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El cruce de los Andes se hace en varias columnas, dos de ellas capitaneadas por oficiales chilenos: O'Higgins y el coronel Ramón FreireSan Martín no podía entrar a Chile con bandera argentina, como un invasor, sino con la bandera de un libertador de la Patria Grande. Era la verdadera naturaleza de la revolución.
 
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Sociedad e Interés General - 16-01-2019 / 19:01
EFEMÉRIDES HISTÓRICAS

El general San Martín, con 4.000 hombres, inicia el cruce de los Andes para liberar Chile

El general San Martín, con 4.000 hombres, inicia el cruce de los Andes para liberar Chile
El Cruce de los Andes fue un conjunto de maniobras realizadas por el Ejército de los Andes, entre el 12 de enero y el 8 de febrero de 1817, para atravesar con una fuerza de 4.000 regulares y 1.200 milicianos la cordillera desde la región de Cuyo hasta Chile, y enfrentar a las tropas realistas leales a la Corona española que allí se encontraban.
En el marco del proceso revolucionario independentista, el 17 de enero de 1817, la columna comandada por el general José de San Martín inicia el cruce de los Andes. El grueso del ejército al mando del propio jefe de la expedición tomó la ruta llamada corrientemente Paso de Los Patos.
 
San Martín construyó su ejército en Cuyo con argentinos nativos de esa zona y con chilenos fugados de su país tras la derrota de Rancagua. El ejército era argentino-chileno, como lo afirman Olazábal y Guido en su correspondencia, y el segundo jefe era el chileno Bernardo de O'Higgins.
 
El cruce de los Andes se hace en varias columnas, dos de ellas capitaneadas por oficiales chilenos: O'Higgins y el coronel Ramón FreireSan Martín no podía entrar a Chile con bandera argentina, como un invasor, sino con la bandera de un libertador de la Patria Grande. Era la verdadera naturaleza de la revolución.
 
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José de San Martín, el extraordinario organizador del Cruce de los Andes
 
El Cruce de los Andes de 1817 fue la mayor operación político-militar efectuada en el marco del proceso revolucionario e independentista. Ella supuso la superación del dilema estratégico que había ubicado en el Alto Perú el camino más propicio para avanzar sobre Lima y en este cambio la figura de José de San Martín fue determinante.
 
Primero, porque palpó en el terreno que el avance por el altiplano era inviable, algo para lo cual contó con el asesoramiento de gente como Manuel Belgrano y Martín Miguel de Güemes. Segundo, porque fue capaz, no solo de diseñar un plan de cruce de la cordillera, sino de ejecutarlo casi a la perfección.
 
Y es en la ejecución de la idea estratégica en donde San Martín se revela como un extraordinario organizador. Al frente de la gobernación de Cuyo, el futuro Libertador desplegará un trabajo incansable y constante hasta poner en pie de guerra 4.080 hombres, al frente de los cuales emprenderá la travesía andina en enero de 1817.
 
Ahora bien, ésta es tan solo la culminación de la historia. Y por más que sea el elemento más importante -porque significó la independencia de Chile y la posibilidad de continuar la empresa emancipadora hacia el Perú-, lo cierto es que hubiera sido imposible efectuarla sin esos 28 meses en los que San Martín gobernó Cuyo. Allí está la clave o el nudo gordiano de esta historia.
 
En ese tiempo en el que la sociedad cuyana se transformó en un enorme cuartel en el que todos sus ciudadanos y sus recursos fueron puestos al servicio de la causa libertadora.
 
El genio organizador se identifica en dos aspectos claves. Primero, en la coherencia entre lo diseñado y su ejecución. Esto se logra tanto con la aplicación de cierto sentido común para resolver los problemas que se van presentando, como así también en la convicción para avanzar hacia la materialización de las soluciones, más allá de los inconvenientes que se presenten para ello.
 
Segundo, en la selección del personal encargado de la gestión directa de las distintas y numerosas dependencias del ejército. Allí es donde aparecen figuras como la de Fray Luis Beltrán, José Álvarez Condarco, Pedro Regalado de la Plaza, Bernardo O'Higgins, Tomás Guido y un menos conocido Bernardo de Vera y Pintado.
 
El punto de partida para la conformación del Ejército de los Andes no fue militar, sino socio-político. San Martín impuso una férrea disciplina social que, desde una óptica descontextualizada, podría ser tildada de autoritaria, pero que respondía a un escenario de guerra inminente contra un enemigo que podía invadir la provincia en cualquier momento.
 
San Martín se lo expresó a su amigo Guido con una frase risueña, pero certera: "Qué plan tan sargentón". Bajo un estricto control social ejercido por los decuriones (algo así como policías barriales), el gobernador impuso una metodología ambivalente entre el consenso y la imposición.
 
Esto es, procuró siempre lograr el apoyo necesario para sus medidas por parte de la élite cuyana (hacendados, iglesia, comerciantes, etc.), pero no trepidó en imponer sus condiciones cuando ello era imposible.
 
De esta forma, fue surgiendo desde la nada misma la fuerza militar que resolvería la ecuación estratégica de la guerra de la independencia. Los hombres se obtuvieron de una extendida recluta que tocó los intereses de los dueños de los esclavos (30 por ciento de ellos fueron incorporados al ejército, además de varios centenares enviados desde Buenos Aires), pero que también abarcó a otros sectores sociales, todos ellos pertenecientes a los sectores populares, como campesinos y trabajadores urbanos.
 
A ellos le agregó el marcial Regimiento de Granaderos a Caballo, la extraordinaria máquina de guerra creada por él mismo y que sería el nervio guerrero del ejército.
 
Claro que un ejército no se compone sólo de hombres. A esos hombres hay que alimentarlos, vestirlos, munirlos, instruirlos y, por sobre todas las cosas, pagarles el sueldo. Como bien enfatiza Beatriz Bragoni, el salario fue un "vehículo transmisor de la eventual profesionalización y disciplina del Ejército de los Andes".
 
Por lo tanto, no puede sorprender la preocupación casi obsesiva para que las tropas recibieran su estipendio en forma regular, pese al altísimo costo monetario que ello implicaba. Si en enero de 1815 el ejército demandaba unos 9.134 pesos en salarios, para diciembre del '16 los gastos mensuales habían ascendido a 38.544.
 
Para sostener ese nivel de gastos fue necesario recurrir a las exacciones forzosas, la creación de nuevos impuestos y a la expropiación lisa y llana de las riquezas en manos enemigas. Y allí un aspecto interesante. Los enemigos no solo eran los realistas confesos, también lo eran los tibios, los indecisos, los pusilánimes. Todos ellos cayeron bajo el peso del "plan sargentón".
 
La otra dimensión fue la creación de una protoindustria militar que incluyó una serie de talleres en donde se fabricó pólvora, se repararon armamentos, se abatanaron y cosieron uniformes y se diseñaron y fabricaron las herramientas para el transporte de los cañones por la alta montaña.
 
Todo ello, además, generó una serie de eslabonamientos productivos que pusieron en movimiento a la economía cuyana. Desde la minería hasta la agricultura, pasando por los carreteros y los empleados públicos, todos los sectores debieron adaptar sus tareas a los requerimientos crecientes del ejército en formación.
 
La última instancia de la preparación consistió en la planificación táctica del Cruce de los Andes. Aquí, una vez más, San Martín y su grupo de asesores pusieron en evidencia una enorme capacidad para el diseño a gran escala.
 
El Cruce de los Andes implicó la movilización de 6 columnas simultáneas sobre un frente extendido de más de 800 kilómetros. Cuatro de esas columnas debían cumplir un rol de enmascaramiento del movimiento principal, que fue liderado por O'Higgins y Juan Las Heras. Con precisión casi matemática, el ejército atravesó la cordillera para reunirse el 10 de febrero en Curimón.
 
Al día siguiente, San Martín tenía a su infantería preparada y su caballería montada gracias a los aportes que con celeridad le habían preparado sus espías en Chile. Tan sólo le faltaban los cañones, pero ellos podían demorar más de la cuenta, por lo que adoptó una medida arriesgada: dar batalla sin la artillería de campaña.
 
De esta forma, el 12 de febrero, dos días antes de lo previsto en el plan inicial, el Ejército de los Andes desplegó en Chacabuco ante los sorprendidos realistas, que nunca atinaron a interpretar que lo que estaba ocurriendo era una invasión a gran escala desde Mendoza.
 
El resultado ya es conocido: los patriotas doblegaron al enemigo gracias a la resistencia de la infantería y a una fulminante carga del batallón N° 1 de Cazadores por el flanco.
 
El poder realista en Chile concluyó su derrumbe un año después, en los campos de Maipú, pero está claro que la operación de Cruce de los Andes fue un golpe decisivo para el desarrollo de la guerra de la independencia en todo el continente. A partir de aquel verano de 1817, los revolucionarios del sur pasaron a la ofensiva, situación que ya no abandonarían hasta la batalla final de Ayacucho, en 1824.
 
Por Pablo Camogli - Periodista, escritor e historiador
 
Fuente: Los Andes

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20-08-2019 / 20:08
El voto femenino era un reclamo histórico de los movimientos feministas, que exigían la igualdad de derechos, deberes y oportunidades entre las mujeres y los hombres. En la Argentina, con excepción de la breve experiencia sanjuanina de 1927 y los simulacros de votación de las mujeres socialistas, se seguía demorando. 
 
Durante la campaña presidencial de febrero de 1946, el Partido Laborista, que presentaba a Juan Perón como candidato a presidente, prometió su aprobación. En julio de 1946, se presentó un proyecto de ley que contemplaba los derechos políticos de la mujer, que otorgaba igualdad de género en todos los derechos y deberes que la Constitución y las leyes argentinas otorgaban al hombre. La Comisión de Negocios Constitucionales del Senado aconsejó la sanción.
 
El 21 de agosto de 1946, el Senado aprobó el proyecto de ley que otorgaba los derechos políticos a la mujer; y quien iba a apurar el expediente parlamentario se llamaba Eva Perón, flamante Primera Dama. Apenas repuesta de sus problemas de salud, el 11 de septiembre del mismo año, visitó la Cámara de Diputados y reclamó el pronto tratamiento del proyecto, que ya contaba con media sanción, ante los parlamentarios Ricardo C. Guardo, Raúl Bustos Fierro, Oscar Albrieu y Alcides Montiel.
 
Y no descansó ante el trámite pendiente. Esto fue fundamental para que se estableciera el voto femenino y la posibilidad de que una mujer pudiera ser elegida en la Ley N° 13010. Finalmente, a mediados del siglo XX, por primera vez en la historia del país, las mujeres argentinas pudieron depositar su voto en las urnas. Era 11 de noviembre de 1951. Entonces, lograba su reelección Juan Perón.
 
Por Blas García para La Opinión Popular


19-08-2019 / 20:08
19-08-2019 / 20:08
José María Rosa (también conocido como Pepe Rosa) nació en Buenos Aires, el 20 de agosto de 1906. Fue un notable historiador, político y diplomático argentino.
 
Después de 1955, participó activamente en la Resistencia Peronista convirtiéndose en uno de sus referentes más respetados y queridos. En 1966 lo llevamos a Córdoba para que diera un ciclo de conferencias en la Facultad de Ingeniería, ante una juventud que tomó con entusiasmo las banderas históricas revisionistas y las hace suyas, oponiéndose a la historia oficial.
 
El éxito de ese ciclo lo alentó para que publicara su monumental  "Historia Argentina", obra en 13 tomos, a los que luego de su muerte se le agregaron cuatro más. Lo volvimos a convocar en 1969, en vísperas del Cordobazo, junto a Rodolfo Ortega Peña Eduardo Luis Duhalde, para desarrollar, durante una semana, el tema: "Los caudillos argentinos".
 
Rosa integraría la comitiva de notables que van a buscar a Juan Perón en el famoso vuelo chárter del 17-11-72. Y a su pedido se declara el día 20 de noviembre, en conmemoración de la Batalla de la Vuelta de Obligado, Día de la Soberanía Nacional.
 
Fundador de la Revista Línea ("la voz de los que no tienen voz") que se opuso a la dictadura militar de 1976-1983, abogado y profesor universitario fue uno de los más respetados y consultados historiadores de la corriente que se llamó revisionista.
 
Para quienes tuvimos la oportunidad de conocerlo personalmente y aprender de él, "Don Pepe" es uno de los historiadores que mas influyó en la construcción del pensamiento nacional y popular en varias generaciones de argentinos.
 
Por Blas García



19-08-2019 / 10:08
19-08-2019 / 10:08
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