557 mil personas a fines de 2018, unos 260 mil más que en el cuarto trimestre del año anterior. Por sexo y edad, la franja de población con mayores problemas de desempleo son los jóvenes de hasta 29 años. Entre las mujeres, el desempleo llega al 21,4 por ciento. Entre los varones, la tasa es del 15,4 por ciento.
 
En el primer caso, el aumento en relación al año anterior es de 2,6 puntos (era de 18,8 por ciento a fines de 2017). El desempleo joven de los varones creció en un año cuatro puntos, a partir del 11,4 por ciento en la medición del último cuarto de 2017.
 
De los 31 aglomerados urbanos, en cinco la desocupación alcanzó a los dos dígitos (es decir, que superó el 10 por ciento). Ellos son: Gran Rosario (12,8 por ciento), Mar del Plata (12,8), partidos del conurbano bonaerense (11,4), San Nicolás-Villa Constitución (11,3) y Santa Rosa-Toay (10,1). Mar del Plata es, además, el aglomerado urbano con mayor subocupación: 17,5 por ciento. En 2019 el mercado de trabajo no se recuperará y el desempleo volverá a subir.
 
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