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Sociedad e Interés General - 21-08-2018 / 19:08
EFEMÉRIDES POPULARES. EL 22 DE AGOSTO DE 1972 DETENIDOS POLÍTICOS INDEFENSOS FUERON VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA MILITAR GORILA

La brutal masacre de los compañeros en Trelew anticipó el genocidio de 1976

La brutal masacre de los compañeros en Trelew anticipó el genocidio de 1976
Miran al frente, en fila, serenos. Luego serán fusilados. Mariano Pujadas, Alfredo Kohon, Susana Lesgart, María Angélica Sebrelli, Carlos Astudillo, Clarisa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Pedro Bonnet, Eduardo Capello, Alberto del Rey, Mario Emilio Delfino, José Ricardo Mena, Miguel Angel Polti, Humberto Suárez, Humberto Toschi, Alejandro Ulla, Ricardo René Haidar, María Antonia Berger y Alberto Miguel Camps. Compañeros y camaradas Héroes de Trelew presentes: Hasta la victoria siempre.
Desde el golpe oligárquico y "fusilador" de septiembre de 1955, la violencia marcó a toda una generación que nació a la política bajo el signo de la agresión gorila antipopular y la padeció continuamente.

Las persecuciones y encarcelamientos formaron la experiencia y la conciencia política de muchos jóvenes de esa época. La proscripción política del peronismo produjo un proceso que cambiará su perfil y lo renueva como fuerza popular, aglutinando todas las rebeldías y críticas contra el sistema social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado. 

Ante la ofensiva popular, "la lucha por todos los medios, en todo momento y en todo lugar", como decide Juan Perón, la dictadura militar intensifica la represión, llegando al asesinato de 16 miembros de distintas organizaciones peronistas y de izquierda, presos en el penal de Rawson, capturados tras un intento de fuga, y ametrallados posteriormente por los marinos en Trelew.
 
Como el huevo de la serpiente, la masacre de los compañeros y camaradas en Trelew dejó entrever que la desaparición física del adversario político seria la "solución final" para el desafío de la insurgencia popular y, además, fue el hito inicial del luctuoso camino que conduciría al mayor genocidio en la historia de América Latina. 
 
Escribe: Blas García

 
Blas García
 
Inicio de la violencia

Los bombardeos al pueblo el 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo, por aviones de la Marina, con la expresa intención de matar a Juan Perón; el sangriento golpe de las minorías oligárquicas, en septiembre de 1955, que lo derrocó y la represión del alzamiento del General Valle en junio de 1956, cuando el gobierno fusiló públicamente a jefes militares y ejecutó clandestinamente a un grupo de militantes civiles peronista, marcaron a toda una generación que nació a la política bajo el signo de la violencia antipopular y la padeció continuamente.

Odio revanchista

Las persecuciones y encarcelamientos masivos de compañeros, las atrocidades cometidas por los Comandos Civiles, integrados por miembros de distintos partidos políticos antiperonistas apoyados por militares; el infame decreto 4.161 que prohibía ser peronista; el castigo al movimiento del General Valle, y los fusilamientos de peronistas en los basurales de José León Suárez en 1956; las permanentes represiones contra los trabajadores y sus luchas; el secuestro y la desaparición de Vallese; el plan represivo CONINTES, en 1962, que llenó las cárceles con miles de peronistas; la profanación del cadáver de Evita; el exilio y la proscripción de Perón, los asesinatos de Mussi, Méndez, Retamal, Pampillón, Bello, Cabral y tantos otros, formaron la experiencia y la conciencia política de muchos jóvenes de esa época.

Resistencia Peronista

La rebelión de las bases populares, indignadas por el violento derrocamiento del presidente legítimo, generó la epopeya de la Resistencia Peronista, una larga guerra de 18 años por la liberación, que se fijó como principal objetivo el retorno a la Patria y al poder de Perón con la consigna "Perón Vuelve". Ese retorno estaba íntimamente ligado a la lucha contra la oligarquía y el imperialismo, para hacer realidad la independencia económica y la justicia social.

Comenzó con una sorda resistencia inorgánica, en tres polos de desarrollo: la fábrica, el barrio y los militares peronistas. Desde el exilio, Perón envía "directivas secretas" a los dirigentes peronistas para organizar la Resistencia y en noviembre de 1956 nombra a John William Cooke su delegado personal para coordinarla.


Nace la Juventud Peronista

¿Quienes hacían esa Resistencia? Fundamentalmente los trabajadores y la juventud. A partir de 1955 comienzan a organizarse, en forma embrionaria, agrupaciones gremiales que reconquistan los sindicatos intervenidos y lo ponen al servicio de la lucha por el retorno de Perón. Proscrito el peronismo, el sindicato se convirtió en el sustituto del partido político.

Simultáneamente, grupos de jóvenes peronistas, nucleados fundamentalmente en los barrios; se organizarán progresivamente hasta confluir en la Mesa Ejecutiva de la Juventud Peronista, integrada por Gustavo Rearte, Envar El Kadri, Héctor Spina, Felipe Vallese y otros. Aparecen, también, varios periódicos políticos ligados a ese sector: Norte, Línea Dura, En Lucha, etc.


El peronismo no se rinde

La exclusión política del peronismo produjo un proceso que cambiará su perfil y lo reacomoda como fuerza popular. 

Muchísimos peronistas, delegados gremiales u obreros comunes, cuando se produce el golpe militar, salen a "hacer algo" y remplazan a aquellos dirigentes que estaban presos o que querían negociar y ver como zafaban, porque no todos fueron al combate.

A partir de 1955 el peronismo aglutinó, representó y canalizó a todas las rebeldías y críticas contra el sistema social y político, crecientemente ineficaz y en el cual era el único actor apartado. 

La rebeldía a la opresión asumió, numerosas veces, formas violentas. A muchos les pareció justo y necesario responder a la violencia "de arriba", del poder, con la violencia "de abajo", la violencia popular. 

Asi, el activismo peronista opositor se realizó por la vía del levantamiento cívico-militar, acciones de intransigencia por métodos encubiertos, "trabajo a tristeza", sabotajes, colocación de "miguelitos", explosivos o "caños", paros y huelgas gremiales aunque estaban prohibidas, atentados, ataques con bombas "Molotov", etc. 

Además, el justicialismo participaba, aunque estaba proscrito, en las elecciones apoyando a otros candidatos en contra de los radicales, que eran los representantes civiles de la dictadura militar.

La habilidad conductora de Perón consistió en incluir dentro de su Movimiento a todos los que criticaban al sistema político-social. Cada uno cumplía su rol y el Líder capitalizaba todas las acciones.

Perón manejaba un dispositivo de conjunto, combinaba estratégicamente todas las tácticas de lucha, legales o ilegales, las aprovechaba a todas, porque no confundía objetivos inmediatos con objetivos fundamentales.


Historia de rebeliones

La resistencia peronista, las luchas obreras contra el CONINTES que paralizaban a los gobiernos antipopulares, la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, el Cordobazo, fueron momentos gloriosos en las batallas de la clase trabajadora argentina, que asumieron las formas que le imponían las circunstancias. 

Las bases peronistas, fogueadas por las intensas luchas, se radicalizaron hacia ideas nacionalistas revolucionarias, tanto en los sindicatos como en la juventud. 

El pensamiento "pacifista" margina injustamente a quienes lucharon por la justicia social con los medios y en las condiciones que les permitía el sistema, cuando los caminos de la democracia real estaban cerrados. Por lo menos para la mayoría peronista.


De la resistencia a la ofensiva

La Resistencia logra jaquear al sistema, impedir su consolidación y mantener viva la identidad peronista. Pero para lograr el retorno de Perón a la Patria y al poder era necesario pasar a la ofensiva. 

Con la toma de un cuartel de guardia aeronáutico en Ezeiza por parte de un grupo dirigido por el legendario Jefe de la JP, Gustavo Rearte, y donde participan Envar "Cacho" El Kadri, "El Petiso" Spina, Carlitos Caride y Felipe Vallese, entre otros, se inicia otra historia.

Simultáneamente (1959-1960) un grupo de los comandos de la resistencia peronista instala en Tucumán la primera fuerza guerrillera de la Argentina contemporánea: El Movimiento Peronista de Liberación-Ejército de Liberación Nacional (MPL-ELN), también llamados "Uturuncos".

Luego, en 1968, los compañeros del Movimiento de la Juventud Peronista (M.J.P.) de todo el país, liderados por Envar El Kadri, emplazan un grupo de las FAP en Taco Ralo que es apresado. Surgió así lo que Perón denominó "formaciones especiales". 

Las acciones políticas de masas se intensifican a partir del Cordobazo, el 29 de mayo de 1969, y las acciones militares de las organizaciones armadas peronistas cobran fuerza un año después, cuando Montoneros se da a conocer públicamente con el secuestro y posterior ejecución del fusilador Aramburu.

Ante la ofensiva popular, "la lucha por todos los medios, en todo momento y en todo lugar", como ordena Perón, la dictadura militar busca una escapatoria para impedir el retorno y condicionar la salida electoral.


Anticipo del genocidio

En esa situación se da la fuga de la cárcel, para devolver los militantes a la lucha popular, en el marco de golpear a la dictadura y romper los condicionamientos del llamado a elecciones para marzo de 1973.

El 15 de agosto de 1972, veinticinco presos políticos, peronistas y de la izquierda revolucionaria, se fugaron del Campo de Concentración de Rawson. Seis de ellos lograron llegar a Chile. 

Los diecinueve restantes se entregaron luego de acordar garantías para su integridad física. No obstante, el 22 de agosto, se les impartió la orden de salir de sus celdas con la vista fija en el piso y detenerse ante la puerta en dos hileras de uno en fondo. Fue entonces cuando los carceleros comenzaron a disparar sus ametralladoras.

Ese día fueron asesinados a mansalva, sin juicio previo y a traición, 16 patriotas revolucionarios, que siguieron al asesinato de obreros, los secuestros, los tribunales especiales, la pena de muerte en la legislación y la pena de muerte aplicada en las calles durante las manifestaciones. 

El dictador militar Alejandro Lanusse realizó una masacre que sería el nacimiento del Terrorismo de Estado y que encontraría luego su expresión más acabada en la desaparición de treinta mil argentinos. 

A tal punto llegó el ensañamiento que la policía, días después, irrumpió con tanquetas en la Sede Nacional del Partido Justicialista (P.J.) donde se velaban los cadáveres de tres de los compañeros asesinados.

Pero, en la campaña del "Luche y vuelve" por el retorno de Perón y las elecciones de 1973, los mártires de Trelew constituyeron una de las banderas centrales del PJ.

El fusilamiento se incorporó al inconsciente colectivo como "la matanza de Trelew" y en ella, los detenidos políticos indefensos fueron las primeras víctimas de la violencia institucionalizada que se instalaría en la Argentina desde 1976. 

El régimen oligárquico decidió perfeccionar su metodología represiva instaurando el terrorismo sistematizado como herramienta para acallar las voces de la disidencia.

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Los mártires de Trelew fueron: Mariano Pujadas, Alfredo Kohon, Susana Lesgart, María Angélica Sebrelli, Carlos Astudillo, Clarisa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Pedro Bonnet, Eduardo Capello, Alberto del Rey, Mario Emilio Delfino, José Ricardo Mena, Miguel Angel Polti, Humberto Suárez, Humberto Toschi y Alejandro Ulla. 

Tres sobrevivieron: Ricardo René Haidar, María Antonia Berger y Alberto Miguel Camps, y fueron asesinados posteriormente.

Los testimonios de los hechos que brindaron los sobrevivientes desmintieron la versión oficial del intento de fuga.

En 1976, María Antonia Berger y el "Turco" Haidar desaparecieron para siempre y Alberto Camps fue abatido en su casa, combatiendo a los que venían a secuestrarlo.

Como el huevo de la serpiente, la masacre de Trelew dejó entrever que la desaparición física de adversario político seria la "solución final" para el desafío de la insurgencia popular y fue, además, el hito inicial del luctuoso camino que conduciría al mayor genocidio en la historia de América Latina.

Escribe: Blas García

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La brutal masacre de los compañeros en Trelew anticipó el genocidio de 1976
Pedro Bonet (a la derecha) habla y Mariano Pujadas (en el centro) lo acompaña luego de entregarse al juez en el aeropuerto el 15 de agosto de 1972. En la madrugada del 22 serán fusilados.
La brutal masacre de los compañeros en Trelew anticipó el genocidio de 1976
Represión en la Sede Nacional del Partido Justicialista (P.J.) el 25 de agosto de 1972 cuando se velaban los cadáveres de tres de los compañeros asesinados en Trelew.
19-11-2018 / 20:11
19-11-2018 / 20:11
Juan Manuel de Rosas fue un gobernante que enfrentó situaciones muy difíciles y tuvo que gobernar en circunstancias excepcionales. Su asunción al poder fue recibida con aprobación por la gente humilde: los peones, mulatos y orilleros, que lo querían porque lo consideraban su defensor contra los abusos de los comerciantes y hacendados.

Durante su gobierno tuvo que enfrentar siete conflictos bélicos: dos con Francia, uno con Inglaterra, otro con la Confederación Peruano-Boliviana, otro permanente con la Banda Oriental (ya independizada), dos con Brasil (Caseros fue parte de la guerra con el Imperio brasileño).
 
En 1845, las dos potencias políticas, económicas y militares mundiales de la época: Inglaterra y Francia reclamaron la libre navegación de los ríos interiores argentinos para comerciar con Paraguay. Para ejemplificar el desatino pedido por los europeos, es como si se nos ocurriera navegar el Támesis o el Sena para ofrecer nuestros productos sin pagar aranceles o pedir permisos. No se la llevarían "de arriba".

El intento colonialista de invadirnos, fue enfrentado por las armas nacionales en  la Vuelta de Obligado, en una gran batalla contra el imperialismo británico. El 20 de noviembre es una fecha épica y memorable en la historia de nuestra dignidad nacional. Esta batalla, pese al resultado adverso, dio como consecuencia la victoria diplomática de la Confederación Argentina, debido al alto costo que demandó la operación "comercial". 

La valiente resistencia opuesta por el gobierno nacional, obligó a las potencias agresoras a reconocer la soberanía argentina sobre los ríos interiores: Inglaterra levantó el bloqueo en julio de 1847. Francia, en junio de 1848. Desde la caída de Rosas hasta hace algunos años esta fue una batalla ignorada por la historia oficial, a pesar que casi trescientos argentinos entregaron sus vidas defendiendo la Soberanía Nacional. Además, la batalla tuvo significancia internacional, porque en ella se dirimió el derecho de soberanía de los pueblos.

Porque defendió el territorio nacional y la Soberanía Nacional enfrentando a las máximas potencias del mundo, José de San Martín le legó su sable corvo "Como prueba de su satisfacción por la firmeza con que sostuvo el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla".

Escribe: Blas García

19-11-2018 / 19:11
18-11-2018 / 20:11
18-11-2018 / 20:11
En 1970, la Revolución Argentina que había derrocado, cuatro años atrás, al radical Arturo Illia, comenzaba a transitar el principio del fin. Sus objetivos de organizar la República en base a un catolicismo a ultranza, una economía neoliberal conservadora, sin actividad política, con escasa participación gremial y con ideas corporativas al estilo de la España franquista, se vieron jaqueados por los desaciertos económicos, la rebelión popular delCordobazo y la aparición de organizaciones armadas.
 
La ebullición y la impaciencia política se exteriorizaban en los partidos políticos tradicionales y con Juan Perón, desde Madrid, quien combatía al gobierno militar y organizaba una agrupación multipartidaria, "La Hora del Pueblo", para presionar una retirada del gobierno militar de facto.
 
El primero de abril de 1971, el general Alejandro Agustín Lanusse lanza el Gran Acuerdo Nacional (GAN) un proyecto ambicioso, y a la vez un tanto ingenuo, para reunir al arco político y decidir las reglas del juego electoral. Como un gesto de acercamiento a Perón le devuelve el cuerpo de Evita, pero el GAN tiene los días contados.
 
Lanusse convoca a elecciones para el 11 de marzo de 1973, con cláusulas proscriptivas y frases que pasaron a la historia como "Perón no viene porque no le da el cuero". Pero, el 17 de noviembre de 1972, a las once y nueve minutos de una mañana lluviosa, Perón retorna a la Patria.
 
Un 19 de noviembre de 1972, Juan Perón y Ricardo Balbín, históricamente enfrentados, se encuentran, se abrazan y demuestran que en política no hay enemigos, sino adversarios. Pusieron en marcha un proyecto nacional de unidad para que los dos grandes movimientos populares mayoritarios del país, el peronismo y el radicalismo, construyeran un modelo estable de democracia.
 
Perón falleció el 1º de julio de 1974 y con él se va la posibilidad de una salida pacífica. El país entraría en una pendiente violenta difícil de remontar. Con los años, el proyecto de unidad comenzado por Perón y Balbín fue comparado con el Pacto de la Moncloa español de 1977. Este dio resultado, al primero le faltó tiempo y líderes.
 
Carlos Morales

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