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Sociedad e Interés General - 06-09-2018 / 16:09
EFEMÉRIDES POPULARES

A 21 años de la muerte de Gilda: Todo eso fuiste

A 21 años de la muerte de Gilda: Todo eso fuiste
LA ABANDERADA DE LA BAILANTA. Míriam Alejandra Bianchi, más conocida por su nombre artístico Gilda, murió en Villa Paranacito, Entre Ríos, el 07 de septiembre de 1996. Fue una cantante y compositora argentina de cumbia y música tropical.
Míriam Alejandra Bianchi, más conocida por su nombre artístico Gilda, murió en Villa Paranacito, Entre Ríos, el 07 de septiembre de 1996. Fue una cantante y compositora argentina de cumbia y música tropical.
 
Entre sus canciones más conocidas se encuentran "Ámame suavecito", "Corazón valiente", "Corazón herido", "Tu cárcel", "Fuiste", "No me arrepiento de este amor", "No es mi despedida", "Como tú" , "Paisaje" (cover en español del tema "Paessagio" de Franco Simone), "No te quedes afuera", "Se me ha perdido un corazón", "Rompo las cadenas" y "Te cerraré la puerta". Su corta pero exitosa carrera, sumada a su trágica muerte en el apogeo de ésta, la convirtió en ícono popular argentino.
 
Poco tiempo antes del accidente que iba a costarle la vida, Gilda escribió una canción que tituló No es mi despedida. Su letra cristalizaría una de las tantas acciones que transformaron a una cantante de cumbias en un mito argentino, una leyenda que a casi 20 años de su muerte mantiene una presencia intimidante.
 
Aquellas dos frases iniciales ("Quisiera no decir adiós/ Pero debo marcharme") parecen condensar una existencia signada por extrañas dualidades: ama de casa y artista popular, estrella musical y estampita religiosa, vida y muerte, presencia terrenal y espiritual.
 
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Es difícil definir a Gilda porque su lugar en la cultura nacional opera de formas diferentes en cada uno de nosotros. Para algunos, es la creadora de algunas melodías alegres que todavía se bailan en los casamientos; para otros, fue la encargada de cambiar el lugar de la mujer en la cumbia, un género habituado a otras figuras femeninas; para otros, es su guía y consejera, una santa a la cual acudir cuando las cosas no marchan bien; y para otros, reúne todas esas cualidades juntas: una mujer que luego de su partida de este mundo, el 7 de septiembre de 1996, comenzó a tallar otra existencia desde el más allá.
 
 
De fans a devotos
 
"Hay una frase que siempre repito y es que Gilda es la cantante que convirtió la música en milagro y el fanatismo en devoción", dice Gastón Alarcón, presidente del club de fans "Un amor verdadero", que desde hace años se encarga de mantener en alto el legado de la artista. "Gilda llegó a mi vida por la música, por sus canciones, pero después uno pasa de ser fan a devoto", añade.
 
Los seguidores de la cantante tienen una agenda cargada para las próximas semanas, a raíz del vigésimo aniversario de su muerte. Ese día hay varias actividades pautadas. Algunos tienen planeado ir por la mañana al cementerio de la Chacarita, donde sus restos descansan en la tumba número 3635 de la galería 24, y por la tarde irán a una avant premier exclusiva de Gilda, no me arrepiento de este amor, la película dirigida por Lorena Muñoz que protagoniza Natalia Oreiro, una de las personalidades del espectáculo que más se ha ocupado de reivindicar a la cantante fallecida.
 
Hay un tercer espacio cardinal en el que seguramente habrá mucha concurrencia: el santuario ubicado en la Ruta Nacional 12, camino a Chajarí, Entre Ríos, el sitio donde ocurrió el accidente automovilístico que le costó la vida a Gilda y a varias otras personas, entre ellas su hija Mariel, su madre Tita y algunos de sus músicos. Aunque las visitas de los devotos son constantes, algunas fechas son muy importantes para los fans, como los 11 de octubre, el día en que la cantante cumpliría años.
 
 
La vida de Miriam
 
Miriam Alejandra Bianchi nació en 1961, hija de un empleado municipal y una profesora de piano de un conservatorio ubicado en la avenida Corrientes. Pasó su infancia en Villa Devoto, un barrio de clase media de Buenos Aires, y ya desde muy niña presentó aptitudes musicales. Formada en un colegio de monjas, se mostraba desinhibida en público y fue enviada por sus padres a clases de danza clásica y española. Pocos años después, mudada con su familia a Villa Lugano, la pequeña Miriam comenzó sus primeras actuaciones en público, de espíritu amateur pero con un apodo que presuntamente tomó del personaje de una película: Shyll.
 
Su educación musical estuvo más signada por el rock de Sui Generis y cantantes como Hernán Figueroa Reyes que por los vocalistas tropicales. "Cantaba canciones de Franco Simone, le gustaba la música melódica, y eso es algo que se nota en su forma de cantar la cumbia", explica Guillermo Beresñak, encargado de la producción musical del filme Gilda, no me arrepiento de este amor, un trabajo que le exigió estudiar su música a fondo.
 
"Hay que recordar que cuando ella surgió estaban las cantantes más pulposas, como Lía Crucet o Gladys, la Bomba Tucumana. Ella tenía otro estilo, una forma de cantar más suave, con la voz más engolada, algo más simpático y carismático que sensual", añade el productor, quien para la música del filme trabajó con músicos que grabaron con Gilda, con los mismos instrumentos de entonces, para emular el particular sonido de sus discos, tan deudor de la cumbia peruana y boliviana como de Juan Carlos "Toti" Giménez, tecladista, arreglador y confidente de la cantante.
 
Antes de dedicarse por completo a la música, Gilda fue maestra jardinera y contrajo matrimonio con Raúl Cagnin, su pareja por más de una década y con quien tuvo dos hijos, Mariel y Fabricio. Según se detalla en La abanderada de la bailanta, la biografía escrita por Alejandro Margulis en la que se basa la película de Muñoz, Cagnin era un hombre muy distinto a ella, con otra clase de intereses, y esas diferencias se acentuaron cuando Gilda empezó su carrera artística. Aunque al principio la vida en familia funcionaba, su verdadera vocación pesó demasiado. "Era una mina muy capaz a la que el hogar le quedaba chico", dice en un momento del libro Cagnin, un resumen de aquella Miriam pre-explosión mediática.
 
 
La vida de Gilda
 
Su carrera despega en buena medida a raíz de su alianza con José Carlos "Cholo" Olaya, un empresario peruano de prontuario espeso pero mucha influencia en el circuito de la bailanta bonaerense. Es él quien le dice que debe dejar de llamarse Shyll para comenzar a usar el alias que la volverá famosa. Poco después, Gilda se convierte en un fenómeno: es algo diferente dentro de los parámetros de la cumbia de ese momento y su estilo, entre la sensibilidad y la alegría, irradia un magnetismo hechizante.
 
Hay algo en su voz y en su mirada, en su manera de dirigirse al público y en su forma de vestir que genera una atracción poderosa. Hasta el día de hoy sus pasos de baile al cantar son replicados por miles de jóvenes del país, y también hay algo en su estilo que adquiere un halo profético: mucho antes de que Snapchat la convirtiera en un filtro estandarizado, la corona de flores era un ornamento característico de Gilda, tal como lo demuestra la tapa de Corazón valiente (1995), el disco más exitoso que publicó en vida. A partir de su muerte, ese accesorio empieza a adquirir un significado que trasciende lo estético.
 
Es imposible precisar el momento exacto en el que Gilda se vuelve una santa popular dentro del imaginario argentino. De acuerdo con algunos testimonios incluidos en su biografía, ya se le adjudicaban poderes sanadores desde antes del accidente fatal, uno de ellos aportados por el propio Cagnin, quien asegura que su exmujer le realizó masajes para recuperar la movilidad de una mano, deteriorada a raíz de un accidente cerebrovascular, y su estado mejoró notablemente.
 
 
La vida de santa
 
De todas maneras, sus presuntas facultades paranormales van más allá de curar dolencias o enfermedades. Por las características que presentaba en vida, como su expreso apoyo a la clase trabajadora, Gilda es considerada una figura maternal que "protege y aconseja, y en ocasiones incluso intenta persuadir si considera que es lo mejor", según se desprende de Ángeles populares, una investigación realizada por la antropóloga noruega Hanna Skarveit, quien estudió su caso en conjunto con el del "Potro" Rodrigo Bueno, para intentar establecer los lazos entre la formación social y espiritual de ambos personajes.
 
Skarveit plantea además que, si bien comparte similitudes con santos populares como la Difunta Correa o el Gauchito Gil, en el caso de Gilda es preferible relacionarla con la figura del "ángel guardián", por el potencial conflicto que puede provocar con las instituciones eclesiásticas. "Un análisis que deje de lado el término 'santo' podría suavizar el conflicto latente en la relación entre el dogma de la Iglesia y la creencia popular, y, por lo tanto, generar un espacio para una combinación más aceptada de ambos", escribe la académica, quien mantuvo contacto con numerosos devotos de Gilda mientras hacía el trabajo de campo.
 
"Los fans frecuentemente se refieren a sus ídolos en términos de almas que siguen presentes entre nosotros como seres espirituales", agrega Skarveit y también señala el hecho de que, a diferencia de lo que ocurre con otras figuras sagradas, entre Gilda y su seguidor hay "una relación exclusiva y personal".
 
Sus canciones, por otra parte, no tardaron en ser revisitadas por músicos de otros géneros, como Attaque 77 y Leo García, una legitimación que remarca el peso artístico de su legado. ¿Es posible que surja nuevamente una cantante como Gilda en la música nacional? Difícil. Alarcón arriesga que Ángela Leiva es "quizá la que más se acercó", pero también remarca que su ídola es única.
 
"Con el tiempo, su historia me pareció muy similar a la de Selena", compara Lorena Jiménez, en relación con la estrella pop mejicana que también tuvo un final trágico. "Después de una muerte, siempre se redescubre al artista", dice la artista cordobesa, una opinión que se refuerza luego de leer las declaraciones de Beto Kirovsky, dueño del sello Magenta, para el libro de Margulis: "Antes de morir, nosotros no habíamos vendido ni 30 mil placas de Gilda. De los discos que salieron después que se mató se vendieron 400 mil".
 
Por José Heinz
 
Fuente: lavoz.com.ar

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21-09-2018 / 16:09
El 22 de septiembre de 1866, en Paraguay -en el marco de la invasión de este país por parte de la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Uruguay)- se libra la batalla de Curupaytí donde, en una verdadera masacre,  mueren alrededor de 9.000 argentinos y menos de 100 paraguayos.
 
La batalla tuvo inicio con el bombardeo de la flota brasileña a las fortificaciones paraguayas, seguido del avance terrestre del ejército aliado. Pero las pésimas condiciones del terreno dificultaron el ataque aliado, lo que resultó más fácil a los paraguayos defender sus posiciones. El desenlace de este enfrentamiento fue favorable al ejército paraguayo, y fue su mayor victoria en esa guerra.
 
Cuando los soldados aliados estuvieron a tiro, se ordenó disparar a la artillería paraguaya que estaba casi intacta y que causó enormes bajas a las tropas enemigas que avanzaban en formaciones muy densas y con mucho esfuerzo y lentitud debido a la zona lodosa.
 
Estas fuerzas, al superar la zona batida por la artillería debían pasar por zanjas cubiertas con espinas y estacas para llegar al campo de tiro de la infantería paraguaya atrincherada en sus posiciones. Los soldados aliados no pudieron acercarse a las trincheras enemigas, y los pocos que lograron hacerlo fueron literalmente fusilados.
 
El desastre de Curupaytí, que constituye un cabal ejemplo del fracaso de un ataque frontal sin reconocimiento previo contra una posición prácticamente inexpugnable, paralizó las operaciones de los aliados durante diez meses, terminó de hundir el ya mermado prestigio del entonces presidente argentino Bartolomé Mitre como generalísimo y reavivó especialmente en Argentina el rechazo popular a la guerra, lo cual devino en una serie de levantamientos en las provincias que hicieron forzoso retirar tropas del frente.
 
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21-09-2018 / 16:09
A principios de los setenta se acentuó el reclamo popular por el regreso a la Patria de Juan Domingo Perón. El general Alejandro Lanusse había tomado el poder en marzo de 1971 mediante un golpe palaciego dentro del régimen militar surgido en 1966, y decidió restaurar la democracia institucional en 1973.
 
El 22 de septiembre de 1972, en una maniobra fraudulenta, el destituido presidente Perón es excluido, por tercera vez desde 1955, de las elecciones presidenciales. Perón, desde el exilio en España, tomó la decisión de nombrar un candidato a presidente por el peronismo cuya misión sería eliminar la proscripción por la que él no podía presentarse, para que Perón pudiera retornar al país y -tras la necesaria renuncia del presidente peronista que se descontaba que sería elegido- se llamara a elecciones y triunfara Perón.
 
Perón se decidió por Héctor J. Cámpora y el 11 de marzo de 1973, Argentina tuvo elecciones generales. Cámpora, con el apoyo de Perón en el exilio, gana las elecciones con el 49,5% de los votos; el líder radical, Ricardo Balbín, había salido segundo con un 21,3%, y, como el FreJuLi no había obtenido más del 50% de los votos tenía que realizarse un ballotage entre la primera y segunda fuerza.
 
Sin embargo, Balbín reconoció la victoria de Cámpora y renunció al ballotage. El delegado de Perón asumió el 25 de mayo de 1973, dándose así por finalizado el período dictatorial de la autoproclamada Revolución Argentina.
 
La Opinión Popular

21-09-2018 / 16:09
El 22 de septiembre de 1974 fallece, en la ciudad de Mar del Plata, Juan José Hernández Arregui. Filósofo, intelectual y ensayista, fue un escritor argentino que a partir de 1955, cuando el peronismo es expulsado del poder por antiimperialista, inició una importante producción destinada a revisar "el pensamiento nacional" que lo colocó como uno de los referentes principales de la corriente nacionalista de izquierda y la izquierda peronista.

La corriente nacionalista de izquierda, denominada también izquierda nacional o marxismo nacional, surgió en la Argentina a mediados del siglo XX. Sus fundadores replantearon la interpretación de la historia y la cultura nacional con una perspectiva revolucionaria, latinoamericanista y socialista, cuestionando la visión liberal eurocéntrica predominante y su influencia en la izquierda tradicional.

De la confluencia de dos tradiciones ideológicas diferentes, el nacionalismo y el marxismo, se gesta el nacionalismo de izquierda, que se inserta en el cauce más amplio de una corriente nacional y popular peronista. Hernández Arregui es considerado el ideólogo de "Peronismo Revolucionario".

Hernández Arregui, a quien tuve la suerte de conocerlo y tratarlo, fue un intelectual fuertemente comprometido con la política. Sus principales obras: Imperialismo y cultura (1957) La formación de la Conciencia Nacional (1960) ¿Qué es el ser nacional? (1963) Nacionalismo y liberación (1969) Peronismo y socialismo (1972), han formado generaciones enteras de militantes políticos.
 
Escribe: Blas García

20-09-2018 / 19:09
Los azules y colorados fueron dos facciones que se enfrentaron en el seno de las Fuerzas Armadas argentinas, luego del derrocamiento en 1962 del presidente Arturo Frondizi, respecto a la participación del peronismo en la vida social y política de la sociedad argentina. Las denominaciones reconocen su origen en la terminología empleada históricamente en el estudio de la ciencia militar, para denominar a los dos bandos hipotéticos que se enfrentan en una contienda determinada.
 
Los azules estaban de acuerdo con permitir un acceso limitado a algunos dirigentes peronistas, con el fin de lograr la normalización institucional y al mismo tiempo combatir a los grupos de extrema izquierda; los colorados, por su parte, asimilaban el movimiento peronista al comunismo, y abogaban por erradicarlo completamente.
 
El 21 de septiembre de 1962, la Fuerza Aérea bombardeó una concentración colorada en San Antonio de Padua. La Armada propuso una reunión formal con jefes de las tres armas a fin de detener el enfrentamiento, con el propósito de: Evitar el caos general y entregar el país a cualquier tipo de comunismo y extremismo, a cuya consecución se llegaría mediante la disociación de las instituciones.
 
Campo de Mayo se negó y no aceptó más conferencias fuera de su comando. Acto seguido, la Compañía X fue enviada a Buenos Aires. Por su parte, la Armada movilizó al 1.º Regimiento de Infantería y a la Escuela de Mecánica de la Armada. En la madrugada, las acciones más importantes se desarrollaron en la zona de Florencio Varela.
 
Al comenzar el día 22, las acciones se concentraron en la capital de la república: Plaza Constitución y en los parques Chacabuco y Avellaneda fueron los epicentros donde se sucedieron las escaramuzas. La Secretaría de Prensa de la Presidencia desmintió rumores sobre la renuncia del presidente José María Guido.
 
A las 21:45, se dio fin al enfrentamiento entre azules y colorados con la rendición de éstos últimos. El comunicado 149, propalado a esa hora, anunció la designación de Juan Carlos Onganía como comandante en jefe del Ejército. Al mediodía del día siguiente se difundiría el comunicado 150.
 
El comunicado 150 -atribuido a Mariano Grondona-, emitido el 23 de septiembre de 1962, constituiría la propuesta política del movimiento: los sublevados de Campo de Mayo exigían -la realización de elecciones mediante un régimen que asegure a todos los sectores la participación en la vida nacional; que impida que algunos de ellos obtengan por medio de métodos electorales que no responden a la realidad del país el monopolio artificial de la vida política [se refería claramente al peronismo, que seguiría -por supuesto- proscripto por antidemocrático]. Creemos -continuaba- que las Fuerzas Armadas no deben gobernar. Deben, por el contrario, estar sometidas al poder civil. 
 
Cuatro años después los azules darían un golpe militar derrocando al gobierno radical de Arturo Umberto Illia. En términos de John William Cooke, los colorados eran gorilas y cipayos las 24 horas del día, a diferencia de los azules que sólo eran gorilas y cipayos cuando hacía falta.
 
La Opinión Popular

20-09-2018 / 19:09
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