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El clima en Paraná
"El resultado electoral nos genera una gran responsabilidad". Gustavo Bordet
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Nacionales - 08-09-2018 / 08:09
PANORAMA POLÍTICO

Violencia es que el precio del kilo de pan esté en 100 pesos

Violencia es que el precio del kilo de pan esté en 100 pesos
Violencia es que el precio del kilo de pan esté llegando a los cien pesos y que un litro de leche ya cueste casi 50 pesos. La insensibilidad de un gobierno que pone el pan y la leche fuera del alcance de miles de familias es violencia. Empezaron diciendo que los pobres no debían acceder a vacaciones, ni a un plasma o un coche. “Eso es querer vivir con más de lo que se tiene, la fantasía del populismo”, dijeron. Así se empieza, ahora se trata del pan, la leche y los alimentos mínimos indispensables para una familia.
A veces dos más dos es cuatro: los precios se desbocan (2) y el Gobierno dice que se está preparando una guerrilla saqueadora (2). La deducción es matemática (2+2 =): el Gobierno prepara una represión brutal (4). Mauricio Macri hizo desaparecer los ministerios de Trabajo, de Cultura y de Salud, pero preservó el de Seguridad y le aumentó el presupuesto.
 
La ministra Patricia Bullrich, favorita del presidente, usó como excusa para amenazar a la sociedad los hechos confusos por los cuales murió un chico en el Chaco: "Hay dirigentes importantes detrás de una guerrilla en preparación". Asimilan la experiencia del 2001, pero no para prevenir la catástrofe, sino para incrementar la violencia. No se trata de solucionar el problema, sino de reprimir sus consecuencias.
 
Es la respuesta de un gobierno que perdió sustento en la sociedad y la confianza por parte del poder económico. Por un lado amenaza con la violencia. Por el otro, para recuperar el favor de banqueros y empresarios,  anunció varias veces un acuerdo con el Fondo Monetario que todavía ni existe. Sin soluciones ni capacidad para encontrarlas, el gobierno prolonga peligrosamente la agonía del país.
 
Violencia es que el precio del kilo de pan esté llegando a los cien pesos y que un litro de leche ya cueste casi 50 pesos. La insensibilidad de un gobierno que pone el pan y la leche fuera del alcance de miles de familias es violencia.
 
Empezaron diciendo que los pobres no debían acceder a vacaciones, ni a un plasma o un coche. "Eso es querer vivir con más de lo que se tiene, la fantasía del populismo", dijeron. Así se empieza, ahora se trata del pan, la leche y los alimentos mínimos indispensables para una familia.
 
Los números de la macroeconomía (caída de casi siete puntos de la industria, caída de dos puntos del PBI, 42 por ciento de inflación) asustan a los economistas y los empresarios. Los precios de la leche, el pan y los alimentos indispensables asustan a la gente.
 
Es difícil discernir cuál de las dos reacciones es más importante. Seguramente el susto de los empresarios hará caer aún más la economía. Pero lo que ya se extiende en las barriadas humildes y de clases medias bajas, más que susto es desesperación.
 
No la están midiendo. Hay índices de PBI, de inflación y de pobreza, pero no hay un medidor de desesperación. El que no es pobre, el que no está desempleado ni tiene un salario por debajo de la línea de pobreza no tiene ni idea, no termina de entender, el pozo que se abrió bajo sus pies.
 
No se trata de leer el futuro la bola de cristal o en las entrañas de un cordero para hablar de violencia en ese contexto. El gobierno la está provocando. Y la solución no puede ser amenazar con más violencia todavía, ni acusar a la oposición de organizarla. El responsable de cualquier desborde social es el gobierno. Y también será el responsable de cualquier víctima que produzca su represión.

 
Cuando hay un motivo concreto que lleva a miles de familias a la desesperación, la represión no alivia la tensión social, sino que la agudiza. Y la responsabilidad por la violencia es de quien generó las condiciones para que estalle y no de la oposición que las criticó y se resistió a generarlas.
 
Hay una ecuación inevitable entre el menoscabo institucional que produciría la salida anticipada de un gobierno que ya no tiene respuestas para la crisis y el daño que pueda ocasionar su permanencia. Durante la transición democrática se produjo la salida anticipada de Raúl Alfonsín, muy presionado por la hiperinflación, y la de un Fernando de la Rúa desahuciado por el cataclismo del 2001.
 
Otra vez, como en el 2001, las políticas económicas han destrozado las economías populares y generado una situación de desesperación en la mayoría de la sociedad.
 
Es el problema más grave y el gobierno no tiene respuesta. Por el contrario echa nafta al fuego. Ya anunció que habrá otros diez mil despidos en el Estado al suprimir los contratos cooperativos tercerizados. Y la parálisis de la obra pública implicará otros 40 mil desempleados.
 
El panorama de crisis se extiende como una mancha de aceite y va a empeorar. Hay zonas en el Conurbano donde el desempleo llega al 16 por ciento. Ni siquiera hay paliativos. Las recetas neoliberales con su darwinismo económico por el que sobrevive el más rico sobre el más pobre, se traslada inmediatamente al plano social donde sobrevive el más fuerte sobre el débil. Y eso desemboca en violencia.
 
El distrito más golpeado es el Conurbano. No hay María Eugenia Vidal que resista. El mal clima con el gobierno se siente hasta en los reductos más fuertes del macrismo. En algunas localidades los vecinos se han puesto de acuerdo para no dejar entrar a los empleados de las empresas de electricidad.
 
En otras se han organizado ferias de trueque en las que participan hasta diez mil personas, sobre todo mujeres, donde se intercambia ropa usada por alimentos.
 
Tras los sucesos del Chaco y ante el riesgo de contagio, los intendentes del Conurbano iniciaron consultas. Hubo diferentes reuniones y en todas coincidieron en que "en el Conurbano una chispa puede desatar el incendio", "la gente pide comida y trabajo".
 
La gobernadora  Vidal creó un fondo de mil millones de pesos, pero la provincia acumula una pérdida de siete mil millones por la desaparición del Fondo Sojero que había establecido el gobierno kirchnerista.
 
Una gran parte del voto bonaerense a Cambiemos no es tan derechizado como sucede en el núcleo duro porteño. Es un ciudadano que buscó una mejora con el macrismo y ahora se siente defraudado y con mucha bronca. Es un voto volátil que el macrismo ya perdió.
 
En este clima resulta muy difícil que Cambiemos vuelva a ganar en la provincia, independientemente de cuál sea el nivel de imagen de la gobernadora Vidal.
 
El país en situación límite produce paradojas en serie. El gobierno que surgió con un fuerte envión de productores rurales enojados por las retenciones fue conminado por el FMI para volver a aplicarlas.
 
El Gobierno que mantendrá  la ayuda caritativa de los planes trabajar como único paliativo a la falta de trabajo, hizo su campaña mediática en las redes contra estos subsidios con frases simples como "agarrá la pala" o "a mí nadie me regaló nada".
 
Fue una fuerte campaña ideológica contra el gobierno anterior que, paradójicamente, fue reemplazando en forma progresiva esos planes por la creación de trabajo genuino.
 
El gobierno neoliberal que tanto criticó el "control de precios" del gobierno anterior anunció que regresará el programa de "precios cuidados" instituido por el kirchnerismo. Todas estas medidas fueron anunciadas casi por obligación y parecen buscar más un efecto publicitario que concreto.
 
Los sectores de la oposición que fueron arrastrados por la euforia del triunfo macrista y se ganaron el mote de opoficialistas porque facilitaron todas las medidas que desembocaron en la situación actual, en especial el endeudamiento externo, ahora reclaman el rol de oposición que no ocuparon en estos tres años. Estos mismos sectores negocian con el oficialismo la aprobación de un Presupuesto que incluye el ajuste impiadoso impuesto por el FMI.
 
En ese proceso de reordenamiento, Sergio Massa inició un sigiloso acercamiento al peronismo y participó en alguna de las reuniones de los intendentes. Pero fue claro: todavía no quiere hablar de acuerdos electorales opositores, aunque el ex presidente Eduardo Duhalde se haya encargado de tirar al ruedo el nombre del ex ministro de Economía de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna.
 
En el peronismo, los sectores que se volcaron al opoficialismo acusando al kirchnerismo de "sectario", son ahora los que ponen condiciones de exclusión, ya sea de Cristina Kirchner o del kirchnerismo en general, para cualquier armado opositor común.
 
Y el kirchnerismo, acusado de "sectario", es el que no pone ninguna condición para ese armado. Todos plantean la participación en una interna común. Pero el kirchnerismo es el único que no pone condiciones con tal de que se concrete una alternativa de gobierno desde la oposición.
 
La crisis ha esmerilado los argumentos del opoficialismo enfrentado al kirchnerismo, como el massismo o el bloque justicialista de diputados y senadores.
 
Sus bases, en el caso de los que las tienen, ya fueran sindicales o territoriales, están más enojadas con el gobierno y reniegan de la mínima expectativa que pudieron tener en algún momento.
 
Solamente el núcleo duro, más derechista y menos peronista, de esas corrientes, votaría a un macrista antes que a un kirchnerista en la segunda vuelta, si se diera esa circunstancia. A medida que se profundiza la crisis, pesa más el factor opositor que el anti k.
 
Por Luis Bruschtein
 
Fuente: Página 12
 

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18-04-2019 / 10:04
18-04-2019 / 09:04
Durante semanas los medios ultraoficialistas: Clarín, La Nación e Infobae, estuvieron anticipando supuestas medidas para conjurar el impacto inflacionario, para aguantar hasta las elecciones. Es que el desquicio de precios descontrolados, tarifas en incesante aumento, despidos y suspensiones masivas complican las posibilidades de reelección de Mauricio Macri.
 
Y el anuncio falló desde su misma presentación. Se supone que la intención, ante una realidad económica que le es absolutamente esquiva al gobierno de Macri, y tras un golpe de nocaut como el dato de la inflación de marzo, era que el Gobierno demostrara que estaba de pie, que generara confianza como para que le creyeran que podía llegar a las elecciones entero.
 
Lo calificaron de Plan Aspirina, Plan Parche, "paquetito" y hasta hubo quien lo comparó con la táctica de un técnico de fútbol que se sabe despedido y juega en el último partido con toda la audacia que nunca tuvo, con los jugadores y la estrategia en los que nunca creyó, para despedirse, fracasado, diciendo "hice lo que me pedía la gente".
 
El primer gesto fue esconder al Presidente y mostrarlo apenas asomado a un video mal editado del cual se presumía ser producto de una charla espontánea con una vecina. Mala elección. Peor aún para quienes tuvieron que dar la cara y responder ante la inevitable pregunta del periodismo. ¿Por qué no hizo los anuncios el Presidente?
 
También hizo agua el fondo de las medidas. ¿Hacía falta recurrir justamente a medidas K, tantas veces vilipendiadas, para ser presentadas ahora como salvavidas? Procrear, Precios Cuidados, congelamiento de tarifas, créditos con fondos de Anses, son conceptos que el gobierno demonizó durante tres años y medio como emblemas K, y hoy se convierten en instrumentos "para llevar alivio a las familias".
 
Es un paquete de medidas confusas, "parches" que no pueden provocar un impacto en el consumo: precios accesibles de la carne pero con reducido alcance en su disponibilidad, créditos de costo elevadísimo para familias que cobran dos mangos, tarifas ya a niveles exorbitantes sobre las que se promete no aplicarles más aumentos hasta fin de año, acuerdo de estabilidad de precios sobre una cantidad muy limitada de productos y luego de haber tenido un fuerte aumento previo.
 
Plan de pagos de la AFIP para deudas impositivas que no resuelven el problema central que genera la inactividad de las empresas. Créditos que no solucionan los problemas que afectan al conjunto de la sociedad, y que el programa del FMI eterniza: la debacle del ingreso y la producción. El verdadero "precio cuidado" (o congelado) es el salario. Y sin recomposición de los ingresos y sin reactivación productiva, no hay posibilidad de tener un horizonte distinto al de un colapso, que es lo que hoy se tiene por delante.
 
La Opinión Popular
 

17-04-2019 / 10:04
Ayer fue otro día negro para el Gobierno de Mauricio Macri, la inflación trepó al 4,7% en marzo y acumuló en el primer trimestre 11,8%, según informó el Indec. Desesperados por la elevada inflación y el posible resultado adverso en las próximas elecciones, el Gobierno le pidió FMI congelar las bandas de no intervención del Banco Central hasta fin de año entre un piso de $ 39,75 y un techo de $ 51,45.
 
Es claro que el FMI maneja el rumbo del país. Luego del anuncio del presidente del Central, Guido Sandleris, el Fondo destacó la medida y sostuvo que la inflación es un "desafío difícil para las autoridades argentinas", pero que se reduciría en los próximos meses. Con el combo de tarifazos y posibles saltos del dólar difícilmente caiga la inflación.
 
En los últimos doce meses la inflación alcanzó los 54,7 %, los rubros que más se encarecieron en marzo fueron los alimentos y bebidas, la educación y las prendas de vestir y calzado. La suba de precios impacta con más fuerza en los sectores más pobres ya que destinan la mayor parte de sus ingresos a la compra de los alimentos (lo que más aumentó).
 
Por los altos precios y el menor poder adquisitivo, el consumo se desplomó. Según un relevamiento, las ventas de los productos que componen la canasta básica (alimentos, bebidas, artículos de limpieza) registraron el mes pasado una baja del 8,7 % en volumen. Una baja que sólo se compara con lo registrado en la gran crisis del 2002.
 
Este miércoles el Presidente, y luego en conferencia de prensa los ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne; de Salud y Desarrollo Social, Carolina Stanley, y de Producción y Trabajo, Dante Sica, anunciarán medidas cosméticas electoralistas para "tolerar" la inflación, que incluirían una ampliación del programa Precios Cuidados, descuentos en supermercados y créditos de Anses para jubilados y beneficiarios de AUH. Hubo empresas como Molinos y La Paulina que se adelantaron y ya remarcaron sus precios.
 
El Gobierno apuesta a impedir una posible corrida cambiaria que hunda las aspiraciones de Macri de ser reelecto aunque cuenta con herramientas limitadas para evitar un nuevo salto del dólar. El FMI es partidario de la libre flotación del dólar, es decir que haya más devaluación si el "mercado" así lo exige, pero más devaluación dispararía aún más la inflación, la situación sería caótica y el macrismo se tendría que despedir de cualquier chance electoral.
 
El FMI respalda a Macri, pero como ya adelantó la directora gerente Christine Lagarde "sería una tontería que cualquier candidato diera la espalda al trabajo que se está haciendo", es decir gane quien gane oficialistas u opositores el mensaje es claro: habrá que seguir bajo la bota del FMI con más ajustes, reforma laboral y previsional. En tanto, la estrategia de Cambiemos es aguantar hasta las elecciones sin que se produzca una debacle, pero después el futuro es tétrico.
 
La Opinión Popular
 

16-04-2019 / 09:04
El 11 de abril pasado, Mauricio Macri lanzó entre bombos y platillos un fenomenal Plan Nacional Anticorrupción 2019-2023 para poner bajo la lupa a todas las dependencias del gobierno, pero ahora, la titular de la Oficina Anticorrupción, que diseñó este aparatoso plan, Laura Alonso, ha dicho que ni ella ni su oficina intervendrán en causas de corrupción de funcionarios de Cambiemos. No existe.
 
Así cualquiera. Es fabuloso tener un plan anticorrupción contra los otros y al mismo tiempo encubrir la corrupción de los propios al paralizar al organismo que los debería investigar. Laura Alonso se convierte con estas declaraciones en la luchadora Anticorrupción típica del discurso de Cambiemos.
 
Como los periodistas que se llaman "independientes" y ahora nos enteramos que trabajan para los servicios de inteligencia, Laura Alonso es lo contrario de lo que dice. En el programa de Luis Majul, indicó que es una decisión no investigar ni ser querellante en las causas de corrupción del Gobierno "para preservar cualquier tipo de sospecha o duda sobre la falta de imparcialidad". Es al revés: esa decisión confirma la falta de imparcialidad de Alonso.
 
Esta Oficina Anticorrupción es un chiste desde el momento en que Macri emitió un decreto que cambiaba los requisitos que debería cumplir el titular de la OA y los dibujó a imagen y semejanza de Laura Alonso, su candidata.
 
De hecho, Anticorrupción intervino en varios casos del gobierno de Cambiemos, el partido al cual pertenece Alonso. A mediados de 2016 fue acusada por su actuación en los Panamá Papers por la Fundación por la Paz y el Cambio Climático de Argentina: "mal desempeño de sus funciones", "abuso de autoridad" e "incumplimiento de deberes públicos". Laura Alonso defendió a Macri argumentando que constituir sociedad en paraíso fiscal no es delito en sí mismo.
 
El ex ministro de Energía Juan José Aranguren fue denunciado por comprar gas a Chile, sin licitación, mediante un acuerdo con ese país con un sobreprecio 53% mayor que el GNL que llega por barco y 128% más caro que las importaciones de Bolivia, y favorecer con ese procedimiento a la empresa Shell, de la cual es accionista. Alonso archivó la denuncia.
 
Hay muchas situaciones de este tipo. Alonso tiene denuncias en la Justicia por "persecución selectiva" por la manera como decide en qué causas intervenir y en cuáles no. En febrero de 2017, un grupo de diputados denunció a la Oficina Anticorrupción de Laura Alonso, por el escandaloso acuerdo firmado entre el gobierno de Macri con el Correo Argentino, por el cual se le condonaba al Grupo Macri, una deuda de 70 mil millones de pesos con el Estado. Alonso no es anticorrupta, usa a su organismo para hacer politiquería, lo cual es corrupción.
 
La Opinión Popular
 

16-04-2019 / 09:04
A diez semanas del cierre de listas, los u$s60 millones diarios del FMI empezarán a sellar la estrategia electoral del Gobierno de Mauricio Macri.
 
Si la mayor oferta de dólares, ayudada por la liquidación de la cosecha, alcanza a neutralizar la presión de la catástrofe inflacionaria y de la incertidumbre electoral sobre el dólar, Macri ratificará de forma definitiva su armado político electoral y todo el PRO se pondrá la camiseta de Durán Barba conducción.
 
El primer hecho, la estabilización del dólar, es el más deseado por todos en el oficialismo. Pero su consecuencia, la ratificación del modelo, es el más temido.
 
No lo quieren los radicales, no lo quiere María Eugenia Vidal, no lo quiere Horacio Rodríguez Larreta y no lo quiere Emilio Monzó. Creen que un veranito antes del cierre de listas provocará cinco meses de turbulencias.
 
"Si el dólar se mantiene o cede, el Gobierno lo va a tomar como una señal de acierto y va a ratificar todo lo de siempre. Si eso pasa, el verdadero enigma arranca entre el cierre de listas y el ballotage. Hay tres hitos: el día que Cristina anuncie que es candidata, el día de la PASO, en que muestre que es competitiva, y el día de la primera vuelta, cuando se meta en el ballotage. Esos tres días son un samba cambiario", vaticina una de las caras más visibles del Gobierno.
 
Agrega un dato más: "Y toda la sangría desde ahora hasta el ballotage, es responsabilidad de nuestro candidato, el Presidente de la Nación. Se la van a cobrar en la factura electoral de él". Por eso, ya hay quienes dicen en Cambiemos: cuanto mejor, peor.
 

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