La Opinión Popular
                  13:11  |  Lunes 21 de Enero de 2013  |  Entre Ríos
El clima en Paraná
“Si la fuerza material está monopolizada por el régimen, las fuerzas morales, los valores que no se afincan en lo material están de nuestro lado, del lado del pueblo, y la militancia los transformará en fuerza avasalladora”. John W. Cooke
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Nacionales - 08-09-2018 / 08:09
PANORAMA POLÍTICO

Violencia es que el precio del kilo de pan esté en 100 pesos

Violencia es que el precio del kilo de pan esté en 100 pesos
Violencia es que el precio del kilo de pan esté llegando a los cien pesos y que un litro de leche ya cueste casi 50 pesos. La insensibilidad de un gobierno que pone el pan y la leche fuera del alcance de miles de familias es violencia. Empezaron diciendo que los pobres no debían acceder a vacaciones, ni a un plasma o un coche. “Eso es querer vivir con más de lo que se tiene, la fantasía del populismo”, dijeron. Así se empieza, ahora se trata del pan, la leche y los alimentos mínimos indispensables para una familia.
A veces dos más dos es cuatro: los precios se desbocan (2) y el Gobierno dice que se está preparando una guerrilla saqueadora (2). La deducción es matemática (2+2 =): el Gobierno prepara una represión brutal (4). Mauricio Macri hizo desaparecer los ministerios de Trabajo, de Cultura y de Salud, pero preservó el de Seguridad y le aumentó el presupuesto.
 
La ministra Patricia Bullrich, favorita del presidente, usó como excusa para amenazar a la sociedad los hechos confusos por los cuales murió un chico en el Chaco: "Hay dirigentes importantes detrás de una guerrilla en preparación". Asimilan la experiencia del 2001, pero no para prevenir la catástrofe, sino para incrementar la violencia. No se trata de solucionar el problema, sino de reprimir sus consecuencias.
 
Es la respuesta de un gobierno que perdió sustento en la sociedad y la confianza por parte del poder económico. Por un lado amenaza con la violencia. Por el otro, para recuperar el favor de banqueros y empresarios,  anunció varias veces un acuerdo con el Fondo Monetario que todavía ni existe. Sin soluciones ni capacidad para encontrarlas, el gobierno prolonga peligrosamente la agonía del país.
 
Violencia es que el precio del kilo de pan esté llegando a los cien pesos y que un litro de leche ya cueste casi 50 pesos. La insensibilidad de un gobierno que pone el pan y la leche fuera del alcance de miles de familias es violencia.
 
Empezaron diciendo que los pobres no debían acceder a vacaciones, ni a un plasma o un coche. "Eso es querer vivir con más de lo que se tiene, la fantasía del populismo", dijeron. Así se empieza, ahora se trata del pan, la leche y los alimentos mínimos indispensables para una familia.
 
Los números de la macroeconomía (caída de casi siete puntos de la industria, caída de dos puntos del PBI, 42 por ciento de inflación) asustan a los economistas y los empresarios. Los precios de la leche, el pan y los alimentos indispensables asustan a la gente.
 
Es difícil discernir cuál de las dos reacciones es más importante. Seguramente el susto de los empresarios hará caer aún más la economía. Pero lo que ya se extiende en las barriadas humildes y de clases medias bajas, más que susto es desesperación.
 
No la están midiendo. Hay índices de PBI, de inflación y de pobreza, pero no hay un medidor de desesperación. El que no es pobre, el que no está desempleado ni tiene un salario por debajo de la línea de pobreza no tiene ni idea, no termina de entender, el pozo que se abrió bajo sus pies.
 
No se trata de leer el futuro la bola de cristal o en las entrañas de un cordero para hablar de violencia en ese contexto. El gobierno la está provocando. Y la solución no puede ser amenazar con más violencia todavía, ni acusar a la oposición de organizarla. El responsable de cualquier desborde social es el gobierno. Y también será el responsable de cualquier víctima que produzca su represión.

 
Cuando hay un motivo concreto que lleva a miles de familias a la desesperación, la represión no alivia la tensión social, sino que la agudiza. Y la responsabilidad por la violencia es de quien generó las condiciones para que estalle y no de la oposición que las criticó y se resistió a generarlas.
 
Hay una ecuación inevitable entre el menoscabo institucional que produciría la salida anticipada de un gobierno que ya no tiene respuestas para la crisis y el daño que pueda ocasionar su permanencia. Durante la transición democrática se produjo la salida anticipada de Raúl Alfonsín, muy presionado por la hiperinflación, y la de un Fernando de la Rúa desahuciado por el cataclismo del 2001.
 
Otra vez, como en el 2001, las políticas económicas han destrozado las economías populares y generado una situación de desesperación en la mayoría de la sociedad.
 
Es el problema más grave y el gobierno no tiene respuesta. Por el contrario echa nafta al fuego. Ya anunció que habrá otros diez mil despidos en el Estado al suprimir los contratos cooperativos tercerizados. Y la parálisis de la obra pública implicará otros 40 mil desempleados.
 
El panorama de crisis se extiende como una mancha de aceite y va a empeorar. Hay zonas en el Conurbano donde el desempleo llega al 16 por ciento. Ni siquiera hay paliativos. Las recetas neoliberales con su darwinismo económico por el que sobrevive el más rico sobre el más pobre, se traslada inmediatamente al plano social donde sobrevive el más fuerte sobre el débil. Y eso desemboca en violencia.
 
El distrito más golpeado es el Conurbano. No hay María Eugenia Vidal que resista. El mal clima con el gobierno se siente hasta en los reductos más fuertes del macrismo. En algunas localidades los vecinos se han puesto de acuerdo para no dejar entrar a los empleados de las empresas de electricidad.
 
En otras se han organizado ferias de trueque en las que participan hasta diez mil personas, sobre todo mujeres, donde se intercambia ropa usada por alimentos.
 
Tras los sucesos del Chaco y ante el riesgo de contagio, los intendentes del Conurbano iniciaron consultas. Hubo diferentes reuniones y en todas coincidieron en que "en el Conurbano una chispa puede desatar el incendio", "la gente pide comida y trabajo".
 
La gobernadora  Vidal creó un fondo de mil millones de pesos, pero la provincia acumula una pérdida de siete mil millones por la desaparición del Fondo Sojero que había establecido el gobierno kirchnerista.
 
Una gran parte del voto bonaerense a Cambiemos no es tan derechizado como sucede en el núcleo duro porteño. Es un ciudadano que buscó una mejora con el macrismo y ahora se siente defraudado y con mucha bronca. Es un voto volátil que el macrismo ya perdió.
 
En este clima resulta muy difícil que Cambiemos vuelva a ganar en la provincia, independientemente de cuál sea el nivel de imagen de la gobernadora Vidal.
 
El país en situación límite produce paradojas en serie. El gobierno que surgió con un fuerte envión de productores rurales enojados por las retenciones fue conminado por el FMI para volver a aplicarlas.
 
El Gobierno que mantendrá  la ayuda caritativa de los planes trabajar como único paliativo a la falta de trabajo, hizo su campaña mediática en las redes contra estos subsidios con frases simples como "agarrá la pala" o "a mí nadie me regaló nada".
 
Fue una fuerte campaña ideológica contra el gobierno anterior que, paradójicamente, fue reemplazando en forma progresiva esos planes por la creación de trabajo genuino.
 
El gobierno neoliberal que tanto criticó el "control de precios" del gobierno anterior anunció que regresará el programa de "precios cuidados" instituido por el kirchnerismo. Todas estas medidas fueron anunciadas casi por obligación y parecen buscar más un efecto publicitario que concreto.
 
Los sectores de la oposición que fueron arrastrados por la euforia del triunfo macrista y se ganaron el mote de opoficialistas porque facilitaron todas las medidas que desembocaron en la situación actual, en especial el endeudamiento externo, ahora reclaman el rol de oposición que no ocuparon en estos tres años. Estos mismos sectores negocian con el oficialismo la aprobación de un Presupuesto que incluye el ajuste impiadoso impuesto por el FMI.
 
En ese proceso de reordenamiento, Sergio Massa inició un sigiloso acercamiento al peronismo y participó en alguna de las reuniones de los intendentes. Pero fue claro: todavía no quiere hablar de acuerdos electorales opositores, aunque el ex presidente Eduardo Duhalde se haya encargado de tirar al ruedo el nombre del ex ministro de Economía de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna.
 
En el peronismo, los sectores que se volcaron al opoficialismo acusando al kirchnerismo de "sectario", son ahora los que ponen condiciones de exclusión, ya sea de Cristina Kirchner o del kirchnerismo en general, para cualquier armado opositor común.
 
Y el kirchnerismo, acusado de "sectario", es el que no pone ninguna condición para ese armado. Todos plantean la participación en una interna común. Pero el kirchnerismo es el único que no pone condiciones con tal de que se concrete una alternativa de gobierno desde la oposición.
 
La crisis ha esmerilado los argumentos del opoficialismo enfrentado al kirchnerismo, como el massismo o el bloque justicialista de diputados y senadores.
 
Sus bases, en el caso de los que las tienen, ya fueran sindicales o territoriales, están más enojadas con el gobierno y reniegan de la mínima expectativa que pudieron tener en algún momento.
 
Solamente el núcleo duro, más derechista y menos peronista, de esas corrientes, votaría a un macrista antes que a un kirchnerista en la segunda vuelta, si se diera esa circunstancia. A medida que se profundiza la crisis, pesa más el factor opositor que el anti k.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página 12
 

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21-01-2019 / 09:01
"Voy a ser candidato a presidente y quiero ser el presidente de la Argentina del crecimiento para salir de este fracaso", señaló Sergio Massa, líder del Frente Renovador y ahora precandidato de Alternativa Federal, ante las voces que impulsan la postulación del ex ministro de Economía Roberto Lavagna como candidato de un armado peronista sin el cristinismo.
 
"De ninguna manera voy a ser candidato a gobernador", afirmó el ex intendente de Tigre y así descartó bajar su precandidatura que por ahora disputaría con el senador del PJ Miguel Ángel Pichetto y el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey.
 
Con el año electoral ya corriendo a los candidatos y al propio gobierno, Massa apuntó que "el próximo presidente, y sin dudas yo lo tengo claro e impregnado en la piel, después de recorrer parte del país con el auto y tomar contacto con la gente, va a tener que llamar a un gran acuerdo por la unidad".
 
Alternativa Federal nació una vez que el camino de unidad encarado por el peronismo comenzó a concretarse y los dirigentes de Alternativa Federal tomaron la vía de diferenciarse confrontando con el cristinismo.
 
Integrado por gobernadores justicialistas, descartan a la ex presidenta Cristina Fernández como candidata, se declaman como un agrupamiento "superador" de la disyuntiva macrismo- cristinismo. Los dirigentes promueven que las candidaturas se resuelvan a través de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
 
"Cuando vos mirás las serie histórica de la Argentina y... ¿viste que se habla mucho de los últimos 50 años? Roberto (Lavagna), Martín Redrado, José Ignacio de Mendiguren, Aldo Pignanelli, y yo mismo en ese momento desde la seguridad social, pusimos una serie histórica, que cruzó dos gobiernos, el de (Eduardo) Duhalde y el de la primera etapa del de (Néstor) Kirchner", señaló Massa sobre algunos de los funcionarios que pasaron o forman parte del Frente Renovador (FR).
 
"Con Lavagna vamos a ser parte de la solución a los problemas de la Argentina", agregó, buscando mostrar cercanía con el economista. El líder del FR insistió en mostrar su buena relación con Lavagna, con quien dijo reunirse cada quince días, y de quien dijo que es "el faro más importante que tienen aquellos que creen en la Argentina del desarrollo y el crecimiento".
 
La Opinión Popular

20-01-2019 / 09:01
Chico conoce chica, la comedia de Hollywood le saca el jugo. Presidente conoce presidente, las Cancillerías y los medios afines abusan del paralelismo: hablan de "química", "empatía", "onda" y otras simplezas. Como en las comedias o en la vida real el primer encuentro puede influir, pero la larga convivencia siempre es crucial.
 
El presidente brasileño, Jair Messias Bolsonaro, recibió a su colega argentino Mauricio Macri en Brasilia. Dos desaires anteriores (ahora dicen) quedaron atrás: Bolsonaro no vino para el G-20, Macri veraneaba cuando asumió su par. Sobreactuaron amistad aunque a Macri (cultor de la doctrina Chocobar) sus asesores le aconsejan no fotografiarse "disparando" con las manos.
 
Objetivamente tienen un destino común, una frontera gigantesca, un intercambio comercial único. Ningún país es soberano del todo, en la aldea global. Pero hay mandatarios o visiones ideológicas que se empeñan en ampliar los márgenes nacionales de decisión. Otros prefieren el alineamiento con los países hegemónicos aunque jamás hablen de dependencia.
 
A los contertulios de Brasilia no los unen el amor ni el espanto, sí intereses  y la subordinación al Departamento de Estado.
 
Como Aníbal Troilo, Estados Unidos nunca se fue de este Sur, pero su política exterior posterior al atentado a las Torres Gemelas permitió un resuello. Coincidió con la llegada de experiencias populares variadas, más o menos radicales pero muchas antagónicas con la herencia neoconservadora de los '90.
 
Prevalecieron la paz y la no intervención en otros Estados, por un lapso prolongado y con una intensidad tal vez sin precedentes. La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) medió exitosamente para frenar sangrientos intentos golpistas contra el presidente boliviano, Evo Morales, y contra el ecuatoriano Rafael Correa que incluso fue secuestrado por fuerzas de seguridad.
 
Las coincidencias políticas gravitaban pero todos los gobiernos cooperaban en un organismo flamante, de nimia institucionalidad cuyas resoluciones exigen unanimidad de los presidentes. O, cuanto menos, inexistencia de vetos así fuera de uno solo.
 
Diplomacia presidencial al rojo vivo que eleva el protagonismo de los mandatarios y confina a las Cancillerías. Néstor Kirchner fue electo presidente del organismo con la anuencia de todos sus integrantes: una sola bolilla negra bastaba para dejarlo afuera.
 
Las derechas autóctonas, con la cooperación recurrente de "la Embajada" de EE.UU. le coparon la parada a Unasur. Cambiaron la correlación de fuerzas mediante golpes de Estado atípicos, novedosos: en Paraguay, Honduras, Brasil y ahora van por Venezuela. Macri y Bolsonaro 2019 se contraponen a Lula da Silva-Néstor Kirchner en 2003. Pasaron cosas, caramba. 

19-01-2019 / 11:01
19-01-2019 / 10:01
Es cada vez mayor la cantidad de personas que se suman a la protesta callejera contra la suba de los servicios públicos que implementa el gobierno de Mauricio Macri. Por cuarto viernes consecutivo, miles de porteños cortaron anoche las avenidas Rivadavia, Corrientes o Cabildo, entre otras, para protagonizar un nuevo "ruidazo" por los padecimientos derivados de las políticas de la alianza Cambiemos. También hubo manifestaciones en el conurbano bonaerense y en ciudades del interior de la provincia.
 
Las quejas por los aumentos de tarifas, por sueldos y jubilaciones cada vez más insignificantes frente a la inflación, se combinaron con reclamos puntuales de docentes por el cierre de las escuelas nocturnas resuelto por el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.
 
De fondo se alternaba el ya tradicional "Mauricio Macri la puta que te parió", como el menos usual "fuera, fuera, fuera Macri fuera". "Macri son un fracaso como presidente. La inflación es un cáncer. Sos un inepto, le mentís a la gente", se expresa un vecino desde su cartel. "Nos sacaron el Fútbol para Todos para hacer 3000 jardines. ¿Dónde están?", indaga otro.
 
Anoche volvieron a sentirse las cacerolas, los bocinazos y ruidazos en distintas ciudades del país. Se dan después de la segunda marcha de la multisectorial contra los tarifazos que este jueves se realizó en Rosario y que continuará en Mar del Plata y Mendoza. Así como los ruidazos seguirán todos los viernes por la noche.
 
El motivo central de las protestas es el mismo: la crisis económica del modelo neoliberal macrista. La gente se une para marchar o golpear cacerolas, para reclamar por los despidos, los bajos salarios, los aumentos del transporte y de los servicios públicos, porque la plata ya no alcanza.
 
La bronca se acumula de la misma manera que los gastos para llegar a fin de mes. La gente se junta por un reclamo, por una inconformidad que la unifica. Es una queja por el presente, pero con la esperanza de lograr un cambio en el futuro. Protestan porque entienden que quedarse en la comodidad de sus casas se convierte en un silencio cómplice del ajuste macrista.
 
Las protestas continuarán, con mayor o menor presencia en las esquinas de las ciudades, o terminar diluyéndose ante la falta de respuestas positivas. O pueden aumentar, si este año vuelven a golpear los bolsillos populares de manera intolerable. ¿Influirán en las elecciones? Es una pregunta difícil de responder. Por ahora, el ruido sigue. La gente está harta de Macri.
 
La Opinión Popular

18-01-2019 / 09:01
Con Mauricio Macri, se profundizó un fenómeno que había arrancado en la primera mitad del 2018 y que muestra de lleno cuál fue el sector más perjudicado por la crisis económica: los trabajadores asalariados perdieron otra vez participación en el reparto de la torta de ingresos y así se alejan cada vez más del famoso fifty fifty.
 
El fifty-fifty (cincuenta y cincuenta) que impulsó el primer peronismo proponía que trabajadores y empresas se repartieran en partes iguales los ingresos que genera el país.
 
Esta vez la caída de su porción fue de 4,7 puntos durante el tercer trimestre: pasaron de recibir el 50,6% de la torta al 45,9%. Así, volvió a niveles distributivos del 2010.
 
A la par, eso significó un crecimiento de la parte del producto que se quedaron los empresarios, a costa del salario de los trabajadores. Ahí el salto fue casi en espejo y los dueños de las empresas pasaron a recibir el 45,7% del total, lo que implicó un crecimiento de 4,8% puntos.
 
Es decir que el 4% de los que participan en la producción, o sea los empresarios tal como señala el propio Indec, se quedaron con una porción casi idéntica a la del 74% representado por los asalariados.
 
La cuestión del fifty-fifty tiene un poder simbólico fuerte en la Argentina, aunque en los países desarrollados la distribución capital-trabajo es bastante más favorable para los asalariados: la participación asalariada ronda el 60% y durante los 70 giraba en torno al 65%, tal el caso de Estados Unidos.
 
Aunque en 1945 esta proporción era vista como una conquista social, en la actualidad es insuficiente. Para reducir la pobreza y aumentar la equidad es necesario impulsar reformas para que los trabajadores aumenten su participación a niveles más parecidos a los observados en los países desarrollados. Todo lo contrario de lo que está haciendo el gobierno de Mauricio Macri.
 
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